Podcast Aviva Nuestros Corazones

Recuerda la protección de Dios en el pasado

Annamarie Sauter: ¿Sientes que Dios te está ignorando?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Él conoce tus circunstancias. Él es soberano sobre esas circunstancias, y usa esas circunstancias tal como lo hizo con los israelitas, para exponer lo que hay en tu corazón y revelarse a Sí mismo, Su gracia y Su poder, que de otra manera no habrías experimentado. Y Él usa esas circunstancias para aumentar tu fe de que Él realmente está guiando.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Bueno, en esta corta serie estamos analizando el tema del agua, los propósitos de Dios, y el pueblo de Dios en el libro de Éxodo. Si no pudiste unirte a nosotras ayer, vimos tres escenas en el libro de Éxodo que involucraron agua.

En el capítulo 2, vimos cómo Dios guió a una madre llena de fé, a colocar a su bebé en el mismo río que el Faraón estaba usando para cometer genocidio contra los israelitas, ahogando a todos los bebés varones. Pero como resultado de la fe de esta mujer y del plan soberano de Dios, Dios preservó la vida de aquel, en ese río, que finalmente liberaría a su pueblo de la esclavitud.

Y luego pasamos al capítulo 7, y vimos que cuando Faraón se resistió a la palabra y al mandato de Dios de dejar ir a Su pueblo, Dios convirtió toda el agua de Egipto en sangre. Dios estaba diciendo: «Soy más poderoso que el Nilo que crees que es un dios, y tengo el control aquí». Esta fue la primera de una serie de plagas que Dios usó para llamar la atención de Faraón y finalmente quebrantar su voluntad.

Y luego miramos el capítulo 14, y llegamos al mar Rojo donde Dios liberó a Su pueblo y destruyó a Sus enemigos. Así que esas aguas fueron tanto aguas de salvación, como aguas de juicio.

Ahora, permítanme decir que esos egipcios tuvieron muchas oportunidades de creer en Jehová, y en realidad unos cuantos salieron con los hijos de Israel, probablemente debido a que habían creído. Pero la mayoría de esos egipcios nunca creyó. Nunca doblegaron su voluntad. No se sometieron a la Pascua, el cordero sacrificial que se ofreció para que el ángel de la muerte los pasara por alto. Y así se ahogaron en el mar, el ejército del Faraón.

En contraste con esta escena, cuando los hijos de Israel salieron al otro lado del mar Rojo, luego de haber sido liberados, celebran este increíble servicio de adoración. Esta es una gran celebración por estas personas que han sido redimidas después de cientos de años de cautiverio y esclavitud en Egipto.

En el día de hoy llegamos al capítulo 15, versículo 1, en el libro de Éxodo, que está justo después de la liberación del mar Rojo. Y aquí está el contenido, la descripción de este servicio de alabanza y adoración que mencioné anteriormente en el versículo 1 de Éxodo 15,

«Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este cántico al Señor, y dijeron: (aquí están las letras de esta canción) «Canto al Señor, porque ha triunfado gloriosamente; al caballo y a su jinete ha arrojado al mar».

Todo el resto de este capítulo es una canción, un cántico de alabanza. En realidad no es un coro de alabanza; es más como un himno de alabanza con muchas estrofas porque hay mucha alabanza en los corazones de estas personas que han sido recién salvadas de las manos de los egipcios.

Y luego llegamos al final de este capítulo, versículo 20 del capítulo 15:

«Y Miriam la profetisa, hermana de Aarón, (ambos hermanos de Moisés) tomó en su mano el pandero, y todas las mujeres salieron tras ella con panderos y danza. Y Miriam les respondía: Cantad al Señor porque ha triunfado gloriosamente; al caballo y a su jinete ha arrojado al mar».

Y tú piensas, ¡wao! ¡Qué servicio de adoración! Esto es lo máximo. Este es un gran servicio. Quiero decir, ¿qué podría ser duro, difícil o desafiante después de esto? Solo vamos a ir a casa y vamos a disfrutar de este servicio de adoración para siempre.

Bueno, la siguiente oración es más como la vida real. Versículo 22 de Éxodo 15, y aquí veremos algunas otras escenas de agua, el pueblo de Dios y los propósitos de Dios en el libro de Éxodo.

Éxodo 15:22, «Moisés hizo partir a Israel del mar Rojo, y salieron (¿a dónde?) hacia el desierto (al desierto)».

Ahora, el desierto es otro tema que va a ocupar un lugar destacado en el libro de Éxodo, en el libro de Números, en el libro de Deuteronomio, en la experiencia del Antiguo Testamento, y también en el Nuevo Testamento; la experiencia de Cristo, nuestro Salvador, que salió al desierto para ser tentado por el diablo.

Pero el desierto para el pueblo de Dios es un viaje. No es una experiencia de un momento. Es una temporada, un tiempo de prueba. Pero también va a ser un tiempo de preparación. ¿Preparación para qué? Bueno, para llegar finalmente a casa, al hogar, a la tierra prometida, al lugar de descanso, al destino final que Dios tiene en mente para su pueblo.

Y todo esto no es solo simbólico. Fue literalmente cierto. Este desierto fue un campo de entrenamiento para los israelitas, pero para nosotras son imágenes de nuestras vidas y de nuestra experiencia. Así que tenemos estas grandes experiencias de liberación.

Ves la mano de Dios librándote de las pruebas, las dificultades y la esclavitud. Y luego cantas, y celebras, y adoras. Alabas al Señor. Tocas tus panderos, o lo que sea que toques en tu iglesia, y luego la siguiente oración, el siguiente momento, la próxima hora, o día, o semana, o temporada, te encuentras de camino a un desierto.

Y tú que pensaste que ibas directamente desde el mar Rojo a la tierra prometida. La tierra prometida está a millas, a años de distancia. Aún no estás allí. Ahora, habrá momentos de gracia, belleza, maravilla y la gloria de Dios que se vislumbra.

Pero incluso una vez llegaron a la tierra prometida cuarenta años después, eso fue solo un anticipo de la tierra prometida que nos espera al final de este viaje terrenal a la presencia de Dios. Para eso vivimos. Eso es lo que anhelamos. Pero mientras tanto, el desierto es parte de nuestro viaje. No es la única parte de nuestro viaje. Y en el desierto, aprendemos los caminos de Dios, y nuestros corazones y nuestras vidas son preparados para llegar a nuestro destino final, a la tierra prometida.

Entonces dice en Éxodo 15: «Anduvieron tres días en el desierto y no encontraron agua» (v.22).

Ahora, según entiendo, esto significa que acababan de pasar por el mar Rojo, y ahora, durante los próximos tres días, no tienen agua. No pueden encontrar agua. Y recuerda, como dijimos en la última sesión, probablemente había dos o tres millones de judíos en esta caravana que escaparon de Egipto.

Estos eran el pueblo de Dios. Pensarías que Dios proporcionaría agua para su pueblo, ¿no es así? Quiero decir, el agua es bastante básica. Eso no es pedir mucho. Pero Dios sabe lo que su pueblo necesita, cuándo lo necesita y cómo llevarlos al lugar donde confíen en Él para todo lo que necesitan. No había agua. Volveremos a eso, pero el versículo 23 dice,

«No encontraron agua. Cuando llegaron a Mara, no pudieron beber las aguas de Mara porque eran amargas; por tanto al lugar le pusieron el nombre de Mara. Y murmuró el pueblo contra Moisés, diciendo: ¿Qué beberemos?» (vv. 23-24).

Bien, vamos a desarrollar todo esto. Vemos que la celebración al otro lado del mar Rojo se convierte en consternación y la adoración se convierte rápidamente en quejas. ¿Alguna vez has estado allí? ¿Es esta tu historia? Esa es mi historia a veces.

Nos recuerda que las victorias más dulces a menudo son seguidas por pruebas severas.

Los hijos de Israel habían experimentado la liberación de Dios y Su salvación de una manera asombrosa que le contarían a sus hijos, y ellos a su vez se lo contarían a sus hijos, y ellos se lo contarían a sus hijos, y ellos se lo contarían a sus hijos, y alguien nos diría a nosotros: «Todo esto sucedió en el mar Rojo. Fue increíble».

Esa asombrosa liberación no eximió al pueblo de Dios de futuras pruebas y dificultades. En tan solo tres días se vieron amenazados con morir de sed por falta de agua.

Algunas veces nuestras mayores pruebas le siguen los pasos de cerca a las victorias más sorprendentes. Y en esos momentos, cuando nuestras circunstancias cambian y parece que Dios no está prestando atención o que no está interviniendo, la pregunta es:

  • ¿Elegiremos seguir creyendo lo que hemos visto y experimentado de Dios en los momentos en que Él interviene milagrosamente?
  • ¿Tomaremos lo que hemos visto de Dios en esos momentos de intervención divina, esos momentos de salvación, esos momentos de celebración, y seguiremos creyendo que Él es el mismo Dios cuando cambian las circunstancias, y no parece que esté haciendo algo al respecto?

Ahora, permíteme darte un paréntesis de dos o tres minutos aquí en este pasaje porque es otra lección. No tiene que ver con el agua directamente, pero quiero señalarlo porque creo que es importante para nosotras mientras vivimos esta vida hacia la tierra prometida; y es que Dios mantiene a su pueblo en movimiento.

Cuando llegues al libro de Números, si lo deseas, puedes ir allí, Números, capítulo 33, o simplemente puedes escuchar mientras lo leo. El libro de Números, capítulo 33, es un largo recuento del viaje de Israel. Permíteme leerte algunos párrafos de esta versión, este repaso empezando en el versículo 1, Números 33:

«Estas son las jornadas de los hijos de Israel, que salieron de la tierra de Egipto por sus ejércitos, bajo la dirección de Moisés y Aarón. Y Moisés anotó los puntos de partida según sus jornadas, por el mandamiento del Señor, y estas son sus jornadas, conforme a sus puntos de partida» (vv. 1–2).

Esto es como llevar un diario de viaje. Si vas en un viaje largo. . . Tengo algunos amigos que están en un viaje por Europa en este momento, y usando Instagram, están manteniendo un diario. Ellos dicen: «Aquí es donde estábamos ayer. Aquí es donde nos encontramos hoy. Aquí es donde iremos mañana». Pues este es un registro de viaje pre-Instagram. (Risas)

«El mes primero partieron de Ramsés (que está en Egipto) el día quince del mes primero; el día después de la Pascua, los hijos de Israel marcharon con mano poderosa a la vista de todos los egipcios, mientras los egipcios sepultaban a todos sus primogénitos, a quienes el Señor había herido entre ellos. El Señor también había ejecutado juicios contra sus dioses».

Versículo 5: «Así que los hijos de Israel partieron de Ramsés y acamparon en Sucot. Partieron de Sucot y acamparon en Etam, que está en el extremo del desierto. Partieron de Etam, se volvieron a Pi-hahirot, frente a Baal-zefón, y acamparon delante de Migdol» (vv. 5–7).

¿Te suena familiar? Eso es lo que leemos en Éxodo. Esto es lo que Dios les dijo que hicieran. Ellos siguieron sus instrucciones. Esto es como retroceder y mirar su viaje en Instagram, por así decirlo, y recordarse a sí mismos a dónde los había guiado Dios.

Versículo 8: «Partieron de delante de Hahirot y pasaron por en medio del mar al desierto, (ahí es donde los encontramos en este momento), y anduvieron tres días en el desierto de Etam y acamparon en Mara. Partieron de Mara y llegaron a Elim; y en Elim había doce fuentes de agua y setenta palmeras, y acamparon allí» (vv. 8–9).

Y así, el pasaje sigue y sigue con esto. Si no conoces la geografía o no te importa, será un capítulo muy aburrido para ti, pero no fue aburrido para los hijos de Israel porque estos eran todos los lugares en los que habían estado. Aquí es por donde habían viajado. Y mientras cada uno de estos lugares hubiera sido nombrado, se les habría recordado: «Oh, sí, eso es lo que Dios nos enseñó allí. Eso es lo que pasó allí. Oh, así es como actuamos allí, y así es como respondió Dios».

Así que estos habrían sido nombres con los que ellos estaban familiarizados, y traían recuerdos a sus memorias, como si yo te dijera o nombrara algunos de los lugares. dónde has vivido, dónde conociste a Jesús, dónde te casaste, dónde tuviste tu primer hijo, dónde conseguiste tu primer trabajo. Estos nombres traían recuerdos, y esperamos esos recuerdos trajeran memorias de la fidelidad de Dios.

Ahora, Números 33 habla acerca de las «jornadas». Es una palabra curiosa, pero también dice que «salieron y acamparon», cuarenta y una veces en total en este capítulo. Desde el día en que partieron de Egipto, hasta el día en que finalmente llegaron al río Jordán y cruzaron a la tierra prometida hacia Canaán, «partieron y acamparon». Eso significa que se mudaban, los dos o tres millones de judíos, cuarenta y una veces en el espacio de unos cuarenta años.

Hicieron esto una y otra y otra vez. Y no era solo una persona o una familia mudándose. Era toda la nación de Israel. Cada vez que uno se movía, todos se movían porque Dios los estaba guiando. Entonces, repetidamente, en este viaje de fe a la tierra prometida, Dios nunca les daba el tiempo para acomodarse por mucho tiempo.

Nosotras acampamos como el pueblo de Dios. Ahora, no sé tú, pero yo no soy muy campista y no me gustan las mudanzas. No me gusta viajar. No me gusta mudarme. No me gusta empacar. Yo habría sido una israelita quejumbrosa. (Risas) Estamos en movimiento.

Al principio de mi ministerio viajé mucho. Viví en la carretera a tiempo completo, durante todo el año, durante aproximadamente trece años. Tal vez por eso no me gusta viajar hoy. Si nunca viera otra maleta estaría feliz.

A veces Dios nos mantiene en un lugar geográficamente. Pero aún más importante, en una época de la vida, a veces Él nos mantiene allí durante meses o años. Pero siempre hay otro movimiento, otro lugar, otra etapa a la que Él quiere llevarnos.

Queremos establecernos. Queremos mantener las cosas igual. A algunas de ustedes les encantan los bebés, y quieren que esos bebés se queden así como bebés y no crezcan. Pero esos bebés se convierten en niños pequeños, y los niños pequeños se convierten en niños en edad escolar, y se convierten en adolescentes, crecen y se casan, y tienen hijos. Algunas de esas etapas son dulces. Pero algunas de esas etapas tienen momentos difíciles. Y no puedes controlar si será dulce o difícil. ¿No es así?

Queremos hacer nido, queremos establecernos, queremos echar raíces; pero Dios dice: «No, no, no, no, no. Aún no. Tal vez por un rato. Tal vez el tiempo suficiente para disfrutar y saborear lo que acabo de hacer».

Pero en el caso cuando salieron del mar Rojo, Él no les permitió saborearlo por mucho tiempo. Él les dijo: «A la siguiente etapa. Al siguiente lugar».

Dios nos mantiene «en movimiento» en la vida cristiana para nuestra protección. Y eso significa que incluso si nunca te mudas geográficamente, Él te mantiene «en movimiento» en términos de lo que está haciendo en tu vida. Lo hace para nuestra santificación. Lo hace para prepararnos para una mayor utilidad. Lo hace para mantener nuestros corazones separados de este mundo y cada vez más apegados a nuestro futuro hogar eterno. Él nos mantiene «en movimiento» para que podamos ver Su gloria en lugares donde nunca la hemos visto antes.

Bueno, volvamos a Éxodo capítulo 15, versículo 22,

«Moisés hizo partir a Israel del mar Rojo, y salieron hacia el desierto de Shur. Anduvieron tres días en el desierto y no encontraron agua».

Ahora, habían estado en el mar Rojo solo tres días antes, donde había mucha agua, digamos, toneladas de agua, galones de agua, billones de galones de agua. Y en esa situación, Dios había demostrado ser soberano sobre el agua. Él podía enviar mucha, y podía secar la tierra para que pudieran cruzar y estar a salvo.

Pero ahora entran en este desierto donde durante tres días y no hay agua. ¡Hablando de los extremos! Ahora están en este desierto de arena caliente. Se enfrentan a una emergencia grave y potencialmente mortal, y están indefensos.

El agua es bastante importante. No puedes vivir sin ella. No estamos hablando de lujos aquí, como hemos dicho. El tiempo máximo que puede pasar el cuerpo humano sin agua en el desierto, según me han dicho, es de aproximadamente tres días, y ahí es donde estaban, la marca de tres días. Me imagino que no fueron solo ellos. Eran sus animales, su ganado. Toda vida estaba amenazada.

Ahora, ¿cómo llegaron a este lugar desesperado? Bueno, la respuesta es: Dios los guió allí, Dios los guió allí. Leemos sobre esto en Éxodo 13. Permíteme invitarte a que simplemente regreses un par de páginas de tu Biblia a Éxodo 13, versículo 17, donde dice la Escritura:

«Cuando Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los guió por el camino de la tierra de los filisteos, aunque estaba cerca».

Esa era la ruta más directa. Si miras un mapa, la ruta más directa sería a través de la tierra de los filisteos, pero Dios no los guió por ese camino. Si miras el mapa, eso parece tener más sentido.

«Porque dijo Dios: «No sea que el pueblo se arrepienta cuando vea la guerra y se vuelva a Egipto. (Lo que Dios dijo es: "Todavía no están listos para eso"). Pero Dios hizo que el pueblo diera un rodeo (Dios siempre está guiando) por el camino del desierto, hacia el mar Rojo; y en orden de batalla subieron los hijos de Israel de la tierra de Egipto» (v.17-18).

Versículo 20: «Y partieron de Sucot y acamparon en Etam, al borde del desierto. El Señor iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarlos, a fin de que anduvieran de día y de noche. No quitó de delante del pueblo la columna de nube durante el día, ni la columna de fuego durante la noche» (vv. 20–22).

Aunque los caminos de Dios parecían ser tortuosos y retorcidos, misteriosos e inexplicables, nunca hubo un momento, ni de día ni de noche, en que Dios no estuviera guiando a su pueblo. Dios nunca está inactivo, no duerme ni se adormece. Nosotras dormimos, y no tenemos ningún control. Creemos que controlamos durante el día, pero nunca tenemos el control. Dios nos guía. Él controla de día y de noche.

Ahora, desde nuestra perspectiva, las providencias de Dios a menudo son desconcertantes. A veces nos guía por rutas inesperadas o inusuales o por caminos que no tienen sentido. A veces son caminos difíciles. A veces nos lleva directamente a la adversidad. El mar Rojo habría sido uno de esos momentos. No es la forma en que nosotras escribiríamos el guión. No parece tener sentido. Pero tenemos que seguir recordándonos a nosotras mismas, aconsejando a nuestros corazones que Dios está aquí; Dios está guiando; Él sabe lo que está haciendo.

Así que han pasado tres días sin agua. Están desesperados. Están deshidratados. Y luego escuchan el sonido débil, al principio, luego más fuerte y más fuerte, ¿de qué? ¡Agua! Piensa que no has tomado nada durante tres días. Tus hijos tienen sed. Están llorando de deshidratación. Tal vez quieran desmayarse, o tienes ganas de desmayarte. Y luego escuchas el sonido de agua, y tu corazón salta dentro de ti, y piensas: Dios ha llegado y nos ha encontrado. Hay esperanza.Hay ayuda en el camino. Hay agua. Y hay mucha agua, así suena. Pero el versículo 23 dice que la esperanza se demora.

«Cuando llegaron a Mara, no pudieron beber las aguas de Mara porque eran amargas; por tanto al lugar le pusieron el nombre de Mara».

Ahora esa palabra Mara significa amarga. ¿Recuerdas cuando Noemí le dijo a Rut: «No me llames Noemí. Llámame Mara, que significa amarga. Mi vida ha sido muy dura».

Entonces, literalmente, el versículo dice: «Cuando llegaron a "Amarga", no podían beber el agua de "Amarga" porque era amarga; por lo tanto, ese lugar se llamó "Amarga"». Quiero decir, así es como se leería ese versículo si lo tradujeras del hebreo al español.

Así que después de tres días sin agua, finalmente llegan al agua. Y tienen que haber tenido esta sensación de euforia, de anticipación y gozo, para que sus esperanzas se desvanecieran. Esa agua puede haber sido salobre (salada). No sabemos exactamente qué la hizo amarga. Pero tenían que preguntarse: «¿Nos ha traído Dios a este lugar, esto que pensábamos que era la respuesta a la oración, solo para decepcionarnos? ¿Se está burlando de nosotros?»

Esa palabra «amarga» es la misma palabra que se utilizó en el capítulo 12 cuando los judíos estaban cenando la Pascua, y comieron hierbas amargas con la comida de la Pascua. Esas hierbas amargas eran un símbolo, un recordatorio de la amarga esclavitud y la aflicción que habían sufrido en Egipto.

Dios los había librado de la amargura de Egipto, y ahora, a Su manera y en Su tiempo, los libraría de las aguas amargas. Pero el pueblo no vio eso.

Por tanto, el versículo 24 dice: «Y murmuró el pueblo contra Moisés, diciendo: ¿Qué beberemos?»

¿Y no somos propensas a atacar la fuente más visible de nuestro dolor? Esto no fue culpa de Moisés, así como las dificultades en tu vida no son culpa de tus hijos o culpa de tu esposo, o culpa de tu pastor, o culpa de tu jefe. No hay segundas causas con Dios.

Dios fue quien los guió a este lugar de aguas amargas para poder probar Su grandeza, de manera que Él pudiera usar sus circunstancias para revelar lo que había en sus corazones, y poder mostrar cuán grande es Él.

Bueno, mañana vamos a ver cómo Dios redimió esta situación y cómo resultó ser una oportunidad para experimentar nuevas expresiones de la gracia y el poder de Dios; pero quiero que recordemos que Dios nunca ignora lo que vamos a pasar. Él sabe por lo que estás pasando. Él conoce tus circunstancias. Él es soberano sobre esas circunstancias, y usa esas circunstancias, tal como lo hizo con los israelitas, para exponer lo que hay en tu corazón y revelarse a Sí mismo, Su gracia y Su poder, que de otra manera no habrías experimentado. Y Él usa esas circunstancias para aumentar tu fe de que Él realmente te está guiando.

Tal y como escribió hace mucho tiempo el escritor de himnos:

Me guía Él, con cuánto amor

Me guía siempre mi Señor;

En todo tiempo puedo ver

Con cuánto amor me guía Él.

En el abismo del dolor

O donde intenso brilla el sol,

En dulce paz o en lucha cruel,

Con gran bondad me guía Él.

La mano quiero yo tomar

De Cristo y nunca vacilar,

Cumpliendo con fidelidad

Su sabia y santa voluntad.

Y la carrera al terminar,

El alba eterna al vislumbrar,

No habrá ni dudas ni temor,

Pues me guiará mi buen Pastor.

Me guía Él, me guía Él, con cuánto amor me guía Él; 

No abrigo dudas ni temor, pues me conduce el buen Pastor.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth regresará para orar con nosotras.

Ella nos ha estado mostrando cómo Dios usa las circunstancias difíciles en nuestras vidas para probar nuestra fe y acercarnos más a Él.

Si te perdiste el programa anterior en esta serie, escúchalo o léelo en AvivaNuestrosCorazones.com. Y mañana retomaremos Éxodo 15, para ver cómo Dios redimió una situación difícil que Israel enfrentó. También consideraremos cómo tus circunstancias difíciles pueden ser una oportunidad para experimentar la gracia de Dios de una manera fresca y crecer en fe.

Esto será en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones. Ahora, aquí está Nancy para cerrar en oración.

Nancy: Señor, te agradecemos por esta promesa, por Tu presencia, Tu protección, Tu provisión. Incluso antes de que veamos el final de la historia de lo que sucedió en Mara, las aguas amargas, recordamos que incluso en esas horrendas circunstancias, donde no podemos calcular, no podemos entender, no sabemos cómo vamos a sobrevivir, Tú sigues estando ahí, sigues dirigiendo.

Así que ayúdanos a confiar y a continuar; y gracias que Tú nos guías. En el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

He Leadeth Me, Stan Whitmire, He Leadeth Me: Hymns By Request, ℗ 2015 Green Hill Productions

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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