Aviva Nuestros Corazones Podcast

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Orando la Escritura, día 1

Annamarie Sauter: ¿Por qué orar si Dios ya lo sabe todo? Con nosotras, Margarita de Michelén.

Margarita de Michelén: Dios es omnisciente, lo sabe todo. Sin embargo, a Él le encanta que nosotros le recordemos lo que Él ha dicho en Su Palabra y lo que nos ha prometido.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. Si estás leyendo la Biblia junto a nosotras este año, la lectura de hoy es Mateo capítulos 17 y 18.

Hoy damos inicio a una serie en la que estaremos hablando acerca del tema de la oración. Para esto tenemos una invitada especial de quien estarás escuchando en un momento. Aquí está Patricia de Saladín con nosotras.

Patricia de Saladín: Este año 2020 ha sido un año sinigual, creo que nunca lo olvidaremos. A partir del mes de marzo, muchas vidas se han caracterizado por el sufrimiento, eventos inesperados y situaciones que pueden robarnos la paz. Aunque eso es cierto, nosotras, como creyentes, podemos permanecer confiadas en el Señor; porque Dios nos ha dejado abierto un camino hacia Su trono, donde encontramos gracia y ayuda para el momento oportuno y donde podemos clamar y hablar con Él, y Él responde nuestras oraciones. 

Durante este mes de octubre el ministerio Revive Our Hearts está llamando a las mujeres alrededor del mundo a orar con fervor y convicción, y aquí en Aviva Nuestros Corazones queremos unirnos a esa iniciativa. Queremos unirnos en un clamor.

Hoy queremos levantar nuestros rostros y clamar a Dios, orar con anhelo por el cumplimiento de Sus promesas, en arrepentimiento y fe, con humildad y desesperación, conscientes de nuestra gran necesidad de la gracia y la compasión de Dios. 

En Nehemías 9:28 leemos: «Sin embargo, cada vez que tu pueblo volvía y nuevamente clamaba a Ti por ayuda, desde el cielo Tú lo escuchabas una vez más. En Tu maravillosa misericordia, los rescataste muchas veces» (NTV). 

Y qué gran esperanza que cuando clamaban el Señor los rescataba muchas veces. Sus oraciones eran oídas. Dice ese texto que Él escuchaba una vez más. No una vez, sino cada vez que clamaban a Él. La verdad es que reconocemos que la oración es un área en la que todas necesitamos crecer. (Como Pablo, yo reconozco y debo decir que yo soy la primera). Por eso hoy queremos hablar acerca de este tema de la oración, y pedirle a Dios que nos ayude, no a almacenar más teoría (aunque debemos conocer lo que la Escritura dice al respecto), sino a crecer en la práctica de esta disciplina espiritual, y nos haga mujeres de oración.

Para hablar de este tema tengo aquí conmigo en el estudio a mi hermana y amiga del alma, Margarita de Michelén, Maggie. Muchas de ustedes conocen a Maggie, ella ha interpretado en español la voz de alguna persona en estos programas. También es posible que hayas escuchado sus oraciones, ella nos ha acompañado cerrando en oración algunos de nuestros programas, porque ella es nuestra guerrera de oración aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Maggie también es esposa del pastor Eric Michelén, es madre, es abuela y sirve en su iglesia local en el ministerio de mujeres. Hola Maggie, bienvenida una vez más a Aviva Nuestros Corazones, para mí es un placer y un gozo compartir este programa contigo.

Maggie: Hola Patricia. Para mí también es un tremendo gozo estar aquí nuevamente hablando contigo, compartiendo este tema tan apasionante que es la oración, y trayendo estímulo a las hermanas que nos escuchan o que leen los programas.

Patricia: Así es. Para que se motiven como nos queremos motivar nosotras a ser intencionales en orar. Maggie, por eso te invitamos. Porque yo sé y nosotras sabemos de tu pasión por Dios, por Su Palabra y por la oración. Como dije antes, tú eres nuestra guerrera de oración en Aviva Nuestros Corazones. Quiero que nos cuentes un poco sobre cómo ha sido tu viaje personal en esta «vida de oración»; de crear esa disciplina –porque es un privilegio pero una disciplina a la vez– de oración, de esa pasión por clamar a Dios.

Maggie: Bueno, cuando Dios nos llama a salvación, de inmediato pone en nosotras una sed inmensa de conocer la Palabra de Dios que es el medio por el cual Él nos habla. Cuando te adentras en ese mundo tan hermoso y tan lleno de tesoros, pero a la vez tan lleno de mandamientos y de preceptos que expresan la voluntad de Dios para nosotras, de cómo debemos vivir la vida cristiana, y cuando vemos el alto privilegio que se nos ha dado de ser «pueblo adquirido por Dios para que anunciemos Sus virtudes» –pero no solo para que las anunciemos sino también para que las representemos– yo me pregunté, «¿cómo voy a hacer esto? Yo soy frágil, vulnerable, con un corazón traicionero… ¿Cómo Señor?»

Ahí es que entra la oración. Porque la oración es tu respuesta a eso que Dios te ha enseñado a través de la Palabra.

Patricia: Y eso que me dices me recuerda que John Piper dice –o sea que lo que me estás diciendo es, «yo veo tan grande todo esto y veo mi pequeñez delante de todo esto que Dios ha hecho por mí y cómo espera que yo viva». Piper dice que orar es el reconocimiento honesto de que sin Cristo no puedo hacer nada, de que cuando oro estoy expresando que descanso en el poder de Dios.

Es como dice Juan 15, «separados de Ti Señor, nada podemos hacer».

Maggie: Nada podemos hacer. Entonces, cuando te dices, bueno, ¿por qué cosas debo orar? La Palabra de Dios te dice, «por todo» (Fil. 4:6). Pero a la vez te dice, «sin cesar» (1 Tes. 5:17).

Cuando me encontré el «sin cesar», yo pensaba que todo el día tenía que estar orando. Pero yo decía, «¿cómo va a ser esto si tengo responsabilidades?» No, orar sin cesar no significa que te vas a pasar el día entero de rodillas, no. Es hacer de esto un hábito, un estilo de vida de mantenerte enfocada en Dios, llevándole toda cosa, desde la más pequeña hasta la más grande. Y para esto hay que ser intencional. Eso no puedes dejarlo a como amaneció el día. Tienes que ser intencional.

Orar es hablar con Dios, y de una forma misteriosa –y esto es algo que me maravilla– ver cómo, a través de la oración, la soberanía de Dios y la responsabilidad humana se funden para que sucedan grandes y maravillosas cosas. Patricia, orar es un asunto de fe y obediencia, pero también es un privilegio y una responsabilidad. Entender esto fue, es y seguirá siendo para mí, un estímulo para mi vida de oración.

Patricia: Es como tú siempre me dices –porque es una frase que siempre dices– nosotros vivimos coram deo, y eso es tener esa conciencia de que vivimos en la presencia de Dios, delante de la presencia de Dios. Esto debería llevarnos constantemente a orar, a llevar todo, lo grande y lo pequeño delante de Dios, aunque nosotras en nuestra insensatez, aún como creyentes, somos muy autosuficientes, y cuando vivimos sin orar eso es lo que mostramos, nuestro sentido de que creemos que podemos hacer las cosas por nosotras mismas.

Maggie: Bueno, y como bien dijiste al principio, estamos en una época que jamás vamos a olvidar. Dios nos ha demostrado que nosotros no tenemos control absolutamente de nada. Y ahora más que nunca es cuando debemos mantenernos en esa continua oración, porque realmente no sabemos ni siquiera cuándo va a acabar esto, ni cómo va a acabar.

Ni siquiera sabemos si vamos a salir ilesas de esto. Entonces es un buen momento para darle forma y carácter a las oraciones y comprometerte a esa vida de oración

Patricia: Y qué bueno que podemos orar porque como decíamos al principio, sabemos que no controlamos nada pero conocemos al que lo controla todo, al que es el Soberano; que siendo un Dios tan grande, tenemos la certeza –porque Él lo ha dicho en Su Palabra– de que Él escucha nuestras oraciones y las responde.

Maggie: Ahora, mira Patricia, cuando estoy leyendo la Palabra y el Espíritu Santo me enseña algún pasaje, eso es algo que he aprendido, a ser sensible a la voz del Espíritu Santo, y leyendo las Escrituras. Entonces Él me señala algún pasaje específico. Yo inmediatamente lo apunto o lo subrayo, porque eso le dará forma a mis oraciones.

Patricia: De ese día…

Maggie: De ese día. Más adelante veremos cómo se ha aplicado esto en los ejemplos que daré de cómo Dios me ha contestado algunas oraciones.

Patricia: Entonces oramos al Padre en el nombre de Cristo y a través de ese Espíritu Santo que Él nos ha dejado, como tú dices; que intercede por nosotros. Cristo está a la diestra del Padre intercediendo, el Espíritu lleva esa oración –es mucho más grande de lo que nosotros podemos entender como seres humanos finitos. Pero qué paz da cuando tú puedes derramar tu corazón delante de un Dios bueno, misericordioso, sabio, soberano, omnipotente, omnisciente.

A veces me pasa que digo, «Señor, si antes de que yo diga la palabra ya Tú la sabes, si Tú contestas –aun mis suspiros no te son ocultos– yo no entiendo, pero Él dice que quiere que nosotros verbalicemos nuestras oraciones. Yo sé que en el corazón, en nuestro interior, con nuestros pensamientos, pero siempre he pensado que Dios quiere oír la voz.

Para Dios nuestros pensamientos son como palabras, pero hay un salmo que dice: «De mañana oirás mi voz, de mañana me presentaré delante de ti y esperaré»; y siempre he pensado, aunque no siempre lo hago porque me cuesta más hacerlo audible, pero sé que Dios quiere que traigamos las conversaciones a Él. Porque si hay algo que Él espera, es que todos Sus hijos, sin importar su edad, su coeficiente intelectual, su educación o los recursos que tengan, que hagan eso, que oremos.

No puede ser tan complicado que no todo creyente pueda hacerlo. Claro que uno crece en su vida de oración pero debe ser algo como respirar, como tú decías, la oración del creyente es como el oxígeno que respiramos.

Maggie: Tú dijiste algo, que Dios es omnisciente y lo sabe todo. En el Salmo 119:49, aparece un versículo que me encanta. Dice el salmista: «acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar». Dios es omnisciente, lo sabe todo. Sin embargo a Él le encanta que le recordemos lo que Él ha dicho en Su Palabra y lo que nos ha prometido. 

Cuando oramos conforme a esos dichos, primero le estamos demostrando la gran dependencia que tenemos de Él, pero también la humildad, porque no hay mejores argumentos para orar que Sus mismas palabras. Esto hace de la oración una oración bíblica, profunda, significativa, y sin vanas repeticiones. Porque muchas veces cuando oras sin intención, repites y repites y repites, o puedes caer en repeticiones sin sentido; y a Dios le gusta que argumentes, pero con sentido, con propósito, en orden, porque así oró nuestro Señor Jesucristo, así oraron los profetas, y así encontramos muchas oraciones en la Biblia llevadas con argumentos.

Recordemos eso. Acordémosle al Señor esa palabra en la cual Él nos hace esperar.

Patricia: Es así. Lo que decimos es que –yo siempre recuerdo– hay oraciones que son un flechazo, una simple frase, me viene a la mente Nehemías cuando oró para hacerle la petición al rey; o Pedro cuando se estaba hundiendo en las aguas, «Señor, sálvame»; o Nehemias cuando dijo, «yo creo que este es mi fin,¡socórreme!»; o el mismo Jonás en el vientre del pez.

Hay oraciones que son gritos pidiendo ayuda. Tú ahora me estás hablando de una oración más estructurada, pero otra de las cosas que tiene este tema de la oración, es que va desde una frase, un suspiro que levantas al Señor –cuando dices, «no sé cómo orar»– derramarte en lágrimas puede ser una oración para el Señor, hasta oraciones más estructuradas que pueden ser cortas o largas. Pueden ser espontáneas pero pueden ser agendadas y estructuradas.

Estamos hablando de un abanico de posibilidades. El punto es que la Biblia lo manda. ¿Por qué orar? Porque la Biblia lo manda. Ese ser que ha sido regenerado ahora necesita comunicarse con su Dios creador, Salvador. Si hay algo que Dios te deja ver cuando te salva es que las necesidades son enormes. Las necesidades tuyas, Maggie, las de tu familia.

Yo no conozco una madre, una mujer que tenga hijos, que no clame por esos hijos en desesperación porque sabe que llega un momento donde tú no puedes vigilarlos, no puedes cuidarlos, no puedes controlarlos 24 horas, pero tienes un Dios que puede. Las necesidades de tu iglesia, las necesidades de los hermanos que conoces, la salvación de los perdidos, Maggie.

El cielo y el infierno están en juego y nuestras oraciones pasan a ser parte de eso porque clamas, «Señor, tú no quieres la muerte del que muere, Señor, salva. Señor tu brazo no se ha acortado para salvar». Y eso es usar los argumentos que Él tiene en Su Palabra.

Maggie: La oración, Patricia, es como la vida misma. La vida no es estática, la vida es variada y te presenta diferentes situaciones. Bueno, conforme a esas diferentes situaciones serán tus oraciones. Habrá momentos en los cuales te encuentras en una situación en que inmediatamente solo puedes decir, «Señor, dame gracia con esta persona», porque te estás enfrentando a una persona problemática, o a la que tienes que darle un consejo que te pidieron, y dices, «¿qué voy a decir?»

Y esa oración la haces mental, ni siquiera la verbalizas, por eso es que orar es un estilo de vida porque es parte de tu vida, y es diferente conforme a las diferentes situaciones que la vida te presenta o que el Señor en Su providencia te presenta.

Patricia: Y de las etapas, porque hay etapas donde eres jovencita, quizás eres una soltera adulta o una mujer casada; de las diferentes etapas tu vida de oración y las actividades en que te desempeñes y cuán ocupado sea tu día. La Escritura es clara y lo que quisiéramos a través de este programa es que nos sintamos motivadas a orar por el privilegio que es la oración.

La Escritura nos dice, «oren sin cesar», «dedíquense a la oración», dice Colosenses 4:2. Como creyentes debemos preguntarnos, ¿cuándo oro? Solo a la hora del almuerzo, cuando estoy en medio de dificultades porque si en la vida está todo bien yo creo que estoy navegando sin Dios, con mi autosuficiencia.

O solo oro al acostarme, o como decías ahorita, «Señor, dame gracia», pero a veces uno dice, «Señor, dame un parqueo». Yo he orado por un parqueo. Esas oraciones son buenas, pero no pueden ser nuestras únicas oraciones porque entonces no estamos siendo mujeres dedicadas a la oración, y eso es lo que queremos.

Queremos crecer y ser conocidas como mujeres que oramos.

Maggie: Así es, y para eso hay que sentarse y planificar. Hay muchos recursos, puedes pasarte un mes orando solamente por los atributos de Dios, alabando a Dios por quien es Él y aun tomando tus peticiones y por ejemplo, a ese Dios todo poderoso, el Dios omnipotente, lo alabas durante todo ese día, pero también oras y dices, «Señor, todo lo puedes, yo tengo este hijo inconverso que es duro de cerviz», o «tengo este problema que aparentemente no tiene salida, pero Tú tienes poder.

Si formulas o preparas en tu calendario 31 días orando los atributos de Dios, eso es increíble, verás cómo tus oraciones verdaderamente toman otro matiz. Hay algo de lo que debemos cuidarnos, y es de la fe mercenaria. Esa fe en la que todo está muy bien cuando Dios te dice que sí a todo, y estás feliz. Pero cuando Dios te dice que no, entonces te amargas, murmuras quejas… No, líbrenos Dios de ese espíritu.

Nosotros tenemos que decir como dijo María, «he aquí la sierva del Señor, hágase conforme Tu voluntad», o como dijo el mismo Cristo en Getsemaní, «no como yo quiera, sino como Tú».

Patricia: Sí, porque muchas veces no sabemos si lo que estamos pidiendo es conforme a la voluntad de Dios. Pero qué bueno que si decimos así y sabemos que el Espíritu lleva esa oración al Padre conforme a la voluntad de Dios, entonces no queremos prevalecer en nuestros deseos sino que prevalezca la voluntad de Dios.

Y una cosa que es bueno traer a colación es que no hay un método, «sigue este método y vas a ser una mujer de oración». Son sugerencias, ayudas, como hay ayudas en otras áreas de nuestra vida espiritual para crecer. Porque si no conocemos la Palabra de Dios, si no conocemos a Dios como es revelado en la Escritura, vamos a hacer oraciones que van a parecer listas de supermercado.

Y no quiero sonar dura, pero sí tenemos un Dios grande, poderoso, creador de los cielos y la tierra para el cual no hay nada difícil ni imposible. No se me olvida un blog que leí en Revive Our hearts hace muchos años, que decía que los ángeles viendo que tenemos abierto el camino al trono de la gracia, y donde se nos conceden las peticiones de nuestro corazón, ven que se acercan los pecadores y dicen, «ahí vienen, van a pedir y a traer sus oraciones», y de repente, «Señor, ayúdame con este problemita, mi vecino tiene este otro…», y los ángeles dicen, «¿ya? ¿Eso es todo lo que van a pedir?

¡Que Dios nos ayude! Lo que veo es que la vida cristiana está amarrada en todo. Si no conozco la Palabra, si no conozco al Dios de la Palabra, no voy a poder argumentar con Dios, como tú decías, con Su misma Palabra, y mis oraciones se van a volver repetitivas y monótonas, y voy a ir en un círculo vicioso orando por lo mismo. Si lo dejas a mi corazón –y me imagino que tú también– para mí, para mi casa, para mis hijos, para mis nietos –porque eso es lo que yo quiero, Señor. 

De ahí la importancia de conocer la Palabra y poder orar con esa Palabra. Porque es lo que tú dices, lees la Biblia y ves que el Espíritu Santo te señala cosas, ese es el combustible para tu oración de ese día: promesa, advertencia, pecado que tienes que confesar… Como tú decías, los atributos de ese Dios grandioso…

Son tantas cosas, nos quedamos tan cortos… Pero es muy importante conocer la Palabra y orar a Dios con Sus mismos argumentos, aunque no es la única cosa, pero es muy importante.

Maggie: Para eso te quiero dar algunos ejemplos. Por ejemplo el Salmo 1 nos describe el camino del justo y el fin del impío; sabemos que la salvación es de Jehová pero Dios nos manda a orar por los perdidos. Cuando mis hijos estaban pequeños…y no solo mis hijos, nuestros hijos de la iglesia, porque hice una lista de todos los muchachos de la iglesia que no conocían al Señor y he tachado muchos nombres, gloria a Dios por eso. Cuando oraba, oraba conforme al Salmo 1. 

¿Cómo oraba? «Dios de salvación, grande es Tu misericordia, he aquí te presento mis hijos y los hijos de mis hermanos para que los hagas bienaventurados guardándoles del consejo de los malos, de que no anden en camino de pecadores ni se sienten en silla de escarnecedores, sino que por amor de Ti mismo, ellos se deleiten en Tu ley durante toda la vida». Eso es más que, «bendícelos, Señor».

La palabra bendición tiene muchas implicaciones y puedes argumentarle a Dios con esas bendiciones. Con frecuencia me he visto en situaciones difíciles, amenazantes o he visto noticias en el periódico de pecados que se proclaman con todo el descaro. Leyendo en 2 Reyes:19, vemos cómo Senaquerib le manda una carta al rey Ezequías diciendo que van a arremeter contra Judá. ¿Sabes qué? Ezequías tomó su carta, fue a la presencia del Señor en el templo del Señor y la puso en la mesa.

Bueno, muchas veces he hecho eso. Escribo mi oración, recorto la foto y la pego, hago mi oración y digo, «Señor, aquí estoy como Ezequías, trayendo delante de Tu presencia esta oración. Hace unos años, nuestro hijo menor estaba estudiando medicina, y al terminar, muchos muchachos quieren irse fuera. Él quería hacer su especialidad, pero para hacer eso tienes que tomar unos exámenes bien fuertes.

Luego de que pases los exámenes tienes que mandar las solicitudes a los diferentes hospitales a los que aspiras entrar. Van miles de peticiones del mundo entero. Entonces, en el hospital, al «azar» (porque para Dios no hay azar) sacan un número de personas para las plazas que hay disponibles. 

En esos días yo estaba estudiando Marcos, y me encuentro con Marcos 7:24-30, donde leemos a la mujer sirofenicia, esa mujer gentil, inconversa, que tuvo más fe que los mismos judíos, y por la cual el Señor la alabó. Ella se presenta y le dice, «Señor, mi hijita tiene un espíritu inmundo, por favor, ven». Me imagino esa mujer con aquel dolor, aquella impotencia, aquella desesperación, pero yendo a Aquel del que ella había oído que podía sacar demonios, curar enfermos, levantar muertos…

Entonces el Espíritu Santo hizo que todas esas de ese pasaje saltaran, brillaran. Ahí mismo oré, y te lo digo porque escribo mis oraciones. «Señor de lo difícil y lo imposible, yo sé que el pan, es decir las plazas médicas, pertenecen primero a los nacionales, pero te ruego que le guardes una migaja bendecida por Ti, a mi hijo. No sé dónde lo enviarás, ni cuando será, pero me postro ante Tu majestad esperando que tengas misericordia de él y le guardes su plaza.

Para no ir más lejos, mi hijo ya es médico internista, está haciendo su subespecialidad en un hospital donde solamente aceptan dos médicos por año. Yo siempre le digo, «mi hijo, le pedí a Dios una migaja, pero la migaja fue del tamaño de un pan ¡alabado sea Dios por eso! Entonces creo que eso es orar de una manera que, wow, conmueve el corazón de Dios, porque es que le estás diciendo, «Señor, estoy usando Tu misma Palabra, Tu promesa. Estoy apelando a eso, ayúdame.

Patricia: …y Tú ya ayudaste a esta mujer, ayúdame a mí. 

Maggie, gracias por compartir estos ejemplos, para mí ha sido de tanta bendición recordarlos, y sé que también para nuestras oyentes. Mencionaste un par de cosas que quiero retomar, pero como el tiempo se nos ha ido… Me hablaste de escribir tus oraciones y mencionaste que tenías una lista de personas –hijos inconversos, padres que son nuestros amigos y hermanos– y de eso quiero que sigamos hablando en nuestro próximo programa. 

Annamarie: Has estado escuchando una conversación entre Patricia de Saladín y Margarita de Michelén. Ellas nos han animado e invitado a ser mujeres de oración. ¿Le dirás hoy al Señor, «hazme una mujer que ame Tu Palabra y que busque Tu rostro en oración»? Él puede hacer esto y mucho más, por el poder de su Espíritu en nosotras. Margarita regresa para guiarnos en oración. 

Maggie: Señor, Dios y Padre, Dios de toda bendición, Tú nos has bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestes en Cristo Jesús. Ayúdanos, oh Señor, a ser mujeres para la alabanza de Tu gloria. Concédenos, Señor, espíritu de sabiduría, de inteligencia espiritual, y de revelación del conocimiento de Él. Alumbra los ojos de nuestro entendimiento para que pidamos a la altura de la esperanza a la que nos has llamado, para que todos los días de nuestras vidas recordemos las riquezas de la gloria de nuestra herencia, recordemos que tenemos un Abba Padre, al cual podemos ir en cualquier momento con cualquier situación y no seremos rechazadas. Fortalécenos en el hombre interior con ese poder con el que levantaste a Cristo de los muertos.

Señor permítenos llevar frutos de justicia, de alabanza; frutos que confiesen Tu nombre, frutos de oración para que Tu nombre sea exaltado, glorificado y magnificado, así como es en los cielos, en esta tierra donde vivimos; y que esto sea de gran testimonio a aquellos que nos rodean. Gracias Padre, gracias por mandarnos a Tu Hijo Jesucristo a morir por nosotras, y abrirnos ese camino libre, fácil, ese acceso que tenemos hoy ante el trono de gracia. Gracias porque el Espíritu Santo es el que pone en nosotros el querer como el hacer Tu perfecta voluntad, y cuando no sabemos cómo orar, Él intercede por nosotras con gemidos indecibles.

Que las mujeres que escuchan Aviva Nuestros Corazones seamos reconocidas como mujeres que por todo oran a Su Padre. Concédenos ver estas cosas en el nombre precioso y majestuoso de nuestro Redentor, Jesucristo. Amén.

Annamarie:Amén. Asegúrate de acompañarnos mañana para escuchar la continuación de esta serie titulada, «Orando la Escritura».

Unidas en un clamor, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca de los oradores

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad …

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Margarita de Michelén

Margarita de Michelén

Mejor conocida por Maggie, recibió por la gracia de Dios a Jesucristo como su Señor y Salvador en el año 1980. Está casada con Eric Michelén desde 1981. Ambos desde …

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