Podcast Aviva Nuestros Corazones

El Padre Nuestro, día 3

Annamarie Sauter: ¿Te ha pasado que al momento de orar, es muy fácil enfocarte en ti misma?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Cuando oro, con frecuencia, me doy cuenta que rápidamente, le estoy dando a Dios una lista de peticiones como una lista de supermercado, con todas mis cargas, todas mis preocupaciones, todos mis problemas, todas mis necesidades. «Señor, necesito esto, por favor haz esto por mi familia, por favor ayúdame con aquello, por favor resuelve esta situación o enséñame qué hacer sobre esta otra situación. Necesito sabiduría». Es muy bueno pedirle a Dios estas cosas, pero no empieces por ahí.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia Saladín.

Si la oración es más que una lista de compras, ¿cómo debemos orar? ¿Está bien que pidamos cosas? Nancy abordará estos temas al continuar con la serie que iniciamos el miércoles, titulada, «El Padre Nuestro».

Nancy: El barbero de Martín Lutero le pidió una vez a Lutero que le enseñara a orar. ¿No es eso maravilloso? Vio algo en Lutero y se dijo: «Este hombre sabe cómo orar. Este hombre sabe cómo conectarse con Dios». Entonces le preguntó: «¿Me podrías enseñar cómo orar?»

En respuesta a la pregunta de su barbero, Lutero escribió un pequeño libro titulado, «Método sencillo de oración». En ese libro comparte mucho sobre su propia vida de oración. Es un libro sencillo y corto.

Él habla acerca de cómo oró a través de los Diez Mandamientos, a través del Credo de los Apóstoles y a través del «Padre Nuestro». Él simplemente toma una frase a la vez, y enseña cómo él meditaba y profundizaba en ella.

Lutero dijo lo siguiente sobre el «Padre Nuestro»:

Al día de hoy succiono del «Padre Nuestro» como un niño, como un hombre viejo como y bebo de él y nunca me sacio. Es la mejor oración, mejor aún que el salterio, que es tan querido para mí. Es muy evidente que un verdadero Maestro [con M mayúscula] lo compuso y lo enseñó.

Le encantaba esta oración. La desarmó, la dividió, y meditó en ella frase por frase, como te animo yo hoy a hacerlo, a medida que vayamos avanzando en esta serie. Empieza a meditar en ella. Probablemente ya la tienes memorizada, pero órala mientras vas manejando, mientras te estás despertando, mientras te vas a dormir, mientras estás esperando en una fila. Solamente una frase a la vez. Tal vez una palabra a la vez. Medita en ella. Que sea tu oración.

Hubo un pastor y teólogo muy conocido en el siglo XIX que dijo:

Solía pensar que el «Padre Nuestro» era una oración corta; pero mientras más vivo, y veo la vida, creo que no es posible terminarla. Si un hombre al orar esa oración se detuviera en cada palabra, hasta orarla exhaustivamente, le tomaría toda la vida.

Así de tanto hay en «El Padre Nuestro».

Ahora, hemos dicho que el contexto del «Padre Nuestro» es el Sermón del Monte, Mateo capítulos 5, 6 y 7, un discurso sobre el reino de Dios y la familia de Dios. Jesús está diciendo que así luce la vida en el reino de Dios. Así son sus siervos. Así piensan. Así actúan. Así viven.

Entonces, cuando llegamos al «Padre Nuestro», que se encuentra exactamente a la mitad del Sermón del Monte en Mateo capítulo 6, nos damos cuenta —y esta ha sido una revelación creciente en mí a medida que lo estudio— de que no es acerca de cómo oramos. Es cierto que es una forma de orar, es dirección, es una guía para nuestra oración, pero es más que eso.

Es más que una simple forma de orar. Jesús nos está enseñando una manera de vivir. Una forma de pensar. Él pretende que sea la manera en la que vivamos toda nuestra vida. Estamos llamadas a orar sin cesar. Esta forma de pensar debe ser lo más importante todo el tiempo, sobre todo en nuestros corazones y mentes.

Por ejemplo, cuando oro, «venga Tu reino», eso me ayuda en mi oración. Vamos a hablar acerca de cada una de estas frases en las próximas sesiones. Pero también me ayuda en mi vida, porque al tomar decisiones o al ser tentada, puedo decir sí o no al pecado. Estoy aprendiendo que no debo nada más orar «venga Tu reino». Debo vivir «venga Tu reino».

¿Cómo luce eso? ¿Qué significa eso en este tiempo, en este momento de la vida ordinaria? ¿Cómo debe lucir la vida de un siervo de Su reino?

Así dice Jesús en Mateo 6:9:

«Vosotros, pues, orad de esta manera: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino.
Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. Danos hoy el pan nuestro de cada día».

Esta es una forma de vida. Veremos esto en cada una de estas frases. Una manera de vivir dependiendo de Dios, con la mirada puesta en Él, para que supla nuestras necesidades.

«Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal. (Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre jamás. Amén)» (Mat 6:9-13).

Ahora, en la sesión de hoy quiero que hagamos un resumen general del «Padre Nuestro». ¿Cómo se perfila? ¿Cómo se divide en partes? ¿Cuál es el flujo del «Padre Nuestro»? Vamos a ver el panorama general de la oración y luego en las siguientes sesiones vamos a empezar a desarmarlo parte por parte.

Empieza con, «Padre nuestro que estás en los cielos». Invocación. Adoración. Esto me dice que en el modelo que Jesús nos está dando de cómo orar, la alabanza precede a la petición. Este es el patrón de las oraciones a todo lo largo de las Escrituras: En el Antiguo testamento, el Nuevo Testamento, los salmos, los libros históricos, ves que en las oraciones a través de las Escrituras la alabanza precede a la petición. Alaba antes de pedir. La invocación viene primero.

Déjame darte un ejemplo de eso en 2 Crónicas capítulo 20. Tal vez quieras ir al pasaje en tu Biblia. Verás uno de los muchos ejemplos de esto en las Escrituras. Obtenemos el contexto de esta oración empezando en el versículo 1.

«Y aconteció después de esto, que los hijos de Moab y los hijos de Amón, y con ellos algunos de los meunitas, vinieron a pelear contra Josafat».

Josafat era el rey de la nación de Judá. Todas las fuerzas extranjeras reunieron a sus ejércitos. Las fuerzas aliadas vinieron en contra de Josafat y la gente de Judá.

Versículo 2: «Algunos hombres vinieron y dieron aviso a Josafat, diciendo: Viene contra ti una gran multitud de más allá del mar, de Aram y, he aquí, están en Hazezon-tamar, es decir, En-gadi» (v.2).

Están en un lugar cercano. Ese era el punto. Han venido de lejos. Una gran multitud de ellos. Un ejército enorme. Están a la vuelta de la esquina, ¡y vienen hacia nosotros!

Bueno, esta era una situación desesperante. Quizás, tú no has enfrentado a un ejército, pero en tu hogar puedes estar enfrentando un ejército de circunstancias desesperantes, terribles, negativas, inquietantes. ¿Qué haces? ¡Entras en pánico! Oras, ¿pero qué oras?

Versículo 3: «Josafat tuvo miedo y se dispuso a buscar al SEÑOR, y proclamó ayuno en todo Judá». 

Él se volvió al Señor. Eso es lo primero que debemos hacer en tiempos de peligro y aflicción. E hizo que otros oraran con él.

«Y se reunió Judá para buscar ayuda del SEÑOR; aun de todas las ciudades de Judá vinieron para buscar al SEÑOR» (v.4).

Sabían que el Señor era su única esperanza. Él era su única esperanza. No había forma posible de sobrevivir este violento ataque si Dios no intervenía sobrenaturalmente, y ellos sabían que Él lo podía hacer. Entonces fueron a Él.

Ellos no tenían recursos propios. Eso es la oración. Es reconocer: «Dios, no puedo manejar esto». Lo cual, por cierto, es verdad acerca de toda la vida sea que nos demos cuenta o no. Aun cuando las cosas no parezcan apremiantes. Es sorprendente que cuando son desesperantes sí oramos, pero, ¿oramos en el transcurso de los días normales? La oración es reconocer: «Señor, te necesito. No puedo hacer esto sin Ti». Entonces hicieron eso. Luego los versículos 5 y 6:

«Entonces Josafat se puso en pie en la asamblea de Judá y de Jerusalén, en la casa del SEÑOR, delante del atrio nuevo, y dijo (aquí está la alabanza): Oh SEÑOR, Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos? ¿Y no gobiernas tú sobre todos los reinos de las naciones? En tu mano hay poder y fortaleza y no hay quien pueda resistirte».

Ahora, piensa en esta situación por un momento. Ejércitos amontonados de Moabitas y Amonitas están a la vuelta de la esquina. Vienen con sus armas en gran multitud. ¿Crees que tú tomarías tiempo para orar el versículo 6? «Oh SEÑOR, Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos? ¿Y no gobiernas tú sobre todos los reinos de las naciones? En tu mano hay poder y fortaleza y no hay quien pueda resistirte».

¿Crees que estarías tentada a dejar de lado la parte de la alabanza e ir directo a la parte de ¡«ayuda»!? Josafat tenía más sensatez porque conocía a Dios y sabía que la alabanza precede a la petición. Entonces él toma tiempo para alabar, para exaltar a Dios. «Padre nuestro que estás en los cielos». Alabanza. Adoración. Admiración. Exaltación a Dios.

«Señor, Tú eres Señor. Tú eres el Dios de nuestros padres. Tú tienes un pacto con nosotros. Nosotros somos Tu pueblo. Tú eres Dios en el cielo. Eso significa que gobiernas sobre todos los reinos de las naciones. Venga Tu reino. En Tus manos están el poder y gran fuerza para que nadie pueda resistirte. Sea Tu voluntad».

Alabanza. Adoración. Entonces y solamente entonces llega la petición del versículo. La petición es importante, pero la alabanza tiene que preceder a la petición. Así que vemos en el versículo 10:

«Y ahora, he aquí, los hijos de Amón y de Moab y del monte Seir… mira cómo nos pagan, viniendo a echarnos de tu posesión, la que nos diste en heredad».

«Oh Dios nuestro, ¿no los juzgarás? Porque no tenemos fuerza alguna delante de esta gran multitud que viene contra nosotros, y no sabemos qué hacer; pero nuestros ojos están vueltos hacia ti» (2 Crón 20:12).

Esa, a propósito, es realmente la oración en su forma más simple, la esencia de la oración. «Dios, no sabemos qué hacer, pero Tú eres Dios y nuestros ojos están puestos en Ti». Es la oración de desamparo. Esa oración de necesidad. Esa oración de desesperación.

¿No se podría decir esto de cada área de nuestras vidas? «Señor, no sabemos qué hacer. No sé cómo ser una buena esposa. No sé cómo ser una buena mamá. No sé cómo tratar con esta situación en mis desacuerdos con mis hijos adultos. No sé cómo tratar con esta situación en el trabajo con este jefe que es imposible de complacer».

«No sé qué hacer con este diagnóstico que me dieron que parece tan desesperante. No sé qué hacer con el hecho de que mi esposo perdió su trabajo y no sabemos cómo vamos a alimentar a nuestros hijos. Señor, Tú eres Dios, nuestro Padre que está en los cielos. Venimos a Ti, primero para alabarte y conscientes de que sigues siendo Dios aunque este ejército se levante en nuestra contra. Sigues siendo bueno. Sigues estando en control. No has caído de Tu trono».

Alabanza, adoración, y luego petición. «Señor, ayúdame. ¿Qué hacemos? No sabemos qué hacer. Nuestros ojos están puestos en Ti». Ese es el orden.

Entonces cuando vamos al «Padre Nuestro», empieza con alabanza. «Padre nuestro que estás en los cielos». Esa es solo una versión corta. Puedes ampliarla como lo hizo Josafat o a veces tal vez solo clamar la versión corta. ¡«Padre»! Alabanza. Reconocer quién es Él. Détente. Piensa a quién le estás hablando. Levanta tus ojos. Alábalo. Y luego vienen las peticiones.

Ahora, en el «Padre Nuestro», encontramos seis peticiones. Están divididas en dos secciones de tres. La primera parte son tres peticiones acerca de Dios y su gloria. Santificado sea Tu nombre. Venga Tu reino. Hágase Tu voluntad. Todo es acerca de Dios, Su nombre, Su reino, Su voluntad. No hay pronombres personales en la primera mitad del «Padre Nuestro».

Luego viene la segunda mitad, y tiene tres peticiones más. Esta vez son acerca de nuestras necesidades, de las necesidades de la familia. Primero hablamos acerca de nuestro Padre, Su gloria, Su reino, Su nombre, Su voluntad. Luego hablamos acerca de nuestras necesidades, las necesidades de Sus hijos. Llevamos cada preocupación al Señor. Danos. Perdónanos. No nos dejes caer en tentación.

Estas tres peticiones acerca de nuestras necesidades cubren cada situación posible. Cubren nuestras circunstancias presentes. «Danos hoy el pan nuestro de cada día». Cubren nuestras situaciones pasadas. «Perdónanos nuestras deudas». Esos son los pecados que hemos cometido contra Tí. En el pasado. Señor, trata con la pena, con la culpa, con el fracaso del pasado. Estas peticiones cubren el futuro. «No nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal».

Entonces oramos por provisión, el pan nuestro de cada día. Oramos por perdón, perdónanos nuestras deudas. Y oramos por la protección de Dios, no nos dejes caer en tentación. Protégenos. Líbranos del mal. Cubren todo: provisión, perdón, protección, el pasado, el presente y el futuro.

Date cuenta del orden de esas peticiones. La primera mitad, todas acerca de Dios, Su Gloria, Su nombre, Su reino, Su voluntad. Cuando vamos a orar, es importante que nunca empecemos con nuestras propias necesidades; que nuestras peticiones empiecen con peticiones para la gloria de Dios. A veces tenemos necesidades que nos desesperan. Lo sentimos. El ejército se está acercando. Podrías tener un ser querido que se está muriendo.

Tengo una amiga que su suegra, que está ahora en sus ochenta o noventa, está firmemente en contra del Señor. Mi amiga está muy cargada con la salvación de su suegra. Ella ora por ella. Quizás tú estás orando por la restauración de un matrimonio estropeado, sin esperanza. Podrías estar orando por una situación de enfermedad o una crisis que estás enfrentando en tu familia, en tu trabajo o en tu iglesia.

En Aviva Nuestros Corazones oramos por necesidades específicas relacionadas con nuestro ministerio. Elevamos estas peticiones al Señor, y es lo correcto. Pero necesitamos tenerlas en el orden correcto. Antes de orar por nuestras propias necesidades y nuestras propias preocupaciones, tenemos que orar por las preocupaciones de Dios, por lo que es de suma importancia para Él.

Ves, cómo al acercarnos a orar, al menos hablando en lo que a mí se refiere, tiendo a ser egoísta. Así, que me pongo a orar, y frecuentemente, casi de inmediato me doy cuenta que estoy dándole a Dios una lista de pedidos como la lista de supermercado, con todas mis cargas, todas mis preocupaciones, todos mis problemas, todas mis necesidades.

«Señor, necesito esto, por favor haz esto por mi familia, por favor ayúdame con aquello, por favor ayúdanos con este y este ministerio. Por favor mándanos esta persona que necesitamos en nuestro personal. Por favor provee para esta necesidad financiera. Por favor resuelve esta situación o enséñame qué hacer sobre esta situación. Necesito sabiduría».

Es muy bueno pedirle a Dios estas cosas, pero no empieces por ahí. Empecemos donde empieza el «Padre Nuestro», con preocupación por el reino de Dios, por Su nombre, porque se haga Su voluntad.

Al estar trabajando y estudiando en esta serie, me han llegado varias peticiones urgentes de oración. De hecho, algunas de ellas llegaron con horas de diferencia una de la otra, hace un par de semanas. Estaba en una llamada en conferencia y una de las personas nos dijo que pensaba que esa mañana su esposa había perdido el bebé que estaban esperando. Él pidió oración por su esposa.

Entonces nos pusimos a orar en el teléfono. Mientras estaba en esa llamada, me llegó un correo electrónico de una amiga que había encontrado a su hijo de tres años dentro del estanque de su patio, azul, sin respirar. Este SOS fue enviado como una petición de emergencia.

Creo que ese mismo día o poco después recibí otro correo electrónico, de una amiga cuya hija adulta se había quitado la vida. La familia estaba en crisis. Tengo otra amiga que ha tenido una carga muy grande en su corazón con relación a una cita en la corte donde piensan que le van a quitar a este hijo que han estado tratando de adoptar y lo van a mandar de regreso al hogar de la madre biológica, y ellos saben que esta es una situación peligrosa, negativa y dañina. Esta familia ha cuidado a este niño por más de un año. Esperaban adoptarlo permanentemente. Luego les dieron la noticia que parecía que les iban a quitar el niño. Ellos han estado orando y han pedido oración a otros. He mencionado a la esposa de un miembro de nuestro personal que está enfrentando un diagnóstico que parece ser una grave enfermedad neurológica.

Estas peticiones llegan a nosotros. Hay otras peticiones, personas en tu iglesia, en tu familia, amigos y amigos de amigos. Ahora con el correo electrónico nos llegan peticiones todo el tiempo, de circunstancias y situaciones desesperadas.

Estas cosas deberían ser motivos de oración. Son las cosas que le interesan a nuestro Padre. Son las cosas que quiere que llevemos ante Él. Pero la pregunta es: ¿Cómo oramos acerca de estas cosas? Nuestro instinto es empezar con las peticiones urgentes: Señor: ¡Mi amiga acaba de pasar por esto! Señor, por favor ayúdala en esta situación. Pero de acuerdo a la manera en que Jesús nos enseñó a orar, hay una mejor forma de empezar. No importa qué tan urgente o desesperante sea nuestra petición, el punto de partida es, nuestro Padre. Padre Nuestro.

«Señor, venimos ante Ti como hijos. Alguien en la familia tiene una necesidad y Te queremos hablar acerca de esta necesidad, pero queremos que sepas que al poner esta necesidad delante de Ti, nuestro deseo supremo es que Tú seas glorificado; que Tu nombre sea reverenciado como resultado de esta situación. Queremos que sea evidente en esta situación Tu reino y Tu autoridad. Queremos que se haga Tu voluntad en esta situación».

Invité a unos amigos a comer hace unas semanas, y estábamos sentados alrededor de la mesa cuando el esposo recibió una llamada en su celular. Se levantó a tomar la llamada y su esposa se dio cuenta inmediatamente que era una llamada que había estado esperando, era una situación de crisis que su esposo estaba ayudando a resolver.

Inmediatamente, ella puso sus manos en la mesa. Nos tomamos de la mano y empezamos a orar. Esta esposa –yo no le había dicho que estaba enseñando sobre el «Padre Nuestro»– pero ella empezó a orar a través del «Padre Nuestro»; oraba por su esposo mientras él en la sala atendía la llamada en su celular.

«Padre nuestro que estás en los cielos». Empezó a orar que el nombre de Dios fuera santificado en esta situación; que Él fuera reverenciado; que Su gloria fuera vista; que Su reino viniera; que se hiciera Su voluntad. Pensé, mientras la estaba escuchando orar, esto es de lo que Jesús hablaba.

Cuando enfrentes situaciones de crisis, ejércitos viniendo en tu contra, ora de esta manera, en este orden. Recuerda la prioridad de tus peticiones. Primero, la gloria de Dios, y luego nuestra necesidad. Así que, alabanza antes que petición y Él antes que nosotras. Eso es lo que aprendemos mientras le echamos una mirada general al «Padre Nuestro».

Haddon Robinson es un nombre que resulta familiar para algunas de ustedes. Es un gran predicador y maestro de la Biblia. Él cuenta que cuándo sus hijos estaban pequeños, jugaba un juego con ellos. Ponía unas monedas en su puño, lo cerraba muy fuerte, y sentaba a sus hijos en sus piernas. Entonces ellos trataban de abrir su mano y sacar las monedas que estaban en el puño cerrado.

El Dr. Robinson dice:

De acuerdo a las reglas para abrir la mano, una vez que un dedo estaba abierto, no se podía cerrar otra vez. Entonces batallaban hasta que conseguían los centavos de mi mano. Luego brincaban y corrían llenos de felicidad y emoción. Eran solo niños. Era solo un juego.

A veces cuando nos acercamos a Dios, venimos tras los centavos en Su mano. «Señor, necesito una buena calificación. Ayúdame a estudiar. Señor, necesito un trabajo. Señor, mi mamá está enferma». Alcanzamos los centavos, y luego, cuando Dios nos da lo que queremos, nos alejamos de la mano. Salimos corriendo a jugar. Más importante que los centavos en las manos de Dios, son las manos mismas de Dios.

De eso se trata la oración.

Así que si nos fijamos en la oración del «Padre Nuestro», vemos la prioridad. Su nombre, Su reino, Su voluntad. Y nos damos cuenta que mi felicidad personal, mis necesidades, mi bienestar o el de aquellos que amo, todos son secundarios ante preocupaciones mucho más grandes. «Santificado sea Tu nombre. Venga Tu reino. Hágase Tu voluntad».

En nuestra vida de oración, la manera en la que oramos revela lo que realmente tiene más significado para nosotros. Entonces, ¿qué dice tu vida de oración acerca de tus prioridades? Al orar, ¿estás recordando que la alabanza precede a la petición y que Él es antes que nosotros? La mano de Dios, no solo los centavos en Su mano. Sabes que cuando recibes la mano de Dios, recibes los centavos y todo lo demás que Él tiene para ofrecerte.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado mostrándonos lo que es verdaderamente prioritario en la oración. Ella regresará para orar con nosotras.

Este mensaje es parte de la serie titulada, «El Padre nuestro». Meditar en esta porción de la Escritura puede marcar una gran diferencia en la forma en la que hablas con Dios.

Y para que saques el mayor provecho de esta serie, nos gustaría enviarte un acceso para descargar un folleto que puedes usar para acompañar estas enseñanzas y crecer en tu vida de oración. Se trata del folleto digital, «Devocional de 30 días: El Padre Nuestro». Te enviaremos un acceso para descargarlo por tu donación. Asegúrate de indicar que quieres recibir el«Devocional de 30 días: El Padre Nuestro», al apoyarnos con tu donación. Hazlo a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

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«Padre nuestro». Seguro estás familiarizada con estas palabras que dan inicio a la oración que estaremos estudiando en estas semanas. Está llena de significado, mucho más que el saludo de una carta. Descubre por qué, el lunes, al continuar con esta serie, «El Padre nuestro». Aquí está Nancy para cerrar en oración.

Nancy: Oh Señor, queremos buscarte, Tu voluntad, Tu Gloria, Tu nombre y Tu reino. «Señor, eres digno de alabanza. Tú eres nuestro Padre en los cielos, Tu nombre es santificado, es sagrado, y es santo. Te alabamos. Te exaltamos. Oramos por Tus intereses, Tu agenda, y que las cosas que muevan Tu corazón también muevan nuestros corazones.

«Enséñanos a orar, Señor, enseñanos cómo presentar nuestras peticiones delante de Ti en el orden correcto. Enséñanos a alabar antes que a pedir y a ponerte a Ti antes que a nosotras. Que sea Tu reino, no el nuestro; Tu voluntad, no la nuestra; Tu nombre, no el nuestro, lo que busquemos sobre todo lo demás. Ayúdanos a buscar Tu mano, a buscar Tu corazón, a buscarte con todo nuestro corazón». Oramos en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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