Podcast Aviva Nuestros Corazones

Carmen Espaillat : Si Dios controla todo, ¿será que nuestro trabajo se reduce a ser simples robots despreocupados? Según Nancy Leigh DeMoss no es así.

Nancy Leigh DeMoss : La confianza en la providencia de Dios no significa que te sentarás cómodamente, sin hacer nada, a esperar que las cosas sucedan. Hay un tiempo para callar, pero también hay un tiempo para hablar.

Carmen : Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Si has estado siguiendo nuestra serie en el libro de Ester, sabrás que la semana anterior cubrimos el verso más famoso del libro. Mardoqueo envió un mensaje a Ester, que aún permanecía dentro del palacio, diciéndole que había que hacer algo. Los judíos debían hacerle frente a una crisis seria. Mardoqueo le dijo, “¿Y quién sabe si para una ocasión como ésta tú habrás llegado a ser reina?” Esto está en Ester 4:14.

Nancy : Hoy estudiaremos el capítulo 4, versículo 16, donde vemos la respuesta de Ester. Ella contestó a Mardoqueo diciendo: “Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunen por mí, y no coman ni beban en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente”.

De modo que entre Mardoqueo y Ester había este intercambio de mensajes, con el mensajero yendo de aquí para allá, del palacio de Ester hasta donde Mardoqueo, que estaba fuera de la puerta de la ciudad en cilicio y cenizas. Todos los judíos lloraban, lamentaban y estaban de luto, y ahora Ester sabía que había algo que ella tenía que hacer. Ella propuso en su corazón que actuaría, pero no actuaría enseguida. Primero dijo, “necesitamos ayunar”.

A propósito, cuando leo este versículo, pienso en el contraste con el capítulo anterior, el capítulo 3, en el versículo 15, después de que este malvado decreto fuera enviado, dice que el rey y Amán se sentaron a beber. Fueron al banquete y a celebrar. Sin embargo, cuando Ester escuchó estas noticias dijo: “ahora no es tiempo para banquetes y festejos. Ahora es tiempo para que estemos sobrios, fervientes en buscar al Señor, y ayunar”.

Ten presente que muchos de los judíos ya habían estado ayunando, esto lo vimos en el capítulo anterior, pero Ester dijo, “voy a unirme a ti en ayuno, y vamos a intensificar esfuerzos para no tomar alimento, de manera que podamos volver nuestros corazones al Señor”. Ester dice, “yo me uniré, mis siervas se unirán. Esto es un asunto serio”. “No es algo que podemos tomar a la ligera”.

Sé que el texto no indica explícitamente que la oración estaba implicada con este ayuno, pero pienso que no hay duda de que lo estaba. Ayunaban con el fin de volver sus corazones hacia Dios. Estaban desesperados, y creo que pedían a Dios valor, sabiduría y dirección, pidiendo que Dios les concediera el favor del rey, el corazón del rey, que interviniera de forma sobrenatural, ya que sabían que esto era lo que cambiaría la situación, y que nada más lo haría. Ésta era una situación que no se podía solucionar a través de medios ordinarios.

Es asombroso ver cómo Dios utilizó esta crisis para reunir, y podría decir, para restablecer los corazones de Su pueblo. Cuando ellos no tenían a dónde acudir sino a Dios... Y fue allí donde acudieron .

Mientras piensas en situaciones en tu vida que necesitan ser enfrentadas, medidas que deben ser tomadas, cosas que necesitan ser dichas, cosas sobre las que necesitas hacer algo al respecto; quizás una situación en tu hogar, en tu iglesia, tu comunidad, en la escuela de tu hijo. Puedo decir que esta historia sugiere que no siempre es correcto apresurarse a hacer lo que hay que hacer . A veces necesitamos detenernos y buscar primero al Señor. Esperar en Él. Pedir a Dios su dirección.

Haz lo que Ester y sus compañeros hicieron, y lo que llamó a hacer a todos los judíos. Humíllate. Eso es lo que ellos hicieron al ayunar. El ayuno es una muestra de nuestra humillación, reconoce nuestra necesidad de Dios. Detente y busca la dirección de Dios, busca su favor en la situación. Consigue otras personas que estén dispuestas a buscar el rostro de Dios contigo, así como lo hizo Ester. Éste era un ayuno corporativo, una oración corporativa, un arrepentimiento corporativo, una humildad corporativa. Ella sabía que no podía enfrentar la situación sola.

Hay épocas cuando le digo a mi asistente, “¿puedes ponerte en contacto con mis amigos de oración?” Ella sabe quiénes son, quienes están en esa lista. Estas son personas que han dicho, “nosotros queremos ser una parte del equipo de oración que te apoya, parte de tu grupo intercesor…” , “y cuando me dirijo a una grabación, o a una situación donde debo hablar en público, o a algún asunto con el ministerio, le digo si puede contactar a nuestros amigos de oración para que intercedan”. Sé que no puedo hacer esto sola, que necesitamos hacerlo juntos.

Esta no era una época para ocultar su identidad como judíos. Esta era una época para que el pueblo de Dios se diera a conocer y para unirse en esta batalla.

Es interesante que ella dijo, “Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa”. He estudiado este pasaje y los comentarios sobre el mismo, y entiendo que debía haber cerca de medio millón de judíos en la capital. Imagínate todos esos judíos juntos ayunando, rogando y buscando la intervención de Dios en esta crisis.

Imagínate si todo el pueblo de Dios hoy se reuniera, en tu comunidad, en tu iglesia, en la nación, para orar intensamente, detener lo que estamos haciendo y reunirnos en oración y ayuno para que los propósitos de Dios se cumplan.

Ayunar. En el proceso de iniciar Aviva Nuestros Corazones, realmente antes de que comenzáramos, había sido retada a tomar esta posición en este ministerio, y había rogado y buscado al Señor, junto a otros, durante aproximadamente 18 meses. Llegué a la conclusión que era algo que Dios quería que hiciéramos, pero quería estar realmente segura que esta no era simplemente la gran idea de alguien, que esta no era mi idea, sino que esta idea era de Dios. Sabía que si Dios estaba en esto, nos daría su gracia para llevar a cabo este llamado, y sabía que cuando los tiempos se tornaran difíciles, y como de hecho se ponen ocasionalmente, tenía que saber que esta era la dirección de Dios, y no que nos habíamos apresurado a hacer esto.

Previo a que tomáramos la decisión final para comenzar a hacer las grabaciones, tomé un tiempo para hacer ayunos, rogando, buscando el rostro del Señor. Fue durante ese tiempo que Dios utilizó Su palabra. Puedo todavía recordar el día exacto, donde yo estaba sentada, el pasaje de la Escritura que Dios utilizó en ese tiempo de oración y ayuno, mientras buscaba el rostro de Dios, y Él aclaró todo, “esto es lo que debes hacer”.

Es interesante. En ese primer año muchas veces sentía como que estaba debajo de un tsunami, sentía que iba a ahogarme, pero en los momentos más duros nunca dudé que estaba donde Dios quería que estuviera, porque sabía que habíamos buscado al Señor; habíamos rogado; habíamos ayunado, y Dios había confirmado que esa era Su voluntad.

Así que en la medida en que piensas en situaciones que pudieras estar enfrentando, o que necesitas enfrentar; un hijo o a una hija que está tomando decisiones incorrectas, un compañero, un jefe, un amigo, o una situación en la escuela con la cual debes lidiar, algo en la iglesia que te preocupa, por lo que dices “necesito hablar con el pastor sobre esto”. ¿Podría sugerirte que ayunes y ruegues antes de ir? Busca a Dios. Busca Su corazón, Su tiempo. Busca la dirección de Dios. Pídele que te dé las palabras correctas, y después ve.

Eso es exactamente lo que hizo Ester, a medida que continuamos en el versículo 16. Ella dijo, “…entonces iré al rey…” ¿Cuándo? Después de que hayamos ayunado y orado. Sin apresurarnos. Sin forzar la situación en las habitaciones reales, sino primero entrando a la presencia de Dios, yendo primero al trono de la gracia para decir, “oh, Dios, no podemos hacer esto sin ti. Muéstranos qué hacer. Danos el valor”. Ella sabía que debía ir, pero primero necesitaba tener el accionar de Dios, Su dirección, Su intervención a su favor.

De modo que ella dice, “Y así iré al rey, lo cual no es conforme a la ley; y si perezco, perezco. Y Mardoqueo se fue e hizo conforme a todo lo que Ester le había ordenado” (versos 16-17).

La resolución de Ester es, “iré al rey, después de que vayamos al Rey, Con R mayúscula”. Permítanme recordarles que la sumisión a la soberanía de Dios y la confianza en Su providencia, de la que hemos estado hablando en esta serie, no significa que te sientes cómodamente y no hagas nada. Hay un tiempo para callar, pero también hay tiempo de hablar, y Ester sabía que éste era el tiempo de hablar; no de callar.

Entonces ella resuelve ir al rey. Ella sabe que el precio puede ser alto. Recuerda lo que dijimos anteriormente sobre la clase de hombre que era Asuero, él era el rey, el hombre con quien ella se había casado. Pero él era un hombre de mal genio, impetuoso. Era la clase de individuo que actuaba y después pensaba.

Ella sabía que el momento en que caminara a través del umbral de la puerta de su recámara, a menos que él sostuviera su báculo de oro hacia ella, habría una sentencia automática de muerte. Ella sabía eso, pero había llegado al punto de total abandono y entrega a los propósitos de Dios. “Si perezco, que perezca”.

Esto es un asunto de vida o muerte, y lo que ella está diciendo es, “estoy dispuesta a colocar mi vida para ser la mujer que Dios quiere que sea en esta situación. No tengo que sobrevivir. Tengo que hacer lo correcto”.

Pienso en el apóstol Pablo, quien en el capítulo 20 del libro de los Hechos, en el versículo 23 dice, “salvo que el Espíritu Santo solemnemente me da testimonio en cada ciudad, diciendo que me esperan cadenas y aflicciones”. No dice “sé que la gente recibirá mi mensaje” o, “sé que habrá gente que construirá grandes iglesias después de que yo vaya.” “Una cosa sé, me espera sufrimiento. Pero,” él dice, “mi vida no vale nada a menos que la utilice para hacer la obra que me asignó el Señor Jesús”.

¿Sabes por qué? Porque el asunto no se trata de Ester. No se trata de Pablo. Ni se trata de ti. Todo se trata de los propósitos del reino de Dios en este mundo.

Recibí un correo electrónico hace un par de días de una mujer. Y me tocó, y realmente ilustraba este pasaje. Ella hacía referencia a un testimonio que habíamos transmitido en Aviva Nuestros Corazones sobre una madre que tomó una importante decisión que requirió gran sacrificio, y ahora esta mujer que había oído el testimonio en el programa nos escribió diciendo:

Mis desafíos son cada día mayores, pero lo que está en juego es tan poderoso. Soy confrontada con preguntas como estas, " ¿Haré lo que quiero hacer para satisfacerme a mí misma en este momento? ¿O seré obediente a Dios y confiaré que ha prometido lo mejor para mí? ¿Viviré el momento o me sentiré bien? O ¿creeré que mi vida es una pequeña parte en un drama mucho más grande que dura toda la eternidad?”

Humanamente hablando cuando te pones en los zapatos de Ester es una situación desesperante, imposible, y ella lo sabía. Por eso ella entró a la presencia del rey, ella tenía un sentido claro de su misión. “He sido traída al reino, al palacio para un tiempo como este. Las palabras de Mardoqueo seguramente resonaban en sus oídos, de modo que ella tenía un sentido de destino, “yo fui creada para este momento.” Eso le dio la fe. Eso le dio el valor, y la voluntad de sacrificar su vida, si fuere necesario, por esta causa. “Si perezco, que perezca”.

Así que el capítulo 5, en el versículo 1 nos dice: “Y aconteció al tercer día que Ester se vistió con sus vestiduras reales y se puso en el atrio interior del palacio del rey delante de los aposentos del rey, y el rey estaba sentado en su trono real en el aposento del trono, frente a la entrada del palacio”.

Nota como ella se prepara para hacerle frente al rey. Ella se puso sus trajes reales. No pienso que es un detalle de menor importancia. Se puso su mejor ropa. Ella no se puso una bata de dormir y unas pantuflas. Se preparó para encontrarse con el rey. Quería eliminar cualquier distracción posible, lucir tan atractiva como fuera posible. Quería estar tan preparada como fuera posible. Ella deseaba estar vestida apropiadamente, y se acerca al rey sobre la base de la relación existente. Ella no era cualquier persona que iba a ver al rey. Era su esposa. Ella era la reina, y confía en que él la recibirá sobre esta base, aunque él no tenía que hacerlo.

Uno solo puede imaginarse y situarse en la escena, cuando ella entra en la sala del tribunal o en el palacio del rey; sin duda no estaban solos. Amán estaba probablemente allí ya que era el primer ministro. Los cortesanos y sus funcionarios y los que hacían negocio con él, éste era el mundo del rey, su entorno. Había sin duda mucha gente allí.

Ester se atrevió a caminar a ese lugar, quizás el silencio sacudió toda la gente alrededor por su visita. Contuvieron la respiración. “¿Qué sucederá?” Conocen al rey. Lo han visto perder los estribos. Lo han visto decir, “córtenle la cabeza.” Saben lo que él puede hacer. Saben de su cólera. Saben que no había sido llamada en 30 días. Al parecer ella no tenía su favor como lo tuvo una vez. “¿Qué hará el rey?”

Todos sabían que este era un momento de alto riesgo, y por esto, en medio de este drama casi podemos oír el redoble de los tambores aquí. Versículo 2, "Y cuando vio a la reina Ester que estaba en el patio, ella obtuvo gracia ante sus ojos". Este fue un suspiro de alivio enorme. Ester tuvo valor, pero el texto no nos dice que probablemente su corazón estaba latiendo a mil por minuto. Ella ganó el favor a los ojos del rey, y el rey extendió el cetro de oro que tenía en la mano. Entonces Ester se acercó y tocó la punta del cetro.

Amigas, este es un gran drama. Es asombroso. Humanamente hablando es asombroso. Pero lo que estamos viendo aquí es lo que nos dice la Escritura en Proverbios 21:1, "El corazón del rey está en las manos del Señor”; (parafraseado). Dios transforma su corazón, como los ríos, de la manera que Él le place. Dios le concedió favor para con el rey.

Aunque Asuero, o el rey Jerjes, era lunático e impredecible, no está fuera del control de Dios, y esta es la verdad en cuanto a los peores déspotas y tiranos de la historia . Esa era la verdad de Hitler, Idi Amin, Saddam Hussein, Fidel Castro, y es verdad de esos pequeños mini-tiranos que puedan ser parte de tu vida. El corazón del rey está en las manos del Señor.

El cetro de oro era un símbolo del poder del rey, de su favor, su autoridad, su protección. Proverbios 16 los versículos 14-15 nos dice:

“El furor del rey es como mensajero de muerte, pero el hombre sabio lo aplacará. En el resplandor del rostro del rey hay vida,
y su favor es como nube de lluvia tardía.”

Ester había buscado al Señor. Ella había entrado con sabiduría y valor y ahora la cara del rey habla de vida. Él dio su favor. El capítulo 5, en el versículo 3, dice: “Y el rey le dijo: ¿Qué te preocupa, reina Ester? ¿Y cuál es tu petición? Hasta la mitad del reino se te dará”.

No podemos comparar de ninguna manera al rey Asuero con Dios. No hay virtualmente semejanza entre los dos, pero pienso que podemos deducir lo siguiente al leer este pasaje: Aquí el Señor nos da un pequeño vistazo de la realidad del hecho de que Dios nos ha concedido el favor, la gracia, para entrar en su presencia. Él nos ha mostrado favor. Él dice, “ven a mi trono de la gracia. Pídeme lo que necesitas y te será concedido”.

Ester dice en el versículo 4, “Si le place al rey, venga hoy el rey con Amán al banquete que he preparado”.

Quiero traer un punto aquí sobre el libro de Ester y sobre otras historias bíblicas sobre todo a aquellas que son madres tenemos que tener cuidado y ser fieles al relato bíblico, tienes que tener cuidado en relación con tus niños de que estén aprendiendo las historias de la Escritura. Es mejor que las aprendan de la Biblia, que es donde realmente relata la verdad de cómo sucedieron los hechos.

Pero volviendo a la historia de Ester, ella dijo, “vengan hoy … al banquete que he preparado”. Pienso que ella entró sabiendo lo que iba a hacer, y que Dios le dio sabiduría, y una estrategia.

En los versículos 5-8, el rey dice:

“Traed pronto a Amán para que hagamos como Ester desea. Y el rey vino con Amán al banquete que Ester había preparado. Y mientras bebían el vino en el banquete, el rey dijo a Ester: ¿Cuál es tu petición? Pues te será concedida. ¿Y cuál es tu deseo? Aun hasta la mitad del reino, se te dará.”

Respondió Ester, y dijo: “Mi petición y mi deseo es: si he hallado gracia ante los ojos del rey, y si le place al rey conceder mi petición y hacer lo que yo pido, que venga el rey con Amán al banquete que yo les prepararé, y mañana haré conforme a la palabra del rey.”

Aquí ocurren cosas en dos niveles. En el nivel divino, pienso que Dios está refrenando a Ester de hablar lo que está en su mente, porque hay otra parte, que veremos en las sesiones próximas, que tiene que encajar primero, pero Ester no puede ver lo que está sucediendo.

Por otra parte en el nivel humano, pienso que lo que está sucediendo, y que incluso es admirable, es el dominio de Ester. Cuando estudio el libro de Ester, o pienso en su historia, esta es una de las cosas que llama más mi atención . ¡Pienso quizás que esto se debe a que yo hubiera actuado de forma muy diferente!

Aquí Ester está en el medio de una crisis. Es una situación enorme de emergencia, pero ella no saca a la luz lo que está en su mente. Ella no estaba sola. Ella sabía que Dios le había ayudado y le iba a mostrar cuál era (o no era) el momento adecuado; o cuál era el lugar correcto; o la situación correcta, así que ella fue paciente, estratégica, no manipuladora, sino estratégica y sabia en su acercamiento.

Pienso en cuántas veces enfrento situaciones donde sé que algo necesita ser dicho; sé que algo necesita ser hecho. Así que simplemente voy a la oficina, o tomo el teléfono y hago una llamada, y digo inmediatamente lo que estoy pensando. Puedo tener razón, pero quizás no sea el momento adecuado.

Piensa como te acercas a tu marido, a tu jefe, a tu compañero de estudios, o a uno de tus hijos respecto a una emergencia o a una situación de crisis, considera la propensión como mujeres de descargar o externar lo que hay en nuestras mentes. Piensa cuantas veces esa forma no funciona, y tú dices, “oh, cuánto hubiera deseado haber esperado. Ese no era un buen momento.” Ese es el valor de buscar primero a Dios y pensar antes de hablar. Ella fue sorprendentemente paciente y controlada.

Ella invitó al rey a un banquete —no una vez, sino dos veces. Recuerda que era un hecho conocido que Asuero amaba los banquetes, y ella estuvo justamente pensando en eso. Ella fue sensible a él y al Señor, permitiendo que Dios se moviera y que creara las circunstancias que mostrarían el obrar de Amán.

Déjame sugerirte aquí, también, que cuando tú estés tratando con el rey, o con una persona importante en tu situación particular, cerciórate de seleccionar tus batallas. Recuerda que Ester no se había acercado al rey en 30 días. Indudablemente en ese período había muchas otras cosas que ella pudo querer discutir con él, pero no lo hizo. Ella esperó por algo que fuera realmente importante. Puedo decirte que si te acercas a tu rey, tu marido, tu jefe, tu pastor respecto a cada cosa, cada preocupación trivial en tu vida, cuando vengas con una crisis genuina, ellos se van a desconectar y no te van a dar la importancia que requiere. Mantén la perspectiva en todo tiempo.

Eso no significa que no hables con tu marido sobre cosas insignificantes, pero como las mujeres tendemos a querer hablar de todo, te digo algo: no todo necesita ser dicho, escoge tus batallas, escoges tus conversaciones, pídele a Dios que te muestre cuando sea la hora de hablar, qué se debe decir , y cuándo debes traer a colación algo sobre la manera como están criando a los hijos, las cosas sobre sus vidas. No lo traigas todo. Pide que Dios te muestre qué traer, y cuándo traerlo.

Y jóvenes podría decir lo mismo para con sus padres. No traigas a colación cada asunto. No todo necesita ser traído a colación. Pídele a Dios te dé la sabiduría, la dirección, que te dé la sincronización, y que te ayude a ser sabia y estratégica en tu acercamiento a tu rey.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss ha estado trayendo aplicaciones muy prácticas de la historia de una antigua reina persa. La historia de Ester te ayudará a confiar en Dios en todas las clases situaciones cotidianas. Espero que leas el libro de Ester durante la serie, Ester: La mujer de Dios en el tiempo de Dios, y espero que utilices nuestro panfleto de estudio llamado: “Ester: La reina exiliada” está disponible en inglés.

Este panfleto fue inspirado en las enseñanzas de Nancy y contiene muchas de sus citas. Puedes pasar tiempo reflexionando en las palabras de Nancy más detenidamente. Ester: La reina exiliada te llevará a profundizar más en su historia, te ayudará a entenderla mejor, descubrirás cosas nuevas, y la harás parte de tu vida.

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Hemos estado escuchando sobre el malvado Amán. En nuestra próxima entrega escucharemos sobre las motivaciones detrás de este plan asesino. Te ayudará a explorar y examinar mejor tus propias motivaciones.

Ahora aquí está Nancy de nuevo para orar que Dios nos conceda el mismo valor que le dio a Ester.

Nancy: Señor, gracias por el valor extraordinario que pusiste en el corazón de esta la mujer común y corriente. Gracias porque puedes poner valor en nuestros corazones. Ayúdanos a buscarte, a tener tu dirección antes de embarcarnos en situaciones. Antes de que hablemos, que podamos hablarte, conocer tu corazón, tu tiempo, tu guía clara, y que podamos tener el valor de decir, “Iré y haré lo que necesita ser hecho. Mi vida no importa. Lo que importa es que Tu voluntad sea hecha, y que Tu reino venga”. Que se haga en este día, Te ruego. En el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Toda la Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

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