Podcast Aviva Nuestros Corazones

Feminidad más allá de los estereotipos

Annamarie Sauter: Ser una mujer piadosa y femenina no quiere decir que tienes que encajar en un estereotipo.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Quiero ser dulce, y quiero tener un espíritu tierno y sereno, ¡pero también puedo ser firme! Y puedo serlo—y tú también puedes— bajo el control del Espíritu de Dios... o podemos serlo como rebeldes.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

En el año 2008, Nancy y el ministerio Revive Our Hearts escribieron el Manifiesto de la Mujer Verdadera. Una frase en este documento dice: «Aceptaremos y expresaremos nuestro diseño y llamado únicos como mujeres». Hoy Nancy nos ayudará a comparar la opinión popular con la verdad de la Palabra de Dios acerca de los sexos.

Ella inicia hablando sobre algo que es una costumbre en muchos hogares.

Nancy: Estoy segura de que no tengo que decirles que las celebraciones para revelar el sexo del bebé están de moda hoy en dia. Anoche estuve en un sitio web llamado «The Bump» (La Panza), y habla de ideas divertidas, únicas y creativas para revelar el sexo del bebé. ¡Algunas personas son realmente creativas!

Hay pistolas de pintura. Hay piñatas que explotan con confeti rosa o azul. Hay bombas de humo, por supuesto, en rosa o azul. Hay ponches: limonada rosa o ponche hawaiano azul. Hay pasteles (rosa y azul, ya sabes), cuerdas de colores, huevos (con la yema rosa o azul cuando se rompen... no son reales). Los vemos mucho anunciados en las redes sociales.

Las madres, las parejas, están ansiosas por saber si será un niño o una niña, ya sea por un ultrasonido durante el embarazo, o algunos que deciden esperar hasta que el bebé nazca. Tengo una amiga cuyo esposo sirve en este ministerio. Estaba embarazada de su tercer o cuarto hijo, y el médico le dijo todo el tiempo que las pruebas y todo decían que era un niño, un varón. ¡Y ella entró para dar a luz al bebé y salió una niña! (Risa)

A veces, revelar el sexo es una gran sorpresa, incluso para aquellos que creen saber qué es. El hecho es que el sexo de cada persona se establece en el momento de la concepción. Tu sexo no es el resultado del azar, es un acto soberano, creativo e intencional de un Dios sabio y bueno.

Lo que solía ser obvio y universalmente reconocido, como lo que acabo de decir, ya no lo es tanto. Un escritor dijo lo siguiente: «El espíritu de nuestra época no se deleita con el buen diseño de Dios de hombre y mujer, en consecuencia, la confusión reina sobre algunas de las preguntas más básicas de nuestra humanidad».

Y eso no es del todo nuevo. En 1964, el profesor Henry Higgins en el musical «Mi Bella Dama» (My Fair Lady) preguntó: «¿Por qué una mujer no puede ser más como un hombre?» No sé si él estaba tratando de hacer una gran declaración del sexo, pero estaba reconociendo que estas cosas son misterios. Y a veces hay confusión o no comprensión, desde el punto de vista de un hombre. «¿Por qué una mujer no puede ser más como un hombre?» Bueno, nos alegra que no lo sea, profesor Higgins.

Vemos a veces la combinación o la confusión o la mezcla o la celebración de esta danza, esta belleza masculino/femenina. A veces lo vemos de formas que no son tan típicas, tan obvias, y nos sorprende. Recuerdo haber visto en uno de los Juegos Olímpicos de Invierno este deporte de patinaje sobre hielo, fue la primera vez que vi algo como este dúo de hermano y hermana.

Cerca del final de su actuación, la chica levantó a su hermano a la altura de la cintura, haciéndole balance sobre sus piernas mientras se deslizaba sobre el hielo. Fue tan inusual que me quedé sin aliento, porque usualmente ves al hombre balancear a la mujer, pero no es común que la mujer lo haga con el hombre. Había unas cuantas chicas que estaban viéndolo conmigo esa noche, y todas nos quedamos boquiabiertas porque estábamos acostumbradas a ver a hombres haciendo el trabajo pesado en el hielo. Y ciertamente, este movimiento llamó la atención de los espectadores, que simplemente aplaudieron como locos.

Pero también me encontré con un artículo en el internet que dice:

«El género está determinado por una gran cantidad de factores, y se reduce a cómo el género se define realmente. Biológicamente, el género se define por la presencia de ciertos órganos reproductivos. Pero más correctamente, el género se define por actitudes, comportamientos y roles, definidos por la sociedad del individuo. El género es principalmente un producto cultural, resultado de la interacción entre la persona y su sociedad. Siguiendo esta línea de pensamiento, llegamos a la conclusión de que el género está y puede ser completamente determinado por el individuo».

Cuando escribimos por primera vez el Manifiesto de la Mujer Verdadera en 2008, esta forma de pensar parecía extraña (inusual), pero ahora esa forma de pensar se ha convertido en la norma. Es ampliamente aceptada. La cirugía de cambio de sexo se ha convertido en parte de nuestra realidad cultural, modificando las partes del cuerpo a las del sexo opuesto. Por lo tanto, «transgénero» y «transexual», estas y muchas otras palabras de las que hace una década casi no oíamos hablar, son ahora parte de nuestro vocabulario.

La Escritura tiene, por supuesto, sabiduría y bases para nosotros en estos tiempos. Isaías 45, versículos 9-10 nos dice:

«¡Ay del que contiende con su Hacedor, el tiesto entre los tiestos de tierra! ¿Dirá el barro al alfarero: «Qué haces»? ¿O tu obra dirá: «El no tiene manos»? ¡Ay de aquel que diga al padre: «¿Qué engendras?» O a la mujer: «¿Qué das a luz?»

Verás, el punto es que algunas de estas decisiones no son realmente nuestras, y cuando intentamos hacerlas, ¡terminamos peleando con nuestro Hacedor!

Ahora, hemos estado viendo en esta serie del Manifiesto de la Mujer Verdadera algunas de las declaraciones, basadas en una serie de afirmaciones que hemos considerado en los últimos meses. Así que ya hemos afirmado cosas como esta:

«La creación de la humanidad, como varón y hembra, fue una parte intencional y maravillosa del sabio plan de Dios, y que los hombres y las mujeres fueron creados para reflejar la imagen de Dios en formas complementarias pero distintas».

Hemos afirmado que:

«GLORIFICAMOS A DIOS y experimentamos Sus bendiciones cuando aceptamos y gozosamente abrazamos Su diseño, funciones y orden para nuestras vidas».

Y hemos afirmado también que :

«TANTO LOS HOMBRES COMO LAS MUJERES fueron creados a imagen de Dios y son iguales en valor y dignidad, pero tienen roles y funciones distintos en el hogar y en la iglesia».

Así que ahora llegamos a uno de los «por lo tanto». Ya que afirmamos estas cosas. . . nos preguntamos, «¿y entonces qué?» Esto da lugar a declaraciones, y aquí está una de ellas:

Por lo tanto, «creyendo lo anteriormente expuesto… aceptaremos y expresaremos nuestro diseño y llamado únicos como mujeres, con humildad, gratitud, fe y gozo».

Decir, «sí, Señor», que es de lo que se trata todo esto, decir: «Sí, Señor» a Dios, a Su voluntad, a Sus caminos, es decir «sí» a nuestro sexo dado por Dios y a todo lo que implica ser mujer (u hombre, en el caso de los hombres).

Es estar de acuerdo en que hay diferencias y que esas diferencias son idea de Dios. Es alabar a Dios por la maravilla y la belleza de la forma en que Él nos diseñó, es decir que mi sexo, mi sexualidad, no es un error, no es casualidad.

El Salmo 139, comenzando en el versículo 13, nos recuerda: «Porque tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre». No tuve nada que ver con eso. Y entonces, ¿cuál sería la respuesta a esa afirmación»? Versículo 14: «Te alabaré, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien».

Decir, «sí» al Señor, decir: «Sí, Señor», es abrazar cada temporada de nuestra vida como mujeres, con humildad, gratitud, fe y gozo.

Ahora, seré la primera en admitir que algunas temporadas de la vida de una mujer son más fáciles de aceptar que otras. Algunas son más difíciles. Hay cambios físicos que tienen lugar en nuestros cuerpos en diferentes momentos, en la pubertad, durante los años fértiles y en la menopausia, se producen cambios hormonales. A veces piensas, ¿por qué Dios me hizo mujer? Sin embargo, decir: «Sí, Señor», es decir: «Recibo y acepto mi condición de mujer con humildad».

Esas temporadas, esos cambios, nos recuerdan que necesitamos a Dios a lo largo de toda nuestra vida y que aceptamos esos cambios, esas diferencias, esos aspectos de ser una mujer, fisiológicamente y en todos los demás aspectos, lo aceptamos con gratitud. Yo digo: «Gracias, Señor». Gracias Señor aun por ese recordatorio mensual, gracias por hacerme mujer.

Decir: «Gracias Señor por el síndrome premenstrual, por el cambio de vida, las cosas difíciles». Todo esto es parte de decir «sí» a mi llamado y mi diseño como mujer.

Decir: «Sí, Señor» es decir «sí» a mi rol de ayuda idónea y recordar que desde la creación, Dios nos selló con un diseño de ser ayuda. Eva fue hecha del hombre, hecha para el hombre, dada como un regalo para el hombre. Esto no debe ser visto como un castigo sino como un privilegio.

Por supuesto, como hemos hablado a lo largo de esta serie, esto no quiere decir de ninguna manera que las mujeres seamos inferiores a los hombres, que no tengamos o no deberíamos tener influencia. Como he enseñado anteriormente, la palabra «ayuda idónea» en las Escrituras se usa con mayor frecuencia para referirse a Dios como nuestro ayudador. Entonces, al cumplir con nuestro papel de ayudadoras, de ayuda idónea, estamos reflejando su imagen.

Decir: «Sí, Señor» es abrazar la maternidad, ya sea la maternidad biológica o espiritual, la crianza, ser portadoras y alentadoras de la vida. Y hemos hablado de esto en el manifiesto.

Es abrazar la vida doméstica. Esa palabra doméstica, no es una palabra muy común hoy en día, en la forma en que bíblicamente la estamos usando. La definición de esa palabra habla del hogar, de la casa, de la construcción de un hogar, un clima donde las personas pueden ser criadas, nutridas, donde pueden florecer, donde pueden crecer, donde las familias pueden ser bendecidas.

Solo te recordaré que la domesticidad, y algunos otros aspectos de nuestra condición como mujeres, se ven diferentes en las diferentes temporadas de nuestra vida. Para mí, hoy en día, el hogar y todo lo relativo al cuidado de este, luce diferente a cuando yo era soltera. Pero eso no significa que yo no le diera valor a estas cosas como mujer soltera, simplemente lucían diferente. Hay diferentes maneras de aplicar el amor por el hogar en todas esas cosas. Si por ejemplo tienes muchos niños pequeños o tienes el nido vacío, tu domesticidad puede verse diferente.

Decir, «Sí, Señor» es abrazar y expresar la feminidad (hemos hablado de esto en los últimos meses), tu respuesta, tu receptividad, tu gentileza de espíritu. Estoy pensando en un correo electrónico, hablando de feminidad, que un hombre escribió a nuestro ministerio. No sé nada de este hombre. Solo quiero citar sus palabras, lo que dijo.

Él expresó en su correo que él deseaba salir con (lo que él llamó) una mujer «real». Siguió diciendo:

«Las mujeres modernas parecen ser tan agresivas, controladoras, ruidosas, dominantes, odiosas, infieles, irrespetuosas. «Extraño a la fuerte pero femenina, delicada, romántica, cariñosa, amorosa, servicial, buena madre, buena compañera, mujer sentimental de antaño».

Ahora, no estoy llamando a las mujeres a volver a una época pasada. Dios nos ha colocado en esta época y nos ha hecho ser mujeres hoy, fuertes pero femeninas, criando hijas que serán eso para los hombres jóvenes que vienen surgiendo.

Decir: «Sí, Señor» es abrazar los roles ordenados por Dios en nuestros hogares y en la iglesia. A lo largo de las Escrituras vemos que el orden creado por Dios implica distinciones entre hombres y mujeres.

Como mujeres verdaderas, queremos reconocer esas distinciones, preservarlas, no resistirlas o resentirlas, y reflejar la imagen de Dios de esa manera. Queremos recordar y recordarnos a nosotras mismas que no «hemos recibido la peor parte» por haber sido creadas mujeres.

Nuestra feminidad es un llamado de Dios para propósitos únicos. Y así dice Pablo, en 1 Corintios 7, versículo 17: «Fuera de esto, según el Señor ha asignado a cada uno, según Dios llamó a cada cual, así ande. Y esto ordeno en todas las iglesias». «Sí, Señor, ¡sí, Señor!» No me corresponde a mí determinar mi sexo o cómo viviré mi feminidad.

No me corresponde a mí decir cómo lucirá en las vidas de otras mujeres. Tenemos que tener cuidado con eso. Este no es un molde de cristiandad. La mujer verdadera no es necesariamente como una imagen que recuerdo haber tenido cuando crecía, de que esta mujer es dócil, tranquila y dulce.

Ahora, quiero ser dulce, y quiero tener un espíritu amable y tranquilo, ¡pero también puedo ser firme! Y puedo serlo, y tú también puedes serlo, bajo el control del Espíritu... o podemos serlo como rebeldes. Escogemos cual, ¿verdad? La alegría viene de abrazar nuestro llamado, ya sea como mujer o como hombre, al reconocer estas diferencias.

El gran teólogo Juan Calvino dijo: «Dios es la fuente de ambos sexos, y por lo tanto ambos deben aceptarse con humildad y mantener la condición que el Señor les ha asignado». A lo que decimos: «¡Sí, Señor!»

John Angell James, uno de mis autores favoritos de antaño (lo he citado en otras ocasiones), en su libro Female Piety (Piedad Femenina, disponible en inglés), dice:

«El que te creó está mejor calificado para declarar la intención de sus propios actos, y puedes con seguridad, y con humildad, permitirle arreglar tu situación y revelarte tus responsabilidades».

Verás, Dios es el Creador de la vida, ¿estamos de acuerdo en eso? Él escribió el manual de instrucciones, ¿y quién sino Él conoce cómo podemos funcionar mejor? El gozo y la satisfacción llegan cuando decimos: «Señor, ¿para qué me diseñaste? ¡Eso es lo que voy a abrazar! Eso es lo que voy a expresar: mi diseño creado por Dios para Su gloria y para el avance de Su reino».

Ahora, algunas de ustedes han oído mencionar a Elisabeth Elliot, cuyo programa Gateway to Joy, fue el predecesor de Revive Our Hearts (Aviva Nuestros Corazones). He conocido a muchas mujeres que consideran que Elisabeth Elliot era su madre espiritual, ella ya murió y ahora está con el Señor. Elisabeth Elliot dijo:

«La feminidad es un regalo, un regalo divino, que debe aceptarse, abrazarse con ambas manos y agradecerlo a Dios. Porque recuerden, la idea fue suya».

Ahora, quiero hacer algo que casi nunca hago aquí en Aviva Nuestros Corazones. Quiero leerte un extenso extracto de un artículo que Elisabeth Elliot escribió hace muchos años titulado, «La esencia de la feminidad».

Esto es algo que ella pensó muy bien, (lo pensó largo y tendido). ¡Es algo que se necesita tanto hoy como cuando lo escribió hace décadas! Es un extracto del artículo y puedes ir a la transcripción de este programa en AvivaNuestrosCorazones.com.

Déjame leerte un segmento. Ella dice:

«La sexualidad es un misterio que representa el misterio más profundo que conocemos: la relación de Cristo y su iglesia. . .

No podemos, al mismo tiempo, tragarnos la doctrina feminista de que la feminidad es una mera cuestión de condicionamiento cultural, de estereotipos perpetuados por la tradición, o incluso el producto de un complot infame hecho por hombres en alguna reunión de un comité prehistórico. Por favor no me malinterpretes . . .»

Y quiero enfatizar esto, y es necesario enfatizarlo hoy incluso más que cuando lo escribió.

«Debemos, y de hecho condenamos los estereotipos que caricaturizan las distinciones divinas. Condenamos los abusos perpetrados por hombres contra mujeres, y no olvidemos también, por mujeres contra hombres, por cuanto todos han pecado. No estoy aquí para defender los estereotipos de la feminidad, sino para tratar de centrarme en el patrón original. La primera mujer fue hecha específicamente ayuda idónea para el primer hombre, para satisfacer, para responder, para entregarse y para que lo complementara. Dios la hizo a partir del hombre, de su hueso, y luego la llevó al hombre.

Cuando Adán le puso nombre a Eva, él aceptó la responsabilidad de «desposarla», proveer para ella, cuidarla y protegerla. Ambos, juntos representaban la imagen de Dios: uno, de manera especial, es el iniciador, y el otro es el que responde. Ninguno era suficiente para llevar solo la imagen divina.

Dios puso a estos dos en un lugar perfecto y...ya sabes el resto de la historia. Rechazaron su humanidad y usaron su libertad, otorgada por Dios mismo, para desafiarlo, decidieron que preferían no ser un simple hombre y una mujer, sino dioses, tomando para sí mismos el conocimiento del bien y del mal, una carga demasiado pesada para ser llevada por seres humanos.

Eva, en su negativa a aceptar la voluntad de Dios, rechazó su feminidad. Adán, al ceder ante su sugerencia, renunció a su responsabilidad masculina. Fue la primera vez de lo que conocemos ahora como «inversión de roles». Esta desafiante desobediencia arruinó el patrón original y las cosas han estado en un terrible desastre desde entonces.

Pero Dios no abandonó a sus obstinadas criaturas. En su inexorable amor, demostró exactamente lo que tenía en mente al llamarse a sí mismo el Novio: el Iniciador, el Protector, el Proveedor, el Amante, y (al llamar) a Israel su novia, su amada. Él la rescató, la llamó por su nombre, la cortejó y la ganó, se entristeció cuando ella fue a prostituirse detrás de otros dioses.

En el Nuevo Testamento encontramos de nuevo el misterio del matrimonio que expresa la inexpresable relación entre el Señor y su pueblo, el esposo que representa a Cristo en su liderazgo y la esposa que representa a la iglesia en su sumisión. Estas imágenes inspiradas por el Espíritu no deben ser alteradas ni reorganizadas de acuerdo a nuestros caprichos y preferencias. El misterio debe ser manejado no solo con cuidado sino también con reverencia y asombro.

La historia del evangelio comienza con el misterio cuando una mujer que recibe la visita de un ángel y se le da una noticia sorprendente acerca de convertirse en la madre del Hijo de Dios. A diferencia de Eva, cuya respuesta a Dios fue calculada y egoísta, la respuesta de María no tiene dudas, aun a pesar de los riesgos o pérdidas, o la interrupción de sus propios planes.

Fue una entrega total e incondicional: «He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra». (Luc. 1:38). (Por cierto, ¡ese es mi versículo favorito de vida!) Elizabeth sigue diciendo: Esto es lo que entiendo que es la esencia de la feminidad. Significa rendirse, decir: ¡Sí, Señor!

Piensa en una novia. Ella rinde su independencia, su nombre, su destino, su voluntad, ella misma al novio en matrimonio. Esta es una ceremonia pública, ante Dios y testigos. Luego, en la recámara matrimonial, ella entrega su cuerpo, el inestimable don de su virginidad, todo lo que ha estado oculto. Como madre hace una nueva rendición, es su vida por la vida del niño.

Esto es, en más profundidad, para lo que fue hecha la mujer, casada o soltera y la vocación especial de la virgen (la mujer soltera) es entregarse para el servicio a su Señor y por la vida del mundo.

Y es por eso que (permítanme hacer un paréntesis aquí), durante todos esos años que viví como mujer soltera, no sentí que no pudiera reflejar plenamente la belleza y la gloria de Cristo y la historia del evangelio. Sabía que como mujer soltera, era mi privilegio, mi gozo, dar mi vida por Cristo y Su reino y por el bien de los demás. Así que ser casada o estar soltera no es el asunto aquí. Solo habla de cómo el matrimonio y la maternidad ilustran nuestra parábola del propósito creado por Dios para nuestra condición de mujer. Elisabeth Elliot continúa diciendo:

«El espíritu tierno y sereno» del que habla Pedro, llamándolo «precioso delante de Dios» (1 Pedro 3: 4), es la verdadera feminidad que encontró su personificación en María, la voluntad de ser solo un vaso, oculto, desconocido, como la madre de alguien.

La feminidad recibe. Dice: «Hágase conmigo conforme a tu palabra». La feminidad Toma lo que Dios le da: un lugar especial, un honor especial, una función y una gloria especial, diferente de la masculinidad, destinada a ser una ayuda. En otras palabras, nos corresponde a las mujeres recibir lo que se nos da como lo hizo María, no insistir en lo que no se nos da, como lo hizo Eva.

Somos mujeres, y mi súplica es: «Déjame ser una mujer santa completamente, sin pedir nada más que lo que Dios quiere darme, y recibir con ambas manos y con todo mi corazón lo que sea».

¡Esa es la esencia de nuestra feminidad! Entonces, si no lo abrazamos, si no lo recibimos, si no lo expresamos, ¿qué hacemos? Lo ignoramos, lo resistimos, lo resentimos, y nos perdemos tanto de lo que Dios tiene para nosotras. ¿Y qué está en juego si no recibimos ese regalo?

El teólogo y autor, Dr. Albert Mohler, lo dijo de este modo:

«Cuando se rechazan, se ridiculizan y se reducen los elementos estables de la masculinidad y la feminidad, inevitablemente se produce el caos. Este nivel de confusión de sexo y rebelión sexual solo se puede explicar al observar la raíz de su causa, el rechazo de la identidad sexual y la moral sexual tal como la define el Creador».

¿Entonces qué sucede? El mundo se pierde la imagen que Dios diseñó para mostrar la historia de la redención, el evangelio, la imagen de un Salvador que toma la iniciativa, que enamora, que da su vida por Su novia, y de una iglesia que responde, que recibe Su iniciativa, y que se rinde ante su dirección.

Y así decimos, como mujeres que queremos ser mujeres verdaderas de Dios, que abrazaremos y expresaremos nuestro diseño y llamamiento únicos como mujeres con humildad, con gratitud, con fe y con alegría.

¿Estás agradecida de ser mujer? ¿Has aceptado que Él te hizo mujer y que tu diseño y tu llamado son únicos, en muchos aspectos, diferentes al de los hombres? ¿Buscas entender y cumplir tu llamado? Sí, como hija de Dios, sí como ser humano creado a imagen de Dios, pero también, ¡sí como mujer! ¿Estás de acuerdo con las Escrituras en que esto importa?

Una de las mujeres que más admiro, Susan Hunt, que ha hablado muchas veces en nuestros eventos de True Woman y Revive, ha escrito libros que han sido una gran bendición para muchas y lo dice de esta manera:

«Es tiempo de que las mujeres de fe bíblica reclamemos nuestro territorio. Conocemos al Diseñador. Tenemos su manual de instrucciones. Si no mostramos el diseño divino de su creación femenina, nadie lo hará. Pero si lo hacemos, será un testimonio profundo a un mundo necesitado que nos observa».

¡Y oh Señor, que así sea! Que nosotras, desde nuestro corazón, digamos: «¡Sí, Señor! Recibo el regalo que me has dado de representarte como mujer. Ayúdame a hacerlo con humildad, con fe, con alegría. . . ¡para hacerlo de una manera que haga que el mundo quiera conocer a Jesús!» Oramos en su santo nombre, amén.

Annamarie: ¡Dios es un artista asombroso! Y nosotras somos llenas de gozo cuando vivimos nuestras vidas de la manera en que Él las diseñó. Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado hablando acerca de esto.

Puedes profundizar aún más en este tema haciendo uso del libro digital titulado, «Retrato bíblico de la mujer». En este, Nancy enumera una serie de verdades bíblicas que son relevantes para tu vida, y luego te hace preguntas para ayudarte a evaluar si estás viviendo esas verdades en la gracia de Dios. Encuéntralo en nuestra tienda en línea, en AvivaNuestrosCorazones.com.

Quizás al mismo tiempo que deseas vivir la verdad, piensas, «¿cómo lo hago sin convertirme en una farisea legalista?» Mañana Nancy te hablará acerca de esto, aquí en Aviva Nuestros Corazones. ¡Te esperamos!

Abrazando el diseño de Dios para nuestras vidas juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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