Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Sirve como el Salvador, día 2

Nancy DeMoss Wolgemuth: Es tan fácil mirar alrededor y pensar que Dios nos está pidiendo hacer más que a las demás. 

Annamarie Sauter: ¿Y a ti te ha pasado esto? 

Nancy: Comenzamos a compararnos y decimos, «alguien más debería trabajar en esto. Es tiempo de que otra persona aporte. Ya he hecho suficiente. Ya hice mi parte. ¿Por qué debo seguir sirviendo?»

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy continuamos en la serie titulada, Sirve como el Salvador.

Nancy: En esta serie estamos hablando sobre lo que pienso es una de las cualidades más importantes, pero menos comunes, y que la mayoría de nosotras pasa por alto en la vida cristiana y en las relaciones en general. Se trata del tema de tener un corazón de sierva, ser una servidora y practicar el servicio bíblico.

Así que queremos examinar lo que es el servicio, cómo luce un corazón de sierva, cómo podemos obtener uno y cómo podemos saber si tenemos un corazón así. Dijimos en nuestra última sesión que hay dos palabras griegas en el Nuevo Testamento que son traducidas como siervo en nuestras biblias. Ya vimos la primera de esas dos palabras y hoy quiero continuar con esa misma palabra. En la próxima sesión tomaremos la segunda.

La primera palabra que vimos fue doulos (d-o-u-l-o-s). Es la palabra que en algunas de sus biblias se traduce como esclavo. Es la relación de sumisión y sujeción que un hombre tiene con su amo. Es un acuerdo permanente, para toda la vida, y es un acuerdo voluntario.

Este hombre que vimos en Éxodo capítulo 21, tenía la libertad de irse, pero dijo, «amo a mi señor y quiero quedarme con mi señor. Voy a dejar que perfore mi oreja como un símbolo como una señal de que le pertenezco y quiero servirle por el resto de mi vida».

Creo que Dios nos dio esa imagen en el Antiguo Testamento para ayudarnos a comprender lo que significa ser una sierva de Jesús, que es nuestro llamado más alto en la vida.

Veremos más adelante en esta serie que también estamos llamadas a servir a los demás, a ser una bendición para otros. A veces es más difícil servir a los demás que servir a Jesús porque los demás no son siempre tan buenos con nosotras como Él lo es. Pero necesitamos entender que no podemos servir realmente a los demás de forma efectiva, si no somos primero siervas de Jesucristo.

En Colosenses capítulo 3, el apóstol Pablo habla sobre este tema del servicio, sobre tener un corazón de siervo. Él dice en el versículo 22: «Esclavos (o siervos o empleados al día de hoy), obedeced en todo a vuestros amos terrenales». Él está hablando sobre la relación entre empleadores y empleados. Él dice que hagamos lo que ellos nos dicen que tenemos que hacer, «no para ser vistos, como los que quieren agradar a los hombres, sino con sinceridad de corazón, temiendo al Señor. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres» (vv. 22-23).

Lo que él está diciendo es: «Tienes este jefe. Él te está diciendo que hagas algo. Haz lo que él te está diciendo que hagas, pero no lo hagas solo para hacerlo feliz. Haz tu trabajo. Hazlo bien. Trabaja duro en eso porque temes al Señor». Hazlo para el Señor, finalmente no para tu jefe. Cuando estés arreglando tu cuarto, cuando estés limpiando la tienda donde trabajas, cuando estés haciendo las tareas de tu escuela o en tu trabajo o en tu hogar, hazlo para el Señor.

Por cierto, esta es una forma de hacer que las tareas más sencillas adquieran significado. Si yo sé que estoy haciendo esto para Cristo, no estoy haciendo esto solo para mi marido o para mis padres o para mis hijos o para mis amigos o para mi jefe –estoy haciendo esto para el Señor.

Luego él dice, Colosenses capítulo 3 versículo 24: «Sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia. Es a Cristo el Señor a quien servís». Tú eres la doulos de Jesucristo. Eres la esclava de Cristo. Esa es una relación primaria en la vida cristiana. Sí, somos hijas de Dios, hemos sido apartadas para ser Sus hijas, pero también somos Sus siervas amorosas, voluntarias, Sus doulos. Él es nuestro Amo y nosotras somos Sus siervas.

Ahora, vamos a ampliar un poco más lo que significa ser una doulos de Jesucristo, ser siervas de Jesucristo. Así que quiero que hoy veamos algunas características de una sierva de Cristo.

Una de las primeras señales que veo en las Escrituras es que cuando eres doulos de alguien, cuando eres una sierva, una buena sierva del Señor, esto habla de una relación de dependencia de tu amo. Eres dependiente de tu amo para que cubra tus necesidades. Eres dependiente de tu amo para que te provea.

Me encanta el pasaje del Salmo 123, el versículo 2, donde dice: «He aquí, como los ojos de los siervos miran a la mano de su señor, como los ojos de la sierva miran a la mano de su señora, así nuestros ojos miran al Señor nuestro Dios hasta que se apiade de nosotros». Una sierva mira la mano de su señora o de su señor para que le provea, para que cubra sus necesidades, para que le dé comida, para que le dé los recursos que necesita para hacer su trabajo. La Escritura dice que nosotras miramos al Señor para que cubra nuestras necesidades.

Ahora, cuando somos doulos de Jesucristo, no somos libres de hacer lo que nos plazca. Existimos para complacer a nuestro Señor, así que no decidimos cuáles tareas queremos realizar y cuáles no. «Oh Señor, haré esto pero no haré aquello» o «si realmente rindo mi vida al Señor, Él nunca me permitirá casarme» o «Él nunca me dejará tener hijos» o «Él hará que entregue mis hijos para servir al Señor en el campo misionero».

¿Sabes qué? Cuando eres una doulos del Señor, es Su trabajo decidir a dónde vamos, qué hacemos. Él es quien asigna las tareas y nosotras hacemos lo que Él nos dice. Así que si eres una doulos, eso significa que estás disponible para tu Amo. Alguien ha dicho que disponibilidad, es hacer de mi horario y de mis prioridades cosas secundarias ante los deseos de Aquél a quien sirvo. Estoy disponible.

Otra característica de una doulos es la humildad. La doulos no promueve su propio nombre. No promueve su propia agenda. Ella no está buscando hacer un nombre para ella misma. Su reputación no importa. Lo que sí importa es la reputación de su amo. Ella quiere que la gente piense bien acerca de su amo. Ella quiere hacer un buen trabajo para que la gente piense que su amo es una buena persona.

Y por supuesto, tenemos el ejemplo supremo de un humilde doulos, un humilde siervo que fue el Señor Jesucristo. Filipenses capítulo 2 dice que Él «se despojó a sí mismo». Jesús, quien era Dios, el Rey del universo, el Creador del mundo, se despojó a Sí mismo. Se convirtió en un siervo.

«Tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (vv.7-8) La humildad de Jesús –esa es la imagen de un doulos. No mi reputación, sino la Suya.

Ahora bien, un doulos representa a su amo en todo. Cuando las personas le hacen una pregunta al doulos a ese buen siervo, ellos realmente no quieren saber «¿qué piensas tú?» Ellos quieren saber, «¿qué piensa tu amo?» Tú representas a tu amo en todo cuando eres un doulos.

Cuando eres una doulos no tienes derechos. Tú has cedido tus derechos. Tu único derecho es hacer lo que tu amo quiere que hagas. Pero recuerda, ¿por qué harías esto? Porque amas a tu amo, porque sabes que él es bueno y porque quieres complacerlo.

Una doulos da y da y da sin límites. Es tan fácil mirar a nuestro alrededor y pensar que Dios nos está pidiendo hacer más que a las demás. Comenzamos a compararnos y decimos, «alguien más debería trabajar en esto ahora. Es tiempo de que otra persona también aporte. He hecho suficiente. Ya hice mi parte. ¿Por qué debo seguir sirviendo?» ¿Sabes? Cuando eres una doulos, sigues sirviendo. Das y das y das y sigues dando. Una doulos da sin límites.

Una doulos se compromete a suplir las necesidades de otros por su amo. En nombre de su amo da para satisfacer las necesidades de los demás.

Una doulos es también obediente. Esa es otra marca de una doulos, una sierva. La obediencia a su amo es inmediata; es completa y sin cuestionar. Obediencia, y eso es algo difícil de aprender, ¿no es así?

En Mateo capítulo 8, un hombre vino a Jesús y le pidió ayuda. Él le dijo algo a Jesús que tenía que ver con el servicio y con la obediencia. Él le dijo: «Yo también soy hombre bajo autoridad, consoldados a mis órdenes; y digo a éste: “Ve”, y va; y al otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace» (v.9).

Él estaba describiendo el servicio. Él estaba describiendo el corazón obediente de un siervo –sin discusión, sin quejarse o responder, sin retraso, sin arrastrar los pies. Él solo hace lo que se le manda. Él es obediente.

También una doulos es digna de confianza. Es fiel. Leemos en 1 Corintios en el capítulo 4, que es requerido de un siervo, requerido de una doulos que sea digna de confianza. ¿Qué piensas cuando se dice que alguien es digno de confianza? ¿Qué significa eso?

Que son confiables, que puedes contar con ellos. Si dicen que van a hacer algo, tú sabes que lo harán. Mantienen su palabra. Mantienen sus promesas. Son dignos de creer en ellos. Esta es la mejor descripción que se puede dar de una doulos o una sierva. Ella es digna de confianza, ella es fiel.

Pablo dijo en 1 Corintios capítulo 4, Timoteo es «fiel en el Señor» (v. 17), y en Colosenses capítulo 1, Pablo dice de Epafras que «es un fiel servidor de Cristo» (v.7). Y en Colosenses capítulo 4 dice de Tíquico que era un «fiel ministro y consiervo en el Señor» (v. 7). Él es un siervo fiel. Él es un buen siervo y fiel en el Señor. Él es digno de confianza, él es fiable. Puedes contar con él.

Una buena doulos va la milla extra. No solamente hará lo que se espera de ella. Muchas de nosotras tenemos esta actitud a veces, «iré hasta este punto, pero no más lejos de ahí». Ella está dispuesta a hacer aún más de lo que se le ha pedido. Ella está dispuesta a dar la milla extra.

Una buena doulos sirve sin esperar reconocimiento, sin esperar alabanza o gratitud. Ella no está buscando que le paguen. No está buscando que recompensen sus esfuerzos. Ella solo quiere cumplir con eso que le corresponde hacer, hacer su trabajo. Eso es una buena doulos.

Una buena doulos sirve tanto en las cosas pequeñas como en las cosas grandes. Ella será fiel no solo en los trabajos grandes cuando todos están mirando y todos le prestan atención, sino que ella también será fiel en los trabajos pequeños, en los trabajos insignificantes. Ella no limita su servicio a grandes asignaciones. «Me gusta esa tarea, pero alguien más puede hacer aquella pequeña labor. Está por debajo de mí. Soy muy preparada para hacer eso. Estoy sobrecalificada para ese trabajo». No hay trabajo para el cual una doulos sea demasiado buena, porque si tu amo quiere que lo hagas, entonces estás cumpliendo con tu llamado como doulos cuando lo haces.

Una doulos está dispuesta a hacer sacrificios. Está dispuesta a sufrir para poder servir. Lo único que le importa es servir a su amo. Y –aquí hay algo que me reta frecuentemente en mi propio servicio al Señor –una buena doulos de Jesucristo considera como privilegio el poder servir. Ella ve cada servicio como una oportunidad, no una obligación. «Bueno, supongo que debo hacer esto hoy. Pero en realidad no quiero. Es difícil. No sé cómo voy a lograr esto».

Me encantan esos versículos en el Antiguo Testamento, como el Salmo 100 por ejemplo, que hablan sobre cómo debemos servir al Señor. ¿Cómo? Con alegría. Sabes, una cosa es servir; pero otra cosa es servir con alegría. Decir, «Señor, es un privilegio. Es un honor. Es una bendición poder hacer esto para Ti».

Una buena doulos busca complacer a Dios y obtener Su aprobación. Ella no vive para la aprobación de los demás. Hacemos tantas cosas para que los demás piensen bien acerca de nosotras. El apóstol Pablo dijo en la carta a los Gálatas capítulo 1: «Porque ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo (doulos) de Cristo» (v.10).

Tienes que decidir en la vida a quién vas a complacer, la aprobación de quién vas a procurar, por quién vas a vivir, la sonrisa de quién es la que vas a buscar. ¿Te importará más que tus amigos se complazcan contigo, impresionar a la multitud, impresionar a los demás? ¿O te importará más complacer a tu amo? Una buena doulos vive para la aprobación, el reconocimiento, para la sonrisa del Señor Jesucristo.

Mientras meditaba sobre este asunto de ser una doulos, llegué a un pasaje anoche que capturó mi atención. Está en el Evangelio de Lucas en el capítulo 12. Déjame pedirte que vayas allí por estos últimos minutos —Lucas capítulo 12. No tendremos tiempo de profundizar mucho en este pasaje, pero déjame solo mostrarte lo que Jesús dice aquí sobre otro par de cualidades de un buen doulos de un buen siervo.

Lucas capítulo 12 versículo 35, Jesús dijo: «Estad siempre preparados y mantened las lámparas encendidas y sed semejantes a hombres que esperan a su señor que regrese de las bodas, para abrirle tan pronto como llegue y llame. Dichosos aquellos siervos a quienes el señor, al venir, halle velando; en verdad os digo que se ceñirá para servir, y los sentará a la mesa, y acercándose, les servirá» (v.35-37).

Él está representando una imagen aquí. Hay una casa grande, enorme. El hombre tiene muchos sirvientes y va a una fiesta de bodas. Pero les dice a sus siervos, «voy a volver, y cuando vuelva quiero las cosas listas. Quiero las lámparas encendidas, quiero las luces encendidas. Quiero las cosas atendidas. Quiero las cosas limpias. Quiero las cosas listas. Y que tengamos una cena cuando regrese. Quiero que la cena esté lista».

Él quiere la casa funcionando y a los siervos haciendo su trabajo mientras él no esté. Y les dice, «voy a regresar, y cuando lo haga quiero encontrar las cosas funcionando como deberían en esta casa. Quiero encontrar a los siervos haciendo su labor. Quiero encontrarlos trabajando»; Jesús dice que los siervos que estén despiertos cuando su amo regrese, serán bendecidos.

Imagínate que este amo regrese a casa y todos sus siervos se hayan ido a dormir. No hay nadie que le salude en la puerta. La comida no está preparada. La casa se está cayendo a pedazos y han entrado ladrones y han robado cosas de la casa. Quién sabe lo que está ocurriendo en la casa porque las personas que fueron dejadas a cargo se durmieron en su trabajo, o se aburrieron, o quizás comenzaron a hacer otra cosa, o se fueron y dijeron, «alguien más puede encargarse de esto».

Él continúa diciendo en el versículo 38: «Y ya sea que venga (esto es que el amo venga) en la segunda vigilia, o aun en la tercera, y los halla así (despiertos), dichosos son aquellos siervos». Ellos tienen que mantenerse alerta. Algunas de nuestras biblias dicen «vigilantes». Los encuentra vigilando. Están despiertos. Ellos se mantienen en el trabajo, y serán bendecidos si lo hacen.

Luego dice en el versículo 40: «Vosotros también estad preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no esperéis». Nuestro Amo se ha ido por un tiempo. Él está en el cielo. Él está preparando un lugar para nosotras. Se está preparando para esa fiesta de boda que disfrutaremos con Él algún día, pero Él volverá.

Jesús dijo, «será mejor que estés despierta cuando Él regrese. Si eres una fiel servidora, todavía estarás en el trabajo. No vas a estar durmiendo en el trabajo. No estarás ausente. No te habrás ido de vacaciones. Estarás despierta haciendo lo que se supone que debes estar haciendo cuando tu amo regrese».

Entonces vemos el versículo 42: «¿Quién es, pues, el mayordomo fiel y prudente a quien su señor pondrá sobre sus siervospara que a su tiempo les dé sus raciones?» Él dice que aquí está un hombre que es promovido, es exaltado a un lugar administrativo en la casa de su amo. Él ha hecho un buen trabajo, así que su amo le da un ascenso y le dice, «estás a cargo; asegúrate de que la gente esté alimentada; asegúrate de que la gente esté bien atendida; asegúrate de que la casa funcione sin problemas; asegúrate de que las cosas estén funcionando como debe de ser».

Luego en el versículo 43 dice: «Dichoso aquel siervo», hay una segunda bendición dada al siervo. «Dichoso aquel siervo a quien, cuando su señor venga, lo encuentre haciendo así». ¿Haciendo qué? Haciendo lo que su amo le dijo que hiciera, haciendo su trabajo, cumpliendo con su responsabilidad. «De verdad os digo que lo pondrá sobre todos sus bienes» (v. 44).

Así que si el amo regresa y esta sierva está jugando en la computadora, o está evadiendo sus responsabilidades, o dice, «mi amo me pidió que limpiara la cochera, pero ¿quién se fija en la cochera? Eso no es tan importante. Lo dejaré pasar o dejaré que otra persona lo haga».

El amo regresa y los trabajos no se han realizado. Los sirvientes están perdiendo el tiempo. No están cumpliendo con sus responsabilidades. ¿Crees que él les dará un aumento? ¿Crees que les dará un ascenso? Claro que no. Jesús dijo, «si quieres ser bendecido, asegúrate de ser un siervo fiel».

¿Y qué hace un siervo fiel? Hace dos cosas. Número uno, se mantiene despierto. Permanece en el trabajo. Y número dos, hace lo que se le dice que haga. Él cumple con las tareas que se le han dado.

Algún día, no sabemos cuándo…podría ser hoy o podría ser mañana. Podría ser la próxima semana o dentro de treinta años. No sabemos. Podría ser en medio de la noche o a mitad del día. Podría ser cuando seas vieja. Nuestro amo regresará. No sabemos cuándo Él regresará y por eso es que tenemos que vivir preparadas.

Si quieres ser bendecida en el cielo, si quieres ser bendecida por toda la eternidad, si quieres ser bendecida con más responsabilidades en el reino de Dios, entonces tienes que mantenerte despierta. Tienes que estar alerta. Asegúrate de que cuando Jesús venga te encuentre haciendo lo que Él te ha llamado a hacer.

Estuve pensando en esto hace unas horas, anoche y hoy en la mañana, pensaba en ¿qué es lo que mi Señor me ha llamado a hacer? ¿Qué cosas quiere que yo haga en esta etapa de mi vida? Ahora, lo que Dios te ha llamado a hacer en esta etapa de tu vida puede ser muy diferente de lo que Él me ha llamado a hacer a mí.

A algunas de ustedes Dios las ha llamado a ser madres, a cuidar de sus hogares, a cuidar niños pequeños. Algunas de ustedes son abuelas, y están en una etapa en la vida cuando están ministrando a sus nietos. Tenemos a una señora aquí que ha estado casada por cincuenta y cuatro años, esta es una época de la vida donde ella y su esposo se ministran el uno al otro; donde quizás estás ministrando a las necesidades de tu esposo. Tienes ciertas responsabilidades.

Tenemos algunas jóvenes de catorce, quince y dieciséis años. En esta etapa de tu vida tu llamado es ir a la escuela y ser una hija en tu hogar, quizás ser una hermana. Quizás tu trabajo ahora es arreglar tu cama. Ningún trabajo es demasiado pequeño si es el trabajo que Dios te ha mandado.

Y estoy pensando, ¿qué me ha dado Dios para hacer? Me ha llamado a enseñar Su Palabra. Eso significa que debo estudiar y prepararme. Y pienso, ¿y qué tal si Jesús regresa y estoy haciendo algo diferente de lo que Él me ha llamado a hacer? ¿Me va a honrar por eso? ¿Me va a bendecir si no estoy haciendo lo que Él me ha llamado a hacer? Si no estuviera siendo una fiel estudiante de Su Palabra, enseñando fielmente Su Palabra, ofreciendo fielmente el liderazgo en nuestro ministerio…y ustedes, las jóvenes que son estudiantes…están descuidando la escuela, respondiendo mal a sus padres, ¿las honraría Dios por eso? Si no estoy haciendo lo que Él me ha llamado a hacer, si tú no estás haciendo lo que Él te ha llamado a hacer no serás bendecida. Quiero ser una sierva fiel, quiero ser bendecida, quiero que Él me confíe más responsabilidades.

Esto significa que no solo miro a lo que será mi trabajo en el futuro, sino cuál es mi llamado o mi labor ahora mismo. Qué es lo que Él me ha llamado a hacer hoy…

Jesús dijo: «Dichoso es el hombre quien cuando su amo regresa lo encuentra despierto y esperando el regreso de su amo, y lo encuentra haciendo lo que le ha pedido que haga» (Mat 24;46, parafraseado). Yo quiero ser esa clase de doulos, y creo que tú también.

¿Podrías tomar un momento y pensar en qué es lo que Dios te ha llamado a hacer en esta etapa de tu vida, en tu hogar, en tu escuela, en tu trabajo? Quizás no sean las tareas que hubieras escogido para ti misma. Sé que Dios me ha llamado a hacer algunas cosas que no son exactamente mis preferidas, y hay algunas tareas que parecen pequeñas y otras que no parecen para nada importantes, otras parecen difíciles.

Pero si Dios te ha llamado a hacerlas, Él te dará las fuerzas. Él te dará la gracia. Vas a cumplir tu propósito en la vida si haces lo que Dios te está llamando a hacer. Si quieres ser una sierva fiel y si tu amo regresara hoy o esta semana o en esta etapa de tu vida, ¿te encontraría esperando Su venida y te encontraría haciendo fielmente lo que Él te ha llamado a hacer?

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha ayudado a ver el corazón de lo que debe ser nuestro servicio a Jesús y también a los que nos rodean; allí en la etapa de vida en la que nos encontramos cada una de nosotras. Mañana ella profundizará más en cómo podemos reflejar a Cristo a través del servicio. Ahora, oremos juntas.

Nancy: Señor, queremos ser buenas siervas. Queremos ser siervas fieles. Ayúdanos a conocer qué es lo que Tú nos has llamado a hacer y luego a servirte con todo nuestro corazón. Sinceramente, como sirviendo al Señor, sabiendo que de Ti recibiremos la recompensa cuando hayamos cumplido con eso a lo que nos has llamado. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

Annamarie: Adornando el evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

La lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Lucas capítulos 3 y 4.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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