Podcast Aviva Nuestros Corazones

Para un tiempo como éste

Annamarie Sauter: Dios tiene un propósito específico para tu vida.

Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: No importa cuál sea tu edad, o en qué etapa de la vida estés... Tú dirás: ¡Pero, yo no soy una gran presentadora, no tengo un programa de radio!

No necesitas un programa de radio. Dios te ha dado hijos y nietos a quienes yo no puedo alcanzar. Pero tú sí puedes, porque Dios te puso ahí para un tiempo como este.

Annamarie: Si alguna vez te has sentido como una «don nadie», no estás sola. Y la solución no es hablarte a ti misma para convencerte de que eres especial. La solución es descubrir lo especial que eres para Dios.

Espero que puedas descubrir esto, en la medida que Nancy continúa con la serie, «Ester: Mujer de Dios en el tiempo de Dios».

Nancy: Hoy llegamos a los dos versículos más famosos en el libro de Ester. La frase, «para una ocasión como esta». Seguramente la has escuchado. La asociamos con Ester. Esa frase viene de este texto en el capítulo 4.

Solo para darnos un pequeño recordatorio de dónde estamos y para recrear un poco la escena: el pueblo judío está en graves problemas. El decreto de que ellos deben ser aniquilados ha sido promulgado. Mardoqueo está en la plaza pública llorando. El pueblo está ayunando y llorando.

Ester ha mandado un mensajero, Hatac, uno de los eunucos, para averiguar lo que está sucediendo. Mardoqueo le envió un mensaje a Ester: «Necesitas hablar con el rey y rogar por la vida de tu pueblo». Ester le devuelve el mensaje, con otro mensaje que decía: «Yo moriré. Nadie puede acercarse al rey sin antes haber sido llamado. Mi vida está en riesgo. No hay forma de que yo pueda hacer esto. No puedo hacer nada al respecto».

«Entonces dijo Mardoqueo», versículo 13 (y aquí fue donde nos quedamos la última vez en el capítulo 4):

«Entonces Mardoqueo les dijo que respondieran a Ester: No pienses que estando en el palacio del rey solo tú escaparás entre todos los judíos. Porque si permaneces callada en este tiempo, alivio y liberación vendrán de otro lugar para los judíos, pero tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para una ocasión como esta tú habrás llegado a ser reina?» (v. 13-14)

Él le dijo, No pienses que escaparás de la casa del rey más rápidamente que cualquier otro judío. Mardoqueo le recuerda a Ester que ella también es judía y que si el pueblo judío perece, ella también perecerá, que su vida está en peligro vaya o no vaya al rey.

Este es un buen recordatorio para nosotras como creyentes de que no podemos separar nuestra identidad como creyentes individuales, del resto del cuerpo de Cristo. Estamos todos juntos en esto. Si el pueblo de Dios está en problemas, nosotras estamos en problemas. Yo estoy en problemas. Tú estás en problemas. Si el matrimonio de otras personas o de nuestros hijos está en problemas, eso debería preocuparnos también a nosotras. No podemos apartarnos en nuestra iglesia evangélica o en nuestra escuela en el hogar y pensar que no seremos afectadas por lo que le está sucediendo al resto del cuerpo de Cristo.

Tú eres uno junto con todos los otros creyentes en el mundo entero. O nos ahogamos todos o nadamos juntos. Si tratas de vivir para ti misma sufrirás las consecuencias.

«No pienses que estando en el palacio del rey solo tú escaparás entre todos los judíos. Porque si permaneces callada en este tiempo, alivio y liberación vendrán de otro lugar para los judíos, pero tú y la casa de tu padre pereceréis» (v. 14).

Mardoqueo conoce las promesas del pacto que Dios había hecho a Su pueblo desde Abraham. Yo pienso que él cree que Dios enviará salvación de alguna manera, de alguna parte, de algún lugar. Él confía en que será a través del rey y que sería a través de la intervención de Ester. Pero él también sabe que la liberación llegaría con o sin la ayuda de Ester.

Esa es una expresión de fe. Seguramente él se dice a sí mismo: Alivio y liberación vendrán. Dios no dejará que Su pueblo desaparezca. Dios no olvidará su pacto con Abraham. Contigo o sin ti, Dios prevalecerá.

Eso nos recuerda que Dios no nos necesita. Dios no me necesita para llevar a cabo sus propósitos en este mundo. Dios no te necesita. Él puede llevar a cabo sus planes con o sin nosotras. No somos indispensables. Dios puede mandar a otra persona a tu vecindario para alcanzar a los amigos de tus hijos con familias disfuncionales; a otra persona para que gane a tu pareja que es incrédula para Cristo. Dios puede mandar a otra persona a crear hambre y sed en tu iglesia por un avivamiento.

Si desperdiciamos las oportunidades que Dios nos da, Él lo hará sin nosotras. Su reino vendrá. Su voluntad será hecha en este mundo así como en el cielo. Pero si desperdiciamos y echamos a un lado esas oportunidades, pienso que esos que vienen detrás de nosotras nos tendrán en deshonra. De alguna manera cosecharemos las consecuencias aunque el pueblo de Dios sea eventualmente liberado.

Podemos mirar atrás y ver las oportunidades que desperdiciamos al no involucrarnos en la obra de avanzar el reino de Cristo en este mundo. Quizás tuvimos oportunidad de compartir sobre Cristo con un amigo en particular, pero nunca lo hicimos antes de que él partiera a una eternidad sin Cristo. Nos quedamos en silencio.

Tuvimos la oportunidad de entrenar a nuestros hijos en los caminos de Dios, pero estábamos muy consumidas con deportes, clases de música y tareas. Ahora han crecido, y no tienen un corazón para Dios, ni hambre de Dios.

Quizás tuviste la oportunidad de amar y de servir a tu compañero, pero estabas muy consumida con tu trabajo, tu felicidad, o tu deseo de ser servida. Ahora él se ha ido. Y él está casado con otra mujer.

«Porque si permaneces callada en este tiempo, alivio y liberación vendrán, pero tú y la casa de tu padre pereceréis»(v. 14).

Hay un momento cuando el silencio no es de oro. Porque si permaneces callada en este tiempo…

Eclesiastés capítulo 3 nos dice que, «Hay un tiempo señalado para todo, y hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo… tiempo de callar, y tiempo de hablar» (vv. 1 y 7).

Es importante que aprendamos la diferencia, que aprendamos a discernir cuando es tiempo de hablar y cuando es tiempo de callar. Nuestra tendencia natural, si no me equivoco, es hablar cuando debemos callar y callar cuando debemos hablar. Lo hacemos al revés.

Y necesitamos sabiduría. Necesitamos discernimiento para saber la diferencia. Necesitamos dominio propio para callar cuando hay que callar. Necesitamos coraje para hablar cuando hay que hablar, para hacer lo bueno en el momento adecuado.

«Porque si permaneces callada en este tiempo…» He meditado en esa frase a medida que he ido estudiando este libro en su totalidad y he preparado esta serie. Solo pienso en muchas de las cosas que están ocurriendo hoy día en la iglesia, donde es más fácil permanecer callada. No queremos provocar una ola, no queremos sacudir el bote.

El otro día leí una revista cristiana bien conocida, una revista para mujeres, mientras me preparaba para esto, un artículo, el artículo principal de portada era sobre una persona reconocida en el mundo de la farándula. Que estaba defendiendo el divorcio, y la forma en que lo hizo fue muy sutil.

Y este era el artículo principal y esta era una persona que estaba siendo muy usada en el mundo cristiano. Estaba defendiendo las razones de su divorcio y explicando que ahora tenía un ministerio para exhortar a otras personas divorciadas a no arrepentirse de haberlo hecho. No decía abiertamente que el divorcio estaba bien, sino que si uno era víctima, entonces había esperanza. Pero era un mensaje muy confuso.

Pensé: ¿Quién puede tocar este tema hoy? Es decir, ¡esta es la condición de la iglesia de hoy! Es la forma de pensar de la iglesia hoy en día. Si uno abre su boca, será devorada, masticada y escupida. Así es como uno se siente.

Iniciamos Aviva Nuestros Corazones sabiendo que tendríamos que discutir varios temas (sobre mujeres, su rol, la sumisión a la autoridad a sus maridos) y que cuando lo hiciéramos, cuando yo dijera alguna de estas cosas, yo iba a ser como un salmón en la iglesia: nadando en contra de la corriente durante toda mi vida.

Y yo no tengo un corazón de guerrera. No me gusta crear controversias, problemas. Prefiero quedarme callada y hacer las cosas bien por mi cuenta, tomar las decisiones correctas, amar a las personas. Pero en realidad no amas a la gente si te quedas callada cuando es tiempo de hablar.

El tema de las mujeres irrespetando a sus maridos, relaciones rotas, de amargura, enojo, ira. No podemos permanecer en silencio cuando tenemos amigos que están viviendo en el dolor de la amargura. No podemos quedarnos calladas en esta época tan permisiva ante la sexualidad con nuestros jóvenes y los cristianos en nuestras iglesias, que no entienden que tiene de malo el tener relaciones fuera del matrimonio. No podemos quedarnos calladas.

Dios no te está pidiendo que hables sobre cada cosa. Pero sí nos está pidiendo que reconozcamos cuando Él nos ha puesto en una posición en la que podemos hacer una diferencia y donde podemos hacer algo al respecto, aun cuando parezca imposible, aun cuando no parezca prudente.

Madre, puede que tu hija no sea tu mejor amiga cuando a los catorce años le dices: No puedo quedarme callada sobre esto. Esa no es una relación adecuada. Esa no es una influencia saludable. Esa no es una ropa modesta.

Dios no te ha pedido que seas su mejor amiga en este momento. Pero si callas y la dejas y dejas a tu familia flotar y seguir el camino de la cultura quizás venga el tiempo cuando te arrepientas de no haber hablado en su momento y cuando llores, no por arrepentimiento y humildad, sino por frustración y por vergüenza cuando veas que tu hija está cosechando las consecuencias de esas decisiones que tomó.

Madres ustedes no pueden quedarse calladas. Dios no les está pidiendo que sean unas amargadas. Él no les está pidiendo que sean Dios en las vidas de sus hijos, sino que representen la verdad para sus hijos, para sus amigos, y en nuestra cultura.

Permítanme volver atrás, al tema de la providencia de Dios. «¿Y quien sabe si para una ocasión como esta tú has llegado a ser reina?»

Mardoqueo está diciendo aquí que en la providencia de Dios, en algún momento te encontrarás en una posición y en un lugar, en un tiempo específico. Todos los factores se han unido, y no ha sido por la suerte. No es por la suerte que estás dónde estás en el día de hoy, a esta hora, en este lugar. La providencia de Dios siempre está trabajando aunque no la puedas ver.

La providencia de Dios siempre ocurre en el tiempo perfecto. Dios nunca está apresurado, y Él nunca está tarde. Algunas de ustedes están esperando que Dios se mueva, y piensan, «siento que es tarde. ¿Por qué será que Él no está haciendo nada?» Él está haciendo algo. Él se está moviendo. Él está obrando, y Su tiempo es siempre perfecto. En la providencia de Dios, no ocurren accidentes. No hay casualidad. No hay tal cosa como la suerte. En la providencia de Dios, Dios siempre está en control.

En los capítulos 1 y 2 de Ester, parece que el rey Asuero está a cargo. En los capítulos 3 y 4 parecería que Amán estuviera a cargo. Ellos creen estarlo. Pero aun cuando pareciera que están en control, Dios es quien todavía está en control. Y siendo esto así, en la providencia de Dios nunca hay razón para el pánico, para el temor, para la preocupación o la duda.

Ahora, ¿acaso no caemos en todas estas actitudes? Sí. ¿Tenemos razón para hacerlo? Humanamente hablando, sí. Pero si entendemos, creemos, nos aferramos y abrazamos la providencia de Dios, reconoceremos que nunca hay una buena causa, una causa justificada, para el temor o el pánico.

Mientras piensas sobre tu vida y la providencia de Dios, piensa sobre lo que Dios te ha dado: los privilegios, las bendiciones, la salvación. Mientras un billón de personas o más en este planeta ni siquiera han escuchado el nombre de Jesús, ha sido en la providencia de Dios que tú escuchaste el evangelio que pusiste tu fe en Cristo, que tienes conocimiento de la Palabra de Dios.

Las habilidades que tienes, las influencias que tienes, los recursos materiales que tienes todos son regalos y una mayordomía de parte de Dios, en Su providencia. Dios te entregó esas experiencias, esas oportunidades, esas bendiciones, para que como administradora le sirvas a Él y las uses para avanzar Su reino en la tierra.

Disfrutamos todas esas bendiciones. No son solo para nuestra felicidad, no son primariamente para nuestra satisfacción, no son en primer lugar para nuestro placer. Son para la gloria de Dios en un tiempo como este. El hogar en que naciste, las oportunidades que has tenido, la cultura en la que vives, la época en la que vives todo está de acuerdo con la providencia de Dios y es para los propósitos de Dios y de Su reino.

La posición en la que te encuentras no es un accidente. Quién sabe si has venido al reino, al reino donde Dios te ha colocado; el conjunto de circunstancias en las que Dios te ha puesto, aunque estés donde estás como resultado de los errores cometidos en tu vida. En la providencia de Dios cuando te arrepientes y te quebrantas, Dios tiene un lugar y un propósito para ti aquí y ahora en Su reino.

Es sorprendente cómo la providencia de Dios está por encima de las pérdidas y de los fracasos causados por nuestros pecados. Y con esto no quiero minimizar el pecado de ninguna manera. Solo estoy diciendo: ¿Dónde estaríamos si Dios no redimiera nuestros desafortunados e inútiles enredos? Eso es lo que somos separadas de Cristo. Dios te ha puesto aquí con un propósito no solo para llenar espacio o para desperdiciar tu vida. Dios tiene un trabajo con tu nombre en él, un propósito, y una intención.

Quizás podrías pensar: «Yo no soy una reina. No estoy en el palacio. No tengo una posición de gran influencia. Estoy haciendo lo máximo que puedo hacer mientras les doy clases en el hogar a estos niños. Solo estoy tratando de mantenerme a flote».

Pero te digo: Ese es tu reino. Dios te ha puesto ahí en ese hogar, para un tiempo como este, con una oportunidad increíble que a nadie más le ha dado; la de instruir esos niños para ser seguidores de Jesucristo. Ese es un trabajo grande para un tiempo como este.

Y quizás tú me digas: «Es que yo sólo soy una vendedora en una tienda. No tengo un esposo. No tengo hijos». Dios te puso en esa tienda. Ese es tu reino para un tiempo como este, para representarlo a Él, para representar Su reino.

Tú dices: «Es que yo estoy retirada. Soy viuda. Mis hijos están dispersos por todo el país. No hay propósito; no hay sentido para mi vida». Dios te puso ahí en ese lugar. En ese pequeño apartamento, ese hogar de retiro, ese es tu reino para un tiempo como este.

¿Qué puedes hacer? Puedes orar. Puedes interceder. Puedes darle ánimo a los pastores. Puedes alentar a las mamás jóvenes, a otras viudas; con notas, con oraciones. Dios tiene un plan para ti, y no es que simplemente desperdicies tu vida.

Una de las cosas que más agradezco de mi crianza es que mi papá tenía una visión para sus siete hijos; que nosotros desarrolláramos el propósito que Dios tenía para nuestras vidas, cualquiera que fuera. Mi papá no sabía cuál era, pero quería que lo cumpliéramos.

Él nos dio la visión de que podíamos ser usados por Dios; de que Dios tenía un plan para nuestras vidas. Ese plan era individual, era especial, era para nosotros y debíamos cumplirlo. Él me dio una visión, mucho antes de que yo supiera de Aviva Nuestros Corazones, mucho antes de que yo hiciera conferencias, mucho antes de que empezáramos un programa de radio. Dios me dio a través de mis padres, una visión de que mi vida había sido traída al reino de Dios para un tiempo como este.

Yo he creído por años y años, desde que era una niña pequeña, que Dios me puso aquí en este mundo, en este país, en este lugar, y ahora en Aviva Nuestros Corazones para un tiempo como este.

¿Que es difícil? Sí, a veces es muy difícil. ¿Que es solitario? Sí, a veces es muy solitario. A veces uno piensa: ¿Seré la única persona en el planeta que está preocupada por estos problemas, que lleva estas cargas en su corazón?

Pero ese no es el asunto. No se trata acerca de mí. No es acerca de ti. ¿Que me siento abrumada muchas veces por la marea de maldad y lo que va a requerir para vencerla? Sí.

Pero no es acerca de cómo me siento. No importa tu edad, en qué época de la vida estés. Dirás: Yo no soy una gran presentadora. No tengo un programa de radio. No necesitas un programa de radio. Dios te ha dado tus hijos y nietos a quienes yo no puedo alcanzar. Pero tú si puedes porque Dios te puso ahí para un momento como este.

Annamarie: ¿Te ha puesto Dios en un lugar donde puedes hacer la diferencia y representar la verdad? Estoy segura que sí. Nancy estará de regreso con nosotras en breve.

Esta enseñanza que hemos estado escuchando ha sido de mucha edificación para mí. Dios no nos necesita, sin embargo se complace en usarnos. Él tiene un propósito específico para nuestras vidas.

En la primera emisión de esta serie, algunas oyentes dejaron su comentario. Permíteme leerlos. Una mujer dijo,

«Crecí y anduve por la vida sin conocer y/o desarrollar propósito alguno; fue hasta muchos años después que llegué a los pies de Cristo como madre soltera y buscando dirección y fundamentos, creyendo que no podía ofrecerle nada sustancioso a mi hijo pues no me sentía preparada para la maternidad. Han pasado solo algunos años desde entonces y aun a veces siento angustia y temor por nuestro futuro; es decir, sigo aprendiendo a confiar totalmente en la providencia del Señor, pero nunca antes había escuchado un mensaje tan poderoso que me hiciera ver realmente cuál es mi propósito de servir a Dios. Oro porque muchas más de sus hijas escuchen este mensaje y descubran «Su» plan y lo pongan en marcha. ¡Gracias por este programa y que Dios bendiga para que este ministerio continue por mucho tiempo!»

Puedo responder con un gran, ¡amén! A esto. Otra mujer nos escribió,

«Solo gracias por estar dispuestos a obedecer a la voluntad de Dios y de ser un equipo que lo honra. Es una bendición para nuestras vidas su programa y oro por ustedes hermanos en el nombre de Cristo Jesús».

Gracias hermana por tus oraciones, y continuemos orando unas por otras, en un tiempo como este, para que la verdad de Dios ilumine nuestros corazones y los corazones de aquellos que nos rodean.

Déjanos saber cómo Dios ha usado estas enseñanzas en tu vida. Puedes dejar tu comentario al final de la transcripción de este programa. Para hacerlo, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Crees que vivir conforme al propósito de Dios es, en ocasiones, difícil? Aquí está Nancy con nosotras para concluir la enseñanza de hoy.

Nancy: Yo he sido puesta en este lugar. Tú has sido puesta en tu lugar. Yo he sido puesta aquí en este tiempo. Tú has sido puesta ahí en este tiempo para un momento como este para traerle gloria a Dios. No digas, no pienses: No tengo nada que ofrecer. Mi vida realmente no cuenta.

Charles Spurgeon lo dijo así: Aunque tú no seas más que una cifra (es decir, un cero a la izquierda), aún así el Señor puede hacer algo de ti. Pon el uno delante del cero y en seguida se convierte en un diez. Deja dos o tres ceros combinarse para servir al Señor y si el Señor los dirige estos nada, se convierten en decenas de millares. ¿Quién sabe lo que tú puedes hacer?

Dios escoge y usa los don nadies. Él los llena con Su gracia y Su poder y Él los usa en formas poderosas:

  • Un joven pastor se convierte en el salmista, rey de Israel, y a través de él viene el Mesías.
  • Una viuda moabita pasa a ser parte de la genealogía del Salvador.
  • Una prostituta redimida llega a ser un instrumento clave para los hijos de Israel durante la conquista de la ciudad de Jericó.
  • Una joven huérfana en una tierra extraña llega a ser la reina que salva las vidas de millones de judíos.
  • Una adolescente virgen da a luz al Salvador del mundo.

¿Quién lo hubiera pensado? ¿Quién lo hubiera planeado? ¿Quién sino Dios? ¿Quién sabe si tú has venido al reino para un tiempo como este?

Mi oración sincera es que no solo oigas lo que he dicho sino que lo recibas y que Dios haga que estas palabras penetren profundamente en el corazón y el alma de cada una de ustedes.

¿Podrías tomarte un momento para aceptar lo que Dios ha dicho en Su Palabra? Di, Señor, gracias por Tu providencia en mi vida. Gracias por donde me has colocado, no importa lo difícil que sea. Gracias por el reino en que me has puesto por mi crianza, por mi familia, por mis raíces, mi trasfondo y el lugar donde me tienes ahora. Gracias, porque me has puesto aquí para un tiempo como éste.

Entonces, pídele al Señor que te ayude a ser fiel en llevar a cabo ese plan, sea cual sea; que te dé valor y fe para aferrarte a Él, para ser Su instrumento en este tiempo y en este lugar.

Señor, nuestra oración es que Tú seas glorificado en nuestras vidas en cualquier lugar en que estemos, para un tiempo como este. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Amén. Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth invitándote a decir: «Sí, Señor».

Esta semana continuamos en la serie, «Ester: Mujer de Dios en el tiempo de Dios». Espero que continúes este estudio con nosotras, aprendiendo a ver el propósito de Dios para ti en la situación en que te encuentras.

A lo largo de esta serie, Nancy ha hablado acerca de confiar en la providencia de Dios. ¿Acaso significa esto que deberías sentarte y no hacer nada? Acompáñanos mañana para escuchar más acerca de esto, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Viviré para Adorarte, Iglesia Cristiana Oasis, El Misterio de Tu Amor ℗ 2015 Iglesia Cristiana Oasis.  Canción usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.