Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Annamarie Sauter: Jesús dijo: «Si tu mano derecha te hace pecar, córtatela» (Mat. 5:30, NVI). Cuando se trata de proteger nuestros matrimonios puede que necesitemos tomar decisiones radicales.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Amigas, si necesitan deshacerse de sus celulares, háganlo. Si necesitan deshacerse de los correos electrónicos y el internet, háganlo. Ahora bien, Dios puede cuidar tu corazón, y todas esas cosas pueden usarse para propósitos totalmente sanos, santos y puros —pero no caigas en la trampa.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La porción de la Escritura para hoy es Job, capítulos 21 al 24.

El programa de hoy no es apto para niños, así que te recomendamos ocuparlos con algo mientras escuchas consejos acerca de cómo permanecer pura. Una mujer que está siguiendo esta serie titulada, «En busca de Dios» comentó,

«Estoy aquí haciendo mi tarea, y qué tarea. Realmente cómo he aprendido con este estudio. Se lo recomiendo a todas. Ha sido para mi vida algo verdaderamente significativo. Doy gracias a Dios por poner hermanos con ese talento para hacernos ver lo que la Biblia tiene para nosotros. Bendiciones. (Y ella pone una foto de su libro y lápiz, ¡me encanta!)».

Nos anima saber cómo tantas de ustedes están siendo bendecidas a través de este estudio. 

Bueno, la tentación está en todas partes, y hoy Nancy nos dará consejos prácticos sobre cómo guardar nuestros corazones. Aquí está ella con nosotras.

Nancy: Esta semana hemos estado hablando acerca de todo lo que tiene que ver con la pureza sexual. Sien algún momento les sueno un poco apasionada es porque lo estoy. Estoy constantemente recogiendo pedazos, los pedazos rotos de la vida de muchas personas –oyentes, lectoras, amigas y hermanas de la iglesia que han sido destruidas por el pecado sexual. 

Estoy viendo algo en las mujeres de hoy en día que nunca soñé que vería, y es la extensa práctica de la inmoralidad. Está donde quiera que vayas; y no estoy hablando solamente en el mundo, sino dentro de la iglesia. Un lugar donde se supone que debemos ser luz e imitadoras de Dios; donde brilla la pureza, la fidelidad y la naturaleza de un Dios inmutable.

La Escritura es clara con respecto a la pureza moral. En Efesios 5 —vimos ese versículo al final de este tema— dice: «entre vosotros» que se refiere a entre el pueblo de Dios, «que ni siquiera se mencione», que no se mencione «la inmoralidad y toda impureza o avaricia». Por cierto, la impureza sexual es avaricia. Está diciendo «quiero algo para mí». Es egoísta y continúa diciendo: «No debe haber ningún tipo de impureza porque «son inapropiadas para los santos» (vv. 3-4, parafraseado).

Ayer vimos en 1 Tesalonicenses 4:4: «que cada uno de vosotros sepa cómo poseer su propio cuerpo en santidad y honor» (parafraseado). 

Hoy quiero tomar un poco de tiempo para darles algunos consejos de manera informal. Creo que tengo la edad suficiente como para considerarme una mujer mayor, al menos para algunas mujeres, y he caminado con el Señor por más de cuarenta años. Ministro a otras mujeres y he descubierto algunas cosas que me han sido de mucha ayuda y pienso que son útiles para que sepan cómo conservar sus cuerpos en santidad y honor.

Ahora bien, con afirmar eso no quiero sugerir que he llegado al punto o que alguna vez podría llegar al punto de no tener que guardar mi propio corazón. Descubrí hace años, pude llegar a la conclusión de que bíblicamente hablando —sobre todo observando a las personas— cualquier mujer puede ser la causa de la caída de cualquier hombre, moral y sexualmente. Cualquier mujer —esa soy yo. Esa eres tú. Esas son todas las mujeres a quienes les estoy hablando hoy. 

No importa qué tan espiritual seas. No importa qué tan madura seas. No importa cuánto tiempo tienes caminando con Dios. No importa cuán santo sea el otro hombre. No importa cuán amoroso sea tu matrimonio. Cualquier mujer puede ser la causa de la caída sexual y moral de cualquier hombre y eso significa que debemos guardar nuestros corazones continuamente y aprender cómo controlar nuestros cuerpos. No podemos controlar el cuerpo de los demás, pero sí podemos conservar el nuestro en santidad y honor. Esa es la forma honorable de vivir.

Hace poco tiempo, estuve compartiendo con una mujer a quien estaba aconsejando algunas de las sugerencias prácticas que les voy a dar en un momento, y cómo pongo en práctica lo que llamo «ponerle cercosa mi vida». 

Los cercos son para mantener privacidad, para mantener cosas fuera. El poner un cerco —o fronteras o barreras— me ayuda a permanecer protegida moralmente y a no ser la fuente destructora de la moralidad de alguien. 

Bueno, a medida que fui revisando algunas de estas cosas con ella, esta mujer —quien actualmente está luchando con su moralidad— me dijo, «verdaderamente tomas esto en serio, ¿no es así?»

«Sí, lo tomo en serio», dije. «Alguien podría ver mi lista de cercas», las cuales no les voy a enseñar a propósito, pero sí las tengo listadas con detalles específicos que les voy a dar hoy. Alguien podría leer y decir, «esto es una obsesión para ti». Les voy a decir lo maravilloso que es saber cuáles son sus cercos sin caer en la obsesión. No tienes que vivir con miedo. Puedes caminar con libertad. 

A lo largo de los años, he tenido la bendición de tener una relación sana, pura y santa con parejas casadas. Dios ha protegido esas relaciones moralmente —sus matrimonios y mi relación con esos hombres— debido a mi responsabilidad, disposición y compromiso de mantener este tipo de barreras en mi vida. 

¿De qué estamos hablando cuando decimos ni siquiera una pizca de inmoralidad? ¿Qué significa eso? ¿A qué se parece eso? Déjenme darles, en ningún orden en particular, una lista que escribí el otro día. 

Primero y ante todo, significa ser discreta en todos los sentidos —nuestros ojos, nuestra ropa, nuestra forma de hablar y nuestra conducta. No trates de anotar todo lo que voy a decir. Puedes leer la transcripción luego. Quiero que escuches con atención y con todo tu corazón, y quizás anotes las pocas cosas que Dios te dice a ti, como, «esto es algo con lo que debes tener cuidado».

Discreción —eso significa evitar contacto íntimo con un hombre que no sea tu esposo— evitar conversaciones íntimas. Me asombran las cosas de las que la gente habla hoy día en reuniones mixtas, el tipo de lenguaje que se usa, las cosas personales que comparten, el contacto visual. 

Cuando camino en la calle para hacer ejercicio, si me pasa un hombre por el lado, no le miro a los ojos. Ahora, dirás, «¿será que eres sospechosa?» No, solo quiero conservar mi cuerpo en santidad y honor, por lo que no dejo que mi mirada se cruce con la de ese hombre. Dirás, «¿se le va a dar inicio a una aventura solo porque te lo cruces caminando por la calle?» Probablemente no, pero quiero vivir una vida controlada y restringida; ser discreta. 

Lo que esto quiere decir, mujeres, es que no deben orar a solas con un hombre que no sea su marido. Hablé con una mujer recientemente, que estaba orando con alguien —con quien estaba moralmente luchando— para que Dios les enseñara cómo salir de la situación. Eso no es sabio. Eso no es discreción. 

Evitar cualquier pizca de inmoralidad quiere decir que seamos modestas en nuestra forma de vestir, no provocadoras para que no despertemos la lujuria en los hombres. Si hacemos eso somos culpables de pecado sexual. Si despertamos la lujuria en los hombres —por nuestra forma de vestir y por la manera en la que nos conducimos— nos hacemos copartícipes de su pecado. 

Mujeres esto también forma parte de «no permitir ni un pizca» de inmoralidad sexual. Quiere decir mantener tu corazón libre de enredos emocionales. ¡Qué ni se te ocurra! Y no digas: «es que no lo puedo evitar», porque sí lo puedes evitar. 

Le dije a una mujer recientemente «debiste haber renunciado a ese trabajo, desde el momento en que comenzó el forcejeo en tu corazón, antes de que algo sucediera con ese hombre. Debiste haber salido de ese ambiente».

No te quedes en un sitio donde se pueda dar esa situación. Podría ser hasta en la iglesia o en el ministerio. Tienes que hacer lo que sea necesario, todo lo que puedas hacer para evitar enredarte emocionalmente y enamorarte de otro hombre. 

Eso implica no deleitarte en fantasías mentales. ¡Qué ni se te ocurra! Sustituye esos pensamientos por otra cosa, por algo puro. Pon atención sobre tu matrimonio y —si eres soltera— pon tu atención en tu relación con Cristo primero, en la Biblia primero. Llena tu mente, tus pensamientos y tu corazón de cosas que sean puras. 

Ni siquiera un pizca de inmoralidad sexual, quiere decir —mujeres— que no podemos coquetear. Oí a un consejero cristiano sugerir que las mujeres deben coquetear— ¡No! Cuando coqueteamos estamos provocando y estimulando un pecado sexual en potencia. 

Ser puras quiere decir:

  • No usar lenguaje sexualmente explícito o grosero. 
  • No distraerse con el tipo de entretenimiento que ratifica el pecado sexual.
  • Abstenerse de contacto físico, cualquier contacto físico, que pueda estimular en ti o en ese hombre deseos sexuales ilegítimos. 

Me estoy refiriendo a casos donde estés saliendo con alguien, o si estás casada y sucede esto con otro hombre que no sea tu esposo. Cualquier tipo de contacto físico intenso y prolongado —estoy hablando de abrazos— pueden fácilmente llevar a una infidelidad sexual. 

Una mujer me dijo recientemente que tenía un pasado inmoral. Falló mucho en el pasado. Luego, Dios la liberó y había vivido una vida pura por un sin número de años, hasta que un día «un hombre en su trabajo le dio un abrazo de dos segundos y eso encendió algo su interior que no había sentido en años». 

Le dije: «No puedes nunca, nunca estar en esa situación. No puedes dejar que pase. No te lo puedes permitir».

Dirás, ¿un abrazo de dos segundos? Solo te digo que mires hacia dónde la llevó. Fue absurdo y necio de esta mujer, sabiendo que esa puerta había sido abierta en su pasado, sabiendo que era vulnerable. No puedes dejar que pase algo tan simple— ¡ni una pizca de inmoralidad!

Jóvenes, mujeres, significa no tocar con tus manos lo que no debes, mantener la cama matrimonial sin contaminar —la tuya y la de otros. Le he pedido a Dios que mejor me mate antes de que pueda destruir un matrimonio. Así de serio tomo todo esto, y así de serias tienen que ser ustedes con esto. 

Amigas, el ser sexualmente puras significa no rehusarse a sus parejas, de tal modo que no los vuelvan vulnerables al pecado sexual. Estás supuesta a satisfacer sus necesidades. Se supone que eres la escogida. Tú eres el regalo de Dios para él y tienes que suplir sus necesidades sexuales. 

Significa tomar la resolución de ser pura, la resolución de comprometerte a ser pura. Si estás soltera, quiere decir tomar la resolución de esperar hasta el matrimonio, y déjenme decirles esto: sé que hay muchas mujeres jóvenes con nosotras el día de hoy, y quiero que escuchen mi corazón. 

Si alguna vez cedes en esto, como mujer joven que eres, vas a abrirle la puerta a un dolor inimaginable, a la tentación y a problemas más adelante en tu vida. Vas a mirar hacia atrás y decir: «Ojalá y nunca hubiese cruzado esos límites». Hay mujeres mayores en este lugar que cruzaron esa línea cuando eran como ustedes y que ahora están viviendo con la consecuencia de ser más vulnerables al pecado sexual.

Déjenme decirles algo. Quiero ser bien práctica con otro asunto. Dos cosas que han facilitado las aventuras y el pecado sexual (hoy en día) son los celulares y el internet. Celulares y correos electrónicos. Aventuras llevadas a cabo y alimentadas por la comunicación ilícita, secreta y clandestina. Amigas, si necesitan deshacerse de sus celulares, háganlo. Si necesitan deshacerse del correo electrónico y del internet, háganlo. 

Dios puede cuidar tu corazón y esas herramientas pueden ser utilizadas para propósitos santos y puros, pero no caigas en la trampa. Yo tengo una barrera. Algunas de ustedes me han oído decir esto. No intercambio correos electrónicos personales con hombres casados, a menos que la esposa reciba una copia. Los hombres con quienes trabajo saben eso. 

No hablamos ni de mi vida ni de la de ellos. No hablo de cosas sexuales. Cuando hablo de cómo nos está yendo en nuestras vidas personales, las esposas de los hombres con quienes trabajo, reciben copias de todos los correos. Cuando esos hombres me escriben acerca de cómo les está yendo a sus hijos o cómo les está yendo con sus familias, sus esposas reciben copias. Solo quiero construir sus matrimonios, fortalecer sus matrimonios, en lugar de dar pie a una atracción o cualquier cosa que sea impura. 

Recuerdo escuchar a un hombre dándome su testimonio de cómo había caído en la inmoralidad con una muchacha del personal de la iglesia. Él me dijo, «si me hubieses preguntado el día anterior si haría algo así, te hubiese contestado con un ¡absolutamente no!» 

Él estaba con un grupo de jóvenes. Ha dado este testimonio públicamente. A medida que avanzaban las cosas, todos se fueron excepto una estudiante. Terminaron en la casa de ella —por un extenso período de tiempo—y eran los únicos en la habitación, solo hablando. Pasaron a una conversación más íntima que rápidamente se convirtió en «tremenda aventura». 

Ahora —Dios ha intervenido y rescatado a este hombre y su matrimonio— pero pudo no haber sucedido. La aventura no habría pasado si él hubiese dicho, «soy un hombre casado. Mi esposa no está aquí. No es correcto que me quede a solas —hablando de cualquier cosa con esta mujer— en esta habitación». 

Podrías decir o pensar, «eso es tan extremista». Pablo dijo en 1 de Tesalonicenses 4:1: «Os rogamos». «Os rogamos». Estás disparando fuegos artificiales para luego tratar de retractarte. No puede suceder porque, después de hecho, no hay vuelta atrás. Tienes que tener cuidado con los entretenimientos. No te expongas a libros, música, películas y hombres que puedan desatar deseos románticos inapropiados. 

¡Guarda tu corazón! ¡Guarda tu corazón! Piensa en cosas que sean puras, santas, verdaderas, sagradas. Deja que tu mente se deleite en estas cosas. 

Filipenses 4:8, dice que necesitamos disciplinar nuestras mentes a pensar acerca de cosas dignas, puras, justas, amables y honorables (parafraseado). Piensa en estas cosas. No llenes tu mente con cosas que incentiven pensamientos ilícitos, cosas que te conduzcan a la sexualidad fuera del matrimonio, cosas que enciendan tus instintos románticos. 

Piensa en cosas que te hagan profundizar tu amor por Dios, que te hagan profundizar el amor por tu esposo. Podrías decirme un «no me siento estimulada por mi marido; el romance se acabó». Óyeme una cosa, eso se puede desarrollar. Puedes alimentarlo. Puedes encenderlo. Puedes cultivarlo. 

Si las mujeres invirtieran en sus maridos el tiempo que les dedican a los correos electrónicos y a las llamadas a celulares (a veces de otro hombre) sería sorprendente. Pienso que, en muchos casos, Dios podría hacer de los matrimonios todo lo que esperarían que fueran. 

Es posible que, aunque quizás tu matrimonio no sea todo lo que siempre quisiste o lo que debería ser —quizás tu marido no conozca al Señor— pero puedes mantenerte pura. Guarda tu corazón. Guarda tu corazón. 

Me pregunto si podría haber una o más de una (aquí hoy) que no esté pasando por este problema. Quizás alguna no esté en medio de un pecado o inmoralidad sexual o adulterio, pero quizás no se ha hecho el propósito firme de —con la gracia de Dios— mantenerse moralmente pura. Ahora es un buen momento para hacer ese compromiso delante del Señor. 

Dios no solo te va a mostrar cómo vivirlo, sino que te ayudará a comprender mejor Su corazón sobre este tema. Solo di: «Señor, por Tu gracia y por el poder de Tu Espíritu Santo, me comprometo a ser moralmente pura, a no entregar mi corazón, a no deleitar mi mente, ni mis pensamientos, ni mis emociones, ni mi cuerpo —física y sexualmente— fuera del hermoso contexto del matrimonio». Jóvenes, oro para que Dios guarde sus corazones y para que ustedes mismas lo sepan guardar. 

Señor, oro por cada mujer en este lugar. Oro por algunas que están luchando en sus matrimonios y no están disfrutando de la conexión física, emocional y espiritual, como debe haber en el contexto de un matrimonio. Donde no hay el grado de intimidad ideal. Oro para que le des el valor, la fe y la fidelidad de derramar su amor hacia Ti y después hacia su pareja sin importar cuál sea la condición de su corazón. 

Señor, guarda nuestros corazones. Guarda nuestras lenguas, actitudes, respuestas y conducta. Llénanos de Tu Espíritu. Concédenos corazones puros porque de los corazones puros se desprenden vidas puras. Señor, oro por el avivamiento de la pureza —no solo en nuestros corazones— sino en nuestros hogares e iglesias para que podamos mantener nuestra moral en alto. Eso puede que le refleje al mundo la cara de la pureza. No una conducta rígida, tensa, ni manteniendo un listado de reglas, sino amándote a Ti y a Tu santidad. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado dando consejos prácticos para guardar nuestros corazones del pecado sexual y para vivir en pureza—sea que estés casada o soltera. 

Ciertamente necesitamos este tipo de consejos en medio de una cultura permisiva y abiertamente inmoral. Y tenemos a tu disposición algunos recursos que te ayudarán a profundizar aún más en lo que has estado escuchando. Uno de estos es el libro titulado, «Santidad: El corazón purificado por Dios». En este, Nancy te ayuda a descubrir lo que significa ser santa, de modo que tu vida refleje la gloria de Dios.

Otro recurso que te recomendamos es «Cercas de seguridad personal». Este es un folleto en el que Nancy comparte contigo las cercas que ella ha desarrollado para proteger su corazón de la inmoralidad, y proteger a los que la rodean, para así honrar el nombre de Cristo.

Encuentra más información acerca de estos recursos en la transcripción de este programa, en AvivaNuestrosCorazones.com.

Te animamos a que, en la medida en que escuchas esta serie, le abras tu corazón a Dios y seas transparente con Él. Él conoce a cada uno de sus hijos y los ama con amor inalterable. Y la sangre de Cristo nos limpia de todo pecado.

Antes de concluir este programa, permíteme leerte otro comentario de una mujer. Ella asistió a la conferencia «Mujer Verdadera '20», y ha estado siguiendo el estudio «En busca de Dios». Ella dijo,

«Quiero dar un breve testimonio de lo que fue este viaje (a la conferencia).

Ni idea tenía de lo que esperaba de este viaje. Una amiga y hermana en Cristo me animó y emprendimos el viaje con otras dos hermanas. 

Déjenme decirles que lo mío no es la lectura, fui a los libros solo por acompañar a mi amiga y me llamó la atención un libro que es interactivo llamado «En busca de Dios». Lo revisé y hasta la segunda vuelta me animé a comprarlo. 

Hermanas yo traía algunas preguntas. Amo a mi Señor pero sabía que faltaba algo en mi vida y oohh sorpresa. Este libro ha sido una respuesta a todas mis preguntas... Cómo me ha llegado al alma. DIOS ES FIEL y te guía donde Él quiere, no hay duda. Les envío muchas bendiciones y que nuestro buen Dios siga dando amor y ánimo a las personas detrás de todo este trabajo titánico».

Gracias hermana por compartir tu comentario. Es nuestra oración poder ver el fruto de todo lo que Dios ha estado haciendo en medio nuestro por Su gracia. Y sobre todo, anhelamos ver un mover del Espíritu de Dios avivando nuestros corazones.

En el próximo programa escucharás de una mujer que tuvo que tomar una decisión crucial. ¿Escogerá la pureza al verse ante una intensa tentación? Escucha esta historia mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones

Invitándote a no solo sobrevivir en la vida cristiana sino a tener una vida fructífera en Cristo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca del orador

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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