Rendición total
Débora: Imagina cuán sorprendidos estarían los ujieres de tu iglesia si, durante la ofrenda, realmente les entregaras todo.
Miembro de la iglesia (Esposo): Aquí está todo el cambio.
Ujier: (Pasando el plato de la ofrenda): Gracias.
Miembro de la iglesia (Esposa): Y aquí está nuestro sobre del diezmo.
Esposo: Y mi tarjeta de crédito. Mejor llévate la billetera. ¡Espera! Déjame darte también las llaves de mi carro.
Ujier: ¿Qué?
Esposo: Quiero darle mi carro a Dios.
Ujier: Bueno, está bien.
Esposa: Y aquí está el título de propiedad de nuestra casa.
Esposo: Necesita un techo nuevo, pero es acogedora.
Esposa: Y aquí está el certificado que gané en el concurso de ortografía de sexto grado.
Esposo: Y este es el trofeo que gané en las ligas infantiles.
Ujier: Pero… ¿Qué hago con todas estas cosas?
Esposa: …
Débora: Imagina cuán sorprendidos estarían los ujieres de tu iglesia si, durante la ofrenda, realmente les entregaras todo.
Miembro de la iglesia (Esposo): Aquí está todo el cambio.
Ujier: (Pasando el plato de la ofrenda): Gracias.
Miembro de la iglesia (Esposa): Y aquí está nuestro sobre del diezmo.
Esposo: Y mi tarjeta de crédito. Mejor llévate la billetera. ¡Espera! Déjame darte también las llaves de mi carro.
Ujier: ¿Qué?
Esposo: Quiero darle mi carro a Dios.
Ujier: Bueno, está bien.
Esposa: Y aquí está el título de propiedad de nuestra casa.
Esposo: Necesita un techo nuevo, pero es acogedora.
Esposa: Y aquí está el certificado que gané en el concurso de ortografía de sexto grado.
Esposo: Y este es el trofeo que gané en las ligas infantiles.
Ujier: Pero… ¿Qué hago con todas estas cosas?
Esposa: Queremos entregarle todo a Dios.
Esposo: Y este es Johnny. .
Ujier: Pero… pero… ¡La guardería está al final del pasillo!
Esposa: No se preocupe, lo cuidaremos, pero queremos entregárselo a Dios.
Ujier: ¿Eso es todo?
Esposo: Sí… bueno, no. ¡Vamos con ustedes!
Ujier: ¿Conmigo?
Esposa: ¡Por supuesto! Queremos entregarnos por completo a Dios.
Esposo: Sí, él es Dueño de todo.
Ujier: Muy bien, entonces dejaremos que el tesorero se encargue de organizar todo esto.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «En busca de Dios», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 10 de junio de 2026.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Florence Nightingale fue la fundadora de la enfermería moderna. Durante los primeros cuarenta años de su vida, ella tuvo muchos logros significativos, pero durante los últimos cincuenta años estuvo confinada en casa. Por muchos de esos años estuvo postrada en cama, en una condición física debilitante. De hecho, los últimos quince años de su vida estuvo completamente ciega.
Al final de su vida, a esta mujer que había tenido tantos logros extraordinarios, le preguntaron cuál era el secreto de su vida, a lo que ella respondió: «Solo puedo dar una explicación: no le he retenido nada a Dios».
Permíteme decirte que ese es el secreto de toda vida verdaderamente fructífera. «No le he rehusado nada a Dios». ¿Qué significa vivir una vida de sacrificio, una vida de rendición, de rendición total a Dios, algo que la Biblia llama «consagración»: estar completamente apartadas para el servicio, para ser usadas por Dios?
Las Escrituras nos dan varias imágenes que nos ayudan a entender este estilo de vida. Creo que una de las imágenes más profundas en el Antiguo Testamento es la del holocausto. Esta era la forma más frecuente de sacrificio ofrecido por los judíos del Antiguo Testamento, a menudo precedido por una ofrenda por el pecado.
Luego ofrecían lo que se conocía como holocausto. Permíteme pedirte que vayas en tu Biblia a Levítico, capítulo 1. Este es uno de esos libros cuyas páginas muchas veces están pegadas en la Biblia de las personas. Es un libro al que muchos temen acercarse, pero que es, a su vez, tan rico para ayudarnos a entender los cimientos de nuestra fe.
Es un libro sobre santidad, consagración y un estilo de vida sacrificial. El libro da muchos, muchos detalles sobre cómo debían presentarse los sacrificios de los creyentes judíos al Señor. Vamos a ver en el capítulo 1 la primera descripción de un holocausto. Era uno de los siete tipos diferentes de ofrendas que los judíos debían presentar.
Mira el versículo 3 de Levítico, del capítulo 1: «Si su ofrenda es un holocausto del ganado, ofrecerá un macho sin defecto…». Aquí se refiere a un macho; la Escritura habla de machos cabríos, de novillos u otros tipos de animales que podían ofrecer. El versículo continúa diciendo: «…lo ofrecerá a la entrada de la tienda de reunión, para que sea aceptado delante del Señor».
A diferencia de las ofrendas por el pecado, el holocausto era un acto voluntario de adoración. Era una ofrenda de voluntad propia, dada desde un corazón que amaba al Señor y que estaba agradecido por Su redención.
Versículo 4: «Pondrá», es decir, el adorador o el creyente «pondrá su mano», y esa palabra es «colocar» su mano. Se refiere a descansar o apoyar la mano. El creyente«pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto», sobre la cabeza de este animal, descansando y apoyándose en él. «Y le será…», es decir, el animal, el animal del sacrificio, «le será aceptado para expiación suya».
Cuando un creyente traía su ofrenda, fuera cual fuera el animal, al altar del sacrificio para ser ofrecida y consumida, estaba identificándose con ese animal que estaba siendo ofrecido, con ese animal que era sacrificado en su lugar.
Al poner su mano sobre el animal, los pecados del creyente eran simbólicamente transferidos a ese animal inocente. Por eso tenía que ser un animal sin defecto, sin mancha. En esta imagen, los pecados del creyente eran simbólicamente transferidos a ese animal que cargaba con los pecados del adorador: Era un sacrificio, un sustituto del creyente.
Al poner sus manos sobre ese holocausto, el adorador estaba diciendo a Dios: «Aquí estoy. Este animal es entregado por completo a Ti. De la misma manera, yo me sacrifico a Ti. Consagro mi vida a Ti. Me rindo a Ti para ser totalmente Tuyo».
Ahora, en el versículo 5, vemos una imagen vívida de las consecuencias del pecado, cuando el animal, que simbólicamente representa al adorador, es ahora sacrificado. Versículo 5:
«Entonces degollará al novillo [es decir, el adorador debía matar al novillo] delante del Señor; y los sacerdotes, hijos de Aarón, ofrecerán la sangre y la rociarán por todos los lados sobre el altar que está a la entrada de la tienda de reunión. Después desollará el holocausto y lo cortará en pedazos.
Y los hijos del sacerdote Aarón pondrán fuego en el altar, y colocarán leña sobre el fuego. Luego, los sacerdotes hijos de Aarón arreglarán los pedazos, la cabeza y el sebo sobre la leña que está en el fuego sobre el altar.
El que presenta el holocausto lavará las entrañas y las patas con agua, y el sacerdote lo quemará todo sobre el altar como holocausto. Es una ofrenda encendida de aroma agradable para el Señor» (vv. 5-9).
Así que, una vez que el animal había sido cortado, cuando las piezas de ese sacrificio eran colocadas sobre el altar, se encendía el fuego, y toda la ofrenda, cada parte de ella, era consumida en el altar del sacrificio. Nada se reservaba, nada se retenía. Cada parte era sacrificada.
¿Notaste esa última frase del versículo 9? Se consideraba un dulce aroma un «aroma agradable» al Señor. El Señor decía: «Amo ese aroma porque es el adorador entregándose por completo a Mí». Aquellos holocaustos estaban diseñados para expresar la dedicación total y la consagración del adorador al Señor. Representaban una rendición completa a la voluntad de Dios.
Cuando llegamos al Nuevo Testamento, vemos el cumplimiento de esta imagen del Antiguo Testamento de dos maneras distintas. En primer lugar, vemos que Cristo, el Cordero de Dios, el Cordero de Dios sin mancha, ofreció Su propio cuerpo como holocausto, en completa consagración y rendición a la voluntad de Dios.
Él es nuestro holocausto. Hebreos 9 nos dice que Él se ofreció a Sí mismo, sin mancha, a Dios. Leemos en Hebreos, capítulo 10, que, cuando Cristo vino al mundo, Él dijo:
«Sacrificio y ofrenda no has querido, pero un cuerpo has preparado para Mí; en holocaustos y sacrificios por el pecado no te has complacido. Entonces dije: “Aquí estoy, Yo he venido (en el rollo del libro está escrito de Mí) para hacer, oh Dios, Tu voluntad”» (vv. 5-7).
¿Qué estaba diciendo Cristo? Cuando Él vino a la tierra, Él dijo: «Dios, no son los animales colocados sobre el altar de sacrificio lo que realmente deseas. Eso solo era un símbolo, era una imagen. Lo que Tú quieres somos nosotros mismos, nuestros cuerpos, completamente entregados a Ti».
Nuestros cuerpos, nuestra naturaleza pecaminosa, no tendrían valor alguno para Dios. Por eso Jesús vino y entregó Su vida como el Cordero de Dios sin pecado y sin mancha, ofrecido en nuestro lugar, como nuestro sustituto. Hebreos 10:10 nos dice: «Por esa voluntad», es decir, esa entrega de Cristo a la voluntad de Dios, «hemos sido santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo ofrecida una vez para siempre».
Vemos el cumplimiento del holocausto del Antiguo Testamento cuando Jesús se ofreció a Sí mismo, entregándose totalmente a Dios y diciendo: «Señor, Tú me diste un cuerpo, y Yo lo entrego a Ti, para hacer Tu voluntad. Rindo todo lo que soy y todo lo que tengo a Ti y a Tu voluntad».
Pero no solo Cristo debe ser un holocausto. Ahora que hemos sido apartadas, consagradas y santificadas por Su entrega, la entrega de Sí mismo, ahora, a la luz de Su sacrificio por nosotras, a los creyentes del Nuevo Testamento se nos dice que hagamos nuestra propia ofrenda. ¿Y qué debemos ofrecer? Nosotras mismas, nuestros cuerpos, todo lo que somos, como un holocausto, un sacrificio para Dios.
Esto nos lleva de vuelta a Romanos capítulo 12, versículo 1, que es el versículo en el que nos estamos enfocando esta semana, donde Pablo dice: «Por tanto, hermanos, les ruego…», y, dicho sea de paso, esa palabra en el Nuevo Testamento significa hermanos y hermanas, miembros de la familia de Dios: «les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios…».
Recuerda que leímos en Levítico que el holocausto era un «aroma agradable» al Señor. Cuando nos entregamos, nuestros cuerpos, nuestras vidas, en rendición a Dios, Él se complace. Él dice: «Amo el aroma de esa vida rendida».
Pablo dice que esto es santo, que esto agrada a Dios, y que esta es nuestra adoración racional, espiritual, lógica, a la luz de todo lo que Dios ha hecho por nosotras. Así que nuestros cuerpos, ofrecidos como sacrificios vivos, representan la totalidad, la suma completa de todo lo que somos, de todo lo que tenemos, de todo lo que hacemos, cada parte de nosotras.
Así como los creyentes del Antiguo Testamento expresaban su consagración ofreciendo sacrificios que eran totalmente consumidos sobre el altar, de la misma manera nosotras, como creyentes del Nuevo Testamento, debemos ofrecernos para ser totalmente consumidas por Dios.
A diferencia de los sacrificios del Antiguo Testamento, que eran quemados y dejaban de existir, a nosotras se nos dice que presentemos nuestros cuerpos como sacrificios vivos. Esto significa que debemos seguir viviendo en estos cuerpos, reconociendo que no nos pertenecen, sino que le pertenecen a Dios. Han sido consagrados, apartados para Dios, para Su uso y Sus propósitos.
Ese es el secreto de una vida espiritual verdaderamente fructífera. Como dijo Florence Nightingale: «No le he reservado nada a Dios». Ninguna parte retenida. Todo es entregado, rendido, a Él: mi tiempo, mi reputación, mi dinero, mis ratos libres, mis deseos, mis relaciones, mi familia, mi trabajo, mis prioridades. Todo es entregado a Dios.
Muchas de ustedes están familiarizadas con el nombre de D. L. Moody, quien durante los años 1800 fue grandemente usado por Dios como evangelista, predicando el evangelio en dos continentes. Veinticuatro años después de la muerte de Moody, en 1899, su amigo y colega de muchos años, R. A. Torrey, fue invitado a hablar en un servicio conmemorativo sobre por qué Dios usó a D. L. Moody.
Esto fue lo que Torrey dijo:
«La primera razón por la que Dios usó a D. L. Moody de manera tan poderosa fue que él era un hombre completamente rendido. Todo lo que era y todo lo que tenía pertenecía por completo a Dios. Si él pensaba que Dios quería que hiciera algo, lo hacía. Él pertenecía total, absoluta, incondicional y enteramente a Dios».
- L. Moody vivió ese tipo de vida, y es una vida que está descrita en Romanos capítulo 12, versículo 1, donde el apóstol Pablo dice: «Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios…», a la luz de toda la compasión que Dios ha tenido para con ustedes, ¿qué deben hacer? Ofrecer el sacrificio… ustedes mismas… sus propios cuerpos. Ofrezcan sus cuerpos, presenten sus cuerpos, rindan sus cuerpos. Esta es una imagen de rendición, de entregarlo todo con manos abiertas, palmas abiertas, diciendo: «Señor, aquí está mi vida».
«Presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios», un aroma agradable a Dios, como aquellos sacrificios del Antiguo Testamento. Y luego Pablo dice: «que es el culto racional de ustedes». Esto es un tema de adoración.
Cuando piensas en adoración, ¿qué viene a tu mente? ¿Cómo adoras a Dios? Tal vez piensas en cantar al Señor, en orar, en ir a la iglesia. Pero permíteme recordarnos que la adoración no es una rutina que cumplimos los domingos por la mañana.
Podemos adorar el domingo, pero millones de personas asisten a la iglesia el domingo y salen sin haber adorado realmente a Dios. Fíjate que Pablo no dice en Romanos 12: «Da unas horas de tu semana. Da un poco de tu dinero. Inscríbete en un viaje misionero de diez días». ¿Qué dice? «Presenten sus cuerpos», ustedes mismas, la totalidad de lo que son; no solo unos cuantos dólares, no solo unas horas, no solo una parte de su vida. Entrégate, ríndete a Dios como sacrificio vivo.
Adoración es la entrega total de nosotras mismas a Dios. Sé que en muchas iglesias se recogen las ofrendas en unas cestas o envases. Pero déjame decirte que no existe un contenedor físico lo suficientemente grande para recibir la ofrenda que Dios realmente quiere. ¿Y cuál es esa ofrenda? ¡Él te quiere a ti!
Pienso en ese pasaje de 2 Corintios, capítulo 8, donde Pablo habla de las iglesias de Macedonia y de cómo ellos dieron aun en su profunda pobreza para suplir las necesidades de otros creyentes. Dice en 2 Corintios 8:5: «…primeramente se dieron a sí mismos al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios».
Ellos dieron la ofrenda que Dios realmente quería; ellos se dieron a sí mismos como sacrificio vivo. Es muchísimo más fácil darle a Dios nuestras «cosas», darle las sobras, lo que nos queda, solo algunas partes de nuestra vida. Pero déjame decirte que cuando Dios te tiene a ti, Él recibe todo lo demás.
Por ejemplo, en el tema de las ofrendas, y escucha: si en nuestras iglesias nos consagráramos a Dios, el dar, ofrendar, no sería un problema. Todas las necesidades dentro del cuerpo de Cristo serían suplidas. Los pobres serían atendidos, las necesidades de la iglesia serían cubiertas y la obra del ministerio y del reino de Dios sería sostenida.
Romanos 12:1, el versículo que hemos estado estudiando, sugiere que hay tanto una consagración inicial y una rendición a Dios, como un aspecto continuo de consagración y entrega. Vamos a ver ambas en los próximos episodios. Necesitamos entender que esta rendición se hace una vez y para siempre, y luego hay también un sacrificio diario, repetido, de nuestras vidas a Dios.
Cuando el apóstol Pablo habla de ofrecer o presentar nuestros cuerpos, está hablando de un sacrificio completo, total, de nosotras mismas a Dios. Pero cuando habla de un «sacrificio vivo», está describiendo el vivir esa consagración día a día, momento a momento.
Ese doble aspecto de la rendición, el punto inicial de entregarlo todo a Dios, seguido por un proceso continuo que dura toda la vida, creo que puede verse claramente en el matrimonio. Cuando tú y tu esposo se pusieron de pie ante un ministro para unir sus vidas, afirmaron sus votos diciendo: «Sí, acepto».
En ese momento estaban presentando sus vidas el uno al otro. Estaban entregando sus cuerpos el uno al otro. Estaban haciendo una rendición completa de sí mismos al otro. El intercambio de votos en el altar fue solo el punto de partida. Hasta que dijeron «Sí, acepto», no tenían una base legal o espiritual para desarrollar una relación íntima, fructífera y continua.
El matrimonio comenzó en el punto en el que ustedes dijeron: «Sí, acepto». De la misma manera, en nuestra relación con Cristo hay un punto de partida, un momento en el que, atraídas por Su Espíritu, le respondemos diciendo: «Sí, acepto. Me entrego a Ti. Soy Tuya».
En ese instante entramos en una relación eterna, un pacto con Dios. Desde ese momento somos una nueva persona. Estamos bajo un nuevo Dueño. Quedamos unidas a Cristo para siempre, eternamente. Y la realidad es que, si eres hija de Dios, tu vida ya no te pertenece. Perteneces a Aquel que te creó y te redimió con la sangre de Su Hijo.
Puede que en el momento de tu conversión, el momento en que naciste de nuevo, no hayas comprendido todo lo que implicaba esa rendición. Pero el hecho es que, si eres hija de Dios, hiciste esa rendición a Jesús como Señor.
Y pienso en mi propia vida. Yo fui salva a los cuatro años. Ese es mi primer recuerdo consciente, y no conocía términos teológicos profundos. No hice una oración elocuente. No tenía un gran entendimiento bíblico. Solo sabía que yo era una pecadora que necesitaba un Salvador, y que Él había atraído mi corazón hacia Él. Y en mi manera de niña de cuatro años, dije: «Sí, acepto».
Durante los años siguientes, para cuando tenía siete u ocho años, hubo una comprensión creciente en mi mente y en mi corazón de niña de lo que eso significaba. Para cuando estaba en los primeros años de la escuela, yo sabía que mi vida le pertenecía a Dios. La consagración que había ocurrido en mi conversión floreció; se volvió más real, más comprensible para mí.
Y he seguido creciendo en mi entendimiento de todo esto. Pero hubo, en esos primeros años de mi niñez, una rendición incondicional, de por vida, a Jesús como Señor. Esa decisión ha sido un fundamento enorme para toda mi vida, porque el asunto quedó resuelto: Jesús es el Señor.
Y no es que nunca haya retrocedido en esa decisión, o que nunca lo haya intentado; pero Dios me mantiene a soga corta, bajo su control. Él sabe que mi corazón desea vivir una vida consagrada y rendida, y así debería ser para cada una de nosotras.
- A. Torrey dijo que la primera razón por la que Dios usó a D. L. Moody de manera tan poderosa fue porque él era un hombre completamente rendido. ¿Puede decirse eso de ti? Eso no debería describir solo a grandes evangelistas; debería describir a cada hija de Dios. Si tú y yo vamos a ser usadas por Dios en nuestra esfera de influencia, tenemos que poner todo lo que somos y todo lo que tenemos en las manos de un Dios santo y decir: «Señor, tómalo todo».
Me pregunto si alguna vez has llegado a ese punto de ofrecerte conscientemente a Dios. Si eres hija de Dios, en realidad ya esto es cierto: tú eres de Dios; no te perteneces a ti misma. Pero ¿alguna vez lo has reconocido conscientemente?
Si no lo has hecho, o si hoy deseas reafirmarlo, entonces dile a Dios: «Señor, aquí estoy. Sí, acepto. Me ofrezco a Ti: mi cuerpo, todo lo que tengo, todo lo que soy. Cumple Tus propósitos en y a través de mi vida, sea lo que sea que eso implique. Oro en el nombre de Jesús. Amén».
Débora: Nancy DeMoss Wolgemuth te ha estado ayudando a pensar bíblicamente sobre el tema de la rendición. Este es un concepto que nos afecta a todas. No importa la etapa o temporada de la vida en la que te encuentres; Dios te llama a decir: «Sí, Señor» y abrazar Su plan. En Aviva Nuestros Corazones queremos mostrar a las mujeres cómo rendir sus planes y esperanzas al Señor.
Nancy se alegró al recibir un correo de una oyente llamada Mindy, quien está aprendiendo a rendirse a la voluntad de Dios y a abrazar la soltería para Su gloria.
Nancy: Ella escribió y nos dijo:
«Recibo tanta bendición y tanto ánimo escuchando Aviva Nuestros Corazones. Como una mujer de treinta y seis años que nunca se ha casado, encontré fortaleza y dirección para mi vida. Antes me preguntaba cuál era el propósito de mi soltería. Hermana, Dios las está usando para mostrar a mujeres de todos los ámbitos de la vida su verdadero propósito, cómo cumplirlo y para darles ánimo para seguir adelante».
Estoy tan agradecida por la forma en que Dios está usando Aviva Nuestros Corazones para animar a mujeres como Mindy semana tras semana. Y todo esto es posible gracias a oyentes como tú. Aviva Nuestros Corazones es un ministerio sostenido por su audiencia. Eso significa que tus oraciones y tu apoyo financiero son los que nos permiten seguir al aire.
¿Considerarías enviar una ofrenda especial hoy? Tu apoyo en este tiempo nos ayudará a guiar a más mujeres al gozo de rendirse plenamente a Cristo como Señor.
Para hacer tu donación, visita AvivaNuestrosCorazones.com/donar. Y de antemano quiero decirte: ¡muchas gracias!
Débora: Durante este mes de junio, en celebración del Día del Padre en la mayoría de los países latinoamericanos, tenemos un recurso disponible para ti al hacer una donación. El recurso es el libro «Mi hija me llama Papi», escrito por Robert Wolgemuth. Este libro anima a los padres a dejar atrás sus temores mientras aprenden a guiar, amar y atesorar el corazón de sus hijas.
A lo largo de sus páginas, se presentan siete elementos fundamentales para la crianza: proteger a tu hija, enseñar el arte de la conversación, expresar afecto, disciplinar adecuadamente, crear risas, inculcar fe en Dios y demostrar una conducta apropiada.
Si conoces a un papá que podría ser bendecido por este libro, te invitamos a visitar AvivaNuestrosCorazones.com y adquirirlo hoy mismo.
Nuevamente, te damos gracias por tu donación. Tu generosidad nos permite seguir produciendo recursos que guían a las mujeres hacia la libertad, plenitud y abundancia que solo se encuentra en Cristo.
Uno de los retos de rendirse al Señor es que Él te pide «veinticinco centavos» a la vez. Nancy explicará qué quiere decir con esa frase el día de mañana. Así que no te pierdas el próximo episodio de Aviva Nuestros Corazones. ¡Te esperamos!
Llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de La Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
Únete a la conversación