Podcast Aviva Nuestros Corazones

Lidiando con oraciones no respondidas

Carmen Espaillat: Muy probablemente has leído pasajes en la Biblia que prometen que Dios escuchará y contestará la oración. Igualmente Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Pero siendo honestas ¿acaso no es cierto que a veces nuestra experiencia parece contradecir esas promesas? ¡Sé honesta! No te ha sucedido que en ocasiones dices, “yo sé lo que la Palabra de Dios dice, pero he estado orando. He estado clamando, y no parece que Dios escuche ni conteste mis oraciones.”

Escucha. Cualquiera puede confiar en Dios un día malo o en situaciones de corta duración. Pero qué pasa cuando tienes un sufrimiento prolongado, y clamas, “¿Hasta cuándo, Señor? Sigo clamando a ti, Señor, ¡pero todavía no haces nada!”

Es esa pregunta “hasta cuándo, ¿Señor, no me escucharás?"

Carmen: Estás escuchando “Aviva Nuestros Corazones” con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy continuará hoy una serie que iniciamos ayer sobre un profeta, y que nos ayuda a sobrellevar la oración no contestada. Con ustedes Nancy en la serie llamada: Habacuc: Del temor a la fe.

Nancy: Fue en una calurosa tarde de julio del 1967, cuando una joven de 17 años se tiró al agua en un clavado en un lago poco profundo, y su vida cambió para siempre cuando se fracturó el cuello; un accidente que la dejó paralítica del cuello hacia abajo por el resto de su vida.

Ustedes conocen la historia de Joni Eareckson Tada, sobre cómo sufrió esa fractura de su espina dorsal, algo que la dejó paralítica e incapacitada de sus brazos y sus piernas.

Joni ha hablado y escrito acerca de algunos de los sentimientos y pensamientos que tuvo unos días después del accidente. En una ocasión ella dijo:

“Yo tenía tantas preguntas. Creía en Dios, pero estaba enojada con Él. Si Dios era todo amor y todopoderoso, entonces —lo que me sucedió a mí— ¿cómo podía ser esto una demostración de su amor y de su poder? Seguramente Él pudo haberlo evitado. ¿Cómo puede una parálisis permanente ser parte de su amoroso plan para mí?”

Lo que Joni Eareckson Tada dijo en esos oscuros momentos de desesperación de su vida es muy similar a lo que el profeta Habacuc sintió al iniciar el primer capítulo de su profecía en Habacuc capítulo 1.

Él está clamado a Dios y en esencia lo que él está diciendo es: “¿cómo puedo saber que este Dios merece mi confianza a menos que obtenga una respuesta?

Él tiene preguntas y así lo dice en el capitulo 1, en el versículo 2:

¿Hasta cuándo, oh SEÑOR, pediré ayuda, y no escucharás, clamaré a ti: ¡Violencia! y no salvarás?

Y a propósito, al leer y estudiar todo el libro de Habacuc, busca referencias a la palabra “salvar” o “salvación”. Encontrarás varias. Porque hay un tema recurrente a través de este libro y es que Dios siempre está obrando para la salvación de Su pueblo.

Pero a Habacuc esto no le parece así en este momento. “Señor, estoy clamando a ti, ¡violencia! Pero no salvarás. No pareces ser un Dios que salva”.

Versículo 3:

¿Por qué me haces ver la iniquidad, y me haces mirar la opresión? La destrucción y la violencia están delante de mí, hay rencilla y surge discordia. Por eso no se cumple la ley y nunca prevalece la justicia. Pues el impío asedia al justo; por eso sale pervertida la justicia. (Habacuc 1:3-4)

Lo que Habacuc dice es, “tengo un problema sobre cómo Dios gobierna el universo, o como parece no estar gobernando el universo. Tengo interrogantes.”

Son preguntas intensas. Creo que algunas veces actuamos en nuestros mundo cristiano como si fuera un error, o fuera malo tener preguntas. Como que no deberíamos hacer preguntas, y deberíamos poner nuestras mentes a dormir y sólo decir: “Bueno, esas preguntas no importan.“

Lo que Habacuc está diciendo es, “tengo preguntas sinceras, y yo quiero consultar al que me las puede contestar. ¿Por qué me haces ver la iniquidad?, ¿Por qué me haces mirar la opresión?”

Nos encontramos en el principio del libro donde vemos este diálogo entre Dios y Su profeta, una mirada muy íntima a las preguntas que este hombre hace a Dios. Algunas de sus Biblias tendrán un título para este párrafo: “la queja de Habacuc.”

La queja de Habacuc. Él comienza derramando su corazón a Dios y lo notamos con las primeras dos palabras del versículo 2: “Oh Señor”. Oh Señor.”… Veremos esta pequeña frase seis veces en el libro de Habacuc.

Este es el clamor de un hombre desesperado. Se dice que sus oraciones son las oraciones más fervorosas. “Oh Señor.“ Ahora bien, notemos que Habacuc no clama a Judá, quien inicialmente es el pueblo por el que él está preocupado. Ellos son las personas sobre la que él habla en los primeros versículos; son las personas que han pervertido los caminos de Dios.

Ellos no están viviendo como creyentes.

Habacuc tampoco clama a los babilonios o a los caldeos, a quienes Dios va a usar para traer juicio a Judá. ¿A quién clama Habacuc? Él clama a Dios: “Oh Señor.”

La carga que se produce en su corazón al ver a su alrededor se vuelve una intercesión —se torna en una oración. Es lo que dice Oswald Chambers en “" En pos de lo Supremo” " [My Utmost for His Highest.]

No lo estoy citando exactamente, pero él dice que cuando Dios hace que te apercibas de una situación y pone la carga en tu corazón o en tu mente, Su meta es que la conviertas en intercesión.

“Oh Señor, yo veo esto. Estoy preocupada por esto. No entiendo esto. Oh Señor.” Habacuc sabe que Dios tiene el control. Él sabe que el Señor es el único que en realidad puede hacer algo con sus preocupaciones.

Entonces él dice, “"Oh Señor".” Él dirige su oración al que puede hacer algo por su situación. Y al ir directamente al Señor, él obtendrá Su perspectiva sobre lo que está ocurriendo a su alrededor.

“Señor, ¿cómo ves esto?” ¡Pregúntale a Dios! Medita sobre lo que está pasando en tu vida y pregúntale al Señor, “Señor ¿Qué es lo que está sucediendo? ¿Qué me estás tratando de decir?¿Qué estás tratando de hacer?

Él recibe el mensaje para ese día. Él obtiene la dirección para su ministerio. Él consigue Su consejo; obtiene su ayuda yendo directamente al Señor. “Oh Señor, oh Señor. “

Pienso en las personas que escriben a Aviva Nuestros Corazones con algunas preguntas y problemas realmente difíciles; ellas se desahogan acerca de esto o aquello que les está sucediendo. Lo leo, y solo pienso, “"Oh Señor, ¿qué hacer? ¿Qué decir?" “ y algunas veces lo mejor que podemos decir a estas mujeres es, ”¡Pregúntale al que sabe! Nosotros no podemos resolverlo, pero Dios tiene una respuesta. Dios conoce los misterios. Él sabe cómo resolverlo. ¡Ve a Él, acude a Él!“

Dile, “oh Señor.” Y viene a mi mente ese himno que dice: "¡Vives débil y cargado

De cuidados y temor? A Jesús, refugio eterno, Dile todo en oración. “¡Cuánto nos preocupamos y nos estresamos y luchamos y nos llenamos de ansiedad y y nos agitamos al contarle a otros nuestras cosas hasta que nos hacemos un manojo de nervios, cuando todo lo que necesitamos es decir “oh Señor!"

“Oh Señor. ¿Qué hacer? ¿Cómo debo ver esto! ¿Cómo responder?“ ¿Quieres un entendimiento de tus circunstancias? Pudieras estar en una situación imposible ahora mismo en el ámbito de tu vida.

¿Quieres entenderlo? ¿Quieres saber cómo responder a las circunstancias de la vida? ¿Quieres saber cómo entrenar a tus hijos cuando se encuentran en esa etapa imposible y nada parece funcionar?

Clama: “Oh Señor. ¿Qué hago? ¿Qué me estás diciendo?¿Cuál es tu propósito?¿Qué quieres? Oh Señor. “

¿Quieres saber cómo ministrar a una amiga en necesidad —a una hermana que te está llamando y te está diciendo: “mi matrimonio se está destruyendo” y tú no sabes qué decir porque no estás allí. No puedes escuchar ambos lados de la historia.

Aun si supieras todos los hechos, no sabes qué hacer. ¿Quieres saber cómo ministrar ánimo y gracia? No solo le des una cantaleta con tus opiniones personales. No le digas simplemente: “bueno, yo creo...”

Ayúdense una a la otra a llegar al trono de la gracia, al trono de Dios donde se puede encontrar misericordia y gracia para encontrar ayuda en el momento de necesidad diciendo, “Oh Señor.” La ministración efectiva de otros proviene de la comunión con Dios.

Ora por esa situación, y di: “Oh Señor, ¿qué debo hacer? ¿Cuál es Tu perspectiva? ¡Búscalo a Él. Escúchalo a Él. Dile, “Oh Señor!”

Necesitamos recordarnos a nosotras mismas que en última instancia, la paz y la perspectiva y las respuestas que necesitamos sobre los misterios de la vida no se encontrarán yendo a un consejero o a un terapeuta o leyendo un libro o desahogándonos con una amiga o un amigo confiable.

En última instancia, la perspectiva, la paz, las respuestas que necesitamos las vamos a encontrar al ir al maravilloso consejero, en clamor diciendo, “¡Oh Señor! ¡Oh Señor!”

Él dice,

Habacuc dice, ¿Hasta cuándo, oh SEÑOR, pediré ayuda, y no escucharás, clamaré a ti: ¡Violencia! y no salvarás? ¿Por qué me haces ver la iniquidad, y me haces mirar la opresión? (Habacuc 1:2-3)

En esos dos versículos, Habacuc le hace a Dios dos preguntas fundamentales, y estas dos preguntas han sido hechas innumerables veces a través toda la historia de la raza humana. ¿Cuáles son estas dos preguntas?

La primera es : ¿Hasta cuándo? Y ¿Cuál es la segunda? ¿Por qué? Hasta cuándo y por qué. Habacuc hace estas preguntas repetidamente. Al final del capítulo 1, él dice: “¿Seguirá esto para siempre?“ ¿Hasta cuándo?

¿Por qué? Él pregunta otra vez en el versículo 13 del capítulo 1”¿por qué?” ¿por qué Dios no escucha? ¿Por qué Dios no socorre? Entonces Habacuc se encuentra a sí mismo enfrentando el desafío de la oración no contestada y la aparente indiferencia de Dios.

A Dios no parece importarle. No parece estar poniendo atención. Piensa en Joni Eareckson y como justo después de su accidente, en esos primeros días, ella clamaba a Dios, ¿Por qué? ¿Por qué a mi?

Y ella confesó cómo luchaba con el silencio de Dios. Dios no escribió ninguna respuesta en el cielo. Dios no envió ningún mensaje grabado, “bueno esto es lo que tengo en mente. He aquí lo que voy a hacer.” Los cielos parecían estar hechos de cobre; parecía imposible que Dios escuchara su clamor.

A veces tú oras por tu pareja o por tu niño o por tu empleo o tu iglesia o tu salud, y sientes como si tus oraciones no fueran a ninguna parte.

“Señor, ¿hasta cuándo? ¿hasta cuándo tengo que seguir orando y Tú sin contestar? ¿Hasta cuándo voy a clamar a Ti y no me das respuesta?”

¿Acaso no tenemos todas esas promesas en la Biblia donde Dios nos dice “"ora por eso y te contestaré. Clama a mí y te responderé" ?”

Pero si somos honestas ¿no es cierto, que a veces nuestras experiencias parecen contradecir esas promesas? ¡Seamos honestas! No te ha sucedido que en ocasiones dices, “yo sé lo que la Palabra de Dios dice, pero he estado orando. He estado clamando, y no parece que Dios escuche o conteste mis oraciones.”

Luego están las ocasiones en las que pedimos cosas que parecen estar alineadas con la voluntad de Dios, pero nada sucede —hasta donde podemos ver. O quizás sucede lo opuesto. Estás orando por algo, y luego parece que Dios hace exactamente lo opuesto.

Recuerdo hace unos años atrás cuando estuve orando por algo junto con un número de personas por mucho, mucho tiempo. Y luego la puerta se cerró totalmente, daba la impresión de que Dios hubiera causado un resultado el 100% contrario a lo que habíamos estado pidiéndole durante todos esos meses.

Les puedo decir que durante meses después, difícilmente podía leer mi Biblia porque cada vez que llegaba a esas promesas donde dice que Dios escucha y responde la oración, me sentía burlada.

Ahora, dentro de mi cabeza y de acuerdo a mi teología, sabia que no podía decir: “Dios no escucha, ni responde la oración,” pero así era que me sentía. Me sentía como “¿por qué puso Dios estas promesas en la Biblia? Parecen no tener veracidad alguna.”

Entonces, la siguiente pregunta es: “¿De qué sirve la oración?” ¿Por qué orar? ¿Por qué seguir orando? ¿En verdad hará algo la oración?¿Valdrá la pena continuar batallando en oración por la salvación de mi marido? O ¿Por el arrepentimiento de mi hijo o de mi hija? ¿Por un cambio en esta situación, por un avivamiento en mi iglesia?

Parece como si no pasará nada. Habacuc le dice a Dios: “"Estoy angustiado por la violencia y la corrupción que veo a mi alrededor, y Dios, te lo digo; clamo por ayuda, pero no hay muestras de que me escuches, y si me escuchas, no estas haciendo nada al respecto".”

Él dice “¿no salvarás?,” podemos escuchar el dolor en la voz de Habacuc, el corazón dolido. Su plegaria, “Dios, ¿por qué no haces algo?”

Algunas veces parece que Dios no está haciendo nada por el sufrimiento, la injusticia, y el abuso a nuestro alrededor. ¿Será Dios olvidadizo? ¿Sabrá Él lo que sucede alrededor? Y decimos, “por supuesto que sabe. Él es omnisciente. Él lo sabe todo.”

Bueno, pues si Él lo conoce todo, entonces ¿será que no le importa? Bueno, si, por supuesto. Él ama y se preocupa por nosotros. Bueno, pues si le importa, ¿será que es impotente para hacer algo sobre esta situación? Bueno, no, Él es todopoderoso. Bueno, pues si Él es todopoderoso, ¿Por qué no interviene?

Y de esta forma nos envolvemos en un círculo de preguntas sin respuesta, y cualquiera de esas posibilidades —la que “Dios no escucha” o que “a Dios no le importa” o “Dios es impotente” o la de que Dios simplemente ha decidido no intervenir— cualquiera de esas posibilidades hace que Dios quede mal parado.

Se estremece tu mundo. ¿Por qué Dios no salva ese hijo?¿Por qué Dios no cambia la situación?

No hace mucho tiempo tuve una conversación con una pareja que estuvo en el ministerio pastoral. Él había sido pastor por muchos años y luego él tuvo una cirugía de corazón, había sufrido casi un infarto y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente.

Como resultado, tuvo que dejar el ministerio, ya que físicamente no pudo continuar con las presiones que este le exigía. Ellos eran una pareja joven, y a raíz de esto vieron como él no pudo encontrar empleo. Tampoco ella pudo encontrar un empleo.

Estaban relatándome su historia, mientras cenábamos juntos esa noche, y sus ojos se llenaron de lágrimas mientras ella me describía la depresión en la que él había caído, después de años de servir al Señor.

La recuerdo diciéndome, “nos sentimos tan abandonados por Dios. Oramos; clamamos; miramos alrededor; y no podemos encontrar respuestas. Nos sentimos abandonados por Dios.”

¿No es así como ocurre algunas veces? Clamamos. Y aparentemente no hay respuesta, entonces asumimos que Dios no ha escuchado o que no está salvando, y terminamos desilusionadas con Dios.

Sentimos que nos ha abandonado, y en ocasiones, desafortunadamente, el próximo paso es que comencemos a acusar a Dios. Levantamos el dedo hacia Él y lo acusamos falsamente.

Es aquí donde entramos en peligro acusando a Dios falsamente, en el peligro de acusar a Dios, de algo que hizo mal, solo porque no ha llenado nuestras expectativas y nuestras demandas.

“Dios, no me escuchas,” dice Habacuc. “no salvarás. Ignoras la maldad”. Esto me recuerda la historia de Marta y María en Juan capítulo 11 cuando ellos llamaron a Jesús porque su hermano Lázaro estaba enfermo.

Ellas sabían que Jesús podía sanarlo, Él podía hacer algo al respecto, pero Jesús, por razones insondables, decidió quedarse donde estaba unos cuatro días más. Para el tiempo cuando Él llegó a Betania, Lázaro había muerto. Primero Martha y luego María le dicen a Jesús “Señor, si hubieras estado aquí esto no hubiera pasado. Nuestro hermano aún viviría.” Lo que quisieron decir fue, “¿Por qué? ¿Por qué no hiciste algo? ¿Por qué no te importó?

Otra vez el sentimiento de quizás acusar a Dios por el mal. En contraste, pienso en el capítulo 1 de Job. ¿Recuerdan cuando Job enfrentó crisis tras crisis en su vida, una después de la otra?

La Escritura dice que en medio de todo esto, Job no pecó ni acusó a Dios por el mal. Ahora, eso cambió más adelante en el libro del Job, pero al principio él nunca acusó a Dios por el mal. Él supuso que Dios sabía lo que él desconocía.

Bueno, muchas veces no vemos esto. Solo tenemos nuestra perspectiva de las cosas. Decimos, “Señor, ¿será que no te importa? Si hubieras estado aquí… por qué no hiciste algo?"

De manera que tenemos este desafío con los sufrimientos y con el dolor y con los problemas a largo plazo; con esos que perduran.

Escucha. Cualquiera puede confiar en Dios en el día malo o en situaciones de corto plazo. Pero cuando tienes un sufrimiento prologado, la cosa se pone difícil.

Cuando tienes a ese padre envejeciente cuya vida pende de un hilo o atraviesa tanto dolor. El padre o la madre que está a punto de morir de cáncer y que está débil y que tú dices, “Señor, por qué no te lo llevas? ¿Por qué permites que sufra así?”

Es a largo plazo.. en el sufrimiento que se prolonga. Se trata de ese hijo o esa hija que se ha alejado de Dios por años y ha creado un desastre y dolor en tu familia. Y tú clamas, “¿Hasta cuándo, Señor? Sigo clamando a Ti, Señor, pero aún así, no haces nada.” Es esa la pregunta “¿Hasta cuándo?”.

“No escucharás”. Habacuc acusa a Dios de no escucharlo. En última instancia, al ir por este libro, veremos que Habacuc se da cuenta que él no había estado escuchando a Dios.

Dios lo había estado escuchando, pero él necesitaba aprender a escuchar a Dios; de eso se trata la oración. Se trata de aprender a escuchar a Dios. Sí, expresándole nuestras preguntas sinceras y luego escuchando lo que Él tiene que decirnos. Cuando le escuchamos, Él nos da Su perspectiva.

Entonces Habacuc clama persistentemente, él clama a Dios de manera prolongada. Y aparentemente no hay respuesta. A fin de cuentas, Dios va a responder, pero Él dice, “No voy a responder necesariamente de inmediato, y no responderé de la manera que tú esperas, necesariamente,.

Mientras leemos todo el libro de Habacuc, vemos que Dios no contesta todas las preguntas de Habacuc.

(Y a propósito espero que tú estés haciendo lo mismo con nosotras en estas semanas. Te quiero animar no solo a que leas una vez, sino que lo leas una y otra vez para que aprendas a tratar con lo que Habacuc trató).

No significa que Dios no conozca las respuestas, pero no se las da todas a Habacuc, y las respuestas que Dios si le da levantan aun más interrogantes como veremos al adentrarnos más en el capítulo 1.

Quiero decirte que Dios no va a contestar todas tus preguntas. Si conocieras todas las respuestas, serías Dios y no necesitarías de Él. Dios no responderá todas tus preguntas, pero te diré lo que si hará.

Mientras le haces preguntas a Dios y mientras luego lo escuchas, Él se revelará a ti. Dios le dio a Habacuc una perspectiva más amplia y eterna que lo ayudó a continuar y lo capacitó para hacerlo, aun sin conocer todas las respuestas.

Dios te quiere dar una perspectiva que te capacitará para enfrentar tu situación; para enfrentar tus circunstancias, aun sin conocer todos los “porqués”. Habacuc en última instancia, llega a un punto de poder adorar sin entender todo lo que sucede.

Eso requiere fe el tipo de fe que puede adorar cuando no sabes las respuestas es la que agrada a Dios. Joni Eareckson dijo en esos primeros días: “A menos que encontrara respuesta, no podía entender cómo Dios podía ser digno de confianza.”

Y a eso se reduce todo, Es a esa pregunta: “¿Es Dios digno de mi confianza?”¿Se puede confiar en Dios? Quiero decirte que la respuesta es un rotundo, SI!

Él puede ser confiado. Él es digno de tu confianza. Y mientras le haces tus preguntas honestas —sin acusarlo, sino colocándote en una posición donde Dios pueda revelarse a ti y pueda darte Su perspectiva sobre las circunstancias— encontrarás que si se puede confiar en Dios. Y entonces tu preocupación se tornará en adoración. Ya no habrá mas “por qué”, sino “Dios, yo te adoro a Ti.”

Carmen: Nancy Leigh DeMoss pone nuestra mirada donde necesita estar –aun si hay problemas sin resolver en la vida, problemas que no se irán, u oraciones sin respuesta. Nancy regresará en un momento.

Muchas mujeres están descubriendo palabras de vida a través de series como estas de Habacuc que escuchamos hoy. ¿Es correcto preguntarle a Dios “por qué? Escucha lo que Nancy tiene que decir acerca de esta pregunta mientras nos enseña sobre el libro de Habacuc en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones. Ahora está ella de vuelta para orar.

Nancy: Señor, gracias que no respondes a todas nuestras oraciones inmediatamente o en el tiempo que nosotras escogemos y de la forma que elegimos. Como lo dijo un escritor, “si lo hicieras, seríamos unos cristianos empobrecidos”.

No te conoceríamos. No tendríamos el tipo de fe que nos vemos obligadas a desarrollar cuando no podemos ver las respuestas. Cuando no podemos ver todas las respuestas. Por eso Señor, en nuestro cuestionar, recuérdanos siempre que Tú eres digno de nuestra confianza.

Te dejamos las respuestas a Ti. Ponemos nuestros problemas, nuestras preguntas, esos misterios sin resolver, a tus pies. Y queremos ver a través de nuestro estudio de este libro que podemos confiar en Ti.

Que nuestras quejas, nuestras preocupaciones, nuestro estrés, nuestra agitación, puedan convertirse en adoración al verte como en realidad eres. Oro en el nombre de Jesús, amén.


Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Música: Intercede Por Mi, Omar Salas, No me Dejarás, ℗ 2011 Omar Salas

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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