Podcast Aviva Nuestros Corazones

La adopción y la hermosura del evangelio, día 1

Annamarie Sauter: ¿Conoces tu verdadera identidad delante de Dios? ¿Te has preguntado si eres parte de Su familia? Escucha al Dr. Russell Moore.

Dr. Russell Moore: La familia de Dios no está determinada por la carne, está determinada por el Espíritu; es determinada por la promesa. Tienes que entender quién eres ahora en Cristo. Todo ha cambiado para ti, y no cambió por quien eres por nacimiento. Cambió por el poder de adopción de Dios, a través del Espíritu Santo.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss Wolgemuth: De acuerdo con la Palabra de Dios, cuando fuiste adoptada en la familia de Dios, se produjo un cambio en tu identidad. Ahora eres hija del Rey. A través de la Escritura vemos el valor que Dios le da a la adopción.

El Dr. Russell Moore tiene un testimonio personal, de vida, sobre la adopción. Él y su esposa María son padres adoptivos, y esto les ha dado perspectivas profundas de lo que quiere decir para nosotras el ser adoptadas en la familia de Dios.

El Dr. Moore es el presidente de la Comisión de ética y libertad religiosa para el Seminario Bautista del Sur. Él también es escritor, y uno de los libros que ha escrito se titula, Adopted for Life (Adoptado de por vida que está disponible en inglés). El subtítulo es, La prioridad de la adopción para las familias cristianas y las iglesias. Hoy escucharemos la primera parte de un mensaje del Dr. Moore, sobre este importante tema, en la serie, «La adopción y la hermosura del evangelio».

Dr. Moore: Pueden por favor abrir sus biblias en Gálatas capítulo 3, versículo 27, y leamos hasta el capítulo 4, versículo 9. ¿Podrían por favor ponerse de pie para la lectura de la Palabra de nuestro Dios? Ahora hermanos, el apóstol Pablo escribe estas palabras a las iglesias en Galacia (lo que ahora es Turquía), hace unos 2000 años, y, a través del Espíritu Santo, esto es lo que dijo:

«Porque todos los que fuisteis bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido. No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús. Y si sois de Cristo, entonces sois descendencia de Abraham, herederos según la promesa.

Digo, pues: Mientras el heredero es menor de edad, en nada es diferente del siervo, aunque sea el dueño de todo, sino que está bajo guardianes y tutores hasta la edad señalada por el padre. Así también nosotros, mientras éramos niños, estábamos sujetos a servidumbre bajo las cosas elementales del mundo. Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, a fin de que redimiera a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción de hijos.

Y porque sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, clamando: ¡Abba! ¡Padre! Por tanto, ya no eres siervo, sino hijo; y si hijo, también heredero por medio de Dios. Pero en aquel tiempo, cuando no conocíais a Dios, erais siervos de aquellos que por naturaleza no son dioses. Pero ahora que conocéis a Dios, o más bien, que sois conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis otra vez a las cosas débiles, inútiles y elementales, a las cuales deseáis volver a estar esclavizados de nuevo?»

Oremos. Santo Padre, oramos y pedimos que Tú tengas misericordia de nosotros, como pecadores, y Padre, oramos que tú nos des un corazón que clame con gratitud, y corazones que también giman para poder estar contigo en tu misión de reclamar huérfanos como hijos amados. Y pedimos todas estas cosas para la gloria de nuestro Señor Jesús, en cuyo nombre oramos, amén.

Pueden sentarse.

No sucedió de la forma que pensamos ocurriría. Mi esposa, María, y yo ya habíamos estado en Rusia en los primeros dos viajes, donde conocimos estos dos pequeños niños de un año de edad. Pudimos estar con ellos por una semana, y después tuvimos que volver a Estados Unidos y esperar para recibir la llamada que confirmara: «Todos los papeles están listos. Pueden venir y recibir a sus niños, y pueden ser legalmente sus padres».

La llamada sí llegó, e hicimos el viaje de regreso a Rusia. Esperamos allí por tres semanas y media para que todos los documentos judiciales fueran finalizados. Y entonces finalmente se decidió el día en el que íbamos a recibir a estos dos pequeños niños, el pequeño  Maxim Rosterlotzky y Sergei Gorbunkov y cambiar sus nombres a Benjamín Jacobo Moore y Timoteo Russell Moore.

Recuerdo que caminamos hacia ese viejo, inmenso, orfanato que parecía una casa embrujada. Entramos por las puertas frontales y sentimos una vez más ese terrible y desgarrador olor… Miramos a nuestro alrededor, a esas agrietadas paredes a punto de caer.

Entramos a este salón una última vez, donde esos dos niños estaban acostados en su propio desecho, en pequeñas cunas que apenas abandonaban por unos pocos minutos cada día. Traíamos toda las ropa que nuestros padres habían confeccionado y  mandado para ellos.

Los cambiamos a ropas nuevas, y los sacamos de ese orfanato para ir a casa. Pero yo lo había imaginado en mi mente como una escena diferente. Tenía una idea de cuentos de hadas, un poco sentimental… donde entras y hay una suave música de fondo, y los niños se lanzan a nuestros brazos, o tal vez corren hacia nosotros en cámara lenta, mientras los lanzamos al aire, ¡y luego caminamos al carro y hacia el atardecer! Pero así no fue como sucedió.

Cuando salimos por esas puertas del orfanato, mis dos nuevos hijos gritaron de terror. Ellos nunca habían estado fuera de esas paredes antes, y el sol los aterrorizaba. El viento soplando en sus rostros los asustaba. Las sombras que por momentos pasaban por sus cuerpos ellos intentaban quitárselas.

Y ellos nos miraban como diciendo: «¡¿Quiénes son ustedes y a dónde nos llevan?!» Y cuando nos subimos al carro, el primer carro al que jamás se habían subido, los dos gritaron de terror y extendían sus manos hacia el orfanato al irnos alejando.

Me incliné hacia ellos e intenté susurrarles (sabiendo que no podían entender ni una sola palabra de lo que les decía). Les dije: «Escuchen. Ese lugar es un foso. ¡Apesta; es terrible; está decrépito! ¡No tienen idea de lo que les espera. Tendrán una mamá y un papá y abuelos y tías y tíos y primos y comidas de McDonald's con promociones de juguetes y Legos y aire acondicionado, todo esto les está esperando! ¡No tienen ni idea de cómo será todo!»

Pero ellos seguían mirando hacia el orfanato. Fue horrible, pero era todo lo que ellos habían conocido. Era su hogar. Eso fue hace seis años, casi siete, y ahora ya están completamente americanizados. Pueden reconocer el timbre del microondas a metros de distancia.

Pero aún recuerdo esas manos tratando de aferrarse al orfanato; y lo recuerdo, no por lo que me dice sobre ellos, sino por lo que me dice sobre mí. Eso es precisamente lo que el apóstol está escribiendo a una iglesia que está en crisis.

Él les habla sobre el hecho de que todos ellos han recibido la adopción como hijos de Dios. Como ves, el problema con esta congregación es que no pueden darse cuenta de quiénes son, no pueden darse cuenta de a dónde van. 

Tienes un grupo de personas en una congregación que venían de diferente trasfondos, y ellos se están preguntando, ¿Realmente cabemos aquí? ¿Realmente pertenezco aquí? ¿Puedo realmente llamar a Dios mi Padre? ¿Puedo realmente llamar a esa Jerusalén que está arriba mi madre?

«¿Realmente puedo hacer eso? ¿Realmente encajo aquí? ¿Realmente pertenezco aquí? Todas esas promesas sobre el futuro hechas a los hijos de Dios en mi Biblia, ¿realmente se aplican a mí?» Y Pablo dice: «Lo que quiero que comprendas es que, si estás en Cristo, las cosas han cambiado. Ustedes han recibido una adopción, todos ustedes».

Además, él escribe y le dice a la iglesia allí, y a la iglesia de hoy aquí, que si has recibido algo de Dios, si has sido traído a la familia de Dios, eso quiere decir que debes unirte a Cristo en la misión de Cristo, una misión que tiene un corazón que se quebranta por los huérfanos, una misión que recibe a los niños.

De acuerdo a la Escritura, la forma en que esta congregación ha comprendido el evangelio, se manifestará en la forma en la que nosotros recibimos a los huérfanos. Y la manera en que la congregación recibe a los huérfanos nos recordará constantemente del evangelio que nos ha recibido a nosotros.

Quiero que observen dos cosas en este texto: Pablo escribe y habla sobre la libertad de un nuevo lugar de pertenencia; y habla sobre la libertad de un nuevo futuro.

Primero nota lo que Pablo hace. Él escribe aquí y dice: «Cualquiera que ha sido bautizado en Cristo, cualquiera que haya llegado a conocer a Cristo, cualquiera que está escondido en Cristo es ahora un hijo de Dios». Él dice: «Ahora eres descendencia de Abraham, ahora eres parte de la familia de Dios; eres parte de la familia de Cristo; ahora tienes una nueva identidad que es encontrada en Cristo. ¡Cada uno de ustedes... pertenece aquí!»

Y observa lo que el apóstol hace: él escribe y dice: «Su identidad ya no se encuentra en la carne. No se encuentra en si eres o no un judío o griego u hombre o mujer o siervo o libre. No importa qué tipo de trasfondo económico o qué tipo de trasfondo genético tengas».

Él dice: «Dios te ha adoptado. Él te ha traído a esta familia, y eso quiere decir que esta es ahora, real y verdaderamente, tu familia». Y él escribe y dice: «Esas personas en la congregación que andan diciendo: «No, no, no, antes de que puedas ser recibido como uno de los hermanos, tienes que llegar a ser como nosotros en la carne, marcando tu carne».

Pablo dice: «Ellos están mal, porque la familia de Dios no se determina por la carne. Se determina por el Espíritu; es determinada por la promesa. Tú tienes que entender quién eres ahora en Cristo. Todo ha cambiado para ti, y no cambió por quién eres de nacimiento. Cambió por el poder de adopción de Dios a través del Espíritu Santo».

Ese es el caso para cada una de las personas en este lugar que conocen a Cristo Jesús. Tú estás aquí a través del poder de adopción de Dios. Y observa lo que él hace. Él dice: «Tienes algunas personas en esa congregación que están dispuestas a decir: «Somos judíos. Venimos de un largo linaje de personas que han creído en Dios».

Él les señala y les muestra a Abraham mismo: «Aquel a quien ustedes tan fácilmente reclaman como su padre, él fue adoptado por Dios. Él fue llamado a salir del paganismo; él fue traído a compañerismo con Dios a través de la misericordia y la promesa de Cristo».

Cada uno de nosotros, sin importar dónde estemos, si estamos en una correcta relación con Dios, estamos aquí a través de la adopción y no a través de las obras de la carne. Muchas personas, cuando se enteran de que recibimos a dos de nuestros hijos por adopción, me preguntan: «Entonces, ¿ellos son hermanos?»

Mi respuesta es: «Sí, claro que lo son»

«¿Pero son realmente hermanos?»

«Sí, ¡realmente son hermanos!»

«Sí, pero sabes lo que quiero decir…Pero lo que ellos quieren saber es si comparten la misma sangre, si comparten el mismo ADN. ¿Comparten todas estas cosas? ¿Comparten las cosas que realmente importan?»

Este es exactamente el tipo de mentalidad que el apóstol destruye cuando llega al evangelio de Cristo Jesús: «No estás aquí por quién eres genéticamente, y no tienes que ser lo que eres (lo que sea que seas), genéticamente».

Algunos de ustedes quizás tienen una predisposición a enfurecerse fácilmente, y pudiera haber algunas bases genéticas para ello. Y tú dices: «Mi mamá era la mujer que más rabietas hacía … jamás he conocido a alguien como ella. Y también era así mi abuela y mi bisabuela. ¡Mi tátara tátara abuela podía arrancar una puerta y lanzar un hombre a cuarenta pies de distancia!»  

Está bien, tal vez así era. Pero esa no es la persona que tú tienes que ser. Tú no estás genéticamente determinado a ser quién eres; más bien has sido traído a una nueva realidad. Tienes una nueva identidad. Él dice: «Y todos ustedes, sin importar cual sea su trasfondo, ahora tienen un nuevo lugar en la mesa de Dios. Esa es una verdadera familia».

Pablo dice: «No es por ser judío o gentil u hombre o mujer o esclavo o libre». Él dice: «Tú has recibido el Espíritu de Cristo. ¿Y cómo sabes que has recibido el Espíritu de Cristo? Porque estás clamando, con Cristo: «Abba Padre». Así es como sabes que eres hijo de Dios».

Tal vez hoy pudiera haber alguno en este lugar que dice: «¿Sabes qué? Vengo de un trasfondo que no tiene absolutamente nada que ver con el cristianismo. Ni siquiera puedo encontrar Romanos en mi Biblia. No entiendo a qué se refieren las personas cuando dicen: «Soy bendecido»; simplemente no lo entiendo. Tal vez no encajaría en la casa de Dios». No, no, no. Pablo dice que la cuestión no es ese en dónde has estado; la cuestión es que Dios está trayendo a personas que están muy lejos y los está transformando en Sus hijos.

¿Cómo sabes si eres o no hijo de Dios? No es si te ves o no de cierta forma; si hablas o no de cierta manera; no es si tienes estas pequeñas prácticas o esta larga herencia familiar. Es si el espíritu dentro de ti te está moviendo a ser y querer actuar de cierta forma.

Es como sucedió con Jesús, cuando estaba en el jardín del Getsemaní y está gimiendo a Su padre: «¡Abba, Padre, líbrame!» Eso es lo que hace el Espíritu Santo. Y cualquiera que se aflige por su esclavitud al pecado, y cualquiera que está alarmado por la condenación que viene, y cualquiera que esté dispuesto a clamar al Padre: «¡Padre, por favor recíbeme en Cristo Jesús», ese es un hijo de Dios.

El Espíritu que trae ese arrepentimiento y trae esa lamentación, ocurre a través de Dios que te reconoce como Su hijo a través del Espíritu, no en base a lo que puedas ver de acuerdo a la carne. De hecho, Pablo dice: «Observa esto, ahora que has llegado a conocer a Dios», (y luego él se detiene y él dice), «o más bien, que has sido conocido por Dios».

El punto del propósito de la adopción de Dios es exactamente esto, no tiene nada que ver contigo. Dios te está buscando. Dios te lo está ofreciendo. Dios te está invitando. Y no hay nadie aquí en este lugar, dice la Escritura, por accidente.

Nancy: ¿Crees esto? Hay una invitación que Dios te ha hecho a venir a Él en arrepentimiento y fe, y ser parte de Su familia para siempre. El Dr. Russell Moore regresará con nosotras en breve.

Ahora, ¿te puedes imaginar, a miles de mujeres, desde las mayores hasta las más jóvenes, viviendo juntas este evangelio transformador, ayudándose unas a otras, creciendo en el cuerpo de Cristo según el diseño de Su Cabeza?

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Bien, quizás al oír sobre la adopción en la familia de Dios, pensaste: «No creo que esto sea para mí. Vengo de un trasfondo totalmente diferente de uno cristiano». Si pensaste algo como esto, escucha con atención lo que nos dice el Dr. Russell Moore. 

Dr. Moore: No hay nadie que esté escuchando estas palabras... que las esté escuchando por accidente. Dios se ha encargado de que tú estés aquí hoy. Y Dios se ha encargado de que tú estés escuchando las palabras que te invitan a llegar a ser Su hijo o Su hija, a tener una nueva historia, un nuevo hogar, una nueva identidad.

Pablo dice: «¡Este es quien eres!» Y eso es complicado, como siempre lo es todo, ya sea a través de la adopción o de cualquier otra forma. Escuché una adolescente decir una vez (ella había sido adoptada cuando era niña): «Simplemente no entiendes lo que significa tener una crisis de identidad, cuando comienzas a preguntarte «¿quién soy?»

No sabes lo que es sentarte a la mesa y mirar a tu alrededor y decir: «¿Quiénes son estas personas? Todas son tan diferentes a mí».

Mi respuesta fue: «Oh, sí lo sé. Se llama «Navidad». ¡Y se llama «Día de Acción de Gracias!» Cada ser humano ha estado teniendo esa reacción cuando se sienta a la mesa con otras personas, aún si están relacionadas a ti por sangre».

Siempre hay momentos en los que dices: «Simplemente no sé si encajo aquí». Todos saben lo que es eso. Siempre hay un conflicto de identidad, y ese ciertamente es el caso en las iglesias del Señor Jesucristo, cuando Dios nos trae de trasfondos tan diferentes y de tantos lugares diferentes.

Él dice: «Ustedes no tienen necesariamente nada en común excepto el Espíritu Santo. Estos son tus hermanos y hermanas. Ámense unos a otros, porque esto es quienes ustedes son». Ese es el evangelio. Eso quiere decir que no hay tal cosa como un hijo adoptado en el reino de Dios, y no hay tal cosa como un hijo adoptado en una familia. 

Observa la forma como Pablo se refiere a la adopción: en tiempo pasado. «Ustedes han recibido –todos ustedes han recibido– la adopción de hijos». No es que haya algunos hijos nacidos naturalmente y otros hijos adoptados. Son hijos que han sido adoptados a la familia de Dios.

La gente me ha preguntado en ocasiones: «¿Cuáles son los hijos adoptados y cuáles son tus hijos biológicos?»

Nosotros no tenemos hijos adoptados. «Adoptar» es un verbo en tiempo pasado.  Tenemos hijos que llegan a nuestra familia por adopción. No estamos avergonzados de ellos. No escondemos este hecho. Estamos agradecidos de Dios por ello. Pero esto no define quiénes ellos son.

Y tenemos un hijo que llegó a nuestra familia que nació prematuro, tres semanas antes de término. Y no sentimos vergüenza por eso. No lo escondemos. Pero, él no es «mi hijo prematuro» Jonás.  Él es mi hijo Jonás. Y entonces puedo hablarte acerca de esa historia si la quieres saber.

Si mi obituario se leyera así: «y sus hijos adoptivos Benjamín y Timoteo», yo regresaría como un fantasma y aterrorizaría a quien puso eso allí. (Claro, mi teología no cuadra con eso, pero la cambiaría para hacerlo posible en ese momento).

Está en tiempo pasado. Él dice: «Todos han recibido esto». Y eso significa todos los que estamos aquí en este salón, si pertenecemos a Cristo, somos un grupo de exhuérfanos. Todos somos un grupo de exsatanistas. Todos somos un grupo de personas quienes hemos sido recibidas como hermanos y hermanas, y hay algunos de ustedes también que están aquí, que Dios los está llamando a que adopten; que Dios los está llamando a darle la bienvenida en su familia a un niño, y la razón por la cual están frenados es porque piensan que no pueden amar a ese niño como a uno de los suyos.   

Esperemos que esa no sea la razón o ustedes y yo iremos  directo al infierno. Esta nueva identidad se está formando, la reflejamos, y la manifestamos cuando, al igual que nuestro Señor Jesucristo, damos la bienvenida en nuestras familias y en nuestras iglesias a aquellos quienes una vez eran huérfanos, pero ahora son hijos en el Amado.   

Notemos también, que no solamente tenemos la libertad de esta nueva pertenencia.  Es la libertad de un nuevo futuro. Noten lo que Pablo hace. Él dice: «Ustedes han recibido la adopción como hijos». Y dice: «Si están en Cristo, entonces todos son hijos de Dios».

Abora bien, sé que algunas en este salón que están siguiendo conmigo cada palabra dirán: «e hijas de Dios». Esto también es para las mujeres. Tienes razón; es para las damas también. Pero Pablo no dice hijas. Y él no dijo hijas con un propósito. Y la razón por la cual él no dice «hijas» es porque él sabe que las personas a quienes él se está dirigiendo entienden el concepto de herencia.

Y si hubieran escuchado a Pablo decir «hijas», esos creyentes judíos de la congregación hubieran dicho: «Correcto, nosotros somos los hijos de Dios. Nosotros recibimos la herencia, y esos gentiles… ellos son las hijas de Dios. Ellas tienen una relación, pero no obtienen la herencia».

O los hombres de la congregación hubieran dicho: «Somos hijos de Dios. Las promesas nos pertenecen. Y las mujeres en la congregación, ellas pueden orar y hacer todo lo que quieran pero no van a recibir la tierra».

Él dice: «Ya seas hombre o mujer, si estás en Cristo, todos son hijos de Dios, lo que significa que Dios tiene un futuro para ti. Dios tiene algo preparado para ti.  Dios te está concediendo, Él te está dando esto como a Su Hijo primogénito porque lo recibiste, y lo posees en Cristo». 

Este es el tema con los huérfanos. Dice la Escritura que el problema con los huérfanos no es solo que ellos no saben quiénes son porque no pueden ver su padre o su madre.  El punto aquí es que no tienen un futuro. Un huérfano no tiene herencia, no tiene esperanza, y entonces ese huérfano, frecuentemente termina siendo un esclavo.

Actualmente en el mundo, hay huérfanos por todas partes con un futuro tan poco prometedor que todo lo que pueden esperar cuando sean grandes es suicidarse, prostituirse o la esclavitud.

Y él dice: «Ustedes eran esclavos, pero fueron liberados de esa esclavitud». Pero, también les dice: «el problema es que Dios, quien pasó todos esos miles de años entrenándoles por medio de la ley para hacerlos hijos, para que fueran herederos, enseñándoles cómo usar esa herencia... el problema es que todos ustedes que eran huérfanos, eran esclavos; ustedes acostumbraban trabajar para satisfacer sus propios deseos y vivían para sus propias pasiones y vivían para el poder del príncipe del aire, para satisfacer su carne». El problema, él les dice: «el problema es que ustedes aún quieren seguir siendo esclavos».

Noten lo que él dice. Dice: «Me temo que ustedes quieren volver atrás. Ustedes quieren ser esclavos de nuevo».

Mis hijos querían el orfanato, no porque  estaban comparando el orfanato con nuestro hogar, porque aun no lo conocían, sino porque eso era todo lo que ellos podían ver.

Las Escrituras nos dicen que ese es el caso para ti y para mí ahora. Algunos de ustedes están esclavizados a cosas que si tan solo pudieran entender cuán patéticas son, ustedes vomitarían. Algunas personas en este salón, no están entendiendo bien la gloria que les espera como hijos e hijas que han sido adoptados por el poder de Dios, están esclavizados a nimiedades, tales como asegurarse de ser  las personas más reconocidas en su lugar de trabajo.

Algunos de ustedes están esclavizados al lamentable y patético poder, tipo el orfanato, que pueden obtener por medio del chisme.

Algunas personas pudieran estar constantemente atraídos a la tentación oculta y esclavizante de la pornografía porque no entienden aún de lo que han sido libradas, y no entienden lo que les está aguardando, y prefieren ser huérfanos, y prefieren estar esclavizados antes que mirar cara a cara a los ojos de su Padre.

Él nos dice: «quieres regresar a esa esclavitud. Tú quieres volver a la carne». Y dice: «el asunto es que en la vida de cualquier persona que haya sido adoptada por medio de Cristo, siempre habrá una batalla. Habrá luchas. Habrá conflictos porque tu padre terrenal no se ha ido. Y aquel que era tu padre, Satanás, aquél padre al que tú imitabas, al que tú te parecías aún está en la puerta suplicándote, «ven a vivir conmigo. Sabes que no puedes ser diferente. Tú sabes quién eres. Esta es una vieja tradición familiar. Ven conmigo, quédate conmigo». 

Y la Escritura dice que cuando reconoces y miras tu adopción en Cristo, tú estás luchando en contra de esos viejos poderes que una vez te mantenían atado, ese viejo orfanato que una vez te reclamaba. Es una lucha, es un estado de guerra. Y lo mismo es cierto cuando la iglesia del Señor Jesucristo reconoce a los huérfanos y recibe a los huérfanos.

Nancy: Acabas de escuchar al Dr. Russell Moore, con la primera parte del mensaje que hemos titulado: «La adopción y la hermosura del evangelio». Escucharemos la continuación de esta enseñanza mañana. Estoy segura de que no te querrás perder ese programa. También escucharás de una mujer, como tú y yo, adoptada en la familia de Dios, y llamada por Dios a adoptar. Un reflejo de la belleza del evangelio a sus hijos y al mundo. ¡Te esperamos!

Annamarie: Llamándote a reflejar la hermosura del evangelio al mundo que te rodea, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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