Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Sirve como el Salvador, día 4

Nancy DeMoss Wolgemuth: ¿Qué tan seguido cuando nos piden hacer algo o nos dan una oportunidad de servir nos echamos para atrás? 

Annamarie Sauter: Con nosotras Nancy DeMoss Wolgemuth.

Nancy: Damos tres razones de por qué no funcionará, seis razones por las cuales no queremos hacerlo de esa manera, objeciones o tenemos una mejor idea. Tenemos nuestra propia opinión… Tener un corazón de siervo es simplemente hacerlo. Solo lo haces. Sirves de la manera en que se te pidió.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy continuamos en la serie titulada, Sirve como el Salvador.

Nancy: Hemos estado hablando de lo que significa ser un doulos, un esclavo del Señor y también de lo que es un diakono, que es servir a otros por causa del Señor, usando los dones que el Señor nos ha dado para ministrar las necesidades de otros, para beneficiar y bendecir a otros, y todo para la gloria a Dios, quien es nuestro Señor.

¿Podrías pensar en algunas personas de las Escrituras que serían buenos ejemplos de siervos? ¿Te viene alguien a la mente? Yo pensé en…Rebeca, vamos a hablar de ella en unos momentos. Ella es uno de los ejemplos que escogí. Algunas otras personas también me vinieron a la mente.

Pensé por ejemplo en José que sirvió a Potifar y sirvió a Faraón. Su amo lo bendijo y tuvo reconocimiento y lo honraron porque había servido bien. También pensé en Ruth que servía a su suegra que era viuda. Yo creo que su suegra era una persona agria o amargada, pero Ruth le sirvió de muy buena gana y con entusiasmo.

Pienso también en Abigail quien le dijo a David: «He aquí vuestra sierva es una criada para lavar los pies de los siervos de mi Señor», en 1 Samuel capítulo 25 versículo 41. ¿No es esto interesante? Sabes, todas quisiéramos lavar los pies del Señor. Eso sería un gran trabajo. Sería un privilegio hacerlo.

Pero esta mujer dijo, «yo quiero lavar los pies de los siervos de mi Señor». Una cosa es hacer una tarea para Dios mismo, y otra cosa muy diferente es una tarea menor, es hacerlo para otro siervo. Pero esa es la demostración de un corazón de sierva.

Cuando pienso en ejemplos bíblicos de servidumbre, hay algo más que me viene a la mente y está en Génesis capítulo 24. Quiero utilizar esta sesión y la siguiente para que echemos un vistazo a dos siervos en Génesis capítulo 24. Si tienes tu Biblia por favor ábrela allí. Vamos a ir siguiendo poco a poco este texto.

Creo que esta historia te será familiar, pero tal vez nunca habías pensado en ella a la luz de lo que significa tener un corazón de siervo. Este es un reporte del siervo de Abraham, que muchos comentaristas están de acuerdo en que se trataba de Eliezer. Ahora, el nombre Eliezer nunca se menciona en este capítulo y vamos a descubrir por qué esto es tan significativo. Algunos comentaristas concuerdan en que definitivamente se trataba de Eliezer, su nombre significa, «mi Dios es ayuda». Dios nos ayuda.

Entonces, no es un llamado pequeño de Dios, el llamarnos para ayudar a otros. Estamos siendo como Él cuando somos ayudadoras, cuando somos siervas. El siervo de Abraham hubiera sido el heredero de Abraham en lugar de su hijo. Si el hijo prometido nunca hubiera venido, es decir, Isaac, entonces el siervo de Abraham Eliezer hubiera sido el heredero. Hasta que Ismael e Isaac nacieron, en ese punto él fue reemplazado como heredero.

Pero él continuó sirviendo fielmente a Abraham y entonces a Isaac, el hijo de Abraham, como el nuevo heredero, aunque sabía que él ya no calificaba para ganar nada de la herencia. Ese es un corazón de siervo. No importa si obtengo algo de esto o no, no estoy haciéndolo por el dinero. No estoy haciéndolo por la herencia. No estoy haciéndolo por la fama o por la fortuna que viene. Estoy haciéndolo porque es mi llamado.

A lo largo de este pasaje quiero que te fijes en las cualidades de un siervo fiel. Como aplicación aquí, ¿cuáles son algunas de las cualidades de un siervo fiel? Lo primero que se ve, antes de que incluso vayamos al texto, es que en ninguna parte en todo el capítulo se menciona el nombre de este siervo, en ningún lado. Doce veces se hace referencia a él como «el siervo», un par de veces como «el siervo de Abraham». A él solo se le llama el siervo.

Dirás, «¿por qué no pusieron su nombre?» Bueno, Dios inspiró la escritura de la Palabra, y no sabemos por qué Él no puso el nombre del siervo aquí. Pero está claro que este hombre hasta este punto es supuestamente anónimo, es un siervo anónimo. El punto es este: su nombre ni siquiera importaba. Él no estaba buscando su reconocimiento. Él no estaba buscando el crédito. Él solo buscaba ser fiel.

Esa es una cualidad del servicio, ser fiel aún cuando tu nombre nunca sea mencionado. Entonces mientras pensamos sobre el servicio, me pregunto a mí misma lo siguiente, «¿estaría contenta de hacer lo que Dios me llamó a hacer –sea lo que sea– en cada etapa de mi vida, si nadie supiera quién fui o qué fue lo que hice?» ¿Estarías tú contenta?

Cuando estaba en la secundaria, yo era pianista acompañante. Era pianista y acompañaba a muchos cantantes y coros y ese tipo de cosas. Me encantaba hacer eso. Ese era el don que Dios me había dado, y lo usaba para servir a otros. Pero no tenía un corazón de sierva. Estaba haciendo el trabajo de una sierva, acompañando a estas personas, pero no tenía un corazón de sierva y lo supe por lo siguiente:

Cuando teníamos conciertos del coro o algún evento y se les olvidaba reconocer al acompañante —no ponían mi nombre en el programa, o reconocían al coro pero olvidaban reconocer a la pianista, la acompañante— me sentía herida, me disgustaba, me dolía. Quería que la gente supiera quién estaba haciendo este gran trabajo de acompañar al coro. Ese no era un corazón de sierva.

Dios tuvo que hacer una gran obra en mi vida durante años y aun a veces me sigue probando, para llevarme a ese punto, a decir: «¿Serías tan fiel, serías tan diligente al servir, estarías tan contenta de servir si ninguno supiera quién eres, si ninguno supiera lo que has hecho, si no obtuvieras ningún crédito, ningún reconocimiento?»

Bueno, vamos a analizar Génesis capítulo 24, que habla de este siervo fiel, quien se cree que era Eliezer. 

Versículo 1: «Abraham era viejo, entrado en años; y el Señor había bendecido a Abraham en todo. Y Abraham dijo a su siervo, el más viejo de su casa, que era mayordomo de todo lo que poseía…»

Por cierto, esa es la razón por la que creemos que era Eliezer porque en otras partes del Génesis ese es el nombre del hombre con esa descripción: «el siervo más viejo; el que estaba a cargo de toda su casa».

Detengámonos ahí por un momento. Este hombre, su siervo, era un siervo leal. Él había servido a Abraham por lo menos 50 años hasta este punto, si ponemos toda la cronología del Génesis junto con otros pasajes. Y vemos que ese era un tiempo muy largo para servir en un mismo puesto. Eso era un largo tiempo para ser fiel. A este hombre se le había dado el cargo de todo lo que Abraham tenía. Él era el jefe de los mayordomos. Él era el jefe de todo el personal. Esa era una gran responsabilidad.

Abraham era un hombre adinerado, tenía muchos sirvientes en su casa. Eliezer era responsable de manejarlo todo. Pero él comprendía que todas esas cosas, todas esas posesiones, todas esas personas, todos esos sirvientes no le pertenecían a él. ¿A quién le pertenecían? Le pertenecían a Abraham, a su amo.

Eliezer era un administrador, pero a él no le pertenecían las posesiones. Él era solo un mayordomo de las riquezas de su amo, de las pertenencias de su amo. De hecho, Eliezer siempre se refirió a Abraham como «mi señor». Diecinueve veces en el capítulo 24, este siervo se refiere a Abraham como «mi señor, mi señor, mi señor». Había un reconocimiento de que «estas cosas no son mías».

Te preguntarás, ¿cómo llegó a hacerse responsable de tantas cosas? Yo te diré cómo. De la misma manera en que los mayordomos y sirvientes siempre llegan a tener más responsabilidades: siendo fieles aún en las cosas que requieran poca responsabilidad.

En Lucas capítulo 16 versículo 10 dice: «El que es fiel en lo muy poco, es fiel también en lo mucho», e inversa, «y el que es injusto en lo muy poco, también es injusto en lo mucho». Entonces si eres fiel cuando tienes un poco de responsabilidad, si eres fiel en las pequeñas cosas, tendiendo tu cama…si no eres fiel en las pequeñas responsabilidades, en un simple trabajo, en tareas elementales, en tareas serviles, entonces, ¿qué es lo que te hace pensar que serás fiel cuando Dios te dé un esposo, hijos, nietos y una casa que cuidar o un ministerio en la iglesia?

Ser fiel en las pequeñas cosas te hace fiel en las más grandes. Funciona de tal manera que entonces se te pueden confiar más cosas. Este sirviente había probado ser digno de confianza. Entonces Abraham le podía confiar cada vez más y más responsabilidad porque él era digno de confianza. Ahora, cuando Abraham tuvo una misión realmente importante, él sabía en quién podía confiar. Él sabía a quién le pediría realizar esta misión tan difícil.

Entonces Abraham le dijo a su sirviente que estaba a cargo de su casa, versículo 2: «Te ruego que pongas tu mano debajo de mi muslo». Bueno, esta no es una frase típica que nosotros usamos hoy en día, pero en esa cultura esta era una costumbre de hacer y afirmar un juramento, era como decir, «dame tu palabra», «hazme una promesa». Eso era lo que se estaba tratando de decir.

Versículos 3 y 4: «Y te haré jurar por el Señor, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo (Isaac) de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito; sino que irás a mi tierra y a mis parientes, y tomarás mujer para mi hijo Isaac».

O sea que lo que Abraham estaba diciendo era, «Dios ha hecho un pacto conmigo, bajo el cual también continuará con mi hijo, este hijo milagroso, Isaac, que Dios me dio en mi vejez». Pero el pacto va más allá de él y sabemos que esto es muy importante porque la genealogía de Cristo vino de esta familia, era crucial que Isaac tuviera la esposa correcta.

Abraham le dijo: «No quiero que mi hijo se case con una de estas mujeres cananeas. No son las que Dios ha escogido para él. Ve al país del que vine y ve a mis parientes y encuentra la esposa correcta para mi hijo».

Ahora, tú hablas acerca de las citas por internet y de todas las diferentes maneras en que hoy en día se encuentra pareja. Pero creo que probablemente esta no sería una de las formas que considerarías para tus hijos o para ti, pero así era la manera…no era algo inusual hacerlo de esta manera si alguien quería arreglar un matrimonio. Pero, ¿no estás agradecida de que Eliezer y Abraham pudieron confiar en Dios para que Él realmente hiciera el arreglo? Y ahora veremos cómo sucedió todo esto.

«Entonces el siervo le dijo (a Abraham): “Tal vez la mujer no quiera seguirme a esta tierra. ¿Debo volver y llevar a tu hijo a la tierra de donde viniste?”» (v. 5).

¿Qué era lo que el siervo estaba diciéndole a su Señor aquí? «Voy a ir a donde me estás diciendo que vaya y voy a hallar a esta mujer, ¿pero y qué si ella no quiere venir y vivir donde tú vives? Aquí estás muy lejos de su casa. ¿Debo llevar de regreso a Isaac para allá?»

El siervo quería asegurarse de haber entendido bien las instrucciones. Él quería estar seguro de que lo había captado bien. Él no quería ser repetitivo. Él no estaba resistiendo la orden, solo estaba diciendo, «quiero estar seguro y quiero dejarlo claro. Quiero saber exactamente qué hacer si esto sucede. ¿Qué hago si esto pasa?» ¿Por qué? Porque la meta del siervo era satisfacer los deseos de su amo.

Cuando Dios nos da instrucciones decimos: «está bien Señor, sí voy. Lo voy hacer. Ahora solo me quiero asegurar de saber exactamente qué es lo que quieres que haga». Son preguntas para aclarar las instrucciones.

«Y Abraham le dijo: “Guárdate de llevar allá a mi hijo…”» (Me alegra que me estés preguntado. No lo lleves de vuelta a ese lugar). «El Señor, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra donde nací y que me habló y me juró, diciendo: “A tu descendencia daré esta tierra”, Él mandará su ángel delante de ti, y tomarás de allí mujer para mi hijo. Si la mujer no quiere seguirte, quedarás libre de este mi juramento; sólo que no lleves allá a mi hijo» (vv. 6 - 8).

¿Por qué Abraham no quería que Eliezer llevara de vuelta a Isaac a la tierra de la que él había venido? Porque Dios había dicho, «deja esta tierra, te voy a dar una tierra nueva, la tierra prometida». Entonces Abraham, quien era un siervo de Dios dijo, «tengo que seguir las instrucciones de mi Señor». Ahora él le dice a su siervo, «estas son las instrucciones que tú tienes que seguir».

«Y el siervo puso la mano debajo del muslo de Abraham, su señor, y le juró sobre este asunto» (v. 9).

Esa solo era una manera de decir que él había hecho una promesa solemne. Haré lo que me has dicho que debo hacer.

Vemos en Eliezer a ese siervo que no se echa atrás. Sin una actitud quejumbrosa. No hay quejas sobre qué tan difícil era su asignación a su edad. ¿Qué tan seguido cuando nos piden hacer algo o nos dan una oportunidad de servir nos echamos para atrás? Damos tres razones de por qué no funcionará, seis razones por las cuales no queremos hacerlo de esa manera, objeciones. O tenemos una mejor idea. Tenemos nuestra propia opinión.

Verás en este siervo que tener un corazón de siervo es simplemente hacerlo. Solo lo haces. Sirves de la manera en que se te pidió.

Versículo 10: «Entonces el siervo tomó diez camellos de entre los camellos de su señor, y partió con toda clase de bienes de su señor en su mano; y se levantó y fue a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor».

Ahora, ¡Mesopotamia estaba a 724 km de distancia! Esta no era una expedición pequeña. Este no era como un viaje de fin de semana. Con 10 camellos, este era un viaje lento y pesado, yendo hacia Mesopotamia en esta travesía. Esto era un gran trabajo, era un gran compromiso.

Finalmente Eliezer llega a la ciudad de Nacor, donde Abraham lo había enviado.

Versículo 11: «E hizo arrodillar a los camellos fuera de la ciudad junto al pozo de agua, al atardecer, a la hora en que las mujeres salen por agua».

En medio de lo loco que todo esto parecía, él tenía un plan; había tenido mucho tiempo para elaborar un plan. Él había tenido un montón de tiempo para pensar qué era lo que haría cuando llegara a esta ciudad. Entonces él vino con un plan que lo ayudaría a cumplir la misión para la cual había sido enviado. Y el plan tomaba en cuenta el momento preciso.

Él había estado pensando sobre esto. ¿Cómo voy a hacer este trabajo? ¿Solo he de aparecer en la ciudad y simplemente decir, «tú ven conmigo, te vas a casar con el hijo de mi señor»? Él había estado pensando sobre cómo hacer todo esto.

De cualquier manera, a pesar del hecho de que el siervo tenía un plan para cumplir su responsabilidad, él también entendía que no podía hacer esto simplemente por sí solo. Él entendía que necesitaba la ayuda de Dios para ser el siervo que necesitaba ser y cumplir la responsabilidad que se le había dado. Él comprendía que él dependía de que Dios bendijera su misión. Él no descansó en sí mismo o en su propio entendimiento o en sus propios planes.

Entonces, ¿qué fue lo que hizo? Él oró. Le pidió a Dios éxito. Le pidió a Dios que lo dirigiera hacia la mujer indicada. Él comprendió que este era un trabajo muy importante y que necesitaba la ayuda de Dios.

Entonces, en el versículo 12 él dice: «Y dijo: Oh Señor, Dios de mi señor Abraham, te ruego que me des éxito hoy, y que tengas misericordia de mi señor Abraham. He aquí, estoy de pie junto a la fuente de agua, y las hijas de los hombres de la ciudad salen para sacar agua. (Él le está diciendo al Señor esto) Que sea la joven a quien yo diga: “Por favor, baja tu cántaro para que yo beba”, y que responda: “Bebe, y también daré de beber a tus camellos”, la que tú has designado para tu siervo Isaac; y por ello sabré que has mostrado misericordia a mi señor» (vv. 12 - 14).

Ahora, déjenme ser pronta para decir que las Escrituras no están necesariamente promoviendo esto como una manera de encontrar pareja. Pero esa fue la manera que Dios utilizó en esa situación. Creo que la clave aquí está en que Eliezer está dependiendo del Señor para que lo dirija.

Déjenme decirles, que tenemos muchas jóvenes solteras aquí el día de hoy. Y no es muy temprano para empezar a decir, «Señor, yo tengo mis planes. Tengo mis ideas. Tengo algunos pensamientos sobre lo que podría suceder, pero más que nada quiero que tú elijas al que sabes que será tu elección, al que has escogido para mi vida».

¿Cuál era la cualidad principal que este siervo estaba buscando? No estaba buscando que ella fuera hermosa, aunque después nos enteramos de que sí lo era. La cualidad principal no era que tuviera una alta educación o que ella fuera brillante, o que ella tuviera un gran trabajo, o que fuera talentosa. ¿Cuál era la cualidad principal que él estaba buscando? Que ella tuviera un corazón de sierva.

Probablemente no haya ninguna cualidad en el matrimonio que sea más importante, si vas a tener un matrimonio exitoso, que ambos tengan un corazón de siervos. Déjenme decir, por cierto, sé que muchas madres nos escuchan. Cuando ustedes oran por sus hijos que algún día se van a casar, esa es una cosa muy importante por la cual deben orar. Pídanle a Dios que le dé una esposa o un esposo que tenga un corazón de siervo. Será la llave del éxito del matrimonio.

Jovencitas, mientras se preparan para el matrimonio, desarrollen un corazón de siervas, pues es la clave para tener un largo, feliz y exitoso matrimonio.

Annamarie: En la continuación de esta enseñanza descubrirás cómo fue respondida la oración de Eliezer y cómo Dios lo guió a la joven indicada—a la que tenía un corazón de sierva. 

Luego de escuchar el mensaje de hoy, una oyente escribió una oración con la que creo que todas podemos identificarnos. Ella dijo, «Señor, sigue trabajando en mi corazón y sígueme dando un corazón de sierva. Y cuando tenga mis luchas y te cuestione, por favor ten misericordia y ayudame». 

Amén. Y una de las luchas que enfrentamos al servir es no ver los frutos de nuestro servicio. Kim Wagner compartió acerca de esto cuando Nancy enseñó esta serie. Escucha lo que ella dijo.

Kim Wagner: Nancy, has estado hablando de servicio, sobre cómo tantas veces parece que no tenemos una recompensa inmediata, o que no hay un fruto por las labores. Yo he tenido una bendición muy grande de ver cómo una de mis amigas recibió el fruto de sus servicios, la recompensa de ellos. Esta semana cuando ella y yo estábamos sentadas en el partido de basquetbol de nuestros hijos, un joven de unos 21 años vino hacia nosotras y nos dijo, «señorita Darlene, ¿se acuerda de mí?»

Y él le dijo, «no la había visto desde que tenía 7 años, pero usted y su esposo, el hermano Blaine, solían enseñar en la escuelita de niños de nuestra iglesia. Un domingo cuando ustedes estaban hablándonos, compartiéndonos y explicándonos el evangelio, nos alentaron a orar y a pedirle a Jesús que viniera a nuestro corazón y yo lo hice ese día».

Él dijo, «yo solo quería venir y darle las gracias por eso, porque ahora estoy en una universidad bíblica, y me estoy preparando para el ministerio. Trabajo en la escuela bíblica de niños en mi iglesia».

Ella solo comenzó a llorar, ha sido una experiencia muy bendecida.

Entonces muchas veces no conocemos a los niños a los que estamos ministrando, a esos que estamos sirviendo… Puede ser que no veamos el fruto; puede ser que nunca veamos el fruto.

Nancy: De este lado de la eternidad.

Kim: Sí, de este lado de la eternidad. Pero me encanta el hecho de que el Señor me haya dejado ver en este día la recompensa y el fruto justo ahí, ese joven viniendo a agradecer a su maestra de cuando él era niño.

Nancy: Y fue una cosa grandiosa que él lo hiciera. Creo que es muy importante que nos alentemos unos a otros y que animemos a aquellos que nos han bendecido, especialmente a quienes nos han servido y poder decirles, «gracias».

Me refiero, por ejemplo, si estás en un restaurante y tienes un buen servicio, tú das una propina. Esa es una manera de decir gracias. Creo que a veces somos negligentes en alentarnos unos a otros diciéndoles, «veo a Jesús en la manera en que tú has servido», o «tu servicio tocó mi vida y estoy muy agradecida».

No deberíamos asumir que esas personas ya lo saben o que no lo necesitan saber. Realmente podemos bendecirlos expresándoles nuestra gratitud y aprecio a aquellos que nos han servido, aunque los verdaderos siervos sirven sin esperar nada.

Cerremos este tiempo ahora en oración.

Padre, te doy gracias por Tu providencia y por como Tú nos diriges cuando te buscamos. Quiero agradecerte por el ejemplo de este siervo anónimo en este capítulo, que no buscaba su propia reputación, no buscaba una posición, solo buscaba servir. Gracias por el ejemplo de este fiel siervo que vemos en Eliezer.

Oro por que podamos servirte de esa manera y que vivamos bajo Tu providencia, dependiendo de Ti, descansando en Ti, buscándote y fielmente cumpliendo todo lo que nos has encargado que hagamos. En el nombre de Jesús oro, amén.

Annamarie: Adornando el evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

La lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Lucas capítulos 7 y 8.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Un Siervo Para Tu Gloria, Jonathan & Sarah Jerez, Vivir Es Cristo ℗ 2013 Jonathan & Sarah Jerez.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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