Débora: Randy Alcorn dice que la generosidad es una manera de «matar dos pájaros de un tiro».
Randy Alcorn: Dar es una manera de glorificar a Dios, pero no solo para el bien de los demás, sino también para nuestro propio bien y el de nuestros hijos.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Escoge agradecer», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 16 de septiembre de 2026.
Nancy DeMoss de Wolgemuth: He disfrutado muchísimo esta conversación con Randy Alcorn aquí en Aviva Nuestros Corazones durante esta semana. Randy es autor de muchísimos libros. ¡No sé cómo una sola persona puede escribir tantos libros! Y todos valen la pena leerlos. Sus libros me han llevado más profundo al corazón de Dios en temas como el cielo, la mayordomía cristiana, y también ha escrito novelas maravillosas que tocan el …
Débora: Randy Alcorn dice que la generosidad es una manera de «matar dos pájaros de un tiro».
Randy Alcorn: Dar es una manera de glorificar a Dios, pero no solo para el bien de los demás, sino también para nuestro propio bien y el de nuestros hijos.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Escoge agradecer», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 16 de septiembre de 2026.
Nancy DeMoss de Wolgemuth: He disfrutado muchísimo esta conversación con Randy Alcorn aquí en Aviva Nuestros Corazones durante esta semana. Randy es autor de muchísimos libros. ¡No sé cómo una sola persona puede escribir tantos libros! Y todos valen la pena leerlos. Sus libros me han llevado más profundo al corazón de Dios en temas como el cielo, la mayordomía cristiana, y también ha escrito novelas maravillosas que tocan el corazón, lo animan y te hacen reflexionar.
Randy, estamos muy agradecidas de tenerte con nosotras aquí en Revive Our Hearts esta semana.
Randy: Siempre es un placer estar contigo, Nancy.
Nancy: Y todavía no he mencionado que Randy estuvo casado durante cuarenta y siete años con otra Nanci, Nanci con «i» latina. Randy, nunca tuve el privilegio de conocer a tu esposa, pero he seguido el camino que ustedes recorrieron durante esos cuatro años de cáncer, y también su partida al hogar celestial, a ese lugar sobre el que has escrito tan hermosamente durante tantos años. Pero ahora ese lugar tiene un significado aún más profundo para ti y para todos nosotros, porque ella está allí.
Randy: ¡Amén!
Nancy: Ha sido una bendición ver tu corazón al entregarla al Señor, y cómo ella caminó a través de ese tiempo de dolor y sufrimiento, sabiendo que, a menos que Dios interviniera, pronto estaría en el cielo.
Tú y Nanci tuvieron dos hijas, que hoy son adultas casadas, así que tienes dos yernos, ambos llamados Dan, y cinco nietos. ¿Estoy en lo correcto?
Randy: Absolutamente cierto, y todos son una alegría para mí.
Nancy: Nanci los llamaba «los chicos».
Randy: Sí, «los chicos». Siempre los llamaba así. Dos de ellos están en el equipo de tenis de su escuela secundaria, donde yo soy entrenador asistente. ¡Es una gran alegría! Me mantengo en contacto con los que viven en California, a unos mil seiscientos kilómetros de distancia. Pero los otros dos viven a la vuelta de la esquina, y eso es muy especial.
Nancy: Me imagino que sí.
Así que, Randy, no solamente te sientas en tu estudio a escribir libros, sino que haces otras cosas en la vida. Has sido pastor durante muchos años y has estado muy involucrado en el movimiento provida, incluso has llegado a ser una figura influyente y un pionero en ese movimiento.
Y, Randy, estoy muy agradecida por la manera en que el Señor te ha usado y sigue usándote. Y en ningún tema ha sido esto más evidente que en el tema de la generosidad.
Y pienso en el pasaje que mencionamos antes, 2 Corintios, capítulo 8, donde el apóstol Pablo les dice a los creyentes en Corinto (voy a leer de la Nueva Versión Internacional. Dice así): «Procuren también sobresalir en esta gracia de dar».
Randy: Sí.
Nancy: Es como decir: «No se conformen con lo mínimo. No sean simplemente como los demás. Sobresalgan. Vayan más allá. Persigan la meta. Destaquen en esta gracia de dar».
Y el libro que escribiste, titulado «El Principio del Tesoro», nos da algunas orientaciones prácticas y maneras de pensar que nos ayudan a crecer y abundar en esta gracia de dar.
En este libro hay una sección titulada «Preguntas radicales y liberadoras para reflexionar sobre tu manera de dar». Es una sección muy importante porque incluyes preguntas y respuestas sobre el libro, cosas que las personas te preguntaron después de que publicaste la primera edición y que luego decidiste responder.
Randy: Así es.
Nancy: Así que hoy y mañana queremos profundizar un poco más en qué es este «Principio del Tesoro» y cuáles son algunas de las claves que pueden abrir nuestro corazón para dar con gozo y ayudarnos a abundar en esta gracia de dar.
Bueno, Randy, empecemos. Sé que algunas personas ya te han escuchado hablar sobre esto, pero muchas otras no. Y siento que nunca podemos escuchar demasiado sobre este tema. En realidad, nunca es suficiente. Este concepto aparece a lo largo de toda la Escritura, y uno se pregunta: ¿por qué solo hablamos de dar en tres o cuatro programas de vez en cuando, cuando la Biblia está tan llena de este tema?
Así que, Randy, si tuvieras que explicar en pocas palabras qué es el Principio del Tesoro, ¿cómo lo describirías?
Randy: Bueno, yo llamo «El Principio del Tesoro» está basado directamente en Mateo 6:19–21, donde Jesús dice:
«No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; sino acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban; porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón».
Con esas palabras, Jesús está comunicando algo que todos deberíamos saber. No puedes llevarte nada contigo.
Nancy: Así es.
Randy: Y luego añade una verdad complementaria, y es absolutamente transformadora cuando la comprendemos: no puedes llevarte nada contigo, pero sí puedes enviarlo por adelantado.
En otras palabras, puedes tomar los tesoros terrenales, en lugar de simplemente guardarlos para ti mismo, para tu consumo, para tus ahorros, para almacenarlos como en graneros, por decirlo de alguna manera, y usarlos para los propósitos del reino de Dios. Así, ese tesoro temporal que de todos modos no puedes retener se convierte en un tesoro eterno que nunca podrá ser quitado y que jamás perderás.
Nancy: Exactamente.
Randy: Es un concepto tan poderoso. Jesús nos está retando a invertir nuestra vida en la eternidad. Vivimos en lo que podríamos llamar «el punto»: esta vida en la tierra es breve, tiene un inicio y un final. Pero desde ese punto se extiende una línea que continúa por toda la eternidad.
Así que, si eres sabia, no vivirás solo para ese punto, sino para la línea. Vivirás en el punto, en esta breve vida, a la luz de esa línea que se extenderá para siempre.
Entonces, la pregunta es: ¿qué puedo hacer hoy con el dinero de Dios, que Él ha puesto bajo mi cuidado y administración? ¿Cómo puedo usarlo para invertir en la eternidad, en algo que durará mucho más que esta vida?
Un asesor financiero podría decir: «No pienses solo en lo que puedes hacer con tu dinero esta semana; piensa en lo que puedes hacer con él en los años venideros. Piensa en cómo ese dinero puede rendir frutos dentro de veinte, treinta o cuarenta años».
Pero lo que Jesús está diciendo va mucho más allá de eso. Él está diciendo: «Piensa en cómo ese dinero rendirá frutos dentro de veinte, treinta o cuarenta millones de años en el reino de Dios».
Y, por cierto, en este pasaje Jesús no solo está apelando a lo correcto o incorrecto. En gran medida, está apelando a lo sabio y a lo insensato. No solo está diciendo que es incorrecto acumular tesoros en la tierra, aunque claramente dice: «No lo hagan».
Y la razón que da es que no tiene sentido. Es una insensatez. Porque tarde o temprano serás separado de esos tesoros. No van a durar. O te serán quitados, o tú serás separado de ellos. No existe una relación permanente entre tú y los tesoros terrenales. Pero sí existe una relación permanente entre tú y los tesoros en el cielo, las recompensas eternas.
Entonces, cuando Jesús dice: «Acumulen para sí tesoros en el cielo»; de entrada, eso podría sonar como algo egoísta, ¿verdad? Pero lo maravilloso es que estamos acumulando tesoros en el cielo para nosotros mismos de una manera que también beneficia a quienes nos rodean y expresa nuestro amor por Dios. Así que estamos amando a Dios, estamos amando a las personas y, al mismo tiempo, estamos acumulando tesoros en el cielo.
No tenemos que preocuparnos pensando: «Bueno, quizá esa es una mala motivación. Tal vez es egoísta». No sería egoísmo en el sentido incorrecto, porque Jesús mismo está apelando a esa motivación.
Nancy: Esta es una manera de pensar totalmente diferente a la que la mayoría de nosotras está acostumbrada. Y me parece, Randy, que la mayoría de las personas, quizá incluso diría que muchos cristianos, casi no piensan en absoluto en qué pasará con lo que tienen cuando ya no estén.
Randy: Exactamente. Estamos llamados a pensar y a vivir a la luz de la eternidad. Debemos poner nuestra mente en las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Debemos recordar que somos polvo y que nuestros días en este mundo están contados, como nos dicen el Salmo 90 y otros pasajes.
Entonces, ¿cómo puedo vivir hoy de una manera que tenga un impacto eterno? Pablo describe a las iglesias a las que escribe como su tesoro y su corona.
Sabemos que algunos de los tesoros en el cielo están relacionados con reinar en el reino de Dios. «Puesto que has sido fiel en lo muy poco, ten autoridad sobre diez ciudades» (ver Lucas 19:11–27).
Cuando pensamos en el cielo de esa manera tan concreta, recordamos que es un lugar real. Es la nueva tierra. Luego pensamos en los reyes de las naciones trayendo sus tesoros a la Nueva Jerusalén. Y pensamos en personas que en este mundo fueron siervos humildes, muchas veces detrás de escena. Creo que muchas de esas personas serán quienes gobiernen en el reino de Dios. Será un privilegio servir bajo su liderazgo.
Nancy: ¡Amén, así es!
Randy: A veces pienso que no reflexionamos lo suficiente sobre cómo será sentarnos a los banquetes en la nueva tierra. Después de la resurrección estaremos comiendo y bebiendo, y sabemos esto por lo que vemos en Jesús. Él dijo: «Un espíritu no tiene carne ni huesos como ven que Yo tengo» (ver Lucas 24:39). Él es verdaderamente una persona resucitada con un cuerpo resucitado, y está comiendo y bebiendo con Sus discípulos.
Siete u ocho veces en los evangelios se habla de sentarnos en Su reino. Vendrán del oriente y del occidente, y Abraham, Isaac y Jacob. Todos nos sentaremos juntos en esos banquetes. Y creo que Él mismo estará a cargo de los lugares en la mesa.
Y estaremos sentados junto a personas en cuyas vidas Dios nos permitió influir en algún momento:
- Para ayudarlas.
- Para alimentarlas.
- Para ayudar a que sus hijos salieran adelante.
- Para cuidar de su salud.
- Para ayudarles a escuchar el evangelio por primera vez.
- Para que pudieran tener la Biblia en su propio idioma.
Y esas personas nos dirán: «Gracias».
Por otro lado, también estaremos sentados junto a personas a quienes podremos decirles:
- «Tú fuiste mi maestra de escuela dominical».
- «Mamá y papá, ustedes me criaron en un hogar cristiano».
- «Tú fuiste el amigo que me habló del evangelio».
- Personas de nuestra iglesia.
- Pastores.
- Hermanos y hermanas en la fe.
- Personas de nuestra comunidad.
- Personas con quienes practicamos deportes y que influyeron en nuestra vida.
Y podremos decirles: «Gracias». Eso también será parte de nuestro tesoro en el cielo: haber tomado los tesoros terrenales que podríamos haber usado para muchas otras cosas, y hay una infinidad de cosas en las que podríamos gastar dinero.
De hecho, el otro día hablaba con alguien que me dijo: «Acabo de recibir un fondo de inversión familiar. Tenemos acceso a él y podemos usarlo como queramos. Tenemos treinta años y son diez millones de dólares. ¿Qué nos recomendarías hacer con ese dinero?».
Y le pregunté: «¿Realmente necesitan ese dinero?».
Me respondió: «No, para nada. Nos va muy bien. Ganamos mucho dinero, tenemos una buena casa y todo eso».
Entonces le dije: «Creo que lo mejor, lo más seguro y lo más sabio sería simplemente darlo. ¿Por qué no? Tú mismo dijiste que no lo necesitan. Entonces, ¿por qué no dar al menos la gran mayoría? Denlo ahora donde hay necesidades reales para apoyar la obra de Dios en todo el mundo».
Debemos recordar que, mientras más tiempo nos aferramos a algo, más probable es que nunca terminemos dándolo, aunque esa haya sido nuestra intención.
Muchos dicen: «Primero voy a invertir este dinero y, cuando se multiplique, entonces daré más al Señor».
¿Y sabes qué pasa muchas veces? A veces las inversiones no funcionan y el dinero se pierde: el mercado cae o sucede algo inesperado. Pero otras veces lo que cambia es el corazón. Porque Jesús dijo: «Donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón».
Él no dijo: «Donde planeas poner tu tesoro algún día, allí estará tu corazón». Dijo: «Donde pones tu tesoro, allí estará tu corazón».
Así que suelo decirles a las personas: «Si quieres tener un corazón más apasionado por las misiones, si quieres amar más a tu iglesia, da más a las misiones y a tu iglesia. Si quieres amar más la obra de Cristo, da más a ministerios que honran a Cristo y llevan el evangelio por todo el mundo para Su gloria». Y un día celebraremos eso. Nunca tendremos arrepentimientos.
¿Te imaginas que alguno de nosotros se presente ante el tribunal de Cristo, porque eso sucederá— y que Él nos diga, como les dijo a algunas iglesias en Apocalipsis: «Diste demasiado. ¿Realmente diste demasiado?». No creo que ninguno de nosotros esté en peligro de escuchar algo así. Al contrario, habrá consecuencias eternas, y positivas, por haber invertido nuestra vida en las cosas de Dios.
Y, honestamente, una de las cosas más insensatas que podemos hacer con nuestro dinero es simplemente aferrarnos a él, como lo hacía Scrooge en la película Un Cuento de Navidad. Él era un avaro. ¿Y sabes de dónde viene la palabra «avaro»? De «miseria». Era un hombre miserable mientras se aferraba a su dinero.
Pero en la historia ocurre un cambio cuando esos tres espíritus lo visitan. Al final, experimenta una verdadera transformación. Corre por las calles lleno de alegría, emocionado por el privilegio de dar.
Yo escribí un libro titulado Dar es la buena vida. Y realmente lo es. Los tesoros en la tierra no duran. Pero los tesoros en el cielo durarán para siempre.
Nancy: Jesús dijo en el Sermón del Monte que los tesoros terrenales pueden desaparecer fácilmente:
- Pueden ser robados.
- Pueden dañarse.
- Pueden quemarse.
- Vemos desastres naturales.
- Vemos tormentas.
- Vemos robos y saqueos.
Todas esas cosas pueden quitarle a una persona sus tesoros terrenales. No son seguros. No son confiables, por más cerraduras que pongamos en la puerta o por más sistemas de seguridad que tengamos.
Si allí está nuestro tesoro, en realidad somos personas inseguras, sin importar cuántas cerraduras tengamos, porque estas cosas son temporales. Por definición, no son eternas. No duran para siempre.
Así que cuando una persona pone su esperanza, su atención, sus deseos y sus anhelos en una cocina nueva, en una casa nueva, en un auto nuevo o en tener más de esto o más de aquello, Jesús nos advierte sobre ese deseo insaciable de tener más. Esa es la definición de la palabra bíblica «codicia».
Randy: Correcto.
Nancy: Es una palabra un poco antigua, pero significa simplemente no estar satisfecho con lo que tienes, sentir siempre que necesitas más. Y Jesús nos advirtió: «Cuídense de eso», porque es muy destructivo. No solo corres el riesgo de no poder conservar esas cosas para siempre; tal vez ni siquiera puedas conservarlas hasta la próxima semana. Pero además pueden corroer profundamente nuestra alma y nuestros afectos.
Por eso, cuando damos para la obra del Señor, cuando invertimos en cosas con valor eterno, pienso en quiénes estarán sentados a la mesa con nosotros en el cielo. De hecho, Randy, hace unos días nos contaste que cuando eras un joven creyente en la escuela secundaria, el Señor te movió a dar para ayudar a los cristianos perseguidos en medio de su sufrimiento.
Ahora te escucho y pienso: ¿quiénes estarán sentados a la mesa contigo? Tú eras apenas un adolescente cuando diste para apoyar y cuidar a esos creyentes perseguidos. Tal vez sean personas que nunca conociste en esta vida. Quizá algunos ya están en el cielo. Pero estarán sentados contigo, diciendo: «Gracias por preocuparte». «Gracias por apoyarnos». «Gracias por hacer posible que perseverara fiel a Cristo». «Gracias por ayudar a que mi familia pudiera tener lo necesario mientras yo estaba en prisión».
Imagínate las historias que se contarán. Historias que ahora mismo se están escribiendo y que todavía no podemos ver, pero que un día veremos y celebraremos cuando estemos juntos en el cielo.
Randy: Exactamente. Mi esposa Nanci y yo hablábamos mucho de esto a lo largo de los años. Algunas personas saben cuántos libros se han vendido, cuántos millones de dólares han llegado en regalías. También saben que decidimos donar todas esas regalías, y a veces nos decían: «¿Se dan cuenta de todo lo que podrían haber hecho con ese dinero?».
Empezaban a hacer cálculos y les parecía casi inconcebible que no compráramos una casa más grande, o más casas, o que no gastáramos mucho más en ropa, en cosas y en todo lo demás.
Ahora, vivimos una vida de clase media en Estados Unidos, que es de por sí una vida materialmente abundante. Y no es que hayamos hecho un voto de pobreza. Ese no era el problema para nosotros. Pero cuando alguien pregunta: «¿Te das cuenta de lo que podrías haber hecho con todo ese dinero?».
Mi respuesta es casi siempre la misma: «No hay absolutamente nada que hubiéramos podido hacer con ese dinero que nos hubiera dado más gozo que lo que hicimos con él. Porque hemos visto cómo ese dinero se ha invertido en la vida de personas. Y aun cuando no podemos verlo directamente, podemos imaginar traducciones completas de la Biblia llegando al idioma de las personas gracias al dinero que dimos a partir de esas regalías».
Y además de eso, está el dinero que damos a nuestra iglesia, no de las regalías, sino de nuestros ingresos. Y todas las cosas que hemos hecho a lo largo de los años y la diferencia que han marcado en la vida de otros. ¡Eso trae mucho gozo y es muy vivificante!
Algunas personas incluso nos dijeron: «Bueno, lo siento por tus hijos, porque podrías haber gastado este dinero en ellos, y podrías haber vivido una vida más cómoda».
¿De verdad? ¿Más rica que una vida de clase media en Estados Unidos? Claro, podríamos haberlo hecho. Pero ¿eso realmente habría ayudado a nuestros hijos? ¿O más bien les habría hecho daño?
Nunca olvidaré cuando algunas personas sentían lástima por nuestros hijos. Nuestra hija menor, Angie, aún estaba en la escuela secundaria, mientras que su hermana Corina estaba en la universidad. Ambas aman al Señor con todo su corazón. En ese tiempo se había construido una casa muy cerca de nosotros.
Era, por mucho, la casa más impresionante de toda nuestra zona. Esto fue a finales de los años noventa. Estaba en una comunidad cerrada, algo que ni siquiera era común en nuestra área. La casa estaba a la venta por 500,000 dólares.
En ese tiempo, probablemente nuestra casa valía unos 120,000 dólares. Y las casas nuevas que se estaban construyendo en nuestra comunidad, las más bonitas, costaban alrededor de 300,000 dólares. Sé que en algunas partes del país eso puede parecer increíblemente barato para una casa, pero hay que considerar la época, la inflación y también que estamos hablando de Oregón.
Pero esta casa era realmente impresionante. Era enorme. Tenía una vista hermosa del monte Hood y muchas cosas extraordinarias. Angie la estaba admirando, y yo también. Entonces ella dijo: «¡Guau, papá! ¡Esa casa es increíble!».
Luego miré el precio, que todavía no había visto, y se lo dije. Era una cantidad de dinero impactante tanto para ella como para mí. Pero entonces se me ocurrió algo. Le dije: «Angie, ¿te das cuenta de que con las regalías que recibimos el año pasado, que fue un buen año de regalías, podríamos haber tomado ese dinero y, si lo hubiéramos guardado, podríamos haber comprado esta casa completamente en efectivo?». Porque esa era más o menos la cantidad que había llegado en regalías.
Y ella me dijo: «¿De verdad, papá? ¿En serio?».
Le respondí: «Sí». Y entonces le pregunté: «Bueno, Angie, ¿te gustaría que hubiéramos usado ese dinero para comprar esta casa?».
Su respuesta fue uno de los momentos más especiales de mi vida al recordarlo. Primero se rio y luego dijo: «¡Papá! ¡Es solo una casa!». Ella sabía exactamente a dónde había ido ese dinero en el reino de Dios. «¡Es solo una casa!».
Eso fue un recordatorio maravilloso para mí. Nunca creí lo que algunas personas pensaban: que de alguna manera estábamos perjudicando a nuestros hijos al donar todas las regalías de los libros y al dar cantidades significativas de dinero en otros contextos.
No, eso no es un gran sacrificio. Pero incluso si lo fuera, ¿no valdría la pena ese sacrificio?
Nancy: Totalmente.
Randy: En 1 Timoteo 6 se habla de la tentación y la trampa de las riquezas, de los deseos insensatos y dañinos, del amor al dinero, del afán por tener más y de cómo las personas terminan siendo traspasadas por muchos dolores. Al comienzo de ese capítulo se nos advierte precisamente sobre el amor al dinero. Y lo que me impacta es lo destructivo que puede ser el materialismo.
Dios no solo está diciendo: «Me desagradarás si haces esto». Está diciendo: «Arruinarás tu vida. Te destruirás. Te apartarás de la fe. Serás traspasado por muchos dolores». Habla de destrucción, de caer en tentación y en una trampa. Es como si dijera: «No te hagas eso a ti mismo, y no les hagas eso a tus hijos».
Debemos entender algo: el llamado a dar resuelve dos problemas, no solo uno. Dar ayuda a resolver el problema de quienes son pobres y necesitan ayuda, provisión, o incluso son espiritualmente pobres porque nunca han escuchado el evangelio. Necesitan escuchar las buenas nuevas. Necesitan la Biblia en su propio idioma. Apoyar a ministerios misioneros que necesitan recursos para llevar el evangelio a las personas es un privilegio para nosotros.
Así que cuando damos, contribuimos a responder a esa necesidad.
Pero dar no solo ayuda a resolver el problema de quienes tienen poco; también ayuda a resolver nuestro problema de tener demasiado. Así que la generosidad se convierte en una solución que glorifica a Dios, no solo para el bien de otras personas, sino también para nuestro propio bien y para el bien de nuestros hijos.
Nancy: Guau. Me encanta eso porque es un indicador de dónde está nuestro corazón, de lo que hay en nuestro corazón, de dónde están nuestros afectos. Y Jesús dijo: «Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón».
Randy: Así es.
Nancy: Y si tu tesoro se limita a lo que está aquí en la tierra, a lo temporal, a lo que puede ser quitado, entonces tu corazón terminará encogiéndose. Incluso podría terminar destruido.
Randy, antes mencionaste a los hijos. En el próximo episodio queremos hablar sobre cómo pensar en la próxima generación, acerca de todo este tema de la inversión en los hijos, las herencias. Muchas personas hoy se hacen ese tipo de preguntas.
Pero antes quisiera detenerme un momento para que puedas enfatizar algo. Cuando hablamos de materialismo, cuando hablamos de valores temporales, de tener nuestros tesoros limitados a lo que está aquí en la tierra, no estamos hablando solamente de personas que tienen mucho dinero, mientras pensamos: «Bueno, ellos deben ser materialistas».
Una persona puede tener un corazón materialista, centrado en lo terrenal y en lo temporal, incluso si apenas logra pagar sus cuentas y obligaciones. No se trata realmente de cuánto tienes, sino de dónde está tu corazón y de cómo manejas lo que tienes. ¿Podrías hablarnos un poco sobre eso?
Randy: Es absolutamente cierto que una persona pobre puede ser tan materialista como una persona con más riqueza. Ahora, tampoco debemos minimizar el reto que presenta la riqueza. Cuando Jesús dijo: «Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el reino de Dios» (Lucas 18:25). Él está señalando que se necesita un milagro de transformación en el corazón. Y muchas veces esa transformación comienza cuando aprendemos a dar.
Pero volvamos a la persona pobre. Esta persona también puede vivir preocupada por las cosas materiales. Puede anhelar tener más tecnología, más aparatos, más cosas con las cuales entretenerse, más zapatos o más ropa. Incluso cuando no puede permitírselo, eso es lo que aprende a valorar por la influencia de la cultura y la publicidad.
Y esto no ocurre solo en Occidente. Lo vemos en todas partes. A veces ves a niños desnutridos con teléfonos celulares. Los mismos niños no tienen suficiente comida, pero de alguna manera tienen acceso a un celular, o llevan puesta una camiseta de un equipo de la NBA. Y uno se pregunta: «¿Cómo es posible?».
Vivimos en un mundo extraño. La realidad es que una persona puede ser tan generosa siendo pobre como siendo rica, e incluso más generosa. Pensemos en la viuda pobre que dio todo lo que tenía, o en los creyentes macedonios que dieron en medio de su extrema pobreza. En la Escritura, esos pobres se convierten en algunos de los ejemplos más extraordinarios de generosidad.
Y, por supuesto, también hay personas con grandes recursos que tienen una perspectiva correcta y piadosa sobre el dinero. He conocido personas que dicen: «Vivimos con el 50 % de nuestros ingresos». Y no hablo de personas que lo dicen para presumir, sino de personas que incluso se sienten incómodas al mencionarlo.
En algunas conferencias sobre generosidad donde he conversado con personas, a veces surge la pregunta: «De ese 50 % que conservas, ¿cuánto de eso realmente necesitas?».
Todos tenemos que examinar nuestro corazón y considerar cómo el dinero nos afecta a nosotros y también a nuestros hijos.
Y permíteme añadir algo más sobre los hijos. Muchas personas nos preguntan: «¿Están cuidando bien de sus hijos? ¿Les están dejando la herencia que merecen?».
Bueno, nuestros hijos sí recibirán una herencia. Pero no será ni de lejos todo lo que podríamos dejarles, o lo que yo podría dejar ahora que mi esposa Nanci está con el Señor. Ellos recibirán lo suficiente para ayudarles, pero no tanto como para perjudicarles.
Mientras tanto, ellos crecieron en un hogar donde, por la gracia de Dios, aprendieron a valorar las cosas del reino de Dios, y hoy ellos mismos son personas generosas.
Tengo que decir que, por la gracia de Dios, no solo hemos podido dejar a nuestros hijos una herencia material, sino también un legado: una vida centrada en Cristo, una vida piadosa y generosa. Y digo esto con humildad, porque hay personas mucho más generosas que nosotros. Pero hemos experimentado el fruto de la generosidad, no solo en la paz y satisfacción personal que produce, sino también al ver la obra que Dios ha hecho en la vida de nuestros hijos. Y por eso le damos gracias a Él.
Nancy: Wow. La verdad es que no puedo afirmar lo suficiente, como hija, al pensar en el ejemplo de mi papá y de mi mamá: manos abiertas, corazón abierto. Nuestro hogar siempre estaba abierto. La hospitalidad y la generosidad en nuestro hogar eran una forma de vida.
Mientras te escucho hoy, Randy, pienso en cuánto le debo a mis padres por esa manera de pensar. Vivíamos en el área de Filadelfia donde muchas familias tenían muchos recursos. Muchos niños tenían cosas que nosotros no teníamos. Muchos iban a escuelas muy costosas. Pero mis padres dijeron: «Vamos a poner a nuestros hijos en escuelas cristianas», esto fue al comienzo del movimiento de las escuelas cristianas. En aquel tiempo no eran tan respetadas como hoy, y ciertamente no eran tan costosas como otras escuelas privadas. Pero ese fue el resultado de un corazón que amaba a Cristo y que vivía con la eternidad en mente, y eso guiaba las decisiones de cómo gastar el dinero y cómo usar lo que teníamos.
Teníamos una casa hermosa. Pero mi papá siempre decía: «Esta casa no es para nosotros. Esta casa es para que Dios la use para traer personas a Cristo». Miles de personas llegaron a conocer a Jesús en ese hogar, y en otros hogares en los que vivimos en esa misma zona.
Mi amor por Cristo hoy, mi deseo de servirle, mi amor por Su Palabra, mi deseo de dar, de ser generosa, de entregar mi vida para servirle mientras tenga fuerzas, hasta mi último aliento, todo esto es fruto de unos padres generosos que pusieron el reino de Dios en primer lugar y que lo amaron a Él por encima de todo.
No sé qué puede ver o saber hoy mi papá desde el cielo, pero un día todos lo sabremos plenamente. Creo que mis padres solo pueden alegrarse al ver que tomaron decisiones que parecían ir contra la lógica, decisiones que no eran lo normal para personas que, humanamente hablando, podrían haber elegido otra cosa, considerando que el negocio de mi papá estaba teniendo mucho éxito en ese tiempo.
Pero qué gozo fue verlo dispuesto a perder en lo temporal para ganar en lo eterno y espiritual. Mi vida, la de mis hermanos y hermanas, y ahora la de diez nietos y bisnietos, son fruto de esas inversiones que mis padres hicieron pensando en un futuro que mi papá nunca llegaría a ver. Pero Dios sí lo vio, y Dios lo sabía.
Así que, Señor, te damos gracias por la gracia de dar, por el privilegio de recibir todo lo que Tú nos has dado y luego ser canales de bendición para la vida de otros.
Te pido, Señor, que nos des corazones dispuestos a dar, deseosos de dar, gozosos al dar, intencionales y proactivos en nuestra generosidad. Que no estemos simplemente esperando a que las organizaciones o ministerios nos envíen solicitudes, sino que miremos a nuestro alrededor y nos preguntemos: «¿Dónde están las necesidades? ¿Cómo podemos invertir en la eternidad? ¿Cómo podemos enviar tesoros por adelantado, en lugar de aferrarnos a cosas que no podremos llevarnos con nosotras?».
Señor, graba profundamente en cada uno de nuestros corazones este «Principio del Tesoro»: que todo te pertenece a Ti. Recuérdanos que hoy podemos tomar decisiones que tendrán impacto por toda la eternidad. Te damos gracias en el nombre de Jesús. Amén.
Débora: Amén.
Nancy DeMoss Wolgemuth ha estado orando para que crezcamos en el gozo de dar con generosidad. Ella ha estado conversando con Randy Alcorn, autor de un poderoso libro titulado «El Principio del Tesoro», y escucha el subtítulo de este libro: «Descubra el secreto del dador alegre».
Si nos has estado escuchando por algún tiempo, sabrás que Aviva Nuestros Corazones existe para ayudar a las mujeres a abrazar el llamado y propósito de Dios para sus vidas. Por esa razón producimos episodios diarios, páginas web, conferencias y publicaciones basadas en la sana doctrina de la Biblia. Esto ayuda a las mujeres a desarrollar una relación íntima con Dios, así como relaciones en sus familias y comunidades.
Estamos muy agradecidas por la generosidad de oyentes como tú, que ayudan a suplir las necesidades de otras al impulsar y promover la misión de Aviva Nuestros Corazones. ¡Eres una bendición!
Y si nos has estado escuchando y nunca has considerado dar, te invito a hacerlo; pregúntale al Señor. «Padre, ¿quieres que sea parte de lo que estás haciendo a través de este ministerio?». No olvides que tu ofrenda principal debe ser hacia tu iglesia local, pero si Dios te ha bendecido y quieres impulsar nuestra misión, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com y apóyanos por medio de donaciones mensuales u ofrendas especiales.
Te recuerdo que durante este mes de septiembre, la Biblia Devocional Mujer Verdadera está disponible para ti por una donación. Esta Biblia incluye introducciones para cada libro escritas por el pastor Sugel Michelén, un plan para memorizar versículos clave, espacios en los márgenes para tus propias anotaciones, un plan de lectura diaria y devocionales que te ayudarán a profundizar en la Palabra de Dios.
Es un recurso pensado para animarte a crecer en tu amor por las Escrituras y a cultivar una relación más profunda con el Señor. ¡Gracias por considerar donar y ser así parte de lo que Dios está haciendo a través de Aviva Nuestros Corazones!
El día de mañana Randy estará de regreso para ayudarnos a descubrir más claves sobre El Principio del Tesoro. Espero que puedas acompañarnos aquí en Aviva Nuestros Corazones.
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