Podcast Aviva Nuestros Corazones

La muerte trae vida (y otras verdades fundamentales)

Carmen Espaillat: Cuando sirves, ¿lo haces con un deseo de que la fama del nombre de Cristo sea esparcida?

Nancy Leigh DeMoss: Donde sea que Dios nos tenga, no se trata de nosotras. No se trata de mi conveniencia. No se trata de mi comodidad. No se trata de mi felicidad. No se trata de mi éxito. No se trata de mi reputación. Todo, todo, todo se trata de Su gloria.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Hace dos años Nancy celebró cincuenta años en el Señor. Por lo que ha estado reflexionando en las cosas más importantes que ha aprendido desde que conoció al Señor. Ayer, comenzó una serie llamada “Quince cosas que he aprendido en cincuenta años”. Ella compartió las primeras cinco verdades fundamentales. Puedes escuchar ese programa en www.AvivaNuestrosCorazones.com si te lo perdiste. Continuaremos donde nos quedamos ayer.

Pero antes quiero invitarte a conectarte con nosotras en la conferencia Revive 15, que se está celebrando desde ayer en Indianápolis, Indiana. Visita nuestra página para más información.

¡No te pierdas de esta oportunidad!

Nancy: Mi lema desde que nosotros iniciamos Aviva Nuestros Corazones por radio es “Nosotros somos débiles pero Él es fuerte”. Yo soy débil pero Él es fuerte. Sí, yo soy débil, sí, yo soy indefensa, yo no puedo hacer esto sin Él, pero Él es fuerte y Su fuerza es mostrada a través de nuestra debilidad.

Nuestras limitaciones no son un obstáculo para Su poder. Durante tantas, tantas veces a lo largo de los años he tenido este intercambio con el Señor, muy similar a lo que la joven María de Nazaret tuvo con ese ángel cuando el vino y le dijo: “Tú vas a tener a este niño” y ella le contestó: ¿cómo puede ser esto?, yo le he dicho eso al Señor no sé cuantas veces, millones de veces: ¿Cómo puede ser eso? ¡Yo no puedo hacer eso! Dios lo sabe y es por eso que el elige a los débiles, a los necios, a los menospreciados, no a aquellos que son alegres, brillantes, capaces y talentosos, o sí, algunos como esos, pero no muchos. Pablo dice: “De manera que pueda ser visto que la excelencia del poder es de Dios”. El ángel le respondió a María en ese intercambio y le dijo: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”. Esa es la gracia de Dios.

Tú también estás allí, tú no puedes hacer eso, es humanamente imposible amar a esa persona, perdonar a esa persona, servir a esa persona o criar ese niño o amar a esa pareja, amar a esa suegra, cualquier cosa, tú no puedes hacerlo, pero Dios te dice: “Yo lo sé, pero el Espíritu Santo vendrá sobre ti y el Poder del Altísimo te cubrirá con Su sombra”. Su gracia es suficiente.

Número seis: Necesitamos Su Palabra más de lo que necesitamos la comida física. Necesitamos Su Palabra más que cualquier otra cosa que traiga consuelo a la criatura. No podemos vivir sin la Palabra de Dios. ¿Has escuchado que “eres lo que comes”? Bueno, en el reino espiritual ciertamente es verdad. Tú eres lo que comes, lo que te alimentas. Y así muchos cristianos, me parece, están comiendo de la miseria de este mundo, y están desnutridos porque no están comiendo la Palabra de Dios.

Tenemos que sumergirnos en la Palabra de Dios. Necesitamos la Palabra. La necesitamos más de lo que necesitamos comer. Y no podremos lograrlo si no pasamos tiempo consistente en la Palabra de Dios. Esa es nuestra vida, es pan, es agua.

Y aprendí algo acerca del agua esta semana que yo debería haber sabido pero realmente no lo entendía. Y esto no es una nueva modalidad. Pero el lunes de esta semana terminé en la sala de emergencia de nuestro hospital local severamente deshidratada con una infección viral y me desmayé en mi casa. No tenía tiempo para eso esta semana; solo puedo decirles eso. Y luego, como estaba deshidratada, no podían sacarme sangre. Pasaron una hora tratando de encontrar un lugar para poder sacarme la sangre. Necesitas agua. Necesitamos agua.

Necesitamos el agua de Su Palabra. Nos lava, nos limpia. Hace que nuestra sangre fluya. Y espiritualmente, ¿cuántas de nosotras estamos deshidratadas? Nos estamos desmayando. No podemos lidiar con la presión. Estamos débiles y nos estamos cayendo a pedazos. Y también las personas a nuestro alrededor están espiritualmente desnutridas. Están espiritualmente deshidratadas. Necesitan el agua y el pan de la Palabra de Dios, porque todas los necesitamos.

Número siete: Nos necesitamos los unos a los otros. Hay tanto material en las Escrituras acerca de esto: el poder que da el ánimo, la exhortación, el rendirnos cuentas unos a otros, la seguridad que se encuentra en la multitud de los consejeros.

Tengo un grupo de mujeres con las que periódicamente me reúno y oramos juntas. Nos llamamos “la hermandad”. Y estábamos en una llamada y eso fue el lunes en la noche yo acababa de salir del hospital y tuvimos esta conferencia telefónica y compartimos lo que Dios estaba haciendo en nuestras vidas y cómo podemos orar las unas por las otras.

Estas son mujeres que están involucradas en diferentes tipos de ministerios. Una de estas mujeres tiene un ministerio público muy exitoso y ella comenzó a llorar. Comenzó a sollozar y derramó su corazón al decirnos que su familia había estado bajo algunas presiones recientemente y compartió lo que estaban pasando. Y aquí estaba este grupo de mujeres en el teléfono que vinieron a su alrededor y oraron y la levantaron y la animaron. Y yo he estado ahí y las demás mujeres en esa llamada también han estado ahí. Tú has estado ahí.

Nos necesitamos las unas a las otras. Necesitamos relaciones invasivas en nuestras vidas. Las mujeres lo necesitan. Yo no le predico a los hombres, pero estoy muy segura que los hombres se necesitan unos a otros también. Hay un gran peligro en vivir en aislamiento. Aun si estás en medio de una multitud, puedes estar viviendo una vida aislada. Nos necesitamos las unas a las otras. Esto es algo grande que he aprendido durante mis cincuenta años de caminar con Dios.

Número ocho: El Evangelio verdaderamente es Buenas Nuevas. De hecho, es la noticia más grande, la mayor noticia. Necesitamos escuchar y volver a creer el Evangelio cada día de nuestras vidas. Ahora, eso no significa que volvemos a ser salvas todos los días de nuestras vidas. Pero necesitamos escucharlo de nuevo y necesitamos creerlo de nuevo. Y donde nos hemos desviado, necesitamos arrepentirnos de nuevo.

El Evangelio realmente es Buenas Nuevas. No es solo un mensaje para que lo escuchen los incrédulos. Necesitamos ser recordadas cada día de la gracia de Dios, de Su perdón, de Su poder para transformar nuestras vidas, de Su promesa de vida eterna, de que Él es un Dios que redime y que está haciendo nuevas todas las cosas, que es un Dios que guarda Su pacto y todo esto es un recordatorio de que la vida cristiana es imposible de vivir.

Yo no puedo vivirla. Tú no puedes vivirla. Yo conozco a personas que leen mis libros y me escuchan en la radio y piensan que vivo esta vida cristiana. Y te diré, no soy yo que vivo, sino Cristo quien vive en mí. Cristo que vive en ti. Porque Jesús es el Único que tuvo éxito en vivir esta vida y por eso necesitamos creer el Evangelio todos los días de nuestras vidas.

Número nueve: Y este está en el corazón del Evangelio, y es que la muerte trae vida. La muerte trae vida. La mayoría de las personas pasan sus vidas esquivando la muerte en todas sus diferentes manifestaciones. Pero la muerte, la cruz, es algo que debemos abrazar porque al pasar por la muerte, salimos por el otro lado a la vida.

La muerte de Jesús nos compró vida eterna. Y a través de nuestra muerte con Él entramos a Su vida abundante y mientras estemos dispuestas a rendir nuestras vidas y a morir por otros, ellos a su vez podrán experimentar la vida de Cristo. Jesús dijo, “el que quiera salvar su vida, la perderá. Pero si la pierdes, la salvarás. Tendrás verdadera vida”.

Y me encanta una cita de Ugo Bassi, no recuerdo cuándo vivió él pero fue hace muchos años. Él dijo, “Medid vuestra vida por la pérdida y no por la ganancia; no por el vino tomado sino por el vino derramado. Porque la fuerza del amor reposa sobre el sacrificio del amor y el que sufre más tiene más que dar”.

Algunas de ustedes hoy tienen mucho que dar de su vida porque han estado dispuestas a rendir su vida, a abrazar la cruz, y a decir “sí, Señor” a lo que sea que Su guión haya sido para su vida. Como resultado, hay una fragancia, hay un resplandor, una belleza y hay poder.

Quiero estar cerca de ustedes y quiero conocer al Jesús que brilla a través de muchas de sus vidas. Y eso es porque la muerte trae vida. No es algo a lo que debamos temer. Ríndete. Suéltalo. La semilla entra a la tierra y muere y trae mucho fruto para Su gloria.

Número diez: Nunca, nunca te equivocarás en el camino de la humildad. Y tendríamos mucho que decir acerca de eso. Dios se aleja del orgulloso. Tener un corazón humilde es tener un espíritu enseñable para siempre estar aprendiendo de otros. Lo opuesto de la humildad es el orgullo que nos impide tener una comunión genuina con Dios. Nunca te equivocarás en el matrimonio, en la vida, en la vida de la iglesia.

“Solamente por el orgullo viene la contienda”. Y me gustaría que ese versículo no estuviera en la Biblia, pero sí lo está. “Donde hay contención hay orgullo”. Así que nunca podrás equivocarte al ser la que corre a la cruz. Mira a ver si puedes llegar tú primero. Humíllate. Yo estoy aprendiendo eso en mis relaciones y en el ministerio.

Número once: la mayor libertad se halla en la esclavitud a Cristo. La mayor libertad se halla en el corazón que dice, “Sí, Señor. Tengo este contrato en la mano Señor y estoy poniendo mi firma en la línea que aparece abajo antes de saber lo que dice el contrato. Mi vida es tuya. Te pertenece, Señor. Toma mi vida, Oh Señor y que sea consagrada solo a ti, llena Tú los detalles. Lo que sea, Señor, yo digo, ‘sí Señor’.”

Mientras venía en el avión el miércoles, tuve una conversación con una joven graduada de Harvard que ahora está en la escuela de negocios en la Universidad de Virginia. Ella llegó a conocer al Señor en su adolescencia, a los trece años, viniendo de una familia no-creyente y leyendo la versión Reina Valera de la Biblia. Así ella fue salva. Ha caminado con el Señor y busca agradarle a Él, pero no ha tenido a su alrededor muchas personas que la nutran en su fe.

Y estuvimos hablando todo el viaje de dos horas y media. Ella acababa de terminar una relación que sabía que no era lo que Dios tenía para ella. Apenas hacía una semana y todavía se encontraba en un lugar doloroso. Pude hablar con ella acerca de la libertad. Yo le dije, “Soy prácticamente una anciana hablándote a ti que tienes veinticinco años de edad. Pero quiero decirte y dije su nombre, “la mayor libertad se encuentra en decir ‘sí, Señor’. Lo que sea que eso signifique, como sea que eso se vea, en cualquier edad, en cualquier temporada de la vida. Todos somos esclavos. La pregunta es: ¿de qué? o ¿de quién?”

Y el privilegio es ser esclavas de Jesucristo. Porque no hay ningún amo como Él. Y allí es donde encontramos nuestra libertad y nuestro mayor gozo.

Número doce: Somos bendecidas para ser de bendición. No somos bendecidas solo para que podamos disfrutar las bendiciones de Dios para nosotras mismas, aunque no hay nada malo en eso, pero somos bendecidas para ser un canal de bendición para otros. Dios nos ha colocado aquí con un propósito y ese propósito no es para desperdiciar nuestras vidas, para acumular cosas a la derecha o a la izquierda o solo para sobrevivir o para realizarnos. Ninguna de estas cosas son propósitos de vida que realmente tienen valor. Nuestro propósito en la vida es permitir que las bendiciones de Dios fluyan a través de nosotras hacia los demás, dejar un legado de piedad, invertirnos en las vidas de los demás.

Esta joven estudiante de postgrado me dijo el otro día, “¿dónde están las mujeres mayores que serán consejeras y que nutrirán a las jóvenes en su fe – mujeres como yo?”. No sé, ¿Dónde están? ¿Dónde estoy yo? ¿En qué estoy gastando mi vida, mi tiempo, mis recursos? Yo he sido bendecida para ser bendición.

Número trece: No puedes dar más que Dios. Esto es algo que mi papá y mi mamá, porque estaba casada con mi papá, creyeron y practicaron con todo su corazón. Si hay un don espiritual para dar, mi papá lo tenía y mi mamá lo apoyaba. Nunca llegará el punto en el que digas, "puedo dar más que Dios, de mis tesoros, de mi tiempo, de mi talento, de mi vida". Proverbios capítulo 11:24 dice, “Hay quien reparte y le es añadido más, y hay quien retiene lo que es justo, solo para venir a menos”. Esas son las matemáticas divinas, esa es la paradoja de Dios sobre el dar.

Y estoy absolutamente convencida que cuando lleguemos al Cielo no va a haber ningún santo a través de todas las edades que diga, “hay algo que di de lo cual me arrepiento de haber dado”. Sí creo que cada una de nosotras, aún la persona con el corazón más generoso dirá, “A la luz de lo que Jesús hizo por mí para traerme aquí a la eternidad, cómo me gustaría haberle dado más”. Estoy convencida de esto. Entonces por qué no dar ahora y poder entrar a esas habitaciones eternas libres de todas las cosas que se nos pegaron. No puedes dar más que Dios.

Ahora la número catorce: El tiempo es corto, la eternidad es larga y Jesús viene. Y esta es una manera de pensar que nuestro padre nos inculcó a mis hermanos y a mí durante los veintiún años que estuvo con nosotros. Él murió el fin de semana de mi cumpleaños número veintiuno. Este concepto y muchos de estos son un legado para mí.

Aquí tengo un pequeño pisapapeles que era de él que ahora tengo en mi estudio. Y a propósito, por motivo de mi cincuenta aniversario de haber conocido al Señor, pusimos un pequeño mostrador con recuerdos de mis primeros años de caminar con el Señor y algunas fotos y cosas que fueron significativas para mí. Y tenía unas líneas de ese conocido himno con el que quizás estás familiarizada, que dice, “Solo una vida pronto pasará. Solo lo que es para Cristo durará.” Y luego ese versículo de Filipenses capítulo 1, que dice, “Porque para mí el vivir es Cristo”.

Dentro de las cosas que había en exhibición también había un juguete Slinky y eso fue una parte importante en todo nuestro crecimiento en nuestra familia y me acordé de él cuando pensé en este principio.

Mi papá conoció al hombre que inventó el Slinky. El slinky es una especie de resorte y el nombre del señor que inventó esto se llamaba Dick James. Él era un joven ingeniero y él inventó este juguete que ahora prácticamente todos conocen. El haberlo creado lo llevó a la fama y a la fortuna de un día para otro. Y aquí estaba un hombre que había estado buscando felicidad y de repente tenía todo este dinero. Él podía viajar por todo el mundo. Podía hacer lo que él quisiera, pero todavía estaba vacío. Y eso lo puso en una búsqueda que al final lo llevó a la fe en Cristo.

Bueno, este hombre, cuando fue salvo, realmente fue salvo. Quizás has leído otras cosas acerca de él en otros lugares. Y te aconsejo que no creas todo lo que leas. Porque quizás no obtendrás la historia completa en la versión secular de esto. Pero él, para hacer la historia corta, decidió convertirse en un misionero en Suramérica. No recuerdo en qué país pero él básicamente regaló todo lo que tenía.

Encima de eso un tío murió y le dejó una herencia y él también la regaló. Él decidió que iba a ir allá y que iba a servir por fe. No quería depender de ninguna otra cosa ni de nadie más que no fuera el Señor. Mi papá nos recordaba. Ahora, Dios no llama a todos a hacer esto. Pero en el caso de Dick James, eso fue lo que él sintió que fue su llamado, el llamado de parte de Dios. Lo hizo, se fue y pasó el resto de su vida como misionero en un país en Suramérica.

Él confesó que cuando fue allá había resistido a Dios en un aspecto. Él se llevó con él el molde original del Slinky. Pensó que si tal vez Dios le fallaba, él podría comenzar a hacer los juguetes allá y abrir mercados completamente nuevos. Bueno, pues luego escribió y compartió el gozo increíble que experimentó el día que tomó ese molde y se fue al océano pacífico y lo tiró al océano y dijo que ese día se había convertido en un hombre libre.

Mi papá tenía una carta, una carta de Dick James que le escribió a sus amigos incluyendo a mi papá y solo compartió el gozo increíble y la libertad que él experimentó viviendo en este país golpeado por la pobreza, pero él, totalmente libre para amar y servir a Jesús.

El tiempo es corto, la eternidad es larga, y Jesús viene ya. Eso significa que debemos tomar decisiones ahora de las que no nos arrepentiremos en la eternidad. Debemos preguntarnos a nosotras mismas, “¿Valdría la pena morir por aquello por lo que estoy viviendo?” ¿Tiene valor eterno? Debemos mantener nuestros ojos puestos en la línea final. Eso es lo que nos da el poder para mantenernos en la carrera.

Y soy de las que a menudo se detiene en la carrera. A menudo quiero tirar la toalla. No puedo decirte cuántas veces en mi mente, he renunciado a varios aspectos de la vida en el ministerio. Gracias a Dios que tengo relaciones confiables y por la gracia de Dios, Él me mantiene allí. Pero eso es mientras mantienes tus ojos en Cristo, mientras mantienes tus ojos en la recta final, mientras recuerdas que esta vida es corta y que la eternidad es para siempre y que Jesús viene ya. Eso es lo que nos da valentía y gracia para seguir adelante y nos recuerda que seremos recompensadas por cualquier labor que le ofrezcamos a Él ahora. Él es digno de todo y de todas las cosas que perdamos por Su nombre.

Bueno, y finalmente la número quince: No se trata de mí. Todo se trata de Él. Y fue más o menos por allí donde comenzamos en Romanos 11:36: “Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre. Amén”. La meta de nuestras vidas es que toda la tierra sea cubierta con la gloria del Señor, que la fama de Su Nombre sea esparcida, y por eso vale la pena decirle “no” a nuestra carne.

Y no estoy solo hablándole a aquellas en el ministerio vocacional. Estoy hablándoles a todas las mujeres. Porque estos son principios que son verdaderos para todas nosotras donde sea que tú le sirvas al Señor, en tu negocio, en tu hogar, con esos pequeñitos, con esos nietos, en ese rol de cuidadora, quizás de tus padres ancianos, donde sea que Dios te haya colocado. Porque no se trata de nosotras. No se trata de nuestra conveniencia. No se trata de nuestra comodidad y no se trata de mi felicidad. No se trata de mi éxito, no se trata de mi reputación. Todo, todo, todo es para Su gloria.

Cada vez que entras por la puerta principal de nuestro Centro Nacional de Ministerio en el suroeste de Michigan, pasas por una fuente que está rodeada de ladrillos que tiene un gran globo terráqueo colocado encima de esa fuente. Y en las temporadas en que tenemos deshielos allí en Michigan, lo cual no es muy a menudo, la fuente corre sobre el mundo en cada lado.

A cada lado de esa fuente tenemos versículos de las Escrituras como aquellos que nos recuerdan que la gloria del Señor cubrirá la tierra como las aguas cubren el mar. Y cuando paso por esa fuente y entro al edificio, a menudo me encuentro orando o siendo recordada, de que esa es nuestra visión. Para eso estamos aquí. Esa es la meta: “que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla…y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil. 2:10-11).

Así que en nuestras luchas, en nuestra pruebas, en nuestras dificultades, en nuestros desafíos, en nuestra confusión, sí, también tenemos esas, pero santifican, ¿no es verdad? Y no estoy siendo simplista al respecto. Yo sé que hay personas aquí que tienen un peso grande en su corazón. Pero hay un propósito en ese sufrimiento. Hay propósito en hacerlo una ofrenda para el Señor. Hay un propósito en las labores donde sea que le sirvas al Señor.

Y el propósito es que la gloria del Señor cubra la tierra como las aguas cubren el mar.

Y, oh Señor, te doy gracias por los dulces recuerdos, los recuerdos de mis cincuenta años – que no se sienten así – de haber sido conocida por Ti y de conocerte y de haber sido separada para Ti. Gracias, gracias, Señor. Gracias por ver la sangre del Cordero inmolada, derramada por mi pecado y pasar de largo. Gracias porque nunca experimentaré Tu ira. Hemos sido librados de la ira de Dios.

Y gracias porque nos has salvado para algo y para alguien más grande y mayor que nosotras. Su nombre es Jesús. Por eso le amamos. Te amamos. Y oramos, Señor, que estas cosas que he dicho, con las que lucho, las que enfrento y a menudo fallo en creer, enraízalas profundamente, Señor, en nuestros corazones y recuérdanos para quién es y para qué es. Y que Tu reino venga y Tu voluntad sea hecha aquí en la tierra como se hace en el Cielo. Oramos en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: Ella es Nancy Leigh DeMoss. Ha estado compartiendo quince cosas que ha aprendido en cincuenta años de caminar con Dios. Si te perdiste alguna de las quince cosas, puedes visitar a www.AvivaNuestrosCorazones.com y leer la transcripción del programa de ayer y del programa de hoy.

Te esperamos en nuestra próxima entrega la semana que viene. Que tengas un bendecido fin de semana!

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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