¿Te has rendido por completo a Cristo?
Débora de Rivera: Nancy DeMoss Wolgemuth nos recuerda que existimos para ser siervas.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Cuando Dios interrumpe mi día con alguien que tiene una necesidad o con algo que yo no había planeado, y murmuro, me quejo o me altero, actuando como si fuera una carga, eso realmente revela que he olvidado a quién sirvo y por qué.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Rendición: El corazón en paz con Dios» en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 8 de junio de 2026.
Nancy escribió una trilogía de libros sobre el corazón, y uno de ellos trata sobre el tema de la rendición. Esta semana estaremos escuchando una serie basada en ese libro. Aquí está Nancy para comenzar con el episodio de hoy.
Nancy: Josef Ţson es un pastor rumano que fue exiliado …
Débora de Rivera: Nancy DeMoss Wolgemuth nos recuerda que existimos para ser siervas.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Cuando Dios interrumpe mi día con alguien que tiene una necesidad o con algo que yo no había planeado, y murmuro, me quejo o me altero, actuando como si fuera una carga, eso realmente revela que he olvidado a quién sirvo y por qué.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Rendición: El corazón en paz con Dios» en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 8 de junio de 2026.
Nancy escribió una trilogía de libros sobre el corazón, y uno de ellos trata sobre el tema de la rendición. Esta semana estaremos escuchando una serie basada en ese libro. Aquí está Nancy para comenzar con el episodio de hoy.
Nancy: Josef Ţson es un pastor rumano que fue exiliado de su país en 1981 debido a la influencia que había tenido allí. Él había llevado a muchas personas a poner su fe en Cristo. Antes de su exilio, él experimentó una persecución prolongada a manos de uno de los regímenes comunistas más represivos de la historia.
Cuando fue exiliado, emigró a los Estados Unidos, donde ministró durante casi un año antes de poder finalmente regresar a su tierra natal tras la caída del comunismo. Y aún hoy sigue viviendo allí.
Conocí por primera vez a Josef y a su preciosa esposa, Elizabeth, a principios de los años 80. Una de las primeras impresiones que tuve de este hombre ocurrió justo antes de que a él se le pidiera hablar y cuando le preguntaron cómo le gustaría ser presentado.
Estamos hablando de un hombre que obtuvo un doctorado en la Universidad de Oxford, brillante, elocuente, filósofo, teólogo; tiene credenciales académicas y profesionales impresionantes, y además ha sufrido profundamente por su fe. En muchos sentidos, es un héroe.
Pero cuando le preguntaron cómo quería que lo presentaran, dijo: «Todo lo que quiero que digan es que soy un esclavo de Jesucristo». Es interesante que no dijera que quería ser presentado como siervo de Jesucristo, sino: «Quiero ser conocido como un esclavo de Jesucristo».
Y hay una diferencia: si buscas ambas palabras en el diccionario, verás que un «siervo» es alguien contratado para realizar servicios para otra persona. Es una ayuda contratada.
Pero si buscas la palabra «esclavo», verás que un esclavo es un ser humano que es propiedad de otro, de alguien, que está absolutamente sujeto a la voluntad de otra persona.
Josef Ţson dijo: «Quiero ser conocido como un esclavo de Jesucristo». Creo que es un concepto del que no hablamos mucho; no lo hablamos porque la esclavitud, especialmente en Occidente, es un concepto que nosotros resistimos. Porque lo hemos visto abusado y mal utilizado. Pensamos que apenas podemos tolerar la idea de tener siervos. Y la palabra «esclavitud» casi se nos atora en la garganta, como debería ser, si estamos hablando de un ser humano que posee a otro y le obliga a servir contra su voluntad.
Es un concepto incorrecto. No es una relación correcta entre dos individuos creados a la imagen de Dios.
Pero es totalmente apropiado que tú y yo nos veamos como esclavas de Jesucristo, y que escojamos ser Sus esclavas.
Déjame pedirte que vayas al libro de Éxodo, capítulo 21. En este pasaje encontrarás una larga lista de reglamentos donde Dios estableció normas sobre cómo debían ser tratados los siervos. Y en medio de toda esa lista aparece una escena bastante dramática que creo que ilustra vívidamente lo que significa ser un esclavo de Jesucristo.
Comencemos desde el versículo 1 de Éxodo 21. Leeré los versículos 1 y 2, y luego los versículos 5 y 6:
«Estas son las ordenanzas que pondrás delante de ellos. Si compras un siervo hebreo, te servirá por seis años; pero al séptimo saldrá libre sin pagar nada… Pero si el siervo insiste y dice: “Amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos. No saldré libre”, entonces su amo lo traerá a Dios, lo traerá a la puerta o al poste de la puerta, y su amo le horadará la oreja con una lezna, y él le servirá para siempre».
Ahora veamos el contexto. En la cultura judía, en algunas ocasiones, los judíos que estaban en extrema pobreza se veían obligados a venderse como siervos a otros judíos, y Dios hizo provisión para esa situación.
Él estableció que debían tratar bien a sus siervos. No podían abusar de ellos ni maltratarlos. Tenían que tratarlos con bondad y justicia, y al cabo de seis años debían ser liberados. No podían retenerlos como siervos por más tiempo.
Pero en este pasaje encontramos la descripción de una oportunidad dada al siervo que ya había cumplido sus seis años. Él había cumplido su obligación y ahora le correspondía ser liberado de su servicio. Era libre de marcharse.
Sin embargo, en este caso particular, el siervo había desarrollado una relación fuerte y amorosa con su amo y con la esposa e hijos que quizá había adquirido durante esos años de servicio, al punto de decidir: «No quiero ser liberado del servicio a mi amo».
Ahora, presumiblemente, él admiraba a su amo. Estaba agradecido por la manera en que había sido tratado, por cómo se le había provisto, y deseaba seguir sirviendo en la casa de su amo.
Él lo expresó claramente cuando dijo: «Amo a mi señor». Se había formado una relación. Ya no eran simplemente empleador y empleado. Era una relación de amor y, sobre esa base, es que él dice: «Quiero ser un esclavo de por vida».
Ahora, recuerda que él no tenía ninguna obligación de quedarse. Él podía marcharse libremente, pero quería quedarse. Amaba a su amo, y tomó una decisión voluntaria de convertirse en siervo por compromiso, o esclavo, según la traducción que estés utilizando.
Un esclavo era un hombre que pasaba a ser esclavo de por vida. Y al hacer este compromiso, él no estaba simplemente inscribiéndose para otros seis años o para un nuevo período de servicio; estaba haciendo un compromiso permanente, para toda la vida. Se estaba rindiendo y renunciando a todos sus derechos de manera definitiva, cediéndolos a su amo.
Este era el acto de un hombre que decía voluntariamente a alguien a quien conocía, amaba y en quien confiaba: «Soy tuyo. Te pertenezco. Quiero pasar el resto de mi vida cumpliendo tus deseos».
Ahora, esta transacción que marcaba para siempre al hombre como un siervo se llevaba a cabo en una ceremonia pública. Y en esa ceremonia, la rendición para ser esclavo, para ser siervo de por vida, se reconocía de una manera visible y también dolorosa.
Involucraba sufrimiento. Se tomaba un instrumento afilado, una lezna, como se traduce aquí, y se usaba para perforar la oreja del siervo. Ese agujero significaba para siempre una marca de pertenencia. «Ya no me pertenezco a mí mismo». La decisión era irreversible. Y una vez que esa oreja era perforada, quedabas marcado para siempre como un siervo.
Curiosamente, no encontramos en ninguna parte de la Escritura ni en otros registros históricos una instancia concreta de que un siervo haya tomado realmente esta decisión descrita en Éxodo 21.
Entonces uno se pregunta por qué Dios sugeriría siquiera este escenario. Bueno, como muchas otras imágenes del Antiguo Testamento, creo que esta escena fue diseñada para apuntar a Cristo y mostrar nuestra relación como esclavos de Jesucristo.
El Nuevo Testamento nos dice que cuando el Señor Jesús vino a esta tierra, según Filipenses 2: «tomó forma de siervo», de esclavo (v. 7 parafraseado).
La palabra en griego es doulos, que se refiere al nivel más bajo de esclavo. Se trata del siervo, aquel que es totalmente obediente a su amo en una rendición permanente, de por vida.
Jesús vino a esta tierra en obediencia a Su Padre, cumpliendo la voluntad de Su Padre porque amaba a Su Padre y porque amaba a Su Novia y a la familia que vino a salvar. Así que Él se humilló y voluntariamente se convirtió en un esclavo para poder liberar a aquellos de nosotros que estábamos en esclavitud al pecado.
Ahora, tenemos una imagen de esto profetizada en el Antiguo Testamento, en el Salmo 40, uno de esos salmos mesiánicos que hablan proféticamente de Cristo. Y dice:
«Sacrificio y ofrenda de cereal no has deseado; me has abierto los oídos… Me deleito en hacer Tu voluntad, Dios mío…» (vv. 6, 8).
¿Qué está diciendo ese pasaje? Hasta donde sabemos, nadie había optado por tener su oreja perforada en la ceremonia descrita en Éxodo 21… hasta que Cristo vino a la tierra. Y ese pasaje se cumplió en Cristo: «Me has abierto los oídos… Me deleito en hacer Tu voluntad, Dios mío».
Él vino como un esclavo. Él vino como un siervo de Su Padre celestial. Y en Su deseo de hacer la voluntad de Dios y en Su disposición a llevar y sufrir las marcas de esa sumisión, Él se convirtió en el esclavo que, de manera simbólica, cumplió aquel acto literal descrito en la Ley del Antiguo Testamento.
Y eso es, en última instancia, lo que nos motiva a nosotras también a estar dispuestas a decir: «Señor, soy Tu sierva. Perfora mi oído para que todos vean y sepan que tengo una rendición de por vida ante Ti como mi Señor».
Débora: Nancy DeMoss Wolgemuth continuará con nosotras en un momento. Ella ha estado invitándote a asumir un rol importante y a convertirte en una verdadera sierva. Si esta serie sobre la rendición resuena contigo y te gustaría aprender más, puedes visitar AvivaNuestrosCorazones.com; haz clic en la lupa. Ahí puedes escribir la palabra «rendición». Encontrarás mucho contenido alentador sobre este tema, ya sean episodios de pódcast, artículos, videos u otros recursos útiles.
Ahora, volvamos a la segunda parte del mensaje de hoy. Aquí está Nancy.
Nancy: Todas sabemos lo que es un resumen biográfico. Es básicamente una breve reseña histórica. Como conferencista y escritora, con frecuencia he tenido que preparar reseñas biográficas. Cuando escribimos una reseña biográfica sobre nosotras mismas o sobre alguien más, normalmente no escogeríamos las cosas comunes u ordinarias para incluirlas en esa reseña, sino que pondríamos las cosas que pensamos que serán particularmente impresionantes.
Me resulta interesante que, cuando llegamos al Nuevo Testamento y abrimos las cartas, las epístolas, los autores nos dan una pequeña reseña biográfica. Pero normalmente no colocan en esa reseña lo que uno pensaría que es más impresionante.
Por ejemplo, el apóstol Pablo, él era apóstol, y no había muchos, pero a menudo ni siquiera se refiere a sí mismo como apóstol en su presentación inicial o en su reseña biográfica.
Él fue un predicador, maestro y evangelista increíble, y pienso en todos los títulos que (si tú o cualquier otra persona escribiera hoy su biografía) tal vez incluiríamos; credenciales impresionantes.
Pablo tenía formación teológica avanzada y, en ocasiones, hizo referencia a esas cosas; pero usualmente, cuando lo hacía, era para señalar que eran logros que podían impresionar humanamente, pero que realmente no tenían mucho valor delante de Dios.
Cuando se presentaba en sus epístolas, a menudo decía: «Pablo, el doulos [en griego], el siervo de Jesucristo».
Ahora, ten en cuenta que, en la era romana en la que Pablo escribió, la esclavitud seguía muy presente. Y ser un doulos, un siervo, significaba ocupar la posición más baja entre los bajos.
¡Esta no era una credencial impresionante! Esto era ser como la escoria de la tierra. Eran las personas más bajas en la escala social. Era como poner algo totalmente insignificante o sin valor en tu reseña biográfica, al menos desde la perspectiva de quienes lo leían.
Y luego no solo vemos esto en el apóstol Pablo, sino también en Santiago y Judas, quienes escribieron cartas del Nuevo Testamento. Ambos eran hermanos del Señor Jesús. Yo pensaría que eso sí valdría la pena incluirlo en una reseña biográfica. ¿No crees que esto les habría dado mayor credibilidad cuando estas cartas fueron escritas e iban a ser leídas?
Pero, sin embargo, cuando abres el libro de Santiago y el de Judas, te das cuenta de que se presentan no como hermanos de Cristo, sino como doulos, siervos, esclavos del Señor Jesucristo.
Estos hombres siguieron los pasos de ese gran Siervo: el mismo Señor Jesús. Ellos sabían que eran hijos de Dios. Sabían que eran coherederos con Jesucristo, y no se avergonzaban de afirmar que eso era verdad. Pero, antes que nada, querían ser conocidos como esclavos, doulos, del Señor Jesucristo.
Ahora, ¿qué significa ser esclavo de Jesucristo? Bueno, varias cosas. En primer lugar, es evidente que significa que le pertenecemos. Ser Su esclavo implica que mi vida no me pertenece.
Ser un esclavo del Señor Jesucristo significa que vivimos, caminamos y actuamos bajo Su autoridad, que obedecemos Su dirección. La obediencia absoluta es una marca distintiva de un siervo.
El centurión tenía un siervo que estaba enfermo; la palabra usada allí es doulos, siervo, y este siervo estaba a punto de morir. Este centurión estimaba muchísimo a su siervo. Así que cuando oyó hablar de Cristo, envió a unos ancianos de los judíos para pedirle que viniera y sanara a su siervo.
Cuando los representantes de los judíos llegaron a Jesús, le rogaron y le dijeron: «Este centurión es digno de que le concedas esto; porque él ama a nuestro pueblo y fue él quien nos edificó la sinagoga» (vv. 4-5). Así que Jesús fue con ellos.
Y mientras Cristo ya se acercaba a la casa, el centurión envió a unos amigos con un mensaje. Escucha lo que dicen los versículos 6 y 7 de Lucas, capítulo 7:
«Jesús iba con ellos, pero cuando ya no estaba lejos de la casa, el centurión envió a unos amigos, diciendo: “Señor, no te molestes más, porque no soy digno de que Tú entres bajo mi techo; por eso ni siquiera me consideré digno de ir a Ti, tan solo di la palabra y mi siervo será sanado”».
Y luego viene el versículo 8. Este hombre, este centurión, reconoce lo que significa ser un siervo bajo autoridad. Él le dice a Cristo, por medio de estos mensajeros:
«Pues yo también soy un hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes…».
Lo que él está diciendo es: «Sé lo que significa estar bajo autoridad. Sé lo que es ser siervo. Sé lo que es ser un doulos. Cuando tengo soldados bajo mi mando, espero de ellos obediencia absoluta e incuestionable». Luego dijo, versículo 8: «Digo a este: “Ve”, y va; y a otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace».
Obediencia, obediencia absoluta e incuestionable, es lo que este centurión esperaba de sus soldados y de quienes estaban bajo su autoridad, de sus siervos. Y en este contexto él está diciendo: «Porque yo estoy bajo Tu autoridad, y porque Tu autoridad es tan grande, sé que basta con que digas la palabra, y así sucederá».
Bueno, en ese escenario tenemos una descripción maravillosa de lo que significa ser un siervo del Señor Jesucristo. Ser una esclava de Jesucristo es estar bajo Su autoridad. Ser Su esclava significa que miramos a Él para recibir dirección.
«Señor, ¿qué quieres que haga con mi vida? ¿Cómo quieres que use mi tiempo?». Escucha, el esclavo, el siervo, ese doulos, existe para cumplir la voluntad y los deseos de su amo.
Y cuando nos reconocemos como siervas, como esclavas de Jesucristo, estamos diciendo: «Yo no puedo establecer la agenda de mi propia vida». La pregunta no es qué hay en mi lista de tareas para hoy; la pregunta es: «Señor, ¿qué quieres que yo haga hoy?».
Y eso significa que continuamente tengo que rendir mi lista de tareas al Señor. Mi lista siempre es más larga de lo que realmente se puede hacer en un día, y con frecuencia el Señor dispone interrupciones en mi día que yo no había planeado.
Es fácil resentirse con esas interrupciones, hasta que me detengo y reconozco: «Espera un momento… yo no soy quien establece la agenda aquí. Yo quiero saber cuál es Su agenda para mi día, para mi vida».
Algunas de ustedes que son madres reciben todo tipo de interrupciones. Reciben todo tipo de interrupciones. Es difícil planear el día porque el horario se altera una y otra vez. Pero si recuerdas que eres sierva del Señor Jesucristo, que existes para cumplir Su agenda, Sus deseos, Su propósito, entonces puedes responder a esas interrupciones, porque la pregunta no es: «¿Estoy haciendo lo que yo quiero hacer?». La pregunta es: «¿Estoy haciendo lo que Él me ha llamado a hacer?».
Así que cuando Dios interrumpe mi día con alguien que tiene una necesidad, o con algo que yo no había planeado, y gruño, me quejo o me altero, actuando como si fuera una carga, eso realmente revela que he olvidado a quién sirvo y por qué.
Cuando se me llama a servir, en realidad solo estoy recibiendo la oportunidad de cumplir el propósito mismo para el cual fui creada. Así que debería decir: «Gracias, Señor, gracias por este privilegio de ser Tu sierva y servir a Tu pueblo».
Ser ese tipo de esclavo, ese doulos, es una rendición de por vida. Es una rendición permanente. Es una rendición de veinticuatro horas al día, siete días a la semana. Significa que no tengo tiempo que sea «mío»; siempre estoy disponible para mi Señor.
Anoche estuve un rato con una familia a la que el Señor le está pidiendo hacer algo extremadamente difícil: hacer una rendición en su servicio al Señor que no es lo que ellos hubieran elegido.
Y fue tan precioso estar con esta familia y escuchar al padre, a la madre y luego a los hijos, uno por uno, orar entre lágrimas y diciendo: «Señor, queremos hacer lo que Tú quieres que hagamos. Somos Tus siervos, y si esto es lo que Tú quieres que hagamos, nos rendimos a ello».
Y después, fue tan dulce que, al terminar el tiempo de oración, nos levantamos, nos reunimos, y el papá dijo: «Cantemos. ¿Qué cantamos?». Y la mamá respondió: «Cantemos “Cuando andemos con Dios”». Y así lo hicieron, entre lágrimas:
Obedecer
Cumple a nuestro deber;
Si queréis ser felices,
Debéis obedecer.
Sin importar si Dios te llama a servirle en maneras que parecen insignificantes, esas tareas del hogar que haces día tras día y que parecen tan poco importantes, o si te pide hacer algo que, según tu criterio, es significativo; ya sea que Sus asignaciones incluyan tareas que nadie ve o tareas altamente visibles; ya sea que te pida hacer cosas que parecen estar por debajo de tus habilidades o cosas que están a años luz de lo que tú eres capaz de hacer o crees poder hacer; sean tareas comunes o tareas emocionantes y llenas de adrenalina… lo que sea que Él pida, adonde sea que Él envíe, necesitamos recordar que somos Sus siervas. Existimos para hacer Su voluntad.
Señor, haznos siervas, siervas por medio de un pacto, mujeres con oídos abiertos, reconociendo que somos esclavas, esclavas gozosas del Señor Jesucristo.
Débora: Es imposible vivir verdaderamente para el Señor si no estás rendida a Él. Nancy DeMoss Wolgemuth te ha estado mostrando cómo entregarlo todo para seguir la voluntad de Dios.
Estamos agradecidas de que Él esté usando Aviva Nuestros Corazones como un recordatorio diario para que las mujeres rindan sus vidas a Él. Nancy recibió un correo electrónico que habla sobre uno de estos momentos de rendición.
Nancy: Este fue un correo realmente precioso de una joven a quien llamaré Ana. Ella nos escribió para contarnos cómo recientemente se reunió con su pastor para expresarle sus reservas sobre algunas iniciativas de la iglesia. Ella había estado desanimando a su pastor de seguir ciertos planes que la iglesia estaba haciendo para alcanzar a otros.
Luego, Ana descargó una serie de Aviva Nuestros Corazones y comenzó a escucharla. Nos escribió diciendo: «Fue como si Dios me sentara y me dijera: “Necesitas esto”». Ella fue confrontada al darse cuenta de que estaba tratando de controlar cosas en su iglesia debido a heridas de su pasado.
Ella continuó diciendo: «Desde las 10:30 de la noche hasta las 4:00 de la mañana del día siguiente, Dios me tuvo en el sótano, rostro y rodillas en el piso, llorando por mi perversidad». Esa noche, Dios llevó a Ana a un lugar de nueva rendición.
Ella escribió parte de lo que oró esa noche. Dijo: «Perdóname, Señor, por mi deseo de sabotear Tu obra. Tú eres todopoderoso, y nada puede detenerte de cumplir Tu voluntad. Perdóname por mi arrogancia al pensar que yo sé más que Tú. Perdóname por mi falta de confianza en Ti y en la obra de Tu Espíritu Santo. Gracias por revelar mi pecado y quebrantar mi voluntad».
Bueno, la serie de radio que confrontó a Ana de esta manera estaba disponible en AvivaNuestrosCorazones.com gracias a oyentes como tú, que apoyan financieramente este ministerio. Estos amigos especiales proveen los recursos que nos permiten producir los programas y distribuirlos tanto en línea como en la radio.
¿Nos ayudarías a asegurarnos de que Aviva Nuestros Corazones continúe estando disponible para mujeres como Ana cuando necesitan escucharlo? Tu ofrenda en este tiempo sería una verdadera bendición, para mí, para este ministerio y para las muchas otras «Anas» que necesitan llegar a un nuevo punto de rendición ante Cristo.
Débora: Así es. Te recuerdo que puedes apoyar a Aviva Nuestros Corazones visitando a AvivaNuestrosCorazones.com/donar.
Amadas hermanas, quiero también recordarles que ya tenemos fecha para nuestra próxima conferencia.
Este 13 y 14 de noviembre de 2026, en Miami, Florida, celebraremos Mujer Verdadera ’26: «Preparen camino al Señor». La esperanza de que Cristo regresará por Su iglesia cambia la manera en que vivimos hoy. Y mientras esperamos, es bueno responder juntas al llamado que nos hace Dios de vivir con fidelidad.
Así que separa la fecha para celebrar esta conferencia con nosotras. La libertad en Cristo se vive en comunidad, perseverando juntas en la fe y en la obediencia gozosa. Para más información, visita MujerVerdadera26.com.
Nancy dice que: «En un mundo de personas que dan solo el 50 % de sí mismas, una persona que da de sí el 100 % realmente se destaca». Descubre a qué se refiere al continuar la serie «Rendición: Un corazón en paz con Dios». Te esperamos mañana aquí, en Aviva Nuestros Corazones.
Llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de La Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
Únete a la conversación