Podcast Aviva Nuestros Corazones

Llevando a las mujeres a la Palabra, día 1

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Annamarie Sauter: Si tuvieras una repisa con libros delante de ti… ¿cuál de estos libros tomarías: la Biblia, o un libro acerca de la Biblia?

Jen: Se siente más práctico porque hay puntos, hay comillas, hay frases resaltadas colocadas a un lado; pero que Dios nos ayude si nos contentamos con ser guardianes de las opiniones de otras personas, acerca de un libro que no nos molestamos en leer. Aquí es donde las palabras de vida cobran vida.  

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Si has escuchado Aviva Nuestros Corazones por un tiempo, sabrás que a menudo hablamos de la importancia de que las mujeres enseñen a otras mujeres, como nos instruye Tito capítulo 2. Pero, ¿cómo?, ¿Cómo aprendemos a enseñar a otras mujeres?

Esa es una pregunta que exploramos en una conferencia que llevamos a cabo en el 2015, llamada «Revive '15: Mujeres enseñando a mujeres (Women Teaching Women)». Una de nuestras invitadas, Jen Wilkin, hizo un excelente trabajo al mostrarnos cómo podemos crecer como maestras eficaces. Esta semana estaremos escuchando algunas de las enseñanzas de Jen en esa conferencia.

Ahora bien, si no eres una maestra, no te vayas a ninguna parte, ¿de acuerdo? Mientras escuchas a Jen, aprenderás mucho sobre cómo estudiar la Biblia por ti misma. ¿Y quién sabe?, tal vez Dios te ponga en una posición de compartir Su Palabra con otras mujeres, algo que creo que todas debemos estar haciendo de una u otra  forma; si no en grupos pequeños, o grupos más grandes, al menos una-a-una, vida-a-vida.

Escuchemos a Jen mostrarnos cómo llevar a otras mujeres a la Palabra de Dios.

Jen: Estaba pensando mientras me preparaba para esta charla, ¿a qué parte de las Escrituras debemos ir? Inmediatamente pensé en 2 Timoteo 2. La segunda carta de Pablo a Timoteo. Podríamos decir que Timoteo era como su gemelo, separado al nacer pero diez años más joven. Pablo le está dando sabiduría a Timoteo sobre cómo debe llevar a cabo esta tarea que le ha encomendado.

Y él le dice: «Toma lo que te ha sido confiado y pásalo a otros que también pueden ayudar a enseñar» (2 Tim. 2:2). Luego él continúa hablando sobre cómo luciría esto. Y luego en el versículo 15 del capítulo 2 dice lo que probablemente son palabras familiares para tí. Él dice, «Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad.»

Hoy quiero que pensemos en lo que significa ser una persona que dice la verdad sin sentirse avergonzada. En otro mensaje hablé sobre el llamado sobrio, gozoso, y lleno de apremio que tiene una maestra. Y ahora quiero que nos preguntemos… «¿Cómo es que podemos ser maestras, que no se avergüenzan, en el mejor sentido de la palabra? Porque nuestros métodos importan».

Queremos manejar correctamente la palabra de verdad. ¿Entendiste la implicación ahí? Hay maneras correctas y maneras incorrectas en que podemos manejarla. No sé tú, pero yo quiero ser una obrera que diga: «En la medida en que me fue posible y por el poder del Espíritu Santo, manejé correctamente la Palabra de verdad».

Ahora, para que podamos pensar sobriamente sobre esto, necesito encender un poco la alarma de incendios. Estaba en un avión recientemente regresando de hablar en una conferencia, y esta es una de esas cosas en las que paso mucho tiempo, hablando; y también paso mucho tiempo hablando con la gente cuando no estoy aquí. Y me encanta.

Nancy y yo estábamos hablando de esto, y de lo precioso que es, y cómo realmente es combustible para nosotras el poder interactuar con mujeres en algo como esto, y escuchar sus historias y oír cómo la Palabra está impactando sus vidas. Pero seré honesta. Cuando me subo al avión, estoy agotada.

¿Alguna vez has estado en un vuelo donde la persona que se sienta a tu lado está tratando de encontrar tu mirada, y piensas..., no puedo. No puedo hacer esto por dos horas. Porque esta persona quiere charlar todo el camino. Y hay ruido en el avión, así que esta persona te está hablando alto todo el tiempo. No estoy en contra de encuentros divinos y todo eso. Pero te digo, yo estaba cansada después de esta conferencia a la que fui. Era tarde. Era un vuelo tarde.

Y entonces subo al avión, y estoy tratando de mantener la cabeza baja. Aquí viene este hombre. Es como quince años más joven que yo, probablemente. Y se hace evidente inmediatamente que ha estado esperando que el vuelo salga, en el bar del aeropuerto. Está bastante relajado. Él está charlando con todo el mundo. Y pienso, querido Señor, no, no, no, no, no, mientras él continúa caminando y se sienta a mi lado.

El avión despega. Él comienza una conversación conmigo. Continúa sirviéndose del carro de la bebida, y yo solo sigo pensando que tarde o temprano esto no va a salir bien. Se vuelve cada vez más evidente que si la cabina pierde presión de aire, será necesario que yo asegure su máscara antes de asegurar la mía.

Así que escucho toda la historia de su vida, he recibido la descarga completa. Trabaja en ventas. Va a un torneo de golf. O sea, me enteré de todo. Había estado casado durante tres años. Escucho toda la historia, ¿verdad? Y tarde o temprano me hace la pregunta incómoda : «¿Qué haces?»

Así que pensé, bueno, creo que hasta aquí llegamos. Le dije: «Yo enseño la Biblia a mujeres». Y ahí está la pausa que estoy esperando. Entonces su mirada se vuelve realmente pensativa en su rostro, y dice, «huh, apuesto a que te sabes los doce mandamientos completos». No, en realidad no puedo decir que sí. No puedo decir que sí.

Pero aquí está el asunto sobre esa historia que hace que la risa desaparezca. Una de las cosas que me reveló durante el tiempo en que me habló fue que había crecido en la iglesia, no solo crecido en la iglesia sino que era el producto de una educación escolar cristiana.

Tengo que decirte, no espero que todo el mundo sepa quiénes son las hijas de Zelofehad, pero vamos, ¡hay diez! Hay Diez mandamientos. Algo está mal. Él ya no estaba en la iglesia, pero algo está mal en la iglesia hoy, cuando puedes crecer en la iglesia y en ambientes cristianos, y no saber ni siquiera las cosas más fundamentales de nuestro Texto Sagrado.

Quiero leerte de un artículo que fue escrito por Albert Mohler del Southern Seminary (Seminario del sur). Se llama «El Escándalo del Analfabetismo Bíblico: Es Nuestro Problema» (The Scandal of Biblical Illiteracy: It’s Our Problem). Él dice esto:

«Los investigadores George Gallup y Jim Castelli plantean el problema directamente: «Los estadounidenses veneran la Biblia pero, en general, no la leen, y porque no la leen, se han convertido en una nación de analfabetos bíblicos». ¿Qué tan malo es? Los investigadores nos dicen que es peor de lo que la mayoría podría imaginar.

Menos de la mitad de todos los adultos pueden nombrar los cuatro evangelios. Muchos cristianos no pueden identificar más de dos o tres discípulos. Según datos del Grupo de Investigación Barna, el 60 por ciento de los estadounidenses no puede nombrar ni siquiera cinco de los diez mandamientos. . .

Múltiples encuestas revelan el problema en términos rígidos. Según el 82 por ciento de los estadounidenses, «Dios ayuda a aquellos que se ayudan a sí mismos»,(ayúdate que yo te ayudaré)y creen que es un versículo bíblico. (No lo es). Aquellos identificados como cristianos nacidos de nuevo lo hicieron mejor, en algún porcentaje. La mayoría de los adultos piensan que la Biblia enseña que el propósito más importante en la vida es cuidar de la propia familia.

Algunas de las estadísticas son suficientes para desconcertar incluso a aquellos conscientes del problema. Una encuesta de Barna indicó que al menos el 12 por ciento de los adultos cree que Juana de Arco era la esposa de Noé. Otra encuesta de estudiantes graduados de secundaria, reveló que más del 50 por ciento pensaba que Sodoma y Gomorra eran marido y mujer. Un número considerable de encuestados en una encuesta indicó que el Sermón de la Montaña fue predicado por Billy Graham. Estamos en un gran problema. . . .

Esta generación debe tomar muy en serio el problema del analfabetismo bíblico, o un número espantosamente grande de estadounidenses, incluyendo a los cristianos, seguirá pensando que Sodoma y Gomorra vivieron felices para siempre.»

Voy a leerte la fecha en este artículo. Esto fue escrito el 29 de junio de 2004. Eso hace trece años. En los trece (13) años que pasaron, ¿qué crees? ¿Crees que el problema ha mejorado? ¿O el problema ha empeorado? Sospecho que sabes la respuesta.

Así que estoy aquí hoy para activar la alarma de incendios en esta sala llena de mujeres que se están haciendo la pregunta, «¿Debo enseñar a otras mujeres?» Querido Señor en el cielo, enséñales y enséñales bien. La iglesia moderna no puede permitirse que sus mujeres sean bíblicamente analfabetas.

Mientras entrecerramos los ojos ante el deslumbrante amanecer de la América post cristiana, debemos aprender a atesorar y a enseñar nuestro Texto Sagrado porque las generaciones recientes no lo han hecho. Cuando las mujeres se vuelven cada vez más negligentes en su búsqueda del conocimiento de la Biblia, todos sus círculos de influencia se ven afectados. En lugar de actuar como sal y luz, nos convertimos en contribuciones tibias a los ambientes en que habitamos y formamos, sin diferenciarnos de aquellos que nunca han sido transformados por el evangelio.

El hogar, la iglesia, la comunidad y el país necesitan desesperadamente la influencia de las mujeres que sepan por qué creen lo que creen, fundamentado en la Palabra de Dios. Necesitamos desesperadamente la influencia de las mujeres que amen profundamente y activamente al Dios proclamado en la Biblia.

Entonces, ¿por qué hay tan poco interés por parte de las mujeres? ¿Por qué se siente tan difícil conseguir que hagan esta buena obra? Creo que una mujer que pierde el interés en su Biblia no ha sido equipada para amarla como debería, porque el Dios de la Biblia es demasiado adorable para abandonarlo por búsquedas menores.

¿Cómo podemos, como maestras, cultivar una adoración profunda y duradera hacia Dios en nosotras mismas y en aquellas que enseñamos? Bueno, puede que no sea la forma en que intuitivamente pensamos que debe ser.

Hay un hombre llamado Paul Bloom que hace investigaciones del Instituto Tecnológico de Massachusetts, y su área de investigación está en cómo encontramos placer en las cosas. Es un investigador del placer. Y lo que ha encontrado en su investigación es que el placer no ocurre simplemente; el placer se desarrolla. Y la forma en que se desarrolla es muy interesante. Él ha descubierto que el placer no se desarrolla por tener experiencias repetidas de algo, sino por aprender acerca de aquello en lo que tomamos placer.

Así, por ejemplo, si eres una amante del arte, no te convertiste en alguien que ama el arte tanto porque miraste arte una y otra y otra vez, sino porque comenzaste a aprender sobre el arte. Y mientras más aprendiste sobre ello, más aumentó tu placer en él. Él ha encontrado específicamente que nuestro placer en algo aumenta mientras aprendemos acerca de su historia, su origen y su naturaleza más profunda.

Así que estoy escuchando esto en un podcast de noticias y de otros temas, y estoy pensando que hay una verdad espiritual aqui que debe ser extraída, pues eso mismo es verdad acerca de Dios. Muchas veces oigo a las mujeres decir: «simplemente no me siento cerca del Señor. Deseo sentir algo más profundo por Él. Solo quiero disfrutar de Él. Quiero tener esos sentimientos de nuevo». Y su solución es subir el volumen de la música de alabanza, o ir y tener una experiencia con el Señor en alguna parte, esperando que eso sea lo que llene su tanque espiritual.

Pero, ¿dónde se encuentra la respuesta a esto? ¿Cómo aumenta nuestro placer en el Señor? Conocerle es amarlo, y ¿dónde lo conocemos? Lo conocemos como Él es revelado a nosotros en Su Palabra. Si queremos sentimientos profundos relacionados a Dios, debemos aprender a pensar profundamente acerca de Él. Esto significa que debemos pedirle a las mujeres que enseñamos que sean más que simples consumidoras. Debemos pedirles que sean estudiantes en el verdadero sentido de la palabra, no pasivas, sino activas en la manera en que se acercan a las Escrituras.

Y entonces debemos enseñarles de tal manera que se conviertan justo en eso. Así que hoy quiero que consideres la posibilidad de enseñarle a tus estudiantes tres habilidades: cómo pensar, cómo aprender y cómo trabajar. ¿Porque, qué nos dice segunda de Timoteo? Que debemos ser obreras.

Bien, así que primero enseña a tus estudiantes a pensar. Ahora, esto es algo difícil para las mujeres. ¿Por qué? Porque normalmente estamos en contacto con nuestras emociones. ¿Puedo decir eso? Como que no nos toma mucho tiempo llegar a eso. Podemos ir allí, y es bueno. No quiero decirte que no es bueno tener emociones a flor de piel.

Yo tengo esto que me sucede cuando leo la Escritura. Es terrible. Le pedí al Señor que me lo quitara, y empeoró. Cuando leo las Escrituras cuando estoy enseñando, empiezo a llorar en la mitad del tiempo. Y me digo, «esto es horrible». Tengo que llevar un pañuelo en mi bolsillo en caso de que suceda cuando estoy enseñando, porque ¿qué haces cuando estás en una plataforma y tu nariz comienza a «llorar» y todo el mundo  te está mirando? «Señor, quítame esto». Y se empeora.

Debemos sentir profundamente acerca de Dios. Por favor, ¡no pierdas eso! Pero ese debe ser un sentimiento que viene del pensamiento correcto acerca de quién Él es. Así que debemos enseñar a nuestras estudiantes a pensar. Y para las mujeres, esto puede necesitar un poco de ajuste. Porque creo que gran parte de este problema que vemos del analfabetismo bíblico, ha surgido de un deseo de proveer recursos a las mujeres solo en términos emotivos en lugar de en términos intelectuales.

¿Pero qué dicen las Escrituras? Que se nos ha ordenado amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza. Debemos amarlo con nuestro intelecto. ¿Es ése un versículo solo para los hombres? ¿O es que las mujeres deben amar a Dios con sus emociones y los hombres deben amar a Dios con sus mentes? No. Tú eres un ser pensante, y se te ha ordenado amar al Señor tu Dios con cada onza de poder intelectual que tengas.

Enseña a tus estudiantes a pensar. A menudo las mujeres en la iglesia no son desafiadas a tener una fe que piensa. Alabo a Dios porque Nancy ha construido un ministerio basado en pedir a las mujeres que hagan precisamente eso. Porque significa que puedo pararme en un salón de conferencias como este, y decir estas cosas y tú podrás recibirlas porque ya sabes que es necesario tener tu mente activa.

Necesitamos tener una fe que piensa, que plantea la pregunta, ¿cuál es el camino a la transformación? ¿No es eso lo que todas queremos? Queremos ser cambiadas. Eso es lo que yo quiero. No quiero permanecer igual que antes. Quiero que la santificación haga su trabajo en mí. Entonces, ¿cuál es el camino a la transformación? ¿Cómo somos cambiadas?

Bueno, no lo dejaron a nuestra imaginación. En realidad Romanos 12:2 responde eso para nosotras. Dice: «No se amolden al mundo actual». Magnífico. Eso es lo que quiero. No quiero ser más esa persona. Dime qué hacer después, «sino sean» ¿qué? «transformados». Sí, eso es lo que todas queremos, ¿verdad? «Mediante la renovación de su mente». Gracias. No de tu corazón.

¿Quiere decir esto que nuestros corazones no deben ser renovados? No. Pero quiere decir que el camino hacia la renovación de nuestros sentimientos es a través de nuestro pensamiento. El pensamiento correcto debe informar al sentimiento correcto. No podemos simplemente sentir para sentir diferente, debemos pensar para sentir diferente.

¿Sabes cómo sé que esto es verdad? Porque amo . . .voy a llamarles bolitas de queso para que no me demanden. Pero creo que todas saben qué bolitas de queso tengo en mente. ¡Me encantan, me encantan! Me encantan las bolitas de queso. Me las como hasta que mi lengua sangra de ser cortada por lo que sea que las hace afiladas después de comer varias bolsas en una sentada.

Dediqué muchos años a adorar las bolitas de queso. Inconscientes años felices en los que éramos felices juntas. Hasta que un día, ¿qué pasó? Leí la etiqueta. ¿Y sabes qué pasó con mis sentimientos por las bolitas de queso? Murieron de una forma lenta y terrible. Tan pronto como pude buscar en un diccionario lo que todas esas palabras, los ingredientes de mis queridas bolitas de queso, significaban. ¿Pero sabes qué? Ya no las quería.

¿Ves la transformación que sucedió allí? Una vez que mi cabeza lo supo, mi corazón no podía amar lo que había amado antes.

¿No es esa una imagen de cómo el Señor nos cambia? Él nos da una mejor visión, el conocimiento de Sí mismo, y nos vemos en relación a quien Él es, y entonces gritamos: «Señor, ya no quiero seguir siendo así. Cambia mis deseos. Cambia mis deseos. Hazme querer lo mejor.

El camino a la transformación es de la cabeza al corazón. El corazón no puede amar lo que la mente no conoce. Y entonces, es nuestro deber hacia las mujeres que enseñamos, el darles una fe que piensa.

Conoce a Dios, y lo amarás. Es una fórmula sencilla. Él es el ser más adorable. Debemos enseñar a las mujeres a pensar correctamente sobre Dios y ese pensamiento correcto generará entonces sentimientos correctos en ellas. Me encanta que las mujeres sean capaces de tener una fe que siente profundamente. Creo que muchas veces los hombres pueden mirarnos y aprender de eso.

Pero creo que debemos tener cuidado de no pensar en términos exclusivos, que es nuestro trabajo, ser las que sienten y que es el trabajo de los hombres ser los pensadores. Tú, tú, tú. Cada mujer que enseñas es llamada a amar al Señor su Dios con su intelecto. Así que primero enseña a tus estudiantes a pensar.

Segundo, quiero que enseñes a tus estudiantes cómo aprender. No les des solo buena información, dales buenas herramientas.

Tienes que empujarlas a buscar el conocimiento directamente de las Escrituras. ¿Sabes por qué? Porque el falso maestro y el humanista secular descansan en que nosotras no sabemos lo que dice la Biblia. Ellos confían en que ignoras lo que dice la Escritura textualmente.

Con mucha frecuencia, las mujeres que encuentro han caído en una forma de pensar que yo caracterizaría como el juego del teléfono. Leen un libro sobre la Biblia, y no sé si lo has notado, pero cuando lees un libro sobre la Biblia y no lees la Biblia, solo lees un libro sobre la Biblia. ¿Verdad?

Y están leyendo, y están citando a Agustín o están citando a John Piper o quien sea que estén citando. Y lo que acabamos abordando es una situación en la que tan a menudo estamos leyendo lo que alguien dijo acerca de lo que alguien dijo acerca de lo que alguien dijo acerca de la Biblia. Se siente más práctico porque hay puntos, hay comillas y frases resaltadas colocadas a un lado.

Pero que Dios nos ayude si nos contentamos con ser guardianes de las opiniones de otras personas, acerca de un libro que no nos molestamos en leer. Utiliza esos libros como un suplemento, pero no como un sustituto de pasar tiempo directamente en la Palabra de Dios.

¿Se te ordena amar al Señor tu Dios, con qué? con toda tu mente. Vamos a cambiar el énfasis. Se te ordena amar al Señor tu Dios con toda tu mente. No con mi mente, ni la mente de Nancy, ni la mente de John Piper, la tuya. No es que no haya un lugar en la iglesia para la enseñanza, yo no estaría aquí si pensara eso.

Pero tú y tus estudiantes tienen una responsabilidad directa de exponerse de primera mano a las Escrituras. Es la mejor protección contra la falsa enseñanza. Es la mejor protección a preguntas perturbadoras. O aún aquellas que no son tan perturbadoras, o incluso los más pequeños desafíos a nuestra fe. Y empezamos a sentir que nos desmoronamos. ¿Por qué? Porque todo lo que sabemos es lo que alguien dijo sobre lo que eso dice. Necesitamos saber. Necesitamos saber de primera mano.

Y luego, tercero, quiero que enseñes a tus estudiantes cómo trabajar. Creo que hemos caído en una mentalidad en la iglesia, en la que creemos que simplemente presentarnos es suficiente, si te inscribes en una clase o algo así. Quiero cambiar ese paradigma.

Los discípulos están llamados a ser disciplinados. ¿Escuchas cómo estas dos palabras están tan estrechamente relacionadas? Están llamados a ser disciplinados. ¿Hay alguna de ustedes que sea disciplinada en algo? Probablemente sabes hacer algo, ¿cierto? Tal vez seas buena en hacer ejercicio. O tal vez eres buena tocando un instrumento o algo así. ¿Cómo lo lograste? Sí, lo lograste a través de la práctica.

Digamos que eres violinista. La primera vez que te sentaste a tocar el violín, ¿qué tan buena eras? ¿Y qué tan inteligente te sentiste después de haber terminado? Y entonces te habrías sentido tentada a decir: «Bueno, esto es demasiado difícil. Prefiero escuchar música de violín».

Imagina. Tuve cuatro hijos en clases de piano a la vez, hasta que dijimos: «Escuchen, no podemos pagar esto. Así que a menos que uno de ustedes sea un gran pianista, el resto de ustedes tendrá que dejarlo». ¿Cómo me habría sentido si hubiera llevado a mi hijo al maestro de piano, a quien yo estaba entregando un montón de dinero, y hubiera dicho: «Solo siéntate allí y voy a tocar para ti por un rato, y tal vez aprendas». Despedido. ¿Verdad?

¿Por qué con tanta frecuencia ese es nuestro modelo cuando tratamos de entrenar a nuestra gente en las Escrituras? Aprendemos haciendo. Aprendemos haciendo. Esto significa que debemos hacer que nuestros estudiantes hagan el trabajo. De hecho, yo diría, trata de no hacer nada por ellos, que ellos no puedan hacer por sí mismos, vamos a darles herramientas.

Si eres  padre, conoces esta filosofía. La llamo, con relación a la crianza de los hijos, «pereza intencional». Es el esperar que ellos tengan alguna habilidad motora o intelectual que sean necesarias para que yo pueda entregarles la próxima tarea por hacer. ¿No es así?

Es algo como, «oh, mírate. Estás caminando derecho. Puedes lavar tu ropa». O, «mira, creo que tus manos agarran con suficiente fuerza como para no dejar caer un cuchillo de mantequilla. Ve a hacer tu almuerzo para la escuela». Pereza intencional, ¿verdad? Estoy recuperando mi vida un poco, pero ¿qué está pasando al mismo tiempo? Estoy haciéndolo por el bien de mis hijos. ¿Por qué? Porque los estoy entrenando para convertirse en adultos autosuficientes.

Imagínate si mi hijo de diecinueve años entrara a la cocina mientras él está en casa durante las vacaciones de Navidad y dice: «Mamá, oye ¿qué camisa debería usar hoy?» ¿Qué? «¿Qué debo comer para el desayuno?» No. Habría hecho algo terriblemente mal como madre si él no fuera capaz, si yo no le hubiera enseñado a hacer esas cosas. Mi trabajo es criar un adulto que funcione plenamente. Ese es tu trabajo como maestra. ¿Verdad?

Y así siempre les digo a las mujeres al principio de los estudios. Así que comenzamos 1 de Pedro este otoño. Les digo: «Tengo tres metas para ustedes. Quiero que conozcan la carta de 1 Pedro. Ahora, ¿a quién estamos engañando? Vamos a pasar once semanas en 1 Pedro, y van a aprender esta parte, pero esta parte va a ser muy buena, ¿bien? Así que quiero que aprendan 1 Pedro. Pero aún más que eso, la segunda cosa que quiero para ustedes es que cada vez que se sienten a estudiar su Biblia, se sientan más cómodas con ella después de haber hecho este estudio en particular. «En otras palabras, esa soy yo. Quiero darles esas herramientas, ¿de acuerdo?

«Y entonces mi tercer propósito es siempre…qué? no solo que ustedes conozcan 1 Pedro o que sepan cómo estudiar mejor la Biblia, ¿sino qué?, que vean a Dios con más claridad. Esa es la número tres.

Entonces, ¿cómo les entregamos a ellas su tarea? ¿Cómo practicamos la pereza intencional de la mejor manera con respecto a nuestras estudiantes? Bueno, creo que al igual que con la crianza de los hijos, tienes que establecer una expectativa clara. «Esto es lo que espero de tí; esto es lo que puedes esperar de mí. Vendré preparada. Habré hecho el trabajo». Estoy haciendo lo que voy a pedirte que hagas». Esa es una gran parte de lo que les decimos a nuestros estudiantes. «Ya he hecho y haré lo que te estoy pidiendo que hagas. Y quiero que te unas a esto. Pero tienes que entender que es un trabajo duro».

Es increíble para mí cómo esto parece, a menudo, ser la única área de nuestra santificación que pensamos que sería fácil. Es como si pensáramos, el Espíritu Santo está en mí. Debería ser capaz de solo abrir esto, y simplemente kabum! Él va a dejar caer verdad sobre mí.

En el estudio que estoy haciendo ahora de 1 Pedro, al comienzo del capítulo 2 él dice que debes anhelar la leche pura de la Palabra. ¿Conoces esa pura leche espiritual? ¿Conoces ese pasaje? ¿Cuál es ese retrato que él está pintando allí? Es una habitación llena de mujeres, puedes decirlo. Es la lactancia materna, ¿verdad? Tienes allí mismo una imagen de una madre lactando.

Él dice: «Como un recién nacido, desea con ansias pura leche espiritual.» ¿Qué tan fácil es la lactancia? Bien, es lo más natural. Es lo más necesario para ese pequeño bebé. Pero, ¿es fácil? No. Lo creas o no, es una habilidad adquirida, y es difícil. Esa es nuestra metáfora para acoger la Palabra de Dios.

Es lo más natural, es lo más necesario, pero no es algo que automáticamente sabemos cómo hacer bien. Debemos aprender cómo se hace. Y es un trabajo duro, como es el caso con la santificación. Es un trabajo duro, pero es un buen trabajo, porque estamos muriendo para ser transformadas de quienes éramos a lo que podríamos llegar a ser, a través de la obra del Espíritu Santo.

De modo que parte de esta enseñanza para ellas de trabajar, es darles algunos permisos. Debes darles a tus estudiantes permiso para fallar. Esto es muy difícil para las mujeres, ¿verdad? Porque no queremos quitarnos la cubierta de nuestra alma. Queremos presentarnos con todo preparado, y hemos desarrollado el hábito de querer tener la respuesta correcta todo el tiempo.

Así que, no sé si alguna vez has estado en un grupo pequeño. . . Así que hago esta pregunta abierta al final de cada una de las semanas de mi tarea donde digo: «Sabiendo que Dios es _____ (llena con el atributo de Dios) me muestra que yo soy _____ (lo que sea que has aprendido acerca de Dios y cómo te afecta) así que, por lo tanto yo haré ______». Algunas mujeres vienen y dicen: «Ummmm, ¿cuál es la respuesta a eso?». No lo sé. Díme tú cuál fue tu respuesta.

A ellas les encanta una mentalidad de «llenar el espacio en blanco». Quieren marcar que han terminado su tarea, y solo quieren tener la razón. Y así llegan a la reunión del grupo pequeño o a cualquier otra reunión donde va a haber discusión, y quieren mostrarte que consiguieron la respuesta correcta.

Tenemos que dejar de hacer preguntas que les permitan sentirse de esa manera. Les digo a mis estudiantes: «Voy a hacerles preguntas, y les van a hacer enojar porque su tarea va a plantearles más preguntas de las que van a responder». Y no puedo decirte cuánto estoy a favor de eso, porque empezaste a pensar en ese momento.

Esa es una parte natural del proceso de aprendizaje, entender lo que no sabemos. Eres tú en el primer día de clases de violín. Tendrás que acostumbrarte a eso. No solo vas a necesitar apoyarte en él y familiarizarte con él, también es algo positivo para tí.

Tenemos que darles permiso para fallar. Es tan difícil cuando le pido a una mujer parafrasear algo, ella dice algo como, «voy a hacerlo mal». Está bien. Házlo mal. Mejorarás. Todo está bien. Empieza por alguna parte. Tienes permiso para no hacerlo bien la primera vez. Da a tus estudiantes el permiso de fallar.

Dales a tus estudiantes. . . esto va a sonar aterrador. Dales permiso para especular. Esto no significa que permanecerán en la especulación indefinidamente. Aunque tengo que decir que podríamos estar especulando sobre algunos temas en la Escritura hasta que Jesús regrese. Pero hagámoslo con sobriedad y con buenas herramientas en nuestras manos, ¿verdad? Pero tienes que darles permiso para especular. Esto tal vez significa esto, pero tal vez signifique esto otro. Y debe haber un diálogo alrededor de eso que esté empujándolas a pensar y pensar mucho.

Dales permiso para fallar y especular y preguntarse. Y esto es importante: Dales permiso para esperar. Dales permiso para esperar. Tenemos una sociedad de gratificación instantánea. No queremos esperar. No solo quiero presentarme con la respuesta correcta, sino que si no la tengo, quiero que me la proporciones lo más rápido posible.

Las mujeres necesitan permiso para esperar mientras estudian. Tienen que superar el deseo de tener la respuesta correcta, de tener una respuesta instantánea. Y las estudiantes necesitan entender que su trabajo no es complacer al maestro, sino expandir su propio pensamiento para amar a Dios con su mente.

Nancy: Esta es Jen Wilkin hablando en la conferencia Revive '15 titulada, «Mujeres enseñando a mujeres». Jen tiene mucha experiencia enseñando la Palabra de Dios a mujeres, y ella nos ha estado compartiendo mucho conocimiento práctico.

Jen escribe sobre cómo estudiar la Biblia de manera efectiva en su libro titulado, Mujer de la Palabra. Espero que obtengas una copia en tu librería cristiana favorita. Es un libro corto y de fácil lectura, lleno de consejos útiles para hacer que tu estudio de la Biblia sea más significativo.

Annamarie: Gracias, Nancy. El lunes continuaremos escuchando de Jen Wilkin acerca de cómo podemos llevar a otras mujeres a la Palabra. Ella quitará algo de la presión que pueden sentir las maestras.

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Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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