Habla la verdad de Dios en tu generación
Débora: ¿Te sientes insignificante? Kim Cash Tate nos recuerda algo importante.
Kim Cash Tate: Servir al propósito de Dios no se trata de números o seguidores o de tener una gran influencia.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora del libro «Contra Cultural», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 12 de mayo de 2025.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Bueno, si te perdiste el episodio anterior de Aviva Nuestros Corazones, puedes encontrarlo en nuestra página AvivaNuestrosCorazones.com o en la aplicación Aviva Nuestros Corazones.
Ayer comenzamos el primer programa de una serie de dos días con Kim Cash Tate, quien nos llevará a conocer a un profeta del Antiguo Testamento, del cual probablemente se escucha muy poco, al profeta Micaías. Ella nos sumergirá en la Palabra.
Veremos cómo este profeta nadó contra corriente, en contra de su cultura …
Débora: ¿Te sientes insignificante? Kim Cash Tate nos recuerda algo importante.
Kim Cash Tate: Servir al propósito de Dios no se trata de números o seguidores o de tener una gran influencia.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora del libro «Contra Cultural», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 12 de mayo de 2025.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Bueno, si te perdiste el episodio anterior de Aviva Nuestros Corazones, puedes encontrarlo en nuestra página AvivaNuestrosCorazones.com o en la aplicación Aviva Nuestros Corazones.
Ayer comenzamos el primer programa de una serie de dos días con Kim Cash Tate, quien nos llevará a conocer a un profeta del Antiguo Testamento, del cual probablemente se escucha muy poco, al profeta Micaías. Ella nos sumergirá en la Palabra.
Veremos cómo este profeta nadó contra corriente, en contra de su cultura y de la mayoría, y a pesar de ello, es él a quien recordamos. No conocemos el nombre de ninguno de los 400 profetas que le dijeron al rey lo que él quería oír. Esos profetas no superaron la prueba del tiempo.
Pero aquí tenemos a un hombre, Micaías, que sirvió al propósito de Dios en su generación, y eso es lo que nosotras queremos hacer. Por eso me encanta este texto.
Entonces, Kim, tú has sido amiga de Aviva Nuestros Corazones por mucho tiempo, eres escritora y maestra de la Biblia. (Estoy viendo la Biblia de Kim en estos momentos, y veo que tiene colores y tiene marcas. Está mucho más ordenada que la mía. Pero las marcas son similares).
Kim es una mujer que durante veinte años ha estado empapándose de la Palabra de Dios, desde que llegó a la fe a finales de sus veintitantos años. Y ahora nos alimentas y nos enseñas las Escrituras. Eso me encanta.
Y si te interesa saber más sobre su ministerio, hemos dejado un link en la transcripción de hoy en AvivaNuestrosCorazones.com. Si no has leído sus libros, te recomiendo que lo hagas. Uno de ellos se titula Cling (en español sería como Aférrate). Ytambién tiene un ministerio llamado Cling Ministries, que trata sobre…¿sobre qué, Kim?
Kim: La intimidad con el Señor en tu caminar con Él.
Nancy: Aferradas a Él.
Kim: Sí, absolutamente.
Nancy: Nos aferramos a todo tipo de cosas. Esa es nuestra tendencia natural, ¿verdad?
Kim: Así es, nos aferramos a muchas cosas por naturaleza. Pero nuestra meta debe ser aferrarnos solo a Dios y a Su Palabra.
Nancy: Cada vez que hemos estado contigo, ese ha sido el mensaje al que nos sigues apuntando. Es como si, independientemente del pasaje de la Biblia en el que estés, siempre regresas ahí. ¡Y me encanta!
Sé que nuestras oyentes querrán conocer más sobre ti y tu ministerio. Así que, Kim, estamos encantadas de tenerte aquí.
Y, Señor, te ruego que unjas con aceite fresco a esta sierva Tuya y que nos des oídos para oír y corazones para recibir lo que Tú nos dirás a través de Kim, para que podamos ser mujeres que sirvamos a Tu propósito en nuestra generación. No somos parte de ninguna otra generación, y no tenemos un llamado más elevado que servir a Tus propósitos.
Así que, sea cual sea el propósito que pensamos que tenemos, oro para que Tú reajustes nuestra perspectiva hoy, de modo que podamos decir «Sí, Señor», al propósito que Tú tienes para nuestras vidas.
Bendice a Tu sierva y dale libertad al abrir tu Palabra para nosotras. Oro en el nombre de Jesús, amén.
Kim: Amén.
Bueno, estamos en uno de mis capítulos favoritos de la Biblia, aunque, lo admito, tengo muchos capítulos favoritos. Pero este es mi favorito, por lo que podemos aprender del profeta Micaías, quien sirvió con valentía y sin temor al propósito de Dios en su propia generación.
La frase «después de haber servido el propósito de Dios en su propia generación» proviene de Hechos 13:36, donde se dice esto de David. Y qué glorioso sería que el Señor dijera de ti o de mí: «Ella sirvió al propósito de Dios en su propia generación».
Entonces, hemos estado estudiando 2 Crónicas 18 y recopilando lo que podemos sobre lo que significa servir a los propósitos de Dios, incluso lo que no significa, tal como vimos en los 400 profetas y en Acab en este capítulo.
Todavía no hemos avanzado mucho en el capítulo. Micaías ni siquiera ha entrado en escena, pero hasta ahora la escena es fascinante.
Tenemos al rey de Israel y al rey de Judá presentes, lo que rara vez ocurre en las páginas de las Escrituras. Estos reyes, el rey Acab y el rey Josafat, están en una alianza por matrimonio, y Josafat lo está visitando en Samaria.
El rey Acab quería que fuera con él a la guerra para recuperar Ramot de Galaad, pero Josafat le dice: «Mi pueblo estará contigo, pero primero consultemos al Señor», lo cual es interesante, ya que accedió a ir antes de consultar al Señor. Y ya hemos hablado de la reprimenda que recibiría más tarde del Señor.
Así que nuestra primera lección de este capítulo fue esta: servir a los propósitos de Dios significa buscar la voluntad de Dios.
Acab reúne a 400 profetas, ninguno de los cuales habla en nombre del Señor, pero la escena es impresionante. Los 400 dicen: «¡Sube! El Señor está contigo. Él entregará al enemigo en tus manos».
Josafat dijo: «¿Me estás diciendo que no hay ni una sola persona aquí que pueda consultar al Señor?». Acab admite: «Bueno, hay un hombre a quien podemos preguntar. Micaías, hijo de Imla, pero lo detesto porque solo profetiza mal sobre mí».
Eso nos llevó a nuestra segunda y tercera lección:
- Servir a los propósitos de Dios implica que habrá personas que te odiarán.
- Si estás sirviendo al propósito de Dios, debes ser conocido como alguien que sirve al propósito de Dios.
Acab odiaba a Micaías, pero sabía que Micaías era un hombre de Dios.
Continuemos con la historia. Estamos en 2 Crónicas 18. Nos quedamos en el versículo 7, donde Josafat respondió a las palabras de Acab sobre Micaías diciendo: «No hable el rey así». En otras palabras: «Sé que lo odias. Nunca te ha profetizado nada bueno, pero ve a buscarlo».
Versículo 8:
«Entonces el rey de Israel llamó a un oficial, y le dijo: “Trae pronto a Micaías, hijo de Imla”».
Así es como me imagino que lo dijo. Porque Acab no quería ver a ese hombre. Ahora pasemos al versículo 9:
«El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, estaban sentados cada uno en su trono, vestidos con sus mantos, en la era a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban delante de ellos».
Ahora, tenemos una amplia toma de esta escena con más detalle. No solo estaban dos reyes juntos, vestidos con sus ropas reales y sentados en sus tronos, sino que estaban en la puerta de Samaria, que era la antigua costumbre de celebrar la corte, y 400 profetas profetizando delante de ellos. ¡Es un espectáculo digno de contemplar!
Versículo 10:
«Sedequías, hijo de Quenaana, se había hecho cuernos de hierro y decía: “Así dice el Señor: ‘Con estos acornearás a los arameos hasta acabarlos’”». Y todos los profetas profetizaban así, diciendo: “Sube a Ramot de Galaad y tendrás éxito, pues el Señor la entregará en manos del rey”» (vv. 10-11).
Ten en cuenta que estos falsos profetas están usando el nombre del Señor, a diferencia de los profetas de Baal con los que luchó Elías. Ellos profetizaban en nombre de Baal. Sin embargo, el hecho de que uses el nombre del Señor y pretendas hablar de parte de Él, no significa que sea así. Puede parecer que están sirviendo al propósito de Dios, pero Dios no está en ninguna parte.
El versículo 12 nos dice:
«El mensajero que fue a llamar a Micaías le advirtió: “Mira, las palabras de los profetas son unánimes en favor del rey. Por esto te ruego que tu palabra sea como la de uno de ellos, y hables favorablemente”».
Este mensajero ejerció presión para que Micaías se conformara, sin duda, de acuerdo con las instrucciones de Acab. «Sé uno con todos los demás profetas».
¿Alguna vez has sentido presión por estar de acuerdo con los que te rodean? Puede ser con tus compañeros de trabajo o con tu familia. Todos están de acuerdo en algo y tú eres la única persona que piensa diferente. Es incómodo, por decir lo menos.
Ahora, imagina que hay 400 personas en el otro lado. Esto es lo que Micaías está enfrentando. Veamos cómo responde en el versículo 13.
«Pero Micaías le contestó: “Vive el Señor, que lo que mi Dios me diga, eso hablaré”».
Esta es precisamente la razón por la que vuelvo una y otra vez a este capítulo. Esa audacia, esa valentía de Micaías, nos lleva a la lección número cuatro: servir a los propósitos de Dios significa caminar en el poder del Espíritu Santo.
Micaías no se deja impresionar por el hecho de que todos sus contemporáneos estén hablando favorablemente al rey. No se inmuta, no tartamudea, no dice: «Dame tiempo para pensarlo». Su respuesta fue inmediata: «Solo digo lo que Dios me dice que diga». Conocía su propósito y no dudó en caminar en él.
Fíjate que él dice: «Vive el Señor». Micaías es claro. Él sirve al Dios vivo. ¿No te encanta que haya dicho «lo que mi Dios me diga»? Hay una relación. Él estaba demostrando: «Estoy en una relación con el Señor. Él es mi Dios. Él es mi Dios».
Escucha, si queremos servir a los propósitos de Dios en nuestra generación, tenemos que conocer a nuestro Dios y tenemos que caminar en el poder del EspírituSanto. El Espíritu Santo nos da poder para no tener miedo. No tenemos por qué temer cuando el Señor está con nosotras.
Ahora, eso no quiere decir que no vamos a sentir miedo. Si nos encontramos en una situación en la que las personas no quieren escuchar hablar de Cristo o de la verdad de la Biblia, y ese es el tiempo en el que vivimos, estamos llamadas a compartir la verdad en esa situación, aunque surjan esos sentimientos de temor. Sin embargo, al igual que Micaías, podemos permanecer firmes sabiendo que nuestro Señor vive, sabiendo que Él está con nosotras y que nuestro propósito es glorificarlo.
Si queremos servir a los propósitos de Dios en nuestra generación, según nos guíe el Espíritu, tenemos que estar dispuestas a decir la verdad, por muy poco popular o desagradable que sea. Me encanta que Micaías sea un ejemplo de esto para nosotras.
Bueno, ¿qué sucedió después? En el versículo 14 nos dice:
«Cuando llegó ante el rey, este le preguntó: “Micaías, ¿iremos a Ramot de Galaad a pelear, o debo desistir?”. “Sube y tendrás éxito”, respondió él: “porque serán entregados en tu mano”».
¿Puedes escuchar el sarcasmo en la voz de Micaías? Acab también lo percibió. Así que dijo en el versículo 15:
«Entonces el rey le dijo a Micaías: “¿Cuántas veces he de tomarte juramento de que no me digas más que la verdad en el nombre del Señor?”».
Acab se ve obligado a hacer que Micaías dijera la verdad, porque en la providencia de Dios, Micaías tenía la única palabra del Señor para esta situación.
En el versículo 16, Micaías le responde al rey:
«Y él respondió: “Vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas sin pastor; y el Señor dijo: ‘Estos no tienen señor; que cada uno vuelva a su casa en paz’”. Entonces el rey de Israel le dijo a Josafat: “¿No te dije que no profetizaba lo bueno acerca de mí, sino lo malo?”» (vv. 16-17).
Entonces, Micaías le hace saber que Acab no sobrevivirá, y Acab inmediatamente entiende la profecía. Pero Micaías no ha terminado. El versículo 18 nos dice:
«Micaías respondió: “Por tanto, escuchen la palabra del Señor. Yo vi al Señor sentado en Su trono, y todo el ejército de los cielos estaba a Su derecha y a Su izquierda. Y el Señor dijo: ‘¿Quién persuadirá a Acab, rey de Israel, para que suba y caiga en Ramot de Galaad?
Y uno decía de una manera, y otro de otra. Entonces se adelantó un espíritu y se puso delante del Señor, y dijo: Yo lo persuadiré. Y el Señor le dijo: ¿Cómo? Y él respondió: Saldré y seré un espíritu de mentira en boca de todos sus profetas.
Entonces Él [Dios] dijo: Lo persuadirás y también prevalecerás. Ve y hazlo así’”. Ahora el Señor ha puesto un espíritu de mentira en boca de estos sus profetas, pues el Señor ha decretado el mal contra usted».
Micaías dijo esto delante de dos reyes sentados en sus tronos en medio de 400 profetas, con valentía y sin miedo. ¡Esto es asombroso!
Esa es la escena terrenal: los tronos, los profetas y todo el mundo. Es sorprendente, pero a Micaías se le ha dado una visión de la escena celestial que precedió a esta.
Es una escena parecida a la de Job, donde los ángeles están ante Dios, con Satanás entre ellos, y Satanás necesita el permiso de Dios para tentar a Job. Dios es el soberano gobernante del cielo y de la tierra, de los ángeles santos y de los ángeles caídos.
Él ya había pronunciado un juicio contra Acab antes de todo esto, y así es como ese juicio se llevaría a cabo.
Dios es tan soberano que incluso el pensamiento que entró en la mente de Acab de ir contra Ramot de Galaad era parte de Su plan soberano.
Pero observemos algo importante: la escena terrenal era desalentadora, incluso aterradora. Micaías tuvo que presentarse ante esos dos poderosos reyes, vestidos con sus ropas reales, sentados en sus tronos. Sin embargo, ¿sabes por qué pudo avanzar sin temor? Porque ya había tenido una visión del Señor en Su trono.
Lección número cinco: Servir a los propósitos de Dios significa mantener los ojos fijos en Jesús.
Si nuestros ojos están fijos en las cosas de la tierra, seremos fácilmente sacudidas. Tropezaremos cuando se trate de caminar hacia el propósito de Dios, porque se vuelve desafiante y difícil.
La oposición siempre está presente. El enemigo siempre está maquinando para evitar que cumplas el propósito de Dios. Él quiere que tengas miedo y dudas, así que pondrá personas en tu camino para hacerte dudar:
- «¿Estoy haciendo demasiado?».
- «¿Tengo demasiado celo por las cosas de Dios?».
- «Quizá estoy siendo demasiado doctrinal en mis convicciones».
- «Quizá deba llegar a un punto medio».
Pero Hebreos 12:2 nos dice que para correr la carrera que tenemos por delante, debemos tener «los ojos puestos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, despreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios».
Ahora escucha lo que dice en Colosenses 3:1-2. Me encantan estos versículos y por eso los leo a menudo. Dice:
«Si ustedes, pues, han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Pongan la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra».
La mente de Micaías estaba puesta en las cosas de arriba, no en lo que podía ver en aquella puerta de Samaria. Él mantuvo la mirada en su Dios, y nada se compara con la gloria del Señor. Somos fortalecidas cuando ponemos nuestros ojos en Cristo, porque se nos recuerda nuestra esperanza y nuestro propósito eterno.
Bueno, Micaías les cuenta esta increíble visión. ¿Y qué sucede a continuación? Versículo 23:
«Entonces se acercó Sedequías, hijo de Quenaana [este es el hombre entusiasta que hizo los cuernos de hierro] y golpeó a Micaías en la mejilla, y le dijo: “¿Cómo pasó de mí el Espíritu del Señor para hablarte a ti?”.
Respondió Micaías: “Tú lo verás aquel día en que entres en un aposento interior para esconderte”. Entonces el rey de Israel ordenó: “Tomen a Micaías y devuélvanlo a Amón, gobernador de la ciudad, y a Joás, hijo del rey; y díganles: ‘Así dice el rey: Echen a este en la cárcel, y aliméntenlo con poco pan y poca agua hasta que yo vuelva en paz’”.
Micaías le dijo: “Si en verdad vuelves en paz, el Señor no ha hablado por mí”. Y añadió: “Oigan, pueblos todos”.Y subió el rey de Israel con Josafat, rey de Judá, contra Ramot de Galaad» (vv. 23-28).
Micaías fue castigado por servir al propósito de Dios. En el episodio anterior vimos la persecución que conlleva servir al propósito de Dios.
Aunque Josafat quería consultar al Señor y recibió una respuesta clara y directa de Él a través de Micaías, se fue a la batalla de todos modos con el rey Acab, claramente sin servir al propósito de Dios. Pero aunque Acab no hizo caso del mensaje, parece que este se le quedó grabado.
En el versículo 29 dice:
«El rey de Israel dijo a Josafat: “Yo me disfrazaré para entrar en la batalla, pero tú ponte tus ropas reales”. Y el rey de Israel se disfrazó y entraron en la batalla».
Él cree que puede evadir la voluntad de un Dios soberano. Bueno, aunque no hayas leído el capítulo, ya sabes lo que pasa. Sabes lo que va a pasar, porque lo que Dios dijo que haría, lo hará. Los versículos 30 al 32 dicen:
«Pero el rey de Aram había ordenado a los capitanes de sus carros: “No peleen contra chico ni contra grande, sino solo contra el rey de Israel”. Cuando los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: “Este es el rey de Israel” [porque era el único que vestía las ropas reales], y se desviaron para pelear contra él.
Pero Josafat clamó. [¿Te imaginas a Josafat gritando: “¡No! ¡No! ¡No! ¡Se equivocaron de hombre!”] y el Señor vino en su ayuda, y Dios los apartó de él, pues al ver los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, dejaron de perseguirlo» (vv. 30-32).
Y ahora escucha esto:
«Pero alguien disparó su arco al azar [aunque no fue al azar a sus ojos] e hirió al rey de Israel por entre la juntura de la armadura. Y él dijo al cochero: “Da la vuelta y sácame de la batalla pues estoy gravemente herido”. La batalla arreció aquel día, y el rey de Israel fue sostenido en el carro frente a los arameos hasta la tarde; y murió al ponerse el sol» (vv. 33-34).
No puedes evitar la voluntad de un Dios soberano. Nada es aleatorio. Nada es casualidad. Ese fue el Dios soberano.
Quiero terminar con esto. La lección número seis: Servir a los propósitos de Dios no se trata de hacer algo grande.
Creo que las redes sociales nos han engañado haciéndonos creer que, para servir al propósito de Dios, tiene que ser algo grande, lo que a menudo significa algo público.
En esta era de las redes sociales, vemos escenarios, plataformas y seguidores. Vemos cómo Dios está usando a ciertas personas y cuál parece ser el propósito de ellas.
Y miramos nuestras propias vidas y pensamos: ¿Cuál es mi propósito?
Y muchas veces lo que realmente estamos diciendo es: «¿Esto es todo? Tengo un trabajo normal. Ni siquiera es un ministerio a tiempo completo», o, «Solo estoy en casa. Nadie me conoce. Quizás cuando mis hijos sean mayores pueda empezar a cumplir mi propósito».
Servir al propósito de Dios no se trata de números, seguidores o de tener gran influencia. Miren a Micaías. La mayoría de ustedes nunca habían escuchado hablar de él. Está en la Biblia, pero no es un nombre importante en la Biblia. ¿Con qué frecuencia escuchan a la gente hablar de Micaías? Ni siquiera Josafat sabía quién era.
Los profetas de su tiempo eran personas como Elías, Eliseo e Isaías. A Isaías le dedicaron un libro entero. A Micaías solo le dedicaron un capítulo de un libro.
De hecho, cuando leí este relato y Josafat dijo: «¿No hay ningún profeta a quien podamos consultar?». Sentí mucha curiosidad por saber dónde estaba Elías en ese momento. Dios aún no se lo había llevado.
Pero ese es el punto: Dios usó a Micaías en ese día, en ese momento. No sabemos qué hacía Micaías antes de esto, y no se vuelve a mencionar. Sin embargo, cumplió el propósito de Dios en su generación. Eso es lo que sabemos de él.
Dondequiera que estés, hagas lo que hagas, si lo haces para la gloria del Señor, estás cumpliendo el propósito de Dios en tu generación.
Sea cual sea tu trabajo, Dios puede usarte allí para ser una luz, para decirle una palabra a alguien.
Cuando estás en casa y tu hogar es tu ministerio y lo tratas como tal, cambiar pañales es servir al propósito de Dios. ¡Lo digo muy en serio! No dejes que el enemigo te engañe haciéndote pensar: «Serviré al propósito de Dios más adelante; ahí es cuando realmente tendrá importancia»
Cada día te levantas y haces todo lo necesario para cuidar de tu familia y tu hogar, dedicándote a tus hijos mientras les enseñas las cosas de Dios. Debes saber que estás sirviendo al Señor.
Cuando lo pensamos de la manera correcta, servir al propósito de Dios es hacer algo grande en el sentido de que es significativo. Todo lo que hacemos para el Señor es grande. Tiene implicaciones eternas. Es sobrenatural, porque solo puede hacerse por Su gracia y por el poder del Espíritu Santo.
Así que, para terminar, me encantaría que hicieras una pausa y oraras con estas palabras: «Señor, quiero servir a Tu propósito en mi generación. Muéstrame en dónde ya lo estoy haciendo, aunque ni siquiera me doy cuenta. Ayúdame a valorarlo y a alabarte por lo que ya estás haciendo. Oro para que, en todos los aspectos de mi vida, me muestres cómo servir a Tu propósito y me des la gracia y la fuerza para llevarlo a cabo. Haz que viva para Tu gloria, honor y alabanza, en el nombre de Jesús, amén».
Nancy: Amén. Y Señor, solo quiero añadir una oración a lo que acaba de pedir Kim. Nos hemos unido a ella con todo nuestro corazón. Tu Palabra nos ha desafiado. Y Tú nos estás hablando a muchas de nosotras sobre la etapa de la vida en la que nos encontramos y cómo podemos servirte de esta manera, en esta etapa, en nuestra generación.
Quiero orar para que levantes un ejército de mujeres temerosas de Dios, amantes de Cristo, que tengan una relación contigo. Puede que sean una contra cuatrocientas, pero oro para que las levantes para servirte, para cumplir Tus propósitos, y para que las vidas de las verdaderas mujeres de Dios en todo el mundo sean una gran luz en la oscuridad que guíe a nuestro mundo hacia Cristo.
Así que anima a las mujeres que tal vez se sienten pequeñas y en lugares oscuros. Ahí es donde estaba Micaías. Ahí es donde estamos hoy. Pero Tu luz y Tu gloria es lo que quieres usar para iluminar este mundo a través de nosotras.
Esta es la visión. Por eso has levantado este ministerio, para ser contracultura. No para ser el pódcast más popular, el más escuchado, ni para tener una plataforma grande, enorme. Sino para ser mujeres que te honran, que te glorifican, que te representemos en este mundo, cumpliendo Tus propósitos santos, no solo en nuestras vidas individuales, sino a través de este ministerio y de las mujeres que se han conectado a él.
Te amamos, Señor. Te doy gracias por tu sierva Kim. Gracias por su amor por Tu Palabra, por su valentía y audacia, y por la forma en que se ha conectado con el pasaje y luego ha ayudado a nosotras, a nuestras vidas, a conectarse con él. Que eso sea también un gran ejemplo para nosotras.
Te amamos, te bendecimos y te damos gracias, en el nombre de Jesús, amén.
Débora: ¡Amén! Ella es nuestra anfitriona, Nancy DeMoss Wolgemuth, orando para que vivamos los propósitos de Dios para nuestras vidas, tal como nos lo mostró hoy Kim Cash Tate.
Ahora, algunas mujeres estaban en nuestra audiencia en el estudio mientras Kim enseñaba. Escuchemos algunos de sus comentarios, comenzando con Stephani.
Stephani: Llevo cuarenta y cinco años en Life Action, y mi esposo y yo nos jubilaremos a principios del próximo año. He sido testigo de un gran crecimiento, como en el Día Nacional de Oración y en las llamadas de oración, entre otras cosas.
Pero es muy desalentador ver que las cosas siguen empeorando. Es como si estuvieras dando un paso adelante y las cosas solo empeoraran. Pero Dios está trabajando. Fue alentador escuchar a Kim recordarnos: «Este es el momento de Dios. Esta es tu generación. (Ahora, yo estoy en la generación de los ancianos). Pero esta es tu generación, y Dios no ha terminado». No conozco el calendario de Dios, pero hay que seguir adelante.
Nancy: Acab fue un rey malvado en muchos sentidos, pero para mí es muy valioso que Dios pusiera a Micaías en su vida para decirle la verdad con valentía, sin titubear. Eso no cambió necesariamente el corazón de Acab, pero lo hizo mucho más responsable.
Entonces, Micaías tuvo su lugar. Tuvo su papel en las Escrituras y en la historia redentora eterna de Dios. Podemos mirar eso y decir: «Pero Acab no cambió. Seguía sin creer la verdad». Bueno, eso no depende de nosotras. Depende de Dios.
Eso no significa que, si somos fieles, cambiaremos los corazones de las personas malvadas o infieles que nos rodean, ni siquiera dentro de nuestras propias familias, porque no tenemos el poder de cambiar sus corazones.
Pero sí tenemos el poder de escuchar a Dios, de hablar la Palabra, la verdad, en el poder de Su Espíritu Santo. Quizás eso sea todo lo que debemos hacer. Dios nos puso aquí para ser representantes de la verdad en este momento, por razones que, en el panorama general, ni siquiera podemos empezar a comprender.
Así que nuestro llamado es a ser fieles, estar allí, conocer la Palabra del Señor y proclamarla en nuestra generación, independientemente de si algo cambia. Sabemos que al final el Cielo gobierna, el Cielo vencerá. Dios vencerá y toda rodilla se doblará.
Entonces, estamos entre aquellos que se inclinan ahora y dicen: «Señor, te adoramos. Confiamos en Ti. Te representamos, aunque no veamos frutos visibles del trabajo que estamos haciendo».
Mujer: Muchas gracias por venir y hablar con nosotras hoy, Kim. Aprecio las diferentes formas en que has sacado a relucir pasajes de las Escrituras que a veces preferimos pasar por alto.
Cuando preguntaste: «¿Alguien sabe quién es Micaías?», y luego mencionaste el pasaje de las Escrituras al que te referías; fue como: «¡Oh, espera! ¡Yo conozco esta historia porque la acabo de leer!». Así que, gracias por hacerla más viva para nosotras.
Gracias por mostrarnos que lo pequeño no es necesariamente insignificante, y también que lo pequeño es grande a los ojos del Señor porque le da gloria a Él.
Nancy: Permítanme decir, y Kim lo mencionó, que Dios tiene un propósito para ustedes en su generación que nadie más puede cumplir. Y es diferente al propósito que Él tiene para cualquier otra persona. Ahora, eso no significa que sea diferente en todos los aspectos. Dios nos utiliza a muchas de nosotras de maneras similares, pero hay un lugar y un momento en el que Dios las ha colocado y la forma en que las creó, y ese es Su propósito para ustedes en su generación.
Entonces, no podemos simplemente pasarnos la vida tratando de sobrevivir a este torrente de maldad que nos rodea y decir: «Alguien más hará el buen trabajo. Alguien más representará a Cristo».
Hay personas que Dios quiere que representen a Cristo, personas que yo no conozco y que nunca escucharán nada de lo que yo diga, ni de lo que diga Kim, ni de lo que diga cualquier otra persona. Pero Dios te ha puesto en ese lugar de trabajo, con esa compañera de habitación, en ese hogar o en ese cuarto de hospital.
Si entiendes que Dios te ha puesto ahí por un propósito en la vida de esas personas en este momento, tu perspectiva cambia por completo, porque ya no te preguntas: «¿Cómo voy a superar esto?», «¿Cómo voy a salir de esto?», «¿Voy a sobrevivir?», «¿Qué dirá mi próximo chequeo médico o informe?».
Es cierto que te importan esas cosas, y a nosotras también nos importan. Sin embargo, es más importante preguntarse: «¿Cuál es el propósito de Dios? ¿Qué está haciendo Él?».
Así que, Stephani, estás entrando en una nueva etapa de tu vida, la de ser abuela, y tú y tu querido esposo, Mark, son personas muy importantes. Han estado siempre aquí, sirviendo en este ministerio de maneras maravillosas.
Eso va a cambiar y quizá no sea tan visible. Puede que sea más oscuro, pero no por eso será menos significativo, porque es lo que Dios tiene para ustedes en esta etapa.
No intentes cumplir el propósito que Dios tiene para otra persona. No digas: Si pudiera ser conferencista, si pudiera ser profesora, si pudiera tener un pódcast, si pudiera escribir un libro... Si Dios te da eso, entonces Él te dará la gracia para hacerlo bien.
Sin embargo, es posible que Él tenga algo totalmente diferente para ti. Puede que sea la cena que vas a preparar esta noche. Puede que sea ese trabajo al que vas fielmente día tras día y en el que eres la luz de Cristo en ese entorno de oficina con personas que nunca escucharán Aviva Nuestros Corazones.
- No envidies ni codicies el tiempo, el llamado, el plan y el propósito que Dios tiene para otra persona.
- No intentes ser otra generación.
- No intentes estar en otro lugar.
- No intentes ser otra persona.
- Mejor di: «Dios, aquí estoy. Quiero conocerte».
Micaías no tuvo tiempo de prepararse para ser llamado a ese encuentro. Era necesario que ya estuviera en oración y conociera la Palabra de Dios antes de encontrarse en esa situación.
Así que cuando llegues a un lugar donde tengas la oportunidad de ministrar, será mejor que te asegures de que has estado caminando con Dios, que has estado en Su Palabra, para saber qué decir en ese momento.
Por eso es tan importante lo que Kim ha mencionado: «Señor, aquí estoy. Soy tu sierva. Úsame según Tu propósito para mi vida, para este momento, para esta generación».
Y si todas hacemos eso, nos sorprenderán las victorias que Dios obtendrá. No las veremos todas. Puede que no veamos la mayoría. Pero miraremos atrás desde el cielo y diremos: «¡Ah, eso es lo que estaba haciendo Dios!». Eso es lo que estaba haciendo Dios, Micaías.
¿Quién es como el Señor nuestro Dios? Queremos que nuestros nombres den a conocer a quienes nos ven, y que digan: «La veo, y ella me señala a Dios. Ella me hace sentir asombro por Dios». Y eso puede suceder contigo, conmigo y con cada una de nosotras.
Dios no necesita que le pongas una etiqueta y te identifiques con tu nombre. Yo necesito tu etiqueta con tu nombre porque me estoy envejeciendo y se me olvidan los nombres. Pero Dios sabe quién eres, dónde estás, para qué te ha equipado, dónde te ha puesto y por cuánto tiempo. Es un buen trabajo. Es un trabajo importante, pero no porque tengas cierto número de seguidores, o «likes», o audiencia o plataforma. Esas cosas no son nada. Se trata simplemente de ser fiel al lugar donde Dios te ha puesto.
Débora: Qué palabras tan alentadoras son las de Nancy DeMoss Wolgemuth, en respuesta a un par de comentarios de la audiencia en el estudio.
En Aviva Nuestros Corazones, frecuentemente recibimos mensajes y correos electrónicos de oyentes que han sido bendecidas por alguno de nuestros recursos: ebooks, blogs, pódcasts, o jóvenes impactadas a través de los recursos de Joven Verdadera. Nuestros corazones están profundamente agradecidos con el Señor por permitirnos ver y ser parte de Su obrar entre las mujeres de habla hispana.
Para que este impacto continúe creciendo, mayo es un mes muy importante para nuestro ministerio, porque al finalizarlo cerramos nuestro año fiscal. Estos días son clave para fortalecer y sostener lo que el Señor está haciendo.
El Señor está obrando poderosamente, y hoy tienes la oportunidad de ser parte activa de esa obra. Por eso queremos invitarte a orar y preguntarle al Señor cómo podrías participar antes de que termine este año fiscal. Tu donación no es simplemente una contribución económica; es una inversión eterna en la vida de mujeres que están siendo transformadas por la Palabra de Dios. Al dar, te conviertes en parte de la historia de otra mujer que será impactada por la gracia y el amor de Cristo.
Visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com para hacer tu donación y, como agradecimiento por tu contribución, este mes de mayo podrás recibir el libro «Santidad», escrito por Nancy DeMoss Wolgemuth. ¡Gracias por colaborar con nosotras en lo que el Señor está haciendo!
Llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
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