Podcast Aviva Nuestros Corazones

Marca del pacto

Carmen Espaillat: Dios puede usar cosas simples como agua, pan y uvas para recordarnos una verdad profunda. Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Y tenemos estos poderosos símbolos en el bautismo y en la Cena del Señor, símbolos que Dios nos ha dado de nuestra relación de pacto con Él —símbolos que nos hacen recordar la cruz, que nos llevan de regreso a Cristo.

Carmen Espaillat: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

Agua, pan, uvas —estos son ingredientes simples que toman un significado extraordinario en un contexto adecuado. Descubre por qué estos ingredientes simples pueden convertirse en una parte valiosa de tu vida mientras Nancy continúa en la serie, «Lecciones de la vida de Josué (Parte 8): Antes de la conquista».

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Después de años de espera, de años vagando, años de quizás preguntarse si los propósitos de Dios algún día se iban a cumplir, si alguna vez ellos verían la Tierra Prometida y si llegarían, los hijos de Israel finalmente están allí.

Están en la Tierra Prometida. Han cruzado el Jordán, y podrías pensar que el siguiente paso habría sido avanzar a la batalla. Dios les había dicho: «Van a tener que tomar posesión de esta tierra. Hay ciudades y reyes que son paganos, que son perversos que se han levantado en contra de mí. Van a tener que tomarlos en la batalla.»

Podrías pensar que la próxima cosa que hubieran hecho era avanzar a la batalla. La razón humana habría sugerido que ahora había llegado el momento de atacar mientras aún estaban calientes para la conquista. Sabemos que los cananeos, en este punto, estaban aterrorizados, ya que acababan de escuchar lo que Jehová había hecho, al llevar a Su pueblo a través del río Jordán.

Lees en Josué capítulo 5, comenzando en el versículo 1,

«Y aconteció que cuando todos los reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán hacia el occidente, y todos los reyes de los cananeos que estaban junto al mar, oyeron cómo el Señor había secado las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel hasta que ellos habían pasado, sus corazones se acobardaron, y ya no había aliento en ellos a causa de los hijos de Israel.»

Así que dices, "hijos de Israel, ahora es el momento de avanzar, mientras que los cananeos están aterrorizados".

Los hijos de Israel, como escuchamos en la última sesión, habían acampado en un lugar llamado Gilgal, que está justo al oeste del Jordán a varios kilómetros. Están a dos o tres Kms. de Jericó, probablemente podían ver las muy altas, fuertes e inexpugnables murallas de la ciudad de Jericó. Tú no pensarías que ellos iban a querer estar sentados, mientras están bajo la sombra de esta muy poderosa ciudad de Jericó, sentados esperando dejar crecer la hierba bajo sus pies. Sin embargo, en Su soberanía, en Su sabiduría, Dios los pone a esperar aún más.

Los acontecimientos en el capítulo 5 que vamos a ver a continuación, tomaron por lo menos cinco días, y entonces los hijos de Israel caminaron alrededor de Jericó durante seis días más –no fue sino hasta el séptimo día que los muros cayeron– antes de que experimentaran su primera victoria, pasaron por lo menos dos semanas después de cruzar el Jordán.

Debemos recordar que, aunque a veces Dios nos retrasa, Sus retrasos siempre tienen un propósito, y los retrasos de Dios son una parte necesaria del proceso de tomar posesión de nuestra herencia espiritual; que es de lo que estamos hablando de la aplicación de nuestras vidas de entrar en Canaán, tomar la herencia espiritual y la posesión que Dios tiene para nosotras.

Warren Wiersbe en su comentario sobre el libro de Josué, dice: «el pueblo de Dios debe estar preparado antes de que se le pueda confiar la victoria.»

Eso es lo que vamos a ver. Estamos en medio de este proceso de preparación. Ellos tuvieron que hacer los memoriales –vimos eso en nuestra última sesión– y ahora van a prepararse de otra manera importante.

La historia en Josué 5 es el relato de los Israelitas renovando su pacto con el Señor. Esto es muy importante. Ellos eran un pueblo de pacto. Tenían un Dios que mantenía y que guardaba su pacto, pero ellos habían roto el pacto con Dios a través de sus años de incredulidad en el desierto.

Ese pacto, por un período de tiempo, de alguna manera había sido suspendido. Por lo que necesitaban algunas señales para renovar su pacto, para recordarse a sí mismos quiénes eran, y para renovar su compromiso con Dios, con un Dios que guarda su pacto. Los medios para hacer eso, en Josué capítulo 5, fue por medio de dos ordenanzas que los hijos de Israel se tomaron el tiempo para llevar a cabo.

Con la observancia de estas ordenanzas, estaban restituyendo las dos prácticas que Dios les había dado, pero que habían sido descuidadas durante la generación anterior. Estas prácticas habían sido abandonadas por la generación anterior, y ahora esta nueva generación había llegado a la tierra prometida, y tuvieron que restituir estas dos prácticas, la circuncisión y la celebración de la Pascua.

Vamos a verlas una a la vez:

Los primeros nueve versículos tratan con la circuncisión. Permíteme leer comenzando en el verso 2 de Josué capítulo 5: «En aquel tiempo el Señor dijo a Josué (ahora, ¿qué tiempo era este? –Acaban de cruzar Jordán, los cananeos están aterrorizados, y en ese momento cuando podrías pensar que el siguiente paso sería, como ya he dicho, pelear mientras el hierro está caliente– ¿qué es lo que Dios le dice a Josué que haga?): "Hazte cuchillos de pedernal y vuelve a circuncidar, por segunda vez, a los hijos de Israel.” Y Josué hizo cuchillos de pedernal.»

Una de las cosas que me gustan de Josué es su rapidez para obedecer a Dios, incluso cuando no tiene sentido desde el punto de vista humano. Dios le dijo: «Haz esto», y en el siguiente versículo lees, Josué hizo eso, y esa es la clase de corazón que Dios quiere que tengamos –no retrasar, ni debatir, ni discutir, ni dialogar, no yendo donde alguien más a buscar opiniones: «Creo que Dios me dijo eso, pero ¿qué te parece?» Dios lo dejó bien claro; Dios nos deja ver en Su Palabra algunas cosas que estamos supuestas a hacer, y la pregunta que debemos hacernos es: ¿Lo estamos haciendo? ¿Somos prestas para obedecer?

«Y Josué se hizo cuchillos de pedernal y circuncidó a los hijos de Israel en el collado de Aralot. Esta es la razón por la cual Josué los circuncidó: todos los del pueblo que salieron de Egipto que eran varones, todos los hombres de guerra, murieron en el desierto, (todos los mayores de 20 años, podrás recordar.  Los que habían muerto en el desierto) por el camino, después que salieron de Egipto. Porque todos los del pueblo que salieron (de Egipto) fueron circuncidados, pero todos los del pueblo que nacieron en el desierto, por el camino, después de salir de Egipto, no habían sido circuncidados.» (v. 3-5).

La Escritura nos dice en el versículo 6 y en adelante que Josué circuncidó, o que los hijos de Israel circuncidaron a todos los varones que no habían sido circuncidados.

Versículo 8: «Y sucedió que cuando terminaron de circuncidar a toda la nación, permanecieron en sus lugares en el campamento hasta que sanaron.»

Ahora, que los hombres adultos se sometieran a la circuncisión en este momento preciso, humanamente hablando, era ridículo. Requirió fe, y hemos dicho que este era un camino de fe en todos los aspectos. Esta fue una crisis de fe para los hijos de Israel. Se requirió fe para cruzar el Jordán, para que los sacerdotes metieran sus pies en el agua y creeyeran que Dios los iba a llevar del otro lado del río.

Ahora, esta es otra crisis de fe. ¿Vas a circuncidar a todos los hombres de tu ejército y a esperar el tiempo necesario para que sanen mientras están sentados bajo la sombra del enemigo, bajo el pueblo de Jericó?

El efecto de esta cirugía era que incapacitaba y desactivaba a todo el ejército de Israel, mientras ellos estaban sentados aproximadamente a un kilómetro y medio de Jericó. Yo diría que requirió fe, pero Dios les dijo que lo hicieran, y cuando Dios dice que hagas algo, Él sabe de lo que está hablando y Dios será nuestro defensor.

Sabemos que en Génesis capítulo 34, hubo un grupo de hombres adultos de Siquem que se circuncidaron y tres días después todavía estaban con dolor e incapaces de defenderse. Sabemos que tomó aproximadamente tres días, por lo menos, para que los israelitas se sanaran después de la circuncisión, y de nuevo, humanamente hablando, esto fue algo tonto para hacerlo. Porque los hacía vulnerables. ¿Y si los cananeos se enteraban de que todos estos hombres de Israel estaban incapacitados? ¿Y si decidían atacar?

Hay un montón de “¿Y si...?” en la vida, y humanamente hablando, pudieron haber ocurrido, pero los israelitas tuvieron que aprender que estar bien con Dios era más importante que cualquier ventaja militar, que Dios los protegería si obedecían.

Versículo 9:

«Entonces el Señor dijo a Josué: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto. Por eso aquel lugar se ha llamado Gilgal hasta hoy.»

Este versículo tiene un juego de palabras que no se puede ver en el idioma español. La palabra en hebreo para Gilgal suena como la palabra hebrea que significa «rodar.» Es como si Dios estuviera diciendo: «He rodado de vosotros el oprobio de Egipto...»  Este lugar se llamó Gilgal a partir de entonces. Este fue el lugar donde Dios rodó el oprobio de Egipto. Este punto, la circuncisión, marca el final del largo cautiverio de Israel. Ahora Canaán, la tierra prometida, está por a delante de los hijos de Israel.

La palabra Gilgal está relacionada a un lugar que encontramos en el Nuevo Testamento. ¿Puedes pensar en un lugar que tenga un sonido similar a Gilgal? Bueno, en el idioma original tienen casi las mismas consonantes, Gólgota. Gólgota es el lugar donde Dios rodó nuestro pecado. Rodó el reproche de nuestra esclavitud a Satanás. El Calvario, el lugar donde Jesús fue crucificado. El Gólgota, el lugar de la calavera. Marca el final de nuestro cautiverio al pecado. Calvario-Gólgota, ese es el lugar donde nuestros pecados fueron rodados sobre Cristo para que pudiéramos entrar en la herencia espiritual de Dios.

Lo que se llevó a cabo con esos judíos que fueron circuncidados en Gilgal  era una imagen de lo que Cristo haría en la circuncisión de nuestros corazones en el Gólgota. Esto hace de aquel lugar un monumento importante en nuestras mentes y en nuestros corazones.

En el Antiguo Testamento, la circuncisión era la señal del pacto. Dios primero le dio esta señal a Abraham y le dijo: «Esto es evidencia de que tú me perteneces», y en todas las generaciones judías posteriores, los hombres debían ser circuncidados a los ocho días de nacidos. Esto decía que este era un pueblo que tenía una marca; que le pertenecía a Jehová.

Los israelitas no debían confiar en la señal exterior. No era la marca externa de la circuncisión lo que los hacía el pueblo de Dios. Eso era sólo una evidencia de que ellos estaban confiando en el Dios del pacto, y la evidencia de su fe era la marca de la circuncisión.

Deuteronomio capítulo 10 nos dice que el rito del Antiguo Testamento de la circuncisión para los judíos era un símbolo de una operación espiritual que se llevaba a cabo en el corazón. Entonces llegamos a Colosenses capítulo 2, y leemos que hay una conexión para nosotras como creyentes del Nuevo Testamento –no sólo para los hombres judíos que tienen el rito físico de la circuncisión, sino que hay una circuncisión espiritual para todos aquellos que son hijos de Dios por medio de la fe en Jesucristo.

Permítanme leerles lo que dice Colosenses capítulo 2:11-13a,

«En Él (Cristo) también fuisteis circuncidados con una circuncisión no hecha por manos, (esta no es una circuncisión física) al quitar el cuerpo de la carne mediante la circuncisión de Cristo; habiendo sido sepultados con Él en el bautismo, en el cual también habéis resucitado con Él por la fe en la acción del poder de Dios, que le resucitó de entre los muertos. Y cuando estabais muertos en vuestros delitos y en la incircuncisión de vuestra carne.» 

Cuando en el Antiguo Testamento se hace referencia acerca de los que no estaban circuncidados, se refería a los paganos, los incrédulos, a los gentiles. Pablo dice a los Colosenses, «Eran incrédulos; incircuncisos en su carne, estaban muertos. Estaban muertos en sus pecados.» «Pero, (Dios) os dio vida juntamente con Él, habiéndonos perdonado todos los delitos, habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz.» (v. 14)

Nosotras miramos atrás hacia la cruz y los judíos del Antiguo Testamento miraban hacia el futuro, a la cruz de Jesucristo a nuestro Gilgal, a nuestro Gólgota, donde hubo una operación espiritual que se llevó a cabo en nuestros corazones, cortando esa carne vieja, incrédula, pagana, no regenerada y haciendo que muriéramos  con Cristo, sepultados con Cristo y resucitados con Cristo a una nueva vida.

¿Cuál es el símbolo en Nuevo Testamento de esa obra interna del Espíritu en la circuncisión de nuestros corazones? En el Antiguo Testamento, el símbolo externo era la circuncisión para los hombres judíos. En el Nuevo Testamento, el símbolo de esa obra del Espíritu en la circuncisión de nuestros corazones es el bautismo del creyente -el bautismo por agua- que nos pone la marca como propiedad de Cristo.

No somos salvas por el bautismo –sea que creas en el bautismo por aspersión o inmersión, sumergirte tres veces hacia adelante o tres veces hacia atrás– hay tantas maneras. He visto diferentes medios y modos de bautismo, ese no es el punto aquí. Independientemente del modo que creas o que uses, no te puede salvar más de lo que el rito de la circuncisión física podía salvar a los judíos del Antiguo Testamento.

El bautismo de agua no te salva. Es simplemente un símbolo externo, una expresión de una realidad interna. Es una expresión de la transformación que ha tomado lugar en nuestros corazones.

Yo fui bautizada por inmersión siendo una niña de cinco años de edad, aproximadamente un año después de que confié en Cristo como mi Salvador. Recuerdo que tenía que estar parada sobre una caja en la parte inferior de la pila bautismal porque era demasiado pequeña, y el pastor Conners me bautizó por medio de inmersión.

Existe este concepto, al entrar al agua, de que estás siendo sepultada con Cristo, y luego, al salir del agua, estás resucitando con Cristo para vivir una vida nueva. Pero es un símbolo externo. Fue un momento importante y significativo para mí, pero no fue ahí cuando fui salva. Eso no fue lo que me salvó.

Fue Cristo quien me salvó un año antes, el 14 de mayo de 1963, quien me dio una vida nueva, puso fe en mi corazón, me dio el don del arrepentimiento, y luego, cuando fui bautizada un año después en nuestra iglesia (y si eras una niña pequeña, en ese entonces, te hacían esperar un año porque querían confirmar que tu profesión de fe fuera genuina). Tuve que pasar por un interrogatorio con el liderazgo de la iglesia, dando testimonio personal, y luego vino ese punto cuando pasé por las aguas del bautismo como un símbolo, una señal, un testimonio de lo que Dios ya había hecho en mi corazón internamente el año anterior.

Por cierto, esto me lleva a preguntarte, si alguna vez has sido bautizada como creyente. De acuerdo con la Escritura, este es uno de los actos iniciales importantes de obediencia, para cada hijo de Dios en el Nuevo Testamento.

La semana pasada escuché de un amigo que ha caminado con el Señor por muchos años y en la medida en que Dios estaba tratando con este hombre acerca de algunos asuntos en su vida, llegó a la convicción de que a pesar de que era creyente desde hacía muchos años, nunca había pasado por las aguas del bautismo. Hasta donde tengo entendido, ahora se ha comprometido a ser bautizado.

Es posible que seas hija de Dios por mucho o por poco tiempo. ¿Te has bautizado? No te va a salvar, pero es una expresión de obediencia, es una expresión de identificación para el mundo, para cualquiera que vea, y un recordatorio aun para ti misma, de lo que Cristo ha hecho en tu corazón.

Regresando a Josué capítulo 5, la circuncisión de estos hombres era lo que los calificaba para participar en la siguiente ordenanza que era la Pascua. La celebración de la Pascua fue reinstituida, y leemos acerca de eso a partir del versículo 10:

«Los hijos de Israel acamparon en Gilgal, celebraron la Pascua a los catorce días del mes, por la tarde, en los llanos de Jericó,» (RVR95).  

Habían atravesado al otro lado del río Jordán, ¿en qué día del mes? Hablamos de esto en la última sesión fue en el décimo día. En el libro de Éxodo, en la primera Pascua, el décimo día era cuando seleccionaban el cordero –el cordero de la Pascua- a los catorce días del mes era cuando se sacrificaba el cordero Pascual.

Así que los hijos de Israel, otra vez, participaron de esta comida como recordatorio, un recordatorio de que ellos eran un pueblo redimido. Este es el tercer registro de la celebración de la Pascua. La habían celebrado justo cuando salieron de Egipto, y un año más tarde, cuando acamparon en el monte Sinaí, lees en Números capítulo 9 que habían celebrado la Pascua, y aparentemente desde entonces, no habían vuelto a celebrar la Pascua.

Había toda una generación que no había sido circuncidada y que no había participado de la Pascua que Dios les había instruido hacer cada año; pero mientras ellos estuvieron vagando en el desierto, el pacto de Dios había sido suspendido debido a su incredulidad, pero ahora estaban volviendo a renovar su pacto. Todo esto antes de comenzar su primera batalla, como medio de preparación.

Muchos de la generación adulta que ahora estarían celebrando la Pascua en la tierra prometida, eran niños cuando los israelitas observaron esa primera Pascua en Egipto cuarenta años atrás. Algunos de esos habrían sido niñas y niños pequeños, y habrían visto cómo sus padres eligieron ese cordero, y luego sacrificaron al cordero de la Pascua, y luego colocaron esa sangre en los postes y en los dinteles de sus casas.

Habrían recordado, pensando cuarenta años atrás, en el llanto de los egipcios cuyos hogares habían sido golpeados por el ángel de la muerte esa noche, y habrían recordado cómo el ángel pasó por encima de sus hogares cuando vio la sangre en los dinteles.

Así que sabían que esto era una imagen importante y significativa de que «somos un pueblo que pertenecen a un Dios de Pacto, y con este sacrificio, una vez más, recordamos que Dios ha pasado por alto nuestros pecados. Merecemos morir por nuestros pecados, pero Dios ha pasado por encima y nos ha liberado a causa de la sangre del Cordero.»

Tenemos en el Antiguo Testamento la imagen de la circuncisión; en el Nuevo pacto, la imagen del bautismo del creyente. En el Antiguo Testamento, el símbolo de la Pascua; en el Nuevo Testamento, ¿Cuál es el símbolo de la Pascua para nosotras? La Cena del Señor. La Santa Cena. Y qué cuadro tan precioso es para nosotras cada vez que participamos de ella, y recordamos que a causa de la sangre del Cordero que fue derramada por mí, Dios ha pasado por alto mis pecados. Ha juzgado a Cristo por mis pecados, y ahora puedo ser libre, libre para pertenecer a Dios.

Tenemos estos símbolos poderosos que Dios nos ha dado, el bautismo y la Cena del Señor, de nuestra relación de pacto con Él.  Estos símbolos nos hacen recordar la cruz que nos lleva de regreso a Cristo.

Cuando pienso en toda esa generación de judíos en el desierto que durante años y años, por toda una generación, no observaron estas ordenanzas de la circuncisión y la Pascua, debemos preguntarnos a nosotras mismas, ¿es posible que nos hayamos olvidado de Cristo, de lo que Él hizo por nosotras?

¿Hemos descuidado los símbolos, las ordenanzas que Él nos ha dado a través de los que lo recordamos? Cosas como la salvación, la sangre de Cristo. Estos son términos antiguos que algunas de nosotras hemos escuchado desde que éramos pequeñas, pero son términos preciosos. Son términos que tenemos que recuperar, de los que tenemos que hablar. Siempre necesitamos estos preciosos recordatorios de lo que Dios ha hecho por nosotras, y celebramos eso cada vez que vemos un bautismo, cada vez que participamos de la Cena del Señor.

Hay una posdata significativa de la celebración de los israelitas de la Pascua que encontramos en Josué capítulo 5, y la vemos en los versículos 11 y 12. El versículo 11 nos dice: «Y el día después de la Pascua, ese mismo día, comieron del producto de la tierra, panes sin levadura y cereal tostado.»

Recuerda que era tiempo de la cosecha cuando cruzaron el Jordán, es por eso que el río estaba desbordado, había cebada disponible; había otros productos disponibles en la tierra, dátiles y aceitunas, etc., había comida en abundancia, y ahora ellos podían disfrutar de los primeros frutos de la abundancia que Dios les había prometido.

Luego, el versículo 12 nos dice: "«Y el maná cesó al día siguiente, desde que comenzaron a comer de los frutos de la tierra, y los hijos de Israel nunca más tuvieron más maná, sino que comieron de los frutos de la tierra de Canaán aquel año.» (RVR95).

Qué cuadro, qué imagen de la provisión tierna y el fiel cuidado de Dios para Su pueblo. ¿Cuánto tiempo había Dios provisto maná? Cada mañana, seis días a la semana, durante cuarenta años, incluso cuando los hijos de Israel habían sido incrédulos, cuando se quejaban, cuando murmuraban, cuando decían: «Estamos hartos de este maná,» Dios se mantuvo, en su misericordia, proveyendo para ellos. Fue fiel incluso cuando ellos no lo fueron. El proveyó exactamente lo que necesitaban, siempre y cuando lo necesitaran, y luego, cuando no fue más necesario, cesó.

Esta mañana mientras meditaba en ese pasaje, pensé en unos amigos que son misioneros. Ellos recaudan fondos como misioneros. Cada mes ellos tienen solo lo que Dios provee a través de otras personas que dan para su ministerio.

En un momento sus hijos estuvieron asistiendo a la universidad por varios años. Ellos se comprometieron en la medida de lo posible, a no contraer deudas. Ahora miran hacia atrás y cuentan cómo Dios aumentó su sostén mensual. Ahora, sus hijos trabajaron y recaudaron dinero por su cuenta para ir a la universidad. Trabajaron y recibieron becas. Sin embargo, dijeron, que cada mes su sostén fue exactamente lo que necesitaban mientras sus hijos iban a una universidad cristiana. Dijeron que después de que su último hijo se graduó, el apoyo mensual volvió a bajar a lo que necesitaban en esta nueva etapa de la vida.

Qué Dios tan increíble tenemos que en Su providencia, en su bondad, en su misericordia y en su ternura sabe cuál es nuestra necesidad, y proporciona exactamente lo que necesitamos, siempre y cuando sea necesario; y luego vendrá el día en que Él nos llevará a esa tierra prometida, y disfrutaremos de la abundancia generosa de Sus promesas en esa tierra nueva.

Carmen Espaillat: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado llamando a experimentar la bendición y riqueza de las ordenanzas que el Señor nos dejó. Espero que, si eres creyente, puedas contactar a tu iglesia local si no has sido bautizada, y que participes allí de la celebración de la Cena del Señor. Este programa es parte de la serie, «Lecciones de la vida de Josué (Parte 8): Antes de la conquista».

Al adentrarnos en la vida de Josué, hemos considerado algunas de las batallas que él tuvo que enfrentar. Y creo que cada una de nosotras sabe qué es enfrentar su propia batalla… Una oyente nos escribió,

«El perdón libera. Me demoré en pedirle perdón a mi hermana dos años después de mi conversión; y luchaba con esto cuando hablaba con nuestro Señor sobre el tema y le decía, “¿Por qué no viene ella a mí y yo la perdono?” Y de inmediato me respondió: “PORQUE YO FUI A DONDE USTEDES Y NO USTEDES A MÍ”. Estas palabras me dejaron sin excusas y ese mismo día al salir del trabajo fui donde ella, y, ¡¡acabo de pasar una de las mejores festividades de los últimos siete años de mi vida al lado de mis hermanas!! “Y, ANTE TODO, TENED ENTRE VOSOTROS FERVIENTE AMOR; PORQUE EL AMOR CUBRIRÁ MULTITUD DE PECADOS”. Gracias Aviva Nuestros Corazones por ayudarme y acompañarme en este peregrinaje. GRACIAS.»

Nancy DeMoss Wolgemuth: Wow. No puedo explicarte lo alentador es para mí escuchar acerca de lo que Dios está haciendo en las vidas de nuestras oyentes. Nuestra página web, AvivaNuestrosCorazones.com es un gran recurso donde las mujeres pueden venir y encontrar materiales basados en la Biblia, en las escrituras que necesitan para los temas prácticos a los que se enfrentan en sus vidas. Diferentes etapas, asuntos diferentes, pero en ese sitio puedes encontrar una gran riqueza extraída de la Palabra de Dios que te servirá de ayuda y sabiduría en estas diferentes áreas.

La página web, y esos archivos de los programas de audio están disponibles gracias a oyentes como tú que creen en Aviva Nuestros Corazones y apoyan financieramente este ministerio.

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Bien, la próxima generación puede aprender mucho de símbolos e historias. Descubre cómo pasar esas historias a aquellas que siguen tus pisadas, en tu próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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