Podcast Aviva Nuestros Corazones

La paja que se lleva el viento

Carmen Espaillat: Este año que recién inicia pudiera estar lleno de propósito o de desilusión. Con ustedes Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Nuestras vidas no tienen peso o valor intrínseco a no ser por estar dentro de una relación correcta con Dios.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth. Nancy se encuentra en el sexto día de una serie de ocho días titulada, Cómo tener un feliz Año Nuevo.

Nancy: Toda esta semana hemos estado viendo las características de una persona justa en los primeros tres versículos del Salmo 1—la persona que ha sido hecha justa por  gracia a través de la fe. También hemos estado viendo los caminos de los justos y lo que estos caminos producen.  Hemos visto cómo esta persona está arraigada en la Palabra de Dios, y como resultado, tiene una vida duradera y fructífera.

A medida que hemos comenzado el año con esta serie, te hemos estado retando a leer la Biblia cada día durante todo este año. No hay nada legalista en esto. A medida que nos adentramos en este salmo, creo que te estarás dando cuenta de que no podemos vivir la vida sin la Palabra de Dios. Ella es más necesaria para nuestras almas que la comida para nuestros cuerpos.

La mayoría de nosotras no nos decimos todos los días: Tienes que comer. Solo comemos y nos gusta comer… disfrutamos y nos  deleitamos en comer. Algunas de nosotras meditamos en lo que comemos día y noche. Entonces, eso no es un deber. Lo que queremos es entonces  llegar a un lugar  donde alimentar nuestras almas no sea un deber sino llegar a ese lugar  donde nos deleitamos en hacerlo.

Hemos dicho que mientras  más nos deleitamos en la Palabra de Dios, más querremos meditar en ella y mientras  más meditemos en ella más nos deleitaremos en ella y más nos proveerá el sustento y el alimento estable para nuestras almas…para que seamos como ese árbol plantado firmemente por corrientes de agua—llenas de fruto y floreciendo.

Al continuar nuestro estudio vamos a ver un fuerte contraste entre las dos primeras partes del Salmo 1. La primera parte es sobre los justos—y estudiamos sobre los caminos de los justos y sobre sus características. Ahora vamos a leer la parte del salmo en donde se habla sobre el carácter y el destino de los que las escrituras llaman impíos.

La palabra malo o malvado, en muchas de sus versiones— y la traducción que algunas de ustedes están usando—es la palabra  impío. Esta palabra se usa cuatro veces en los seis versículos de este salmo. Déjenme recordarles lo que hemos mencionado anteriormente en esta serie. Cuando hablamos de esta persona malvada o impía no estamos hablando necesariamente de algún pecador notablemente malvado.

Cuando escuchas la palabra malvado, piensas en asesinos en serie o en gente que comete genocidios masivos o algo así, algo por el estilo. Ciertamente esas personas pueden considerarse así, pero las personas malvadas pueden también  verse como personas muy buenas por fuera. La persona impía como hemos dicho antes, es una persona sin devoción o que no adora.

La palabra griega que se hubiera usado en la traducción griega del Antiguo Testamento solo significa: sin adoración, sin devoción. Entonces, es una persona que tiene poco o nada de tiempo para Dios en su vida. Su vida gira alrededor de su persona, de su agenda, sus prioridades, sus planes, sus ideales, sus deseos en vez de los de Dios. El fruto de esta vida vivida apartada de Dios es un comportamiento malvado que se hace visible en muchas maneras en la vida de esta persona.

Déjenme entonces leer este salmo y verán estas dos divisiones y nos concentraremos en la descripción de la persona malvada. Salmo 1:

¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores, sino que en la ley del Señor está su deleite, y en su ley medita de día y de noche! Será como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo y su  hoja y no se marchita; en todo lo que hace, prospera.

No así los impíos, que son como paja que se lleva el viento. Por tanto, no se sostendrán los impíos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos. Porque el Señor conoce el camino de los justos, mas el camino de los impíos perecerá.

Y hoy quiero enfocarme en el versículo 4 y en las próximas dos sesiones retomaremos los versículos finales del capítulo. Después de leer esta gran descripción de la persona justa—de  sus características, el resultado de su vida, la recompensa de su vida, y las bendiciones de su vida—dice el versículo 4: No así los impíos, que son como la paja que se lleva el viento.

Cuando dice: No así los impíos—ese es un término enfático en el lenguaje original. Literalmente se podría traducir como: No así, no así los impíos. Todo cuanto hemos leído sobre las personas justas, las personas piadosas—las personas quienes rigen su vida alrededor de la Palabra de Dios, que son como ese árbol plantado junto a corrientes de agua—pero no es así, no es de esa manera para los impíos.

Hay un fuerte contraste aquí, aun más fuerte de lo que se percibe en las traducciones de los idiomas originales. Está diciendo, que esta persona impía, esta persona malvada, esta persona sin devoción no es nada como la persona justa. No hay un área gris en este salmo.

Los impíos hacen lo que los justos no hacen, y éstos no hacen lo que los justos hacen. En cada punto que se les compara son como polos opuestos porque su esencia es diferente. Vemos esto aquí; vemos este contraste. Los justos que vimos en el versículo 1 son bienaventurados, dichosos, están satisfechos, pero no así los impíos.

Los justos se deleitan en la ley del Señor pero no así los impíos. Los corazones de los impíos están torcidos, inclinados lejos de Dios y dirigidos hacia el pecado. Ellos hacen del pecado algo ligero; se deleitan en él. Los justos en cambio se deleitan en la Ley de Dios; pero los impíos se deleitan en lo que es contrario a la Ley de Dios.

Hemos visto que los justos meditan en la ley de Dios de día y de noche. Pero no así los impíos. En el caso de los impíos, sus ojos y sus corazones están fijos en las cosas de este mundo. Tienen  sus mentes enfocadas en lo terrenal, en lo temporal en vez de tenerlas en lo celestial y en lo eterno. Están centrados en ellos mismos en vez de estar centrados en Dios.

Vimos que los justos son—como ese árbol plantado junto a corrientes de agua—ellos han sido trasplantados a un ambiente que conduce al crecimiento espiritual. Pero no pasa así con los impíos. Éstos se quedan en su ambiente natural, desértico y sin gracia—en el cual nacieron. Ellos no han sido trasplantados al Reino de Dios.

Vimos que los justos están plantados firmemente como un árbol junto a la fuente de sustento espiritual y de vida. Están plantados en la Palabra y en los caminos de Dios, pero no así los impíos. De hecho ellos no están plantados en nada; ellos son huecos, están vacíos—son vulnerables al desastre. No son estables, no están seguros. Son como la paja que mencionamos anteriormente, la paja no está afianzada en nada y se la  lleva el viento.

Hemos visto que los justos viven vidas productivas, vidas llenas de frutos, pero no así los impíos. Ellos son  espiritualmente estériles. No producen fruto piadoso. Hemos visto que los justos son estables y son capaces de perseverar en tiempos de adversidad y de prueba, pero no así los impíos. Los impíos son inestables, son efímeros, no están plantados, no son perennes.

Hemos visto que los justos son espiritualmente prósperos, ellos florecen, cumplen  el propósito para el cual fueron creados por Dios, pero no así los impíos. Hemos visto que los justos serán recompensados. En esta vida, reciben vida, vida en abundancia y  además vida eterna, pero no pasa así con los impíos. Como veremos en los últimos dos versículos de este capítulo, los impíos serán condenados eternamente; ellos morirán.

En Isaías capítulo  57, el versículo 20 describe al malvado de esa manera,  y es un contraste tan grande con el  camino de los justos que hemos estado viendo en estos últimos días. El versículo dice: Pero los impíos son como el mar agitado, que no puede estar quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo. No hay paz—dice Dios—para los impíos.

¿Te das cuenta de cuán diferente es esto a un árbol plantado junto a arroyos a corrientes, que florece, que es estable, que está plantado? Dios dice que los impíos son como el mar agitado. Hay una inquietud un desasosiego; las aguas llevan tierra y lodazal puesto que esto sale de la abundancia de sus corazones, entonces de él sale fango y lodazal. No tan solo están inquietos  sino que causan disfunción y discordancia a todos aquellos a su alrededor.

Ahora, déjenme decirles que en el contexto de este pasaje al referirse a los impíos, se está hablando de los no creyentes. Pero creo que en este pasaje hay también una aplicación a los creyentes. Si no estamos plantadas y afianzadas en la Palabra de Dios, ni nos deleitamos en ella,  no meditamos en ella de día y de noche, entonces empezamos a adoptar las características de los incrédulos. A veces es difícil hacer la diferencia entre los justos y los que no lo son.

Los justos y los impíos  no solo  tienen estilos de vidas, corazones, actitudes y fundamentos para sus vidas completamente diferentes—sino que ellos son diferentes en su esencia —pero el resultado de sus caminos no puede ser más diferente. En eso nos enfocaremos hoy y en la próxima sesión.

Hoy quiero leer la frase en el versículo 4 y dice: No así los impíos, que son como la paja que se lleva el viento. ¿Sabes lo que es la paja? La paja es la cascarilla de los cereales, que se seca y queda separada del grano. No es comestible; no sirve para nada, no tiene valor. Después de la cosecha se remueven las cáscaras. Una vez que se hayan removido, es ahí cuando se le llama paja. Es basura sin uso alguno.

Por medio del proceso de trillar—que consistía en separar el grano de la paja triturando la mies esparcida en el área, particularmente en los tiempos bíblicos—el viento se llevaba la paja. Y es que ésta era ligera, sin valor e inútil. Lo que sea que quedaba de la paja, lo que no se lograba llevar el viento,  entonces era quemada.

Ahora compáralo al árbol que vimos anteriormente, ese árbol que es como la vida del justo que es plantada junto a corrientes de agua. Que es fructífera, productiva, que está floreciendo. Pero la paja es lo opuesto: no tiene sustancia, es vacía como una concha, no tiene raíz. El viento se la lleva o es llevada para ser quemada.

Estaba hablando esta semana con unos amigos cuyos sus hijos ya son adultos. Me estaban diciendo que cuando sus hijos eran pequeños, ellos estudiaban el Salmo 1 con ellos. Sue y Byron me estuvieron  hablando sobre la vez que sacaron a sus hijos para enseñarles una lección. Cuentan que los pararon junto a un árbol—creo que junto a un árbol de nueces o a un roble—en el patio trasero de su casa y les dijeron a sus hijos: Derriben el árbol con un soplido. Soplen, soplen. No había manera de que lo hicieran estos niños pequeños, ¿verdad?

Entonces los llevaron hacia donde había una mesa sobre el césped  que tenía aserrín en el tope—paja en otras palabras. Les dijeron: Ahora, soplen esto. Y por supuesto, pudo ser fácilmente esparcido con un solo soplido. Porque  no pesaba, no tenía ningún valor; se esparcía fácilmente. Le pregunté al hijo de Sue anoche, quien por cierto, ya es papá, ya es adulto, si se acordaba de esa anécdota. Me dijo: Me acuerdo vagamente de eso.

Bueno, pero es una buena ilustración, y podemos verla en este salmo. El hombre o la mujer en cuya vida no hay lugar para Dios, aunque esa persona sea impresionante a los ojos del mundo, su vida no tiene valor.

No es que no tenga valor para Dios, puesto que esta persona es creada a  imagen de Dios, pero el resultado de su vida, no tiene sustancia. Habrá sido una vida desperdiciada porque no habrá llenado el propósito por el cual Dios la puso aquí, que es traer gloria a Su Nombre. Entonces esa persona es como la paja.

Nuestra vida no tiene peso, no tiene valor, no hay valor intrínseco en ella  a no ser que tengamos una relación íntima con Dios. De hecho, estaba pensando en eso en esta mañana mientras venía a esta grabación. Por alguna razón, de los tres bolígrafos que tenía hoy ninguno tenía tinta, uno tras otro. Eso pasó temprano esta mañana.

Estaba tratando de hacer algunos apuntes, y uno tras otro, a mis bolígrafos se le acabó la tinta. Entonces los tiré todos a la basura: ¡Estos bolígrafos no sirven para nada!, No están cumpliendo con la misión por la cual existen. ¡A la basura se van! ¡Paja! No la puedes usar en lugar de un tenedor o de un piano o de una mesa. No tiene ningún uso porque no está cumpliendo con su propósito para el cual fue diseñado.

Entonces, ¿Qué haces? No te quedas con esos bolígrafos simplemente de adorno. Los tiras a la basura, ¿o no es así? Aquí hay una enseñanza, si no estamos arraigadas en la Palabra de Dios, entonces nuestras vidas estarán sometidas a las fuerzas externas de este mundo como la paja está sometida al viento—el viento te va a decir lo que tienes que hacer—en vez de ser como el árbol que está plantado firmemente y que puede aguantar las tormentas y el viento.

Puedo decir rápidamente que no siempre parece ser el caso que los justos prosperan y que los impíos perecen. De hecho muy seguido parece suceder lo opuesto, aquí y ahora, ¿no es así? Entonces te pones a pensar en aquellos que no tienen lugar para Dios en sus vidas—aquellos que son los impíos—ellos no están centrados en Cristo.

A veces sus acciones, sus modos de pensar y sus vidas pueden parecer bastante exitosas, poderosas y esto puede causarnos  aflicción y confusión. Eso puede hacernos tropezar y puede hacernos sentir desilusionadas si no sabemos qué hacer con esa forma de pensar. De hecho justamente con esta clase de pensamientos luchaba el salmista en el salmo 73. Él dijo: Porque tuve envidia de los arrogantes al ver la prosperidad de los impíos. Y quizás tú estarás pensando: ¡No debería ser así!

Porque no hay dolores hasta su muerte, y su cuerpo es robusto. No sufren penalidades como los demás  mortales, ni son azotados como los demás hombres. Por tanto, el orgullo es su collar; el manto de la violencia los cubre. Los ojos se les saltan de gordura; se desborda su corazón con sus antojos. Se mofan, y con maldad hablan de opresión; hablan desde su encumbrada posición. Contra el cielo han puesto su boca, y su lengua se pasea por la tierra. He aquí estos son los impíos y, siempre desahogados, han aumentado sus riquezas. Salmos 73:7-9,12.

Pareciera como si ellos estuvieran floreciendo, ¿no es cierto? Están robustos, contentos y son exitosos. No pareciera como si fueran paja sin peso alguno.

Y lo que pasa es que cuando vemos eso, somos tentadas a comparar nuestra propia situación—nuestro sufrimiento, nuestros apuros y nuestras dificultades. Nos sentimos como si fuéramos a preguntarnos: ¿A dónde nos ha llevado el ser justas? Y es ahí en ese momento, en donde quiero que recuerden lo que dijo el salmista en el versículo 13 de ese Salmo 73: Ciertamente en vano he guardado puro mi corazón y lavado mis manos en inocencia; pues he sido azotado todo el día y castigado cada mañana.

¿Por qué estoy pasando por dificultades económicas cuando ellos tienen dinero en el banco? ¿Por qué tengo un hijo con problemas de salud cuando trato de honrar al Señor? Ellos lo tienen todo bien; y soy yo la que estoy luchando. Una amiga me comentaba la semana pasada sobre su amiga que había luchado contra la infertilidad. Ella está prestando sus servicios en una clínica de maternidad en donde ve a estas jóvenes con embarazos múltiples y con abortos  múltiples  pero ella misma no puede quedar embarazada y está luchando con eso.

¿Por qué Dios no me da algo bueno? Estoy tratando de tomar buenas decisiones, pero a simple vista no parece que estoy siendo bendecida por ello. A corto plazo en el aquí y ahora, puede parecer que son aquellos quienes no tienen devoción a Dios  o quienes no adoran, los impíos, parecería ser que son los que están prosperando y floreciendo y eso puede ser desgarrador para nosotras.

Es por eso que tenemos que ver todo el gran panorama, el panorama completo. Tenemos que ver el resultado final de la vida de aquellos quienes están sin Dios y sin adoración. En ese momento piensa en lo que sigue diciendo el salmista en el salmo 73: Cuando pensaba, tratando de entender esto, fue difícil para mí hasta que entré en el santuario de Dios; entonces (en la presencia de Dios) comprendí el fin de ellos.

No es lo que están experimentando ahora mismo—es el camino que llevan; es la trayectoria que recorren. Es el lugar al cual los lleva el camino y el destino final al cual se dirigen. El salmista sigue diciendo: ¡Cómo son destruidos en un momento! Son totalmente consumidos por terrores repentinos (v. 19). Son como paja que se lleva el viento.

Los impíos—cuyas vidas no giran  alrededor de Dios, aquellos que no han sido hechos justos por la fe en Cristo—no importa cuál sea o como parezca su éxito o su prosperidad, lo seguro es que será perecedero. Es engañoso, ilusorio y no perdurara. Eso es cierto sobre los impíos, los que no rinden adoración a Dios, los malvados. Es cierto también para los sistemas, las culturas, las empresas impías,  que no adoran  a Dios.

Vemos eso en el libro de Génesis. La torre de Babel, era el intento del hombre de tener control sobre su propia vida. Pero en un momento Dios lo convirtió  en nada. Entonces  llegamos al final de la Biblia, al libro de Apocalipsis. En el capítulo 18 ves esta asombrosa descripción de Babilonia la grande.

Primero lo vimos en la torre de Babel en Génesis, ahora vemos en el libro de Apocalipsis, el vasto sistema mundial Babilonia la grande, vemos que es grande, que es vasto, comercial, cultural y religioso. ¿Qué sucede en Apocalipsis capítulo 18?

Después de esto vi a otro ángel descender del cielo, que tenía gran poder, y la tierra fue iluminada con su gloria. Y clamó con potente voz, diciendo: ¡Cayó, cayó la gran Babilonia! Se ha convertido en habitación de demonios, en guarida de todo espíritu inmundo y en guarida de toda ave inmunda y aborrecible. Por eso, en un solo día, vendrán sus plagas: muerte, duelo y hambre, y será quemada con fuego; porque el Señor Dios que la juzga es poderoso. ¡Ay, ay, la gran ciudad, Babilonia, la ciudad fuerte!, porque en una hora ha llegado tu juicio. (vv. 1-2, 8,10)

Por milenios esta cultura y este sistema han dominado el pensamiento del mundo. Soy grande—nada me puede dominar. Pero en cuestión de una hora Dios destruye ese sistema mundial—la paja que se lleva el viento.

Y el fruto que tanto has anhelado se ha apartado de ti, y todas las cosas que eran lujosas y espléndidas se han alejado de ti, y nunca más las hallarás diciendo: “Ay, ay, la gran ciudad, que estaba vestida de lino fino, púrpura y escarlata, y adornada de oro, piedras preciosas y perlas! [Todos pensaban que Babilonia era próspera pero continúa diciendo porque en una hora ha sido arrasada tanta riqueza…" [¡En una hora!]

Y echaron polvo sobre sus cabezas, y gritaban, llorando y lamentándose, diciendo: “¡Ay, ay, la gran ciudad en la cual todos los que tenían naves en el mar se enriquecieron a costa de sus riquezas!, porque en una hora has sido asolada”. (vv.14, 16-17, 19)

Esa repetición es importante. Dios está diciendo: Por todos estos años pensabas que estabas prosperando aquí en la tierra—pero el tiempo ha  llegado en  que tienes que encontrarte con Dios. Y si no estás caminando en el camino de los justos, por la gracia de Dios a través de la fe en Cristo, en un momento todo se desvanecerá—será destruido, la paja que se lleva el viento o que se prepara para ser quemada.

Entonces un ángel poderoso tomó una piedra, como una piedra de Molino, y la arrojó al mar, diciendo: Así será derribada con violencia Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada. (v.21)

Como paja que se lleva el viento.

Si tú estás caminando bajo la gracia de Dios en el camino de justicia, entonces estás yendo en contra la multitud. No estás yendo con las multitudes. A veces puede ser abrumador para nosotras, ya seas tú  como individuo, como familia, como iglesia, o como pueblo de Dios al vivir en una cultura caída, rota, pagana sin adoración.

Puedes sentirte abrumada, aplastada al enfrentarte al oleaje de maldad y mantenerte firme buscando al Señor, pero  recuerda que  todo eso es nada para Dios. Toda esa presión abrumadora que sientes al  vivir en un mundo sin Dios, no tiene más peso para Dios que la paja que se lleva el viento sin ningún esfuerzo.

Entonces, como creyente, como comunidad cristiana, a veces pareciera que el mundo a nuestro alrededor, que los malvados están triunfando y por el momento sí lo están haciendo. Es por eso que en días como estos, necesitamos ver el gran panorama, necesitamos ver el resultado final. Necesitamos recordarnos que estos dos caminos llevan a finales diferentes.

Para aquellos que van en el camino de los impíos, al final, todo es un espejismo—todo eso que parece próspero y floreciente. Su modo de pensar es inútil, no tiene sustancia o estabilidad. Ellos no tienen raíces en la Palabra de Dios; por eso, sus vidas son como paja en el desierto de la que hemos hablado.

Pero los justos están plantados, viven vidas prósperas y llenas de fruto, prosperan en sus almas a largo plazo. Son capaces de resistir la adversidad y resistir los vientos porque están plantados en Cristo y en Su palabra.

Carmen: Quiero que este nuevo año cuente para la eternidad, por eso estoy agradecida por la perspectiva bíblica que hemos recibido de Nancy Leigh DeMoss.  La enseñanza de hoy es parte de la serie titulada, Cómo tener un feliz año nuevo. Una forma de hacer que este año cuente es tomar tiempo para leer la Biblia. Nancy te ha estado retando a hacerlo durante toda esta serie.

Queremos animarte a aceptar el reto. Déjanos saber si estás dispuesta a hacerlo escribiendo una nota al pie de la transcripción de estos programas, en nuestro portal de AvivaNuestrosCorazones.com.

También queremos que recuerdes lo que estás leyendo y lo tomes en una forma personal, por ello, queremos ofrecerte un folleto que ha creado nuestro equipo, titulado, Mi Diario Personal de Lectura Bíblica. Este diario será un lugar conveniente para capturar la perspectiva que recibas de la palabra de Dios durante este año. Visita AvivaNuestrosCorazones.com o y descárgalo gratuitamente.

Permíteme recordarte de algo que  Nancy siempre dice: Aviva Nuestros Corazones no es sustituto de los sermones de tu pastor y de tu iglesia.  Así que asegúrate de estar allí este fin de semana, y luego acompáñanos el lunes nuevamente aquí, en Aviva Nuestros Corazones.

¡Bendecido fin de semana!

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth  es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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