Aviva Nuestros Corazones Podcast

Frente a una gran pared en blanco

Carmen Espaillat: Pocos días luego de que su esposo fuera diagnosticado con cáncer de páncreas, Margaret Nyman clamó al Señor.

Margaret Nyman: «Señor, pienso que voy a estar sola. Pienso que voy a terminar sola». Y clamé a Dios y las lágrimas empezaron a salir y dije: «Yo no quiero esto. No quiero esto. Yo no quiero esto». Una y otra vez lo repetía, es lo único que podía decir. «Yo no quiero esto. No quiero esto».

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Sospecho que no hay muchas de nosotras escuchando este programa en el dia de hoy, que no hayamos sido afectadas de alguna manera por la muerte de un ser querido; tal vez un padre, una madre o un abuelo, un compañero, aún un hijo, un nieto. Sabemos que esa separación de la muerte, especialmente de aquellos que están cerca de ti y que tú amas, es dolorosa. Duele.

En estos próximos días, queremos hablar particularmente de la pérdida de un compañero. Estoy hablando con mi amiga, Margaret Nyman, que ha escrito un libro titulado Hope for an Aching Heart (Esperanza para un Corazón dolido, disponible en inglés), en el que se basa esta serie. Margaret, bienvenida a Aviva Nuestros Corazones, y gracias por estar conmigo para esta conversación hoy.

Margaret: Muchas gracias por haberme invitado.

Nancy: Me encanta el hecho de que en este libro, tu libro... bueno, hay una serie de cosas que me gustan de él. Me encanta que compartes acerca de tu vida y de tu trayectoria en la pérdida de tu esposo. Hablaremos de eso en los próximos días. Pero incluso en el título del libro, tú reconoces que hay un sufrimiento profundo y doloroso, pero también que hay esperanza y que ambas cosas van de la mano. Y gracias al Señor que en Cristo no solo tenemos que soportar el sufrimiento sino que en realidad hay esperanza en Él para ayudarnos a caminar a través de esas trayectorias difíciles. Y tú has experimentado eso en tu propia vida.

Margaret: Absolutamente. Jesucristo se ha hecho mucho más real para mí como compañero en la vida, como nunca antes, porque cuando ese vacío llega, Él promete acompañarnos. He encontrado que eso es cierto.

Nancy: Es una cosa saberlo en teoría o saberlo teológicamente, tú sabías eso años antes de que perdieras a tu esposo. Pero realmente experimentar que Dios camina contigo a través del valle de sombra de muerte, es como si tu teología probara ser sólida, real y práctica, cuando caminas de verdad a través de ese valle.

Margaret: Pienso que hay responsabilidades que el Señor les da a los esposos terrenales, cristianos. Responsabilidades por sus mujeres, por sus esposas, que cuando el esposo se va por alguna razón, Él interviene y lo hace por ellas. Si tú tienes un esposo terrenal, pienso que hay ocasiones cuando el Señor se retrae y deja que tu esposo haga esto, que sea esa sombrilla de protección, esa persona que está junto a ti y con quien puedes hablar. Él interviene de una manera diferente para cuidar de las viudas. He encontrado que eso es absolutamente y prácticamente cierto. Sus promesas son ciertas acerca de acompañarnos a nosotras cuando ya no tenemos a nuestros compañeros.

Nancy: En realidad Dios tiene un corazón especial para las viudas. Lo ves a través del Antiguo y del Nuevo Testamento. De hecho, porque Dios tiene ese corazón, nosotras debemos tener ese corazón también. Vamos a hablar acerca de eso en los próximos días. Acerca de aquellas que no han tenido un compañero o aquellas que han perdido un compañero, pero no están en la categoría de viuda, y de cómo podemos ser manos y corazón para aquellas que están atravesando esa etapa de la vida.

Vamos a estar hablando de la viudez, pero esta serie no es solo para viudas. Este libro no es solo para viudas. Está orientado de una manera práctica para ministrar a las viudas, pero a medida que lo revisé, me pareció genial para todas las mujeres, casadas y solteras. Tiene una gran cantidad de conocimientos prácticos sobre cómo tratar con el dolor, cómo tratar con la pérdida, y cómo bendecir y servir a aquellas en el cuerpo de Cristo que han perdido a un compañero, cristianas o no cristianas que han perdido a un compañero.

Pero queremos volver atrás y exponer un poco tu historia y dejar que nuestras oyentes te conozcan y escuchen un poco de tu trayectoria, porque sí que ha sido una travesía, ¿verdad? No solo ha sido un momento con el cual has lidiado con esto.

Margaret: Sí. Seas viuda o no, todos estamos en una trayectoria en la vida, y todos experimentamos dolor y pérdida; tal vez no de ese tipo, pero de otras maneras, momentos en que necesitamos la ayuda de alguien más grande que nosotras. El Señor ciertamente puede intervenir y hacer eso. Pero de otras maneras también necesitamos ayuda.

Mi libro es un devocional. Pienso que cuando tienes una gran pérdida, tu corazón te duele tanto que quieres hablar con Dios al respecto. A veces quieres gritarle a Dios. A veces quieres darle gracias. A veces te dan ganas de gritar por ayuda. A veces no puedes poner en orden tus pensamientos. Así que el libro devocional es una especie de ancla para mostrarte de una manera práctica cada día, «ah, no puedo controlar estos pensamientos por mí misma. ¿Qué debo hacer ahora?» Puede ser para cualquiera que haya tenido una pérdida. En la Escritura es donde está la ayuda, y hay un poco de eso en la página de cada día.

Nancy: Y no son capítulos largos.

Margaret: No, no.

Nancy: Son sobre temas prácticos, y vamos a hablar de lo que algunos de ellos son. Pero quiero retroceder un poco y preguntarte, ¿recuerdas cuando cruzó por primera vez en tu mente el pensamiento de «voy a ser viuda?».

Margaret: Fue cuando mi esposo estaba enfermo. Tenía cáncer de páncreas. Todo paciente de cáncer de páncreas muere. No hay sobrevivientes y el 98% de ellos muere dentro del año del diagnóstico. Mi esposo sobrevivió cuarenta y dos días, lo cual no es poco común. Una vez que se sabe el diagnóstico, por lo general, ya está en estadio III o IV. Así que no tienes mucha oportunidad de atacarlo.

Nancy: Tú y tu esposo estaban en sus sesentas. Él tenía sesenta y cuatro años y, ¿había tenido algunos síntomas? ¿Cómo fue que se descubrió?

Margaret: Unos seis meses antes de eso le dio un dolor muy fuerte en la espalda. Había sido un hombre saludable durante sesenta y cuatro años, y lo trató como: «Bueno, ya es tiempo de tratar con médicos y esas cosas». Él ni siquiera tenía un médico de cabecera. Así que estaba agradecido por eso. Pero a medida que comenzamos a investigar sobre la cirugía de espalda, fue en el verano del 2009 y nuestra casa estaba en venta, estábamos buscando retirarnos, o al menos reducir su gran carga de trabajo como abogado.

Empezamos a visitar diferentes médicos, obtuvimos diferentes opiniones sobre su columna vertebral. Él estaba en las etapas iniciales de estenosis espinal. Tenía cinco discos abultados. Tenía espolones óseos. Tenía artritis. En verdad sí tenía problemas en la espalda. Yo creo que él no tenía cáncer seis meses antes y los médicos también corroboraron eso. Así que estábamos programados para la cirugía de espalda en el otoño de 2009. Fue en las pruebas preoperatorias que los valores sanguíneos aparecieron distorsionados, estaban un poco fuera de rango.

Por lo tanto quisieron hacer unas pruebas adicionales. Y por supuesto le hicieron una radiografía de pecho y ese tipo de cosas. Y vieron una masa en el abdomen. Así que hicieron un escaneo, y el escaneo reveló que tenía un tipo de tumor o masa en el hígado. Bueno, eso era solo la punta del iceberg. Cuando las pruebas realmente empezaron, se enteraron de que él tenía un terrible cáncer agresivo y que no iba a vivir mucho tiempo, aunque nos dijeron que tendría seis meses, él solo tuvo seis semanas.

Nancy: ¿Estuviste con él en el consultorio médico cuando le dijeron eso?

Margaret: Sí. Nos tomó por sorpresa. Tenía dolor de espalda, pero no tenía otro dolor. Él estaba trabajando en el centro de Chicago como abogado. Estaba muy ocupado y de hecho había estado en la corte esa mañana. Iba vestido con traje y corbata cuando nos reunimos con este equipo de médicos en uno de los mejores hospitales de Chicago. Estábamos en una habitación rodeados de ocho personas en batas médicas blancas. No teníamos idea de lo que iban a decirnos. Todavía estábamos enfocados en la cirugía de la espalda.

En una frase salió, «cáncer de páncreas. . . estadio IV. . . metástasis. . . terminal. . . inoperable». Parecíamos como venados ante los faros de un carro. Ambos estábamos aturdidos y nos quedamos sentados ahí. Más tarde llegamos a conocer muy de cerca a uno de esos médicos. Él dijo: «Cuando tu esposo entró con traje y corbata y se inclinó sobre la mesa para estrechar cada una de nuestras manos, me sorprendió, porque pensé que iba a aparecer en una silla de ruedas por lo que vimos en las imágenes».

No sé si tenía un límite alto de dolor o qué. Pero durante esa reunión de dos horas comenzamos a asimilar lo que habría en nuestro futuro inmediato. No obstante la palabra viuda nunca se me ocurrió en ese momento.

Nancy: ¿Entonces ellos dijeron seis meses? ¿Te dijeron eso en ese momento?

Margaret: Sí. Él preguntó: «Bueno, ¿estás diciendo que no tengo mucho tiempo?» Y esto fue después de las largas explicaciones médicas.

Y ellos dijeron: «Bueno, no mucho más». Y cuando él presionó, ellos dijeron: «Bueno, tal vez no necesitamos hablar de eso en este momento».

Él dijo: «Yo tengo un despacho de abogados. Tengo una familia. Tengo cosas que tengo que atender. Por lo tanto apreciaría que me dijeran».

Después de mucha presión ellos finalmente dijeron: «Seis meses». Pero ellos sabían que probablemente no sería tanto.

Nancy:Así que saliste de esa reunión tambaleándote.

Margaret:Nos quedamos pasmados. Recuerdo estar ahí de pie delante del ascensor en el edificio médico. Estábamos esperando que llegara el ascensor. Puse mis brazos alrededor de él y le dije: «¿Cómo te sientes acerca de todo esto?» No lo habíamos discutido antes de entrar al ascensor, pero él estaba temblando. Éste es un hombre que no había tenido miedo de nada. Él no era un hipocondríaco ni nada de eso. Él estaba temblando, y así supe que esto estaba comenzando a asentarse en él.

Pero entonces pensé: Este es mi tiempo para ser fuerte. Este es mi tiempo para no desmoronarme, porque me estaba inclinando un poco en esa dirección también. Pero a medida que él experimentaba eso, yo fui capaz de ser fuerte y sostenerlo un poco, por el poder de Dios, estoy segura.

Esa noche mientras conducíamos de regreso a Michigan (nos habíamos mudado a Michigan ese verano). . . a medida que regresábamos del hospital de Chicago a Michigan, él estaba sentado en el asiento del pasajero, algo así como aturdido. Me pidió que yo condujera. Él dijo: «Quiero hablar por teléfono con cada uno de nuestros hijos y decirles esto personalmente. No quiero enviarles un correo electrónico ni nada de eso». Así que él tenía esta monstruosa tarea.

Nancy: Tú tienes siete hijos.

Margaret: Siete hijos, todos adultos. Bueno, uno tenía diecinueve años. Pero él quería hablar con cada uno ellos en sus propias palabras, y lo hizo durante los noventa minutos que tuvimos de camino en el carro.

Nancy: Mientras tú estabas escuchando esto.

Margaret: Yo estaba escuchando su lado de la conversación. Sí.

Nancy: Una y otra vez.

Margaret: Una y otra vez. Él hablaba con optimismo por el bien de ellos. Pero creo que incluso en su propio corazón estaba pensando que de alguna manera podría vencer los obstáculos y vencer esto. Hasta entonces no había aceptado completamente que esto iba a tomar su vida muy pronto. Yo había sido más realista que él cuando escuché eso. En el momento en que llegamos a casa, dijo, «sabes, creo que tal vez pueda llegar a los setenta años». Bueno, él tenía sesenta y cuatro años, y nos habían dicho que seis meses. Así que pensé: Está bien. Él no puede aceptarlo. Vamos a dejarlo así por el momento. Tal vez él lo aceptará cuando esté listo.

Más tarde esa noche, él se había ido a acostar sobre sus bolsas de hielo puestas en la parte baja de su espalda, lo cual había hecho por algunas semanas. Después de que él estaba profundamente dormido bajé las escaleras y llamé al doctor que se había reunido con nosotros, con quien primero íbamos a tratar de los ocho. Y le dije: «Él está pensando que puede llegar a los setenta años. ¿Estoy soñando, o usted dijo seis meses?».

Él dijo: «Estas en lo correcto. Dije seis meses. Pero no le contradigas, él no puede aceptarlo todavía. Esto es muy típico para alguien que se le ha dado una sentencia de muerte. Solo tómalo poco a poco». Así que eso era lo que estaba pasando.

Nancy: Entonces déjame regresar a la pregunta que te hice hace unos minutos. ¿Cuándo empezó ese pensamiento de voy a ser una viuda a entrar en tu mente?

Margaret:Yo diría que aproximadamente a la mitad. Lo recuerdo específicamente. Yo estaba en el baño.

Nancy: ¿A la mitad?

Margaret: A la mitad de las seis semanas que tuvimos.

Nancy: ¿Estaba en tratamiento durante ese tiempo?

Margaret:Sí. De hecho conducíamos diariamente al mismo hospital en Chicago. Él había regresado a trabajar la mañana siguiente con esta sentencia de muerte, lo que te dice que él no lo había aceptado plenamente todavía. Pero ese terminó siendo su último día. Pienso que de alguna manera él tenía que hacer eso por su propio bien.

Él se vistió con traje y corbata, como siempre lo hacía, una vida normal. «Voy en el tren a Chicago. Soy un abogado en Chicago como siempre lo he sido». Pienso que eso estaba pasando por su mente. «Si sigo haciendo esto, voy a estar bien». Pienso que era una especie de negación. Yo estaba un poco contenta de ver que él sentía eso porque yo estaba deseando también que todo pudiera seguir normal.

Nancy: ¿Se empezó él a deteriorar rápidamente?

Margaret: Sí, sí. Comenzaron radiación a pesar de que sabían que no iba a sobrevivir. Hicieron la radiación porque disminuiría el dolor que estaba a punto de comenzar en otros lugares. Él tenía cuatro áreas de dolor intenso inminente: en su pelvis, su cadera, en uno de sus pulmones, y en el centro, en el área de su hígado.

Entonces ellos estuvieron irradiando estas áreas para detener el crecimiento rápido del tumor porque cuando esto ocurre, ejerce presión sobre los nervios y los músculos y causa dolor intenso. Es decir, ejerce presión en todas partes. Eso ayudó, pero no fue hasta después de catorce tratamientos. Fuimos catorce días seguidos, menos los fines de semana.

Nuestros hijos comenzaron a reunirse en Michigan de todas partes, uno desde Inglaterra y esta es una historia fantástica y milagrosa por sí sola. Pero otros venían de otros lugares. Era increíble como los jefes de los que trabajaban cooperaron y los dejaron tener tiempo libre. Estuvimos juntos en nuestra cabañita, quince de nosotros durante la mayor parte de esas seis semanas.

Ellos solo querían estar con su papá, e iban a hacer todo por llegar. Eso era lo importante. Así que, mientras ellos estuvieron ahí la casa estuvo llena, con dos nietecitos de edades de uno y siete u ocho meses; y bastante animada. Tenía que haber grandes comidas tres veces al día, y había mucha actividad.

Recuerdo haber estado en el baño, regresando a tu pregunta. Acababa de salir de la ducha, y recuerdo pensar: «Pienso que voy a estar sola. Pienso que voy a terminar sola». Clamé a Dios y las lágrimas empezaron a salir y dije: «Yo no quiero esto. Yo no quiero esto. Yo no quiero esto». Una y otra vez lo repetía, es lo único que podía decir. «Yo no quiero esto. Yo no quiero esto».

Nancy: ¿Cuántos años de casada tenían en ese momento?

Margaret: Casi cuarenta años. A pocos días de cumplir los cuarenta años. Ahí fue cuando caí en cuenta por primera vez, pero sabía que no podía decirle eso a Nate. Él no estaba en ninguna condición de asumir mis cargas.

Nancy: Y ¿tuviste ese tipo de conversaciones con él antes de que el Señor se lo llevara?

Margaret: Las tuvimos. No necesariamente de mí como una viuda. Cuando él traía el tema, le decía: «Sabes, yo voy a estar bien». Tengo un hermano y un cuñado que ambos aman al Señor, uno es un abogado, el otro es el tipo de persona que hace de todo y me llevaría a su casa con mi hermana si lo necesitara. Así que yo tenía confianza en ellos. Tenía confianza en mi círculo de amigas que eran tan fuertes. Tuve tremendo apoyo de mis hijos, mis hijos mayores que lo amaban tanto como yo y ellos tuvieron sus propias luchas al pasar por esto.

Así que seguí asegurándole que iba a estar bien y que no se preocupara. Su preocupación principal, por supuesto, era financiera, y «¿estarás bien?». Yo había tenido el enorme privilegio de ser ama de casa criando a nuestros siete hijos en el hogar. Él no quería que yo tuviera que comenzar a trabajar a los sesenta y cuatro años de edad. Probablemente estaría en un restaurante de comida rápida. Así que su preocupación era que yo pudiera quedarme donde estaba y llevar una vida que no se pusiera boca abajo y al revés.

Así que cuando hablamos de ello, no hablamos necesariamente del cielo o de su muerte, excepto en dos ocasiones. Pero aparte de eso, hablamos acerca de mis necesidades prácticas. Si necesitas tu declaración de impuestos, aquí está a quien deberías llamar. Él era más de lo que yo solía llamar un hombre chapado a la antigua. Él se hizo cargo de las mismas cosas de las que mi padre se había hecho cargo en nuestra familia, y yo me hice cargo de la casa y la familia mayormente. Así que sus preocupaciones eran más por mi bienestar y el de nuestros hijos que por asuntos del corazón, aunque sí tuvimos algunas discusiones increíbles de corazón.

Nancy: Entonces obviamente llegó al punto de darse cuenta de que no iba a llegar a los setenta años.

Margaret: Sí, creo que lo asimiló más o menos a la mitad de las seis semanas, y se puso muy callado. Yo diría que la última semana hubo un momento en que estaba en estado de pánico. Íbamos a tomar una siesta juntos. Yo estaba exhausta de estar despierta hasta muy noche y levantarme muy temprano en la mañana, tratando de ser fuerte con la tristeza.

Puse mi mano en su pecho. Él dijo: «No puedes tocarme. No me toques. No me toques».

Le dije: «Está bien. Está bien». Yo estaba acostada a su lado, y le dije: «¿Te duele mucho?».

Él dijo, «Tengo tanto miedo. Tengo miedo».

Le dije: «¿Tienes miedo de morir?» eso era una sorpresa, si fuera cierto, porque él creía en Jesús.

Él dijo: «No. Tengo miedo de lo fuerte que será el dolor. No puedo soportar más del que tengo». Y he oído eso de otras que han compartido sobre la muerte de sus maridos. La muerte es complicada. Es como nacer. El nacimiento es complicado. Y la muerte es complicada y dolorosa.

Él ya estaba en la cima de su nivel de dolor, aunque nunca se quejó. Pero él decía: «¿Podemos llamar a alguien y subir la dosis de mis medicamentos para el dolor?» O algo por el estilo.

Así que ese día hablamos de la opción del hospicio. Ese fue un día difícil. Él quería saber si yo pensaba que podían ayudarlo. Le dije: «Ellos prometieron ayudarte con el dolor al final. Te prometieron que no tendrías que experimentar más de lo que ya estás experimentando ahora». Poco tiempo después de eso acudimos a una medicina más fuerte. Esa fue la última semana en la que él no estuvo inconsciente. Pero para poder enmascarar ese horrible, horrible dolor, tuvimos que ir con algo de morfina, después de eso solo fue cuestión de tiempo.

Resultó que tenía un tumor que estaba a punto de estallar en uno de sus pulmones causándole ataques de pánico porque no podía respirar. La muerte es terrible. Como tú has dicho, no es lo que Dios quería. Es algo difícil de pasar con un ser querido. Es ciertamente difícil para ellos, pero es difícil de una manera diferente para el que lo pasa a su lado. Deseas poder llevar en tus hombros un poco de ese dolor por ellos y quitarles una parte. Pero no puedes. Es una agonía.

Recuerdo que durante esos días finalmente pusimos una cama de posición en la planta baja en un pequeño dormitorio. Solíamos llamarlo la biblioteca. Es donde teníamos nuestros estantes y todos los libros de los niños y cosas así. Apenas cabía la cama de de posicion en esa pequeña habitación. Nuestros hijos se apretujaban ahí. Éstos hombres de treinta y tantos años, grandes, fuertes, fornidos, mis hijos, con lágrimas corriendo por sus rostros, ahí sentados, estando con él, en duelo, con el corazón roto. Yo tenía que salir de ahí porque me desmoronaba en pedazos al verlos sufrir así. Es una situación complicada que alguien se te vaya de esa manera, y no hay nada que puedas hacer.

Nancy: ¿Al mirar hacia atrás, hubo algún momento en particular que venga a tu mente en esas últimas horas o días de su vida, donde el Señor de alguna manera te ministró gracia especial; estabas consciente de que Él caminaba contigo a través de esto?

Margaret: Antes de la última semana cuando el dolor se puso muy fuerte, él lo estaba manejando bien. Nos subíamos a la cama juntos a eso de las siete, siete y media, justo después de la hora de la cena. Leíamos correos electrónicos de saludos de la gente. Mi hija sugirió escribir un blog como muchas personas hacen cuando tienen un ser querido que está enfermo y así actualizar a la gente diariamente sobre su condición.

Así que me sentaba allí a escribir el blog. A veces él me sugería lo que debíamos escribir. Otras veces si se sentía emocionalmente decaído decía: «Bueno, no tengo ideas». Pero un día le dije: «¿Te gustaría escribir el blog esta noche?».

Él dijo que sí lo haría. Que le gustaría escribirlo.

Y yo dije: «Yo lo escribo. Tú me lo dictas». Así que él estaba acostado en sus bolsas de hielo y no sintiéndose muy bien. Yo sabía que a nuestros amigos les encantaría escuchar directamente de él, porque yo era la que escribía el blog cada noche.

Así que empezó con: «Me siento como que he llegado a una pared grande y alta y en blanco. No puedo ver al otro lado de ella. Podría saltar y tratar, y podría escuchar, pero no puedo ver al otro lado de ella. Siento como si al otro lado de la pared estuviera mi futuro». Lo que realmente estaba diciendo es que estaba esperando saber lo que iba a pasar mañana y al día siguiente. Esto fue más o menos en la tercera de las seis semanas. Pero él estaba aceptando que no iba a estar bien.

Y él dijo: «¿Pero sabes? Estoy empezando a darme cuenta de que tal vez es mejor que no vea al otro lado del muro. Puede que no sea nada que yo quiera ver». Entonces él dijo, me encanta esta frase, o tal vez él citó a alguien más. No sé. Nunca la había escuchado antes, pero dijo: «Lo que importa no es el número de velas en un pastel de cumpleaños, es lo bueno que sabe el pastel». Y me encanta esa frase porque me animó saber que él estaba pensando que había tenido una buena vida, y que estaba bien que estuviera llegando a su fin. Y eso fue un consuelo de Dios para mí a través de su boca. Fue muy poderoso.

Cuando recibes una sentencia de muerte para alguien así, como mujer, como viuda, o a punto de ser viuda, tu primer pensamiento es, oh, no he sido la esposa que debía ser. Tengo este remordimiento y ese remordimiento. Oh, yo quiero rehacer eso. Quiero volver atrás y hacer eso de nuevo. Quiero pedir disculpas por eso y bla, bla, bla. Pero es demasiado tarde para eso. Seamos una buena esposa ahora. Llenaría un libro con todas las veces que el Señor dio un paso adelante y se mostró a Sí mismo.

Nancy: Y de hecho, has escrito un libro. Compartes de manera transparente muchas más historias de momentos, momentos duros, donde Dios se encontró contigo y todavía te encuentra con Su gracia de manera muy práctica y vivificante.

El libro se titula Hope for an Aching Heart (Esperanza para un corazón dolido, disponible en inglés solamente).

Sé que muchas viudas, o muchas personas que quizás tengan una viuda en su familia o tú quieres saber cómo ministrar eficazmente a las viudas en tu iglesia. Esta serie, basada en ese libro, es una gran herramienta. Puedes compartir este programa fácilmente a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com/radio. Allí también puedes buscar más recursos relacionados al tema de la viudez, a través del buscador.

Vamos a continuar esta conversación en los próximos días y a exponer cómo se vio la viudez al principio para Margaret. Ya casi han pasado tres años, y veremos cómo Dios continúa satisfaciendo sus necesidades, así como Él promete cumplir con cada una de nuestras necesidades. Así que, regresa para nuestra conversación con Margaret Nyman, mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Carmen: Gracias, Nancy. Visita, AvivaNuestraCorazones.com/radio para escuchar, leer o compartir este programa. No te pierdas la continuación mañana.

Al Margaret Nyman ver a su esposo al borde de la muerte, ella lo describió con estas palabras: «A veces la angustia y la alegría van de la mano». Ella muestra cómo enfrentar la muerte, y sobre todo la muerte de un cónyuge, confiadas en la protección del Señor. Esto será mañana, en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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