Podcast Aviva Nuestros Corazones

Tu campo de batalla

Carmen Espaillat: ¿Hay personas en tu vida que te ayudarán a hacer aquello para lo cual fuiste llamada? Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy DeMoss Wolgemuth: En la familia de Dios, en el cuerpo de Cristo, no deberíamos estar corriendo esta carrera solas, peleando esta guerra solas, criando hijos solas, amando maridos solas, en el trabajo solas.  Ahí es donde el cuerpo necesita ser el cuerpo.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy ha estado explorando los años de juventud de Josué. Ha sido un estudio muy útil sobre el poder de Dios para pelear por nosotras en cualquier situación.

En unos minutos escucharemos a Nancy, pero primero vamos a escuchar de un grupo de mujeres que estuvieron escuchando esta serie. Pero, antes de continuar, y hablando de grupos de mujeres,

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Únete a mujeres de todas partes del mundo que experimentan tus mismas luchas, desalientos y deseos de crecer junto a otras y ser animadas por otras.

El texto que encontramos en la carta a Tito capítulo 2 es como un mapa para experimentar el tipo de comunidad e influencia que Dios diseñó para la iglesia y el mundo. En Revive ‘17, charlistas—que se encuentran en diferentes etapas de sus vidas—van a exponer Tito 2 y a ayudarnos a aplicarlo a nuestras vidas y ministerios.

Puedes participar a través de la transmisión en vivo (tanto en inglés como en español): Marca las fechas 29 y 30 de septiembre en tu agenda, reúne a un grupo de amigas y participen de esta conferencia. Después de todo Revive ‘17 es acerca de la mentoría, y ¡qué mejor forma de tratar este tema que con mujeres en tu esfera de influencia!

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Bien, como te iba diciendo, hoy escucharemos a un grupo de mujeres compartir acerca de las maneras en que han estado aplicando enseñanzas de la historia de Josué.

Kay: Lo que más llamó mi atención fue darme cuenta de que todas necesitamos que otras se acerquen a nosotras, tanto física como espiritualmente, y oren por nosotras.  No podemos pelear solas esta batalla.  Necesitamos  otras oren por nosotras y nos animen.

Algunas de nosotras somos líderes y algunas somos aprendices, pero todas somos parte del ministerio.  Creo que a veces perdemos eso de vista. Nos la pasamos creyendo que estamos trabajando solas, pero no es así.  Y es que no podemos hacerlo así.

Nancy: Kay ¿Puedes pensar en alguien que haya sido esa persona de apoyo en tu vida mientras has estado en una batalla espiritual?

Kay: Tuve una amiga, una compañera con quien podía contar y a quien rendirle cuentas.  En ese tiempo estaba pasando por  muchos conflictos, y de no haber sido por sus oraciones sé que no habría podido permanecer en pie ni un solo día.  Y ella por su lado me mantenía informada de cosas importantes en su vida. Y me pedía oración por cosas específicas de su día.

Creo que todas necesitamos eso.  Todas necesitamos saber que hay una persona que está en la montaña orando por nosotras mientras estamos en el valle, en medio de las batallas que a veces se convierten en desafíos extremadamente difíciles, y tenemos que humillarnos a nosotras mismas y pedirle a esas amigas que el Señor nos ha dado que intercedan por nosotras.

Nancy: Eso es maravilloso ¿Alguien más? Alguien que Dios haya usado en tu vida que te venga a la mente, que haya sido para ti un Aarón y un Hur o un Moisés mientras tú has estado en la batalla. Realmente puedes ver cómo Dios ha usado a esa persona y sus oraciones o su apoyo para mantenerte firme en la batalla.  ¿Alguien por ahí?

Gert: Hace unos años estaba separada de mi esposo. Una noche estaba sola, durmiendo.  A las 3:00 en la madrugada, Dios me despertó.  Me senté en mi cama, lo cual nunca había hecho.  Me pidió que orara por mi esposo.  Después supe que esa noche lo habían asaltado y disparado.

Desde entonces, Dios me dijo que necesitaba estar orando por él.  Y he continuado orando por él, y lo he perdonado por todas las cosas que me ha hecho.  Para mí fue asombroso que Dios me usara de esa manera para interceder en su vida, para ser su guerrera de oración.

Nancy: Y ya sea que tu esposo esté en las calles haciendo cosas que no debería estar haciendo, o sea un creyente maduro,piadoso, haciendo lo que debe estar haciendo, él necesita tus oraciones.  Cuando sientas a Dios instándote de esa manera, no lo ignores.  Toma eso muy en serio para tus hijos, para tu esposo.  Solo Dios sabe cuántas veces el peligro se ha apartado de nuestras vidas –físico o espiritual- solo porque alguien, movido por Dios, ha estado orando.

Tracy: Tengo una querida amiga que hace un par de años me llamó al mediodía.  Me dijo que se acababa de enterar de que su esposo estaba teniendo una aventura.  Esta es una de esas parejas que no esperas que le suceda algo así –una pareja muy piadosa.  Ella me dijo, “Tracy, solo tienes que orar.”

Oré y oré fervientemente y pasé tiempo con ella, y mi esposo pasó tiempo con su esposo.  Oración ferviente y ese matrimonio fue restaurado y sanado solo a través de la gracia de Dios.  Sabiendo y viendo cómo sucedía eso, y tener la bendición de saber que su primera reacción fue llamar a alguien y pedirle que orara.  Me pregunto si yo hubiera podido hacer lo mismo.

Nancy: Uno se pregunta cuántos matrimonios hoy están destrozados o no han sido restaurados, o la vidas de nuestros  hijos, hijos adultos, que están destrozadas y no han sido restaurados, ¿cuántos de esos Dios pudo haber cambiado los eventos de su vida en una dirección diferente, si alguien aquí en la tierra hubiera mantenido la vara levantada, apuntando  hacia el cielo?

Si Moisés no hubiera tomado ese lugar en la cumbre del collado, los amalecitas habrían ganado la batalla.  Dios puede ganar las batallas sin que nadie levante una vara.  Dios es soberano.  Él puede ganar las batallas, pero Él ha escogido operar a través de distintos medios, y uno de esos recursos es la oración de Sus hijos.

Me pregunto cuántas batallas por el alma de nuestros jóvenes hemos perdido y estamos perdiendo.  Recientemente he caído en la cuenta cada vez más, de qué ha estado sucediendo con nuestros jóvenes.  Acabo de oír unas estadísticas que dicen que el 80% de nuestros hijos que están creciendo en iglesias evangélicas y hogares cristianos están abandonando  la iglesia al salir de la preparatoria para no regresar jamás.

Algo está mal con ese cuadro.  Algo está mal con el cuadro de cuántos matrimonios cristianos están terminando en inmoralidad, infidelidad, divorcio.  Bueno, la vida es difícil, el matrimonio es difícil, crecer es difícil.  Es un mundo difícil. Nosotras no le exigimos a Dios.  No le decimos qué hacer.  Pero me pregunto cuánto de eso se debe al hecho de que como mujeres no estamos tomando nuestro lugar en la cumbre del collado con la vara de Dios levantada, y diciendo “Señor, ¿Querrías venir a intervenir en el valle, en la vida de aquellos que amamos?

Entonces Tracy.  Tú participaste activamente… todas tenemos amigas en ese tipo de  situaciónes.  A veces –y esto me molesta  mucho-  me pongo a observar nuestras iglesias, y en las mejores iglesias, hay vidas que están hechas un desastre. Hay matrimonios en serios problemas.  Hay jóvenes en serios problemas.  Casi cedemos a resignarnos a que esa es la manera en que es.  No es que estemos felices por eso, pero creo que a veces tenemos esta sensación de impotencia, como si no hubiera nada que pudiéramos hacer.

No estoy diciendo que podemos tomar el control de la situación.  Tú no puedes controlar la vida de tus hijos.  No puedes controlar las reacciones de tu esposo a la guía del Espíritu de Dios, pero algo que podemos hacer, y es orar.  Creo que algunas veces nuestra oración es más por un sentido de desesperación e impotencia que por librar la batalla y decir, “Dios, estamos clamando a Ti, en el nombre de Jesús para que seas glorificado en esta situación.  Mereces ser honrado en la vida de esta pareja.  Si esta pareja cristiana culmina en divorcio, esto va a ser una blasfemia a Tu Nombre y a la imagen de la redención que tú quieres que sea el matrimonio cristiano.  Señor, ¿Querrías por favor, inclinar sus corazones?”

¿Dónde está el fervor?  ¿Dónde está la fe activa, sincera? Estoy diciendo esto para mí misma.  Al estar estudiando este pasaje y meditar en él, me doy cuenta de que hay una labor crucial. Más crucial que mis enseñanzas de las Escrituras, son aquellas mujeres que están en la cumbre orando con la vara de Dios levantada en sus manos.

Estás esperando que tu esposo escuche alguna emisión de Aviva Nuestros Corazones o algún otro programa y que Dios cambie su corazón.  Puede ser que Dios esté esperando que te coloques en la cumbre de la colina y hagas oración para que Dios cambie su corazón.  Ahí es donde la batalla se gana o se pierde.

Holly: Tracy y Gert, lo que estaban diciendo hace unos minutos, acerca de su amiga, creo que Tracy fue una amiga fiel al levantarla en oración.  Pero por otro lado, si su amiga hubiera sido demasiado orgullosa para ser honesta respecto a lo que estaba sucediendo en su vida, si ella no hubiera hecho esa llamada, ella no habría sido parte de esa ecuación que Dios usó para cambiar el corazón de su marido.

Creo que a veces nuestra tendencia es cubrir las cosas de nuestra vida que no están yendo bien, y no permitir que otras personas sepan dónde estamos paradas.  Por tanto perdemos la oportunidad de ser una parte enorme de lo que Dios quiere poner en su lugar, porque la persona en la cumbre de la colina puede ver las cosas de manera diferente a la que nosotras observamos en el valle.  Su perspectiva es diferente.  Pueden ver cosas cuando oran que tal vez nosotras ni siquiera podemos ver.

Nancy: Holly, a través de los años, tú y yo hemos tenido ese tipo de ministerio en ambas direcciones, la una con la otra. Particularmente en las semanas y meses recientes, ambas hemos atravesado por algunas situaciones, y no estamos hablando de aventuras.  No todo tiene que ver con asuntos de pecado.  A veces son asuntos de la vida y presiones.

A veces tú y a veces yo, el hecho es que nos hemos llamado en varias ocasiones, a distintas horas del día y de la noche, diciendo, “esto es con lo que estoy lidiando, solo quiero que estés enterada. ¿Podrías orar por mí?” Hemos orado en el teléfono.

La otra noche, pasada la medianoche, mientras ibas manejando —para hacer la historia corta. Estábamos orando por teléfono,  solamente orando juntas– yo estaba en la cumbre del collado por ti, en ese momento porque fuiste lo suficientemente abierta para decirme, “Esto es con lo que estoy lidiando”  muchas veces has estado parada en la cumbre del collado por mí.  Necesitamos ser lo suficientemente abiertas, honestas y humildes la una con la otra, para decir,  “Esto es lo que estoy enfrentando.  Con esto es con lo que estoy lidiando.  Esta es la batalla que enfrento. ¿Podrías orar por mí?”

Holly: Mientras estabas enseñando sobre Moisés, me encontré pensando, ¿Qué habría sucedido si él hubiera sido demasiado orgulloso para decir, “Sí, estoy cansado; levanten mis brazos”? ¿Qué habría sucedido si él hubiera dicho, “Puedo hacer esto; estoy bien, no hay problema”? Dios sabía que el único camino por el que iba a llegar la victoria era si había tres personas en ese collado involucradas en ese momento.  Él fue lo suficientemente humilde para permitirles levantar sus brazos.  Debido a eso, hubo victoria.

Nancy: ¿Alguna otra manera en que hayan visto eso ilustrado en su propia vida? ¿Estando de un lado o del otro? ¿Siendo la que está en el collado o la que se encuentra en el valle?

Mujer 1: Solo quería decir respecto a Moisés, que si él hubiera sido demasiado orgulloso, era obvio que estaba fallando.  Creo que el  hecho de que tenía dos personas con él… Es decir, Él  no subió a la colina solo; no esperaba estar solo en eso.

Nancy: Me resulta interesante que las Escrituras no nos dicen si él solicitó su ayuda o si solamente pudieron darse cuenta que este hombre se encontraba en problemas y se aproximaron a ayudarle.  Creo que a veces sucede de una manera y a veces de otra.  A veces no podemos ni siquiera tomar un respiro para decir un “necesito ayuda.”

Pero cuando, como cuerpo de Cristo vemos a alguien a quien le está faltando el aire, cuyas manos están cansadas, que está cayendo en la batalla, necesitamos venir a su lado, sea que lo haya pedido o no, y decir, “¿Puedo levantar tus manos? ¿Puedo orar por ti? La persona en necesidad debe tener la suficiente humildad para decir, “Sí, hazlo por favor.”

Jean: Otra cosa que vino a mi mente durante tu enseñanza y tiene que ver con mi hijo.  Pasó por una adicción… Y ha estado libre de eso por seis años, pero ahora ha caído en otro estilo de vida inmoral, y yo he dejado caer la vara.  No he estado en la colina.  La vergüenza, es difícil incluso hablarle a las personas y hacerles saber, pero necesito pedir ayuda con la oración. (llorando)

Nancy: Creo que a veces es difícil porque ha pasado tanto tiempo y las personas han orado por nosotras.  Nos han apoyado. Y a veces me pregunto, y Jean, creo que tú también —que las personas nos han ayudado por tanto tiempo— si realmente les importa lo suficiente para continuar llevando esto conmigo.  Creo que algo de la vergüenza es tener que regresar una vez más y decirles “todavía estamos pasando por esta situación.”  Pero es interesante que, para Moisés, esta no fue una situación de corta duración.  Fue hasta que el sol se puso que él aceptó la ayuda, y que la ayuda estaba ahí.

Amigas, la vida es un conflicto y a veces solo necesitamos venir al lado de otras que están bajo esa misma carga, con esa vara, en la batalla, cuando esta se prolongue.  En nuestro ministerio, estamos pidiendo a las personas que se mantengan fieles en su matrimonio, aún en esos años difíciles, y en algunos casos, años y más años, pero creo que estaría muy mal que esas mujeres tuvieran que hacerlo solas.

Ellas son las que tienen que llevar esta carga, pero deberían tener personas a su alrededor que estén orando, llevando esa carga con ellas, lo mismo con el hijo o hija que esté con asuntos de largo plazo, o fracasos, o necesidades.  Nadie debería llevar esa carga sola.  Si por ahora no lo necesitas, puedes estar en una posición de dar apoyo a alguien más, pero el día vendrá cuando seas la que lo estés necesitando.

A veces nos tomamos turnos en esa labor.  Jean, tú has estado en una tremenda posición para levantar los brazos de otras personas en sus batallas.  Tú has hecho eso por mí muchas veces.  Mientras te estoy escuchando, pienso que necesito hacer la labor de levantar los brazos de Jean y ayudarle a permanecer firme, cuando se ponga el sol.

Necesitamos estar preparadas para estar ahí la una para la otra a largo plazo.  No es fácil.  Como dije, la intercesión es trabajo.  Es trabajo duro.  Es trabajo largo.  Pero es una labor vital, fructífera.  Dios escucha y contesta las oraciones.

Kathy: Creo que debe haber sido hace doce años que una amiga me dijo, “Estoy sacando a mis hijos de la escuela pública y voy a comenzar a darles escuela en casa, y el mayor está en octavo.” De manera casual dije, “claro, oraré,” y lo hice.  Pero la bendición ha sido para mí y a partir de ahí Dios unió nuestras vidas—y ella sostiene mis brazos fielmente en oración.

Ha sido maravilloso el camino tan similar por el que el Señor nos ha llevado.  Puedo recordar el año en que ambas perdimos a nuestros padres, y el Señor ha sido fiel en tenernos ahí la una para la otra.  Hemos amado y orado por nuestros hijos—la una de la otra a lo largo de los años.  Con frecuencia la he acusado de amar a mis hijos más de lo que yo los amo.

Ella ora constante y profundamente por ellos.  Ha sido todo un privilegio desde que le dije, “seguro, oraré.”  Estoy muy agradecida con el Señor por su disposición de ser ese Moisés y ese Aarón en mi vida, y hemos pasado muchas horas orando, la  una por la otra.

Nancy: Kelly, ¿tienes alguna perspectiva de esto?  ¿Quieres añadir algo?

Kelly: Solo quiero decir que el Señor me ha bendecido más allá de toda medida con Kathy, ella verdaderamente es una guerrera espiritual.  Sé que justamente como ella lo ha dicho, creo que ha amado a mis hijos tanto o más de lo que yo los amo.  Ha sido un privilegio saber que cuando la batalla se pone dura, ella está en ese collado intercediendo por mí y por mi familia.  Estoy agradecida con el Señor por su amistad.

Nancy: ¿Cuántas de ustedes quieren a alguien orando por sus hijos y no tener que pelear la batalla solas?  Tantas temporadas distintas en las vidas de sus hijos… Déjenme decir, a algunas de ustedes, mujeres mayores, que puede ser tiempo de que suban a ese collado por estas mamás jóvenes.  Algunas de ustedes mamás jóvenes que se les está ‘acabando el aire’ en estos momentos, vendrá el tiempo en el que  estén haciendo lo mismo por sus hijos, y por los hijos de sus hijos.

En estaciones de la vida, salimos y entramos de esta labor.  En cierta temporada probablemente seamos un Moisés en la vida de alguien, y probablemente un Aarón y un Hur en la vida de alguien más.  En todo momento somos un Josué, necesitando la oración de alguien en el collado.

En la familia de Dios, en el cuerpo de Cristo, no tendríamos que estar corriendo esta carrera solas, peleando esta guerra solas, criando hijos solas, amando maridos solas, en el trabajo solas.  Ahí es donde el cuerpo necesita ser el cuerpo.

Hay formas prácticas en que podemos servirnos unas a otras.  Hay formas prácticas en que podemos ayudarnos y apoyarnos unas a otras.  A veces las mamás necesitan ayuda práctica con sus hijos pequeños, pero no hay una manera más poderosa, significativa, práctica, de invertir en la vida de otra persona que levantarla en oración.

Espero que tengas una amiga como Kathy y Kelly lo han sido.  Que puedan acompañarse la una a la otra en el largo plazo.  Tú dirás, “no tengo a alguien así en mi vida.”  Entonces comienza a invertir de esa manera en la vida de alguien más, y cuando necesites un Aarón o un Hur que venga a tu lado, Dios traerá a esa persona.

Hay personas que oran por mí que ni siquiera sé que oran por mí.  Tú dirás, “¿Cómo es que sabes, si no lo sabes?”  Bueno, es que me llegan cartas, correos de personas. Conozco a personas en las conferencias que me dicen que oran por mí todos los días.  Gente que nunca he conocido.  Gente de la que nunca he oído.  Pero Dios puso en su corazón el orar.

Y digo, ¿A quién está Dios poniendo en mi corazón?  Alguien a quien no conozco personalmente, pero alguien que quizás está en un ministerio o alguien que veo con un área de necesidad.  ¿A quién está Dios poniendo en mi corazón para que cumpla con la labor que Dios me ha dado en la vida de esa persona?  Si estamos dormidas en el trabajo, ¿quién lo va a hacer?

¿Quién va a orar por tu esposo y su fidelidad moral,  su crecimiento espiritual, su andar con Dios, su estar protegido del enemigo? ¿Quién va a orar por eso, si tú no lo haces? ¿Quién va a llevar mejor esa carga, que tú? Probablemente nadie.  ¿A quién le importan tanto tus hijos para convertirse en un Moisés y un Aarón y un Hur para sus vida, mientras crecen?  Entonces  acerquémonos las unas a las otras para hacer eso. 

¿Alguien más?

Susan: Dios me ha bendecido ricamente con una mujer que ama al Señor y ama a mis hijos tanto como yo.  Hace diez años mi esposo y yo estábamos separados y al punto del divorcio, pero Dios en Su infinita gracia y misericordia cuidó mi corazón y me mostró áreas de pecado en mi vida y me humilló, mostrándome el orgullo que tenía en relación con mi esposo y cómo lo estaba difamando.

Dios quebrantó mi corazón y me regresó a una relación correcta con él, y mi suegra fielmente, a diario se puso en la brecha por ambos, por mí y por mi esposo, y nuestra relación fue restaurada.  En este momento de su vida, mi esposo no está caminando con el Señor, y estoy cansada.  Con tu enseñanza de hoy, Nancy, Dios me ha mostrado que tengo que acercarme a otras hermanas en Cristo para pedirles ayuda.  Alabo a Dios por ti y tu ministerio, y especialmente por mi suegra.  Estoy muy agradecida de que Dios haya permitido que ella me acompañe hoy.

Nancy: Gracias Susan.  Holly, quisiera que te movieras hacia aquí con Jewel.  No hagas que se levante.  Esta es Jewel, la suegra.  Jewel ¿ha habido ocasiones en esa batalla en las que te has sentido tentada a rendirte, o te has cansado en la oración?

Jewel: Sí, hay ocasiones en que he tratado de rendirme, pero tengo este hijo, y amo a Susan como si fuera mi hija.  Así ha sido siempre.  Pero sigo adelante.  Ambas estamos orando por mi hijo.

Nancy: ¿Qué te mantiene perseverando?

Jewel: Simplemente no puedo rendirme.  Él es mi hijo.  Lo amo, y amo al Señor, y amo a mis nietos más que a nada en el mundo.  Simplemente no puedo darme por vencida.  Creo que ninguna de nosotras puede darse por vencida con sus hijos.

Nancy: Gracias a Dios por las mamás y las abuelas y las suegras que han dicho, “no vamos a rendirnos.”  Que se dan cuenta de que esta es una guerra espiritual.  Tú no peleas las batallas espirituales con crítica, con negatividad, con coraje, con resentimiento, con amargura.  Peleas con las “armas de nuestra milicia que son poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas; destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo” (2 Cor 10:4-6 LBLA) Esa es la guerra espiritual.  Haces eso en la oración.

Susan: Yo soy una de esas… tú hablabas de una determinación persistente de hacerlo todo por mi cuenta.  Soy la mayor en mi familia, así es que se supone que soy la más fuerte.  Tengo una hermana menor. Ella me dijo el otro día cuando mi mamá murió, hace once meses, “Susan, parecía que nunca te importó porque nunca me pareció que estabas sufriendo.”

Dije: “Bueno, yo sentía que se suponía que tenía que ser fuerte, por mi papá porque le dije a mi mamá que cuidaría de mi papá y de mi hermana.” (voz quebrantada) Así que soy muy necia y quien se supone que cuide de todos los demás.

Tres o cuatro días antes de que mi hija se casara, mi papá ingresó al hospital.  Me quedé con él todo el día y estaba clamando al Señor porque había tantas cosas que necesitaban hacerse para la boda.  Ese jueves, cuando tuvo su derrame, había tantas amigas –viejas amigas de mi pasado que amaban a mi papá.  Él fue un hombre piadoso.  Todas vinieron.

Ellas entraban y salían todo el día, y una de ellas vino por segunda vez y dijo, “Susan, sé que tienes cosas qué hacer.  Todas amamos a tu papá, y a él le gustaría que fueras a ayudar a tu hija.”

Luego dijo, “voy a organizar personas para que oren, organizaré gente para que venga a quedarse con él.”  Mi esposo se ofreció a quedarse esa noche hasta la medianoche, y luego ella organizó a las personas que estuvieron viniendo todo el día siguiente.  Eso me mostró que no tengo que ser tan terca de no aceptar la ayuda de la gente en oración y en cosas prácticas.

Al día siguiente Colleen y su esposo estaban arreglando la iglesia.  Ellos habían estado ahí creo que desde las 6:00 o 7:00 de la mañana, y nos entró la llamada de código azul para mi papá el Viernes.  Ellos me dijeron que me fuera y que Brian se ocuparía de lo que faltaba.  Tuve a muchas personas que se ocuparon de tantas cosas por mí, y estoy tan agradecida.  Creo que no me había dado cuenta de cuánta gente estaba ahí, y estaría ahí.

Cuando él murió la noche del viernes, muchos de estos viejos amigos que nos han amado por tanto tiempo estuvieron en el hospital conmigo y con mi hermana y tuve que tomar una decisión, y creo que fue la decisión más difícil, el pedirles que no lo revivieran.  Ahí estaban todos orando por nosotros y levantándonos durante ese tiempo.

Luego a la mañana siguiente para la boda, de alguna manera fue un alivio porque sabía que no tendría que preocuparme respecto a una llamada durante la boda o cualquier otra cosa.  Todo el día fue como si muchas personas estuvieran orando porque había tal paz y consuelo que solo fue posible por esas oraciones.

Carmen: Este ha sido un recordatorio poderoso de que nos necesitamos las unas a las otras.  Algunas de nuestras escuchas han estado compartiendo de sus experiencias como resultado de haber escuchado esta serie de Nancy DeMoss de Wolgemuth.  Esta primera parte se titula “Lecciones de la vida de Josué: Aprendiendo a ser victoriosa.”  Esta serie nos muestra que los relatos bíblicos sobre Moisés y Josué son más que historias hermosas; estudiar la Biblia puede sostenerte en un cuarto de hospital o en cualquiera que sea tu campo de batalla.

¿Alguna vez has soñado con el maravilloso ministerio que podrías llevar a cabo si otros te dieran una mayor responsabilidad? Mañana aprenderás cómo servir fielmente si estás llena de ideas y las personas en autoridad parecen no escucharte. Josué fue un seguidor y aprendiz antes de ser un líder. Continuaremos estudiando su ejemplo en nuestro próximo programa.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

 

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.