Débora: Tú y yo sabemos que cuando vemos un relámpago, ¡algo viene después! ¡Así es, el trueno! Con nosotras, Randy Alcorn.
Randy Alcorn: Cuando ves las Escrituras, te impacta ese relámpago de la gracia de Dios que produce el trueno del dar. Si el trueno del dar no está presente, eso sugiere que el relámpago de la gracia de Dios tampoco lo está.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Escoge agradecer», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 15 de septiembre de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Bienvenidas de nuevo a Aviva Nuestros Corazones y a esta maravillosa conversación que estamos teniendo esta semana con el escritor y viejo amigo, Randy Alcorn.
Hemos estado hablando del libro El Principio del Tesoro, escrito por Randy Alcorn, y es un libro pequeño, pero está lleno de ricas verdades …
Débora: Tú y yo sabemos que cuando vemos un relámpago, ¡algo viene después! ¡Así es, el trueno! Con nosotras, Randy Alcorn.
Randy Alcorn: Cuando ves las Escrituras, te impacta ese relámpago de la gracia de Dios que produce el trueno del dar. Si el trueno del dar no está presente, eso sugiere que el relámpago de la gracia de Dios tampoco lo está.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Escoge agradecer», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 15 de septiembre de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Bienvenidas de nuevo a Aviva Nuestros Corazones y a esta maravillosa conversación que estamos teniendo esta semana con el escritor y viejo amigo, Randy Alcorn.
Hemos estado hablando del libro El Principio del Tesoro, escrito por Randy Alcorn, y es un libro pequeño, pero está lleno de ricas verdades sobre cómo descubrir el secreto de dar con gozo. Así que, Randy, gracias por acompañarnos nuevamente hoy en esta conversación sobre un tema que es tan cercano al corazón de Cristo, y también al nuestro.
Randy: Es un gusto estar de nuevo contigo, Nancy.
Nancy: Randy, tengo curiosidad. Has hablado y escrito tanto sobre el tema de dar: la gracia de dar, el gozo que viene al dar, cómo dar, y especialmente sobre invertir nuestros recursos en el reino de Dios y en la obra del Señor.
¿Recuerdas cómo, cuándo o por qué comenzaste desde temprano a cultivar un corazón y un amor por la generosidad? Es decir, ¿de dónde surgió esta pasión? ¿Tienes algún recuerdo de eso?
Randy: De hecho, sí. Lo recuerdo como si fuera ayer. Yo crecí en un hogar no creyente. Escuché el evangelio cuando era estudiante de secundaria, a los quince años. Empecé a leer con mucha avidez. Leí «El Contrabandista de Dios», y también «El escondite». Hay un libro de Richard Wurmbrand, llamado «Torturado por Cristo», que cuenta la historia de él como pastor en Rumania, siendo perseguido, torturado horriblemente y encarcelado. Cuando llegué al final de ese libro, hablaba de un lugar donde podías enviar dinero para ayudar a los cristianos perseguidos.
Con el tiempo, ese ministerio llegó a ser Voz de los Mártires, aunque en ese momento todavía no se llamaba así. Aprendí a enviar un giro postal, que es una especie de orden de pago para mandar dinero por correo; mi mamá me enseñó cómo hacerlo. Así que envié ese dinero a esa organización, y continué haciéndolo.
Yo tomaba la mayor parte del dinero que ganaba en trabajos de verano, clasificando papas, plantando brócoli y coliflor y otros trabajos que hacía, y luego lo enviaba. ¡Y realmente experimentaba un gozo increíble! Pero cuando mi papá se enteró, ¡se enojó muchísimo!
Él no era creyente. Pensaba que estaba desperdiciando mi dinero y que todo era algún tipo de engaño. Pero mi mamá, que aún no era cristiana, respetó el hecho de que yo estaba decidiendo usar mi dinero de esa manera. Así que sí, fue entonces cuando la generosidad realmente comenzó a tomar lugar en mi vida.
Nancy: Y mientras te escucho contar eso, Randy, pienso: «¡Esto es una evidencia, una prueba, de una salvación genuina!». El hecho de que Dios haya derramado Su gracia en tu corazón, haya transformado tu vida y el hecho de que te haya dado una nueva vida en Él… Suena como si no hubieras escuchado un sermón sobre dar. Aunque estoy segura de que después de eso has escuchado muchos.
Randy: Sí, así es.
Nancy: Y has dado y ofrendado, muchas veces desde entonces. Y cuando uno se da cuenta de cuánto ha hecho Dios por nosotros, de que nos ha rescatado y de cómo se ha entregado a Sí mismo por nosotros, el dar casi se vuelve algo natural.
Entonces la gratitud y la generosidad son dos cosas que brotan, que se derraman y se desbordan de esa gracia. Por eso, como dijimos en el episodio de ayer, si no somos personas generosas y agradecidas, eso nos lleva a hacernos una pregunta seria: «¿Realmente he experimentado la abundante gracia de Dios en mi vida, o solo tengo una religión?».
Randy: Sí. Cuando Jesús se le apareció a Pablo, que en ese entonces se llamaba Saulo, en el camino a Damasco, le dijo: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues». Y es interesante, porque, ¿a quién estaba persiguiendo Pablo? A los cristianos. Uno podría decir: «¡Un momento! Él no está persiguiendo a Jesús, está persiguiendo a los cristianos».
Pero ahí vemos la identificación tan profunda que Jesús tiene con Su pueblo perseguido. Así que, cuando yo daba para ayudar a los cristianos perseguidos, estaba dando para la causa de Jesús… ¡Y ni siquiera lo sabía!
Las Escrituras dicen: «Donde esté el tesoro de ustedes, allí también estará su corazón» (Lc. 12:34). Y mientras más daba, más estaba mi corazón con Jesús y con Su reino.
Nancy: ¡Me encanta eso!
Randy: Donde hay generosidad, hay gracia; y donde hay gracia, hay generosidad. Jesús quiso ir a la casa de Zaqueo, y Zaqueo terminó diciendo: «Voy a dar la mitad de todo lo que tengo a los pobres, y si he defraudado a alguien, le devolveré cuatro veces más». Y él había defraudado a muchas personas como recaudador de impuestos.
Y Jesús no dijo simplemente: «¡Eso es una buena idea!» o «¡Qué amable de tu parte, Zaqueo!». No. Él dijo: «Hoy ha venido la salvación a esta casa» (ver Lucas 19:1–9). ¡Qué impresionante! Por supuesto, Zaqueo no fue salvo por hacer esa buena obra, pero esa obra fue una evidencia convincente de la salvación que acababa de ocurrir en su corazón.
Cuando tienes una actitud transformada respecto a dar tu dinero y tus posesiones, eso se convierte en una evidencia clara de que la salvación ha llegado a tu vida. De la misma manera, cuando el corazón no ha sido transformado en esa área, podría indicar que una verdadera transformación aún no ha ocurrido, o quizás que la salvación ni siquiera ha tenido lugar. Al menos muestra que todavía no se ve esa obra sobrenatural del Espíritu de Dios transformando nuestra actitud y nuestras acciones respecto al dinero y las posesiones. Las personas no cambian así por sí solas.
También vemos esto en la historia del joven rico. Es triste que él se fuera. Jesús lo amó, pero entendió que el problema estaba en su apego al dinero y a sus posesiones. No es que Jesús hubiera puesto una exigencia exagerada al pedirle que dejara todo y lo diera a los pobres. En realidad, eso era una expectativa razonable cuando se trata del señorío de Cristo.
Jesús no nos llama a todos a hacer eso en todo momento, pero sí nos llama a reconocer que todo le pertenece a Él. El joven rico es un ejemplo de lo que ocurre con muchos llamados cristianos en nuestras iglesias: se aferran a todo lo que tienen (ver Mateo 19:16–22).
Quieren el paquete completo de la salvación y una relación con Cristo, pero sin las implicaciones incómodas de reconocer que Dios es el dueño de todo y que Jesús es el Señor, y de entregarle aquello que antes pensábamos que era nuestro.
Cuando miras las Escrituras, te impresiona ese relámpago de la gracia de Dios que produce el trueno de la generosidad. Y si el trueno de la generosidad no está presente, eso podría sugerir, incluso en nuestras iglesias, que el relámpago de la gracia de Dios tampoco lo está.
Entonces, ¿por qué algunas iglesias siempre experimentan recursos inadecuados? Porque no tienen suficientes finanzas para sostener a sus pastores y a su personal. Constantemente tienen que volver a pedir más dinero a la congregación, y los corazones de las personas no responden. Eso dice algo sobre esa iglesia y sobre la falta de la presencia y el poder de Jesús allí.
Creo que es un momento para examinarnos a nosotros mismos, tanto líderes como miembros de la iglesia. En Hechos 2:43–45 leemos: «Sobrevino temor a toda persona; y muchos prodigios y señales se hacían por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común; vendían sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos, según la necesidad de cada uno».
Es importante recordar que esto era completamente voluntario. No era socialismo ni una exigencia. Era simplemente una reacción desbordante a la gracia de Dios. ¡Ellos querían dar! Escucha lo que dice en los versículos 46 al 47:
«Día tras día continuaban unánimes en el templo, y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos».
¿Y qué era parte de esa iglesia saludable que estaba creciendo constantemente, donde la gente podía ver la presencia de Dios? Una parte enorme era la presencia de la gracia de Dios manifestada en la generosidad de Su pueblo: ¡la generosidad radical del pueblo de Dios!
Nancy: Me encanta que hayas usado la palabra «radical». Yo estaba pensando exactamente en eso mientras lo decías. ¿Sabes?, no estamos hablando de una generosidad calculada o demasiado medida, aunque sí debemos ser prudentes, sino de algo que va más allá de decir: «Daré este poquito por aquí y quizá otro poquito por allá, pero nada que realmente cambie mi estilo de vida o afecte lo que puedo comprar sin pensarlo».
La gracia de Dios en nuestra vida no es un goteo. No es algo que Él nos dé en pequeñas cucharaditas. ¡Él ha derramado Su gracia abundantemente sobre nosotras! Y por eso queremos procurar convertirnos en dadores abundantes, en dadores radicales. Y tú hablas mucho de esto en tu libro El principio del tesoro.
Para algunas personas esto resulta difícil de entender. Recuerdo a un contador que me estaba ayudando con mis impuestos hace varios años. Estaba revisando los números, viendo lo que entraba y lo que salía, y me dijo: «Nancy, la verdad es que esto no me cuadra».
Pero, porque yo había aprendido de Cristo, y también de mis padres, que amaban la generosidad radical, que esta era simplemente una manera de vivir. Así crecí, así fui creciendo en la gracia. No es algo de lo que uno se jacte. ¡Es un gozo! ¡A mí me da tanto gozo dar!
Pero recuerdo que ese contador me dijo: «No estoy seguro de cómo funciona todo esto». Y se supone que los contadores saben cómo «funciona todo eso». No había nada sospechoso en los números. Simplemente se preguntaba: «¿Cómo puedes dar de esta manera y aun así tener cubiertas tus necesidades?».
Bueno, la gracia tiene algo de misterio. Ambos hemos visto a Dios proveer, tú y yo, y también nuestras familias, de maneras sobrenaturales, cuando humanamente no se puede explicar. Cuando das ese paso de fe y desarrollas un corazón espontáneamente generoso. No de manera imprudente, sino como una inclinación natural de tu corazón.
De hecho, antes de que Robert partiera para estar con el Señor, mientras yo me preparaba para grabar este episodio, le dije: «Cariño, quizás quieras escuchar la grabación de hoy, porque si no lo haces, ¡es probable que al final del episodio yo quiera regalar todo lo que tenemos!». Todo este tema de dar es realmente contundente.
Y gracias a Dios por Robert Wolgemuth, porque él tenía un corazón generoso y le encantaba dar. Es como si ninguno de los dos pudiera ganarle al otro en esto. No era un juego, ¡pero a los dos nos encantaba! Así que cuando alguno de nosotros sentía que el Señor nos estaba guiando a hacer algo realmente radical en cuanto a nuestra generosidad, orábamos al respecto, lo conversábamos, y si uno de los dos estaba seguro de hacerlo, entonces el otro apoyaba completamente, porque estábamos convencidos de que Dios bendice.
Hay cosas de las que podemos prescindir. Y hay cosas de las que pensamos que no podemos prescindir, pero que en realidad vale la pena dejarlas para poder invertir en lo que Dios está haciendo en la vida de otras personas en este mundo.
Así que esa palabra, «radical», realmente habla a mi propio corazón.
Randy: Esa fue también la experiencia de Nanci, mi esposa, y la mía, en nuestro matrimonio. Hubo momentos en los que realmente nos desafiamos a dar más. ¿Sabes?, es común que uno de los dos esté más inclinado a dar de manera radical, así como uno puede estar más inclinado a compartir su fe o a servir en un refugio para personas sin hogar. Cada persona es movida de maneras diferentes.
Pero mi esposa solía decir, cuando llegaba el momento de una ofrenda especial para las misiones: «Bien, ¿cuánto crees que deberíamos dar esta vez?».
Y yo respondía: «Bueno, ¿cuánto crees tú que deberíamos dar?». Cada uno decía una cantidad, y a veces ella sentía que yo siempre quería dar un poco más de lo que ella tenía en mente. Entonces lo hablábamos con calma y con gracia, y por lo general terminábamos dando la cantidad mayor que alguno de los dos había sugerido.
Pero nunca olvidaré una ocasión en particular. Me preguntó: «¿Cuánto crees que deberíamos dar para esta ofrenda especial en la iglesia?». Y ella propuso una cantidad bastante grande, lo cual me sorprendió. Entonces le dije: «¡Claro, hagámoslo!».
Y su respuesta fue: «¡Esta vez te gané yo!». ¡Nos encantó eso!
De hecho, hay algo parecido en 2 Corintios 8:1–9, donde Pablo parece estar comparando a los cristianos de Macedonia con los de Acaya, prácticamente diciéndoles: «¡No dejen que ellos los superen en generosidad!».
Nosotros confiamos en Dios en ese proceso, y nos animábamos mutuamente a elevar el nivel de nuestra generosidad. En los últimos cuatro años de su vida, Nanci me decía: «Gracias por haberme desafiado de esa manera», en distintas áreas, incluyendo el dar.
Y yo le respondía: «¡Gracias por haberme desafiado tú también!».
Ha sido algo increíble. Aprendimos a confiar en Dios a través de la generosidad, y también en muchas otras áreas de nuestra vida. En sus últimos cuatro años, Nanci me discipuló y me mentoreó mucho con su corazón, su actitud, su confianza y su perspectiva acerca de un Dios soberano y amoroso, y de la obra que Él estaba haciendo en su vida, incluso en medio de su cáncer.
Pienso en Hechos 4:33-36, similar a Hechos 2, donde dice:
«Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y había abundante gracia sobre todos ellos, y había abundante gracia sobre todos ellos. No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían, traían el precio de lo vendido, y lo depositaban a los pies de los apóstoles…».
Luego, el pasaje menciona específicamente a Bernabé, quien vendió un campo y entregó todo al Señor.
A veces tenemos una idea equivocada basada en una mala interpretación de Mateo 6, en los primeros versículos, donde Jesús dice que no hagamos nuestras obras de justicia, como dar, orar o ayunar, «para ser vistos por los hombres» (ver v. 1). Y, por supuesto, no debemos hacerlo para ser vistos por los hombres.
Pero debemos recordar que apenas unos minutos antes, en el mismo Sermón del Monte, Jesús dijo:
«Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de una vasija, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos» (Mateo 5:14-16).
Es decir, no para que te honren a ti, sino para que honren a tu Padre celestial. Eso significa que hay momentos en los que nuestras obras de justicia deben ser visibles.
Necesitamos guerreros de generosidad en la iglesia. No solo guerreras de oración, sino también personas que modelen la generosidad. La gente necesita ver cómo se vive la generosidad, así como necesita ver cómo se vive una vida de oración fiel, cómo se practica el ayuno o cómo se vive la crianza de los hijos. Necesitamos ejemplos de todas estas cosas, incluyendo el dar.
Así que sí, debemos mantener el equilibrio: asegurarnos de que no lo hacemos para ser vistos por los hombres, sino delante de Dios, que es nuestra única audiencia. Pero también necesitamos mostrar a otros el camino de la generosidad. Porque ahora mismo, creo que tenemos muchos más ejemplos en la iglesia de oración, misericordia, servicio o enseñanza que ejemplos de generosidad.
Nancy: Así es. Queremos que las personas sean dirigidas a la grandeza y a la bondad de Dios cuando nos ven vivir con generosidad. Y, ciertamente, en el hogar en el que yo crecí eso sucedía con mucha frecuencia. Estoy muy agradecida por el ejemplo de un papá generoso y de una mamá que lo acompañaba. Ellos caminaban juntos en esto, incluso en los tiempos de mayor necesidad.
Recuerdo, a principios de los años setenta, durante ese período de alta inflación, yo estaba en la escuela secundaria; recuerdo que mi papá se retaba a sí mismo y a mi mamá, y nosotros, como sus hijos, lo escuchábamos decir: «¿Cómo podemos dar más?», y no «¿Cómo podemos guardar más?». «¿Cómo podemos ajustarnos un poco más y dar más?». Y mi papá no lo hacía para recibir reconocimiento, porque era muy cuidadoso de no presumir ni exhibir su generosidad, pero era evidente que así pensaba.
Ahora, Randy, mientras tenemos esta conversación, puedo imaginar, y estoy segura, que algunas personas que nos escuchan estarán pensando: «¡Me encantaría poder dar así! Me encantaría dar con más generosidad. Me encantaría ayudar a suplir necesidades en el cuerpo de Cristo, pero mi esposo no está exactamente en la misma sintonía». Quizá él es creyente, pero se pone un poco nervioso pensando: «¿Y de qué vamos a vivir si damos eso?».
Especialmente tenemos muchas esposas que escuchan Aviva Nuestros Corazones que están siendo inspiradas por esta conversación, y tal vez lleguen a casa diciendo: «Amor, deberíamos vaciar esta cuenta» o «Deberíamos dar más para esa necesidad». Pero quizá el esposo no está tan convencido de que haya escuchado lo mismo de parte del Señor. ¿Cómo animarías, especialmente a una esposa en esa situación, cuando su esposo quizá aún no está tan orientado hacia la generosidad?
Randy: Yo diría que cuando el esposo es creyente, cuando realmente ama a Jesús, pero quizá necesita crecer en su comprensión bíblica sobre la generosidad y también ver los beneficios prácticos de dar, es bueno animarlo con base en esas verdades.
Cuando el esposo no es creyente, la situación es más desafiante. Yo lo vi de primera mano porque crecí en un hogar no cristiano. Tuve el gozo de guiar a mi mamá a Cristo un par de años después de que yo me convirtiera, cuando aún estaba en la escuela secundaria.
Mi papá era dueño de una taberna y no creía en Dios. ¡No tenía lugar para Dios en su vida! Incluso despreciaba a la iglesia. Pero mi mamá tomó muy en serio lo que dice 1 Pedro 3:1: «Asimismo ustedes, mujeres, estén sujetas a sus maridos, de modo que si algunos de ellos son desobedientes a la Palabra, puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres…».
Entonces yo le dije a mi mamá, porque ella realmente quería dar: «Mamá, si puedes encontrar alguna manera de ganar algo de dinero por tu cuenta, algo que papá considere como tuyo, entonces podrías dar eso al Señor».
Por supuesto, el hecho de que ella fuera ama de casa no significaba que no estuviera contribuyendo de manera igual al bienestar de la familia. Pero a veces vemos situaciones muy injustas, en las que algunos esposos creen que, porque ellos traen el dinero a casa, eso es lo único que cuenta para sostener el hogar.
Otra opción para una esposa cuyo esposo no es creyente, o incluso para un esposo creyente que es muy cauteloso con el tema de dar, podría ser decir algo como: «Escucha, yo gasto cierta cantidad en alimentos, cierta cantidad en ropa. ¿Te parecería bien si compro ropa más económica, o si ahorro en algunas compras, y la diferencia entre lo que gastaba antes y lo que gastaré ahora la doy al Señor?». O: «Buscaré ofertas en el supermercado, compraré productos de buena calidad pero más económicos», o lo que sea.
Tú eres una mejor esposa gracias al evangelio y a la verdad de Cristo. Y creo que muchos esposos que no son creyentes pueden reconocer eso, quizá al principio con cierta resistencia, pero finalmente pueden ser influenciados por ese testimonio.
Y sí, puede haber momentos en que una mujer diga: «Jesús es mi Señor, y Él me llama a hacer esto, así que voy a obedecerle. No es una falta de respeto hacia ti; es obedecer a Dios». Aun comunicar con claridad que Cristo es el Señor de tu vida es un poderoso testimonio, aunque a veces pueda ser difícil para un esposo escucharlo.
Con el paso de los años, muchos años después de que mi mamá falleció, tuve el privilegio de guiar a mi papá a Cristo cuando tenía ochenta y cinco años. Pero estoy convencido de que el espíritu generoso de mi mamá, su deseo de poner a Dios en primer lugar y al mismo tiempo su actitud de respeto hacia mi papá, fueron claves para que él llegara a la fe en Cristo. Porque él vio esos cambios en su vida. Incluso cuando decía que no le gustaban, los veía y eran hermosos.
Nancy: ¡Qué testimonio tan hermoso! Y qué importante es para ese esposo, quizá el esposo de alguna de las que nos está escuchando ahora mismo, el ver en ti, como esposa con un corazón generoso, no solo generosidad hacia la iglesia o hacia otros ministerios, sino también un corazón generoso hacia él.
No hay muchos esposos que vayan a resistirse o rechazar algo así. Y luego, por supuesto, está la oración y el esperar en el Señor para que Él abra y transforme su corazón, si desea llevarlos más allá del nivel de obediencia hacia un mayor sacrificio o hacia una generosidad más radical.
Bueno, Randy, antes de que terminemos nuestra conversación hoy, quiero mencionar que has escrito un artículo que se titula: «Nineteen Questions to Ask Before You Give to Any Organization» (en español sería algo comoDiecinueve preguntas que hacer antes de donar a cualquier organización).
Randy: Así es.
Nancy: Y en ese artículo abordas esa pregunta: ¿cómo saber a dónde dar cuando hay tantas buenas oportunidades, más allá de tu iglesia local? Tu iglesia local es el lugar donde debes comenzar; eso debería ser evidente. Allí debes invertir tu vida, tu tiempo y tus recursos.
Pero más allá de eso, hay ministerios como Eternal Perspective Ministries (Ministerios con perspectiva eterna), que tú diriges tú, y el ministerio de Aviva Nuestros Corazones, ¡así como muchos otros buenos ministerios!
Así que, en pocas palabras, danos quizá un par de ideas para tener en cuenta cuando las personas reciben tantas solicitudes. ¿Cómo pueden pensar: «¿Cómo saber a dónde dar?»? Luego animaremos a las personas a leer el artículo para encontrar más sabiduría sobre esta pregunta.
Randy: Una cosa que yo diría es que observen el historial de esa organización. Y no se limiten a visitar su página web para eso. Si es posible, visiten sus oficinas y hablen con algunas de las personas que trabajan allí. Se puede aprender muchísimo de una organización simplemente conversando de manera informal: «¿Cómo es trabajar aquí? ¿Qué es lo que más les gusta de este ministerio?».
Si es posible, también pueden preguntar: «¿Hay algo que desearían que se hiciera de manera diferente aquí?». Lo digo como alguien que está considerando apoyar este ministerio, pero es algo que me gustaría saber.
Ministry Watch es una organización que evalúa diferentes ministerios. A veces se puede aprender a través de ellos cuánto dinero se destina a gastos administrativos, lo cual es legítimo hasta cierto punto, pero en algunos casos puede ser excesivo. Vale la pena investigar si el dinero realmente se está utilizando de manera responsable.
También es importante saber si el ministerio está verdaderamente centrado en el evangelio, si realmente se trata de Jesús y de las buenas nuevas. Incluso si están ayudando a las personas con agua potable, atención médica o apoyo para sus cosechas, es importante que el evangelio esté presente, que Jesús sea reconocido como la razón y que el amor de Cristo sea lo que los impulse a hacer lo que hacen.
Yo preguntaría: «¿Qué hace único a este ministerio?». Y también examinaría su relación con Dios. Por supuesto, es importante revisar su declaración doctrinal. Eso también plantea una pregunta interesante. En nuestro ministerio, Eternal Perspective Ministries (EPM), hemos tenido que evaluar cuidadosamente a qué organizaciones apoyamos, porque donamos todas las regalías de mis libros. Y además de eso, damos aún más. El excedente que llega a nuestro ministerio no queremos quedárnoslo; lo compartimos con otros. Así que terminamos apoyando a muchas organizaciones diferentes.
Pero en años recientes hemos descubierto que algunas de ellas ya ni siquiera tienen una declaración doctrinal. Algunas simplemente publican el Credo de los Apóstoles. Y yo estoy a favor del Credo de los Apóstoles, pero no aborda temas como la deidad de Cristo, la inspiración y autoridad de las Escrituras, y otras verdades fundamentales.
A mí me gusta el enfoque más claro y directo: «Muéstrennos una declaración doctrinal y dígannos qué creen». Sé que ustedes tienen una declaración doctrinal en su ministerio, Nancy, y nosotros también la tenemos. Creo que hacer preguntas básicas y recibir respuestas claras es esencial cuando se trata de apoyar a una organización.
También es útil escuchar a personas objetivas que puedan ver tanto los aspectos positivos como los negativos de un ministerio. Eso puede ayudarte a decidir si debes apoyarlo y cuánto deberías dar.
Nancy: Hoy existen muchas tendencias que están alejando a algunos ministerios de la sana doctrina, de la pureza del evangelio y de la verdad. Debemos ser cuidadosas con eso. Queremos dar con generosidad, sin pensar que estamos «controlando» el ministerio. Queremos dar con manos abiertas y corazones abiertos, pero al mismo tiempo ser buenas mayordomas.
Una de las cosas que mencionas en este artículo es tratar de conocer el corazón y la vida de quienes lideran ese ministerio. ¿Son personas de integridad? ¿Tienen un verdadero corazón de servicio? ¿O simplemente son administradores o directores? ¿Tienen una pasión genuina por Cristo, por la misión y por el mensaje?
Eso es solo una pequeña muestra de lo que encontrarás en este artículo. Ayer lo imprimí desde mi computadora y creo que tiene unas doce o quince páginas. ¡Me alegró mucho encontrarlo!
¡Dios nos llama a dar! Y queremos dar sabiamente; queremos dar cuidadosamente; queremos dar en oración. Y ese artículo titulado: «Diecinueve preguntas que hacer antes de donar a cualquier organización» es una guía que te resultará muy útil.
Bueno, te animo a que obtengas una copia del libro de Randy, titulado: El Principio del Tesoro». ¡Ese libro es realmente un tesoro! ¡Me encanta!, y no lo digo solo porque Randy esté aquí. Muchas personas me han escuchado decirlo antes. Está lleno de la esencia del corazón de Cristo y nos ayuda a comprender el secreto de dar con gozo.
Antes de terminar, quiero decirte que, si nos has estado escuchando por algún tiempo, sabrás que Aviva Nuestros Corazones existe para ayudar a las mujeres a abrazar el llamado y propósito de Dios para sus vidas. Por esa razón producimos programas diarios, páginas web, conferencias y publicaciones basadas en la sana doctrina de la Biblia. Queremos ayudar a las mujeres a desarrollar una relación íntima con Dios, así como relaciones en sus familias y comunidades.
Pero nuestro mensaje y alcances son posibles gracias al apoyo de oyentes como tú.
Y si nunca has considerado dar, te invito a hacerlo; pregúntale al Señor: «Padre, ¿quieres que sea parte de lo que estás haciendo a través de este ministerio?». No olvides que tu ofrenda principal debe ser hacia tu iglesia local, pero si Dios te ha bendecido y quieres impulsar nuestra misión, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com y apóyanos por medio de donaciones mensuales u ofrendas especiales. ¡Gracias por considerar ser parte de lo que Dios está haciendo a través de Aviva Nuestros Corazones!
Débora: Cualquier donación que recibamos hoy irá directamente a nuestros diversos alcances. Y de hecho, durante este mes de septiembre, la Biblia Devocional Mujer Verdadera está disponible para ti por una donación.
Esta Biblia incluye introducciones para cada libro escritas por el pastor Sugel Michelén, un plan para memorizar versículos clave, espacios en los márgenes para tus propias anotaciones, un plan de lectura diaria y devocionales que te ayudarán a profundizar en la Palabra de Dios.
Es un recurso pensado para animarte a crecer en tu amor por las Escrituras y a cultivar una relación más profunda con el Señor.
Si ya tienes la tuya, ¡esta puede ser una excelente oportunidad para regalarla a una amiga, hija, hermana o alguien que amas!
Visítanos hoy en AvivaNuestrosCorazones.com para hacer tu donación y solicitar tu copia. Gracias por colaborar con nosotras en el ministerio que el Señor nos ha encomendado para seguir llevando a más mujeres el mensaje de libertad, plenitud y abundancia en Cristo.
Nancy: Asegúrate de acompañarnos mañana mientras continuamos esta conversación con Randy Alcorn sobre el gozo de dar a la manera de Dios y cómo esto puede convertirse en un medio de preparación para toda la eternidad. ¡No te pierdas Aviva Nuestros Corazones mañana!
Débora: Llamándote a dar de manera radical y sabia para que experimentes libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
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