Aviva Nuestros Corazones Podcast

El Padre Nuestro, día 4

Annamarie Sauter: ¿Cuál es el título que más usas para referirte a Dios?

Nancy: Yo creo que el título de Padre, es con frecuencia unos de los nombres distintivos que usamos como cristianos para referirnos a Dios.

Mientras hacía este estudio, aprendí que los musulmanes tienen noventa y nueve nombres para Dios —nombres como el Poderoso, el Irresistible, el conquistador convincente, el Magnificente, el Majestuoso, el Sublimemente Exaltado, el Protector, el Benefactor... y así sucesivamente— hasta llegar a los noventa y nueve nombres que tienen para Dios.

Pero ninguno de estos nombres es Padre. Solo los cristianos, en el sentido estricto de la palabra, podemos llamar a Dios, «Padre».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

La semana pasada Nancy dio inicio a un estudio sobre la oración, el Padre Nuestro. Al explorar esa oración, veremos por qué las palabras iniciales, «Padre Nuestro», son tan importantes.

En la escuela probablemente aprendiste que todas las cartas llevan un saludo, algo como: «Estimado señor esto o aquello». Bueno, creo que el Padre Nuestro inicia con palabras que dan a entender algo similar, pero Nancy nos explicará por qué es mucho más que eso. Aquí está ella con nosotras.

Nancy: El Dr. Mark Ashton Smith era catedrático de la Universidad de Cambridge en septiembre del 2001. Tenía 33 años en ese entonces.

Él navegaba en su kayak por el sur de Inglaterra en la costa de la Isla de Wight, y su kayak zozobró en aguas muy traicioneras y turbulentas. Así que se aferró a su kayak y sostenía su teléfono celular tratando de pensar a quien llamar, cómo obtener ayuda. . . o sería su fin.

Lo primero que le vino a la mente, la primera cosa que se le ocurrió hacer, fue llamar a su padre. No le importó que en ese momento su papá estuviera a más de cinco mil kilómetros de distancia. Su padre, sin perder tiempo, transmitió esta llamada de auxilio a la guardia costera. Él pudo encontrar el auxilio más próximo para su hijo.

Irónicamente, el guardacostas se encontraba aproximadamente a un kilómetro de donde ocurrió el accidente y a los doce minutos, un helicóptero estaba en la escena. Éste sacó a Ashton Smith fuera del agua y lo rescató.

¿A quién pensó él en llamar primero? ¡A Papá! «Necesito ayuda». Su padre se encontraba a más de cinco mil kilómetros de distancia, pero ese padre supo qué hacer; él supo cómo conseguir la ayuda que estuviera más cercana a su hijo, supo cómo moverse para acelerar los acontecimientos que dieron como resultado el rescate de su hijo.

Cuando leí esta historia, recordé que nosotros somos a menudo como el kayakista, en peligro, en riesgo. Cuando nos vamos a hundir, nos damos cuenta que nuestro primer impulso debe ser llamar a casa, llamar a nuestro Padre, el único que nos puede ayudar, el único que nos va a ayudar cuando lo llamamos.

Me pregunto cuántas veces no obtenemos ayuda porque no llamamos. Este hombre pensó sabiamente: «Necesito llamar a mi papá».

Jesús les dijo a sus discípulos: «Cuando oren, háganlo así: Padre nuestro» (Mat 6:9). Llama a casa. «¡Papi, te necesito!»

Estamos iniciando el Padre Nuestro. Hemos mirado el contexto, y quisiera animarte una vez más durante estas semanas de estudio, a que continúes leyendo el Padre Nuestro, citándolo, meditándolo, memorizándolo frase por frase, palabra por palabra.

Nos tomaremos el tiempo suficiente en este estudio para que lo puedas hacer junto con nosotras. Hoy notarás que finalmente llegamos a la oración, y que la oración inicia con Dios.

Toda verdadera oración inicia con Dios, no con nosotras. La oración está dirigida a Dios. Padre Nuestro son las dos primeras palabras. Eso pone a Dios en el centro de nuestra oración, no a nosotras.

Tú dirás, «¿por qué necesitas seguir repitiendo eso?» Porque seguimos olvidándolo. Somos tan egocéntricas que desde nuestra niñez nos inclinamos por naturaleza hacia nosotras mismas; en «mí». Cuando crecemos, encontramos maneras más sofisticadas de egocentrismo, pero de igual forma seguimos siendo egocéntricas.

Cuando Jesús nos enseñó a orar nos dijo: «Quita la mirada de ti, levántala y ponla en Dios, nuestro Padre». Luego Él nos enseña como orar: «Padre Nuestro».

Cuando Jesús dice que debemos orar, «Padre nuestro», nos recuerda que la oración es algo muy personal. La frase Padre nuestro es lo que le da carácter personal a la oración.

No le estamos hablando al aire. No nos estamos hablando a nosotras mismas. La oración es hablar con Dios, con una persona. Tú sabes que Él existe. Primero, estamos asumiendo que Dios existe, y segundo, que Él nos escucha; que Él está atento a nosotras y que Él va hacer algo con nuestra oración. 

Hebreos 11:6 nos dice: «Sin fe es imposible agradar a Dios»; Si vienes a Dios, «es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe, y que es remunerador de los que le buscan».

Así que, cuando oras, es una expresión de fe. Es, «Señor, no te podemos ver, pero creemos que Tú estás aquí. Creemos que Tú realmente existes. Creemos que tenemos un Padre que quiere que oremos; que nos está escuchando cuando oramos, el cual nos puede escuchar y puede hacer algo por nuestras necesidades».

Yo creo que Padre, es uno de los nombre distintivos que nos caracteriza como cristianas porque lo usamos para Dios. Aprendí mientras hacía este estudio que los musulmanes tienen noventa y nueve nombres para Dios —nombres como el Poderoso, el Irresistible, el conquistador convincente, el Magnificente, el Majestuoso, el Sublimemente Exaltado, el Protector, el Benefactor. . . y así sucesivamente— hasta llegar a los noventa y nueve nombres que los musulmanes tienen para Dios.

Pero ninguno de esos nombres es Padre. Solo los cristianos, podemos llamar a Dios «Padre» en toda la extensión de la palabra.

Jesús nos dice que oremos a nuestro Padre y quisiera que hiciéramos un alto y nos diéramos cuenta: Si hubiéramos estado en lugar de los discípulos en esa época, en la transición entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, quiero que nos imaginemos lo sorprendente que habría sido escuchar a Jesús decir que debemos orar: «Padre Nuestro».

Estamos tan acostumbradas a esta oración que no nos parece que sea algo fuera de lo común. Pero para los oídos de aquellos judíos que vivieron en la época de Cristo, esta era una manera sorprendente de empezar una oración.

Los discípulos nunca hubieran pensado en comenzar su oración con: «Padre Nuestro». Jesús les dijo: «deben orar a nuestro Padre».

Ahora, para que tengamos algunos antecedentes de por qué esto era tan increíble, debemos saber que había dos grandes filosofías en el mundo pagano precristiano. Ellos tenían una visión muy diferente de Dios.

En primer lugar, estaban los estoicos. El estoicismo veía a Dios como alguien sin sentimientos ni emociones. Sin pasión. Indiferente.

Luego estaban los epicúreos. Para los epicúreos, Dios estaba completamente separado del mundo y de todo lo que pasaba en él. No se involucraba en los asuntos del mundo. No le importaban.

Así que tenemos a los estoicos, que dicen que Dios no tiene pasión, y a los epicúreos que dicen que Dios no se involucra y es distante.

En el Antiguo Testamento, los judíos conocían a Dios de una mejor manera. Dios se había revelado a ellos en el Antiguo Testamento. La imagen que ellos tenían de Dios en el Antiguo Testamento, con frecuencia dejaba a las personas atemorizadas, petrificadas y temerosas de Dios.

 «No te acerques a este monte. No lo toques o morirás. Porque Dios es tan majestuoso y tan santo», como realmente Él es.

Los judíos del Antiguo Testamento habían desarrollado una reverencia enorme por el nombre de Dios. Ni siquiera pronunciaban el nombre de Dios en voz alta. Dios era demasiado alto y demasiado santo para ser llamado por Su nombre.

Y no era que su punto de vista acerca de Dios estuviera equivocado, sino que estaba incompleto. Como ves, los judíos del Antiguo Testamento no conocían a Dios de la manera en que Jesús, Su unigénito, lo conocía; quien tenía una relación íntima Padre-Hijo con Dios.

Él vino a la tierra para mostrarnos que nosotras podemos tener esa clase de relación con Dios que resultaba inaudita aun para los propios judíos que conocían al Dios del antiguo testamento. A lo largo de todo el Antiguo Testamento, a Dios se le mencionó como Padre solo catorce veces, y cuando esto sucede, siempre es en relación a la nación de Israel.

Así que entra Jesús en una cultura que tiene un enorme respeto y reverencia por el nombre de Dios. Tanto, que no pueden pronunciar Su nombre en voz alta y encontraron formas indirectas para referirse a Dios.

Esta cultura entendió que sí, que Dios era Su Padre, el Padre de la nación de manera colectiva, pero ellos nunca se atreverían a llamar a Dios, «Padre Nuestro» de manera personal. Jesús entra a este ambiente y dice: «Abba, Padre».

Esto fue impactante. Fue como una gran desconexión; increíble que alguien tuviera la audacia y la libertad de hablarle a Dios de esa manera, y luego actuar como si tuviera una relación de intimidad personal con Dios.

La cuestión era que Jesús no estaba pretendiendo. Él tenía ese tipo de relación con Dios y vino a revelarla a esos sorprendidos creyentes que habían salido de la era del Antiguo Testamento. Quienes ahora podían disfrutar de una relación con Dios que nunca creyeron que fuera posible.

Jesús reveló a Dios, también mostró una relación radicalmente diferente con Él. De hecho, la idea de tener una relación personal con Dios fue radical.

Así que Jesús ora: «Abba, Padre». Esa palabra abba, en arameo significa papito, es una palabra tierna; es un término familiar, cálido e íntimo. Era impensable que los seres humanos pudieran hablarle a Dios de esa forma.

Luego llegamos a los evangelios y encontramos que más de sesenta veces (catorce referencias a Dios como Padre en todo el Antiguo Testamento), Jesús llama a Dios Padre. Es una forma radical y diferente de mirar a Dios.

En Mateo 6, hemos visto en las sesiones anteriores, en los primeros dieciocho versículos, existen diez referencias a Dios como Padre.

En el sermón del monte, en Mateo de los capítulos del 5 al 7, hay diecisiete referencias a, «vuestro Padre» y «vuestro Padre que está en el cielo». Jesús introdujo una relación con Dios que pocos creyentes del Nuevo Testamento conocían.

Al analizar el sermón del monte (y las animo a hacerlo en algún momento), he ido a través de mi Biblia marcando todas las referencias al Padre que se encuentran en Mateo en los capítulos del 5 al 7, teniendo en cuenta que durante miles de años, los judíos nunca pudieron llamar a Dios, «Padre nuestro».

Y aquí viene Jesús. Márcalas si quieres en Mateo 5–7:

  • 5:16: «nuestras vidas son para darle gloria a nuestro Padre que está en los cielos»
  • 5:45: «para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos»
  • 5:48: «vuestro Padre celestial es perfecto»
  • 6:4, 6, 18: «y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará»
  • 6:8: «porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes que vosotros le pidáis»
  • 6:14–15: «vuestro Padre celestial . . perdonará vuestras transgresiones»; siempre hace referencia a Dios como: «vuestro Padre»
  • 6:26: «vuestro padre que está en los cielos alimenta las aves» Independientemente de cualquier esfuerzo que ellas hagan, yo agregaría. Así que Jesús dice, «no estén ansiosos por lo que habrán de comer, porque vuestro padre cuida de los gorriones, de las aves».
  • 6:32: «vuestro Padre sabe que tenéis necesidad». Él está introduciendo un nuevo concepto de Dios, quien es bondadoso, compasivo.
  • 7:11: «vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden»
  • 7:21: «aquellos que hacen la voluntad de mi Padre que está en los cielos» entrarán en el reino.

Jesús llega para introducir el reino de Dios, el reino de los cielos (que es lo mismo), y Él nos presenta el camino al Padre (nuestro Padre), quien es el Rey de ese reino y dice, «puedes conocerlo como Padre. Lo puedes llamar Padre. Te puedes dirigir a Él como Padre. Él es un buen Padre».

¡Solo imagina los primeros creyentes haciendo un corto circuito! Preguntándose: «¿Cómo es posible conocer a Dios como Padre?» A propósito, pienso que éste es un mensaje muy necesario en esta generación en la que hay tantas relaciones rotas y disfuncionales entre padres e hijos.

Creo que es muy importante que enseñemos a nuestra cultura el hecho de que hay un Padre celestial bueno, sabio, amoroso y bondadoso en quien podemos confiar.

Tal vez decir: «Padre nuestro» hoy, es tan radical como lo fue para aquellos discípulos en tiempos de Jesús.

Al orar, cuando enseñes a otros a orar, y cuando enseñes a tus hijos a orar a Dios, necesitas enseñarles a decir: «Padre nuestro» para que tengan un sentido bíblico del tipo de Padre que Él es.

Ahora bien, el hecho de que iniciemos esta oración diciendo, «Padre nuestro», es algo hermoso, pero también es un concepto exclusivo. No todos pueden decir: «Padre nuestro».

Hay muchas personas que no pueden hacer esta oración. De hecho la mayoría no puede orar así. Solo aquellos que son hijos de Dios, que son Sus hijos, pueden orar, «Padre Nuestro».

Esto va en contra de lo que la teología moderna ha enseñado acerca de la paternidad universal de Dios y de la hermandad de los hombres. «Todos somos hijos de Dios, todos sin excepción», y cantamos eso y hablamos de eso; espero que esto no ocurra en la iglesia a la cual asistes, pero muchas iglesias tienen este concepto.

«Todos hijos de Dios... diferentes caminos, diferentes creencias, diferentes formas de ver a Dios, pero todos somos sus hijos». No es así, de acuerdo a la Palabra de Dios.

Jesús les dijo a los judíos, los judíos religiosos de Su tiempo, algo que también tuvo que ser sumamente impactante para ellos. Él les dijo: «Ustedes son de su padre el diablo» (Juan 8:44).

¡Uf! Quiero decir, estos eran los judíos que tenían tanto respeto por Dios que no podían pronunciar Su nombre en voz alta; y Jesús les dijo: «Ustedes pueden tener el lenguaje correcto, la conducta correcta, las acciones correctas; pero Dios no es su Padre. Ustedes son de su padre el diablo».

Tal vez pienses, «eso lo dijo porque ellos eran hipócritas». ¿Sabes qué? Cada uno de nosotros nace en este mundo como un hijo del diablo. Todo ser humano ha nacido —aparte del Señor Jesús— Dios dice que ha nacido «como hijo de ira» (Efe. 2:3), hijo del diablo (1 Jn 3:10), hijos de este mundo y del reino de este mundo.

Para poder ser hechos hijos de Dios, tenemos que ser sacados del reino en que nacimos y llevados a otro reino, a otra familia, a la familia de Dios. Renacer para llegar a ser hijos de Dios.

Juan 1:11-13 nos dice que Jesús: «A los suyos vino, y los suyos no le recibieron.Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre,que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios».

Cuando tú naces físicamente, no naces siendo hija de Dios. Tenemos que convertirnos en hijas de Dios. Tenemos que tener la potestad, el derecho de ser hechas hijas de Dios, y eso sucede solo a través de la fe en Jesucristo.

Así que, aquellos que no tienen esa relación con Él, no lo pueden invocar, no pueden orar. No le pueden decir: «Padre nuestro», porque nuestra comunicación con Dios, es como con un familiar. Toda la base para acercarnos a Dios y hacerle peticiones es nuestra relación con Él cómo Sus hijos.

Aquellos que no conocen a Dios como padre no tienen fundamento para hacerle peticiones. Si tus hijos quieren un aumento en su mesada o quieren algo especial para su cumpleaños ¿a quién se lo piden? No van con el padre del vecino. Se lo piden a sus propios padres.

Jesús está diciendo: «¿Quieres que se te conteste tu petición? Tienes que tener una relación Padre-hijo con Dios».

Ahora, eso es un gran consuelo para aquellas de nosotras que somos sus hijas. Así que cuando oras, ¿te detienes y piensas en esto? Si no lo haces, puedes ser culpable de vanas repeticiones. ¿Crees el hecho de que nuestra capacidad de dirigirnos a Dios como Padre es solamente posible a través de Su Hijo, Jesucristo?

Jesús dijo: «Nadie viene al Padre si no es a través de mí» (Juan 14:6), a través de Cristo y Su muerte en la cruz; Él ha abierto el camino para que podamos tener una relación con Dios como nuestro Padre. Esta es una relación de adopción.

En Romanos 8:14-16 podemos leer acerca de esa relación:

«Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!» 

Jesús oraba «Abba Padre». Nosotras podemos orar «Abba Padre», ese término familiar, íntimo y tierno, porque «el Espíritu mismo le da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios».

El Espíritu nos adopta en la familia de Dios cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo y en Su muerte en la cruz; luego el Espíritu nos reafirma en esa relación, porque algunas veces dudamos de que seamos hijos de Dios, debido a que interrumpimos nuestra comunión con Él, y empezamos a dudar: ¿Seré realmente una hija de Dios?

Ha habido ocasiones en mi propia vida en las que he pensado, «no puedo creer la forma en la que he actuado». ¿Cómo puedo ser cristiana y actuar de esta forma?

¿Alguna vez has tenido esos pensamientos? Es el Espíritu quien te trae convicción. Es el Espíritu también quien nos da el don del arrepentimiento, restaura nuestra comunión y nos da seguridad en nuestros corazones de que le pertenecemos a Dios.

Él sigue diciendo en Romanos 8:17, «y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo» ¿Sabes lo que eso significa? 

Como hijos y como herederos de Dios, tenemos pleno derecho y privilegios de familia. Coherederos con Cristo, todo lo que es de Él es también nuestro por adopción en la familia de Dios. Eso significa que tenemos libertad y confianza para acercarnos a Él con nuestras peticiones, por esa relación que tenemos de Padre-hijo.

Así que permíteme hacerte algunas preguntas un poco más personales:

¿Es Dios tu Padre? No estoy preguntando si oras, «Padre nuestro que estás en el cielo santificado sea tu nombre». Te estoy preguntando, si es Él realmente tu Padre

  • ¿Has sido adoptada en Su familia? ¿Te ha sido dado el derecho de ser llamada hija de Dios por poner tu fe en Cristo y solo en Él?
  • ¿Estás siendo guiada por el Espíritu de Dios?
  • ¿El espíritu te da testimonio de que eres hija de Dios?
  • Cuando oras, «Padre nuestro que estás en los cielos», ¿estás consciente de a quien le oras? ¿Vienes a Él cómo tu Abba Padre, o te acercas a Él como alguien distante, alguien que está muy lejos?
  • ¿Sabes a quién le hablas cuando dices «Padre nuestro»? Pensando en aquél kayakista de la costa de Inglaterra, ¿cuando tienes una necesidad y estás a la deriva, a quien llamas?
  • ¿A quién llamas primero? ¿Tienes ese instinto de llamar primero a tu Padre? ¿O le llamas como último recurso, cuando todo lo demás ha fallado y todas las otras líneas están ocupadas? 

¿Sabes qué? Tu barco puede estar a la deriva para entonces. ¿Le llamas a Él primero o buscas alguna otra persona u otro recurso para llenar tus necesidades? Jesús dijo: «Cuando ores, ora así: Padre nuestro» (Mat. 6:9).

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth regresará para orar con nosotras. Esta enseñanza que acabas de escuchar es parte de la serie titulada, «El Padre Nuestro».

Si esta serie ha despertado en ti hambre de saber cómo orar, espero que des un próximo paso. ¿Reflexionarías sobre la oración, «El Padre Nuestro» por los próximos 30 días en tu tiempo devocional? Nuestro equipo ha preparado un folleto digital basado en esta serie, titulado, «Devocional de 30 días: El Padre Nuestro». Este es un excelente recurso que te ayudará a recordar lo que estarás escuchando a lo largo de esta serie, y profundizar aún más.

Como agradecimiento por tu donación, te enviaremos un acceso para descargar el folleto digital, «Devocional de 30 días: El Padre Nuestro». Para hacer tu donación e indicar que quieres recibir este recurso, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com. Allí también podrás escuchar, descargar o compartir fácilmente, tanto el audio como la transcripción de este programa.

Es muy probable que no puedas reunirte hoy con el presidente de tu país, pero puedes hablar con alguien mucho más poderoso, de manera directa. Nancy te hablará más acerca de esto mañana. Ahora, ella regresa para cerrar en oración.

Nancy: Padre nuestro, como te agradecemos que podemos acercarnos a ti con confianza, libertad y seguridad. Gracias por esa relación tan diferente que Jesucristo nos reveló y que Él mismo hizo posible para nosotras.

Padre, te amamos. Gracias porque lo podemos decir. En el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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