Aviva Nuestros Corazones Podcast

Annamarie Sauter: Durante siete años, la madre de Christopher Yuan oró para que Dios cambiara su vida, sin importar lo que esto implicara. La respuesta llegó cuando alguien tocó a su puerta.

Christopher Yuan: Abrí la puerta y allí se encontraban doce agentes federales antidrogas, la policía de Atlanta, y sus dos grandes perros pastores alemanes.

Annamarie Sauter: Este es tu programa Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín. 

Si tienes niños pequeños, es importante que sepas que el programa de hoy tiene que ver con algunos temas para adultos.

Antes de continuar con el programa de hoy escuchemos el testimonio de dos hermanas que asistieron a una de nuestras conferencias:

[Testimonio Heidy y Gladis]

Heidy Rodríguez: Mi nombre es Heidy Rodríguez.

Gladis Borja: Mi nombre es Gladis Borja, venimos de Chicago Illinois de la Iglesia del Pueblo.

Heidy Rodríguez: Para mí en lo personal me animo mucho la conferencia Mujer Verdadera de República Dominicana y después de esa conferencia yo tuve la convicción de que era algo que se tenía que enseñar en nuestra iglesia. Y entonces empezamos un grupo de mujeres a estudiar el “Diseño Divino 101”.

Gladis Borja: Cuando terminamos el libro de “Diseño Divino”, el último capítulo desafía que uno comparta este principio o estas enseñanzas con otras mujeres, entonces en la escuela de mi hija, en la “high school”, está dándose mucho el movimiento homosexual. Parejas de mujeres, parejas de hombres, y entonces, Dios me desafío a que tengo que compartir con mi hija el diseño que Él le dio como mujer. Y yo le quiero enseñar a mi hija porque la amo y eso me hace también ver que puedo amar a otras niñas que tienen la edad de ella.

Heidy Rodríguez: Me gusta mucho del programa que es una enseñanza directa a la mujer, y nos podemos relacionar con ellas.

Gladis Borja: Ver, encontrar las verdades bíblicas, como aplicarlas como mujeres, y entonces, todo este movimiento de mujer verdadera, a mí me encanta porque se enfoca de como mostrar la verdad bíblica tomando en cuenta como somos nosotras las mujeres, sin cambiar, sin tergiversar la verdad de Dios.

Annamarie Sauter: Aquí está Nancy.

Nancy: Hemos estado hablando esta semana con Christopher Yuan y su madre, Ángela Yuan.

Ángela y Christopher, me imagino que no es tan fácil volver a vivir toda esta historia.

Christopher Yuan: Para nada.

Nancy: Porque envuelve mucho dolor. Ángela, me dijiste después del último programa que es muy emocional para ti volver a pensar en todo esto—revivirlo y contarlo. Pero gracias por estar dispuesta no solamente a vivir la historia, sino a contársela a otros, porque sé que va a traer esperanza a muchas otras madres, padres, hijas e hijos pródigos. Así que gracias por unirse a nosotros en Aviva Nuestros Corazones esta semana para compartir su historia.

Ángela Yuan: No gracias a ustedes, Nancy, por recibirnos.

Nancy: Tengo que decirte que recientemente le regalé una copia de tu libro, Desde un País Lejano, a una amiga muy querida que tiene un par de hijos pródigos. Y ella se conmovió tanto por la historia. Y luego resultó que no mucho tiempo después, ustedes estaban allí en su iglesia, compartiendo su testimonio. Y ella y su esposo llegaron a conocerlos y hablar con ustedes.

Christopher Yuan: Wow…

Nancy: Ella me comentó luego cuan alentador fue leer el libro y escuchar la historia de labios de ustedes y compartir con ustedes. Ella tiene un hijo quien aún está en ese país lejano. Y ella y su esposo han buscado al Señor, han orado, han tratado de amar, y aún no han visto a Dios traer al corazón de ese joven de vuelta a casa.

Y ella me dijo que cuando ella y su esposo se subieron al automóvil, después de haber estado con ustedes, solo se miraron el uno al otro y dijeron, “Sentimos una paz increíble en este momento.” Y cuando ella trató de explicármelo, no era una paz que dependiera de cuándo su hijo llegaría a casa ni de cómo se escribiría el guion de esa historia, porque no hay garantías de que esa historia tendría un final de ensueño o un final de un cuento. Pero ella dijo, “Tuvimos la paz de que Dios está en control, de que Él es bueno, y de que podemos confiar en Él en medio de este peregrinar.”

Ángela Yuan: Amén.

Nancy: Y sé que muchas de nuestras oyentes también serán bendecidas, no solo escuchando la historia aquí en Aviva Nuestros Corazones, sino leyendo el libro. Este libro dice más de lo que podemos decir en estos programas en esta semana.

Ayer hablamos, Ángela, acerca de tu cuarto de oración. Es una ducha en tu casa que convertiste en un cuarto de oración. Y hay una buena foto de esa imagen y la puedes encontrar en la transcripción de este audio en nuestra página web. Desafortunadamente nuestros radioyentes no pueden ver esas fotos. Pero visiten AvivaNuestrosCorazones.com y allí las encontrarán.

Y hablaste ayer de que te mantuviste buscando al Señor en favor de tu hijo. Dios te buscó a ti, te atrajo hacia Él. Y ahora tú no vas a soltarte de la mano de Dios. Oraste por años sin virtualmente ningún contacto. Él no te estaba devolviendo las llamadas. Él estaba botando tus cartas. Él no estaba escuchando tus mensajes en el buzón de voz, pero te mantuviste tocando las puertas del Cielo. Y he escuchado que compartiste algunas oraciones que escribiste durante ese período. ¿Cómo usaste esas oraciones escritas?

Ángela: Me gusta escribir las oraciones. Aunque cada día las oraciones son distintas, tengo algunas que sobresalen. Esas fueron oraciones que realmente me ayudaron—me mantuvieron en la carrera. Me gustaría leer una de esas oraciones para mostrarles cómo esas oraciones me ayudaron a no darme por vencida.

Yo decía: Señor, me mantendré en la brecha por Christopher. Estaré de pie hasta que la victoria sea ganada—hasta que el corazón de Christopher cambie. Estaré de pie en la brecha cada día, y ahí oraré con fervor. Y Señor, solamente un favor. No me permitas flaquear. Si las cosas se tornan bastantes peligrosas, lo cual pudiera ser, nunca voy a darme por vencida por ese hijo, ni Tú tampoco. A pesar de que el enemigo busca destruir, no voy a abandonar mientras intercedo, aunque pueda tomar años. Te entrego mis temores y mis lágrimas mientras confío en cada momento, te ruego.

Esas oraciones realmente me ayudaron a mostrar mi corazón, y me di cuenta de mi debilidad. Solamente le pedí a Dios, no me dejes darme por vencida por ese hijo.

Nancy: Y oraste esto una y otra vez.

Ángela: Una y otra vez cada día.

Nancy: Ahora, Ángela, pienso que hay algunas mujeres, algunas madres y abuelas, quizás algunos padres escuchando que quisieran hacer esa su oración. Así que si vas a AvivaNuestrosCorazones.com tenemos esa oración escrita en la transcripción. Quizás quieras imprimirla y llevarla a tu cuarto de oración—donde quiera que sea que buscas del Señor, y quizás colocarla en tu mesita de noche. Ora antes de irte a la cama en las noches o cuando te levantas en las mañanas. Creo que hay muchas de nuestras oyentes que quieren hacer de esas palabras que tú oraste hace tantos años atrás, su oración. Y es por eso que la tenemos disponible en nuestra página web. Otra cosa que oraste durante esa temporada fue “Señor. . .”

Ángela: “Haz todo lo que se necesita para traer este hijo pródigo a Ti.” Creo que es importante darnos cuenta que nuestros hijos necesitan a Jesucristo. Nos debemos asegurar de no limitar nuestras oraciones a que nuestros hijos simplemente regresen a este hogar terrenal.

Nancy: Porque aunque hayan vuelto a casa, si no han venido al Señor, el objetivo aún no se ha cumplido. Tú querías ver su corazón. Y estabas dispuesta a dar un paso atrás y permitir que Dios lo trajera al final de él mismo. Y pienso en ese hijo pródigo de Lucas 15 y de cómo él llegó hasta ser un desastre total; confundido, vacío, habiéndolo perdido todo, pero eso era lo que se necesitaba. Y que difícil debe ser para una madre o para un padre mantenerse lejos en casos así.

Christopher: Pero pienso que a menudo vemos la parábola del hijo pródigo y hablamos sobre cuán amoroso era el padre. Solamente me recuerda lo fuerte que era ese padre para no ir a salvar su hijo.

Nancy: Para ir a rescatarlo, eso es correcto.

Christopher: No irse a países lejanos. Estoy seguro de que él tenía una idea de todas las cosas en las que su hijo probablemente se estaba metiendo y quería en cada momento correr detrás de su hijo a rescatarlo.

Nancy: Sí, para hacerle su camino más fácil.

Christopher: Pero esa es la fortaleza de ese padre.

Nancy: Y de tu mama.

Christopher: De mis padres y especialmente de mi madre—que no me podían salvar. Por momentos quizás hubieran podido deshacerse de algunas de las circunstancias, pero finalmente eso…

Nancy: …eso no te hubiera llevado a Cristo.

Christopher: Para nada, para nada. Y en última instancia no hubiera sido bueno para mí tampoco.

Nancy: Bueno, en este punto, tú estás en Atlanta. Estás viviendo tu estilo de vida al máximo—fiestas, drogas, sexo, homosexualidad, clubes. Quiero decir, cuentas las historias en detalle en el libro, pero de una manera apropiada porque no queremos exaltar el pecado. Pero estabas en un país lejano, muy lejano. Y en este punto cuando uno está leyendo el libro, uno piensa, “Esto va a requerir un milagro.”

Christopher: Un milagro.

Nancy: No había nada que tu mamá pudiera hacer— ni tu papá—por más que te amaran.

Christopher: Yo no quería tener nada que ver con Dios, por supuesto. Solamente pensé. Estaba feliz de que mis padres habían encontrado esta nueva relación entre sí y estaban comenzando esta experiencia religiosa. Su vida fue una especie de dar media vuelta. Pero solamente pensé, “Bueno, eso es bueno para ustedes.” Tú sabes, muy relativista y post-moderno.   “Bueno para ustedes. No para mí.” No quería tener nada que ver con eso. No era parte de mi vida.

Así que me mantenía yendo en la dirección opuesta. Estaba disfrutando con mis amigos, viviendo la gran vida, haciendo un montón de dinero. Sin embargo, me encontré poco a poco, cada vez más y más, adicto al pecado, más y más adicto a las drogas, más y más adicto a la promiscuidad sexual. Y durante todo este tiempo, mis padres no tenían absolutamente ni idea de lo que estaba pasando, pero sabían que yo necesitaba conocer a Jesús. Ellos sabían que yo no conocía a Dios. Eso era lo más importante para ellos.

Nancy: La respuesta a las oraciones de tu mamá y ese milagro que se necesitaba vino de una manera que probablemente nadie lo hubiese podido escribir.

Christopher: Creo que nunca.

Nancy: Dinos lo que pasó.

Christopher: Bueno, llegó simplemente un golpe a mi puerta. Abrí mi puerta, y en el escalón frontal habían doce agentes federales antidrogas, la policía de Atlanta, y sus dos grandes perros pastores alemanes. Yo acababa de recibir un gran cargamento de drogas. Creo que se habían enterado por otras personas de que yo había recibido un gran cargamento de drogas. Abrieron la puerta, y detrás de mí estaban mis drogas encima del mostrador de la cocina. Así que entraron, confiscaron todo mi dinero y mis drogas. Fui acusado con un equivalente de 9.1 tonelada de marihuana, en valor de venta, y eso equivalía de diez años a cadena perpetua en la cárcel federal.  Estaba enfrentando de diez años a cadena perpetua.

Nancy: ¿Así que te arrestaron en el acto?

Christopher: Me arrestaron en el acto.

Nancy: Y se llevaron todos tus documentos. No sé porque guardabas todos esos recibos, pero tú los tenías.

Christopher: Los tenía ahí, por desgracia.

Nancy: Mantenías registros meticulosos.

Christopher: Realmente yo pensaba que todo el mundo mantenía registros. Habiendo crecido en un consultorio dental, mis padres mantenían todos esos grandes registros y sus recibos. Sencillamente pensaba que todo el mundo así lo hacía.

Nancy: Y tu habías hecho eso con todo lo de tu tráfico de drogas.

Christopher: Así fue… todas mis visitas, todos mis boletos en avión. Lo guardaba absolutamente todo—mis facturas de teléfono, mis facturas de tarjeta de crédito. Ellos solamente se rieron. Dijeron, “¿Estabas por declarar el impuesto sobre la renta? ¿Por qué tenías todos esos registros?” Era un tesoro para estos agentes.

Nancy: ¿Así que te arrestaron de una vez?

Christopher: Me arrestaron de una vez. Al instante. Nunca pensé que iba a ser atrapado o arrestado. Yo me encontré a mí mismo en la cárcel. Me senté en la cárcel. Fui al teléfono público, y comencé a llamar a todos mis amigos.

Nancy: ¿Estas eran las personas con las que tú habías estado haciendo drogas y sexo?

Christopher: Esos eran mis mejores amigos— esas personas que me dijeron, “Si alguna vez necesitas algo, solamente llámame.” Pero eso era cuando yo tenía algo que ellos necesitaban. Y ahora—creo que en esos tiempos se comenzaban a usar los identificadores de llamadas—cuando ellos vieron que la llamada provenía del “Centro de Detención de la Ciudad de Atlanta”, nadie cogía mis llamadas.

Y lo que es más interesante ahora, años después, me di cuenta de que mi madre había orado antes—mucho antes—para que, no solo Dios hiciera lo que fuera necesario, sino que también ella sabía que si yo tenía a esos amigos a mi alrededor, no iba a tener necesidad de Dios y no tendría la necesidad de mis padres. Ella oró específicamente de que de algún modo, de alguna manera Dios hiciera que todos mis amigos me abandonaran. Y en ese día, ni una sola persona respondió mis llamadas con cargos por cobrar. Así que siempre advierto a las madres, que tengan cuidado por lo que oran, porque puede hacerse una realidad.

Nancy: Sí, y que no tengan miedo de orar para que ese tipo de cosas sucedan.

Christopher: Pero no tengan miedo de orar por lo que sea porque uno nunca sabe lo que Dios usará, porque algunas veces es una tragedia o una dificultad en la vida de tu hijo lo que finalmente lo llevará a tocar fondo. Así que en la cárcel, nadie respondió mi llamada telefónica. Así que finalmente pensé, “Bueno, tal vez sencillamente llamaré a casa.” No quería llamar a casa porque en mi mente me estaba imaginando a mis padres delante de Cristo. Ellos me iban a rellenar: “Tú mereces estar ahí. ¿Qué hiciste?” Recuerdo lo que primero dijo mi madre cuando contestó el teléfono.

Nancy: ¿Tú llamaste con cargos?

Christopher: Llamé con cargos, y ella me dijo, “Hijo ¿estás bien?” Ninguna condenación. Ella no gritó. Eso me recordaba lo que el apóstol Pablo dice en Romanos 2:4 que es la bondad de Dios que nos lleva al arrepentimiento.   No son nuestras palabras de reprensión. No es recordarnos nuestros pecados, sino es la bondad de Dios que nos lleva al arrepentimiento. Y pienso que los padres necesitan darse cuenta que debe haber amor firme, pero balanceado, no permisividad. Pero también es bueno recordar que no logramos nada persiguiendo a nuestros hijos, recordándoles sus errores. Sino que a veces solamente hay que dejar que la bondad de Dios se manifieste, y eso es lo que nos lleva al arrepentimiento.

Nancy: Por supuesto, parte de la bondad de Dios era que te arrestaran, a pesar de que no se veía muy bondadoso en el momento.

Christopher: Sí, no lo era. Pero eso era parte del amor de Dios y de la bondad de Dios.

Nancy: Ángela, tu si estabas preocupada por él, pero estabas confiando en Dios, Quien estaba obrando en su vida; no tenías que hacer nada para manipular las cosas.

Ángela: Sí. Realmente no, Dios estaba haciendo la parte “difícil” por mí. Puso a Christopher en la cárcel. Antes estábamos un poco preocupados sobre donde él estaría o si lo podríamos encontrar. Así que dije, “Wow. Por lo menos estaba en un lugar seguro, y ahora sabemos a dónde está.”

Nancy: Él no había llamado a su casa por años. Así que cuando recibiste esa llamada, descubriste que lo habían arrestado; ahora estaba en la cárcel. ¿Cuál fue la buena o mala noticia para ti? ¿Qué pasó por tu cabeza?

Ángela: Puedo decir que había una mezcla de sentimientos. Era una mala noticia que él había terminado en, en la cárcel.

Christopher: No creo que ningún padre quiera escuchar eso.

Ángela: Sí, y especialmente siendo chino. Mi esposo es un dentista, y todos nosotros somos muy conocidos en la comunidad. Qué vergonzoso fue. Así que fueron malas noticias saber que mi hijo estaba en la cárcel. Pero, de nuevo...

Nancy: Fue una pregunta tonta de mi parte, claro que no podía ser una buena noticia. Pero por otro lado, podías ver que había algo bueno en esto.

Ángela: Sí. Primero que nada, físicamente, por lo menos yo sabía dónde él estaba, porque nunca lo podíamos encontrar. Sabíamos dónde estaba y además era en un lugar seguro. Y, sobre todo, en ese momento, yo estaba segura de que esta era la manera en la que Dios había respondido a mis oraciones.

Nancy: De hecho, te detuviste a darle gracias a Dios por esa bendición. Dinos cómo escribiste esa nota de gracias.

Ángela: Sí. De inmediato estaba en mi corazón. Escribí, “¡Yo solamente te alabo Dios! ¡Solamente te alabo!”

Nancy: Sí. Porque tú sabías que Él estaba obrando.

Ángela: Sí. Él estaba obrando. De alguna manera yo sabía que Dios había conseguido llamar la atención de Christopher. Eso era lo que yo quería. Así que después de colgar el teléfono, a pesar de lo doloroso que fue, lo pecador que él fue, yo dije, “Quiero alabarte. Quiero recordar esto.” Así que al otro lado del teléfono había una calculadora. Arranqué un pedazo de la cinta de la calculadora, y solamente escribí la fecha. Era el 9 de diciembre, 1998. Lo escribí, “Te alabo, Dios. Esta es mi lista de motivos de alabanza.” Dije, “Christopher está en un lugar seguro, y llamó a casa por primera vez.”

Nancy: Así que tan difícil como era esta circunstancia encontraste dos cosas por la que podías dar gracias, y las escribiste en ese pedazo de papel de máquina sumadora. Luego, a medida que los días pasaban, te mantenías añadiendo cosas a esa lista.

Ángela: Sí. Y entonces le preguntamos a Christopher—yo sabía que Dios había ablandado su corazón al ponerlo en prisión—le dije, “Christopher, ¿Podrías llamar a casa todos los días?” A pesar de que él no se daba cuenta, era una llamada de teléfono muy cara. Cada vez que él llamaba a casa, el primer minuto nos costaba ocho dólares.

Nancy: ¡Wow! No es barato que digamos luego de todos esos años de no recibir llamadas.

Ángela: Exactamente. Eso es correcto. Dijimos, “Llama a casa todos los días.” Así que cada vez que él llamaba a casa, nos estaba diciendo algo, y pensé, “Veo que Dios está trabajando." Así que me mantenía escribiendo todas esas bendiciones.

Nancy: Y te mantenías agregando pedazos a la cinta de papel de la máquina sumadora. Y tienes esa lista aquí mismo en el estudio. Mantenla levantada ahí. Esa es una larga lista de papel de máquina sumadora con alabanzas escritas a mano de ambos lados. Creo que es más alta que tú.

Ángela: Más alta que yo sí.

Nancy: Tú estabas llevando un registro.

Christopher: Me estoy recordando del himno, “Cuenta Tus Bendiciones, nómbralas una por una.”

Nancy: Y ahí tienes tu lista de la fidelidad de Dios.

Ángela: Esas listas se ponían mejores y mejores. Eran reales, bendiciones reales.

Nancy: Sí. Y finalmente Dios estaba comenzando a captar la atención de Christopher. Ya te había capturado. Habías perdido tus amigos, tu dinero, tu trabajo de tráfico de drogas, si se le puede llamar a eso un trabajo, no lo sé. Y estás ahora en un centro de detención.

Christopher: Así es. Tres días después, estaba caminando alrededor del bloque de la celda. Y ¿sabes qué? Aun en mi mente pensaba, “No soy un criminal. No he hecho nada malo.” Y Dios seguía trabajando…

Nancy: Y tú pensabas, “¿No soy un criminal?” 

Christopher: Bueno, porque, yo soy un buen chico.

Nancy: Y ¿Tú pensabas que tu eras un buen chico? Christopher…

Christopher: Fui criado en un buen hogar. No soy igual que las demás personas que no tienen un hogar o que viven en los barrios o en los proyectos del gobierno, ni cosas así. Así que en mi mente yo me veía, “Yo realmente soy un buen chico.”

Nancy: Así que tu pensamiento estaba muy torcido.

Christopher: Realmente estaba torcido. Me refiero, eso es lo que las drogas te hacen. Tres días después, mientras yo estaba tratando de alejarme de la basura—de los chicos malos… Yo pensaba, “esto es un error; pronto podré salir de aquí.” Yo caminaba dando vueltas por el patio. Y te digo, Dios estaba ablandando mi corazón, pero mi corazón estaba tan duro que había mucho por suavizar en él.

Así que estaba ahí caminando y pase cerca del zafacón de la basura. Era sencillamente repugnante, saliendo de ahí, vi las moscas volando por alrededor. Miré eso y pensé, “Esa es mi vida.” Fui criado en un suburbio de Chicago de clase media alta. Mi padre tiene dos doctorados. Yo estaba a cuatro meses de convertirme en un doctor también. Tenía todo lo que hubiera querido o necesitado. Todo en mi vida iba en la dirección correcta, sin embargo, ahora había tomado otro giro y ahora me encontraba en la cárcel entre criminales comunes—simplemente entre basura.

Así que estaba haciendo un recorrido por toda mi vida y de cuan horrible estaba ahora y el lugar en el que me encontraba. Estaba pasando por allí frente a ese zafacón de basura, y miré a la parte de arriba de la basura—allí mismo arriba—y encontré un Nuevo Testamento de los Gedeones.

Nancy: Que alguien lo había botado.

Christopher: Alguien lo acababa de botar. Alguien lo debe haber botado porque no había nada encima de el.

Estaba sencillamente ahí. Prácticamente colocado. Caminé justo cerca, y lo recogí y lo llevé de vuelta a mi celda. Comencé a leer la Palabra de Dios. Leí a través del evangelio completo de Marcos esa primera noche.

Eso era solamente el principio de la obra de Dios. Pensé que me estaba rebelando contra Dios. Recuerdo que antes de ser condenado, que leí el Salmo 51, y sentí como si aquellas fueran mis palabras. Las palabras que escribió David eran mis palabras. Me sentí casi con el deseo de leerlo al juez. Sentí toda esa convicción y pensando, “No hay nada bueno acerca de esto. ¿Qué hay de bueno en esto?” Me sentí tan quebrantado sobre mi pecado y mi rebelión, y las cosas sencillamente no se perfilaban como que estaban mejorando.  Sentí que no podía haber algo peor.

Nancy: Y sí se pusieron peor.

Christopher: Sí, empeoraron terriblemente.

Nancy: Pero estaban mejorando, también, porque Dios estaba en el proceso de atraer tu corazón hacia Él, en respuesta a los años de oraciones que tu mamá y tu papá habían hecho por ti. Dios estaba trabajando, pero Él estaba todavía usando esas circunstancias para llevarte al final de ti mismo. Cuando regresemos a Aviva Nuestros Corazones, vamos a dejar que nos cuentes el próximo capítulo de esta historia.

Pero de nuevo, creo que esta historia debe llenar de esperanza a las mamás, a los papás, a los abuelos de hijos pródigos, de saber que hay esperanza mientras Dios esté en Su trono.

Christopher: Amén.

Pero Él puede estar usando esas circunstancias negativas, las consecuencias de las elecciones de tus hijos para llevarlos al final de ellos mismos.

Y la historia completa, traerá mucha esperanza. Y si visitas AvivaNuestrosCorazones.com podrás ver la fotografía de la cinta de la máquina sumadora con todas esas alabanzas que Ángela escribió. Es simplemente una imagen sorprendente y un recordatorio, mamás, papás, hermanos, hermanas y para cualquier persona que esté preocupado o que esté orando por alguien que ama y que se encuentra en un país lejano, es un recordatorio de no abrumarse por la situación, de no enfocarse en la desesperanza, sino de centrarse en las promesas de Dios. Y en el proceso dar gracias, incluso cuando no se pueda ver el resultado o la respuesta a las oraciones.

Y Dios está obrando. No me gusta pausar en este punto de la historia, pero tenemos que hacerlo. 

Annamarie Sauter: Así es Nancy. Y queremos animar a nuestras oyentes a adquirir el libro escrito por Christopher y Ángela Yuan titulado, “Ya no vivo yo, la travesía de un hijo homosexual a Dios. La búsqueda de esperanza de una madre quebrantada.”

No te pierdas nuestra próxima emisión, donde continuaremos escuchando acerca de esta maravillosa historia de redención. Vuelve a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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