Primero, la Palabra
Débora: Cuando dejamos que el mundo tenga la primera palabra en nuestro día, no debería sorprendernos que terminemos ansiosas, distraídas y agotadas. Pero cuando la Palabra de Dios es lo primero, todo comienza a ponerse en su lugar. Aquí está Gretchen Saffles.
Gretchen Saffles: Cada día tenemos una decisión que tomar: ¿pondremos primero al mundo, o a la Palabra de Dios? ¿Qué vamos a permitir que moldee nuestros pensamientos, nuestros afectos y nuestra devoción? ¿Vamos a dejar que toda la información que recibimos en nuestros teléfonos nos moldeen, o que nos moldee la Palabra inmutable de Dios?
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 9 de marzo de 2026.
El mensaje que escucharemos hoy y mañana es parte de una enseñanza que Gretchen Saffles compartió en la conferencia True Woman 2025, a la cual …
Débora: Cuando dejamos que el mundo tenga la primera palabra en nuestro día, no debería sorprendernos que terminemos ansiosas, distraídas y agotadas. Pero cuando la Palabra de Dios es lo primero, todo comienza a ponerse en su lugar. Aquí está Gretchen Saffles.
Gretchen Saffles: Cada día tenemos una decisión que tomar: ¿pondremos primero al mundo, o a la Palabra de Dios? ¿Qué vamos a permitir que moldee nuestros pensamientos, nuestros afectos y nuestra devoción? ¿Vamos a dejar que toda la información que recibimos en nuestros teléfonos nos moldeen, o que nos moldee la Palabra inmutable de Dios?
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones, con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 9 de marzo de 2026.
El mensaje que escucharemos hoy y mañana es parte de una enseñanza que Gretchen Saffles compartió en la conferencia True Woman 2025, a la cual asistieron miles de mujeres y donde todas fuimos recordadas de no perder el asombro por la maravilla de la Palabra. En su mensaje, Gretchen nos invitó a volver al principio, a Génesis 1, y lo conectó con Juan 1 para ayudarnos a recordar que la Palabra de Dios es eterna, poderosa y llena de gracia y verdad.
Escuchemos juntas a Gretchen Saffles.
Gretchen Saffles: Luego de que hablamos acerca de la Palabra, de la importancia de la Palabra de Dios, salí muy animada después de escuchar a Nancy hablar del Salmo 119 y luego a Kevin hablar de Génesis 3.
Hubo tantas cosas de las que me di cuenta y en las que Dios abrió mis ojos a través de Su Palabra en pasajes que he leído una y otra y otra vez en el pasado, porque Su Palabra es viva y eficaz, y de eso estaremos hablando hoy.
¿Qué significa poner la Palabra antes que el mundo? Estoy segura de que casi todas aquí han escuchado la idea de que: «Debemos tener nuestro tiempo a solas con Dios», o «Debemos leer la Biblia cada día». Y si no tenemos cuidado, nos convertiremos en lo que Nancy describió anoche: en personas insensibles al poder de la Palabra de Dios y a la absoluta grandeza de Jesucristo.
Bueno, mi esperanza hoy, al compartir el capítulo 1 de Juan, y si tienes tu Biblia o tu celular, acompáñame al Evangelio de Juan capítulo 1. Mi esperanza y mi oración es que salgamos de aquí maravilladas por la Palabra de Dios, y, aún más importante, que salgamos enamoradas de nuestro Salvador.
Así que quiero comenzar retrocediendo al año 2018. Ese fue un año en el que me di cuenta de que tenía un patrón en mi vida de descontento, de desánimo y de sentir constantemente que no podía enfocar mi corazón ni mi mente en la Palabra de Dios.
Al final de cada año, una cosa que me encanta es mirar hacia atrás y preguntarme: «¿Cuáles fueron las cosas que no me ayudaron espiritualmente este último año, y cuáles son las cosas que siento que Dios me está llamando a hacer en el año que viene?».
Bueno, cuando empecé a examinar todo esto, como si fuera un médico que pregunta: «¿Qué hay detrás de este patrón de desánimo, de descontento y de desesperanza en mi vida?». Me di cuenta de que estaba viviendo una vida dirigida por el mundo y controlada por mi celular.
¿Cuántas de ustedes sienten que este pequeño teléfono es como una extensión más de su cuerpo? Al inicio de los años 2000, cuando los celulares se volvieron muy populares, no nos dimos cuenta de lo indispensables que llegarían a ser para nuestras vidas, pero tampoco de lo perjudiciales que pueden ser para nuestra vida espiritual. Dios abrió mis ojos para ver cómo mi teléfono me estaba distrayendo de lo que realmente importa.
Cada mañana me despertaba con la alarma en mi teléfono. Así que lo tomaba y me quedaba viendo todas mis notificaciones y los correos electrónicos que habían llegado durante la noche. Entraba a ver las noticias en las redes sociales, y para cuando mis pies tocaban el suelo y empezaba el día, ya estaba desanimada porque había puesto mi mente en todos los problemas que iba a enfrentar ese día sin ir primero a Aquel que es la respuesta.
Y luego, a mitad del día, cuando la vida se sentía estresante, cuando mis hijos me necesitaban y había trabajo, diligencias y todas las cosas por hacer, tomaba otra vez ese pequeño teléfono buscando algún tipo de escape, algo que ayudara a mi mente a disipar todo el estrés y la ansiedad. Y entonces, por la noche, cuando me acostaba, revisaba mi teléfono y el resultado era una mala noche de sueño.
Pero Dios, en Su gracia, me mostró que vivir poniendo el mundo antes que la Palabra nunca nos llevará al gozo y, como el lema de Aviva Nuestros Corazones dice, a la libertad, plenitud y abundancia para las cuales Dios nos creó. Y sé que no soy la única que lucha con esto, porque, en caso de que no lo hayas notado, este lugar está lleno de mujeres de distintos lugares y de todas las edades. Y aun así, sabemos que hay un vacío en nuestro corazón que solo Cristo puede llenar.
Puede que hayas llegado aquí sintiéndote agotada. Has estado derramándote constantemente. Muchas de ustedes aquí son líderes de ministerio de mujeres en sus iglesias, o están dirigiendo estudios bíblicos, o tienen pequeños discípulos a los cuales cuidar todos los días en casa, pero se sienten vacías.
Mi oración es que ahora mismo traigas ese vacío a Cristo. Y confío en que, como Su Palabra nunca vuelve vacía, Él hablará y nos mostrará más de quién es Él.
Esta es la realidad: cada día tenemos una decisión que tomar. ¿Pondremos primero al mundo, o a la Palabra primero? ¿Qué vamos a permitir que moldee nuestros pensamientos, nuestros afectos y nuestra devoción? ¿Vamos a dejar que toda la información que recibimos en nuestros teléfonos nos moldeen, o que nos moldee la Palabra inmutable de Dios?
Me di cuenta de lo perjudicial que esto es cuando mi teléfono habilitó la función de ver la información sobre el tiempo que paso en mi celular. De repente, al final de cada semana me llegaba esta notificación que decía: «Este es tu promedio de uso diario». Muchas veces no nos damos cuenta de en qué y dónde estamos invirtiendo nuestro tiempo hasta que nos detenemos a pensarlo.
Encontré una investigación que dice que pasamos más de cinco horas al día en nuestros teléfonos. Pero cuando observas a la generación Z, pasan siete horas o más en sus teléfonos. Si haces la suma, eso equivale a 70 días al año, dos meses completos, mirando una pequeña pantalla, y esa pantalla nos está moldeando. Nos está convirtiendo en alguien.
Queremos ser mujeres transformadas por la Palabra de Dios. Somos un pueblo impulsado por la Palabra porque Dios nos creó para conocerle a través de Su Palabra inmutable. La diferencia entre una vida vivida con propósito, paz y una perspectiva moldeada por el evangelio es a quién o qué elegimos poner primero.
Así que el título del mensaje de hoy es muy sencillo: «La Palabra contra el algoritmo». Y mi esperanza con este título es que esas palabras sean fáciles de recordar, de manera que, cuando te despiertes y sientas esa inclinación de: «Sería mucho más fácil abrir mi teléfono ahora mismo en lugar de abrir la Palabra de Dios», el Señor traiga esas palabras a tu mente: La Palabra contra el algoritmo. Cristo por encima de todo.
Entonces, hablemos de la guía para esta sesión. Hay un pequeño folleto con notas para ti que es bastante sencillo. Hay muchas cosas que puedes ir añadiendo a estas notas. Pero, en caso de que seas de las que les encanta tomar notas y te pone nerviosa como a mí pensar que puedes dejar espacios en blanco, y sales de la sesión diciendo: «¿Cuál era el número tres? ¡¿Alguien sabe cuál era el número tres?!», voy a decirte ahora los tres puntos en los que estaremos profundizando.
Número 1: La Palabra es eterna. Número 2: La Palabra es poderosa. Y número 3: La Palabra está llena de gracia y verdad.
Deléitate en Cristo, la Palabra hecha carne, es como darse un banquete con un filete jugoso después de haber estado comiendo algodón de azúcar. Cuando pruebas el filete, te das cuenta de que el algodón de azúcar no sabe tan rico. De la misma manera, deleitarnos en Cristo es lo que realmente nutre nuestras almas, porque las redes sociales pasarán. Las noticias se actualizan constantemente, y por si no te has dado cuenta, las noticias no te informan de las cosas felices del mundo, ¿verdad?
Los libros de autoayuda, las novedades, todo eso «que tienes que leer», se está actualizando constantemente. Pero es esta Palabra la que tiene el poder de cambiar tu vida. La Palabra del Señor permanece para siempre. Y esta Palabra nos señala a una Persona, y Su nombre es Cristo. Oremos antes de comenzar.
Padre, Tu Palabra es vida. No hay otra palabra que pueda describirse como viva y eficaz, más cortante que toda espada de dos filos. Tu Palabra es un regalo para que podamos conocerte. Y Señor, te pido que si nuestros corazones se han vuelto insensibles a la gloria del evangelio, a Tus verdades, Tus testimonios, Tu ley, Tus promesas, te ruego que hoy nos sacudas y nos despiertes.
Padre, oro que Cristo sea glorificado al abrir Tu Palabra, y que Tú nos muestres cómo tomar nuestro tenedor espiritual y darnos un festín con Tu Palabra día tras día. En el nombre de Jesús, amén.
Bueno, cuando nos vamos en un viaje familiar por carretera, una de nuestras paradas favoritas es una estación gasolinera y que también es una tienda, llamada Buc-ee’s. ¿La has escuchado antes? Sé que debe haber alguien que me esté escuchando y que no tenga ni idea de qué es Buc-ee’s. Así que te lo voy a explicar. Piensa en la gasolinera más grande del mundo. Básicamente, es como un pequeño parque de diversiones. Y si has estado manejando por horas y estás cansada de estar encerrada en el auto, no puedo describirte la emoción de decir: «¡Aquí hay un Buc-ee’s!».
Cuando llegamos, podemos bajarnos y estirar las piernas. Es fácil echar gasolina. Y cuando entras, hay mucha comida, aperitivos y cualquier cosa que puedas querer. Tienen frappés de Dr. Pepper, ¡y son muy ricos! Bueno, uno de mis anuncios favoritos que he visto de Buc-ee’s, ya que si vives cerca de uno, sabes que son muy buenos con sus anuncios. Uno de mis anuncios favoritos dice: No hay baño como el baño de Buc-ee’s. Y si has estado ahí, sabes que es cierto.
Entonces, cada vez que nos detenemos ahí, siempre compramos los mismos aperitivos. A mí me fascina el frappé de Dr. Pepper, y mis hijos siempre compran una bolsa de algodón de azúcar y un frappé de esos en los que le ponen un poquito de todos los sabores, y al final se ve un color como marrón con negro muy extraño.
Luego, después de nuestra parada, nos subimos al carro, y mis hijos empiezan a comer. Y aunque les digo: «No se tomen todo ese frappé ni se coman todo ese algodón de azúcar al mismo tiempo, porque luego les dolerá el estómago». Pero cada vez hacen exactamente lo contrario. ¡Siempre! ¿Y sabes qué termina pasando? Les duele el estómago, porque tomarse un frappé así en el carro y comerse una bolsa de algodón de azúcar es la receta para el desastre.
La verdad es que Buc-ee’s no es el lugar al que vas cuando quieres una comida nutritiva y energizante. Y lo mismo es cierto con las palabras que consumimos a diario. Nuestras almas tienen hambre. Están hambrientas en extremo. Queremos conocer la verdad. Tenemos dudas, temores, preguntas, y aun así acudimos a todos los demás lugares menos a este lugar, a esta Palabra que Dios nos ha dado.
¿Sabías que la persona promedio habla unas 100,000 palabras al día? Ahora, si tienes niños pequeños, ese número como diez cifras más con todas las preguntas extra que ellos añaden. La Sociedad Bíblica Estadounidense hizo una investigación en el año 2024 y reveló que solo alrededor del 40 % de los adultos leen la Biblia. Pero aquí está lo sorprendente: la mayoría de ese 40 % solo la lee las pocas veces al año que asiste a la iglesia, quizás 3 o 4 veces. En realidad, solo un 16 % afirma leer la Biblia a diario.
Hoy estamos aquí porque sabemos que esta Palabra es vida, y aun así puede ser muy fácil acudir a todos los demás lugares antes que a ella. Consumimos palabras como si fueran algodón de azúcar. Nos dan un momento dulce, un pequeño golpe de dopamina, pero después dejan nuestra alma vacía, desnutrida. Nos dejan con ganas de más.
Hermanas, Dios nos ha dado el mayor regalo: la salvación en Su Hijo Jesucristo, y nos ha bendecido con Su Palabra escrita.
Al pensar en eso, me surge una pregunta: ¿hemos olvidado la maravilla de tener la Palabra escrita de Dios, y probablemente varias copias de ella en nuestros hogares? Esta es la Palabra que tiene el poder de salvar. La Palabra de Dios no es un aperitivo azucarado. No es una solución rápida para el alma. Es una comida nutritiva, deliciosa, que satisface el alma, a la cual Él nos invita a deleitarnos.
El salmista escribe en el Salmo 119:103: «¡Cuán dulces son a mi paladar Tus palabras! Sí, más que la miel a mi boca». Mientras más saboreas la Palabra de Dios, el resto del mundo pierde su sabor, y tus antojos, tus antojos espirituales, se transforman. Así que quiero que te vayas hoy, y esto es solo por la gracia de Dios, no es por mí, es por la obra de Su Espíritu Santo, con un hambre implacable de conocer más a Cristo.
Hace unos minutos te pedí que me acompañaras al Evangelio de Juan capítulo 1. En este Evangelio, Juan presenta a Cristo de una manera que deja claro que su mayor deseo es que su audiencia crea que Jesús es el Hijo de Dios. Por eso escribe en los versículos 1–2:
«En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios».
Ahora, ¿a qué te recuerdan estos versículos? Esto se encuentra en otra parte de la Biblia. ¿Alguien sabe? Vuelve al principio. Es probable que estés pensando en el libro de Génesis. Y esto no es por accidente, porque Juan sabía exactamente lo que estaba haciendo cuando hizo eco de las palabras de Génesis capítulo 1. Así que, si lo buscas, es bastante fácil llegar: es el primer libro de la Biblia. Búscalo y márcalo porque regresaremos ahí dentro de un minuto.
Las palabras iniciales de la Biblia son:
«En el principio Dios creó los cielos y la tierra. La tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas» (vv. 1–2).
Antes de que el mundo fuera creado, la Palabra ya existía. Antes de que hubiera sol, luna y estrellas para alumbrar la noche, Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo moraban juntos en perfecta armonía. Antes de que existieran las hormigas, los antílopes y los asteroides en el cielo, el Verbo eterno, Jesucristo, ya existía. Su Palabra es eterna. Su Palabra es verdadera.
El Salmo 119, este hermoso Salmo, y no recuerdo las palabras exactas que Nancy usó para describirlo, pero es una obra maestra de adoración a Dios por Su Palabra. En el versículo 160 dice: «La suma de Tu palabra es verdad, y eterna cada una de Tus justas ordenanzas».
Entonces, ¿por qué nos llama Dios a poner la Palabra antes que el mundo? Porque así fue como Él diseñó el mundo. Así fue como Él creó el mundo. El significado de la palabra «Verbo» en Juan capítulo 1, cuando dice: «En el principio ya existía el Verbo», es logos. La revelación de Dios.
Ahora, esto habría tenido un gran impacto tanto en la audiencia judía como en la griega que estaba escuchando este pasaje: que en el principio estaba la revelación de Dios a Su pueblo.
Los israelitas habrían escuchado eso y habrían recordado la revelación de Dios a Su pueblo en el Antiguo Testamento. Pero los gentiles, que no conocían todo eso, al escuchar logos, habrían pensado en la filosofía griega. El hecho de que Juan llamara a Cristo «el Verbo» hubiera conectado con ellos, construyendo un puente para mostrar que Él es el creador del mundo. Establecería a Cristo no solo como una persona que nació, sino como Dios hecho carne.
Juan le está mostrando a su audiencia original, y nos está mostrando a nosotras, que Cristo es la encarnación del mensaje de Dios de salvación y gracia. Si queremos conocer a Dios, debemos hacerlo a través de Su Hijo, Jesucristo. Él es la mejor Palabra, la Palabra suprema, y Él es la Palabra final.
El profeta Isaías describe la Palabra de Dios en Isaías 40:8 diciendo: «Se seca la hierba, se marchita la flor, pero la Palabra de nuestro Dios permanece para siempre». Él les dijo esto a un pueblo que estaba en Babilonia. No estaban en un lugar de florecimiento en ese momento. Isaías les estaba recordando: «¡No se aparten de la Palabra de Dios! ¡Ella es su consuelo y su esperanza!».
Desde el primer versículo de Génesis hasta el último versículo de Apocalipsis, la Biblia nos cuenta una sola historia de redención. Esta Palabra nos apunta a una Persona, y esa Persona es Cristo.
Hacemos grandes esfuerzos para conseguir las cosas que queremos, ¿verdad? Leí un artículo a principios de este año que se titulaba: Rescatan dos veces a un escalador del monte Fuji tras volver por un objeto perdido. Inmediatamente pensé: ¿Qué? ¿Qué fue lo que pasó? El artículo decía que un estudiante fue rescatado por un helicóptero después de intentar escalar el Monte Fuji y sufrir mal de altura.
Ahora, este tipo de rescates no son poca cosa. Que te rescaten del Monte Fuji es algo muy serio.
Bueno, después del primer rescate, él se recupera y dice: «Olvidé mi teléfono». Así que volvió a escalar el Monte Fuji, solo para enfermarse de nuevo y ser rescatado otra vez. Desafortunadamente, el artículo no dice si encontró su teléfono o no. Pero lo que sí te puedo decir es que el rescate que él necesitaba era mucho más que recuperar un teléfono. Solo Cristo puede rescatarnos verdaderamente.
Y neciamente, nosotras hacemos lo mismo muchas veces. Buscamos esperanza y ayuda en personas, en el trabajo, en amistades, en estrellas de cine o de televisión, en libros y en tantas otras cosas, cuando lo tenemos justo aquí: en Jesucristo.
Si vamos a ser mujeres sabias, fructíferas y que disciernen, que no son fácilmente arrastradas por este mundo, tenemos que ser mujeres que conocen, aman y atesoran la Palabra de Dios, porque deleitarnos en el Señor supera con creces cualquier gratificación instantánea que nuestro teléfono pudiera darnos.
La Palabra de Dios nunca cambia, pero siempre nos cambia a nosotras. Y eso nos lleva a nuestro punto número dos: La Palabra es poderosa. Vuelve conmigo a Juan capítulo 1. Vamos a leer los versículos 3–13:
«Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la Luz de los hombres. La Luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron.
Vino al mundo un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan. Este vino como testigo para testificar de la Luz, a fin de que todos creyeran por medio de él. No era él la Luz, sino que vino para dar testimonio de la Luz.
Existía la Luz verdadera que, al venir al mundo, alumbra a todo hombre. Él estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de Él, y el mundo no lo conoció. A lo Suyo vino, y los Suyos no lo recibieron. Pero a todos los que lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en Su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios».
Aquí Juan nos está mostrando que la Palabra creó el mundo. Así que vuelve conmigo a Génesis capítulo 1. Una vez más, esto nos lleva de vuelta al principio. En Génesis 1, los versículos 3 al 4 dice:
«Y dijo Dios: Sea la luz [dilo conmigo desde donde estés. “Sea la luz”] y hubo luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas».
En el primer día de la creación, lo primero que Dios hizo fue la luz para expulsar las tinieblas. Ahora, ¿cómo lo hizo? ¿Agitó una varita mágica como vemos en tantos cuentos de hadas? No. Las mismas palabras de Dios crearon el mundo. Su Palabra tiene el poder de crear vida, y no solo vida en Génesis, sino vida en nosotras hoy. Si estás cansada o desanimada, si estás en un tiempo de duelo, de preguntas o de dolor, Su Palabra crea vida. Y crea vida en ti y en mí.
Me encanta cómo Pablo amplía esta verdad en Colosenses 1. ¿No es hermoso cómo toda la Escritura se conecta? Hemos pasado de Juan a Génesis. Ahora estamos en Colosenses, y todo cuenta la misma historia.
En Colosenses capítulo 1, en los versículos 15–16, dice: «Él es la imagen del Dios invisible [Él se refiere a Cristo, la Palabra hecha carne], el primogénito de toda creación. Porque en Él fueron creadas todas las cosas…».
Si te sientes cómoda como yo escribiendo en tu Biblia, a mí me encanta marcar las palabras repetidas en la Escritura mientras estudio. Puedes hacerlo también en tus notas. Quiero que observes cuántas veces Pablo dice «todas las cosas» y a qué se refiere. Lee conmigo los versículos 16-17:
«…Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen».
Pablo está estableciendo que no existe absolutamente nada en el universo que esté fuera del control de Dios. Él tiene todo poder y toda autoridad. Todas las cosas fueron creadas por Él. Todas las cosas fueron creadas por medio de Él, a través de Él y para Él. Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas se sostienen.
Quiero contarte una historia sobre mi segundo hijo, el cual es precioso para mí. Es muy creativo, así que nunca sabes qué está pasando en esa cabecita suya. Él es ese niño que, cuando estaba aprendiendo a montar bicicleta o a nadar, no quería ayuda. Quería hacerlo solo, y lo logró. Nosotros no le enseñamos a andar en bicicleta ni a nadar. Él lo aprendió por su cuenta. Así es él: siempre pesando, imaginando y resolviendo las cosas.
Bueno, para su cumpleaños, él pidió que le regaláramos lo que más quería: un pequeño hombre paracaidista. Y por supuesto, fui a internet y le pedí un paquete de seis. Cuando los recibió, estaba emocionado.
En nuestra casa, las escaleras son perfectas para dejar caer cosas desde arriba. Así que él se paraba allí, les ponía pequeñas cosas a sus soldaditos y los dejaba caer.
Bueno, un día él vino y me dijo: «Mamá, ¿puedes amarrar juntas todas estas cosas?». Y yo le dije: «Claro». Así que lo amarré todo junto. ¿Quién sabe qué iba a hacer?… Nunca se sabe. Luego, él volvió con una carita seria y me dijo: «Mamá, tengo que decirte algo». Me llevó a las escaleras, y cuando miré hacia abajo, vi una montaña de almohadas y mantas. Desde que lo vi, supe lo que había pasado. Él usó ese paquete de seis hombrecitos de juguete como si fueran un paracaídas, pensando que podría tirarse con seguridad desde lo alto de las escaleras hasta el piso como un soldado paracaidista.
Bueno, no funcionó. Sin embargo, alabado sea el Señor que tuvo la precaución de poner las mantas y las almohadas abajo, porque si no lo hubiera hecho, yo estaría contando una historia muy diferente.
Esos paracaídas de juguete eran como una falsa promesa, una falsa esperanza de que lo sostendrían hasta el suelo sin que se hiciera daño. ¿Y no hacemos nosotras lo mismo? Buscamos esperanza en las palabras de otros que tan a menudo nos desvían de esta Palabra. O buscamos paz y satisfacción en las cosas de este mundo. Tal vez sea ir de compras, o conseguir una casa más grande, o un ascenso en el trabajo. O tal vez simplemente desear que tus hijos se porten bien en la iglesia.
Buscamos esperanza en tantas otras cosas, en lugar de buscarla en Aquel que es Perfecto. Nosotras no somos las perfectas, pero Él sí lo es. Y hemos estado haciendo esto desde Adán y Eva.
El pastor Kevin DeYoung compartió anoche un mensaje poderoso de Génesis 3 sobre la gran historia de la Biblia. Volvamos al inicio de Génesis capítulo 3. Así que ve de nuevo al principio, y vamos a leer los primeros versículos de este pasaje.
«La serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del campo que el SEÑOR Dios había hecho. Y dijo a la mujer: “¿Conque Dios les ha dicho: ‘No comerán de ningún árbol del huerto?’”» (v. 1).
¿Qué está haciendo la serpiente? Está sembrando duda en el corazón de ellos acerca de la Palabra de Dios. Esa Palabra buena que Él les había dado para su gozo y para su protección. Versículo 2:
«La mujer respondió a la serpiente: “Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto, Dios ha dicho: ‘No comerán de él, ni lo tocarán, para que no mueran’”.
Y la serpiente dijo a la mujer: “Ciertamente no morirán. Pues Dios sabe que el día que de él coman, se les abrirán los ojos y ustedes serán como Dios, conociendo el bien y el mal”» (vv. 2–5).
Aquí vemos que las estrategias de Satanás no han cambiado, ¿verdad? Él hizo que Eva dudara de la buena y poderosa Palabra de Dios.
Hermanas, si no tenemos cuidado, nosotras también nos apartaremos fácilmente de la Palabra de Dios y empaparemos nuestras almas con las palabras de este mundo, pensando que pueden ofrecernos algo mejor.
Y como el pastor Kevin DeYoung compartió anoche: «Satanás promete elevarnos, pero en realidad el pecado nos hunde. Solo a través de Cristo somos levantados de nuevo por Su gracia».
Cuando estamos estresadas o ansiosas, es tan fácil acudir a Netflix o TikTok o novelas o tantas otras cosas, tratando de encontrar algo que calme nuestras tristezas. Pero lo único que encontramos son estos pequeños paracaídas de juguete que realmente no pueden sostenernos cuando las cargas de la vida nos abruman. Cuando nuestro mundo se está derrumbando… ¿Y no se siente así muchas veces? La Palabra de Dios lo sostiene todo. Es en esta Palabra donde depositamos nuestra esperanza. Juan también describe a Jesús en Juan capítulo 1 como la Luz que vence las tinieblas.
A mí me encanta la jardinería, y puede que a algunas de ustedes también. Permíteme hacer esta pregunta: ¿podemos hacer crecer una planta en completa oscuridad? No. Existen plantas que sí, aunque no hablaremos sobre eso ahora. Pero toda planta necesita luz para crecer y sobrevivir.
En la mayoría de las plantas, y en particular a mí me encantan las flores, porque honestamente, las verduras son muy quisquillosas, pero las flores sobreviven incluso cuando las descuido. Sin embargo, necesitan luz para crecer y florecer. De la misma manera, nosotras también necesitamos luz.
Necesitamos que la luz de Jesucristo brille sobre la tierra de nuestros corazones. Y Él lo hace cuando estamos en Su Palabra. Necesitamos el calor de Su Palabra para quemar, para destruir el pecado en nosotras, todo aquello que nos desvía, y para atraernos de regreso a Él, nuestro Buen Pastor.
Débora: Hoy, Gretchen nos ha recordado que muchas veces estamos tratando de vivir con una dieta espiritual basada en «algodón de azúcar»: palabras rápidas, superficiales, que nos dan un momento de distracción, pero no nutren el alma.
En cambio, la Palabra de Dios es un banquete que realmente satisface. En el Salmo 119 leemos que «La suma de Tu palabra es verdad», y Gretchen nos animó a volver a maravillarnos de tener en nuestras manos la Palabra escrita de Dios.
Quizás el Espíritu Santo ha usado este mensaje para mostrarte que has perdido el asombro por las Escrituras, o que has estado corriendo a tu teléfono antes que a tu Biblia. Nuestra oración es que hoy mismo le digas al Señor: «Quiero que Tu Palabra tenga el primer lugar en mi vida».
Imagina a mujeres de todas las edades viviendo juntas el evangelio de Cristo que las ha transformado. Mujeres caminando hombro a hombro, creciendo juntas y edificando todo el cuerpo de Cristo para reflejar Su belleza. Esta, mi amada hermana, es la comunidad cristiana tal como Dios la planeó: una comunidad de fortaleza mutua, que glorifica a Dios y hace que Su verdad sea creíble ante nuestro mundo.
En Aviva Nuestros Corazones queremos acompañarte en este llamado, y por eso contamos con un recurso especial que te ayudará a crecer en esta área. Se trata del libro «Adornadas», escrito por Nancy DeMoss Wolgemuth. Y me alegra decirte que durante este mes de marzo está disponible para ti por una donación en nuestro sitio web.
Si deseas profundizar en el diseño bíblico de Tito 2 y aprender a vivir —para alguien más— como una mujer que refleja el modelo que Cristo nos dejó, este recurso es para ti. Al adornar el evangelio de Cristo, tu vida encontrará su significado más pleno.
Visita AvivaNuestrosCorazones.com, haz tu donación y adquiere el libro «Adornadas».
Mañana escucharemos la última parte del mensaje que Gretchen compartió en True Woman 2025 titulado «La Palabra contra el algoritmo». ¡No te lo pierdas, te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones!
Llamándote a completar la maravilla de la Palabra, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
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