Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Jesús, el mejor Anfitrión

Carmen Espaillat: ¿Alguna vez has sentido murallas entre tú y otras personas?

Nancy: No nos conocemos los unos a los otros y el ministerio de la hospitalidad es un arma poderosa para derribar esas murallas, esas barreras entre creyentes, y es un arma para penetrar nuestra cultura con el evangelio de Jesucristo. Una cultura que está tan herida y lastimada.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Mi buena amiga Carolyn McCulley, no hace mucho tiempo fue testigo del poder de la hospitalidad. Ella se encontraba en una etapa muy ocupada en su vida, pero aún así, ella se se pudo dar cuenta de cuánta gente en la iglesia no se conoce.

Carolyn McCulley: Una amiga y yo organizamos una cena juntas. Invitamos a un grupo de personas que no se conocían entre ellas. La cena se hizo en mi casa. Mi amiga cocinó y yo estaba encargada de recoger.

Hubo un momento después de hablar un rato, de presentarnos y de hablar de aquello a lo que nos dedicamos, uno de los jóvenes compartió un problema que estaba teniendo en su trabajo. Estaba desanimado porque parecía que Dios le estaba abriendo una puerta y él no se sentía lo suficientemente valiente o confiado para dar el paso hacia adelante.

No recuerdo específicamente qué le dije. Pero aparentemente lo motivé, y le conté algunas historias acerca de cómo Dios había sido fiel conmigo en varias situaciones similares en mi carrera.

Nancy: Carolyn me dijo que si invitas a personas a tu casa, es más probable que tengas este tipo de conversaciones significativas que si simplemente se encontraran en cualquier otro lugar.

Carolyn: Hay lugares en los que solo puedes tener conversaciones superficiales. Pero hay momentos y lugares que son más propicios para abrir nuestros corazones y hablar de temas más profundos.

Nancy: Unos días más tarde, Carolyn comenzó a entender lo significativo que fue para ese joven que ella invitó a su casa esa noche, su hospitalidad.

Carolyn: Más tarde él me escribió una nota dándome las gracias, específicamente por la forma en que esa conversación le animó a confiar en Dios. Hablamos solo 5 o 10 minutos esa noche, pero el Señor lo usó. Él pudo recordar que Dios es siempre fiel, incluso en esos momentos en que nos atemorizamos ante nuevas oportunidades, porque no estamos seguros de lo que va a pasar si damos ese paso.

Lo que sucedió fue que tuve la oportunidad de ser esa hermana que le dice a su hermano, «Dios es digno de confianza. Tú puedes hacer esto sin temor». Esa noche tuve la oportunidad de alentarlo a confiar en el Señor. Realmente fue muy significativo para mí recibir esa nota de agradecimiento.

Estaba bajo mucha presión ese día por una entrega que tenía pendiente, y pensé, «Wao, y yo que por poco no hago esta cena».  Pero estoy contenta de haberla hecho».

Nancy: Cuando practicas la hospitalidad, puedes tener el mismo tipo de efecto duradero. Queremos hablar de eso en una serie llamada, «El corazón de la hospitalidad».

Carmen: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth

Nancy: A lo largo de las próximas semanas, queremos hablar sobre un aspecto de la vida cristiana que con frecuencia es pasado por alto. Pienso que es una de las áreas más descuidadas de la vida cristiana y una que algunas de nosotras consideramos opcional.

Estoy hablando acerca del ministerio de la hospitalidad. Tengo que decirte que en estas últimas semanas, mientras he estado estudiando para prepararme para esta serie, este ha sido uno de los estudios más emocionantes que he hecho en mucho tiempo.

Antes de meterme en las Escrituras y comenzar a desenterrar lo que la Palabra dice acerca de la hospitalidad, no me había dado cuenta de cuán importante es este tema para Dios y cuán importante es para nuestra cultura.

Cuando lees acerca de la hospitalidad en los tiempos bíblicos, es fácil pensar, «bueno, eso es algo que necesitaban en esa cultura porque ellos no tenían hoteles ni restaurantes». Pero nosotras no necesitamos tener personas en nuestras casas y practicar la hospitalidad de la misma manera.

Pero mientras comencé a meditar en los principios de la hospitalidad y el corazón de Dios detrás de la hospitalidad, me he dado cuenta de que nuestra cultura necesita este ministerio, quizás más que cualquier otra cultura anterior. Y pienso en las palabras: soledad, temor y sospecha, cuando pienso en nuestra cultura. Tantas personas están heridas y se mantienen apartadas, aisladas porque han sido heridas y dañadas en sus relaciones.

Vivimos en un mundo de relaciones rotas, un mundo de rechazo y aislamiento, tiroteos y crímenes.  Las personas tienden a esconderse en sus pequeñas fortalezas y están temerosas haciendo barricadas detrás de sus puertas cerradas y de sus muros altos. Se encierran en sus carros, manejan hacia sus comunidades cerradas. Entran a sus garajes, bajan la puerta, entran a sus casas, aseguran con llave sus puertas, y a veces no vuelven a salir hasta que tienen que regresar al trabajo.

Sé que hay muchas personas en la actualidad, que cuando piensan en esas fechas festivas en las que tienen que regresar a sus casas, tienen un sentido de pavor y comienzan a tener una sensación de malestar en el estómago. Para muchas personas, la palabra hogar es dolorosa, en vez de ser algo que deberían anhelar.

Aún en nuestras iglesias… ¿No es cierto que podemos ver las mismas personas semana tras semana, las saludamos con la cabeza, les sonreímos, intercambiamos unas cuantas palabras, pero en realidad no nos conocemos? No conocemos sus dolores, las luchas de sus corazones, sus necesidades, sus alegrías o sus fracasos. No nos conocemos los unos a los otros.

El ministerio de la hospitalidad es un arma poderosa para derribar esas murallas, esas barreras entre creyentes, y es un arma para penetrar nuestra cultura con el evangelio de Jesucristo, una cultura que está tan herida y lastimada.

Sé que algunas de ustedes están acostumbradas a la hospitalidad. Sé que algunas de las que nos escuchan son «anfitrionas de anfitrionas» y saben, ¡qué bendición y qué alegría puede ser este ministerio! Pero para algunas personas, cuando yo digo hospitalidad, les sube la presión y se ponen un poco nerviosas al pensar en que tienen que abrir su casa y tienen que recibir y atender a personas y todo lo que esto conlleva. Quizás no se sienten cómodas con la idea de la hospitalidad.

Puedes estar pensando, «estoy tan ocupada. ¡Deberías ver mi casa, es un desastre!»  Pienso que  algunas mujeres deben estar sonriendo. Oh, «¡yo odio cocinar!» o, «con nuestro presupuesto no podemos agregar más personas a nuestra mesa». Y muchas personas piensan, «yo no tengo ese don.  No tengo el don de la hospitalidad», y pensamos en alguien que sabemos que sí lo tiene.

Ahora, antes de que te desconectes de este tema o lo ignores y pienses que no es importante para ti o que es uno que particularmente no te interesa, permíteme decirte que si en la actualidad no estás practicando la hospitalidad, ¡no sabes de lo que te estás perdiendo!  Espero que en los próximos días te des cuenta de que esto es algo que puede ser una gran bendición no solamente en tu vida sino un medio para bendecir a otros.

Quiero darte rápidamente 10 razones por las que deberías querer saber más acerca de este tema o escuchar de la hospitalidad.

  1. Número uno: La hospitalidad es una de las formas más prácticas de expresar el amor de Cristo. Esa es la manera como las personas pueden saber que las amamos y que nos amamos unos a otros como creyentes, a través de la hospitalidad.
  2. Número dos: La hospitalidad refleja el corazón hospitalario de Dios. Nosotras tenemos un Dios que es hospitalario. Cuando practicamos la hospitalidad, le mostramos al mundo cómo es Él.
  3. Número tres: La hospitalidad es una gran manera de crear unidad y comunidad con otros creyentes. La cercanía necesaria en la vida de los demás no pasa entre las cuatro paredes de la iglesia. Allí es donde nos podemos conocer, pero luego cuando entramos a nuestros hogares, en el contexto de un hogar, es  donde compartimos el pan, rompemos barreras, y creamos un clima para verdadero compañerismo y para experimentar un amor especial.
  4. Número cuatro: la Biblia promete recompensas para aquellos que practican la hospitalidad.  Hay algunas bendiciones que nunca vas a poder experimentar hasta que abras tu hogar a los demás. Esas bendiciones y recompensas, por cierto, no solamente son aquí en la tierra. Hay algunas recompensas prometidas en el cielo para aquellos que practican la hospitalidad.
  5. Número cinco: la hospitalidad es una de las maneras más efectivas de crear hambre por Cristo en el corazón de los no creyentes. Algunas personas nunca van a entrar por la puerta de una iglesia, pero sí pueden entrar por la puerta de tu hogar. Allí es donde podemos empezar a compartir el amor de Cristo.
  6. Número seis: la hospitalidad te ayudará a lidiar con la soledad y la depresión.  Pienso en algunas solteras, o aquellas que han enviudado o se han divorciado, que viven solas y tienen que lidiar con la soledad y el desánimo. La hospitalidad es una de las maneras de poder tratar con estas cosas.
  7. Número siete: la hospitalidad nos ayudará a tratar con el egoísmo. Ahora, ¡yo sé que nosotras no tenemos ningún problema con el egoísmo! Pero tengo que decirte: mi inclinación es a ser egoísta. La hospitalidad es una manera de hacerle frente al egoísmo y de romper con el instinto natural de ser egoístas.
  8. Número ocho: la hospitalidad te ayudará a lidiar con el materialismo y te ayudará a obtener valores que son eternos.
  9. Número nueve: si tienes hijos, la hospitalidad es una gran manera de cultivar en tus hijos un corazón por el ministerio y un corazón para servir a otras personas.
  10. Número 10: (Si no hubiera ninguna otra razón, ésta es una razón suficiente). Dios nos manda a ser hospitalarios. Si eres una hija de Dios, tengo noticias para ti. La hospitalidad no es una opción, nosotras tenemos el mandato de ser hospitalarias.

De hecho, casi todos los autores del Nuevo Testamento hablan acerca de la importancia de la hospitalidad. Permíteme leerte algunos de estos mandatos. Leemos en primera de Pedro capítulo cuatro, «Sed hospitalarios los unos para con los otros, sin murmuraciones» (1 Ped. 4:9).  Luego en Romanos capítulo 12 versículo 10, Pablo dice, «Sed afectuosos unos con otros con amor fraternal...practicando la hospitalidad». Hebreos 13:2 dice: «No os olvidéis de mostrar hospitalidad».

¿Qué es lo que él está diciendo? No descuiden la hospitalidad; no la pasen por alto. Asegúrate de buscarla.

Ahora, es fácil pensar que la hospitalidad es algo que se relaciona solo con las mujeres. Después de todo, pensamos que las mujeres tienen más que ver con el trabajo en la casa cuando tenemos visita. Pero es interesante ver que en las Escrituras la hospitalidad es un mandato no solo para las mujeres, no solo para algunos creyentes, sino para  hombres y mujeres. Ambos; hombres y mujeres, se espera de ellos que sean hospitalarios.

De hecho, ¿sabías que en el Nuevo Testamento cuando el apóstol Pablo da la lista de requisitos para alguien que va a ser un líder espiritual en la iglesia, sea como pastor, anciano o diácono, uno de los requisitos es que debe ser hospitalario? Está en ambas listas, en 1 Timoteo 3:2 y en Tito 1:8, junto con «apto para enseñar».

Todos entienden que un pastor debe ser apto para enseñar, pero ¿te diste cuenta de que si un hombre va ser calificado para ser un líder espiritual en la iglesia, también debe ser hospedador?

Y en 1 Timoteo Pablo nos dice que si una viuda va a calificar para recibir soporte financiero de la iglesia local, una de las cualificaciones que ella debe cumplir es que ella haya mostrado hospitalidad a los extraños que haya sido hospitalaria (1 Tim. 5:10).

Vamos a examinar lo que la Escritura dice acerca de esta importante área de ministerio. Estas son algunas de las preguntas que estaremos abordando a lo largo del camino:

¿Qué es la hospitalidad cristiana? Para algunas de nosotras, no lo hemos visto modelado. Ni siquiera estamos seguras de lo que realmente significa ser hospitalarias y por qué esto es importante.

¿Por qué debemos ser hospitalarias?

¿Cuáles son algunos de los obstáculos para la hospitalidad?

¿Cómo podemos lidiar con algunos de esos obstáculos? Vamos hablar acerca de algunas recompensas y beneficios de la hospitalidad. Luego hablaremos de cómo podemos mostrar hospitalidad a otros.

Hoy, quiero enfocarme en: ¿Qué es la hospitalidad cristiana? ¿Qué significa ser hospitalaria? Algunas de nosotras crecimos en hogares donde nunca tuvimos visitas; nunca invitamos a nadie a nuestras casas. Estoy agradecida de que nuestra casa siempre estuvo abierta, y nosotros practicamos mucho la hospitalidad. Pero yo sé que muchas mujeres hoy en día nunca han visto la hospitalidad modelada. Así que hablemos de lo que sí es.

La palabra hospitalidad en el Nuevo Testamento viene de dos palabras griegas. La primera palabra significa amor y la segunda significa extranjero o forastero.  Juntas forman una palabra que significa «amor por/a los extranjeros». El diccionario habla acerca de la hospitalidad como «dar una bienvenida amistosa, o un trato calurosos o generoso a invitados o extranjeros» (Webster).

Te suena a algo como, «amistoso, bienvenido, amable y generoso». Esas son palabras que están relacionadas con la hospitalidad. Otro diccionario define la hospitalidad de esta manera: «El acto de recibir y atender a extraños o a invitados sin ninguna recompensa y hacerlo con una generosa bondad y liberalidad».

Ahora, cuando yo pienso en la palabra hospitalidad, hay otras palabras similares que me vienen a la mente, palabras como hospital.  Cuando pensé en eso, me pregunté, «¿tendrán estas palabras algo en común?» Las estudié y descubrí que sí están relacionadas.

Por ejemplo, el significado original de la palabra hospital es, «un lugar de refugio y descanso para el viajero; una institución de caridad que provee cuidado para el anciano, el enfermo o el huérfano». Un hospital, es un lugar donde las personas son cuidadas.

Un sin número de veces he experimentado ese tipo de ministerio como invitada en hogares a través de los años.  Muchas personas me han hospedado en sus casas, en tiempos cuando mi espíritu desesperadamente necesitaba ser refrescado, fortalecido o alentado. Y he encontrado en hogares de otras personas un hospital, un lugar donde su hospitalidad ministró mi espíritu herido.

También pienso en la palabra hospicio. Esa es otra palabra similar. El diccionario dice que un hospicio, «es un lugar de refugio para los viajeros; un hogar para el enfermo o el pobre; una instalación similar a un hogar que provee cuidados de apoyo para los enfermos terminales». Es un lugar donde se provee cuidado para personas que están desesperadamente necesitadas. Y como hemos llegado a usar el término hoy en día, un hospicio es un lugar para aquellos que están con una enfermedad terminal.  Hospital, hospitalidad, hospicio, es una manera de cuidar a aquellos que están en necesidad.

Puedes ver por qué la hospitalidad choca de frente con el egoísmo, porque debo pensar acerca de los demás y no solamente en mí.

Puedo recordar que mientras crecíamos, mi papá nos decía con frecuencia que teníamos un hermoso hogar, teníamos una familia grande y una casa grande.  Pero mi papá nos decía, «esta casa no es primordialmente para nosotros. Dios nos ha dado esta casa para que como familia podamos alcanzar y ministrar a otros». La hospitalidad es usar los recursos que Dios nos ha dado para demostrar Su amor a otros.

Emilie Barnes tiene un libro llamado, The Spirit of Loveliness (El Espíritu de la gentileza) y ella ha escrito muchas cosas maravillosas acerca de este tema.  Pero permítanme citar lo que ella tiene que decir acerca de la hospitalidad. Ella dice:

«La hospitalidad es mucho más que entretener, mucho más que menús y decoraciones y montar un espectáculo. Para mí, significa organizar mi vida de tal manera que haya siempre espacio para uno más; un lugar extra en la mesa o una almohada y una colcha extra; siempre una bienvenida para aquellos que necesiten un oído que les escuche. Significa apartar tiempo para planear compañerismo y poner a un lado prioridades más pequeñas por reuniones improvisadas.

Ese modelo abierto de hospitalidad no es siempre fácil de seguir. (Y cualquiera de ustedes que ha abierto su hogar a la hospitalidad, sabe que envuelve mucho trabajo, esfuerzo y sacrificio). Pero ella dice, no es realmente opcional para aquellos que nos hacemos llamar cristianos» (páginas 126-127).

La Biblia nos dice específicamente, «Abran las puertas de su hogar con alegría al que necesite un plato de comida o un lugar donde dormir» (1 Ped. 4:9 NTV). La NTV dice, con alegría comparte un plato de comida o un lugar para pasar la noche.

¿Sabías que en el Nuevo Testamento la Escritura indica que la hospitalidad es una prueba de si realmente tenemos fe genuina, si somos verdaderos creyentes? Es una evidencia de conversión real.

Recuerda el pasaje en Santiago 2 donde Santiago dice: «¿De qué sirve, hermanos míos, si alguno dice que tiene fe, pero no tiene obras? ¿Acaso puede esa fe salvarlo? Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen del sustento diario, y uno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos (Ten un buen día, Dios te bendiga), pero no les dais lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta» (Sant. 2:14-17).

¿Que está diciendo Santiago? «Dices que eres un hijo de Dios. Dices que tienes fe en Cristo, pero si tu fe no se muestra a sí misma expresando amor a través del ministerio de la hospitalidad para aquellos que tienen necesidad, ¿cómo puede alguien saber si tú tienes fe verdadera?».  Él está diciendo que no tienes base para estar segura de tu salvación si no estás ejercitando el ministerio de la hospitalidad.

Ahora, vamos a ver que hay diferentes maneras de ejercitar ese ministerio. Así que no pienses que tienes que hacerlo igual que alguien más.  Pero el punto es: si nosotras no lo estamos haciendo de alguna manera, entonces tenemos razón para cuestionar si nuestra fe es genuina.

Toda la carta de 3 Juan, un capítulo pequeño, se trata del ministerio de la hospitalidad. En esa carta, el apóstol Juan muestra un contraste entre un hombre llamado Gayo, quien mostró hospitalidad a los siervos de Dios y otro hombre llamado Diótrefes quien fue un líder en la iglesia y quien rehusó mostrar hospitalidad.

Después que muestra el contraste entre estos dos hombres, uno de ellos que era muy dadivoso, amoroso y hospitalario, y el otro que era egoísta dominante y controlador; él no le daba la bienvenida a otras personas. Al final del pasaje Juan dice, «Amado, no imites lo malo (esa es la ilustración de Diotrefes) sino lo bueno» (ese es el ejemplo de Gayo, 3 Jn. 1:11).

Luego Juan dice, «el que hace lo bueno es de Dios; el que hace lo malo no ha visto a Dios» (v. 11).  En el contexto, él está hablando acerca de aquellos quienes ejercitan el ministerio de la hospitalidad y aquellos que no. Esta es una manera de nosotras poder saber si alguien tiene verdadera fe, es una evidencia de verdadera conversión.

Carmen: ¿Qué es la hospitalidad cristiana? Esta es la pregunta que Nancy nos ha estado ayudando a responder. Ella estará de regreso en breve.

Nancy también compartió con nosotras diez razones por las que necesitamos saber más acerca del tema de la hospitalidad.

Si le has pedido a Dios que te ayude con tu egoísmo, ejercer su mandato de ser hospitalaria puede ser una respuesta a esa oración. Así que permanece con nosotras a lo largo de esta serie titulada, «El corazón de la hospitalidad». Estoy segura de que tu visión de este tema será renovada.

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¿Alguna vez has pensado en el Hijo de Dios como el mejor ejemplo de lo que es ser un anfitrión?

Bien, aquí está Nancy para concluir la enseñanza de hoy.

Nancy: Ahora hemos hablado acerca de algunas de las palabras; los  significados de las palabras, hospitalidad, hospital, y hospicio. Pero hay otra palabra que es la raíz de todas esas palabras, es la palabra, hospedador o anfitrión (el que da hospedaje), que quiere decir «alguien quien recibe o atiende a sus invitados; alguien quien entretiene a otro en su propia casa sin esperar recompensa».

Ahora, hay un concepto interesante cuando pensamos en la palabra hospedador  que nos muestra cómo la hospitalidad, siendo una hospedadora o anfitriona llena de gracia, nos une al evangelio de Cristo. Esto habla de la hospitalidad cristiana (ser una anfitriona piadosa) nos lleva de nuevo a la Cruz.  La cruz es donde Cristo extendió y abrió Sus brazos y nos dijo, «Te doy la bienvenida. Te recibo». La cruz es donde Cristo dijo, «Voy a morir en tu lugar. Bienvenida a la casa de Mi Padre; estás invitada a la casa de Mi Padre. Yo quiero que vengas a casa conmigo, quiero que vivas conmigo allí».

Él hizo todo esto sin esperar ninguna recompensa. Él nos dice a nosotras, «hazlo, seas o no recompensada por lo que hagas».  Mientras nos invita a ir y a ser partícipes de Él, mientras participamos con Él de su mesa, se nos recuerda algo de la hospitalidad de Dios, de lo que Cristo es para nosotras. Luego nos damos cuenta de que podemos ser sus representantes aquí en la tierra, abriendo nuestros corazones, nuestros brazos y nuestros hogares a los demás; dándoles la bienvenida a venir con nosotras al hogar y al corazón de Dios.

Padre, qué maravilla es que Tú enviaste a Jesucristo a morir por nosotros en nuestro lugar, para luego decir que está preparando lugar para nosotros, en Tus moradas. Gracias porque Él puso su vida en la cruz por nosotros, gracias por invitarnos a entrar a tu hogar.

Señor, mientras miramos a los ojos del Señor Jesucristo allí en aquella cruz, le amamos. Somos atraídas a Ti por lo que Él ha hecho por nosotras. Oro para que cuando otros miren a nuestros ojos, en la medida en que abrimos nuestros corazones y nuestros hogares y nuestros brazos, que puedan ver el amor, la ofrenda, el sufrimiento de Cristo, el sacrificio que Él hizo a favor de todos nosotros. Que puedan ser atraídos para ser participantes de Él, y que puedan encontrar un hogar en Él. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth llamándote a reflejar la hermosura del evangelio al mundo que te rodea. Hoy Nancy dio inicio a la serie, «El corazón de la hospitalidad».

¿Te has dado cuenta de la importancia que le da la Biblia a la hospitalidad? ¿Habías considerado anteriormente cuánta hospitalidad nos ha mostrado el Señor a nosotras?

A lo largo de esta serie estaremos creciendo en nuestro entendimiento bíblico de la hospitalidad. Escucharemos acerca de maneras prácticas en las que podemos abrir nuestro hogar y corazones a otros.

Permíteme compartir contigo lo que una oyente que ha estado aplicando algunos principios prácticos compartió con nosotras vía telefónica.

Rafaela:

Hospedar es un privilegio enriquecedor que aún nos ayuda a crecer como familia, ya que en cada oportunidad cada uno de nosotros tiene que ceder  algo de su comodidad para el bien de nuestro huésped. Pero no solo eso sino que somos bendecidos con cada persona a la que le abrimos las puertas de nuestro hogar y con quien tenemos el privilegio de compartir, así como de edificarnos. Es asombroso ver cómo luce la bendición de Dios con cada hermana en la fe que recibimos.

Carmen: No sé si nos escuchas hoy y eres de aquellas que, como Nancy mencionó, al escuchar esto de la hospitalidad te sube la presión. O quizás eres de aquellas que ya está aplicando algunos principios prácticos. Bueno, todas necesitamos crecer en nuestro entendimiento bíblico de este tema, y todas necesitamos derribar algunas murallas que hemos levantado.

La  hospitalidad no es primariamente acerca de decorar o cocinar.  Es acerca del amor genuino. Escucharemos más acerca de esto, mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Adornando el evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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