Débora: Randy Alcorn dice que hay un sentido en el que los verdaderos dadores también son receptores.
Randy Alcorn: Mientras más damos, más experimentamos la gracia de Dios en nuestra vida.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Escoge agradecer», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 17 de septiembre de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: He disfrutado muchísimo nuestra conversación con Randy Alcorn esta semana, hablando sobre su libro titulado: «El Principio del Tesoro: Descubra el Secreto del Dador Alegre».
Y en Aviva Nuestros Corazones estamos muy agradecidos por cada oyente que hace una ofrenda especial o que dona de manera mensual a este ministerio, cuya misión es llamar a las mujeres a la libertad, plenitud y abundancia en Cristo. Y eso está ocurriendo en todo el mundo, de muchas maneras de las que estamos conscientes y …
Débora: Randy Alcorn dice que hay un sentido en el que los verdaderos dadores también son receptores.
Randy Alcorn: Mientras más damos, más experimentamos la gracia de Dios en nuestra vida.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Escoge agradecer», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 17 de septiembre de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: He disfrutado muchísimo nuestra conversación con Randy Alcorn esta semana, hablando sobre su libro titulado: «El Principio del Tesoro: Descubra el Secreto del Dador Alegre».
Y en Aviva Nuestros Corazones estamos muy agradecidos por cada oyente que hace una ofrenda especial o que dona de manera mensual a este ministerio, cuya misión es llamar a las mujeres a la libertad, plenitud y abundancia en Cristo. Y eso está ocurriendo en todo el mundo, de muchas maneras de las que estamos conscientes y de muchas otras cuyos frutos no veremos hasta la eternidad.
Es nuestro anhelo invertir nuestro tesoro, nuestra vida y nuestro tiempo en alcanzar el corazón de esas mujeres. Y cuando apoyas este ministerio, eres parte de hacer posible que eso suceda.
También queremos continuar animando a nuestras oyentes a que puedan conseguir una copia del libro de Randy titulado «El principio del tesoro». Creo que si leen este libro, esto será una inversión en sus vidas. Me lo agradecerán en la eternidad si toman el tiempo para leerlo, reflexionar en él, meditar en él y, lo más importante, vivir su mensaje.
Así que, Randy, bienvenido nuevamente a Aviva Nuestros Corazones. Muchas gracias por guiarnos, discipularnos y animarnos a pensar como Dios piensa acerca de los tesoros que Él nos ha confiado para administrar.
Randy: Gracias, Nancy. Es un verdadero gusto estar contigo.
Nancy: Randy, una de las cosas que te he escuchado decir varias veces a lo largo de los años, y también lo mencionas en tu libro, es que «debemos vivir no para el punto, sino para la línea». Ayúdanos a entender qué significa eso.
Randy: Sí. Podemos pensar en nuestra vida limitada y finita aquí en la tierra, en comparación con la eternidad, como un pequeño punto: comienza, termina y es breve. La Escritura habla de esto, y también lo vemos cuando observamos a nuestro alrededor…
Nancy: ¡Incluso si son ochenta años, sigue siendo breve!
Randy: Así es, sigue siendo breve. Ese es el «punto». Pero de ese punto sale una línea de nuestra vida que continúa por toda la eternidad. Si tenemos una relación con Dios, tenemos vida eterna. Viviremos para siempre con nuestro Rey Jesús y con la familia de Dios, ¡y esa vida nunca terminará!
Así que esa «línea» que se extiende desde ese punto continúa incluso después de que muramos, cuando ya no estamos en el punto de esta breve vida. Si somos sabios, no viviremos para el punto, viviremos para la línea, porque esa es nuestra vida eterna.
Cada década que pasa, cada cien años, cada milenio, hará que esa línea sea muchas veces más larga que este pequeño punto que es nuestra vida presente. Pero lo que sucede con frecuencia es que solo miramos el punto. Miramos nuestra vida aquí como si fuera lo único que importara.
Y en 1 Timoteo 6:17–19 se nos dice que no debemos ser arrogantes ni poner nuestra esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios. Luego el pasaje dice que debemos hacer el bien, ser ricos en buenas obras, ser generosos y estar dispuestos a compartir, «acumulando para sí el tesoro de un buen fundamento para el futuro [¡esa es la línea!], para que puedan echar mano de lo que en verdad es vida».
¡Me encantó eso! «Lo que en verdad es vida». Lo que me fascina es que estamos pensando en el futuro, pero lo hacemos a la luz de la realidad de que, aquí y ahora, estamos entrando en la verdadera vida.
No es simplemente: «Dejemos de lado ahora las cosas buenas de la vida para disfrutar grandes tesoros en la eternidad». Más bien es: «Invirtamos en la vida eterna por medio de nuestra generosidad, para que también ahora podamos vivir la vida que verdaderamente es vida».
No es «esperar hasta entonces», sino «vivirlo ahora». De esta manera, al mismo tiempo que invertimos en la eternidad, somos liberados en nuestra vida presente para vivir con una perspectiva del reino y centrada en Cristo aquí y ahora.
Nancy: Y ese pasaje al que te estás refiriendo está relacionado con la generosidad. Está relacionado con dar. Está relacionado con no aferrarnos a las cosas, sino con invertir en el reino de Dios, en aquello que tiene valor eterno.
Así que no está diciendo que no podamos comprar un refrigerador, o que no podamos comprar un carro, o que no podamos comprar una casa o ropa. Lo que está diciendo es que todas esas cosas forman parte de vivir para el punto. Entonces, la pregunta es: ¿cómo podemos gastar nuestro dinero, dar nuestro dinero y usar nuestros recursos de tal manera que lo hagamos teniendo presente la línea que continúa por toda la eternidad?
Randy: Sí. La palabra «ricos» en este pasaje aparece dos veces: «A los ricos en este mundo…». Y, por cierto, eso incluye prácticamente a todos nosotros.
La gran mayoría de las personas que nos escuchan probablemente no están por debajo del percentil noventa, y muchas estarán en el 95, e incluso bastantes en el noventa y tantos por ciento superior de toda la población del mundo. Así que, en realidad, casi todos nosotros somos «ricos en este mundo», aunque no siempre nos sintamos así.
El pasaje sigue diciendo: «A los ricos de este mundo, enséñales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, el cual nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos» (v. 17). Así que, justo en medio de este pasaje sobre la generosidad radical, Dios «nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos».
Esto no es ascetismo. Podemos disfrutar de las cosas buenas de esta vida, y Dios desea que las disfrutemos. Pero luego el pasaje continúa diciendo: «Que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras» (v. 18). Dios provee abundantemente para nosotros. Nosotros debemos ser ricos en buenas obras, y aunque somos ricos en este mundo, no debemos poner nuestra esperanza en la incertidumbre de las riquezas.
Así que necesitamos entender qué son las riquezas y reconocer que Dios no es tacaño con nosotros. Él sí desea que usemos parte de lo que nos ha confiado para nosotros mismos, para nuestros hijos, para la casa donde vivimos, el vehículo que conducimos o lo que sea.
Lo que necesitamos preguntarnos es: ¿cuánto es suficiente y cuánto es demasiado, a la luz de las necesidades del mundo y de la oportunidad de atesorar tesoros en el cielo?
Nancy: ¿Estamos poniendo nuestra esperanza en la incertidumbre de las riquezas? ¿Estamos basando nuestro sentido de bienestar, nuestra manera de compararnos con otros, cómo nos vemos, cómo nos medimos, en la incertidumbre de esta riqueza temporal?
¿Y mientras gastamos y vivimos, también estamos siendo generosas y dispuestas a compartir? En relación con ese pasaje, no podemos decir: «Bueno, yo vivo moderadamente en comparación con otros… No llevo un estilo de vida excesivo».
Pero ¿quién determina qué es excesivo? Es la obra del Espíritu de Dios en cada uno de nuestros corazones, quien nos pregunta: ¿estás viviendo de tal manera que puedas ser generosa? Randy, piensa en cuántas personas no pueden dar lo que quisieran dar a los ministerios porque están completamente endeudadas.
Han estado tan enfocadas en mantener un estilo de vida, quizás uno que Dios no les ha provisto, que luego dicen: «Bueno, no puedo ser generosa. No puedo dar para esta necesidad en mi iglesia, ni ayudar a este otro creyente que tiene una necesidad».
A lo largo de los años, aquí en Aviva Nuestros Corazones, me ha encantado ver cómo muchas personas en nuestro personal reúnen su propio apoyo mensual, como lo hacen los misioneros que viven por fe. Ese es un concepto que muchas de nuestras oyentes entenderán.
Hay muchas personas en nuestro equipo que podrían ganar mucho más dinero trabajando en otro lugar, pero quieren invertir su vida en la eternidad. Están dispuestas a contentarse con menos de lo que podrían tener en otras circunstancias. Están aquí para servir, no para hacerse ricas a los ojos de este mundo.
Y luego veo algo que siempre me asombra. Llevo más de cuarenta años en este ministerio, y he visto la generosidad entre el mismo equipo cuando alguien tiene una necesidad. He visto a algunos que son parte de nuestro personal, de los más pobres, según los estándares del mundo… En un caso, una familia con muchos hijos que se alimentaba de verduras y papas que ellos mismos cultivaban. Recuerdo que un año llegaron a una reunión trayendo sacos de papas para compartir con otros miembros del equipo, de lo poco que tenían, en medio de su propia necesidad, para suplir las necesidades de otros.
Esa es una manera hermosa y gozosa de vivir, y creo que la mayoría de los creyentes apenas llega a probar una pequeña muestra de algo así.
Randy: Sí, eso me hace pensar nuevamente en ese pasaje que dice: «Procuren también sobresalir en esta gracia de dar» (NVI). Lo que me encanta de esa expresión es que uno pensaría que diría: «Procuren también sobresalir en estedeber de gracia». Y sí, es un deber; es una responsabilidad. Sin embargo, dice: «Procuren sobresalir en esta gracia…» (NVI).
Cuando pensamos en gracia, casi la vemos como lo opuesto a sobresalir, porque sobresalir suena más a obras, a lo que uno hace. Pero para el Señor esas cosas son completamente compatibles, porque son las buenas obras que brotan de la realidad de la gracia en tu vida.
Así que dar es una gracia, pero también es algo en lo que podemos crecer, algo que podemos hacer mejor. Implica disciplina, entrenamiento y experiencia. Y, por lo general, mientras más damos, más gozo experimentamos al dar, y entonces dar se vuelve cada vez más natural, guiado por el Espíritu Santo. Llega a formar parte de lo que somos.
Y lo que acabas de describir, Nancy, esas personas que tienen poco pero dan mucho, y dan un alto porcentaje de lo que tienen, lo que vemos no solo en 2 Corintios 8 con los macedonios pobres que dieron con tanta abundancia, sino también en la viuda pobre, a quien Jesús elogió por dar todo lo que tenía.
Ahora, ¿qué le habríamos aconsejado nosotros? Imaginemos que yo todavía fuera pastor y que una mujer de nuestra iglesia, que casi no tiene nada, quizás con la despensa prácticamente vacía, me dijera: «Pastor, siento que el Señor me guía a dar los últimos cinco dólares que tengo a la iglesia».
Nancy: Ese pasaje dice: «todo lo que tenía para vivir» (ver Lucas 21:4). Es decir que ella dio lo que era básico.
Randy: Exacto, lo era. Pero tan solo imagínala diciendo: «Esto es todo. Esto es todo lo que tengo, y quiero darlo a la iglesia». Bueno, ¿qué habría hecho yo? Probablemente habría dicho de inmediato: «Querida hermana, Dios conoce tu corazón y tu deseo de dar, pero si me dices que esto es literalmente todo lo que tienes… si ni siquiera sabes de dónde vendrá tu próxima comida, entonces no lo des a la iglesia. De hecho, tenemos un fondo aquí en la iglesia, ¡y nosotros podríamos ayudarte a ti!».
Pero al hacer eso, al mismo tiempo podría haber sido culpable de quitarle algo a alguien que siente que el Señor la está guiando a dar y que confía en Dios para suplir lo que vendrá después. Probablemente esta no fue la primera ni la única vez que la viuda pobre dio todo lo que tenía. Tal vez lo hacía con bastante frecuencia. Y Jesús la elogió por ello. Ahora, no quiero anular nuestra responsabilidad y tampoco quiero que los pastores animen a las personas a dar hasta la última moneda.
Incluso mientras digo esto, siento cierta tensión, porque Jesús elogió a alguien que sí dio su última moneda. En cualquier caso, tenemos que discernir cómo aplicar esto. ¡Pero qué gozo puede experimentar una persona pobre al dar todo lo que tiene! No le quitemos ese gozo. Al mismo tiempo, debemos ayudar a los pobres y a quienes están en necesidad.
En cambio, para quienes tenemos más, mientras más damos, más experimentamos la gracia de Dios en nuestra vida. En cierto sentido, cuando hay iglesias que siempre están luchando económicamente, aunque tengan muchas personas con recursos, y aun así nunca hay suficiente para sostener los ministerios o pagar el salario de los pastores… creo que eso puede ser una señal bastante fuerte de que la gracia de Dios no está tan presente en esa iglesia como debería.
Entonces es una oportunidad para volver atrás y decir: «Bien, hoy ni siquiera vamos a hablar de dar. Vamos a hacer una serie sobre la gracia de Dios». Porque parte de esa gracia, claro, se expresa en el dar. Pero primero debemos hablar del dar de Dios hacia nosotros, de Su gracia hacia nosotros. ¿Estamos entrando realmente en esa gracia? Porque si no estamos dando, entonces tampoco estamos participando plenamente de la gracia de Dios.
Nancy: Y al dar, una de las cosas que más me gustan es que la generosidad forma parte del proceso de santificación en nuestra vida. Es parte de cómo Dios nos ayuda a parecernos más a Jesús. Porque dar con generosidad, más allá de lo que normalmente se espera, dar de manera radical, confronta mi egoísmo. Confronta mi orgullo. Me humilla. Confronta en qué estoy poniendo mi esperanza y cuál es mi nivel de contentamiento. En realidad, es parte de llegar a ser más semejantes a Cristo.
Estamos invirtiendo en la vida de otras personas, en otros ministerios y en la obra de Dios en todo el mundo, pero también estamos invirtiendo en nuestro propio crecimiento y madurez espiritual cuando aprendemos a dar a la manera de Dios.
Randy: Algo que me llama mucho la atención en el pasaje de 1 Timoteo 6 que vimos es que dice: «Pero los que quieren enriquecerse caen en tentación y en lazo y en muchos deseos necios y dañinos que hunden a los hombres en la ruina y la perdición… se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores» (vv. 9–10). Eso aparece al comienzo de 1 Timoteo 6.
Más adelante, en ese mismo capítulo, encontramos la solución:
«A los ricos en este mundo, enséñales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, el cual nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos. Enséñales que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, generosos y prontos a compartir, acumulando para sí el tesoro de un buen fundamento para el futuro, para que puedan echar mano de lo que en verdad es vida» (vv. 17-19).
Y seguramente Mateo 6 y lo que Jesús dijo acerca de atesorar tesoros en el cielo estaba en la mente de Pablo.
Así que «echar mano de lo que en verdad es vida» por medio de esta generosidad es exactamente el antídoto para los problemas de los que habló diez o quince versículos antes en ese mismo capítulo: una vida envuelta en el materialismo y que termina siendo autodestructiva.
Entonces, lo repito: no solo das para aliviar los problemas del mundo. También das para aliviar algunos de tus propios problemas que tienen que ver con tener demasiado. Porque, al final, las cosas tienen masa, la masa tiene gravedad, y la gravedad nos mantiene orbitando alrededor de esas cosas grandes que acumulamos.
Tengo un amigo cuyo vecino tenía una propiedad en Florida. Había tormentas en la costa de Florida, algo que ocurre con bastante frecuencia. Ese vecino había planeado ir a jugar golf ese día con su hijo.
Estaba saliendo hacia su auto para irse, y mi amigo le dice: «Oye, ¿a dónde vas? Pensé que hoy ibas a jugar golf con tu hijo. ¿Qué pasó?».
Y él respondió: «Ah, tengo que volar a Florida para revisar los daños en la casa y ver lo del seguro y las reparaciones».
Ahí tienes un ejemplo. No es que sea incorrecto tener una casa en Florida, ¡especialmente si vives en Florida! Pero mi punto es este: mira cómo su riqueza terminó esclavizándolo. Iba a pasar el día con su hijo, pero tuvo que renunciar a ese tiempo porque su vida estaba siendo gobernada por lo que poseía.
Nancy: Esas cosas tienen mucho poder. Mi papá solía decirnos: «Cuantas más cosas tenemos, más cosas pueden romperse, y más tiempo tenemos que dedicarles». Dios ciertamente nos bendijo con cosas más allá de lo que necesitábamos. Pero siempre había algo en el corazón de mi papá que me encantaba escuchar: la diferencia entre necesidades y deseos.
Él decía: «No permitas que los deseos definan tu vida. Ten un corazón contento, ya sea que Dios provea más allá de tus necesidades o no, con comida, ropa y techo. Estemos contentos, reconociendo que cuando damos, eso ayuda a destetar nuestro corazón de una conexión demasiado fuerte con cosas que no tienen valor eterno».
Y eso me lleva a una última cosa que me gustaría escucharte abordar, Randy: el tema de nuestros hijos y lo que les dejamos. Hace un tiempo, antes de que Robert partiera para estar con el Señor, él y yo cenamos con una pareja que ha sido muy bendecida con un negocio grande, y que tiene corazones generosos.
Pero surgió el tema de sus hijos adultos jóvenes, y les pregunté: «¿Han pensado en cómo quieren planificar, no solo para dar ahora, sino también después, lo que podríamos llamar su generosidad planificada después de que ustedes ya no estén?». Esta pareja está más o menos en mi rango de edad, así que son cosas en las que ya deberían haber estado pensando hace tiempo. Cosas como: «¿Qué les vamos a dejar a nuestros hijos?».
Pero ellos nos miraron y dijeron: «No, en realidad no lo hemos pensado. No hemos trabajado en eso. Pero hay algo que sí sabemos: nuestros hijos no necesitan lo que quedará después de que ya no estemos». Así que estos padres saben que hay algo en el corazón o en la vida de sus hijos, en su caminar o en su carácter, que no sería de ayuda para ellos.
Proverbios capítulo 20 habla de que «una herencia adquirida de prisa al principio» trae dolor, tristeza y al final sufrimiento (ver Proverbios 20:21). Así que, Randy, ayuda a esos padres que están pensando en su testamento, en sus planes financieros, en cómo hablar de esto con sus hijos y cómo reflexionar sobre ello. Sé que no hay dos situaciones exactamente iguales, pero ¿cuáles serían algunos principios que podrían servir de guía en este tema?
Randy: Claro. Hace un tiempo tuve una conversación con un hombre de nuestra iglesia que tiene un vivero. Sus hijos no están involucrados en el trabajo ni en la tierra ni en nada de eso. Y el valor de la tierra ha ido subiendo y subiendo y subiendo con los años.
Este hombre estaba tratando de averiguar si le dejaba esas tierras a sus hijos. En ese momento, en su testamento estaba que se las pasaría a ellos. Y serían millones y millones de dólares, aunque él es una persona de clase media común. ¡Pero el valor de su tierra ahora es enorme!
Y la ironía que veo muchas veces es que los jóvenes crecen, se van a estudiar y ya no continúan en el negocio de sus padres (y no creo que sea obligatorio hacerlo). Pero hoy en día es normal que no lo hagan.
Tal vez se conviertan en médicos, quizás abogados, y puede que en profesionales muy bien remunerados, incluso mejor pagados que sus propios padres en su momento. Y luego en el futuro, recibirán esa gran herencia. Es como ganarse la lotería, porque el valor de las propiedades ahora es increíble.
La casa en la que nosotros vivimos, que compramos por 49,000 dólares, según los impuestos actuales de propiedad, vale unas quince veces más de lo que pagamos por ella a finales de los años setenta. Así que somos personas de clase media. En algún momento incluso podríamos decir que éramos de clase media baja, según nuestros ingresos de entonces. Pero el valor de ese pequeño terreno y la casa que está en él se ha disparado.
Eso me lleva a hacerme la misma pregunta en mi propio caso. Ahora, yo tengo hijas en las que confío plenamente, absolutamente. Pero la pregunta sería: ¿Serían administradoras responsables de todo lo que se les deje? Absolutamente sí. ¡Pero no lo necesitan! Y yo no soy su proveedor principal, sino que sus esposos tienen la responsabilidad de proveer.
Creo que manejarían bien el dinero, pero hay muchas familias que no lo harían. Una persona que tenga tendencia a la pereza, al abuso de drogas o a la inmoralidad puede ver esas debilidades fácilmente alimentadas por más y más riqueza. Las personas pueden resultar muy perjudicadas por una herencia que reciben.
Pero también está el otro lado. Pensemos en lo que podría hacerse. Incluso personas de clase media podrían dar más de su dinero ahora, durante esta vida, algo que recomiendo mucho, y luego dejar la mayor parte de sus bienes al reino de Dios si sus hijos no lo necesitan.
Alguien podría decir: «¿Y cómo se sentirían nuestros hijos con eso?». ¡Pues hablen con ellos! Mi esposa Nanci y yo hablamos con nuestras hijas sobre esto hace años. La mayor parte de lo que dejemos, el valor de los programas de retiro o del Seguro Social, o lo que sea, y el valor de nuestra casa, irá principalmente para ayudar a los pobres, para apoyar causas del reino, para extender el evangelio y para traducir las Escrituras a los idiomas de pueblos no alcanzados. Ellas siempre lo han sabido.
Saben que recibirán una pequeña parte, pero incluso una cantidad relativamente pequeña será significativa y podrá ayudarles. Pero no será suficiente como para que digan: «¡Perfecto! Vamos a comprar una casa nueva con esto y a irnos de vacaciones de lujo».
No es que nuestras hijas harían eso, pero muchos hijos sí lo harían. (Y cuando digo «hijos», me refiero a personas adultas con sus propias familias). Y es lo mismo con nuestros nietos: los ayudaremos con sus estudios universitarios. Haremos todo lo que podamos hacer en el camino. Hemos sido generosos con nuestras hijas ayudándolas con el pago inicial de sus casas, con una parte de esos gastos y cosas así.
Así que, como padres, queremos hacer esto durante esta vida y no cargar a nuestros hijos con tentaciones innecesarias. Y sobre todo, no queremos privar al reino de Dios de esos recursos. Lo último que diría es esto: si tuviera que elegir entre el bienestar de niños en otros países que nunca he conocido y el bienestar de mis propios nietos, elegiría a mis nietos.
Pero cuando veo que este dinero podría ayudar enormemente a esos niños allá y que no ayudaría tanto a mis nietos, e incluso podría perjudicarlos, entonces, en esa situación, prefiero invertir en los niños de otros países.
Nancy: ¡Me encanta eso! No puedo agradecerle lo suficiente al Señor el que mis padres adoptaran un enfoque muy parecido al que ustedes han tenido con sus hijos. Nos lo hicieron saber desde temprano… Mi papá decía (seguramente no era una frase original de él): «Da mientras vivas, para que sepas a dónde va lo que das».
Mi papá murió a los cincuenta y tres años, de un ataque al corazón repentino. Fue totalmente inesperado. Pero había dejado planes y provisiones hechas para que, cuando él ya no estuviera, gran parte de los ingresos de su negocio y de su patrimonio se destinara a la obra del reino de Dios y a proyectos para Su causa. Y nosotros lo celebramos. Todavía yo lo celebro.
Él no quería que nosotros llegáramos a estar en un lugar donde… (Claro, éramos muy jóvenes entonces. Yo era la mayor de siete hermanos y tenía veintiún años, así que todavía éramos muy jóvenes cuando él murió). Él quería asegurarse de que, durante nuestra niñez, nuestras necesidades estuvieran cubiertas. Pero no quería que llegáramos a un punto en el que no necesitáramos a Dios. ¡Así que estoy muy agradecida por esa sabiduría!
Randy, una de las cosas que dices en El principio del Tesoro, es una pregunta que nos confronta. Dice así: «Pregúntate: “Cinco minutos después de morir, ¿qué desearé haber dado mientras aún tenía la oportunidad?”». Y luego añades: «Cuando encuentres la respuesta, ¿por qué no darlo ahora?».
¿A qué cosas me estoy aferrando que el Señor quizás quiere que entregue? Y la respuesta a esa pregunta puede verse diferente para ti que para mí o para otra persona que nos esté escuchando. Pero lo que deseamos para todas nosotras es que nuestro corazón esté en el cielo, que nuestro tesoro esté en el cielo, y que vivamos en este tiempo presente sabiendo que el tiempo que pasamos aquí es muy breve.
No creo que ninguno de nosotros llegue al cielo y diga: «¡Ojalá no hubiera dado tanto!». Más bien, probablemente muchos diremos: «¡Ojalá le hubiera dado más! ¡Ojalá hubiera dado más a Cristo! ¡Más a Cristo!».
Así que Randy, muchas gracias por retarnos. ¡Este libro que has escrito es realmente un tesoro! Y quiero animar a nuestras oyentes a que puedan obtener una copia del libro. O si alguna lo ha leído antes, ¡vuelve a leerlo!
Realmente necesitas leerlo, pero no solo leerlo, sino releerlo. Permite que su mensaje llegue a tu corazón y a tu vida, y observa lo que el Señor hará con tu corazón, con tu matrimonio, con tus hijos y para toda la eternidad, al celebrar lo que Él ha hecho cuando Su gracia fluye hacia ti y luego, a través de ti, hacia otros.
Gracias, Randy. ¡Estoy muy, muy agradecida por esta conversación!
Randy: ¡Gracias a ti, Nancy!
Débora: Animándote a que seas sobresaliente en la gracia de dar mientras vives tu libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
Únete a la conversación