Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Juntos a través de las tormentas, día 1

Annamarie Sauter: Sarah Walton a menudo se encontraba sola en casa, cargando con los retos que presentaba la enfermedad de su hijo.

Sarah Walton: No estábamos viviendo un matrimonio normal, no estábamos desempeñando un rol normal como padres. ¡Solamente estábamos sobreviviendo, simplemente sobreviviendo! Así que ni siquiera teníamos la energía para reconocer lo que estaba sucediendo más allá de lo que se veía en la superficie.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss Wolgemuth: La Biblia hace referencia a distintos tipos de tormentas. Hace unas semanas compartí con ustedes un pasaje que ha sido mi pasaje de referencia a través de los meses recientes, en los que algunas tormentas han estado sucediendo en todo el mundo.

El Salmo 29, versículo 10 dice: «El Señor se sentó como Rey cuando el diluvio». El Salmo 29 habla mucho acerca de tormentas, inundaciones, circunstancias y situaciones que alteran la vida. Ha habido muchas tormentas en nuestro mundo, nuestro país, y en muchas de nuestras vidas en estos meses recientes.

Muchas personas han experimentado circunstancias muy difíciles en relación con sus ingresos, su salud, y por una temporada, en su capacidad de llevar a cabo las actividades cotidianas. Y tristemente, estas tormentas han hecho serios estragos en muchos matrimonios. 

Tengo entendido que en algunas partes del mundo ha habido un incremento fuerte en los divorcios a causa de la pandemia del coronavirus. Las órdenes de confinamiento en casa, que la mayor parte del mundo ha tenido que acatar, han causado que los problemas pendientes por resolver salgan a la superficie, y quizás tú entiendas esto muy bien a nivel personal.

Basta decir que, ya sea en este año o en cualquier año, todo matrimonio será sacudido por las tormentas en algún momento. Hoy escucharemos a una pareja que ha sido inundada por tormentas fuertes en su matrimonio.

Estas son tormentas que habrían hecho naufragar a muchas personas, pero he observado a mis amigos Sarah y Jeff Walton, navegar a través de estas tormentas con el poder de la Palabra de Dios y la presencia de Jesús en la barca junto a ellos.

Sarah y Jeff Walton escribieron un libro llamado Juntos a través de las tormentas: Palabras de aliento para tu matrimonio. Tuve el privilegio de endosar ese libro. Creo que es una herramienta estupenda, un enorme recurso para que las parejas lo lean cuando estén atravesando por tormentas –o quizás antes de que atraviesen por tormentas en su matrimonio– y puede llevar a su matrimonio a salir fortalecido, en vez de naufragar.

Recientemente, Dannah se sentó a conversar con Jeff y Sarah Walton acerca de su libro. Escuchemos esa conversación.

Dannah: ¡Bienvenidos a Aviva Nuestros Corazones, Sarah y Jeff!

Sarah y Jeff Walton: Gracias por invitarnos, Dannah. 

Dannah Gresh: Acabo de ver algunas fotografías de su boda… ¡fotos muy lindas! ¿Nos pueden contar un poco más sobre ese día? ¿Qué recuerdos conservan del día de su boda? 

Sarah: Uy, parece que fue ayer; y al mismo tiempo parece que fue hace cincuenta años.

Dannah: ¿Hace cuánto fue? 

Sarah: Hace ya más de dieciséis años, lo cual es difícil de creer, pero pasan tantas cosas en ese tiempo. Estábamos bastante jóvenes. Yo acababa de cumplir veinte años; Jeff tenía casi veinticuatro. Mucha gente dudaba de si me debía casar en ese momento, pues estaba muy joven y no había terminado de estudiar.

Así que definitivamente había gente que pensaba, ¿por qué se está casando tan joven? Pero el Señor me había guiado muy claramente a esta decisión, que no pensaría que yo habría tomado, pero era claramente lo correcto.

Solamente recuerdo que los dos estábamos tan dispuestos a embarcarnos en la vida. Creo que habíamos estado esperando casarnos durante los últimos dos años, desde que nos conocimos. Fue sencillamente un día de tanto regocijo porque habíamos llegado finalmente a ese punto. Estábamos tan emocionados de finalmente poder comenzar la vida que habíamos estado esperando.

Sencillamente fue un día hermoso. Estaba soleado y todo se sentía como, «esto es justamente lo que esperaba y lo que planeé». 

Dannah: Jeff, cuéntanos cómo se veía tu novia ese día.

Jeff: ¡Ah, ese es un recuerdo que nunca voy a olvidar! Esa fue una de las cosas que me capturó el primer día que la vi en la escuela. ¡Cuando vemos únicamente el día de la boda y nuestra emoción ese día, no hay nada que pueda reemplazar ese primer vistazo al verla caminando hacia el altar!

Estábamos listos para casarnos y ciertamente emocionados por el camino que estábamos emprendiendo a una tierna edad.

Dannah: Así que, ¿cuáles eran sus sueños ese día? ¿Recuerdan sus sueños de cómo serían sus carreras, qué tipo de familia tendrían, cuántos hijos? ¿Pensaban en eso en medio de todo? 

Jeff: Sí, creo que naturalmente teníamos algunos sueños. Ambos venimos de familias de tres, así que eso era como lo normal. Decíamos, «bueno, tendremos por lo menos tres, quizás cuatro hijos, Dios mediante». 

Creo que conforme nos estábamos instalando, soñábamos con lo que buscábamos en el matrimonio –todas las cosas buenas.

Naturalmente no piensas en todos los retos, solamente estás enfocado en empezar a construir una vida juntos. Vivíamos en un departamento pequeño…

Sarah: ¡… con todos los tipos de roedores que existen bajo el sol! 

Jeff: Bueno,cosas típicas de vivir en un apartamento de 200 mts. Vivimos un par de años allí y fueron años muy dulces. Así que hasta ese momento empezábamos con el pie derecho.

Sarah: Yo había pasado por un par de años difíciles en la secundaria antes de conocer a Jeff, y el Señor había realmente cambiado la dirección de mi vida justo antes de conocerlo. Así que ese primer par de años en nuestro matrimonio fueron en realidad años de mucha recuperación para mí.

Creo que tenía esta impresión, «esos fueron mis años malos, ahora solamente recibiré bendiciones del Señor. ¡Estamos en esta aventura maravillosa y estoy tan emocionada de ver lo que nos espera!» Tenía una percepción color de rosa en ese momento. Pensaba, los dos estábamos siguiendo al Señor; nos amábamos, y lo único que parecía haber en el futuro eran cosas buenas.

Dannah: Eso es lo que todos pensamos el día de nuestra boda y en esos primeros años: ¡no tendremos ningún reto! ¡Seguramente las cosas que nuestros padres enfrentaron no nos sucederán a nosotros! Pero cuando hacemos nuestros votos nos comprometemos «en las buenas y en las malas». ¿Cuándo se dieron cuenta de que habría algunas malas? ¿Cuál fue la primera tormenta real con la que se encontraron?

Sarah: Sí, creo que los dos diríamos que lo tenemos bastante claro. El primer par de años uno tiene los roces normales, el reto de descubrir cómo vivir juntos, cosas así.

Di a luz a nuestro primer hijo después de tres años de casados. Había tenido un parto bastante difícil, así que habíamos estado en casa todo el tiempo desde el nacimiento de nuestro hijo. De pronto un día, le dio fiebre muy alta, demasiado para un recién nacido. Creo que eran como 39 grados o algo así.

No sabíamos qué estaba pasando. No teníamos nada con qué compararlo, pero nuestro pediatra estaba bastante preocupado, así que nos pidió que lo lleváramos pronto a un hospital infantil. Para abreviar la historia, le hicieron una punción lumbar. ¡Estábamos muy consternados! De pronto estábamos frente a la realidad aterrorizante de que lo podíamos perder.

No sabían qué era lo que estaba mal, pero sabían que tenía una infección muy severa…¿por qué? No sabíamos. Acabamos pasando 5 días en el hospital. Era nuestro tercer aniversario. Recuerdo que estábamos sentados en el hospital; dormimos ahí cada una de esas noches.

Era la primera vez que nos dábamos cuenta de que seguir al Señor no significa que vamos a ser protegidos de todo. Irónicamente, lo habíamos dedicado al Señor con la oración de Ana: «Por este niño oraba, y el Señor me ha concedido la petición que le hice. Por lo cual yo también lo he dedicado al Señor. Todos los días de su vida estará dedicado al Señor» (1 Sam. 1:27-28). 

De pronto nos encontrábamos frente a esta pregunta, «¿lo dices en verdad? ¿Quiero decir, en verdad estoy dispuesta a dedicarlo al Señor, aún si significa que Él se lo lleve?» Esta es una pregunta muy difícil de plantearte cuando eres padre por primera vez, estás extasiado, emocionado, y de pronto te enfrentas con esta realidad totalmente opuesta.

Esa creo que fue la primera vez que fuimos puestos a prueba en cuanto a cómo responderíamos a esto. Creo que los dos estábamos un poco en shock todo el tiempo. Fue interesante. Creo que fue bueno ver cómo luchamos con eso en el momento.

¡Eran preguntas en realidad muy difíciles! Acabamos dejando el hospital sin tener respuestas. Sabían que tenía una infección grave. Administraron antibióticos que acabaron revirtiendo lo que estaba pasando, pero ese fue el principio del resto de las pruebas que vendrían.

Dannah: Recuerdo una época en la que uno de mis hijos tuvo dolores estomacales severos durante años sin un diagnóstico, y ¡es algo muy doloroso de vivir! Cuando uno no tiene respuestas, a veces esas pruebas nos parecen aún más aterradoras.

Así que pasaron por esa primera tormenta y encontraron una solución…y de ahí en adelante todo salió bien: «¡Vivieron felices para siempre!»

Sarah: Sí, es por eso que estamos aquí, ¿verdad? 

Jeff: Sí, creo que no habríamos escrito un libro si ese fuera el caso. Pero Dios tenía un plan más grande, ¿no es así?

Dannah: Vinieron más tormentas. ¿Cuáles fueron?

Jeff: Sí, creo que probablemente la siguiente tormenta importante fue realmente todos esos años –quizás los siguientes nueve años– donde nuestro matrimonio realmente fue puesto a prueba debido a que mi trabajo era muy demandante y yo siempre debía estar disponible.

Y sin entrar a fondo en esto, simplemente el estrés y la vida que teníamos en casa con nuestro hijo mayor que tiene retos neurológicos para los cuales todavía al día de hoy no tenemos respuestas… Había muchas batallas en casa. Desde el aspecto físico hasta simplemente lo verbal, cosas con las que Sarah tuvo que lidiar…

Dannah: … de su primer hijo.

Jeff: Sí, correcto, de nuestro primer hijo. Con mi trabajo, yo iba y venía y dependía de llamadas, y eso puso mucha presión en nuestro matrimonio, pues Sarah tenía que lidiar con eso sin poder contar conmigo. La tuve que dejar sola.

Durante ese tiempo no nos atacábamos uno al otro al explotar, porque creo que estábamos en modo de supervivencia. El enfoque principal era, «¿cómo vamos a sobrevivir el cuidar a este niño?» Y este es nuestro hijo mayor, así que no sabíamos cómo ser padres, lo mismo que le pasa a todo el mundo con su primer hijo. 

Tratas de aprender en el camino, y ahora tienes todos estos retos que te presionan. En ese tiempo, casi cada dos o tres años pudimos tener otro bebé, así que hoy tenemos cuatro hijos.

Conforme se añadían estos hijos a la familia, el estrés y el dolor de nuestro primer hijo y sus batallas seguían manifestándose de formas diferentes en nuestra vida familiar. Creo que esa fue una gran tormenta, la manera en que eso afectó nuestro día a día. Finalmente eso fue creciendo y nosotros solamente lo escondíamos debajo de la alfombra para sobrevivir, pero tendríamos que enfrentar estas cosas más adelante en el camino.

Dannah: Estoy tratando de imaginarme cómo sería, desde una perspectiva de mujer, un esposo exitoso que tiene una carrera fuera de casa con horarios extendidos… Y yo estoy aquí con un niño con necesidades y retos muy particulares. ¿Te sentías sola?

Sarah: Uf, sí, ¡por decir lo menos! Y creo que de todas formas habría sido solitario teniendo situaciones normales en casa, pero el hecho de que él fuera y viniera lo hizo peor cada vez. Había muchos domingos que yo iba a la iglesia sola. Íbamos a todos lados en dos autos para que él pudiera irse tan pronto lo llamaran.

Íbamos a cenar para mi cumpleaños, y él se iba a la mitad de la cena, y yo me regresaba a casa y pedía la cena para llevar. Yo sabía que esa era nuestra vida, pero tiene un precio, y el precio era que yo me encontraba sola mucho tiempo. 

Básicamente, tenía que hacerme a la idea de que estaba criando a los niños sola, y eso es emocionalmente fuerte para una mujer, el tener a un esposo que se va, y cuando regresa no saber si se va a quedar. No podía encender y apagar mis emociones así, por lo que me volví muy reservada.

No solo eso, sino que tenía que ser muy reservada en casa porque había situaciones que producían miedo día tras día (con mi hijo). Creo que a nivel emocional no podemos manejar eso sin simplemente encerrarnos en nosotros mismos.

Dannah: ¿Podrías llevarnos a uno de esos momentos que produjeron miedo y me podrías contar cómo era esta situación en tu hogar con tu hijo?

Sarah: Sin entrar en tanto detalle, por su protección, la mayoría de los días yo necesitaba sujetarlo por un buen tiempo. Él perdía la habilidad de controlarse, y le salían palabras y acciones en las que simplemente ya no era él.

En realidad, eso empezó cuando él era bebé, pero creo que el punto más difícil fue cuando tenía cuatro, cinco, seis y siete años. Estaba más fuerte, podía hacer más cosas. Me la pasaba en estas guerras de contención con él en donde lo tenía que sujetar físicamente porque no era posible tenerlo en un lugar por su seguridad y la mía.

Al hacer esto me lastimaba continuamente, porque él se estaba volviendo más fuerte. Así que a nivel emocional, yo me encerraba. Simplemente me desconectaba y hacía lo que tenía que hacer, hacía lo mejor que podía para controlar mis emociones en esos momentos. Sin embargo, después de pasar esos momentos ¡quedaba exhausta tanto física como emocionalmente!

Y para cuando él volvía en sí, simplemente yo me tenía que salir de la habitación hasta que ya estuviera listo para salir. Y así lo hacía. Salía y decía, «mamá, ¿me podrías dar algo de comer?» ¡Y yo tenía todas estas emociones contenidas con las que simplemente quería correr! No sabía cómo responder. 

Ahí estaba mi pequeño hijo, quien no recordaba ni siquiera la mitad de lo que había pasado. No podía ni siquiera decirme qué había pasado porque su memoria se había apagado durante ese episodio.

Dannah: Y para ese momento, todavía no tenían un diagnóstico claro o comprensión de por qué estaba pasando eso.

Sarah: ¡No! Habíamos ido, yo diría, a diez médicos diferentes para ese momento—de todo tipo. La mayoría nos podía decir que algo estaba mal; podían ver que había retos a nivel neurológico, podían ver diferentes aspectos de su comportamiento que claramente no eran normales, pero nadie nos podía decir por qué.

Lo que en realidad era más frustrante era presentarnos en el consultorio del doctor y que nos dijera, «¡es un niño maravilloso!»

Y nosotros nos quedábamos perplejos. No sabíamos qué hacer con eso, porque nadie podía ver lo que nosotros veíamos. Así que como padres, empiezas a pensar, «¿en qué estamos mal? ¿Qué hemos hecho mal? Porque es obvio que nadie más ve lo que está pasando».

Así que eso se volvió más difícil cada vez –especialmente porque yo estaba cargando el mayor peso de eso. Pero aun cuando Jeff estaba en casa, ¡esa era nuestra vida! Así que no estábamos teniendo un matrimonio normal, no estábamos ejerciendo una paternidad normal. Solo estábamos sobreviviendo, sobreviviendo completamente. No teníamos siquiera la energía para reconocer lo que podría encontrarse bajo la superficie.

Dannah: Así que, Jeff, mientras Sarah estaba luchando con el sentimiento de soledad, sintiendo como que estaba luchando sola esa batalla y con un poco de resentimiento, ¿qué estaba aconteciendo en tu corazón?

Jeff: Sé que mucho de eso era debido a la naturaleza de mi trabajo. Yo era un consultor en traumatología ortopédica 24/7. En cualquier momento, recibía una llamada para ir y ayudar en esa especialidad en el quirófano. Así que esas entradas y salidas eran las que creaban gran parte de estos retos.

Creo que yo lo estaba viendo desde el punto de vista de ser el proveedor. Estaba tratando de trabajar y traer la provisión, y también ser leal a los cirujanos y ser alguien en quien ellos pudieran confiar. Al final esto dio como resultado que hubiera mucha comunicación errónea entre Sarah y yo. 

Yo pensaba que estaba haciendo algo que era honroso, tratando de trabajar duro para nuestra familia. Ella lo veía como «¿a qué precio? ¿Hay alguna situación en la que considerarías decirle “no” a un doctor cuando te llame para alguna de estas cirugías?»

¿Tenía que haber una visita a urgencias? ¿Necesitaba ella estar postrada en cama por su enfermedad y algunas otras cosas que estaban pasando, además de los retos con nuestro hijo…para hacerme presente? ¿En qué punto diría yo, «me quedaré en casa»? Así que, sin entender por completo esos nueve años y mi mentalidad al respecto… Bueno, es difícil explicar de manera sencilla que hubo momentos en que debí haberme quedado en casa. 

Eso decía más que mil palabras, el que yo huyera. Esas son cosas que se fueron desarrollando en los siguientes años, las cuales escondimos bajo la alfombra. De nuevo, en ese modo de supervivencia, pero que la lastimaron profundamente. En aquel tiempo yo no lo veía. En ese tiempo pensaba que estaba haciendo lo que era mejor para nuestra familia, pero al final, ¡estaba lastimando a quien más amaba!

Dannah: ¡Wow! Así que, ¿qué hiciste al respecto? 

Jeff: Honestamente, durante esos nueve años las cosas no cambiaron mucho. Creo que solamente estábamos tratando de vivir el día a día. Ese trabajo siguió su curso, hasta que cuando estábamos por cumplir nueve años, yo sabía que realmente necesitaba cambiar de empleo por la salud de nuestra familia.

Me desgarraba el no poder llevar a mi familia cada domingo a la iglesia. Eso parecía estar dándose cada vez más y más al recibir llamadas de los cirujanos quienes programaban sus casos en domingo y simplemente tenía que irme a trabajar. Esa era una de las enormes señales, viendo el efecto que tenía eso en Sarah y también en nuestros hijos. 

Había estado en un trabajo realmente muy bien pagado. Estábamos tratando de ser buenos mayordomos de ese dinero. Nos habíamos recién mudado a la casa de nuestros sueños en gran parte gracias a ese empleo esos nueve años. Yo creía que poco a poco íbamos creciendo y lo estábamos haciendo bien y que estábamos en el hogar que tendríamos para siempre.

Pero en realidad, simplemente la desesperación de nuestra familia y algún consejo sabio que nos dio un amigo pastor…

Sarah: ¿Puedo decirte lo que dijo en realidad?

Jeff: Seguro.

Sarah: Estábamos en realidad tocando fondo en muchas formas. Yo estaba extremadamente enferma. Estábamos próximos a internar a nuestro hijo. Yo estaba lidiando con una enfermedad crónica, pero nuestro hijo estaba en el punto en donde nosotros no estábamos seguros de que nos lo pudiéramos quedar en casa con nosotros más tiempo. ¡Para cualquier padre que ha luchado con esa decisión, es lo más cercano que puedes estar de sentir que te arrancan el corazón!

Y al mismo tiempo, Jeff y yo estábamos viendo que esto no podía seguir así. Unos pastores que nos conocían bien y a los que respetábamos mucho vinieron a la casa. Me acuerdo que uno de ellos, quien sabe justo cómo dar exactamente en el blanco, miró directamente a Jeff y dijo, «¡hombre, preferiría tener un puesto de hamburguesas y salvar a mi familia, que estar en tu lugar!»

Creo que ya ambos habíamos estado sintiendo que estábamos siendo dirigidos en ese sentido, pero sabíamos que el costo iba a ser muy alto. Sabíamos que tendríamos que salirnos de nuestra casa. Sabíamos que tendríamos que venderla, que perderíamos una gran parte de nuestros ingresos.

Sabíamos que en realidad no podíamos saber lo que vendría después de eso, pero pienso que el Señor nos permitió estar realmente contra la pared, en un sentido, porque necesitábamos sentir que no teníamos opción.

Dannah: Así que se salieron de la casa de sus sueños y abandonaron una carrera exitosa y lucrativa para todo tipo de estándares del mundo, para salvar a su hijo y a su familia.

Jeff: Sí, y eso implicó dar un paso de fe que sabíamos que teníamos que dar.

Sarah: Así fue. Pienso que eso fue por gracia de Dios. Ambos supimos al mismo tiempo que lo teníamos que hacer, porque yo no podía haber tomado esa decisión. Sabía que eso debía ser algo que tendría que suceder en el corazón de Jeff. 

Yo podía ver que el Señor ya había preparado su corazón. Porque para que un hombre se aleje de algo que ha logrado con creces y con lo que se identifica…parecía muy exitoso desde el punto de vista del mundo. Los médicos lo respetaban. ¡Era un hombre muy trabajador y era muy bueno en lo que hacía!

Para alejarse de eso no había realmente muchas alternativas buenas. Simplemente era, «tengo que tomar lo que sea que el Señor traiga». Incluso, me acuerdo de que cuando estaba haciendo entrevistas, la compañía que parecía ser la mejor oportunidad, trajo a otra persona a que lo entrevistara porque estaban tan escépticos de que él estuviera ahí por las razones correctas, ya que él estaba dispuesto a aceptar ganar el 30% de lo que ganaba anteriormente. Así que trajeron a una tercera persona porque pensaron que él no estaba siendo honesto en algo. ¡Nadie en sus cabales haría algo así! 

Y sin embargo, en esos momentos, el Señor nos dio claridad de que el costo realmente valía la pena, a pesar de no saber lo que vendría después de eso.

Dannah: Así que, dime Jeff. Obviamente todavía te emociona pensar en ese momento de tu vida y las decisiones que tomaste. ¿Cómo fue para ti tener que tomar esa decisión?

Jeff: Todavía estamos en la tormenta. Así que hay cosas que simplemente causan muchas emociones en mí por cualquier motivo. No lo puedo explicar. Así que, aún algunos de estos relatos, conforme los recordamos, traen a mi mente escenas de cómo era nuestra vida en familia. 

Hay tan poca gente que tiene una idea de eso, porque el 99 por ciento de eso pasa en nuestro hogar. Así que cuando estamos en público, es algo que se ve drásticamente diferente ¡es de lo más confuso!

Mientras estaba tomando esa decisión del trabajo y tratando de dar el paso de fe y escuchando hacia dónde nos dirigía el Señor…pienso desde la perspectiva de un hombre, estás tratando de crecer en tu carrera. Estaba intentando tener un equilibrio sano en eso. 

Pero ahora, tratando de tomar una decisión donde en realidad iba a meter reversa e ir hacia atrás solo porque no podía hacer un movimiento en sentido horizontal…intenté varias cosas diferentes, pero simplemente la forma en que el Señor me dirigía a mi siguiente oportunidad, era un significativo paso en retroceso.

Uno no puede ponerle precio a la salud de la familia. Agradezco tanto la gracia de Dios que me dio la habilidad de ver eso y de no ser tan…bueno, Él estaba acabando probablemente de forma sutil con mi orgullo y las cosas que todavía quería disfrutar, algunas de las cosas terrenales que venían de ahí. 

Pero sabía que eso no valía el ver a Sarah no poder seguir adelante. Era una disyuntiva en el camino en donde yo escogería amar a mi esposa con quien me comprometí y dirigiría a mi familia de la manera que tanto anhelaba, o escogería simplemente disfrutar el trabajo que tenía y seguir apartándome de Sarah. 

Creo que a eso habría seguido el camino de la separación. No creo que hubiéramos sobrevivido a eso. Ese estilo de vida fue muy fructífero al principio y algunas cosas buenas, pero sencillamente no estaba produciendo nada al final. 

El salirme de eso, y verlo en retrospectiva, fue solamente por la gracia de Dios que me permitió hacerlo y pude tomar esa decisión, nada podría haber hecho en mis fuerzas. Estoy muy agradecido por los hombres sabios que nos acompañaron, nuestros pastores, simplemente el cuerpo de Cristo ahí para apoyarnos y orar por nosotros en todo eso.

Dannah: ¿Cuánto tiempo duró el proceso de tomar la decisión para ambos? ¿Fue una decisión inmediata?

Jeff: Hacia el final de mi estadía en esa compañía, yo había tratado de renunciar durante el último año. Había visto otras oportunidades que eran cambios más horizontales y todo parecía ser bloqueado. No pude hacer una transición más horizontal, así que se tornó más desesperante cada vez.

Sentía como que todo lo que estábamos haciendo por nuestro hijo, tratando de obtener respuestas y ayuda de los médicos… Estábamos viendo a médicos que estaban fuera de nuestra red y todo estaba simplemente fuera de nuestro presupuesto. Parecía que nada entraba en la cobertura de nuestro seguro porque estos médicos eran especialistas.

Así que nuestra cuenta bancaria se estaba empezando a vaciar, y simplemente la presión… Llegamos a un punto, supongo, en el que tuvimos que decidir, «¿podemos seguir avanzando y quedarnos aquí?» Por un lado, la salud, y también, solamente desde la perspectiva de a dónde se estaban encaminando las cosas con nuestro hijo aún sin un diagnóstico y su estado de salud seguía en una espiral descendente.

No fue de inmediato como en un par de semanas o un par de meses; fue un período de un año donde tratamos de cambiar y se nos bloqueaba cosa tras cosa. Creo que este amigo pastor nos había dicho: «Necesitan tomar esta decisión; creo que sería sabio». 

Luego empezamos a ver cómo Dios abría más puertas para entrevistas y eso dio como resultado un trabajo un poco después.

Sarah: Creo que la diferencia fue, «necesitábamos darnos cuenta de que teníamos que estar dispuestos a hacer más sacrificios de los que inicialmente contemplamos hacer». Estábamos tratando de hacer un movimiento diferente, y el Señor nos hizo ver claramente que eso no iba a suceder. Así que, eso significó que las únicas opciones eran: ¡no cambiar o perder mucho! Ninguna se veía bien, pero llegamos al punto donde nos dimos cuenta de que «ya no tenemos opción».

Dannah: Sí.

Sarah: Así que esa fue una decisión bastante rápida en ese momento. Hablamos con los pastores, y creo que pusimos nuestra casa a la venta en un par de semanas. 

Dannah: Bueno, todos nos podemos identificar con las tormentas en nuestro matrimonio, quizás no el mismo tipo de tormentas, pero tormentas al final. Nuestras acciones en el matrimonio, en ocasiones nos equivocamos al responder a nuestros cónyuges… probablemente reconocemos lo que hicimos mal, ¿no es así? 

Pero Jeff, quiero saber qué cosas hizo bien Sarah. Estabas afligido, doliéndote, tu hijo mayor está batallando. Tu vida familiar no se veía de la manera que la imaginaste, tus finanzas se estaban desmoronando, estabas perdiendo la casa y el trabajo de tus sueños, ¿qué cosas hizo bien Sarah durante este tiempo que quizás podamos aprender de ella y seguir su ejemplo?

Jeff: Sí, esa es una buena pregunta. 

Dannah: ¿Cuáles fueron algunas cosas que te animaban?

Jeff: Estábamos, como hemos mencionado, en una especie de modo de supervivencia. Creo que una de las cosas que más me animaba (ni siquiera era algo que se me decía en palabras) era ver que ella estaba continuamente recurriendo a la Palabra de Dios.

Ver que Sarah seguía comprometida con la oración y la lectura de la Palabra de Dios diariamente…y es lo mismo que había en mi corazón.

Vemos la gracia de Dios a través de esos días, que Él realmente estaba trabajando en ambos, preparándonos y cincelando a cada uno, haciéndonos más como Él antes de que pudiéramos regresar y tratar con nuestros asuntos de frente. Creo que quizás había cierto crecimiento que teníamos que alcanzar antes de poder atacar los retos que estábamos enfrentando.

Así que creo que desde esa perspectiva, Sarah no me estaba presionando acerca del cambio de trabajo. Tuvo tanta gracia conmigo. A pesar de lo difícil que fue para ella, no me estaba prendiendo fuego para decirme, «tienes que renunciar», y tratando de dirigirme severamente y poner presión en mí. 

Realmente me dio espacio y oró por mí. Me permitió ver eso a través de la sabiduría de Dios hablada a través de Su Palabra. Yo diría que ese es el mayor regalo que Sarah me ha dado: orar por mí como su esposo y no presionarme. Porque como hombre, si ella hubiera hecho eso, yo habría puesto una barrera. 

Yo habría querido extender mi brazo y mantenerla alejada y habría dicho, «¿sabes? ¡Puedo hacer esto a mi manera!» Probablemente me habría endurecido, y eso habría producido más orgullo en mi corazón y habría seguido poniendo más barreras.

Su respuesta en amor, su oración amorosa por mí y su búsqueda de Cristo aún antes que nuestro matrimonio, creo que es el mayor regalo que me pudo haber dado en esos momentos.

Dannah: Me recuerda un versículo al que mi esposo y yo nos hemos aferrado durante las tormentas, y está en Eclesiastés 4:12: «Y si alguien puede prevalecer contra el que está solo, dos lo resistirán. Un cordel de tres hilos no se rompe fácilmente». 

Sarah, al decidir esperar, aferrarte a la Palabra de Dios, y ambos hacerlo, suena como que, apoyándote en Dios mismo ¡fuiste sostenida en medio de la tormenta que te pudo haber destrozado! Lo que me llama la atención es que escogiste no quejarte Sarah. ¡Eso suena muy difícil para mí! ¿Fue difícil para ti?

Sarah: Wow, sí que lo fue. Creo que necesitábamos ser honestos. Estoy segura de que hubo momentos en que dije cosas que…

Jeff: … pero Dios ha quitado esas de mi mente. 

Sarah: Yo sabía que necesitaba comunicarme con él. Sabía que era importante que él supiera mi posición, tanto como fuera posible. El Señor realmente me hizo ver claramente que esto era demasiado grande para que yo pudiera hacer algo al respecto. 

Eso me llevó a depender más de Él –a pesar de todo lo doloroso que era– pues sentía una especie de abandono por parte de Jeff, el Señor realmente usó eso para enseñarme que Jeff nunca va a ser quien me salve. Eso me enseñó a buscar al Señor como mi consuelo. 

Me enseñó a ir a Él, Él es el Único: «Él es el Único que está conmigo en ese cuarto cuando estoy con mi hijo. Él es el Único que ve el dolor que he experimentado. Él es el Único que puede saber las secuelas de eso y cómo me han afectado. ¡Él es el Único que sabe qué se siente ver a Jeff salir por la puerta sabiendo lo que tengo que afrontar, que simplemente parece imposible!» 

Así que creo que ver al Señor ser fiel vez tras vez en aquellos momentos, me hizo dejar de depender tanto de Jeff, y me permitió confiarlo en gran medida a él también en las manos del Señor.

No significaba que no doliera. No significaba que no hubiera cosas en las cuales teníamos que trabajar. Pero una vez más, como dijo Jeff, veo simplemente tanta gracia del Señor al sostenernos donde no nos podíamos sostener nosotros mismos. No fue como que fuéramos las personas más sabias del mundo. Simplemente veo, sorprendentemente, la forma en que el Señor guió nuestros corazones aún a poder confiar donde no teníamos razón para hacerlo, o para entregarnos mutuamente al Señor cuando realmente lo que queríamos era tomar el control. 

Solamente estoy agradecida de que Dios sabía lo que yo necesitaba para soportar esos años. ¡Y no solamente eso, sino que Él tenía en sus planes restaurar lo que en realidad yo quería!

Sí, deseaba que nuestra relación sanara, pero no tenía una promesa de que eso pasaría. Así que eso me enseñó: «¿Realmente confío en que Dios será suficiente para mí, si nuestro matrimonio nunca es restaurado o si esta es la vida que viviré el resto de mi vida?» Y eso no siempre era una pregunta fácil de responder, ¡pero el Señor me sostuvo por Su gracia!

Nancy: Qué gran recordatorio de mi amiga Sarah Walton. Ella y su esposo, Jeff, han estado conversando con Danna Gresh. Sarah justo decía lo que Asaf le dijo al Señor en el Salmo 73:25-26: 

«¿A quién tengo yo en los cielos, sino a ti? Y fuera de ti, nada deseo en la tierra.Mi carne y mi corazón pueden desfallecer, pero Dios es la fortaleza de mi corazón y mi porción para siempre». 

El libro escrito por Jeff y Sarah Walton se titula: Juntos a través de las tormentas: Palabras de aliento para tu matrimonio.

Este es un libro que creo que cada matrimonio necesita tener en su hogar como un recurso para las tormentas presentes o las que aún están por venir. 

Sabes, las tormentas vienen en una variedad de formas y tamaños, incluyendo tormentas financieras. Ese puede ser un tema en estos momentos para ti o para alguien a quien amas. Mañana escucharás cómo Jeff y Sarah Walton han sorteado algunas de sus mayores tormentas financieras en el matrimonio, y ¡cómo han visto al Señor ser fiel en medio de esas tormentas! Te esperamos para este próximo episodio de Aviva Nuestros Corazones.

Y recuerda que la lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Marcos capítulos 1 al 3.

Annamarie: Invitándote a, no solo sobrevivir en la vida cristiana, sino a tener una vida fructífera en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el anfitrión

Dannah Gresh

Dannah Gresh

Dannah Gresh es la autora del libro más vendido “Y la Novia Viste Blanco” y coautora con Nancy DeMoss Wolgemuth de “Mentiras que las Jovenes creen y la Verdad que las hace Libres”. Es nacionalmente buscada para dar conferencias a jóvenes y es respetada como líder en el movimiento de abstinencia basado en la fe para combatir el VIH/SIDA a nivel mundial. Ella es invitada frecuente a programas como Family Life Today, Midday Connection y The 700 Club.

Sobre el invitado

Sarah Walton

Sarah Walton

Sarah Walton es una madre que no trabaja fuera de casa, tiene cuatro hijos. Ella es autora, junto con Kristen Wetherell, del libro (disponible en inglés): Hope When It Hurts: Biblical Reflections to Help You Grasp God’s Purpose in Your Suffering (The Good Book Company, April 2017) y de Juntos a través de las tormentas disponible por Portavoz. Después de una década de luchas de aprender a caminar con Cristo mientras su familia completa lucha con la enfermedad de Lyme, ella comparte cómo el evangelio habla a todas las áreas de nuestra vida y brinda esperanza a nuestro sufrimiento.

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