Refleja la gloria de Dios
Débora de Rivera: Cuando estamos comprando ropa, hay cosas más importantes que considerar que simplemente el color, la calidad o el precio. Con nosotras, Nancy DeMoss Wolgemuth.
Nancy DeMoss Wolgemuth: ¿Cuál es la motivación de tu corazón? ¿Cuál es la actitud de tu corazón? ¿Es humilde? ¿Es modesto? ¿O estás tratando de hacer alarde de tus riquezas, de tu belleza, o, peor aún, estás tratando de seducir a los hombres sexualmente?
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 27 de mayo de 2026.
Nancy: Vamos a continuar viendo en el día de hoy una de esas porciones de la Palabra de Dios muy, muy prácticas y específicas, una de esas que también ha sido tema de mucha controversia y debate y, en mi opinión, también de mucho malentendido.
Así que si tienes tu Biblia, déjame …
Débora de Rivera: Cuando estamos comprando ropa, hay cosas más importantes que considerar que simplemente el color, la calidad o el precio. Con nosotras, Nancy DeMoss Wolgemuth.
Nancy DeMoss Wolgemuth: ¿Cuál es la motivación de tu corazón? ¿Cuál es la actitud de tu corazón? ¿Es humilde? ¿Es modesto? ¿O estás tratando de hacer alarde de tus riquezas, de tu belleza, o, peor aún, estás tratando de seducir a los hombres sexualmente?
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 27 de mayo de 2026.
Nancy: Vamos a continuar viendo en el día de hoy una de esas porciones de la Palabra de Dios muy, muy prácticas y específicas, una de esas que también ha sido tema de mucha controversia y debate y, en mi opinión, también de mucho malentendido.
Así que si tienes tu Biblia, déjame animarte para que la abras en la primera Carta a Timoteo. Esta semana estamos caminando «donde los ángeles temen pisar». Aquellas de ustedes que han estado escuchando Aviva Nuestros Corazones saben que aquí no tememos a la controversia, porque sentimos que nuestro llamado es a ayudar a las mujeres a que sean contracultura.
Estamos hablando aquí en el contexto inmediato acerca de cómo se supone que la mujer debe conducirse en la iglesia. Pero en el contexto más amplio de toda la Palabra de Dios, realmente estamos hablando de cómo se supone que la mujer debe conducirse, y punto.
Me encanta lo balanceada que es la Escritura. Pablo nos habla en solo esos dos versículos acerca de nuestro atavío, de nuestra ropa, de nuestra apariencia; pero también nos habla sobre nuestras actitudes y acerca de nuestras acciones.
Desde hace unos días hemos estado hablando acerca de este asunto de la vestimenta, donde el apóstol dice que la mujer debe adornarse a sí misma con atavío respetable. Esto es con ropa apropiada, que su apariencia externa debe ser bien ordenada. Debe ser decente. Debe ser apropiada.
¿Quiere decir eso que siempre tenemos que salir a la calle viéndonos impecables, y solo luciendo la imagen misma de la elegancia y de la hermosura? No, claro que no. Hay momentos donde es apropiado vestir más casual. Pero hay otros lugares donde no es apropiado. Ahí es donde debemos estar más conscientes de lo que realmente es apropiado.
Así que eso es lo que el apóstol está diciendo aquí. «Vístanse de una manera adecuada para su profesión de piedad, como conviene a las mujeres que profesan piedad». ¿Y qué es piedad? Es ser como Dios. Como puedes ver, estamos dándole al mundo una impresión de Dios, una imagen de quién es Dios. ¿Qué le estamos diciendo con nuestra apariencia física a las personas que no pueden ver a Dios? Ellos están obteniendo su imagen de Él cuando nos ven a nosotras.
Por lo que el apóstol dice: «Debe de ser con una apariencia respetable, y la actitud de corazón con la que te adornas a ti misma debe ser de modestia y dominio propio». Hemos hablado de esas dos actitudes de corazón en las últimas dos sesiones.
Ahora Pablo habla de otro extremo que se remonta a algunos detalles más acerca de nuestra ropa, y él dice lo opuesto a lo que ha estado hablando. «Se supone que debes estar adornada con ropa decorosa, con pudor y modestia (y aquí ahora hay una comparación y un contraste), no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos».
Ahora, hay algunos que han dicho que eso significa que la mujer no debe usar joyería, o que la mujer no debe nunca usar ropa bonita, o que nunca deben arreglarse el pelo. Hay un pasaje similar en primera de Pedro, capítulo 3, que las personas a menudo lo toman con esta misma interpretación y esos principios (vv. 3-4).
Pero no creo que sea lo que el apóstol está diciendo aquí en lo absoluto. Piensa por un momento en las personas a quienes el apóstol les está hablando. Era a la iglesia de Éfeso.
Éfeso era una ciudad rica y comercial, y parece que quizás algunas de las mujeres que eran cristianas en esa ciudad estaban quedando enredadas en las últimas modas y estilos. Estaban obsesionadas en competir las unas con las otras buscando llamar la atención. Lo hacían con lo que llevaban puesto: ropa de última moda, lo mejor, lo más caro.
Mientras estudiaba este tema, me encontré con algunas descripciones de algunas de las modas que las mujeres usaban en esos días. Una de las esposas del emperador Calígula tuvo un vestido que un historiador romano describe que valía unos cientos de miles de dólares según los estándares actuales. Así que hubo mujeres que realmente se excedían a la hora de gastar dinero en ropa. En contraste a esto, las personas trabajadoras comunes y corrientes solo podían tener uno, dos o quizás tres vestidos en toda su vida porque la ropa era cara.
Entonces lo que el apóstol está diciendo aquí es que, «En materia de adornarte y de vestirte, no te dejes atrapar por los extremos».
Él no está prohibiendo ponerse ropa o joyas. Él está diciendo que, «hagas lo que hagas, no dejes que sea algo que vaya a desviar la atención de las personas del Señor. No des lugar a que, al entrar a la iglesia, todos estén mirando tus joyas, o todos estén mirando tu peculiar vestuario porque es extremo, o porque es extremadamente costoso, o es llamativo, o es ostentoso. No dejes que tu ropa sea el centro de atención».
Esto tiene que ver, a propósito, también con el maquillaje, Kosmeo, esto de adornarse; se refiere a la apariencia externa. Todas hemos conocido mujeres que en ocasiones tenemos que preguntarnos cómo lucirían realmente sus rostros debajo de toda esa pintura.
Él se estaba refiriendo específicamente a algunas prácticas que tenían en el tiempo del Nuevo Testamento. Alguna de las mujeres se hacían unos peinados muy elaborados e intrincados, donde tenían oro y perlas y otras joyas alrededor de sus cabellos. Quiero decir, ¡eran espectaculares! Además, todo el mundo estaba hablando de sus peinados, y esto distraía de la adoración a Dios.
Y entonces, también, algunas mujeres llevaban vestimentas que eran tan costosas que las personas en la iglesia que no podían permitirse el lujo de tener este tipo de ropa se volvían envidiosas. Estaban incitando a otros a pecar con el tipo de vestimenta que llevaban.
Eso no quiere decir que todo el mundo tiene que ser pobre. No es pecado ser pobre. Pero tampoco es pecado gastar dinero en ropa si Dios te ha dado la provisión y la libertad para hacerlo.
Leí una nota de John Wesley que realmente me ministró cuando estaba estudiando para este tema. No la tengo frente a mí, pero el sentido era el siguiente: «Si tú gastas un centavo más de lo que Dios quiere que gastes en tu ropa, recuerda que estás robando el dinero que Dios podría haber querido que le dieras a los pobres».
Solo dije: «¡Ouch!, ¿no es eso verdad?».
Él está hablando aquí de dejar que la actitud de la modestia y del dominio propio gobierne tu manera de arreglarte el pelo, tu manera de vestir. Él no está diciendo que es malo llevar perlas, ni que es malo tener un vestido costoso; pero al comprar, asegúrate de que tus motivaciones son correctas, que no estás buscando llamar la atención sobre ti misma, que no estás poniendo a las personas a pecar al lucir seductora o por ser una distracción.
Hubo un padre de la iglesia del siglo IV, que quizás algunas de ustedes están familiarizadas, con su nombre; estoy hablando de Crisóstomo, y he aquí lo que él escribió:
«¿Cuál es entonces la ropa modesta? [Y recuerden que esto es en el siglo cuarto]. Tal es aquella que cubre completamente y decentemente, y no con ornamentos superfluos, porque el uno es decente y el otro no.
¿Cómo? ¿Te acercas a Dios para orar con el cabello elaboradamente trenzado y ornamentos de oro? ¿Viniste a una gala? ¿A un carnaval? En tales lugares esas cosas costosas tal vez pudieran ser adecuadas. Aquí, ninguna de esas cosas es deseable.
Has venido a orar, a pedir perdón por tus pecados, a rogar por tus ofensas, suplicando al Señor y con la esperanza de que sea propicio o misericordioso para contigo. Deshazte de tal hipocresía».1
En otras palabras, él está diciendo: «Deja que tu apariencia externa refleje por qué has venido a la iglesia». ¿Y por qué has venido a la iglesia?
- ¿Fue para llamar la atención?
- ¿Fue para ser el centro de atención?
- ¿Cuál es la motivación de tu corazón?
- ¿Cuál es la actitud de tu corazón?
- ¿Es humilde?
- ¿Es modesta?
- ¿O estás tratando de ostentar tu riqueza, de ostentar tu belleza o, aún peor, de atraer a los hombres sexualmente?
Una mujer que se enfoca en adorar a Dios debe pensar con cuidado en cómo debe vestirse, y su corazón le debe dictar cómo ha de ser su vestuario y su apariencia.
Y Pablo cierra este pasaje diciendo: «En lugar de estar vistiendo vestidos extravagantes y adornos extremos, mejor adórnate a ti misma (como mujer) de lo que es apropiado de una mujer que profesa santidad. ¿Con qué Pablo? Con buenas obras». A través de toda la Escritura encontrarás que las buenas obras, obras de misericordia, son un adorno muy importante que nosotras las mujeres debemos utilizar para adornarnos a nosotras mismas: sirviendo, ocupándonos de las necesidades físicas de nuestros maridos y de nuestros hijos.
Amigas, ¿cuándo hacen esto ustedes? Lo haces cuando cocinas para tu familia, cuando te aseguras de que tu familia tenga ropa que le sirva y que esté limpia; cuando te aseguras de que tu hogar se mantenga limpio y ordenado, cuando eres hospitalaria en tu hogar, cuando le llevas comida a una madre que ha pasado por una cirugía, o cuando ayudas con la escuela en el hogar a esa madre que tiene las manos llenas con unos cuantos pequeñitos. Cuando te extiendes a ti misma, cuando extiendes tu corazón y tus manos en las buenas obras, ¿sabes lo que estás diciendo?, ¿sabes lo que estás haciendo? Estás adornando el Evangelio. Estás haciendo de Cristo alguien creíble. Estás reflejando un corazón que es modesto y puro y que tiene dominio de sí mismo. Estás reflejando el corazón de Jesús.
De manera que en nuestra apariencia, en nuestras actitudes, en nuestras acciones, en nuestro todo, nada es insignificante. Todo es importante. Y otra vez déjame decirte como mujer joven que eres: es importante para ustedes, que son adolescentes, que cultiven la modestia, que cultiven actitudes piadosas. Te prometo que si haces de este tu currículo, si estudias y te enfocas durante tus años de adolescencia, encontrarás mucho más gozo y bendición más tarde en tu matrimonio y en tu familia de lo que jamás hayas soñado sea posible.
Así que Pablo dice: «Mujeres, adórnense a sí mismas. Sean hermosas. Pónganse sus cosméticos, Kosmeo. Adórnense, y así es como lo deben hacer: con prendas de vestir respetables, con modestia y dominio propio, no con trenzas elaboradas y oro o perlas o atuendos costosos, sino con lo que sea apropiado para la mujer que profesa piedad, con buenas obras».
Y a ustedes, jovencitas, quisiera simplemente decirles que solo quisiera tenerlas a ustedes solas unos minutos y poder mirarlas a los ojos y, número uno, decirles que son hermosas; y número dos, solo motivarlas a que estén dispuestas a pagar el precio ahora, para evitar tener que pagar un precio alto más tarde por resistirse a tomar decisiones piadosas en esta área en el tiempo oportuno.
Permítanme decirles también que si tienen una madre o un padre que se interesa en la forma en que ustedes se visten, aunque quizás ellos no lo sepan expresar de la mejor manera para que puedas recibirlo fácilmente. Quizás el momento que eligen hacerlo no es siempre el correcto, y puede haber algunas tensiones allí, y todo eso es entendible. Pero si tienes una madre o un padre que se interese en la manera en que te vistes, agradécele al Señor, y agradécele a tus padres.
No quiere decir que todas sus ideas acerca de la vestimenta son las únicas buenas o correctas, pero significa que Dios te ama tanto, te ha amado lo suficiente para poner a alguien en tu vida para que sea una fuente de protección. Solo quisiera retarte a recibir con un espíritu de humildad el consejo de tus padres.
No hace mucho tiempo hablé con una joven acerca de un tema totalmente ajeno a este. Sus padres le estaban aconsejando (y habían adoptado una posición muy fuerte en su vida para ser una mujer soltera de 30 años) acerca de algo que ella no estaba de acuerdo con ellos. Y sus padres eran unos padres piadosos, pero… al escucharla, pensé que yo misma no estaba necesariamente de acuerdo con ellos tampoco.
Pero me agradó el corazón de esta joven. Ella decía: «Quiero honrar a mis padres, y sé que ellos quieren lo mejor para mí». Le dije: «Aun si tus padres tengan o no la razón en este tema en particular, no es realmente tan importante como el hecho de que hayas recibido con humildad el consejo de ellos en tu vida».
Ahora, eso no quiere decir, madres, que es apropiado para ustedes manejar todos los asuntos de sus hijos, ya sea que tengan 30 o 16 años o lo que sea. Es necesario que puedas liberar a tus hijos para que ellos aprendan a ir donde el Señor para obtener esas respuestas, y que tú no estés sobrecontrolando sus vidas. Tú quieres que ellos sean adultos. Y quieres que ellos piensen bíblicamente por sí mismos.
Pero de vuelta a ustedes, las hijas. Si respondes en humildad al consejo de tus padres, Dios bendecirá tu vida una y otra y otra vez. Si tuviera un mensaje para los jóvenes en el día de hoy, sería: «Lean el libro de Proverbios y miren qué tonto es despreciar el consejo y qué sabio es y cuántas bendiciones tendrían si reciben el consejo de Dios».
Hay aspectos de los consejos de mis padres que yo recibí cuando era una joven, pero hay algunos aspectos de sus consejos que yo rechacé en mi corazón. Y si pudiera regresar el tiempo y hacerlo todo de nuevo otra vez, quisiera ser más sabia y decir: «No es que ellos sean Dios; no es que ellos lo sepan todo; no es que ellos lo manejan todo bien…».
¿Ven?, lo que hacía era criticar la forma como ellos lo manejaban, o el hecho de que uno de mis padres tal vez estaba siendo muy emocional acerca de un tema en particular, cualquiera que fuese el tema. Ahora yo solo pienso que Dios me amó lo suficiente para darme padres a quienes les importaban las cosas pequeñas, como lo era mi ropa.
Escuchen, yo perdí a mi padre el fin de semana que cumplí mis 21 años. Me desperté esa mañana, me despedí de él… Estaba partiendo para un viaje, y no sabía que no lo vería nunca más. ¡Y qué no daría yo ahora por tener más de los consejos de mi papá!
Mientras pienso hacia atrás, uno de los momentos que tuvo mayor influencia en mi vida, en cuanto a todo este tema de la modestia, fue un día cuando bajé las escaleras cambiada para un recital de piano, vestida con un traje formal. No tenía ninguna intención inmoral, que mi corazón pudiera apercibirse, en cuanto a lo que tenía puesto. Pero mi papá dijo: «Hay un problema con ese escote; no creo que sea apropiado». Así que tuvimos que hacer unos cambios de último minuto. Pero miro hacia atrás a esa experiencia y le agradezco al Señor que tuve un padre que le importó.
Cuando tenemos ese tipo de consejo, pudiéramos responder a ello con resistencia. Pero, ¿sabes a qué se reduce en última instancia? Usualmente, no es el asunto en sí, no es el tema de la ropa; es nuestro orgullo, y que queremos hacer las cosas a nuestra manera, como nos parece bien.
Como alguien dijo anteriormente… Una mujer adulta fue que dijo: «Simplemente no quiero que las personas me digan cómo vestirme». Y, ¿no es eso lo que queremos decir en pocas palabras? Cuando se trata de este asunto, no queremos que Dios nos diga cómo vestirnos, mucho menos otro ser humano. Pero el corazón sumiso dice: «Recibo este consejo. Tengo un espíritu humilde».
En esta época de la vida en que me encuentro ahora en mis 50, donde no paso mucho tiempo con jóvenes adolescentes. Quisiera estar entre ellas más a menudo. Pero si solo pudiera rogarte acerca de algo, sería que quiero que sepan que estoy experimentando increíbles bendiciones, alegrías y libertades en mi vida hoy en día porque, en la mayoría de las veces, el Señor me ayudó a responder a los consejos que recibí cuando era adolescente.
No me había percatado en ese momento lo importante que esto era. Quiero decir, yo sabía todo eso de «honrar padre y madre». Lo estaba haciendo. Pero yo no estaba pensando lo que eso implicaría para mí 30 años más adelante.
Tú probablemente no estás pensando 30 años hacia el futuro a la hora de manejar este asunto o de que si estás de acuerdo o no con tus padres, o a la hora de lidiar con este asunto de la ropa: ¿Cómo va a afectar esto mi matrimonio? ¿Cómo va esto a afectar a mis hijos? No es gran cosa. «Oye, soy mucho más modesta que todas mis amigas de la escuela», pudieras pensar.
No hagas de los demás jóvenes de la escuela tu estándar. No hagas de lo que está en las tiendas tu estándar. Encuentra lo que le complace a Él, dice Pablo. Encuentra lo que le place a Dios y escoge hacerlo, y serás bendecida (mira Hebreos 13:21).
Quizás tú me consideres como una mujer mayor que simplemente está hablando de cuán buena es la voluntad de Dios. Sí, la voluntad de Dios es buena. Yo amo la voluntad de Dios. Pero no siempre me gusta hacerla en el preciso momento, pero cuando llego al otro lado de ella, es tan buena. Y, ¿sabes qué? Cuando llegues a mi edad, no te importará lo que todos los demás lleven puesto. Si estás creciendo en el Señor, te vuelves segura en Él.
Recuerdo lo que era sentirse insegura, como una joven adolescente con sobrepeso que nunca se sintió realmente bien acerca de su cuerpo ni tampoco acerca de la clase de educación física, por ejemplo… Eso era la peor cosa del mundo para mí. Pude haber escrito un libro acerca de las mil y una maneras de cómo librarse de la clase de gimnasia… La mayoría de ellas, no muy honestas que digamos. Supe lo que significó ser una joven en secundaria y preparatoria que nunca se sintió como que pertenecía allí.
¿Y sabes qué? Todavía sigo estando fuera de onda. Pero hoy, no me interesa, porque estoy completa, satisfecha. Estoy mirando a las mujeres de mi edad, muchas de las cuales han estado casadas varias veces; sus vidas están destrozadas; se han practicado múltiples abortos, están endurecidas y son miserables, y son infelices, y yo digo: «¡Oh Señor, por tu gracia, de lo que me libraste, por Tu gracia, de lo que me libraste! Quiero decir que no fue nada que yo hice. Solo recibir consejos piadosos».
Y puedo decir, para aquellas de ustedes, especialmente ustedes jóvenes que han escogido el camino de la modestia: tal vez no siempre les guste, pero han escogido escuchar los consejos de sus padres y del Señor, y están haciendo elecciones modestas; las aplaudo. Se requiere una gran cantidad de coraje para hacer eso hoy en día. Miro a algunas de ustedes, jóvenes adolescentes, y digo que son hermosas. Quiero decir, realmente lo son por dentro y por fuera.
Débora: Nancy DeMoss Wolgemuth ha estado ofreciendo consejos prácticos para las jóvenes sobre su vestimenta y su corazón. Esto como parte de la serie «La hermosura de un corazón modesto». Si no has escuchado la serie completa, te invitamos a hacerlo visitando AvivaNuestrosCorazones.com.
¿Cuándo debemos empezar a entrenar a nuestros hijos sobre la modestia? ¿Y si les dijera que alrededor de los 3 años? ¿Por qué empezar tan temprano? Nancy nos hablará de esto en el episodio del día de mañana.
Antes de cerrar el episodio de hoy, quería compartir contigo que en Aviva Nuestros Corazones, frecuentemente recibimos mensajes y correos electrónicos de oyentes que han sido bendecidas por alguno de nuestros recursos: ebooks, blogs, podcasts, o jóvenes impactadas a través de los recursos de Joven Verdadera. Nuestros corazones están profundamente agradecidos con el Señor por permitirnos ver y ser parte de Su obrar entre las mujeres de habla hispana.
Para que este impacto continúe creciendo, mayo es un mes muy importante para nuestro ministerio, porque al finalizarlo cerramos nuestro año fiscal. Estos días son clave para fortalecer y sostener lo que el Señor está haciendo.
El Señor está obrando poderosamente, y hoy tienes la oportunidad de ser parte activa de esa obra. Por eso queremos invitarte a orar y preguntarle al Señor cómo podrías participar antes de que termine este año fiscal. Tu donación no es simplemente una contribución económica; es una inversión eterna en la vida de mujeres que están siendo transformadas por la Palabra de Dios. Al dar, te conviertes en parte de la historia de otra mujer que será impactada por la gracia y el amor de Cristo.
Visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com para hacer tu donación y, como agradecimiento por tu contribución, este mes de mayo podrás recibir el libro «Santidad», escrito por Nancy DeMoss Wolgemuth. ¡Gracias por colaborar con nosotras en lo que el Señor está haciendo!
Sin más por el episodio de hoy, te esperamos el día de mañana aquí en Aviva Nuestros Corazones.
Adornando el evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
1 John MacArthur. Commentary on 1 Timothy.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
Únete a la conversación