Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Mujer Verdadera 365: Josué

Annamarie Sauter: Con nosotras Patricia de Saladín.

Patricia de Saladín: Qué buen recordatorio es saber que Cristo es quien pelea nuestras batallas, y que en las conquistas, las batallas y las luchas que nosotros hacemos aquí de este lado del cielo Él es nuestro capitán.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Aquí está Patricia con nosotras.

Patricia: La lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es el primer libro de Crónicas, los capítulos del 3 al 5. 

Bueno, y como habrás escuchado en programas anteriores, en este año 2021 estamos haciendo el Reto Mujer Verdadera 365, que es un plan de lectura de la Biblia completa; así como lo hicimos el año pasado. Y nuestro anhelo no es solo leer la Biblia completa en este año sino que conozcamos cada vez más a Dios, y que dependamos de Él cada día al leerla. Que dependamos de Su poder y de Su iluminación al hacer lo que tenemos que hacer, leerla.

Y hace varias semanas transmitimos unos programas a través de los cuales vimos los primeros cinco libros de la Biblia, el pentateuco. Y también, a través de una serie de sermones del pastor Sugel Michelén, escuchaste acerca del evangelio en el libro de Rut. Y todos estos programas los puedes encontrar en nuestro sitio web en avivanuestroscorazones.com.

Hoy continuamos avanzando, y aunque hace unos días comenzamos ya a ver los libros históricos, hoy veremos Josué, y el día de mañana veremos Jueces. Pero para ver el libro de Josué, hoy nos acompaña Débora Cázares.

Hola Débora, es un placer estar aquí contigo en el día de hoy.

Débora: Hola Patricia, para mí también es un privilegio tremendo poder acompañar a las hermanas, y caminar juntas conociendo más la Palabra del Señor, en este caso el libro de Josué.

Patricia: Sí, la verdad que fue un viaje cuando tuvimos que leerlo, hacer devocionales y sacar todos esos principios; es un viaje emocionante y a la vez retador. Eso les decimos a las hermanas que están leyendo. El propósito de esto es animarnos unas a otras y ver algunas cosas que quizás a simple vista no vemos y que con la ayuda de Dios y de otras podemos ir descubriendo tantos tesoros que tiene la Palabra de Dios. Pero sin más preámbulos, Débora, te voy a hacer una serie de preguntas: ¿Quién es el autor de este libro y cuál es el mensaje central del libro de Josué? 

Débora: En su mayor parte el libro de Josué fue escrito por Josué. Eso es lo que la tradición en la Biblia nos enseña, y él fue hijo de Nun, y Josué es de la tribu de Efraín, quien fue el hijo menor de José. Lo conocemos igualmente como el sucesor de Moisés, y es interesante –yo no sabía hasta que me adentré un poco más en el estudio del libro de Josué– que en realidad su nombre original es o Oseas, y vemos esa referencia en Números 13: 8, que era de la tribu de Efraín, Oseas hijo de Nun. Números 13: 16 dice que así se llamaban los hombres a quienes Moisés envió a reconocer la tierra, pero a Oseas hijo de Nun, Moisés lo llamó Josué. Es decir, Jehová es salvación, que es el significado del nombre de Josué.

Y es interesante ahí la referencia con el nombre de Jesús también.

Patricia: Así es, porque Jesús es el mismo nombre, ¿verdad?, pero en griego.

Débora: Es correcto.

Patricia: Y entonces, ¿cómo resumirías en una o dos oraciones cuál es el mensaje central del libro de Josué?

Débora: Bueno, realmente me gustaría tomar lo que la Biblia devocional Mujer Verdadera menciona en la introducción, porque creo que lo describe muy bien. Dice que es «un recuento del cumplimiento de la promesa que Dios les da a Abraham y a sus descendientes, de que ellos recibirán la tierra de Canaán por heredad cuando llegue a su colmo la maldad de los amorreos». Eso es lo que nos enseña Génesis 15: 16, cuando el Señor le está dando esta promesa a Abraham. Y el libro de Josué es justamente el cumplimiento de esta promesa; muere Moisés y vemos a Josué tomando posesión de la tierra prometida junto con el pueblo de Israel.

Patricia: Así es. Y ¿sabes qué Débora? Cuando hicimos la serie del Pentateuco, decíamos cómo Dios fue cumpliendo esa promesa, y ahora es muy interesante ver cómo finalmente se cumple la promesa, y cómo se inserta todo esto en el hilo de la Escritura.

Débora: Bueno, estoy pensando en un resumen pues ya vimos mucho de esto en la serie del Pentateuco, y si no la han escuchado pueden regresar al sitio web de Aviva Nuestros Corazones para revisar la serie del Pentateuco. Pero las que han venido leyendo la Biblia con nosotras, podrán recordar que es dada esta promesa a Abraham de una simiente de una tierra de una nación, y de bendición, y más adelante, en la historia de Génesis, vemos cómo José y su familia, que son las 12 tribus de Israel, están en Egipto, y después el pueblo Israel es hecho cautivo en Egipto, y después de esto vemos cómo ellos son llevados fuera de Egipto por mano del Señor. 

Es ahí donde entran las las plagas, cuando se abre el mar rojo y el pueblo de Israel sale con victoria de la cautividad en Egipto, y después están todo este tiempo vagando en el desierto porque debían entrar a la tierra prometida, pero a causa de la desobediencia de la primera generación ellos no entran a la tierra prometida. Moisés tampoco entra la tierra prometida, sino que es hasta la segunda generación que el pueblo de Israel empieza a tomar posesión, y es precisamente aquí donde nos encontramos en el libro de Josué.

Patricia: Sí, porque Dios los había hecho una gran nación, les había dado su presencia los había bendecido con la ley también y ahora era como el cumplimiento final, después de 40 años vagando en el desierto. Pero ni una de esas personas, de esa generación a la que Dios le dio la sentencia, realmente entró. Ni Moisés ni Arón aunque en el caso de Moisés no fue por la misma razón de toda la generación, pero Dios tampoco le permitió entrar.

Y ahora, «finalmente llegó el momento de establecernos». Yo me imagino ese pueblo nómada levantando carpas… Cuán difícil es para nosotros a veces mudarnos, y esta gente, este pueblo tenía que observar esa columna de nube, esa columna de fuego, y cuando esa columna se levantaba, a recoger todo porque Dios les estaba indicando que siguieran marchando.

Eso debe llevarnos a ubicarnos ahí, pero una de las cosas que queremos ver a través de esta serie que estamos haciendo, es ver cómo la historia de la redención –porque hemos dicho, la Biblia es un solo libro, con un solo autor, aunque con múltiples autores humanos, y con un solo tema que es la historia de la redención. Entonces queremos buscar cada uno de estos libros y seguir el rastro de la historia. Vemos aquí a Dios preservando a Su pueblo, cumpliendo finalmente la promesa.

Y si seguimos con eso de la simiente de la mujer que al final sería de donde nacería el Mesías, el que aplastaría la cabeza de la simiente de la serpiente. Y podemos ver aquí también, en Josué, un tipo de Cristo. ¿Qué cosas pudiéramos compartir de Josué como hombre que apuntaba a ese Mesías que vendría? 

Débora: Bueno, vemos a Josué como un héroe. Y en realidad es interesante cómo a lo largo del libro de Josué notamos que es el Señor quien cumple todas esas batallas para darles la tierra prometida. Entonces también lo vemos como el luchador del pueblo de Dios. Vemos también un hombre de fe en las promesas y las palabras de Dios, y también fue un instrumento de Dios para ejecutar juicio sobre las naciones paganas.

Pero aún y con eso él no era Cristo sino que más bien apuntaba a que este Mesías prometido, esa simiente prometida en Génesis 3:15, vendría.

Patricia: Y estaba siendo preservada. Y me encanta cómo Dios se muestra –ahí al principio del libro– antes de pasar a tomar la tierra, Dios se muestra como el capitán de los ejércitos celestiales. Dios dice que desde que crucen la tierra no van a tener maná, los circuncida, cruzan el Jordán con un acto milagroso, y cuando ven Jericó, ya del otro lado del Jordán, entonces les dice que renueven en el pacto y los circuncida, como mostrándoles esa gran debilidad. Y Dios se le aparece a Josué como el capitán de los ejércitos celestiales y le pregunta, ¿tú estás por nosotros o contra nosotros? Y él dice, no, no, no, ninguna de las dos; yo soy el capitán. Y cómo es una muestra de nuestro Dios, quien no solamente guió a ese pueblo y le mostró a Josué, «mira, yo estoy aquí contigo, yo soy el capitán, yo voy a tomar la tierra», sino que es Dios quien pelea esas batallas y es Dios quien siempre pelea nuestras batallas.

Nosotras no estamos cruzando el Jordán, no vamos a tomar Jericó, pero qué buen recordatorio es saber que Cristo –eso fue una cristofanía– es quien pelea nuestras batallas y que en las conquistas y las batallas y las luchas que nosotros hacemos aquí de este lado del cielo, Él es nuestro capitán, definitivamente.

Débora: Amén. Totalmente de acuerdo.

Patricia: Y hay otro personaje que yo quisiera resaltar, Débora, que me gusta mucho no solamente por el hecho de que es mujer sino porque la historia de la redención y el evangelio se ven preciosos… es como que brillan, son refulgentes en medio de esta historia, y es el caso de Rahab, la ramera.

Débora: A mí también me parece muy interesante cómo se desarrolla el hilo de la historia, y resaltando un versículo específico que es cuando ya los soldados fueron a buscar a los dos espías, Rahab les dice, «no, yo no sé quiénes eran estos hombres, yo los vi pero ellos se fueron pronto». Y es interesante que cuando vuelve a buscarlos a los manojos de lino y habla con ellos les dice, «yo sé que Jehová les ha dado esta tierra porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros».

Y entonces empieza a decir todo lo que ha escuchado que Jehová ha hecho por ellos.

Patricia: Así es. ¿Y sabes qué es lo que más me gusta? La Biblia nunca le quitó a Rahab su sobrenombre de Ramera, y realmente nosotras como mujeres sabemos que eso es contrario a la pureza moral, a la justicia, eso es algo que señala un pecado en mi vida; pero lo que yo veo del evangelio ahí tan pronto como en el libro de Josué, cuando van a tomar la tierra prometida, es la gracia y la misericordia de Dios, que Dios salva a quién Él quiere.

Que aunque era Su pueblo, el pueblo judío que estaba tomando posesión de la tierra, también estaban insertados otros en ese pueblo, que no eran del pueblo judío, y no solamente otros, no familias morales o personas de renombre, sino una ramera. Y la Biblia se encarga de enseñarnos cómo esta mujer fue salvada con su familia, con todos los que estaban en su casa en la destrucción de Jericó, y es insertada en la familia de Dios y por el mismo libro de Rut sabemos que de ella vino la descendencia del rey David, de donde finalmente vendría Cristo.

Entonces el Señor no está buscando personas perfectas, personas libres de mancha, porque no existiría ninguna, nosotros sabemos que no hay justo ni aún uno y que todos somos pecadores. Y entonces la gracia del evangelio brilla de una manera increíble porque precisamente esta mujer con este pasado es a quien Dios inserta, usa y la deja en las páginas de la Escritura para que nosotras nos demos cuenta de que no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Y Dios a quien quieres salvar salva, y alguien quiere endurecer, endurece.

Débora: Estoy totalmente de acuerdo porque me encanta cómo la Biblia, en cuanto a ser nosotros parte del pueblo de Dios, no se queda sin ejemplos; o sea, pudo el Señor habernos salvado sin dejar ningún ejemplo, pero desde el Antiguo Testamento y la conquista del pueblo Israel hacia la tierra prometida, la promesa de Abraham, vemos también el ejemplo de Rahab, y podemos saber, «ciertamente el Señor desde ese momento tenía un plan también para nosotros», y podemos ver a través de la vida de Rahab, la gracia que también el Señor extiende para con nosotros. Me encanta.

Patricia: Así es. Hay unos cuantos puntos así, vamos a decir, salteados en todo el libro, de los que pudiéramos sacar aplicaciones prácticas. A mí personalmente me encanta desde los inicios porque Josué fue testigo de todo lo que pasó en Egipto, de las plagas, del mar Rojo abrirse y fue un discípulo de Moisés todo el tiempo. Pero cuando ya Dios le dice a Moisés que él va a morir y que no va a entrar a la tierra prometida, me conmueve que en el libro de Números aparece una oración que Moisés le hace a Dios pidiéndole que levantara un sucesor.

No fue que Moisés le dijera, «mira, yo te voy a recomendar este porque ha estado conmigo», no. Moisés ora y Dios le dice, «el hombre que va a seguir guiando al pueblo de Israel, y va a entrar a tomar la tierra, es Josué». El tema del discipulado en la Escritura, tanto para hombres como para mujeres, no surge en Tito capítulo 2, ese pasaje que nosotras como mujeres abrazamos tanto –como ancianas y mujeres jóvenes– sino que corre a lo largo de toda la Escritura, y poniéndome en el lugar de Josué, con la debida distancia, Josué aceptó llenar ese reto –él había visto que era un pueblo difícil– dice la Escritura justo cuando termina Deuteronomio, que nunca más se levantó un profeta como Moisés.

Pero eso también nos lleva a pensar que no son nuestros dones, nuestros talentos, nuestras capacidades, sino nuestra fidelidad en llevar a cabo y cumplir el llamado y los propósitos que Dios nos hace. Porque Él le dijo, «así como yo estuve con Moisés estaré contigo, así que adelante a cruzar el Jordán, a conquistar la tierra, a dirigir, pero ¿cómo? Siempre cerca del Señor.

Débora: Me llama mucho la atención –pensando en eso– cuando el pueblo está cruzando el Jordán, hay un versículo en el capítulo 4 de Josué, el versículo 14, que dice: «Aquel día el Señor engrandeció a Josué ante los ojos de todo Israel; y le temieron, tal como habían temido a Moisés todos los días de su vida».

Y no creo que haya sido por una figura imponente sino precisamente por lo que tú mencionabas de que Josué era una persona que había buscado al Señor y no buscaba engrandecerse a él mismo, sino que había visto cómo Moisés había buscado al Señor y decía, «realmente del Señor viene la victoria, el Señor es quien dirige»; veía la necesidad de buscar al Señor y para este capítulo, para cruzar el Jordán él lo hizo y el Señor lo engrandeció. Y aunque ciertamente se dice que no iba a haber alguien como Moisés, el Señor igual se glorifica a través de su vida.

Patricia: Así es, y sabes algo Débora… bueno, me mencionaste en una en una conversación que tuvimos, cómo también te llamó la atención lo del monumento que hicieron al cruzar el Jordán. ¿Podrías compartir un poco de eso? ¿Qué significa para ti? ¿Qué aplicación práctica puedes ver en esto de lo que Josué hizo –que los hijos de Israel hicieran al cruzar el Jordán– lo que Dios le dijo? 

Débora: Sí, claro que sí. Pienso que el Señor sabe que somos muy olvidadizas, y que ciertamente pasan muchas cosas en nuestra vida, y a veces situaciones difíciles o que parecen retadoras delante de nuestros ojos, pero el Señor tiene el control sobre esas cosas. Entonces es importante que en medio de esas situaciones retadoras y difíciles recordemos a Dios.

Y en este caso, el pueblo de Israel estaba a punto de cruzar el Jordán, ya la primera generación había cruzado el mar Rojo, y ahora esta segunda generación tenía que cruzar el Jordán para tomar posesión de la tierra prometida. Y entonces cuando lo están cruzando, el Señor le manda precisamente a Josué, que tomen 12 rocas para levantar un monumento que esté como señal entre ellos, para que cuando el día de mañana, dice la Biblia, «tus hijos te pregunten, ¿qué significan esas piedras?», tú les vas a decir que las aguas del Jordán fueron divididas delante del Arca del Pacto de Jehová; que cuando ella pasó el Jordán, las aguas del Jordán se dividieron y estas piedras servirán de monumento conmemorativo a los hijos de Israel para siempre.

Entonces me llama la atención como el Señor sabe que olvidamos fácilmente, y también que hay cosas en nuestra vida que deben de servir como ejemplo para los demás.

Patricia: Así mismo es, y me encanta que dice, «para que cuando tus hijos te pregunten», eso también pasó con la pascua; o sea, explícales por qué esto se traspasa de generación a generación. Algo que quizás no es tan obvio pero la Biblia se encarga de explicarlo, es que aunque la promesa era esa tierra y hallar reposo y establecerse de ese caminar en el desierto, en realidad, a lo que el Señor apunta no era la tierra de Canaán en sí, ni un reposo físico de este lado del cielo. La Palabra de Dios nos enseña que nosotros somos extranjeros y peregrinos, por eso no debemos enfocarnos mucho en, «wow, yo anhelo…» 

A nosotros, los seres humanos, nos encanta un pedacito de tierra, una casita, un espacio. Muchas veces queremos establecernos muy firmemente en un lugar, cuando el verdadero reposo, en primer lugar, es la salvación que Jesús nos da, la salvación en Cristo. Pero el libro de Hebreos se encarga de decirnos que hay otro reposo. Y lo mismo que Canaán era temporal para el pueblo de Israel, esta tierra es temporal, pero es un anticipo de algo eterno. Porque nosotros esperamos cielos nuevos y tierra nueva según Sus promesas. Y me encanta que Hebreos se encarga de decirnos que Abraham aún no recibió lo prometido, pero lo vio de lejos con los ojos de la fe, reconociendo que ellos eran extranjeros y gente de paso sobre aquella tierra. 

Entonces ellos añoraban otra patria, y nosotros debemos pedirle a Dios que ponga en nosotros un anhelo por las cosas de arriba, no por las de la tierra; que nos enseñe a contar nuestros días con sabiduría sabiendo que nuestra verdadera patria es una mejor patria, es la patria celestial.

Débora: Estoy de acuerdo contigo porque creo que –lo digo también porque me he visto a mí misma y ciertamente tendemos mucho aferrarnos a las cosas aquí en la tierra– pero es bien dicho orar para que el Señor ponga en nosotros ese deseo y veamos las cosas como algo eterno y no lo terrenal.

Patricia: Y si yo te dijera, ya para ir cerrando, ¿cómo ha sido relevante para tu vida el libro de Josué? ¿Qué puntos quisieras compartir con nuestras oyentes y conmigo?

Débora: Pienso en la fidelidad de Dios a Su Palabra porque como mencionábamos hace un momento, el libro de Josué es un libro dedicado específicamente para mostrar cómo el Señor cumple la promesa de Abraham. Y de hecho, hay unos versículos, unos capítulos en donde está la repartición de las tierras, y para nosotros puede no sonar muy relevante pero para el pueblo de Israel en ese momento era algo sumamente importante porque están apropiándose –terrenalmente– de algo que el Señor había prometido.

Entonces, como les mencionaba, a lo largo del libro de Josué vemos mucho que dice, «yo les doy en posesión» «yo les he entregado» «yo les he dado» «esta tierra les es dada», pero siempre menciona que Jehová es quién se la da. Y estas palabras de «ya lo he hecho», eran incluso de antes de haber conquistado la tierra. Entonces, eso realmente me llama mucho la atención porque ciertamente el Señor ya sabe todos nuestros nuestros días, incluso desde antes de haber nacido, y todo está perfectamente planeado por Él.

Entonces, confiar y descansar en la fidelidad de la Palabra de Dios, es algo muy importante para mí, y algo que veo bastante marcado en el libro de Josué, aún cuando las cosas no parece que se han hecho. Y otro punto que también para mí es muy importante, es la importancia de la obediencia. Vemos en el capítulo 7 de Josué, que el pueblo de Israel iba a luchar para tomar posesión de la ciudad de Hai, y entonces Acán tomó del anatema y ellos no pudieron ganar esa guerra. 

Y me parece muy interesante que cuando el Señor confronta a Josué con esta situación, en el capítulo 7 versículo 1 dice: «Los hijos de Israel cometieron prevaricación». Después, en el versículo 11, dice: «Israel ha pecado». Ahora, literalmente todo el pueblo en conjunto no tomó del anatema, fue una persona, pero es interesante que al desobedecer, también nuestra desobediencia tiene consecuencias. No solo para nosotras sino también para otras personas, afectamos a otras personas.

Eso no se da precisamente en todos los casos, pero es interesante que en este caso la mala decisión que tomó Acán al tomar del anatema, hizo que todo el pueblo no pudiera tener esta victoria contra la ciudad de Hai. La obediencia también es súper importante y vemos esto en otros casos en el libro de Josué.

Patricia: El Señor siempre dice que obedecer es mejor que los sacrificios. Y a mí me pasa, viendo esto cómo ha sido relevante para mi vida, que veo una vez más esa línea fina entre la soberanía de Dios y la responsabilidad humana. Esa tierra que estaba ocupada por paganos, el Señor pudo haberlos borrado a todos y darles una tierra desocupada, pero Dios quería que ellos hicieran una parte. Y aunque Él peleaba las batallas, Dios siempre quiere que seamos fieles, que seamos obedientes.

Hay tres verdades en Josué que salen de unos versículos, de tres versículos que me gustaría que quedarán en nuestros corazones. El Señor le dice a Josué: «Sé fuerte, sé muy valiente. Yo te mando que seas fuerte, que seas valiente». En esta época que estamos viviendo, como mujeres cristianas tenemos que saber que Dios no nos ha dado espíritu de cobardía sino de poder, y debemos defender las verdades que sabemos que son preciosas y vivir conforme a ellas.

Y no solamente eso, sino que hay una parte clave que dice: «Medita en la ley de Dios de día y de noche», en ese libro de la ley. Que sea parte de tus labios, es como dice el Salmo 1 de ese varón que medita en la ley de Dios de día y de noche, porque en meditar en la ley de Dios de día y de noche –no solamente hay grande galardón– sino que el Señor nos guía por las sendas de justicia por amor de Su nombre.

Y finalmente, algo de el final de Josué, que me encanta porque al final del libro él comienza a animar ese pueblo a seguir a Dios, a obedecer a Dios, obedecer Su ley; y al final les dice, «bueno, yo no sé lo que van a hacer ustedes, pero yo y mi familia vamos a servir al Señor. Y eso es precioso porque es una decisión, «yo y mi casa, mi familia y yo serviremos al Señor». 

Y si hay algo que debemos recordar –aparte de la conquista de la tierra, de cómo Dios pelea nuestras batallas– en mi caso es que yo quiero ser fuerte y valiente, no en mi propia fuerza sino en la fortaleza del Señor, yo quiero que la ley de Dios sea mi comida y mi bebida, meditar en ella de día y de noche; que no se aparte de mí esa Palabra, y tomar la ferviente y firme decisión de que junto con mi familia, si el Señor en Su gracia nos lo concede, serviremos al Señor.

Débora: Amén. Que el Señor nos ayude a poder constantemente buscar a Cristo mismo para descansar en Él, para meditar y conocerle a Él, y para que al conocerle, realmente nos podamos enamorar y como tú dices, tomar la decisión de «Señor te he conocido, te he experimentado, he probado las delicias de vivir reposando en ti, descansar y ser fuerte y valiente en las fuerzas de Cristo. Porque es interesante que ya no tenemos nosotros –como tú mencionabas– que buscar ser fuertes y valientes, sino que la vida que no pudimos vivir a causa de nuestro pecado, la ha venido a vivir Cristo en nuestro lugar, y ha muerto y ha hecho ese sacrificio perfecto, ese Cordero perfecto que se necesitaba para cubrir nuestros pecados.

Entonces ahora podemos vivir la vida de Cristo en nosotros, y gloria Dios por ello. Que el Señor realmente nos ayude a buscarle, a desearle, a descansar en Él y a meditar en Él.

Patricia: Amén. Gracias Débora, ha sido un verdadero placer estar aquí juntas compartiendo con nosotras y con nuestras oyentes acerca del libro de Josué. Dios te bendiga.

Débora: Dios te bendiga. Un placer. 

Annamarie: Patricia de Saladín ha estado conversando con Débora Cázares acerca del libro de Josué, el cual leímos como parte del Reto Mujer Verdadera 365. Mañana continuaremos siguiendo el hilo de la historia de la redención y del reino de Dios en la sección de los libros históricos de la Biblia. Asegúrate de acompañarnos para el próximo programa. 

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

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Acerca de los oradores

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad …

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Débora de Rivera

Débora de Rivera

Débora es originaria de Coahuila, México, pero actualmente reside en Nuevo Mexico, junto a su esposo Jordan Rivera.

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