Podcast Aviva Nuestros Corazones

Guárdame del pecado

Annamarie Sauter: La Biblia relata las quejas de Miriam contra su hermano Moisés. Esto fue algo muy serio.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: No conozco una forma más rápida para que la presencia manifiesta y la gloria de Dios se aparten de tu vida o de la mía, que cuando nos involucramos en los pecados en los que Miriam estuvo involucrada: el pronunciarnos en contra de los siervos de Dios.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hay conductas que son inaceptables en la iglesia. Son pecados que casi todas las personas condenan. También hay otros pecados que llamamos, «respetables», aquellos que podemos cometer y salirnos con la nuestra. La queja contra aquellos en autoridad en uno de estos. Hoy Nancy te explica por qué estos últimos son tan peligrosos, como parte de la serie, Recordando a Miriam.

Nancy: A medida que continuamos en nuestro estudio de la vida de Miriam, nos damos cuenta de que es realmente nuestra hermana en muchos aspectos, ¿no es así? No solamente nos asemejamos a ella en las formas en que Dios la usó o porque ella honraba al Señor, lo cual queremos que sean patrones en nuestras vidas, sino también nos asemejamos en las formas en que ella falló.

Eso es algo serio, difícil para nosotras escucharlo, difícil para nosotras ponerlo en práctica en nuestras vidas, pero muy importante porque yo creo, a medida que he estado estudiando este pasaje, que mucho de lo que veo en el corazón de Miriam es un reflejo de lo que a menudo hay en mi propio corazón.

Estamos en Números capítulo 12. Permítanme leer solo los primeros versículos.

«Entonces Miriam y Aarón hablaron contra Moisés por causa de la mujer cusita con quien se había casado (pues se había casado con una mujer cusita); y dijeron: ¿Es cierto que el SEÑOR ha hablado solo mediante Moisés? ¿No ha hablado también mediante nosotros?» (vv.1-2).

En la última sesión vimos algunas de las condiciones del corazón que eran evidentes en la rebeldía de Miriam. Vimos:

  • Envidia
  • Celos
  • Orgullo
  • Ambición egoísta
  • Falta de contentamiento con el rol que Dios le había dado a ella
  • Rebeldía en contra de permanecer en ese rol

Pero al final lo que hay en nuestros corazones sale a relucir. No se queda en nuestros corazones. Emerge. Lo que sea que salga, siempre revela lo que hay en nuestros corazones.

Así que hay una conexión inseparable entre nuestros corazones y nuestras palabras, entre nuestros corazones y nuestras actitudes, entre nuestros corazones y nuestro comportamiento.

Cuando estés educando a tus hijos, no debes enfocarte solo en el comportamiento o en las palabras que están diciendo. Eso es importante, pero lo que debes preguntarte siempre es: «¿Qué está reflejando esto de su corazón? ¿Qué está pasando en el corazón?» Al ver nuestros corazones podremos darnos cuenta de la conexión que tiene con nuestras acciones y actitudes.

Así que Miriam tiene esta queja personal con su hermano más joven, Moisés. Recuerden que Miriam en este momento tiene alrededor de noventa años. Esto nos ayuda a recordar que hasta que todo sea dicho y hecho no hemos concluido.

Para aquellas de nosotras que estamos envejeciendo (todas estamos envejeciendo), vemos que nunca se llega a un punto donde podemos acampar espiritualmente, donde nos volvemos inmunes a los peligros del orgullo y de la rebelión en el corazón.

Pero ahora la queja personal de Miriam se ha convertido en un ataque público. Ella simplemente no lo puede dejar pasar por alto.

¿Sabes cómo se agravan nuestros pensamientos? Desde el momento en que nos vamos a dormir en la noche hasta que nos levantamos en la mañana, algo que empezó como una pequeña semilla en el pensamiento se convierte en una montaña en nuestras mentes y en nuestros corazones.

¿Y qué pasa después? ¡Uf! Empieza a reflejarse en la forma en que hablamos con otras personas.

Recuerda que aquí en el contexto, la gente acababa de sufrir una plaga, (Números 11 cuenta la historia), una plaga que Dios envió debido a sus quejas. Pero aparentemente Miriam y Aarón –este último la apoyó en toda su rebeldía– pensaron que ellos serían una excepción a la regla de Dios.

Ellos vieron a personas perder sus vidas, pero aparentemente ellos pensaron que ellos estaban por encima de la disciplina de Dios y de Su mano correctiva. Aparentemente ellos pensaron que ellos podían murmurar y salir sin problemas de eso, aún cuando las personas «normales» no pudieran.

Ellos pudieron haberse sentido justificados en su ataque. Ellos pudieron haber pensado que su preocupación era legítima. Al ver la respuesta de Dios veremos que ellos estaban equivocados, al menos en la manera en que manejaron su descontento.

Algunas veces el problema no es si la persona a la cual nos oponemos está en el error o no. El problema es la forma en que respondemos a esa persona.

Vimos las condiciones del corazón, la envidia, los celos, el resentimiento, la ambición egoísta, el descontento. La raíz de todo esto era ese insidioso O-R-G-U-L-L-O, orgullo.

Pero lo que queremos saber es, ¿cómo se reflejó en Miriam ese orgullo? ¿Esas condiciones de su corazón? ¿Cuál fue el fruto de lo que ella tenía en su corazón? Varias cosas son obvias al observar este pasaje.

  • Hay falta de respeto por la autoridad asignada y ordenada por Dios
  • Ella criticó con su lengua
  • Ella habló en contra de Moisés quien era un siervo del Señor

Ella habló mal de Moisés con otras personas, primero con su hermano y después con los israelitas; y después habló mal con el mismo Moisés, en su propia cara. Ella atacó verbalmente a Moisés.

Al atacarlo verbalmente, ella estaba tratando de disminuir su liderazgo, su influencia. «Dios habla mediante nosotros también», ella le dijo a Moisés.

De nuevo vemos este proceso, esta tendencia que tenemos cuando queremos minimizar a otros. ¿Qué es lo que hacemos? Nos exaltamos a nosotras mismas, para poder exaltarnos a nosotras mismas, necesitamos minimizar a las otras.

Esa frase, «entonces Miriam y Aarón hablaron contra Moisés»… esto lo mencioné en la última sesión pero permítanme llevarlo más a fondo en términos de la construcción gramatical de esta frase.

Primero que nada vemos que el verbo nos dice que fue principalmente Miriam la que estaba hablando contra Moisés. Pero la gramática nos dice más que eso. Nos dice que eso era un hábito o una acción acostumbrada, que su hablar contra Moisés no era algo que ella había hecho solo una vez, sino que era algo recurrente, era habitual, ella era quejumbrosa. Ella no dejaba de hacerlo, continuaba hablando sobre esto.

Además la forma en que aparece este verbo aquí habla de un tipo de acción intensa, lanzando ataques verbales. Esto no era algo simple, pudo haberse iniciado con algo que ella haya dicho tranquilamente. Pero para la hora que esto salió a la luz, ella era una mujer airada, descontrolada, histérica, gritando cosas feas y horribles.

La mayoría de nosotras no empezamos así. Pero cuando tú no examinas los impulsos pecaminosos de tu corazón y de tu lengua, es ahí donde se puede terminar. Quiero decirte que eso se encuentra en cada una de nosotras.

¿Cuál de nosotras no ha terminado gritándole a un hijo, a un padre, a un cónyuge, a un amigo, diciéndole cosas horribles, ataques intensos en contra de ellos, continuamente? Empiezas con estos problemas de corazón y después se convierten en este ataque de crítica verbal contra el líder de Dios.

Vemos deslealtad en Miriam a medida que ella aparentemente obtiene apoyo para su causa. Obviamente ella y Aarón han hablado entre sí y después ellos hablaron con otros.

Al tener treinta años o más trabajando en el ministerio, les puedo decir que una de las cosas más dañinas, insidiosas que pueden ocurrir en un ministerio son esas semillas de deslealtad, cuando comenzamos a obtener apoyo para sustentar nuestra posición. Lo puedes hacer en una familia; lo puedes hacer en el ámbito del trabajo; esto puede pasar en un ministerio.

La deslealtad produce el pecado del chisme, el cual fue ciertamente un pecado que se desarrolló aquí a medida que ella hablaba con otros en contra de Moisés.

Al meditar sobre este pasaje, me ha sorprendido que Moisés, quien era el líder de estos dos a tres millones de judíos, ya venía siendo víctima de un ataque considerable por parte del pueblo. Si vas a ser el líder, tienes que acostumbrarte. Esto sucede.

Si había un tiempo en el cual Moisés necesitaba ánimo y apoyo de los que estaban más cerca a él, era en ese preciso momento, de su hermana, de su hermano con los cuales él había estado en el ministerio por años.

Pero en vez de levantar las manos de Moisés como ellos debieron y pudieron haber hecho, en lugar de buscar la forma de aligerar su carga, ellos añadieron a la carga de Moisés atacándolo, oponiéndose a él.

He estado pensando en estos últimos días tratando de ponerme a mí misma en esa situación. Me doy cuenta de la insensibilidad de Miriam y de Aarón; cuán carentes de amor, cuán egoístas de su parte portarse así cuando Moisés necesitaba desesperadamente de su ánimo y de su apoyo.

Pero no es solamente Miriam.

  • ¿Qué tan fácil es para nosotras las mujeres criticar cómo los hombres hacen o no hacen las cosas que nos afectan a nosotras en la casa o en la iglesia?
  • ¿Qué tan prestas somos para criticar?

Recientemente estaba hablando con una mujer que es parte del ministerio de mujeres en su iglesia local. Ella está muy involucrada y ha dedicado su vida a esto. Pero no habíamos hablado ni un par de minutos cuando ella empezó a decirme –y yo sé que ella no tenía la intención de tener un espíritu como el de Miriam, pero sí se le acercó mucho— ella comenzó a decirme cómo los pastores de su iglesia simplemente no apoyaban el ministerio de las mujeres como debían.

Pude ver las semillas de deslealtad allí. Ahora bien, sé que ella tenía buenas intenciones. Sé que ella se interesa por las mujeres de su iglesia. Pero eso sería veneno en esa iglesia si ella lo comparte con otras personas de la iglesia.

Es una cosa si ella va donde el pastor, con los hombres en liderazgo y apela a ellos amable, tranquila y humildemente. «Hay cosas que están ocurriendo en el ministerio de mujeres, y sería de mucho apoyo para nosotras si ustedes estuvieran conscientes de cuáles son estas cosas. Necesitamos su liderazgo. Necesitamos sus oraciones».

Esto es un espíritu completamente diferente al de decir: «Los hombres de esta iglesia, los pastores, los líderes, ellos no nos apoyan en la forma que deberían».

Seguro estoy hablando con algunas mujeres que han dicho cosas similares a estas. Tú tal vez te preguntas si leí tu carta o si tú eres la persona de la que estoy hablando. Mira, puedo estar hablando de muchas de nosotras. Lo hacemos en nuestros hogares. Lo hacemos en nuestras iglesias. Lo hacemos en nuestros ministerios.

Es un insidioso, pecaminoso, corazón malvado lo que nos hace hablar en contra del liderazgo establecido por Dios cuando deberíamos estar levantando sus manos.

Si has escuchado Aviva Nuestros Corazones por algún tiempo, sabrás que yo no digo que los hombres son perfectos o que los líderes son perfectos, porque ningún hombre o mujer es perfecto. Pero una cosa sí digo una y otra vez: que como mujeres, nosotras tenemos la responsabilidad de levantar las manos de nuestros esposos, de los pastores, de los líderes espirituales aún cuando estén equivocados, para orar por ellos, para animarlos, para apoyarlos.

Esto no significa que nosotras no traigamos lo malo a la luz. Esto es un asunto completamente diferente. Pero esto significa que cuando sacamos estas cosas a la luz, lo hacemos de una forma humilde, cordial, gentil, amorosa y amable, en vez de cualquier forma que tienda a derribar, a destruir o a criticar.

Creo que esto está realmente en mi corazón porque aún mientras trabajo en esta serie, he visto ejemplos claros de esto dentro de una familia, en una iglesia, no solamente con las mujeres sino también con los hombres, derribando los líderes de Dios.

Hermanas, esto está mal. No lo hagan. Si lo has hecho, ponte de rodillas y arrepiéntete y pídele perdón al Señor. Ruega por el perdón de Dios. Veremos que las consecuencias fueron muy serias para Miriam.

Pero primero quiero que veamos cómo Moisés respondió a este reto. El versículo 3 nos dice: «Moisés era un hombre muy humilde, más que cualquier otro hombre sobre la faz de la tierra».

Esto es un gran contraste a la descripción de Miriam que se dio en el versículo 1 y 2, donde ella habla en contra de Moisés acerca de su esposa y acerca de su derecho de hablar de parte Dios. En contraste a eso está esta descripción de Moisés.

El hecho aquí de que Moisés fuera muy humilde sugiere que Miriam no fue mansa en su respuesta. La evidencia de la humildad de Moisés es que él no se defendió a sí mismo en contra de esta descarga de artillería, en contra de este ataque verbal. Él dejó que Dios lo defendiera. Él no se vengó. No hay evidencia en ninguna parte en todo este capítulo, de que Moisés haya respondido verbalmente, para nada.

Te puedo garantizar que se sintió tentado a hacerlo. Muy seguramente lo estuvo. Esto tuvo que ser difícil, pero él mantuvo su paz.

Matthew Henry en su comentario de este pasaje dice: «Mientras más en silencio permanezcamos en lugar de defendernos, más se involucra Dios para abogar por nuestra causa». Deja que sea Dios quien abogue por tu causa.

Antes de que terminemos esta serie, regresaremos a esta respuesta de Moisés y hablaremos sobre cómo debemos responder a la gente que nos ataca injustamente.

Pero primero quiero que veamos la respuesta de Dios. Nosotros vimos que Moisés era humilde; él fue manso en su respuesta. ¿Cómo respondió Dios?

El versículo 2 nos dice, «y el SEÑOR lo oyó». El Señor lo oyó. Dios tomó muy en serio esta rebeldía, esta envidia, estos celos, esta ambición egoísta, este chisme, esta deslealtad, estas semillas de disensión; Dios lo tomó muy en serio.

En los versículos cuatro y cinco Él llama a Miriam y a Aarón para hablar con ellos. En Números 12:4 dice:

«Luego dijo Jehová a Moisés, a Aarón y a Miriam: Salid vosotros tres al tabernáculo de reunión. Y salieron ellos tres. Entonces Jehová descendió en la columna de la nube, y se puso a la puerta del tabernáculo, y llamó a Aarón y a Miriam; y salieron ambos» (RV 1960).

Al final su problema no era con Moisés, era con Dios. Dios les dijo, «ustedes vinieron y ustedes van a tratar esto conmigo, y yo voy a tratar esto con ustedes».

Después en el versículo 6, Dios les dice a estos tres reunidos juntos, «escuchen mis palabras. Ustedes escucharon a Miriam, ahora es tiempo de que me escuchen a mí».

«Él dijo: oíd ahora mis palabras: si entre vosotros hay profeta, yo, el SEÑOR, me manifestaré a él en visión. Hablaré con él en sueños. No así como mi siervo Moisés; en toda mi casa él es fiel. Cara a cara hablo con él, abiertamente y no en dichos oscuros, y él contempla la imagen del SEÑOR. ¿Por qué, pues, no temisteis hablar contra mi siervo, contra Moisés?» (vv. 6-8).

Así que Dios defiende a Moisés, Él confronta y reprueba a Miriam y a Aarón. Dios reconoce el rol de Miriam como profetisa. Se nos dijo que ella era una, y que Dios se había comunicado con ella en diversas formas.

Pero Dios dijo: «Moisés es diferente. Yo me comunico con él directamente, y como resultado, ustedes debieron haber estado aterrados al hablar en contra de mi siervo Moisés». 

¿Cuáles son las consecuencias? En el versículo 9 se nos dice, «y se encendió la ira del SEÑOR contra ellos, y Él se fue».

No conozco otra forma más rápida para que la presencia manifiesta y la gloria de Dios se aparten de tu vida o de la mía, que cuando nos involucramos en los pecados en los que Miriam estaba involucrada: el pronunciarnos en contra de los siervos de Dios, y el tener el corazón que esto representa.

Dios se fue. Yo no me voy a quedar para esto. Ahora bien, esto no significa que pierdes tu salvación, pero de seguro perderás tu comunión con Dios. Podrás de seguro perder la evidencia de la presencia de Dios en tu vida, en tu familia, en tu iglesia y en tu ámbito laboral, dondequiera que tú expreses estos tipos de pecados.

Y en el versículo 10 dice:

«Pero cuando la nube se retiró de sobre la tienda, he aquí que Miriam estaba leprosa, blanca como la nieve. Y cuando Aarón se volvió hacia Miriam, vio que estaba leprosa».

La lepra, como ustedes sabrán, era una horrible enfermedad de la piel. En este caso fue claramente el resultado de la disciplina de Dios, de la corrección de Dios. El efecto consumidor que tuvo la lepra en su cuerpo fue una representación física del impacto de sus malvadas palabras. 

Me hace recordar el versículo en Santiago 3:6 que dice, «y la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad, la cual contamina todo el cuerpo».

¿No fue eso lo que pasó? El corazón de Miriam estaba conectado a su lengua, y como resultado ella contrajo la lepra que destruyó y contaminó su cuerpo; una representación física de lo que le había pasado en su corazón, lo que ocurrió dentro de ella.

En los versículos 11-12 dice: «Entonces Aarón dijo a Moisés: Señor mío, te ruego que no nos cargues este pecado, en el cual hemos obrado neciamente y con el cual hemos pecado. No permitas que ella sea como quien nace muerto, que cuando sale del vientre de su madre su carne está ya medio consumida». Esto es solo una descripción de la deformante naturaleza de la lepra.

Así que primero Aarón intercede por Miriam ante Moisés.

Y entonces en el versículo 13, Moisés intercede por Miriam ante Dios. «Y Moisés clamó al SEÑOR, diciendo: Oh Dios, sánala ahora, te ruego».

«Pero el SEÑOR dijo a Moisés: Si su padre le hubiera escupido a ella en el rostro, ¿no llevaría su vergüenza por siete días? Que sea echada fuera del campamento por siete días, y después puede ser admitida de nuevo» (vv. 14-15).

La ley ceremonial para los israelitas requería que la persona enferma se mantuviera fuera del campamento por lo menos siete días. Pueden leer acerca de esto en Levítico capítulo 13.

Al terminar el tiempo, el sacerdote examinaba a la persona para ver si se había limpiado. En Números 5:1-3 leemos,

«Y habló el SEÑOR a Moisés, diciendo: Mandad a los hijos de Israel que echen del campamento a todo leproso, a todo el que padece de flujo y a todo el que es inmundo por causa de un muerto. Echaréis tanto a hombres como a mujeres; los echaréis fuera del campamento para que no contaminen su campamento, donde yo habito en medio de ellos».

Todo este asunto de la lepra y cómo tratar con ella era una lección práctica de santidad, una lección práctica acerca de lo que el pecado hace, contaminándonos y apartándonos de la presencia de Dios.

Levítico 13 versículo 46, dice:

«Permanecerá inmundo todos los días que tenga la infección; es inmundo. Vivirá solo; su morada estará fuera del campamento».

Todas estas cosas que describen cómo lidiar con la lepra y con estas enfermedades de la piel son un ejemplo de lo que el pecado nos hace en relación con Dios y con otros. Por ejemplo, nos aísla.

Dice que esta persona con lepra debe vivir sola. Ellos deben estar aislados del resto de la comunidad. Nos separa. Ellos deberían estar separados viviendo fuera del campamento, separados de la comunidad del pueblo de Dios, separados de la presencia de Dios. Eso es lo que el pecado hace verticalmente y horizontalmente. Nos separa. Nos aísla.

La lepra involucraba también una humillación pública. Leemos que ella debía estar avergonzada por siete días fuera del campamento. Ella había insultado y deshonrado a Moisés y a Dios, y como resultado ella sería públicamente insultada y deshonrada. El pecado público, el pecado que ella tenía, se hizo público, y necesitaba una reprobación pública.

Nosotros no tememos mucho de esa teología hoy en día. Ahora bien, no estoy diciendo que lo deberíamos hacer de la misma manera en el nuevo pacto.

Pero aún en el Nuevo Testamento encontrarás pasajes, por ejemplo el que se encuentra en 1 Timoteo capítulo 5, que dice que cuando un anciano, un líder espiritual, persiste en pecar, (no se arrepiente de un pecado que se ha hecho público) ¿Qué es lo que se debe hacer? Se debe reprender en presencia de todos para que los demás tengan temor. 

Haz tu pecado público y Dios se encargará de que la corrección sea pública. Nosotros, muchas veces, queremos proteger a la gente de esto. Pero hay un temor del Señor que viene y eso es necesario en el cuerpo de Cristo cuando un pecado público se maneja de manera pública.

Te diré cómo se puede evitar eso, y es arrepintiéndose públicamente. Tan públicamente como hayas criticado, necesitas públicamente arrepentirte y pedir perdón para que no pongas a Dios y a la iglesia en la necesidad de efectuar una disciplina pública.

Todo esto se tomó un tiempo extendido aquí, siete días. Es interesante ver que la restauración no fue inmediata. Tienes que sentarte aquí y pensar en la gravedad de lo que has hecho.

¿Saben qué?, si tenemos una restauración inmediata, muchas de las veces no tomaremos nuestros pecados en serio. Pero hubo este tiempo allí, tiempo para que se arraigara la convicción, tiempo para el arrepentimiento.

Ese es el objetivo, por cierto, hablando de la disciplina de la iglesia: restaurar al pecador y advertir a otros. Como resultado del pecado de Miriam, el progreso de toda la comunidad se detuvo.

Los versículos 15-16 nos dicen: «Miriam fue confinada fuera del campamento por siete días y el pueblo no se puso en marcha hasta que Miriam volvió. Después el pueblo partió de Hazerot». Ellos se atrasaron siete días en su viaje a la tierra prometida.

Esto me habla acerca de la responsabilidad que tenemos los que tenemos influencia y liderazgo, los que tenemos el respeto y que somos de ejemplo para otros. Miriam, como vimos en Éxodo 15, era una líder de las mujeres. La gente la respetaba y era de ejemplo para ellas.

Algunas de ustedes tienen este tipo de posiciones en sus familias con sus hijos, tal vez en la iglesia como maestras de un estudio bíblico. Yo me siento así en este ministerio, es una gran responsabilidad cuando la gente nos busca para un consejo y nos respeta, cuando la gente nos sigue. Tenemos que rendir cuentas.

Es por eso que Santiago 3:1 nos dice, «no pretendan muchos de ustedes ser maestros, pues, como saben, seremos juzgados con más severidad» (NVI parafraseado).

A medida que he leído este pasaje y he meditado en él en las últimas semanas, Dios realmente ha traído convicción a mi corazón de la gran responsabilidad que tengo en este ministerio como líder de mujeres y que cuando yo peco, no solo peco en contra de mí misma, sino que derribo a otros conmigo. Esto es una gran responsabilidad, no solamente estar bien con Dios por estar bien con Él, sino estar bien con Dios para que no afecte el caminar de otros con Él de manera negativa.

Me he encontrado orando: «Señor, líbrame de pecar. Guárdame de desviar a otros. Líbrame de deshonrarte». ¿Es este el deseo de tu corazón?

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado ayudándote a evaluar tu corazón. ¿Existe algún pecado oculto en tu corazón, del que nadie sepa? Este mensaje es parte de la serie titulada, Recordando a Miriam. Si te has perdido cualquiera de los programas anteriores en esta serie, encuéntralo en, AvivaNuestrosCorazones.com.

El lunes, únete a nosotras de nuevo para una discusión sobre el pecado y la enfermedad. ¿Están estas cosas relacionadas entre sí? Te esperamos aquí, En Aviva Nuestros Corazones.

Adornando el evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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