Podcast Aviva Nuestros Corazones

La trampa de la incredulidad

Annamarie Sauter: La Biblia nos dice que Josué recibió un increíble mensaje de parte de Dios.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Dios dijo, Yo he puesto delante de ustedes esta tierra buena y abundante, esta tierra de la que fluye leche y miel. Es de ustedes. Es suya. Sí, habrá batallas. Sí, habrá dificultades, pero voy con ustedes. Yo venceré a los enemigos. Yo haré que los muros caigan. Y años después, vemos lo que sucedió en Jericó. Dios dice: Voy a hacer eso. Pero si no me creen nunca entrarán en la tierra prometida.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

En ocasiones serás tentada a actuar o pensar como si no creyeras en  Dios. Esos momentos son muy importantes porque otras personas que te están viendo quieren saber si lo que crees es consistente con tu vida.

Hoy Nancy te mostrará cómo actuar y vivir lo que crees, al continuar con la serie Lecciones de la vida de Josué: Confiando en Dios por la Tierra Prometida.

Nancy: El predicador de antaño, Charles Haddon Spurgeon dijo: Algunos estiman como cosa pequeña que un creyente se aflija con dudas y temores, pero Dios no lo cree así.

A medida que continuamos en la historia de los hijos de Israel estacionados en la frontera sur de la Tierra Prometida, Dios está listo para introducirlos en ella. Pero en vez de actuar en fe, ellos actuaron en incredulidad y miedo. Y a medida que continuamos con esta historia el día de hoy en Números capítulo 14, vamos a ver las consecuencias de su incredulidad.

Vimos que los doce espías habían regresado de echarle un vistazo a la tierra. Diez de ellos habían dado un informe negativo sobre la tierra, dijeron, hay gigantes en esa tierra. No podemos entrar ahí y conquistarla» (ver Núm. 13:31–33). Y entonces tenemos a Josué y a Caleb que dicen: Pero Dios está con nosotros. Podemos entrar.  (Ver Núm. 13:30).

Así que tenemos el informe de la mayoría, y el informe de la minoría —la mayoría basado en el miedo, y la minoría; Josué y Caleb, basados en la fe.

Y luego llegamos al versículo 10 de Números capítulo 14 que dice: Pero toda la congregación dijo que los apedrearan. A Josué y a Caleb.  Entonces la gloria del Señor se apareció en la tienda de reunión a todos los hijos de Israel. Y el Señor dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me desdeñará este pueblo? ¿Y hasta cuándo no creerán en mí a pesar de todas las señales que he hecho en medio de ellos? Los heriré con pestilencia y los desalojaré, y a ti esto es a Moisés,  te haré una nación más grande y poderosa que ellos (v. 10–11).

Así que Dios amenaza con destruir toda la raza judía y con  desheredar a los hijos de Israel y empezar todo de nuevo con Moisés. Pero luego, en los versículos 13 al19, leemos la respuesta de Moisés a Dios, al interceder, al suplicar a favor de estas personas.

Él sabía que habían pecado. Él sabía que merecían ser desheredados del plan de Dios, pero Moisés tuvo celo por la reputación de Dios entre las naciones paganas. El estaba preocupado por cómo los cananeos y todos los demás habitantes de la tierra responderían cuando escucharan la noticia de que Dios había acabado con su pueblo escogido.

Así que en el versículo 14, Moisés le dice a Dios: Estos han oído, es decir, las otras naciones han oído;  que tú, oh Señor, estás en medio de tu pueblo, porque tú, oh Señor, eres visto cara a cara cuando tu nube está sobre ellos; y tú vas delante de ellos de día en una columna de nube, y de noche en una columna de fuego.

Ya se corrió la voz, es lo que Moisés le está diciendo. Ahora él dice en el versículo 15: Pero si tú destruyes a este pueblo,. . . entonces las naciones que han oído de tu fama, dirán: "Porque el Señor no pudo introducir a este pueblo a la tierra que les había prometido con juramento, por eso los mató en el desierto" (v. 15–16).

Él les dice, Dios, ellos van a pensar mal de ti, y no dejes que esto suceda. Moisés le suplica a Dios que perdone a su pueblo culpable. Y en Su increíble misericordia, Dios accede a perdonar a las personas, aunque las consecuencias de su incredulidad van a ser duras.

Sigamos en el versículo 22. Dios le dice a Moisés:

«...; ciertamente todos los que han visto mi gloria y las señales que hice en Egipto y en el desierto, y que me han puesto a prueba estas diez veces y no han oído mi voz, esos no verán la tierra que juré a sus padres, ni la verá ninguno de los que me desdeñaron» (v. 22–23).

En este punto están justo en el borde de la tierra prometida, y Dios les dice: No van a pasar más allá de esta línea. No van a entrar. Y ninguno de los que me despreció podrá verlo.

Veamos ahora el capítulo 28.

Dice: “Vivo yo” —declara el Señor— “que tal como habéis hablado a mis oídos, es decir, todas estas murmuraciones, todas estas quejas, toda esta gente quejosa; así haré yo con vosotros.

¿Dijeron  que van a morir aquí afuera? Versículo 29,

En este desierto caerán vuestros cadáveres, todos vuestros  enumerados de todos los contados de veinte años arriba, que han murmurado contra mí. De cierto que vosotros no entraréis en la tierra en la cual juré estableceros, excepto Caleb, hijo de Jefone, y Josué, hijo de Nun.  (V. 29–30).

Los dos que me creyeron, verán la tierra. El resto, toda la generación adulta, de veinte años  arriba, morirá en el desierto.

Mira ahora el versículo 31, ¿ellos dijeron que él iba a traer a sus hijos hasta aquí para matarlos?

Mira lo que dice: Sin embargo, vuestros pequeños, de quienes dijisteis que serían presa del enemigo a ellos los introduciré, y conocerán la tierra que vosotros habéis despreciado. Pero en cuanto a vosotros, vuestros cadáveres caerán en este desierto. Y vuestros hijos serán pastores por cuarenta años en el desierto, y sufrirán por vuestra infidelidad, hasta que vuestros cadáveres queden en el desierto.

Versículo 34,  Según el número de los días que reconocisteis la tierra, cuarenta días, por cada día llevaréis vuestra culpa un año, hasta cuarenta años, y conoceréis mi enemistad.  (V. 31–34).

Recuerda, que Josué y Caleb habían dicho: el Señor se agrada de nosotros; Él nos llevará a esta tierra. Pero el pueblo, las personas rechazaron a Dios, y Dios les dijo: Ahora ustedes conocerán mi disgusto.

Yo, el Señor, he hablado; versículo 35 ciertamente esto haré a toda esta perversa congregación que se han juntado contra mí. En este desierto serán destruidos, y aquí morirán. (v. 35).

En última instancia, ¿dónde era donde que  Dios tenía la intención de que su pueblo muriera? En la Tierra Prometida. Pero en lugar de eso, ¿dónde iban a morir? En el desierto. Como nos lo recordó Charles Spurgeon, no es poca cosa, ver la gloria de Dios y las señales que Él ha hecho por nosotros en el camino y luego ponerlo a prueba y no obedecer Su voz.

Y en esta situación, sólo los que escogieron creerle a Dios sobrevivieron la prueba. En el versículo 37, los hombres, los diez espías que trajeron un mal reporte de la tierra— ¿qué sucedió con ellos? Ellos murieron por la plaga delante de Jehová. Los que habían dicho: No podemos entrar. Moriremos si entramos.  Dios dijo: Van a morir, pero a ser por mi mano, no por las manos de los Cananeos. Los diez espías que temieron a los habitantes de la tierra y dudaron del poder de Dios fueron consumidos por el poder de Dios. ¿Y no piensas que esto fue una tremenda lección visible para los millones de judíos que observaron lo que sucedía?

Versículo 38, Pero Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Jefone, sobrevivieron de entre aquellos hombres que fueron a reconocer la tierra.

Y he estado meditando en este pasaje, Números 13 y 14, durante la mayor parte del año pasado y aun más. Hice una lista mientras meditaba en este pasaje de las características de  la incredulidad. Y todas esas características van a estar en la transcripción así que solo escucha. Quiero que sientas en tu corazón cómo es y lo que hace la incredulidad. La incredulidad es contagiosa. Es infecciosa. Los diez espías eran cabezas, lideres, príncipes de sus tribus. Eran personas influyentes.

La gente los respetaba, los admiraba. Y así, la gente siguió a sus líderes. Y creo que como líder y  tal vez tú, como líder de tus hijos o de algún ministerio en el que estés involucrada, en tu trabajo como líder, nuestra incredulidad y nuestra rebelión tienen consecuencias sobre aquellos que nos siguen. Envenenamos a otros con nuestra incredulidad; es algo contagioso.

La incredulidad es rebelión contra Dios. Desobedece su voz. Desobedece su Palabra. El miedo y la rebeldía van inevitablemente de la mano. Y se ve eso en este pasaje. También se ve en otros pasajes en los Salmos y en la carta a los Hebreos que evocan este pasaje.

El miedo, la incredulidad y la rebelión son un trío; van de la mano. El miedo y la incredulidad no son sólo una debilidad. Es rebelión contra Dios. El miedo y la incredulidad elevan los obstáculos por encima de Dios. Los gigantes se convierten en más grandes que Dios cuando estamos caminando en incredulidad; mientras que la fe eleva a Dios por encima de los obstáculos. La incredulidad descarta la presencia de Dios, mientras que la fe cuenta con la presencia de Dios. El Señor está con nosotros. Esa es la palabra de fe.

La incredulidad también puede llevar a la violencia. Y puede provocar ira. Toda la congregación decidió apedrear a Josué y a Caleb. Y puedes ver la intensificación del conflicto y las crecientes tensiones que surgen en las relaciones humanas cuando caminamos en incredulidad.

Probablemente has visto esto suceder en tu familia una o dos veces. Tal vez no llegan a apedrearse, aunque a veces piensas que si no les pones límites a tus hijos, podrían llegar a hacer eso. Pero la violencia—y la ira, es a menudo la causa por la que las personas caminan en la incredulidad y en miedo en lugar de la fe.

La incredulidad también ignora, pasa por alto y  minimiza lo que Dios ya ha hecho—simplemente olvida todo lo que Él ha hecho, las formas en las que Él reveló Su poder. La incredulidad convenientemente olvida todo eso, o lo minimiza cuando se enfrenta a circunstancias difíciles.

Según Números 14:11 La incredulidad es despreciar a Dios. Ahora, a nosotras no nos gusta pensar en eso de esta manera. Pensamos en el miedo como solo una debilidad que no podemos evitar. Pero el miedo es incredulidad, y Dios dice que la incredulidad es despreciarlo a Él. La incredulidad  desagrada grandemente a Dios.

La incredulidad pone a Dios a prueba, y fácilmente puede convertirse en un patrón en nuestras vidas. Dios dice en este pasaje: Me han puesto a prueba diez veces los hijos de Israel.

Si caminas en duda, en incredulidad y miedo en un área de tu vida, vas encontrarás que el miedo se intensifica, se expande y empieza a paralizarte y a perjudicarte en otras áreas de tu vida. Porque se convierte en un patrón.

Y probablemente puedes pensar en algunas personas que tú conoces, tal vez alguien en tu familia o alguien en tu círculo de amigos que acaba de desarrollar un patrón de mirar a ciertas circunstancias a través de los ojos de la incredulidad y del miedo, en lugar de a través de la fe.  Y esto se convierte en un patrón.

La incredulidad nos quita la habilidad de experimentar  el cumplimiento de las promesas de Dios. Dios dijo, Yo he puesto delante de ustedes esta tierra buena y abundante, esta tierra en la que fluye leche y miel. Es suya. Sí, habrá algunas batallas. Sí, habrá dificultades, pero voy con ustedes. Yo venceré a los enemigos. Yo haré que los muros caigan. Y años después, vemos lo que sucedió en Jericó.

Dios dice: Voy a hacer eso. Pero si no me creen, nunca entrarán a la tierra prometida. Y no experimentarán el cumplimiento de las bendiciones de Dios y de sus promesas en sus vidas.

Pero hay una buena noticia. La incredulidad puede ser perdonada, así como Dios perdonó a su pueblo, pero aun así habrá consecuencias. Y es posible que  puedas terminar sin poseer todo lo que Dios quería o pretendía darte, es posible que en tu incredulidad rechaces lo mejor que Dios tenía para tu vida.

No es que no puedas ser perdonada. No es que no puedas arrepentirte. Pero puede haber algo de terreno perdido. Puede haber algunos patrones establecidos en tu vida con los que vas a tener que lidiar todo el resto de tu vida. Cuando cedes a la incredulidad y al miedo, hay consecuencias.

La incredulidad también impacta a tus hijos. Tu incredulidad, el miedo,  tendrá consecuencias no sólo para ti, sino para la siguiente generación. Es triste pensar cuando leemos este versículo 33 de Números 14. Cómo dice que tus hijos sufrirán por tu falta de fe,  ¿Pero has visto que es verdad?  Sino en tu propia vida los has visto en la vida de otros que conoces.

Y en cierto modo toda madre ha visto eso en su vida. Tus hijos se convierten en un reflejo de tus respuestas a Dios. Hay momentos en que caminas en incredulidad y en miedo. Y en última instancia tus hijos terminan experimentando las consecuencias, el sufrimiento por tu falta de fe.

Escucha, si no vas a creer a Dios por tu propia cuenta, por tu propio bien, cree a Dios por el bien de la próxima generación.

Y sé que no sólo estoy hablándole aquí  a madres, sino también a  algunas que  son solteras. Escuchen, nuestras vidas están estableciendo un modelo a seguir para la próxima generación. Hay mujeres más jóvenes que nos escuchan en el trabajo, en la familia, en nuestra esfera de influencia, que nos ven y tratan de determinar basándose en lo que ven en nuestras vidas, en tu vida. ¿Se puede confiar en Dios? ¿Podré seguir adelante en fe,  o caminar en incredulidad y miedo? Están tomando directrices de nuestras vidas. La incredulidad impacta no sólo a nuestras propias vidas, sino también a la próxima generación.

Y entonces  la incredulidad pierde el sentido de la presencia de Dios. Dios dice: No voy a subir contigo a la tierra. Si subes ahora, estás por tu cuenta. Y recuerda que algunos de ellos sí trataron de subir.

Ellos dijeron, ¡Oh, nosotros entraremos ahora en la  tierra!

Pero Dios les dice, no, que no voy con ustedes. Han perdido mi presencia. No voy a ir con ustedes  a ese lugar.

Ahora, de nuevo, hemos dicho que la cura para la incredulidad es el arrepentimiento y la fe. Y gracias a Dios por su misericordia. En la última sesión compartí con ustedes un poco de mi propio viaje personal en una crisis de fe y en un tiempo de incredulidad que para mí duró la mayor parte de un año.

Y mientras caminaba a través de esta situación y salía de ella a través del  arrepentimiento y la fe, Dios me trajo a este pasaje, a Números capítulos 13 y 14. Y me estaba preparando para enseñar toda una serie sobre la vida de Josué, pero en primer lugar estudiaba esto para mi propia vida.

Y a medida que leía una y otra estos pasajes y vi lo que Dios piensa de la incredulidad, tengo que decirles que estaba muy afligida. Me rompió el corazón el pensar en cómo había deshonrado al Señor y había perdido gran parte de su bendición y de su presencia en mi vida durante esos meses por no estar dispuesta a caminar en fe.

A veces esa incredulidad se convierte en una zona de comodidad para nosotras. Prefiero vivir ahí con mi depresión, con mi desaliento y con mi temor, que levantarme de esta cama y avanzar en fe. Y estaba tan afligida  mientras leía  este pasaje, al pensar en mi propio pecado, que me parecía mucho mayor que el pecado del que hemos estado leyendo aquí que hizo que toda  una generación de los hijos de Israel muriera en el desierto.

Y tal vez me digas, pero ¿Cómo puede ser tu pecado más grande que el de ellos? Bueno, ellos murmuraron en este incidente por un día y una noche. Yo me había quejado y había lloriqueado y me había revolcado en la incredulidad y el miedo durante la mayor parte de un año.

Y yo tengo mucho más trayectoria con Dios y Él  conmigo de la que los hijos de Israel tenían en ese entonces. Ellos acababan de salir de Egipto solo por un par de años a lo mucho. Yo he estado caminando con el Señor por más de cincuenta años.

He visto a Dios una y otra vez obrar a mi favor. Conozco el poder de Dios. Conozco las promesas de Dios. He leído Su palabra de principio a fin, una y otra y otra vez, decenas de veces a lo largo de todos estos años. Tengo todas las razones del mundo para confiar en Dios, pero tomé la decisión de caminar en incredulidad y en miedo, en lugar de fe.

Y me encontré sencillamente diciéndole, Señor, lo siento tanto. Por favor perdóname,  por considerarte de forma negativa, y por haberte deshonrado con mi incredulidad.

Y entonces me encontré increíblemente agradecida por la misericordia de Dios—por la misericordia de Dios, por su perdón.  Y a diferencia de los hijos de Israel, a quienes dijo, No van a entrar en la tierra prometida. Es suficiente, se acabó. Estoy cansado. Van a morir en el desierto. Dios no me ha excluido de la Tierra Prometida.

Él no te ha excluido a ti. Y mientras estés viva y haya aliento en tu cuerpo, todavía hay tiempo para ejercer fe y seguir adelante.

Y dije, Oh, Señor, tú eres un Dios misericordioso y compasivo. Gracias Señor. Y al principio de esta sesión citamos a Charles Spurgeon. Permítanme continuar leyendo lo que él tiene que  decir sobre la duda y la incredulidad. Él dijo: No pienses que es cosa de poca importancia el dudar de Jehová. Recuerda que dudar de Él es un pecado; y no un pecado insignificante sino un crimen de alto grado. Los ángeles nunca dudaron de Él y tampoco los demonios. Sólo nosotros, de entre todos los seres que Dios formó, lo afrentamos con incredulidad y mancillamos su gloria con desconfianza. ¡Qué vergüenza para nosotros!

Nuestro Dios no merece que desconfiemos de Él tan ruinmente. En nuestra vida pasada hemos comprobado que Él es fiel y leal a su palabra y, además, son tantas las pruebas de Su amor y de Su bondad que hemos recibido y que diariamente estamos recibiendo, que es ruin e inexcusable que permitamos que la duda resida en nuestros corazones.

Y yo digo sí, Él se me ha mostrado fiel y poderoso más veces de las que puedo contar en las últimas décadas. Sin embargo, con qué frecuencia me he centrado en los obstáculos y en los problemas más que en Su presencia, Sus promesas, y Su poder.

Con qué frecuencia flaqueo en incredulidad y en miedo, mi corazón titubeante, escogiendo quedarme en la zona de comodidad en lugar de seguir adelante en fe.

Spurgeon sigue diciendo,

Que de aquí en adelante estemos en permanente guerra contra las dudas a las promesas de nuestro Dios, dudas que son enemigas de nuestra paz y de Su gloria. Y con una fe inconmovible creamos que lo que prometió, también lo llevará a cabo.

Entonces ¿Cómo obtenemos una fe inconmovible? Viviendo en la Palabra de Dios, confiando en ella como la verdad. La lees y dices: Cuando la razón y la revelación choquen entre sí, voy a ir a la revelación. Voy a ir a lo que la Palabra de Dios tiene que decir.

Cuando mi razonamiento natural humano me diga algo que es contrario a la Palabra de Dios, rechazaré mi razón de ser necesario e iré a la Palabra de Dios, iré con lo que Él ha dicho que es verdad.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado mostrando el peligro de la incredulidad. Ella estará de regreso en un momento.

Espero que juntas podamos meditar en la enseñanza de hoy y derribar la incredulidad con la Palabra de Dios. El Señor nos ha hecho varias promesas en la Biblia que te apoyarán cuando seas tentada a dudar. Tal vez te ayudaría tener una lista de promesas bíblicas para revisarlas fácilmente.

Y bueno, si el miedo te ha alejado de lo mejor que Dios tiene para ti, creo que no querrás perderte el programa de mañana, en el que Nancy y algunas amigas hablarán de manera práctica acerca de la vida de fe, aún en medio de situaciones que nos causan temor.

Bien antes de finalizar el programa de hoy, busca tu agenda y marcas los días 29 y 30 de septiembre. Reúne a un grupo de amigas y se animada a cumplir el propósito que Dios ha creado para ti, adornar el evangelio de Cristo junto a otras mujeres. Revive´17. Por medio de mensajes breves, cautivadores y con algo de drama, una variedad de charlistas en diferentes etapas de sus vidas expondrán el texto bíblico de Tito capitulo 2 y ofrecerán una especie de mapa hacia la vida en comunidad y la influencia. No te pierdas la oportunidad de ser parte de revive´17 a través de la transmisión en vivo disponible en inglés y en español. Para  mas información visita revive17.com.

Aquí está Nancy de vuelta para concluir el programa de hoy.

Nancy: Josué y Caleb  no conocieron el resultado de su historia como nosotras lo podemos leer en el día de hoy. Así que, en ese momento de sus vidas ellos no tenían forma de saber qué tan determinante había sido su respuesta, tanto a corto como a largo plazo.

Ellos simplemente siguieron y creyeron en Dios en el momento, incluso cuando toda la corriente de la opinión pública y todas las evidencias—todo lo que parecía ser cierto—iba en una dirección diferente. Ellos fueron como el salmón. Nadaron contra la corriente.

La fe de Josué, su valor, su disposición de estar en contra de la incredulidad de la mayoría en esta prueba, era un entrenamiento adicional para cumplir con el llamado de guiar al pueblo de Dios a la Tierra Prometida. Su fe y su valor en ese momento eran prueba de su capacidad para  papel de liderazgo, a pesar de que no se le daría ese  cargo hasta después de otros cuarenta años.

Mi disposición de creer en Dios y caminar en fe ahora en las cosas que no parecen como gran cosa—esa disposición de caminar en fe es un indicador de dónde estará mi corazón más adelante en la vida. Es un factor determinante en mi utilidad para Dios y para Su reino a largo plazo.

Ya sea que tengas ocho o dieciocho, veintiocho o treinta y ocho años, no pienses que las decisiones que tomas ahora son intrascendentes. Tu corazón está siendo formado; tu corazón está siendo revelado. Y la forma en que elijas ejercer la fe en el Señor ya como una madre joven, o como una joven soltera, o una estudiante de secundaria, eso es evidencia del patrón, la inclinación y la dirección de tu vida. 

Si estás tomando decisiones de fe ahora, muy probablemente  encontrarás que en el futuro vas a construir sobre esas decisiones y continuarás caminando en fe. Mi corazón y mi carácter—tu corazón y tu carácter están siendo moldeados en este momento. Son visibles ahora al responder a las pruebas y a los desafíos en esta época de nuestras vidas.

No puedo pretender en este momento caminar en miedo, desobediencia, o devoción a medias a Cristo y esperar que un día, años después, seré una mujer piadosa, valiente llena de fe o que vaya cumplir mi destino dado por Dios en décadas posteriores, si no estoy tomando las decisiones ahora de caminar por fe.

Así que Señor, te pido que al mirar cada uno de nuestros corazones y vernos en cualquier etapa de la vida en que nos encontramos en este momento que podamos ver el significado y la importancia de tomar ahora decisiones que te honren—de decir  sí Señor, voy a caminar por fe—sí, soy joven, pero sé que esta decisión es importante ahora. 

Señor, ayúdanos ahora a seguir tomando decisiones que establezcan ese fundamento de por vida de caminar por fe cumpliendo los propósitos para los cuales Tú nos has colocado en esta tierra. Haznos mujeres que seamos reconocidas por vivir de acuerdo a las promesas de Dios. Oro en el nombre de Jesús, amén.

 

 Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.
1 Charles Haddon Spurgeon. Evening by Evening. Mayo 11.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.