Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Mujer Verdadera 365: El reino instaurado (1 y 2 Samuel)

Annamarie Sauter: Con nosotras, Laura Gonzalez de Chávez.

Laura Gonzalez de Chávez: Dios no oculta las debilidades de las personas que Él usa, al contrario, las expone, expone sus pecados, y lo vemos en todos los personajes aquí. El Señor escoge y Su elección no tiene nada que ver con lo externo –como tú decías Patricia– ni con sus habilidades. Dios ve mucho más allá de lo que nosotros podemos percibir a simple vista, Él mira el corazón. 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

La lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es 1 Crónicas capítulos 8 al 10. En los últimos días hemos estado conversando sobre algunos de los libros que ya hemos leído como parte de este reto. Hoy Laura Gonzáles y Patricia de Saladín continúan con nosotras para hablarnos sobre los libros de Samuel.

Aquí está Patricia con nosotras. 

Patricia de Saladín: El día de hoy estamos continuando con los programas que acompañan nuestro reto de lectura Mujer Verdadera 365. En el programa de ayer vimos el libro de los Jueces, y pudimos ver el deterioro del pueblo, ese ciclo repetitivo de pecar, clamar a Dios, Dios enviar un juez, un libertador, y finalmente el pueblo restaurarse hasta volver nuevamente al ciclo.

Pero la frase que se repite en el libro de los Jueces que dice, «no había rey en Israel y cada uno hacía lo que bien le parecía», parece prepararnos para lo que vamos a comenzar a ver en el día de hoy. Hoy vamos a comenzar a ver la monarquía de Israel. Israel tendría un rey como las demás naciones, Dios les concedería su petición, y veremos para esto los libros de primero y segundo de Samuel.

Vemos cómo ese reino está avanzando y estamos ahora en la búsqueda de ese rey. Ese reino que se perdió con la caída; ese reino que había sido prometido a Abraham ahora lo vemos querer cumplirse parcialmente con estos reyes humanos que vamos a ver. Pero definitivamente, el pecado y la desobediencia confirman que viene alguien más grande. El Rey con R mayúscula todavía no ha llegado. Y para ver primero y segundo de Samuel, hoy me acompaña mi amiga, mi hermana y mi compañera de milicia, Laura González.

Hola Laura ¿cómo estás?

Laura: Hola Patri, qué bendición estar aquí contigo hablando de este tema que nos apasiona.

Patricia: Amén. Así es, nos encanta la Palabra de Dios, nos encanta poder compartirla con las mujeres que nos escuchan y ver esa Palabra obrando, ver su hermosura, verla obrar como ella misma dice que es, «una espada», y viéndola llevar ese fruto que ella ha prometido que realmente traerá.

Laura: Amén.

Patricia: Pero vamos a coger este material y a comenzar porque como son 2 libros en un solo programa no tenemos tiempo que perder. Y vamos a comenzar con las preguntas básicas. El autor, Laura, ¿quién es el autor de primero y segundo de Samuel? 

Laura: El autor es desconocido, pero se piensa que fue extraído de escritos de Samuel, Natán y Gad, que eran profetas en aquel tiempo. Así que está escrito quizás por varios profetas.

Patricia: Y está dirigido al pueblo de Judá. El libro de los Jueces muestra el caos moral, la necesidad de líderes fieles. Entonces ahí entran primero y segundo de Samuel. Y ¿cuál sería el mensaje central del libro? 

Laura: El tema central es que Dios es soberano sobre los pueblos y los individuos, y que Dios requiere nuestra obediencia sobre cualquier otra cosa que podamos ofrecerle.

Patricia: Amén. Así es. En estos dos libros, a diferencia de, por ejemplo, primero y segundo de Reyes y primero y segundo de Crónicas, aquí destacan marcadamente tres líderes, tres personajes que son Samuel, Saúl y David. Y lo que vemos es cómo la vida de Samuel es como un hilo que se teje a lo largo de las historias de estos dos reyes importantes. Y ¿cómo pudiéramos ver, Laura, en medio de la instauración –porque lo que vemos es eso, que el pueblo de Israel decía, «nosotros queremos tener un reino como las demás naciones». ¿Cómo podemos ver aquí ese hilo de la historia de la redención? 

Laura: Antes de llegar ahí, déjame aclarar –creo que tú lo dijiste antes– que este es un solo libro que en la escritura sale dividido en dos partes, pero realmente lo que vemos en este libro es la mano de Dios actuando en la historia de este pueblo elegido cumpliendo Sus propósitos. Entonces vemos el plan de Dios desarrollarse. El pacto de Dios con Abraham ahora va a continuar a través de David, y como tú decías al principio, David apunta a ese Rey futuro, a ese reinado futuro, a ese Rey prometido, a ese mejor Rey, a ese Mesías que es Jesucristo.

O sea que David es un tipo de Jesucristo.

Patricia: Así es. Pero antes de llegar a David… Bueno, el libro comienza con una historia que todavía está insertada en el libro de los Jueces porque Samuel fue el último de los jueces. Y vemos una historia muy conocida –para nosotras como mujeres en especial– que es la historia de Ana. Y me gustaría comentarte que en esos primeros capítulos, aunque no vamos a entrar al tema de Ana, pero en esos primeros capítulos se termina con un poema, un poema de Ana, y es increíble cómo en ese poema se resumen básicamente estos temas que tú viniste comentando. El hecho de que Dios exalta al humilde y quiere la obediencia y resiste al orgulloso. Dios termina siempre cumpliendo Sus propósitos. Sus propósitos prevalecerán, y Dios levantará un Rey ungido; un Rey que no es un rey como el de las demás naciones, es un Rey distinto.

Pero en el desarrollo de todo esto vemos la continuación de la historia de la redención.

Laura: Exactamente.

Patricia: ¿Cómo vemos aquí que esa historia se sigue tejiendo? Porque eso es parte de lo que queremos traer con estos programas de Mujer Verdadera 365, que es ayudar a las lectoras a ver que la Biblia es un solo libro con una sola historia que corre a través de todas sus páginas, desde Génesis hasta Apocalipsis, y que es la historia de la redención.

Laura: Así es. Bueno, Patricia, como hablamos hace un momento, para recapitular, primera de Samuel cubre desde la opresión de los filisteos, vemos la introducción de Samuel como el último juez (que tú mencionaste) y finalmente vemos la selección y la instauración de Saúl como rey, que era el rey que esos judíos querían para parecerse a los demás pueblos. Entonces, segunda de Samuel cubre aproximadamente 40 años, y cubre mayormente el reinado de David, que era ese rey que apunta a Cristo. 

Inicia con la proclamación de David como rey y la consolidación de su monarquía. Entonces, ¿cómo encaja esto dentro del contexto general del plan de Dios? Bueno, la historia de Dios a través de este pueblo, continúa. Vemos a los reyes subir y caer; vemos tiempos de guerra; vemos tiempos de paz… Pero en medio de todo esto, Dios continúa escribiendo la historia, controlando los eventos y llevando Su historia hacia la culminación de ese plan de redención y del Mesías que vendría, de ese Mesías prometido, ese mejor Rey, Jesucristo del que hablábamos.

Patricia: Así es, y ¿sabes qué, Laura? Me gustaría que nos detuviéramos un poco, antes de seguir con las cosas que podemos aprender de Dios y de Su carácter. Vamos a detenernos un poco en los tres personajes. Vamos a detenernos un poco en Samuel, que ya dijimos que fue el último juez y también fue un profeta, porque Samuel es un personaje muy especial, definitivamente. En medio de toda esa oscuridad que venía del libro de los jueces, él es un caso especial.

Laura: Así es. Como tú dijiste, Patricia, él fue el último juez antes de la instauración de la monarquía de Saúl, y es maravillosa su historia porque él había sido entregado a Dios por Ana, su madre, desde que fue destetado. Y él escuchó el llamado del Señor desde niño y se convirtió en un líder religioso respetado e importante. Él era un hombre conforme al corazón de Dios y como Moisés, en su momento, intercede ante Dios confesando el pecado del pueblo. Él era un vocero fiel de Dios para el pueblo.

Y lo que me encanta de Samuel es lo rápido que era para obedecer. Es un ejemplo de liderazgo espiritual para nosotros.

Patricia: Así es. Y me llama la atención cómo él se enoja, en cierta medida, con el pueblo, cuando el pueblo pide un rey, y Dios le dice, «es que no te han desechado a ti, me desecharon a Mí.

Laura: Así es. 

Patricia: Y eso tiene muchas implicaciones porque no solamente era que habían desechado a Dios, sino que, en este caso, Samuel también tenía hijos.

Vamos a seguir con el siguiente personaje, así de manera rápida. Vamos a ver ahora a Saúl. Cuántas aplicaciones tienen esas historias de Saúl al principio. Él parecería el rey perfecto. Buen mozo, más alto que todos en esa multitud; se destacaba por su estatura. Era tan humilde que no quería ni siquiera aparecer en escena. Pero, sin embargo, comienza así y termina mal.

Laura: Así mismo es. Pero fíjate que es increíble porque al principio él parecía humilde. Incluso se escondió entre el bagaje para que no lo vieran. Pero, qué increíble ver su declive moral y su trágico final. Y definitivamente, Saúl fue dado al pueblo como disciplina porque el pueblo quería un rey como los demás pueblos. El pueblo no quería a Dios como su rey, no quería ser gobernado por Dios sino por un hombre como los demás pueblos. Y entonces él comenzó vivir su llamado de una manera humilde pero vemos que poco a poco comenzó a confiar más y más en sí mismo y a rebelarse contra Dios, a desobedecerlo. Era impulsivo, desobediente, confiaba en su propia sabiduría y no en la sabiduría de Dios, como se la comunicaba Samuel, y seguía los deseos de su propio corazón. 

Patricia: Y fue muy pragmático. Ese texto famoso que dice que cuando Samuel le dice, «pero qué has hecho, obedecer es mejor que los sacrificios y prestar atención mejor que la grosura de los carneros», o sea él era un hombre sumamente pragmático. Vamos a hacer lo que funciona. Samuel no llega, hay que ofrecer sacrificios. El pueblo está desertando, yo resuelvo.

Laura: Porque él quería mejorar el plan de Dios.

Patricia: Y resolver… como muchas veces nosotras, Laura. Veo que muchas veces nosotras vemos a Saúl que dice, «yo voy a resolver porque Samuel no llega». ¿Cuántas veces nosotras como mujeres asumimos el liderazgo que les corresponde a los hombres que tenemos al lado? Porque decimos, «este hombre no resuelve, déjame resolver». Y violentamos el hecho de que Dios dice, «para mí, que obedezcas es más importante a que las cosas salgan bien, yo prefiero que tú seas obediente».

Laura: Exacto, Saúl pudo haber tenido buenas intenciones, pero estaba desobedeciendo a Dios. Y la realidad es que Dios lo que quiere es nuestra obediencia. Él no necesita que le sacrifiquemos nada, solo quiere que le obedezcamos completamente y no parcialmente.

Patricia: Amén. Así es. Y por otro lado, el tercer personaje, así de manera rápida, es David, que en este momento es un muchacho; es un muchacho pastor, humilde, detrás de las ovejas, y cómo ahí también hay una lección para mí, enorme. Y creo que para nosotras como mujeres también, porque cuando Samuel llega medio escondido de Saúl a ungir a este nuevo rey –cuando Dios le dice, «es que yo deseché ya a Saúl, ve y busca al otro que está en casa de Isaí»– cuando Samuel ve a Eliab dice, «este es el ungido de Dios», otra vez la misma trampa, la apariencia del buen mozo hijo de Isaí.

Laura: Así es. 

Patricia: Pero Dios le dice, «no mires a su parecer ni a lo alto de su estatura porque yo lo desecho, porque el hombre mira lo que está delante de sus ojos pero yo miro el corazón». Y eso me recuerda tanto a Génesis 3, porque lo que Eva vio fue la belleza del fruto, y yo creo que nosotras eso lo reproducimos siempre. Mi tendencia, por lo menos, es a mirar lo que está delante de mis ojos. Y realmente tengo que repetírmelo constantemente. Pero ese jovencito logra una gran victoria.

Laura: Así es. Él tenía un espíritu tierno delante de Dios, eso me encanta de David. Y yo creo que Dios vio su corazón –como tú dices– desde el principio. Él tenía la disposición de hacer la voluntad de Dios sobre la suya. Él pecó grandemente, pero su deseo era agradar a Dios. Y él tenía la capacidad de arrepentirse sin importar cuán bajo había caído, que es lo que no vemos en Saúl. Saúl se justificaba contínuamente, justificaba su desobediencia.

David no. David tenía un corazón continuamente arrepentido delante de Dios.

Patricia: Así es. Por eso llegan a decir que David fue un hombre conforme al corazón de Dios. También me maravilla ver que él, a pesar de estar huyendo de Saúl y con oportunidades de tomar venganza por sí mismo, de coger el reino a su tiempo, no quiere. Muestra su confianza en Dios, no toma venganza por su propia mano, y esas cosas lo hacen un tipo de Cristo. 

Laura: Me encanta la paciencia que él tuvo, porque él sabía que él era el rey, que Dios lo había ya ungido y proclamado, pero él estaba esperando el momento en que Dios lo colocara en el lugar, y esperó sometido ahí debajo de Saúl, como tú dices, huyendo de Saúl, no defendiéndose, incluso. Pudiendo hacerle daño, en un momento específico al estar cerca de Saúl, y no le hace daño porque él estaba sometido a Dios y a los tiempos de Dios, y eso me encanta.

Patricia: Se ve la obediencia, esa humildad que se quiere resaltar, y que debemos confiar en el Señor, a pesar de la maldad humana, porque Dios está cumpliendo Sus propósitos, y en medio de todo eso para nosotras como mujeres hay lecciones, porque en medio de todas esas historias aparece también el relato de Abigail, y David mismo refrenando su venganza. Podemos aprender mucho acerca de su persona, pero sobre todo de su confianza en el Señor. Porque fíjate en algo, eso que tú mencionas de los pecados de cada uno, de David y de Saúl, si nosotros ponemos en balanza el pecado de Saúl en comparación con el pecado de David, el pecado de Saúl es mínimo a los ojos humanos en comparación con el pecado de David que es atroz.

Es que no tiene otro nombre, es atroz. Pero ahí vemos que nosotros no vemos como Dios ve, nosotros miramos y juzgamos con nuestros parámetros, porque la diferencia no está en el tamaño de nuestro pecado –aunque definitivamente eso afecta– pero para Dios, lo que Dios quiere es el corazón quebrantado. «Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios». 

La clave está en lo que tú mencionaste, «David se arrepintió, Saúl no se arrepintió». Es más, Saúl le dice a Samuel, «ay, que no vengan esas consecuencias; que el pueblo no vea».

Laura: Así es, Patricia. Mira, Saúl fue desobediente y arrogante. David fue un asesino, premeditó todo ese asunto para matar a este hombre. Pero, sin embargo, como tú dices, ¿qué es lo que Dios vio? Su corazón arrepentido, su quebrantamiento, su espíritu humilde y su verdadero arrepentimiento, que es lo que nunca vemos en Saúl.

Patricia: Eso que dice el Salmo 51. Por eso, junto con estas narraciones es muy bueno leer el Salmo 32, el Salmo 51, cuando vemos que David se pone de acuerdo con Dios. «Sí, nací pecador, en el seno de mi madre ya era pecador». O sea, yo soy más malo de lo que jamás pude haber soñado, pero, Señor, renueva un espíritu recto dentro de mí, no me alejes de ti. Vemos ese corazón arrepentido, un corazón totalmente quebrantado.

Y Laura, ¿qué cosas, qué puntos específicos, al escribir estos devocionales, fueron relevantes y pudiste aplicarlos a tu vida? 

Laura: Bueno, toda la Palabra está ahí para nuestra edificación. Todo lo que fue escrito ahí está para que aprendamos muchas cosas. Y, de nuevo, me maravillo al ver cómo Dios no oculta las debilidades de las personas que usa, al contrario, las expone. Expone sus pecados, y lo vemos en todos los personajes aquí. El Señor escoge, y Su elección no tiene nada que ver con lo externo –como tú decías Patricia– ni con sus habilidades.

Dios ve mucho más allá de lo que nosotros podemos percibir a simple vista. Él mira el corazón. Me llama la atención que a los hijos de Samuel no se les dio el privilegio de guiar al pueblo, al igual que su padre, y eso me llama la atención porque Samuel fue un juez muy muy bueno. Fue un líder –como dijimos– que fue un buen líder digno de imitar. Sin embargo, sus hijos no no fueron piadosos como su padre.

Entonces, eso me dice que podemos ser padres y madres piadosos, y aunque hagamos nuestro mayor esfuerzo, no podemos salvar a nuestros hijos ni tampoco transferir nuestro liderazgo espiritual. Dios es quien elige y capacita; y es un tema de dones y piedad que no se traspasa.

Patricia: Puede ser el anhelo de nuestro corazón que nuestros hijos sigan con algo que nosotros estamos haciendo para el Señor, un ministerio… y yo estoy segura que Samuel quiso que sus hijos siguieran, pero el libro dice que sus hijos no eran hombres piadosos. Entonces nosotros podemos hacer el mejor esfuerzo, pero eso no garantiza, la salvación es del Señor y puede que sean hombres fieles y no necesariamente tienen que seguir en el ministerio.

Laura: Yo estoy convencida de que nosotros tenemos que estar conscientes continuamente de que no lo tenemos todo bien, y que somos débiles, pecadores, y que necesitamos de Su gracia. Entonces, creo que Dios nos hace ver eso a través de todos estos personajes. No se trata de ustedes, de sus habilidades, sino simplemente de que «sepan que yo soy Dios. Vivan y humildad delante de Mí, con un espíritu quebrantado». 

Eso es todo lo que Dios quiere.

Patricia: Como dice Romanos, «escogí a uno y al otro no lo escogí». ¿Por qué? Porque «no depende del que quiere ni del que corre sino de Dios que tiene misericordia». Porque aún antes de nacer ya Dios tiene estas cosas determinadas. Y también, otra cosa que aprendimos de esta porción, es cómo, lo que yo mencionaba de que Dios le dice a Samuel, «mira no te desecharon a ti, me desecharon a Mí». Muchas veces, nuestras quejas contra los líderes humanos, en última instancia, son contra Dios, y debemos cuidarnos mucho del pecado de la queja y de la murmuración.

Eso siempre me trae a mí a la mente el caso que ya vimos en la lectura, el caso de Miriam y Aarón. Cómo siendo Moisés su hermanito, Dios les tomó tan en serio el pecado de la queja y la murmuración. Realmente, al final es contra Dios que nos quejamos. Y ¿qué me dices de la obediencia de Saúl, la obediencia a medias que mencionamos hace un rato? 

Laura: Saúl obedeció siempre a medias intentando mejorar el plan de Dios, o como tú decías Patricia, actuando pragmáticamente para resolver, en lugar de escuchar las instrucciones de Dios; y nosotros hacemos eso todo el tiempo. Tratamos de ir por vías que parecen buenas, porque queremos lograr un objetivo, y desechamos o ignoramos u olvidamos las instrucciones claras de Dios en Su Palabra. Y eso lo vemos continuamente aún en nuestras iglesias. La importancia de hacer lo que Dios dice y no irnos ni a la derecha ni a la izquierda.

Y otra cosa que vale la pena mencionar, que se parece un poquito lo de Samuel, aunque diferente, es la paternidad de Elí y que siempre se habla de eso. Dice que «él no estorbó a sus hijos», y eso le costó su liderazgo, su sacerdocio. Entonces, la importancia de ser padres intencionales y estorbar a nuestros hijos, no dejarlos en su pecado y en su necedad.

Patricia: Sí. Y ¿sabes qué? Gracias a la lectura continuada de Mujer Verdadera 365, sabemos cuáles eran los requisitos que ya Dios había dejado establecidos cuando explicó todo lo del sacerdocio, de los sacrificios, qué podían tomar los sacerdotes, qué podían usar de todas esas ofrendas, y nosotros podemos entender que no fue que de repente Dios pasó juicio sobre los hijos de Elí. No, es que ellos estaban violando las cosas sagradas de Dios. Lo mismo que vemos una y otra vez, desobedeciendo la Palabra de Dios, a la que Dios le da tanto valor y que nosotras debemos darle el mismo valor a cada palabra que sale de la boca de Dios.

Laura: Y que aunque no entendamos la razón, tenemos que confiar en el dador de la instrucción. Como pasó cuando se quemaron los hijos de Aron, por el fuego extraño que usaron. Porque no hicieron exactamente lo que Dios les instruyó hacer. Y nosotros tenemos que creerle a Dios aunque no entendamos la lógica de Dios. Tenemos que creerle y obedecerle.

Otra cosa que cautiva mi corazón, y esta historia siempre me cautiva cuando la leo, es el trato de David hacia Mefiboset, cuando él lo sostiene, lo invita a su casa y a sentarse a la mesa, me recuerda cómo nosotros, solamente por la gracia de Dios, aún con nuestras debilidades, somos como paralíticas –en un sentido– somos como discapacitadas delante de Dios –al igual que Mefiboset– pero Él nos sienta a Su mesa, a la mesa del cordero, solamente por Su gracia; eso me encanta.

Patricia: Sí, estamos invitadas a esa mesa por la pura gracia de Dios. Y definitivamente todas nos podemos ver en Mefiboset, ya sea en esa última mesa o en la mesa del Señor cuando nos reunimos con Su iglesia, estamos ahí por gracia. Con todos nuestros pecados y defectos, pero por la gracia de Dios.

Y otra cosa es que Dios no está interesado en nuestros sacrificios y ofrendas. Leyendo en estos días, me llama mucho la atención que Él dice, «mira, a mí no me interesan tus sacrificios y ofrendas» –no porque Él no los quiera, sino porque Él dice, «mía es toda bestia del campo, mía es toda ave de los cielos. Si yo tuviera hambre, no te lo pediría a ti». Pero sin embargo lo que Dios quiere es ese corazón que veíamos que David dice en el Salmo 51,«contrito y humillado y que tiembla ante Su palabra». «Quién irá a Dios» «a quién miraré», dice Isaías, «aquel que tiene un espíritu quebrantado, humilde».

Nosotras debemos venir delante de Dios y pedirle, «Señor, abre mis ojos, abre mis oídos, déjame escuchar Tu voz, y dame un corazón dispuesto a obedecer y a hacer Tu voluntad con deleite, Señor. Porque queremos que se pueda decir de nosotras, «wow, Patricia tiene un corazón conforme al corazón de Dios». Ese es el elogio más hermoso que se puede decir de una mujer o de un hombre de Dios, como fue el caso de David. Pero cuán lejos, cuando yo miro mi propio corazón yo digo, «wow, Señor, cuánta gracias Tú tienes. Y gracias por Jesucristo, que a pesar de lo negro del corazón nuestros corazones ya han sido lavados. Hemos sido lavadas con la sangre de Cristo y eso no es cualquier cosa. No fue con cosas corruptibles, fue con esa sangre preciosa que nos limpia de todo pecado. Y por eso, como David, podemos decir, «cuán bienaventurado, cuán dichoso es el hombre a quien se le perdona la iniquidad, a quien se le perdona su pecado, a quien la culpa ya no lo persigue.

Y eso es gracias a Dios, gracias a Jesucristo y Su evangelio.

Laura: Creo que continuamente debemos recordar quiénes somos nosotras y quién es Dios; que somos pecadoras, que no somos Dios, y que por eso tenemos que andar con cuidado. Recordar que, como el caso de Saúl, se puede iniciar bien y terminar mal. O sea que «el que cree que está firme, cuide que no caiga». Mantente cerca de Dios, mantente alerta a tu pecado.

Mantengámonos alertas a nuestra posibilidad de caer y vivamos con corazones contritos y humillados delante de Dios.

Patricia: Sí, porque los pecados tienen consecuencias, y muchas veces nosotros los podemos clasificar en pecados más grandes, pecados más pequeños, pecados respetables, pecados…pero el pecado, Satanás lo que quiere es acabar con nosotros, destruir, dividir. Entonces, no minimicemos las consecuencias de nuestros pecados, y como tú dices, nadie está tan firme que no va a caer. 

Laura: Y fíjate que aun una pequeña desobediencia que yo justifique –como Saúl– tiene grandes consecuencias. No minimicemos el pecado porque, por ejemplo, podemos decir, «no, yo no voy a caer como cayó David», pero podríamos caer cada día como Saúl con la desobediencia, y vemos las consecuencias en su vida. Otra cosa es que muchas veces hablamos de la fe y la valentía de David, y eso está bien, pero la realidad es que nosotros somos más parecidos al pueblo de Israel, atemorizado ante los obstáculos y ante los enemigos.

Pero debemos recordar que tenemos Uno mejor que David, a Jesucristo, quien es nuestro capitán y quien continuamente intercede y lucha por nosotros.

Patricia: Y pienso que ahí es que nos quiere llevar Dios, a través de estos libros. Apuntando que este David humilde y compasivo pudo descalabrarse como se descalabró, pero aun así Dios está construyendo una dinastía de un Rey. Ese Rey eterno que estamos esperando. David tuvo la oportunidad de unificar el reino. David hizo la capital, Jerusalén, le puso el nombre de Sión; unificó el reino, trasladó el arca, quiso construir el templo pero sabemos que el templo finalmente lo construyó Salomón, y lo vamos a ver cuando veamos los próximos libros, pero vemos que a pesar de todo eso, en ese momento en que todo eso estaba sucediendo, el pueblo pudo haber dicho, «ya, llegamos a lo que era», pero vemos cómo ese pecado que hemos mencionado hizo que todo fuera totalmente mal.

Entonces, vemos a este hombre que es un hombre conforme al corazón de Dios, pero un hombre que definitivamente sufrió mucho, por lo que tú decías, el pecado tiene consecuencias. David se arrepintió. Es bienaventurado el hombre que encuentra perdón en Dios, pero vemos todo lo que pasó con su familia y nosotras que tenemos familia nos dolemos con todo lo que pasó ahí. Cómo uno de sus hijos viola a su hija, cómo Absalon le quiere quitar el reino…

El pecado tiene perdón porque Dios perdona el más grande de nuestros pecados. No hay un pecado tan grande que no reciba perdón en Cristo, pero definitivamente a veces hay consecuencias muy trágicas y tenemos que saber que puede darse el caso que vivamos con consecuencias para siempre porque ese es el fin del pecado, acabar con nosotros. Cuando no vemos todas las consecuencias del pecado podemos decir, «wow, cuánta gracia de Dios».

Y ese David que vuelve al trono luego de que al Absalón quiere derrocarlo, ya es un David quebrantado, es un David herido por las tristes consecuencias de su pecado. Pero ese es el hombre que tiene el corazón conforme al corazón de Dios.

Laura: Amén, así es. Dios es bueno, es soberano, Él ordena nuestros pasos, cumple todos Sus propósitos en nuestra vida, y podemos descansar en esa realidad.

Patricia: Me encanta la idea de que nos quedemos con el hecho de que tenemos la promesa de un rey venidero. Y los libros terminan con unos poemas que se amarran con el primer poema de Ana, que Dios es fiel a Su pacto, que Dios resiste al orgulloso pero exalta al humilde y obediente, que nuestro Dios siempre siempre va a cumplir Sus propósitos y esos propósitos redentores se van a llevar a cabo. Dios se opone a la soberbia de David, a la soberbia de Saúl; sin embargo nuestra mirada tiene que irse más allá, a ese Rey que traerá finalmente bendición, y que Su reino será eterno.

Y yo creo que al final, todos estos reyes, todos estos seis libros que en realidad son tres –porque están divididos en dos pero eran uno cada uno –primero y segundo libro de Samuel, primero y segundo libro de Reyes, y primero y segundo libro de Crónicas– lo que nos quieren es apuntar a nuestro Rey de reyes y Señor de señores. Ese Rey, nuestro Señor Jesucristo, que finalmente nos traerá bendición y seremos bendecidos en Su reino eterno.

Bueno, Laura, y se nos ha acabado el tiempo, pero ha sido de verdad una bendición y un deleite poder haber compartido contigo en el día de ayer –viendo el libro de los Jueces– y en el día de hoy –viendo primero y segundo de Samuel. La verdad es que nuestro Dios y Su Palabra son el deleite de nuestras almas. Que Él nos mantenga así hasta su venida o hasta que partamos de aquí para ir finalmente algún día con Él en gloria.

Laura: Así es, Patri, encantada de estar aquí contigo hablando de estas cosas hoy.

Annamarie: Patricia de Saladín y Laura González de Chávez, han estado conversando acerca de la historia de Dios—Su plan de redención. Hoy ellas nos han estado ayudando a ver el lugar que los libros de Samuel ocupan en esa historia.

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Arraigado, Jonathan y Sarah Jerez ℗ 2020 Jonathan y Sarah Jerez.

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Acerca de los oradores

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad …

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Laura González de Chávez

Laura González de Chávez

Laura vive en Illinios, Estados Unidos. Es esposa de Fausto. Su pasión es discipular a las mujeres de todas las edades con el fundamento sólido de la Palabra de Dios …

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