Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Perseveremos juntas en la Palabra de Dios, día 3

Annamarie Sauter: Hay días en los que sentimos que Dios no nos habla, y nos preguntamos, ¿por qué leer la Biblia? Con nosotras Patricia de Saladín.

Patricia de Saladín: Porque en esa Palabra es que encontramos ese Dios precioso que puede sostenernos, que ha prometido que está con nosotros todos los días hasta elfin del mundo. Que no importa lo difícil de nuestras circunstancias, no importa lo que estemos viviendo, Su Palabra es lámpara, es luz, es nuestra comida, Su Palabra es nuestra bebida, el agua viva.

Como esa mujer samaritana: «si tú supieras quién es el que te dice: Dame de beber; tú me pedirías…». Pídele a Dios todos los días: «Dame Señor esa agua viva, yo quiero que de mi broten ríos de agua viva. Y la única forma de hacer eso es cuando vamos a esa Palabra porque ahí es que Él se nos manifiesta, ahí es que Él se revela.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura de hoy de la Biblia es Proverbios capítulos 4 al 7.

Hace dos días dimos inicio a una conversación —o más bien a una celebración relacionada al reto de lectura bíblica que estamos haciendo juntas en Aviva Nuestros Corazones. Si te perdiste alguno de estos programas anteriores, escúchalo o léelo en AvivaNuestrosCorazones.com. Aquí está Patricia con nosotras.

Patricia: Estamos celebrando medio año de perseverar juntas en la lectura de la Palabra de Dios. Hemos estado haciendo el reto de Mujer Verdadera 365, a lo largo de este año 2020, y ha sido de gran bendición no solo para nuestras vidas sino para las vidas de miles de mujeres que se han conectado durante todo este tiempo, durante medio año. 

En el día de hoy continúan con nosotras en esta conversación, Elba de Reyes, Laura González, Ana Nin de Olivo y Kelly Altamar. Y en uno de los testimonios que vimos en el programa anterior, una oyente mencionaba a Cristo, y tú te preguntarás, «bueno, y cómo a Cristo si estamos en los primeros libros de la Biblia, llevamos solo medio año y vamos en orden». 

Bueno, es que toda la Biblia apunta a Cristo. Como mencionábamos, la Biblia es un solo libro y es la historia de la redención, y la historia de la redención apunta a ese Cordero de Dios que fue inmolado, al Hijo de Dios que se hizo carne. Ese Cordero de Dios vino al mundo, Él es el Cordero que quita el pecado del mundo. Por eso desde Génesis hasta Apocalipsis, la historia se trata de Él. 

Lo vemos en Génesis, tan pronto como entra el pecado entra el anuncio del evangelio. Y por ejemplo en el libro de Levítico con todos esos sacrificios y toda esa sangre, corderos, machos cabríos, y sangre y sangre más sangre, tú dices, «¿y por qué todo esto?» Porque todo eso apuntaba a ese Cordero que quita el pecado del mundo y que derramó Su sangre en la cruz para perdón de nuestros pecados.

Pero que en el tiempo señalado iba a aparecer. Pero así cada libro de la Biblia, y sé que cada una de ustedes ha visto, cómo figuras muestran a Cristo, cómo historias muestran a Cristo, Su carácter, Su persona, sombras de ese Salvador que vendría pero todo apuntaba hacia la cruz.

Laura: Así es Patricia, y viendo las historias y la narrativa de cómo el pueblo pecaba y se arrepentía, pecaba y se arrepentía, lo que nos deja ver es que el ser humano no es capaz de vivir una vida sin pecado. Entonces era necesario que viniera un Mesías, un Salvador que nos redimiera, porque era imposible –lo vemos a través de toda la escritura– cómo venía Dios y les decía, «es que necesito ponerles un corazón que quiera hacer mi voluntad». Pero quién quiere eso si no es porque Dios viene y hace una obra en nuestras vidas.

Entonces, todo apuntaba a la necesidad que tenemos de tener un salvador, y vamos a seguirlo viendo a través de la Palabra. Me encanta cuando Job dice: «Quién habrá que se ponga entre Dios y yo». Por supuesto apuntando a Cristo, a ese Mesías que vendría a ser ese intermediario, a reconciliarnos con Dios. De manera que ha sido de mucha bendición –para mí en lo personal– ver la misericordia de Dios con su pueblo de dura cerviz, y cómo hacía falta ese Salvador, y cómo Su perdón venía una y otra vez y otra vez, y cómo ahora hemos sido perdonadas en Cristo por siempre.

Patricia: Y no importa los años que tú tengas en la fe. Laura yo voy a cumplir 40 años en la fe, y yo puedo decirte que Dios me ha mostrado cosas nuevas hermosas que yo antes no había visto. La Palabra de Dios es un océano con tanta tanta profundidad que el mejor de los buzos no llega al fondo. 

Elba: Qué bueno que tú haces ese comentario Patricia, porque justo ayer yo pensaba en el libro de Crónicas, los libros de Crónicas, y sobre todo en estas genealogías que son partes que uno tiende a querer saltar, y todos estos años leyendo la Palabra, para mí no tenían el sabor o la profundidad que tienen ahora. Y yo pensaba que así como cada uno de esos nombres fue escrito para testimonio por las generaciones, que los judíos podían rastrear toda su genealogía, así está escrito mi nombre y el de ustedes en el libro de la vida.

Dios me ha mostrado con Su Palabra la hermosura de ella, lo fresca, lo nueva. Cada año tiene una aplicación diferente, cada pasaje sabe diferente en las circunstancias en que estamos. Yo no sé ustedes pero ahora en medio de toda esta situación del Covid, de los temores, Dios ha hablado a mi alma de manera muy especial con estos libros, y me he visto ahí, he visto a Josué, por ejemplo, cuando el Señor le decía: «No te apartes de este libro». Es el recordatorio de que en este libro está la vida, y que Dios va a hablarme en él todo el tiempo. Entonces para mí ha sido increíble no importa los años que tenga en el evangelio, es fresca, Su Palabra es nueva y da vida cada día.

Ana: En todo lo que hemos leído yo veo el abrazo del Señor. Dios no deja de amar, Dios no deja de abrazar a su pueblo con Su amor y Su misericordia, con Su bondad, con Su gracia. El pueblo es infiel, el pueblo peca, pero el Señor Dios sigue estando ahí. Dios no nos abandona y eso fue lo que hizo en Jesús. Él amó tanto al mundo que «Él dio a su único Hijo para que todo aquel que en Él crea no se pierda mas tenga vida eterna». Dios nos ha abrazado, nos abraza y nos seguirá abrazando en Jesús.

Kelly: Ahora escuchándote hablar, Ana, yo meditaba mucho en estos tiempos de lectura bíblica del Antiguo Testamento, en cómo nosotras a veces, quizá nuestro corazón solo ha anhelado a ese Dios lleno de amor. Ese Dios que nos ama, ese Dios que nos cuida, y leyendo el Antiguo Testamento empecé a descubrir a un Dios que también nos llama obediencia, a un Dios que nos llama a disciplina, a un Dios que demanda de nosotros que estemos siempre pegados de Él, que no nos apartemos de Su voluntad.

Yo me sorprendía leyendo el Antiguo Testamento. Me sorprendió mucho leer cómo Dios demanda todas estas cosas de nosotros, pero al mismo tiempo también se alentaba mi corazón al saber que como tú decías, Cristo ya murió por nosotros. Y tenemos ese privilegio en estos momentos de saber que podemos ir delante de Su trono y encontrar en Él todo lo que necesitamos tener. 

Encontrar en Él perdón, encontrar en Él nuevas oportunidades. Me impactaba mucho cómo Dios es un Dios de una sola palabra, que no se arrepienta de lo que dice, que que cumple Sus promesas, que es un Dios también fuerte pero en medio de todo eso tan fuerte que descubrí del Señor mientras leía el Antiguo Testamento, mi corazón también se llenaba de ese ánimo y ese calor paterno que me decía, sí, pero Cristo ya vino y ya Yo lo envié y murió por ti. Tenemos esa gracia inagotable en la cruz.

Entonces esto ha sido muy hermoso, de verdad ver cómo Cristo está vigente en todo lo que leemos desde Génesis hasta terminar la Biblia en apocalipsis, está Él ahí y no se va a ir. Gracias a Dios es Jesús quien murió, resucitó, y sigue vivo.

Patricia: Así es. Y qué bueno que sabemos que ese Jesús se compadece de nosotros, y Él sabe que nosotras vamos a fallar, porque como dice el Salmo 103: «como el padre se compadece de los hijos se compadece el Señor de los que le temen» (v.13). Él sabe que fallamos, aún en este reto, en la lectura de la Biblia. Yo he fallado algún día y tengo que coger al día siguiente y leer dos porque o se me hizo tarde o tenía algo que hacer y no pude sentarme tranquila.

Y quién de nosotras no dice: «Ya fallé, qué cosa» o vemos una porción de la Escritura tan rica, tan densa, que tiene tantas enseñanzas, que solo podemos coger una porción pequeñita y nos sentimos insuficientes, y no sabemos y no entendemos. Pero nuestro Padre sabe, Cristo sabe, como nuestro hermano mayor.

Él conoce nuestras limitaciones, Él conoce que nosotras vamos a fallar, que nosotras hemos creído. Tenemos un nuevo corazón, por eso Él se nos revela. No hemos sido glorificadas, tenemos cuerpos frágiles, débiles, insuficientes. Entonces nos caemos y nos levantamos al otro día. Así que si tú te has sentido qué faltaste un día dos días quizás tres o quizás una semana, no te desanimes mi hermana. Tú sabes que el acusador nos tienta y después nos acusa.

No dejes que el enemigo de tu alma te desaliente de ir a esa Palabra porque en esa Palabra es que encontramos a ese Dios precioso que puede sostenernos, que ha prometido que está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, que no importa lo difícil de nuestras circunstancias, no importa lo que estemos viviendo, Su Palabra es lámpara, Su Palabra es luz, Su Palabra es nuestra comida, Su Palabra es nuestra bebida, el agua viva, como esa mujer samaritana: «Si tú supieras quien es el que te dice, Dame de beber; tú me pedirías…». Pídele a Dios todos los días: «Dame Señor esa agua viva, yo quiero que de mi broten ríos de agua viva. Y la única forma de hacer eso es cuando vamos a esa Palabra porque ahí es que Él se nos manifiesta, ahí es que Él se revela.

Así que vamos a aferrarnos a ese libro, que seamos mujeres del libro, mujeres de la Palabra, mujeres que cuando lleguen las circunstancias podamos decir: «No, Dios dice, la Palabra de Dios dice…» Y allí hallamos el verdadero consuelo, la verdadera paz, la verdadera vida que solo se encuentra en Cristo.

Recibimos un testimonio que quizás Laura, ¿tú pudieras compartir ese testimonio que comentábamos de esta hermana que le dio trabajo ir a la par con la lectura diaria? 

Laura: Claro que sí Patricia, ella decía, «quiero comentarles que me ha costado muchísimo trabajo ir a la par con ustedes, pero les comparto que día a día es una semilla que tengo sembrada dentro de mi corazón, y que estoy en disposición para hacerlo de manera ferviente y no solo automática, como el que lee y no comprende».

Patricia: Y tenemos otro de cuando cumplimos los 100 días. Ana, tú tienes ese testimonio, el de la hermana que escribió cuando iban cien días de la lectura.

Ana: Sí, aquí los tengo. «Cien días, disciplina y perseverancia. Son palabras que no me describen en absoluto, lo digo con mucha vergüenza y humildad. Y ahora que veo ya pasaron 100 días desde que empecé a leer diariamente, y estoy sorprendida. Gracias a Dios por Su Espíritu Santo que me ayuda a ver mi necesidad de Él, y también por usar a este ministerio para motivarme a leer. Es grandioso cómo en mi lectura del Antiguo Testamento puedo ver a Cristo. Ahora entiendo que la Palabra es una unidad que nos apunta a Cristo. Amo más la Palabra y deseo ponerla por obra. Además hacer este reto al lado de una comunidad de mujeres es lo mejor, aprendo mucho de los comentarios. Dios sea con nosotros. Bendiciones».

Patricia: Solamente podemos decir, gloria a Dios. Gloria a Dios porque eso solo lo puede hacer el Espíritu Santo.

Ana: Recordemos que tenemos un sumo sacerdote que se puede compadecer de nuestras debilidades porque Él fue hombre. Él vivió en la carne con nuestras debilidades aunque no pecó. Entonces, vayamos confiadamente al trono de la gracia. Vayamos con sinceridad de corazón, el Señor sabe, el Señor sabe tus luchas, el Señor sabe tus debilidades, el Señor conoce tu corazón.

Ve con sinceridad delante del Señor y derrámate, dile que te ayude, clama a Él y dile que abra tus ojos y que ponga en tu corazón tanto el querer como el hacer, y Él lo va a hacer, Él lo va a hacer porque Él te ha dicho, «clama a mí y yo te responderé». Él te va a responder.

Elba: Y ¿sabes qué, Ana? Oyéndote, muchas veces la Palabra nos confronta, eso es lo que ella hace, nos redarguye, nos anima, y nos da esperanza. Pero muchas veces la Palabra muestra nuestro pecado, y ya Dios lo sabía, Él lo único que quería era que nosotros estuviéramos conscientes de Él. Pero la Palabra misma nos dice que si nosotros hemos pecado tenemos un abogado. Y que si vamos donde Él, Él es fiel y justo para perdonarnos de toda maldad.

Entonces nosotros no sabíamos esa área o no estábamos conscientes de esa área, pero Dios nos la muestra en Su Palabra, y Él como todo lo sabe y nos conoció desde antes, ya Él está esperando que nosotros vayamos y pidamos perdón para Él limpiarnos. Él nos ha lavado cuando nos convertimos pero Él quiere que reconozcamos esa falta delante de Él, ese pecado, y que le digamos, «sola no puedo, yo necesito Tu ayuda, Tu guía, Tu gracia». Y eso es lo que hace la Palabra muchas veces, nos confronta de esa manera. Y qué bueno poder venir delante del Señor y clamar por Su ayuda y Su perdón, porque Su Palabra nos lo ha mostrado. Ella es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino, y es quien alumbra nuestras tinieblas, dice el Salmo 18. 

Patricia: Amén. Nosotras tenemos un grupo que vemos en Mujer Verdadera 365, pero también hay otros grupos creados en chats internos de grupos pequeños, y aún otras que no comentan pero que lo están siguiendo, y los testimonios que reciben dentro de esos grupos, grupos de mujeres que la leen juntas y que comentan entre ellas; nosotras no tenemos registro pero lo sabemos porque nos llegan algunos comentarios de cómo sus vidas están siendo bendecidas y la felicidad que tienen de estar en la Palabra de Dios. Es maravilloso lo que nosotros hemos visto. 

Laura: Iba a decir eso mismo; que tantas personas tienen grupos de WhatsApp, y sé de personas en Costa Rica, por ejemplo, que sus iglesias completas lo están haciendo juntos como su discipulado del año. Y qué bendición, porque sí es una bendición leer la Biblia individualmente por supuesto, pero qué bueno cuando tú lo puedes hacer en comunidad y discutir lo que viste y hablar de lo que Dios te mostró. Y quizás al otro le mostró otra cosa. 

Leyendo lo que escribe la gente, las mujeres en Mujer Verdadera 365, es increíble que una porción puede mostrar tantas cosas diferentes a una persona. Una vez yo leí algo y yo dije, «pero eso ni siquiera lo dice la Palabra», pero el Espíritu se lo mostró a esa persona y lo aplicó de esa manera su vida. Entonces es muy bueno hacerlo en comunidad.

Patricia: Y algo también de esto que dice esta hermana que leyó Ana, de ver a Cristo; cómo podemos ver que la Biblia es un solo libro, que es la historia de la redención y apuntar desde temprano a Cristo. Toda la Biblia apunta a Él, y es glorioso ver que el Señor lo revela.

Kelly: El mismo Dios se va a encargar de enamorarlas de Su Palabra. El mismo Dios es el que trae convicción, el que obra en cada corazón, el que nos permite interiorizar cada cosa que leemos. Así que animar a todas las oyentes a que no es tarde para que inicien. Por el contrario, Dios está esperando que tomen la decisión de empezar y de persistir porque de verdad que debe haber una perseverancia de nuestra parte, debe haber un esfuerzo.

Dios espera de nosotros que nos esforcemos, que saquemos ese tiempo como ese tiempo más especial y más importante durante el día. Quizás van a tener que dejar de hacer algunas cosas para para empezar a hacer este reto, pero en realidad iniciar con el reto va a permitirles que todo su día encaje perfectamente, que todo su día fluya, que el Señor les guíe en todo lo que ustedes tengan que hacer durante el día.

Entonces animarlas a que no es tarde para empezar.

Laura: Amén. Kelly hay un Salmo, el 27, que dice en la Nueva Traducción Viviente, que me encanta, dice: «Mi corazón te ha oído decir: “Ven y conversa conmigo”. Y mi corazón responde: “Aquí vengo, Señor”». Que ese sea como el el sentir de nosotras al oír esto. «Señor yo quiero venir, yo quiero conversar contigo. Yo quiero relacionarme contigo, quiero conocerte más». Que ese sea nuestro corazón.

Ana: Una de las cosas que me ayuda a perseverar en este reto es estar consciente de la importancia de escuchar la voz de Dios, que es leer Su Palabra. Y es que Su Palabra es la fuente de la verdad, la verdad que nos hace libres. Su Palabra es es nuestra alimentación espiritual, no solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca del Señor, y la Palabra nos da poder, nos capacita, nos alimenta, nos hace libres, nos sana, abre nuestros ojos para conocer a nuestro Dios, y también es nuestra guía, es como la lámpara que alumbra nuestro camino. Cuando yo medito en esas cosas, eso me da como esa esta motivación de perseverar, sabiendo que el mayor tesoro que yo puedo tener es precisamente estudiar y leer y sumergirme en la Palabra de Dios para poder escuchar Su voz.

Patricia: Y Elba, precisamente en ese mismo orden, tú podrías por favor elevar una oración para ya terminar esta conversación tan edificante, y que las que nos escuchan se unan a nosotros en oración delante de nuestro Dios.

Elba: Claro que sí. Padre bueno, Señor del cielo y de la tierra, creador de todo lo que existe, Tú que hiciste los montes, las estrellas, el universo y que nos creaste a nosotras mismas, Tú nos has dejado Tu Palabra, esa Palabra todopoderosa que creó todo lo que existe, Tú la has dejado en un libro para nosotras, Señor. Una Palabra que nosotras debemos amar y atesorar.

Y yo no quiero venir con mis palabras, yo quiero venir con Tus palabras a clamarte por cada una de nosotras y de las personas que están oyendo este programa. Dice el Salmo 119: «Mi porción es Jehová; he dicho, guardaré tus palabras».

Señor, que ese espíritu de querer guardar tus palabras esté en cada una de nosotras, «Tu presencia supliqué de todo corazón; ten misericordia de mí según tu palabra».

Haz eso con cada una de nosotras Señor, ten misericordia de nosotras conforme a Tu Palabra, y haz que nosotras podamos como el salmista, considerar nuestros caminos y volver nuestros pies a Tus testimonios Señor. No hay nada más glorioso que tus caminos y Tú has querido mostrárnoslo por esa Palabra bendita Señor. Que nosotras podamos amarla, atesorarla, que podamos guardar nuestro camino según ella y que siga siendo siempre lámpara a nuestros pies hasta el dia que lleguemos a Tu presencia.

Te damos gracias por cada mujer que se ha unido a este estudio, por cada persona que se va a unir. No solamente mujeres Señor, Tú has traído familias, iglesias. Señor, sigue hablando con Tu Palabra a cada uno de nosotros y muéstranos Tu voluntad a través de ella porque Tú te quieres revelar, Tú lo dices en ella. Te bendecimos te alabamos y te decimos que te amamos, que gracias por este privilegio de tener Tu Palabra en nuestras manos. En el nombre precioso de nuestro dulce Salvador, el Señor Jesucristo. Amén.

Patricia: Este programa es producto de que estamos celebrando medio año de estar perseverando juntas leyendo la Palabra de Dios. Hemos estado haciendo el reto de Mujer Verdadera 365, a lo largo de este año 2020, y ha sido de gran bendición. En el día de hoy me han acompañado Elba de Reyes, Ana Nin de Olivo, Laura González y Kelly Altamar. Gracias hermanas por este tiempo tan especial compartiendo sobre la bendición tan grande que ha sido este reto para todas nosotras y para todas las que lo están siguiendo.

Annamarie: Con este programa concluimos la conversación que has estado escuchando a lo largo de los últimos días. Esta serie se titula, «Perseveremos juntas en la Palabra de Dios». Si te perdiste alguna parte, puedes escucharla o leerla en AvivaNuestrosCorazones.com

Sea que te hayas unido al reto desde el primero de enero, o que te hayas unido en el camino, o que hoy te animes a unirte, celebra junto a nosotras y persevera en buscar a Dios en Su Palabra. Dios ha estado hablando a los corazones de tantas mujeres alrededor del mundo, y es nuestra oración que te unas y que esto sea parte de un gran despertar en toda América Latina.

Sabes, no hay NADA que traiga más quietud a tu corazón que permanecer en la Palabra de Dios—permaneciendo así en Cristo. Y más que leer la Biblia, ¿cuándo fue la última vez que te detuviste y acallaste tu alma delante del Señor? En nuestra próxima serie Nancy te mostrará por qué necesitas tiempos de quietud aún cuando te sientes frustrada, agotada o débil. Esto será en una próxima serie, el lunes, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Perseverando en la Palabra de Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca de los oradores

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad …

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Laura González de Chávez

Laura González de Chávez

Laura vive en Oklahoma City, Estados Unidos. Es esposa de Fausto. Su pasión es discipular a las mujeres de todas las edades con el fundamento sólido de la Palabra de …

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Ana, rescatada del hoyo de la destrucción y asentada sobre la Roca Eterna, su gracia y el poder de su palabra la sostienen cada día. Reside en Santo Domingo junto …

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Esposa de Roby y madre de tres hijos adultos: Gabriel, Anna Gabriela y Andrés. Abuela de Noël, Lucas, Olivia y Vera.

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