Podcast Aviva Nuestros Corazones

El Señor nuestro estandarte

Carmen Espaillat: Josué fue llamado por Dios para actuar. Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Tienes que pelear la batalla. Tienes que hacer morir las obras de la carne. Tienes que ocuparte en tu salvación. Debes borrar el recuerdo de Amalec. Eres responsable en esta batalla. No puedes simplemente decir: «Bueno, yo solo voy a sentarme aquí a esperar que Dios venza a todos estos enemigos en mi vida.» Tienes que luchar.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Esta semana hemos empezado a mirar la vida de un hombre común que fue utilizado por Dios. Hemos estado viendo cómo comenzó su liderazgo en medio del pueblo de Israel; su necesidad de Dios era grande y su obediencia lo llevó a la acción. Nancy continúa en la serie «Lecciones de la vida de Josué: Aprendiendo a ser victoriosa.» Esta es la primera parte de varias series conectadas acerca de la vida de Josué.

Nancy: Piensa en algún momento en el que hayas visto a un equipo deportivo vencer a un oponente muy fuerte para ganar un campeonato nacional. ¿Qué pasa? ¿O qué sucede cuando un ejército gana una victoria decisiva sobre el enemigo? ¿Qué ocurre a continuación?

¡Celebramos! Celebramos la  victoria en una fiesta. Tú has visto fotos de una fiesta de  victoria, ya sea después de la victoria en el Super Bowl o una victoria militar. Vuelvo a pensar en las imágenes que hemos visto del día de la Victoria en Europa en 1945 (fin de la guerra mundial) de la ciudad de Nueva York y la multitud de personas en las calles celebrando.

Honramos a nuestros héroes. Tenemos discursos, tenemos desfiles, tenemos artículos en los periódicos, tenemos entrevistas. Las medallas se entregan —los anillos del Super Bowl-— sobre todo si el ganador es quien se esperaba que perdiera, como fue el caso en la batalla que hemos estado estudiando en Éxodo capítulo 17, donde los israelitas estaban luchando contra los amalecitas. Los israelitas eran los que llevaban las de perder, pero Dios les dio una gran victoria a través de Su poder.

Leemos acerca de eso en Éxodo capítulo 17, versículo 13. «Fue así como Josué derrotó al ejército amalecita a filo de espada.»

Dijimos en la última sesión que esa palabra derrotó significa que él ¡los aniquiló! Esta fue una victoria decisiva. Entonces, ¿qué pasa después de la batalla?

Es interesante, a medida que entramos en este pasaje, que no vemos una bienvenida de héroe para Josué. ¡No hay aplausos de victoria! Está claro que Josué condujo este ejército. Hubo una gran victoria. Pero no ves el tipo de celebración que hubieras esperado, en honor a los héroes.

Como puedes ver, Josué sabía que no podía llevarse el crédito por esta victoria. Vimos anteriormente en esta serie que Josué no fue probado, no fue confirmado, nunca antes había sido líder de una batalla. Esta es la primera vez que vemos el nombre de Josué en las Escrituras.

Moisés era el líder. Pero Moisés le dijo a Josué: «Ve abajo y pelea esa batalla.»

Josué no estaba equipado ni preparado ni listo para esta batalla. No era más que un aprendiz. No estaba más que en entrenamiento. Y en la euforia de esta victoria masiva, él sabía que era dependiente de un poder mucho más grande que el suyo. Él no era más que un instrumento que Dios había usado.

Él no era el vencedor. Él no era el héroe de la historia. Y no estaba en condiciones de buscar o recibir crédito por lo que Dios había hecho. Por eso mismo, tampoco Moisés buscaba o recibía crédito por lo que Dios había hecho.

Tú no ves en este relato, ni a Moisés ni a Josué haciendo una gran cosa de su papel en esta batalla —lo duro que habían trabajado, lo cansados que estaban, lo mucho que Dios los utilizaba. Estos hombres se presentan como modelos de servicio humilde y centrado en Dios y el liderazgo.

Esta no era la historia de Moisés. Esta no era la historia de Josué. Esta no fue su victoria. Esta fue la historia de Dios. Esta fue la victoria de Dios. Y a medida que he meditado sobre este pasaje, he pensado, ¿Cuántas veces he buscado o aceptado la alabanza o la felicitación por victorias ganadas, alabanzas que ciertamente le pertenecían al Señor?

Estoy en una posición en el ministerio en la que la gente a menudo me da las gracias por el ministerio. Ellos dicen: «Este libro que usted escribió. .,» O «Esta vez que habló. . .,» O «Este programa en particular en Aviva Nuestros Corazones. . . tocó mi corazón. Dios lo usó para cambiar mi vida.»

Por lo general digo, «es Dios; estoy muy agradecida por la manera en que Dios ha usado el ministerio en tu vida.» Pero Dios sabe las muchas veces que en mi propio corazón me he robado la gloria y he disfrutado demasiado el tomar algo de crédito para mí misma, cuando sé que si me detuviera y pensara en ello, no podría ser explicado en términos de lo que hice. Esta fue la victoria de Dios. Esta es la historia de Dios. Yo sólo soy un instrumento. Sólo soy una participante de lo que Dios está haciendo.

Así que llegamos al final de este recuento. Hemos pasado los últimos días en esta historia de Éxodo capítulo 17, y quiero ver cómo celebraron esta victoria sobre los amalecitas. Lo hicieron mediante la creación de dos recordatorios o memoriales.

Ahora, a través de la vida de Josué, la cual vamos a estar estudiando por algún tiempo aquí, vamos a ver la importancia de los memoriales. Los memoriales son recordatorios visibles, tangibles, de los actos de Dios.

He ido por los libros del Antiguo Testamento —Éxodo, Números, Deuteronomio, y el libro de Josué, y he marcado esos memoriales en mi Biblia con una «M» mayúscula con un cuadrado alrededor (sólo en el margen de mi Biblia ), para así poder pasar y poder verlos.

Y este es el primero de esos memoriales. En este punto, al final de esta victoria, Moisés hizo dos memoriales —recordatorios de lo que Dios había hecho aquel día. Vemos el primero de ellos en el versículo 14.

«Entonces dijo el Señor a Moisés: Escribe esto en un libro para que sirva de memorial, y haz saber a Josué que yo borraré por completo la memoria de Amalec de debajo del cielo.»

Bajo la instrucción de Dios, Moisés registró el incidente, toda esta batalla que había tenido lugar. Él lo registró en un libro. Y leyó el recuento a Josué, junto con la promesa de Dios de exterminar a todos los amalecitas.

Estas son cosas que Josué necesitaría recordar, cosas que necesitaría saber años más tarde cuando peleara otras batallas. Y he pensado en cómo Dios ha usado el escribir en mi diario para ser un memorial en mi propia vida.

Ahora, lo he hecho de vez en cuando y a través de los años. No hay nada en la Biblia que diga que hay que llevar un diario o de cómo debería ser. Pero he encontrado que hay una maravillosa ventaja al utilizar un diario como un memorial, un recordatorio de los hechos de Dios, Sus actos, Sus victorias, Sus palabras —lo que Dios ha hecho en mi vida, en nuestro ministerio, en mi familia, y en la vida de los que me rodean.

Un diario se convierte en un registro de la fidelidad de Dios. Y tiene valor a largo plazo. Nos ayuda a recordar durante el camino. Tal vez cuando estamos desanimadas o no estamos viendo la mano de Dios en nuestras vidas, podemos volver atrás y mirar esos recuerdos grabados en ese diario, y podemos recordar la fidelidad de Dios, recordar lo que Dios hizo.

He sido animada muchas veces al ir hacia atrás y leer las memorias que he escrito años antes. Se convierten en un estímulo al enfrentar futuras batallas. No sé por qué es que cualquiera que sea la batalla en que estemos en este momento, siempre parece tan inminente, tan abrumadora, tan difícil, tan retadora.

Me encuentro a mi misma en mi propia vida y en nuestro ministerio enfrentándome contra el enemigo, por decirlo así, una y otra vez, y

me aterrorizo! Y digo: «No sé cómo podré hacer esto. El enemigo es tan grande. Este pecado es tan difícil para yo hacerle frente», o «esta situación es tan difícil.»

Abro mis recordatorios, mis diarios del pasado, y leo acerca de los encuentros anteriores con el enemigo, batallas del pasado que parecían tan abrumadoras, tan difíciles.  Y veo cómo Dios vino a través de ellas, y se anima mi corazón, y mi fe se renueva. Y digo: «Dios ha sido fiel en el pasado. Dios será fiel conmigo también ahora.»

Me recuerda que no hay enemigo que Dios no pueda superar. Me recuerda que no es en mi propia fuerza que lucho esta batalla, que Dios es el que me sostiene. Dios es el que va a ganar la victoria, y yo dependo de Él.

Esos recordatorios no sólo se convierten en un memorial para nosotras, sino que son recuerdos para la próxima generación, para tus hijos. Fue cuarenta años más tarde que Josué se convirtió en el líder del pueblo de Dios. Él tenía estos incidentes , estos recuerdos escritos en un libro, para recordarle una generación después —cuando entraron a Canaán cuarenta años más tarde a luchar esas batallas—  la primera batalla que había luchado.

Los guerreros del pueblo de Israel cuando Josué entrara en Canaán cuarenta años más tarde —eran entonces niños o jóvenes o no habían nacido aún, el día en que Josué luchó esta batalla. Por lo que este escrito se convertiría en un recordatorio  para ellos años más tarde.

Tus diarios pueden convertirse en recordatorios para tus hijos, tus nietos, para explicarles lo que Dios ha hecho. Tus hijos necesitan saber las historias de cómo Dios ha tratado contigo, lo que ha hecho en tu vida, y esas historias los sostendrán, los capacitarán, los retarán, los animarán en sus batallas en la próxima generación.

Así que el primer recordatorio es un libro. Y entonces vemos el segundo  recordatorio en el versículo 15: «Y edificó Moisés un altar, y le puso por nombre El Señor es mi Estandarte,». Algunas de sus traducciones dan la frase hebrea aquí, Jehová-Nissi, que significa «el Señor es mi Bandera.»

Así que Moisés no sólo escribió este incidente en un libro, sino que también construyó un altar. Un altar con el propósito de adorar, un altar con el propósito de proclamar que nosotros no ganamos esta batalla. Jehová ganó esta batalla. Las tropas de Israel lucharon bajo Su bandera, bajo Su liderazgo. Y llamó a aquel altar Jehová-Nissi, el Señor es mi estandarte.

La palabra bandera (banner) es una palabra que puede significar «bandera o estandarte.» Un diccionario de la Biblia lo explica de esta manera:

«La bandera de una fuerza militar es importante y apreciada por sus soldados. Identifica la compañía que representa. Siempre se levanta en alto para que todos la vean. Marca el lugar de reunión de los soldados que están representados por ella. Va delante de ellos en su marcha hacia la batalla. Se levanta rápidamente de nuevo cuando el soldado que la lleva cae en la batalla. Va delante de ellos en su desfile cuando regresan victoriosos.»(1)

Les recuerda de quienes son, por quién están luchando, a quién están conectados. Va a la batalla con ellos, se queda con ellos en la batalla, y sale de la batalla y es levantado en alto cuando van en su desfile de victoria.

Jehová-nisi: El Señor es nuestro estandarte. El levantamiento de la vara de Dios en las manos de Moisés simbolizaba la presencia de Dios, el poder de Dios. Esta fue la bandera bajo la cual Josué y las tropas de Israel lucharon y ganaron esta batalla. Así que hay que tener cuidado de dar gloria y alabanza a Dios. Es por eso que construyeron este altar y lo llamaron Jehová-Nissi.

Cristo es nuestro estandarte . Él es nuestro Jehová-Nissi. Él es el punto de encuentro de su pueblo. Es bajo su bandera que nos unimos, y es en su nombre y por su poder que hacemos la guerra espiritual. Es bajo Su nombre y por Su poder que somos victoriosas sobre el pecado y todo enemigo espiritual.

Versículos 14y 15

«Entonces el SEÑOR dijo a Moisés:

—Escribe esto en un libro como recordatorio, y di claramente a Josué que yo borraré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo. Moisés edificó un altar y llamó su nombre “el SEÑOR es mi bandera”.  Jehova Nissi, Y dijo:

—Por cuanto alzó la mano contra el trono del SEÑOR, el SEÑOR tendrá guerra contra Amalec de generación en generación.»

Hay mucho material en estos dos últimos versículos. Y en realidad, varían dependiendo de la traducción. Los estudiosos y comentaristas están de acuerdo en que este es un pasaje difícil de traducir con precisión para saber exactamente lo que el hebreo dice aquí. Pero creo que hay algunas cosas que son claras.

«El SEÑOR tendrá guerra contra Amalec de generación en generación.» Hemos dicho a lo largo de esta serie que en la Escritura, Amalec es un tipo de todo tipo de  fuerza del mal que se levanta contra Dios. Se nos recuerda que estamos en una batalla permanente contra los enemigos de Dios.

Esos enemigos son enemigos muy personales: satanás, nuestra propia carne, el pecado que mora en nosotras. ¿Con qué frecuencia nos damos cuenta, «estoy en una batalla, y está librándose en mi interior. Nadie más puede ver esa batalla, pero sé que es intensa, la batalla entre mi carne y el Espíritu de Dios. Y sé lo que Dios quiere que haga, pero la carne está en guerra contra el Espíritu.»

Ese es el Amalec que habita en nosotras. Está Satanás, que es un león rugiente buscando a quien devorar, siempre tratando de deshacer y destruir las tropas y las fuerzas de Dios. Ahí está el sistema  de este mundo que se establece en contra de Dios. Satanás usa muchos gobernantes y las potencias mundiales, los poderes de la maldad y  oscuridad en las altas esferas.

Satanás está siempre trabajando a través de este sistema mundial, tratando de destruir a Dios. Y Dios dice: «Voy a estar en guerra contra Amalec (contra todas las fuerzas del mal) de generación en generación.» (Ex. 17:16 parafraseado).

Ahora, a veces se siente como si fuera una guerra perdida. Sentimos que las fuerzas de Dios están siendo arruinadas, vencidas, destruidas. Podemos mirar alrededor, en nuestra cultura y parece que la ola de la marea del mal es tan grande. Podemos mirar a nuestro alrededor en nuestra realidad nacional, y podemos ver el mal triunfante —en las elecciones, en las personas que se están poniendo a cargo de las diferentes áreas de nuestra cultura y sociedad. Decimos: «Parece que las naciones malvadas, los malos gobernantes están ganando. A veces como pueblo de Dios podemos estar tentados a la desesperación, a desanimarnos.»

Pero este pasaje nos recuerda que Dios está todavía en la batalla, que Él sigue siendo nuestra bandera, y Él ha prometido que borrará la memoria de Amalec de debajo del cielo, que estamos en el lado ganador.

Hay veces en esta batalla contra Amalec que parece que Amalec está prevaleciendo. Recuerda que cada vez que las manos de Moisés se caían, Amalec prevalecía. Amalec es fuerte. Amalec es poderoso. Pero Amalec no es rival para Jehová.

Si eres una hija de Dios luchando con Él. . . ahora, no estamos hablando de la lucha con armas físicas. No estamos hablando de la lucha con odio o con ira o marchando en las calles. Estamos hablando de una batalla espiritual y de armas espirituales y de guerra espiritual, pero puedes saber que estás en el lado ganador.

Dios ha dicho, «yo. . . borraré la memoria de Amalec»(v. 14). Este es un recordatorio de que no podemos darnos el lujo de tener una tregua con nuestros enemigos espirituales. Dios quiere que ellos sean exterminados. Tenemos que estar de acuerdo con Dios en no dar cabida a nuestra carne, no dar cabida al enemigo, a satanás, no dar cabida al pensamiento mundano en nuestras mentes y en nuestros corazones.

No podemos controlar lo que hace el resto del mundo, pero podemos decir: «Dios, Tú eres victorioso en mi corazón, y yo no voy a darle una tregua al enemigo. No estoy dispuesta a coexistir con Amalec en mi vida. Veo a Amalec entrando y luchando en mi corazón. Yo veo problemas de pecado, pecados recurrentes, pecados que me asedian y con los que batallo en mi propia vida, pero no voy a dejar de luchar.» Porque Dios dice: «Quiero exterminarlo.»

Se acerca el día en que estaré delante de Cristo, pura, libre de la presencia del pecado, libre de la batalla con el pecado. Hasta entonces no voy a desmayar ni a decir: «Está bien. Simplemente dejaré que un poco de Amalec se quede aquí en mi corazón.» Voy a seguir luchando.

Hay días en que pierdo, y hay días en que Amalec prevalece. Pero voy a seguir peleando la batalla, porque Dios dice, «voy a tener guerra contra Amalec de generación en generación. No dejes de luchar, porque yo lo voy a exterminar» (parafraseado).

Así que tengo que hacer frente a estos enemigos de ego, orgullo, lujuria, codicia. Y si no estamos decididas a exterminarlos, van a seguir viniendo a nosotras a infectarnos. Pero mientras luchamos en su contra, tenemos que recordar que al final todos los enemigos de Dios serán eliminados, borrados.

Al pensar en todo este asunto de la guerra espiritual, tratar con el pecado, con la carne, con satanás, con este sistema mundial en el que hay tanta maldad, y permíteme decir, por cierto, los líderes mundiales del mal son sólo marionetas, peones en las manos de satanás, quien está logrando sus propósitos en este mundo a través de ellos. Esta no es una batalla de carne y sangre.

En tu matrimonio, si hay una batalla ocurriendo, tu marido no es el enemigo. Él puede estar cediendo terreno a Satanás o tú puedes estar cediendo terreno a Satanás, pero la batalla está en los lugares celestiales. Es una batalla espiritual. En esa batalla, tenemos responsabilidad y Dios tiene responsabilidad. Ese punto se ve en este pasaje en Éxodo 17, sobre todo cuando lo ponemos paralelo a otro pasaje en el libro de Deuteronomio.

En este pasaje de Éxodo 17, Dios dice: «borraré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo.» (v. 14).

Pero cuando vamos a Deuteronomio capítulo 25, donde esta historia está siendo contada por Moisés años más tarde, Moisés lo dice de esta manera. Moisés dice: «borrarás de debajo del cielo la memoria de Amalec. ¡No lo olvides! » (v. 19).

En Éxodo, Dios dice: «borraré del todo la memoria de Amalec»

En Deuteronomio, Dios dice: «borrarás para siempre el recuerdo de los descendientes de Amalec.»

¿Cuál de los dos es? Son ambos. Son los dos. Estamos para pelear, y Dios está combatiendo. Tenemos a Josué en el valle. Tenemos a Moisés en el monte. Esa es una imagen de la responsabilidad humana y la soberanía divina. Ambas cosas están involucradas en la ejecución de la voluntad y los propósitos de Dios.

Tenemos que luchar. Se nos dice, «Pelea la buena batalla de la fe» (1. Tim 6:12). Y somos responsables por nuestra parte en esta batalla.

El apóstol dice: «si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.» (Rom. 8:13). Mortifica, mata las obras de la carne. Tú tienes una responsabilidad.  «Ocúpense en su salvación con temor y temblor;» dijo Pablo a los Filipenses (2:12).

Tienes que pelear la batalla. Tienes que hacer morir las obras de la carne. Tienes que trabajar en tu salvación. Tienes que borrar la memoria de Amalec. Tú eres responsable en esta batalla. No puedes solo decir: «Oh, yo sólo voy a sentarme aquí a esperar que Dios venza a todos estos enemigos en mi vida.» Tienes que luchar.

No me gusta ser una guerrera. No me gusta ser un soldado. Me gusta dejar que otras personas luchen en las batallas. Pero Dios dice que si eres una hija de Dios, estás en una batalla. Tienes que ponerte toda la armadura de Dios, y tienes que luchar. Pero no luchamos solas, y no luchamos en nuestras propias fuerzas. Dios pelea por nosotras. Dios dice: «borraré del todo la memoria de Amalec»

«porque Dios es el que produce en ustedes tanto el querer como el hacer para cumplir su buena voluntad.» (Filipenses 2:13). Ese es el mismo pasaje que justo dice en Filipenses 2, «Ocúpense en su salvación con temor y temblor;» Él continúa diciendo: «Es Dios quien obra en vosotros» (parafraseado). La responsabilidad humana y la responsabilidad divina.

La batalla es del Señor. «la victoria es del Señor.» nos dice Proverbios 21:31). La victoria final viene de Jehová-nissi. El Señor es nuestro estandarte. Así que tratamos con el enemigo a través del poder de Cristo y el poder de su cruz.

Su cruz es nuestra bandera, y nosotras tenemos que levantar en alto la bandera de la cruz y proclamarla a todo el mundo, no avergonzarnos de Su cruz, no avergonzarnos de Su bandera, sino levantar en alto la cruz de Cristo.

Creo que a veces nos da vergüenza hacer eso en esta cultura que enfatiza el multiculturalismo, el pluralismo- que todas las religiones son igualmente válidas, excepto si se trata de la religión cristiana, a la que a menudo se le dice: «Tú no tienes los mismos derechos; todo el resto del mundo sí.»

Escuchen mujeres, vamos a levantar en alto la cruz de Cristo en este mundo oscuro y digamos Jehová-Nissi, Cristo es nuestra bandera. Su cruz es nuestro estandarte.

Me encanta ese antiguo himno que dice:

Alzad la cruz de Cristo el Salvador
Y proclamad Su Nombre en derredor
Venid unidos el pendón llevad
El Hijo de Dios es nuestro Capitán

Alzad la cruz de Cristo el Salvador
Y proclamad Su Nombre en derredor
Todo creyente en el Redentor
Ostenta en la frente el sello del perdón

Alzad la cruz de Cristo el Salvador
Y proclamad Su Nombre en derredor
Es el madero símbolo de paz
Amor, fe, justicia y libertad

Alzad la cruz de Cristo el Salvador
Y proclamad Su Nombre en derredor
Por Jesucristo con fervor luchad
Y Él la victoria os concederá.

¿Como termina todo esto? ¿Cuál será el resultado final? Isaías 11 se refiere a ese estandarte otra vez dice: " En aquel día se alzará la raíz de Isaí. . . "(V. 10). ¿Quién es? Ese es Jesús, el Mesías. Jesús se levantará como una bandera para los pueblos. Las naciones se unirán a él. Y Su lugar de descanso será glorioso.

Estamos en una batalla. Jesús es nuestra estandarte. Levanta alta la cruz de Cristo, pero sabe que vendrá el día en que la gloria del Señor cubrirá la tierra como las aguas cubren el mar.

Toda rodilla se doblará, y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor. Él se levantará como una bandera. Todas las naciones se unirán a Él, y su lugar de descanso será glorioso.

Carmen: Tienes la responsabilidad de actuar respecto a cualquier tema— difícil o no, que se cruza en tu día; pero es Dios quien hace el trabajo. Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado mostrando el equilibrio entre las acciones que tomamos en fe y la capacidad de Dios para actuar por nosotros en última instancia.

Para vivir de esta manera tienes que estar conectada al Señor todos los días; tener Sus prioridades en mente; recordarte a ti misma Su verdad. Y para esto necesitas pasar tiempo en Su Palabra cada día.

Para ayudarte a desarrollar un hábito de lectura de la Biblia y oración diarios, Nancy ha escrito un libro titulado “En la quietud de Su presencia”. Nos gustaría enviarte una copia de este libro como agradecimiento por tu donación de cualquier monto. Puedes hacer tu donación a través de nuestra página web AvivaNuestrosCorazones.com

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La fe de Josué fue puesta a prueba cuando él se encontraba en un campo de batalla con otros guerreros. La mayoría de nosotras enfrentamos batallas en escenarios muy diferentes, pero aun así tenemos que permanecer firmes mientras las enfrentamos. Escucha cómo las mujeres nos podemos apoyar unas a otras en nuestras luchas—en medio de diversos tipos de problemas, el lunes aquí en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.
1 Daniel E. Parks, "Cristo como Jehová-Nissi."
2 George William Cocina y Michael Robert Newbolt ", Ascensor Alto de la Cruz, el Amor de Cristo Proclamar" (modificado 1916).
 

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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