El costo de la rendición
Débora: Nancy DeMoss Wolgemuth tiene una pregunta desafiante para ti.
Nancy DeMoss Wolgemuth: ¿Podría decirse de nosotras, de ti o de mí: «Ella es una mujer rendida a Cristo 100 % en un mundo de personas que solo le rinden el 50 %? Su vida está 100 % dedicada a Jesucristo»?
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Rendición: El corazón en paz con Dios» en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 9 de junio de 2026.
Ayer Nancy comenzó la serie titulada «Rendición: Un corazón en paz con Dios», que abarca los temas de su libro que lleva el mismo título. Fue un recordatorio desafiante para cada una de nosotras de abrazar nuestro mundo como siervas, como esclavas, del Señor.
Nancy grabó este mensaje antes de casarse, así que la escucharás referirse a no estar casada. …
Débora: Nancy DeMoss Wolgemuth tiene una pregunta desafiante para ti.
Nancy DeMoss Wolgemuth: ¿Podría decirse de nosotras, de ti o de mí: «Ella es una mujer rendida a Cristo 100 % en un mundo de personas que solo le rinden el 50 %? Su vida está 100 % dedicada a Jesucristo»?
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Rendición: El corazón en paz con Dios» en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 9 de junio de 2026.
Ayer Nancy comenzó la serie titulada «Rendición: Un corazón en paz con Dios», que abarca los temas de su libro que lleva el mismo título. Fue un recordatorio desafiante para cada una de nosotras de abrazar nuestro mundo como siervas, como esclavas, del Señor.
Nancy grabó este mensaje antes de casarse, así que la escucharás referirse a no estar casada. Con nosotras, Nancy.
Nancy: Si has escuchado Aviva Nuestros Corazones por algún tiempo, sabes que uno de mis personajes favoritos en toda la Escritura es María de Nazaret; María, la madre de Jesús.
Hay muchas cosas que amo y admiro de esta mujer. Pero uno de mis momentos favoritos en su vida es cuando ella responde al ángel que ha sido enviado por Dios para decirle que va a tener un hijo, aun sin nunca haber tenido intimidad con un hombre, y que ese hijo será el Hijo de Dios, y que ella sería su madre. La imposibilidad de todo esto era evidente, y además nada de esto estaba en sus planes.
Ella estaba comprometida para casarse. Estaba pensando en las cosas en las que piensan las jóvenes comprometidas: básicamente, en el hombre con quien pronto se casaría. Tenía, como todas las chicas jóvenes, su vida planeada… ¡Pero esto no estaba en el plan! Dios vino y le dijo: «Tengo una tarea para ti».
En la respuesta de María encontramos una respuesta que, con el paso de los años, he tratado de hacerla mía cada vez más cuando el Señor me pide cosas que son difíciles, desafiantes o que van más allá de lo que creo posible. Ella dijo, en Lucas 1:38: «Soy la sierva del Señor. Hágase conmigo como has dicho» (parafraseado).
Ahora, algunas versiones dicen «la criada» o «la esclava». «Soy la esclava del Señor. Le pertenezco. Soy su sierva. Hágase conmigo como has dicho».
Creo que esa es la respuesta correcta cada vez que Dios te pide algo. Ya sea que te pida ser madre de un hijo que te parece imposible amar, tú debes decir: «Señor, soy Tu sierva. Haré lo que Tú dices. Hágase conmigo conforme a Tu palabra».
En cada desafío de la vida, nuestra respuesta debe ser volver al Señor y decir: «Soy Tu sierva. Soy Tu esclava. Soy Tu sierva humilde. Hágase conmigo conforme a lo que Tú has dicho. No es mi vida. No es mi voluntad. No son mis decisiones. Es lo que a Ti te complazca, oh Señor».
A medida que hemos estado hablando sobre este tema de ser siervas, esclavas de Jesucristo, viviendo, como vimos en esa imagen de Éxodo 21, como alguien a quien se le ha perforado la oreja, que era la marca que se le daba a un siervo en el Antiguo Testamento como señal de que era un esclavo de por vida por decisión propia, y al procurar vivir de esa manera, quiero que veamos que hay tanto un precio como un privilegio en ser esclavas del Señor Jesús al vivir como hombres y mujeres con la oreja perforada, indicando que hemos sido marcados como propiedad del Cristo. Hay un costo y un privilegio.
Ahora, al vivir como siervas, voy a comenzar hablando del precio a pagar, del costo. No siempre es fácil ser Su sierva. Creo que si damos a las personas la impresión de que cuando vienes a Cristo todos tus problemas desaparecen y nada volverá a ser difícil, que en tu jardín solo habrá rosas y nunca espinas por el resto de tu vida, estaríamos mintiendo.
Simplemente no es cierto. No es así. Ser sierva, esclava de Jesucristo, tiene un costo.
Cuando pienso en mi vida, ser esclava de Jesucristo, entre otras cosas, ha significado pasar una gran parte de mi vida adulta viajando; rara vez puedo echar raíces y enfrentar el desafío y la dificultad de mantener relaciones profundas o a largo plazo, porque el llamado de Dios para mi vida no ha hecho eso tan posible como a mí me hubiera gustado.
Para mí, ser esclava de Jesucristo ha significado renunciar a cualquier derecho a la privacidad, a tener una vida propia. Significa plazos de entrega poco flexibles, poco tiempo libre para el entretenimiento o para socializar. Significa pocos días o noches libres.
Para mí, ser esclava de Cristo fue, durante años, renunciar al privilegio del matrimonio, de la maternidad, tener hijos y otras cosas. Ahora, permíteme decir rápidamente que si parece como que me estuviera quejando, eso no es lo que quiero, ni lo que está en mi corazón. Solo quiero que sepas que ser esclava de Cristo tiene un costo, un precio que pagar.
Debo confesar que me he quejado más de lo que quisiera admitir por las presiones y demandas de servir a Cristo, pero quiero que sepas esto: la realidad fundamental que motiva y dirige mis decisiones es la misma perspectiva que motivó a ese siervo de Éxodo 21 a estar dispuesto a que le perforaran la oreja. ¿Sabes cuál es? ¡Que amo a mi Señor!
Cuando amas a alguien, lo amas de verdad; nada es un sacrificio demasiado grande. No hay nada que no estés dispuesta a hacer con gusto por Aquel a quien amas.
Y tengo que decir, después de haberte dado esa larga lista de cosas difíciles en mi vida, que no puedo imaginar un Amo, un Señor, más maravilloso, más amable, más generoso, más tierno y más lleno de gracia que mi Señor Jesús. Y mil veces volvería a Él y diría: «Señor Jesús, quiero ser Tu esclava».
Ahora, hay noches, fines de semana, días festivos y momentos en los que no me siento así. Y hay momentos en los que tú estás despierta con tus niños pequeños enfermos, y tampoco sientes que sea un gozo ser una sierva de Jesucristo ni servir a tu familia de esa manera.
Y la verdad es que Sus demandas a veces son difíciles. Y a veces son distintas de las que nosotras hubiéramos elegido. Y a veces desearíamos poder ser libres de las restricciones que Cristo ha colocado en nuestras vidas. Pero quiero decirte que, y que tú digas también, que en lo más profundo de mi corazón, no hay nada en este mundo que yo desee más que ser Su sierva de por vida.
Ahora, no pienses que eso me convierte en una especie de «súper santa», porque puedo asegurarte que no lo soy. La verdad es que nada de lo que Él me ha pedido alguna vez puede siquiera comenzar a compensar la deuda que le debo. Y el corazón que Él me ha dado puede ser, y debería ser, el corazón de toda hija de Dios.
Y también permíteme decir que, por favor, no sientas lástima por mí. Y quiero decirlo porque acabo de mencionar una lista de cosas que podrían hacerte pensar: «Guau, ¡pobre Nancy!». Así que, habiendo hablado del costo de ser una sierva, déjame resaltar ahora el privilegio.
No hay absolutamente nada que Cristo pudiera pedirme que se compare con los increíbles gozos, regalos y privilegios que Él ha derramado abundantemente sobre mí desde que me convertí en Su esclava cuando era una niña.
Y pienso en algunos de esos privilegios. Algunos de ellos son:
- El gozo de conocerlo, amarlo y ser amada por Él.
- El gozo de tener Su compañía a todas horas del día y de la noche.
- El gozo de que se me hayan confiado las increíbles riquezas de Su glorioso evangelio y de ser llamada a darlo a conocer a otros.
¡Amo lo que hago! Lo que yo hago es dar a conocer el evangelio, y tú estás llamada a hacer lo mismo: a adornar el evangelio de Jesucristo en tu rol como esposa, como mamá, en tu lugar de trabajo, en tu iglesia, por medio de tu espíritu, de tu vestimenta, de tus acciones, de tus actitudes, de tus palabras. Estás llamada a dar a conocer el evangelio.
Ese es un privilegio de ser Su esclava. Y la esperanza que me espera de tener una ciudad, un hogar y una morada eterna y permanente donde, si Dios quiere, ya no habrá que empacar ni llevar maletas. ¡Anhelo ese día! Oh, podría seguir enumerando los increíbles tesoros que he recibido de Su mano.
Y cuando sumo todo eso, las bendiciones que conozco, sin mencionar las que aún no he descubierto, ¿no estás de acuerdo en que sería una necia si dejara Su servicio o si eligiera servir a alguien o algo que no fuera Él?
Escucha, no salgo perdiendo, ni tú tampoco, cuando eliges ser una mujer con la oreja perforada, como el esclavo de Éxodo 21, una esclava de Jesucristo. Ahora, para ti, ser esclava de Jesucristo implicará un conjunto de tareas diferentes a las que Él me ha dado a mí.
Tenemos que resistir la tentación de compararnos o de comparar nuestras tareas con las tareas que Él ha dado a otras personas. Para ti, tal vez signifique estar dispuesta a dedicar los mejores años de tu vida a amar y servir a tu esposo y a tus hijos o a un padre anciano.
Puede significar salir de tu zona de comodidad y estar dispuesta a enseñar una clase de escuela dominical, o liderar un grupo pequeño de estudio bíblico o desarrollar un alcance hacia jóvenes de la ciudad en situaciones de vulnerabilidad.
Para ti, ser Su esclava quizá signifique ser llamada a servir al Señor y representarlo en un ambiente laboral que es hostil al evangelio. Puede significar disminuir tus gastos para poder dar más generosamente a la obra del Señor.
Mientras sirves, recuerda a quién estás sirviendo y recuerda que lo haces por amor a tu Señor. Y mientras lo haces, sirve al Señor con alegría, no con quejas, ni lamentos, ni murmuraciones. Y te diré algo: al decir esto, me hablo a mí misma.
Así que, sirve al Señor con alegría y gozo de corazón. No existe un Amo más maravilloso. No hay un llamado más alto en toda esta tierra que ser una mujer, o un hombre, con la oreja perforada, una sierva, una esclava del Señor Jesucristo.
¿Has escuchado la historia de la gallina y el cerdo que estaban discutiendo qué comer en el desayuno?
La gallina sugirió: «Comamos jamón con huevos». A lo que el cerdo respondió rápidamente: «¡De ninguna manera! Para ti eso es solo una contribución, pero para mí es un compromiso total».
Todas hemos escuchado y visto ilustraciones de personas cuyas vidas están completamente entregadas a una causa. Uno de los ejemplos más impactantes de entrega total del que tengo conocimiento en los últimos cien años ha sido el del Partido Comunista.
Recordarás que en 1917 un pequeño grupo de hombres se propuso llevar a cabo una revolución mundial. Y en solo unas pocas décadas, lo lograron.
Ahora, no hay duda de que su misión y el resultado de sus esfuerzos fueron totalmente malvados. Pero pienso que el ascenso del Partido Comunista es uno de los ejemplos más poderosos de lo que significa una entrega total en toda la historia.
Douglas Hyde fue, en su momento, un líder del Partido Comunista en Inglaterra. En 1947 él desertó del Partido y pasó el resto de su vida tratando de exponer al Partido Comunista tal como era. Años más tarde escribió un libro titulado Dedication and Leadership (en español sería como Dedicación y liderazgo). En ese libro bosquejó algunos de los principios que el Partido Comunista había usado para lograr su revolución.
Hay un hilo conductor que atraviesa todo el libro: el tema de la entrega total, de un compromiso absoluto, la devoción, el sacrificio, la dedicación absoluta a una causa. Por ejemplo, él describió a los comunistas como «personas del 100 % en un mundo de personas del 50 %».
Y luego dijo lo siguiente: «Prácticamente cada miembro del Partido Comunista es un hombre dedicado, en cuya vida, desde que se levanta por la mañana hasta que se acuesta por la noche, los 365 días del año, el comunismo es la fuerza dominante».
Hace años encontré una carta escrita por un miembro del Partido Comunista a su prometida, poniendo fin a su compromiso y explicándole por qué sentía que debía hacerlo. Esta carta (recuerdo que mi papá nos la leía cuando éramos niños) ilustra el tipo de mentalidad sacrificial que caracterizó a muchos de los que entregaron sus vidas a la causa comunista.
Él escribió a su prometida y dijo:
«Hay una cosa por la que siento un compromiso absoluto, y es la causa socialista. Es mi vida, mi ocupación, mi religión, mi pasatiempo, mi novia, mi esposa, mi amante, mi pan y mi carne. Trabajo por ella durante el día; sueño con ella por la noche. Su influencia sobre mí crece, no disminuye, con el paso del tiempo. Estaré en esto por el resto de mi vida.
Cuando pienses en mí, es necesario que pienses también en el socialismo, porque estoy inseparablemente ligado a él. Por lo tanto, no puedo mantener una amistad, un noviazgo o siquiera una conversación sin relacionarlo con esta fuerza que impulsa y guía mi vida.
[Y sigue diciendo este hombre:] Evalúo a las personas, los libros, las ideas y los pensamientos según la manera en que afectan la causa socialista y según su actitud hacia ella.
Ya he estado en la cárcel por mis ideas y, si fuera necesario, estoy dispuesto a enfrentar un pelotón de fusilamiento. Un cierto porcentaje de los nuestros termina asesinado o encarcelado. Incluso para los que escapan a esos finales más duros, la vida no es un lecho de rosas.
Un verdadero radical vive prácticamente en la pobreza. Devuelve al Partido cada centavo que gana por encima de lo absolutamente necesario para mantenerse con vida.
Los radicales no tienen tiempo ni dinero para muchas películas o conciertos o bistecs o casas decentes o autos nuevos. Nos describen como fanáticos. Lo somos. Nuestras vidas están dominadas por un solo gran factor abrumador: la lucha por el socialismo».
Ahora, ese tipo de entrega a una causa falsa y malvada, creo que nos obliga a quienes afirmamos creer la verdad a examinar nuestro propio nivel de sacrificio, de compromiso, de devoción y rendición.
Debes preguntarte: «¿Es mi relación con Jesucristo el centro mismo de mi existencia?». ¿O es, como sucede con muchos cristianos profesantes, solo una categoría de tu vida? ¿Un segmento? ¿Una parte más? Tienes tu trabajo, tienes tu familia, tienes tu iglesia… y tienes tu fe.
Él dijo que ese no era el caso de aquellos comunistas dedicados. Era su vida entera. Y entonces nos preguntamos: «Así como ese joven comunista, ¿cada acto mío, cada pensamiento, cada conversación, todo en mí gira alrededor de la causa?». En nuestro caso, la causa de Jesucristo.
Nuestra fe cristiana ha sido edificada sobre sacrificio. Estamos en una larga línea, un legado de enorme sacrificio, dedicación y compromiso, comenzando con Jesucristo mismo, el autor y consumador de nuestra fe, quien entregó Su vida en obediencia a la voluntad de Su Padre y por causa de nuestra redención. Él no retuvo nada. Él lo dio todo.
Luego pensamos en los discípulos y los apóstoles, quienes tomaron ese evangelio, el evangelio del reino de Cristo, y estuvieron dispuestos, contra enormes obstáculos y oposición, a entregar sus vidas por la causa de Jesucristo. Era algo en lo que creían tan profundamente que muchos estuvieron dispuestos a ser ejecutados por su fe. Y no solo a morir por Jesucristo, sino que, en ocasiones, hicieron algo aún más difícil: vivieron por Jesucristo en cada etapa, en parte de su vida.
Así fueron los apóstoles, y así han sido, a lo largo de la historia de la fe cristiana, aquellos que preservaron la Escritura para nosotros, a un costo enorme. Personas que han sido pioneras de nuestra fe, que han llevado el evangelio a lugares donde nunca antes había llegado. Hombres y mujeres fieles, algunos de ellos desconocidos, algunos sobre quienes jamás se escribirá un libro. Tal vez la persona que te habló de Cristo, que estuvo dispuesta a salir de su zona de comodidad y decir: «Esta relación con Jesucristo importa lo suficiente como para arriesgar lo que pienses de mí con tal de contártela». Ellos estaban dedicados a la causa.
Y todas podemos pensar en personas que hemos conocido, creyentes que lo han rendido todo, que toman a Dios en serio. Hoy en día, parecen ser una minoría. ¿Podría decirse de ti o de mí: «Ella es una mujer rendida a Cristo un 100 % en un mundo de personas que solo le rinden un 50 %? ¿Su vida está 100 % dedicada a Jesucristo»?
Hoy estamos más interesadas en preservar nuestras vidas que en perderlas o entregarlas. Estamos más preocupadas por nuestros sentimientos, nuestra conveniencia, nuestra comodidad, nuestra autoimagen, nuestro placer egoísta. ¿Cómo me afecta esto a mí? ¿Mi felicidad? ¿Mi gozo? ¿Mi paz? ¿Mi bendición? ¿Mi comodidad? ¿Mi bienestar?
Ahora, déjame decir que esta vida de rendición total y devoción a Jesucristo no está diseñada solo para un pequeño grupo de «supercristianos». Y creo que a veces esa es la mentalidad que tenemos: que hay ciertos «santos especiales» que están realmente comprometidos. Son muy celosos de su fe. Son realmente entregados al reino de Cristo.
Pero permíteme recordarte que cada hijo de Dios está llamado a vivir su vida para el reino de Dios. Si eres cristiana, entonces has sido llamada a una vida de sacrificio, devoción, rendición total y compromiso absoluto con Jesucristo.
En Romanos 12:1, el apóstol Pablo dijo: «Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios, que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo». No solo algunos santos. No algunos santos. No una minoría. Todos ustedes, hermanos y hermanas en la familia de Dios. Debido a lo que Dios ha hecho por ustedes, por Su increíble misericordia y compasión, por aquello que a Él le agrada, presenten sus cuerpos, ustedes mismos, todo lo que son, como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes.
Así es como adoramos a nuestro gran Dios. Desde que nos levantamos por la mañana hasta que nos acostamos por la noche, los 365 días del año, el llamado para nuestras vidas es que el Señor Jesús y el reino de Dios sean la influencia dominante, controladora y reinante en cada una de nosotras.
Débora: Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado animando a rendirlo todo al Señor. Este es un tema crucial para todas. ¿Te rendirás tú al Señor?
Nancy: Una oyente llamada Tiffany nos escribió para contarnos acerca del acto máximo de rendición en su vida. Esto fue lo que dijo:
«Quería hacerles saber que realmente he dejado que Dios tome el control de mi vida y he puesto mi plena confianza en Cristo. Nunca antes había entregado el control por completo, pero me di cuenta de que solo puedo aceptar Su precioso regalo si le entrego toda mi vida. Muchas gracias por el trabajo que ustedes hacen».
Bueno, me encanta recibir cartas como esta y pensar en la nueva vida que Tiffany puede disfrutar como resultado de entregar las riendas de su vida en manos del Señor Jesús.
Estoy tan agradecida de que Dios haya permitido que Aviva Nuestros Corazones tuviera un papel en llevar a Tiffany a este lugar de rendición total.
Podemos hacer el trabajo que hacemos día tras día gracias a oyentes que creen en este ministerio y que dan económicamente para sostenerlo. Tú puedes ser parte de ayudar a que mujeres como Tiffany lleguen a un lugar de verdadera salvación y rendición a Cristo como Señor. Así que, ¿le pedirías al Señor que te muestre qué papel Él quiere que tengas en apoyar Aviva Nuestros Corazones? Tu ofrenda en este tiempo sería muy apreciada y podría hacer una diferencia eterna en la vida de muchas mujeres. Muchas gracias.
Débora: Así es, Nancy. Amada oyente, si el Señor así lo dispone en tu corazón, puedes donar visitando AvivaNuestrosCorazones.com/donar.
Para cerrar el programa de hoy quiero preguntarte, ¿qué viene a tu mente cuando digo «adoración»? Probablemente piensas en ir a la iglesia, cantar, tal vez poner algo en la ofrenda. Bueno, el Antiguo Testamento nos da una imagen muy diferente de la adoración. Nancy la describirá en el próximo episodio aquí, en Aviva Nuestros Corazones. ¡Te esperamos!
Llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de La Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.
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