Podcast Aviva Nuestros Corazones

La obra poderosa de la intercesión

Carmen Espaillat: Nancy DeMoss de Wolgemuth dice que la oración tiene un efecto enorme en tu vida.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Creo que una de las razones por la que estamos viendo tantas batallas espirituales perdidas en nuestros matrimonios y en las almas y corazones de nuestros hijos es porque no estamos llevando a cabo la obra de intercesión.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Moisés y Josué son héroes bíblicos verdaderos. ¿Quiere esto decir que podían hacer todo por sí mismos? No. Hemos visto todo lo contrario en nuestra serie actual, "Lecciones de la vida de Josué: Aprendiendo a ser victoriosa." Estos héroes necesitaban primero a Dios, y también necesitaban de otras personas. Nancy está aquí para continuar con esta enseñanza.

Nancy: Hemos estado, por varios días en nuestra serie sobre Josué, mirando un pasaje, Éxodo capítulo 17, que Dios ha estado utilizando para impactar mi vida de una manera significativa. Este relato ha afectado mi perspectiva sobre diversas circunstancias y situaciones en mi propia vida.

Para aquellas de ustedes que no han estado con nosotras en las últimas  sesiones, permítanme leer el relato. Mientras lo hago, quiero que escojas los nombres de los personajes claves en esta historia.  Y después, quiero que hablemos sobre el papel que cada uno tenía. Hay tres personajes o grupos de personajes, y cada uno de ellos tenía un papel vital. Cada uno de ellos era necesario.

En varias ocasiones nos podemos encontrar en uno u otro de estos diferentes roles. A ver si puedes detectarlos mientras leo, comenzando en Éxodo 17: 8.

Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim. Y Moisés dijo a Josué: "Escogenos hombres, y sal a pelear contra Amalec. Mañana yo estaré sobre la cumbre del collado con la vara de Dios en mi mano." Y Josué hizo como Moisés le dijo, y peleó contra Amalec; y Moisés, Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado.

Y sucedió que mientras Moisés tenía en alto su mano, Israel prevalecía, y cuando dejaba caer la mano, prevalecía Amalec. Pero las manos de Moisés se cansaban. Entonces tomaron una piedra y la pusieron debajo de él, y se sentó en ella; y Aarón y Hur sostenían las manos, uno de un lado, y otro del otro. Así que estuvieron sus manos firmes hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada (Ex. 17: 8-13).

¿Identificaste los tres personajes o grupos de personajes, los tres personajes claves en este relato?

En primer lugar, tenemos a Josué y las tropas de Israel. ¿Qué están haciendo? Están en el valle peleando la batalla física, luchando contra el enemigo, los Amalecitas. Vimos anteriormente que los Amalecitas son una imagen de todos los enemigos de Dios con los que luchamos en nuestras batallas espirituales.

Así que tenemos a Josué y las tropas. Vemos que ellos dependen del Señor, y de Moisés, que está de pie en la colina intercediendo a su favor. Mientras Josué estaba peleando en la batalla, él estaba siendo preparado para el trabajo de su vida, ser el líder militar de Israel.

No hemos llegado al libro de Josué todavía, y no lo haremos por algún tiempo en nuestro estudio de Josué. Faltan cuarenta años todavía, antes de que Josué asuma el papel de comandante en jefe de las tropas de Israel, pero está siendo preparado mientras pelea esta primera batalla.

Me recuerda que mientras estamos en la batalla, tenemos que reconocer nuestra dependencia del Señor, reconocer que no podemos hacer esto sin Él. No podemos pelear con nuestras propias fuerzas. Como dice el  antiguo himno:

Nuestro valor es nada aqui ,

con Él todo es perdido.

Mas por nosotros pugnara de Dios el Escogido.

¿Sabeis quien es? Jesús,

el que murio en la cruz, Señor de Sabaoth,

y pues Él solo es Dios.

Él triunfa en la batalla.

"Castillo Fuerte es Nuestro Dios." Martín Lutero

Por lo tanto, mientras tomamos el lugar de Josué, estamos en el valle de este mundo peleando las batallas; nos damos cuenta que no luchamos por nuestra cuenta.

Encuentro que esto aplica en muchas maneras prácticas en mi propia vida. Cuando estoy enseñando en un día como éste, mientras estamos grabando para Aviva Nuestros Corazones, estoy muy agradecida por aquellos que están orando. Estoy consciente de mi dependencia del Señor en esta batalla. Estoy consciente de que no puedo hacer esto con mis propias fuerzas.

Con frecuencia hago entrevistas de radio con otras estaciones o programas. Muchas veces son por teléfono, y puedo hacerlas desde mi casa o en mi estudio. Hace unos años empecé la práctica de hacer esas entrevistas, siempre que fuera posible, sobre mis rodillas.

Nadie sabe eso mientras está escuchando la entrevista. La persona que me está entrevistando en el otro extremo no lo sabe. Pero esto es algo que empecé cuando todavía no había hecho muchas entrevistas y estaba realmente desesperada por la ayuda del Señor. Yo sabía que Lo necesitaba. Así que me arrodillaba y con el teléfono en mano hacía la entrevista.

Se convirtió en una práctica, una manera, para mí, de reconocer mi necesidad del Señor. Me encontré hace poco haciendo una serie de entrevistas sobre un libro nuevo que había sido lanzado y pensaba que Yo podía hacer esta entrevista sentada. Bueno, yo podía, y no hay nada de malo en hacer una entrevista sentada.

Pero me vino a la mente que yo necesitaba ese símbolo, ese recordatorio visible y consciente de mi dependencia del Señor. A veces son entrevistas largas, y no estoy sobre mis rodillas todo el tiempo. Pero al menos comienzo allí, y digo: "Señor, te necesito."  Eso me recuerda que la batalla es del Señor.

A veces les pediré a otras personas que oren. Le diré a mi secretaria en la oficina "¿Puedes enviar un mensaje SOS? Tenemos esto pasando en el ministerio. Necesitamos personas orando. ¿Puedes buscar apoyo en oración?" Aquellas de nosotras que estamos el en valle luchando la batalla, así como estás en tu lugar de trabajo, en tu iglesia, en tu casa, en tu matrimonio, luchando por las almas de tus hijos, recuerda que necesitas al Señor. Recuerda que necesitas a otras personas orando por ti.

Reconoce tu necesidad de la oración de otras personas por ti mientras estás en esta batalla. No hay nada malo en tomar el teléfono y llamar a una amiga y decirle: "Estoy en una batalla hoy." Puede ser con una adicción o un pecado dominante - un pecado habitual con el que estás luchando. O estás agotada y sientes que no aguantas más a tus hijos. Y sabes que si Dios no interviene y te da gracia, vas a ser una madre con quien es desagradable vivir.

Entonces, levanta el teléfono. Llama a tu esposo. Llama a una amiga y di: "¿Puedes orar por mí? No puedo pelear esta batalla por mi cuenta." Esposas, mientras están en la batalla espiritual durante el día, necesitan las oraciones de su esposo. Necesitamos las oraciones de nuestros líderes espirituales. Y para las solteras, con frecuencia, cuando era una mujer soltera, llamaba a uno de los líderes espirituales que Dios había puesto en mi vida y le decía: "¿Podrías orar por mí por favor?" Necesito esa cobertura. Necesito esa protección.

Si estamos tomando el lugar de Josué en la batalla, tenemos que estar conscientes de nuestra necesidad de que otras personas nos apoyen y sostengan, porque no podemos ganar la batalla  nosotras solas.

Entonces tenemos a Josué, que está luchando la batalla física en el valle. Luego tenemos a Moisés, que está arriba en la colina mirando hacia abajo a la batalla, y él está luchando una batalla menos visible pero igualmente  real. Él está luchando la batalla espiritual a favor de aquellos que están en el valle.

Reconozco , mientras he estado meditando sobre este pasaje en las últimas semanas, que la batalla se gana o se pierde en la colina. La victoria sobre las fuerzas del mal, en el valle, requiere y depende del ministerio de intercesión, alguien sosteniendo la vara de Dios en el cielo, y pidiendo a Dios que intervenga a nuestro favor.

Esa palabra intercesión proviene de una palabra que significa "intervenir." Intercesión es suplicar a Dios en nombre, a favor de otra persona. Es invocar la intervención de Dios.

Mientras me he estado preparando y estudiando este pasaje para esta serie, he recibido mensajes de correo electrónico de diferentes personas que tienen diversas peticiones de oración e inquietudes. Probablemente recibes ese tipo de correos electrónicos también.

Ha habido una serie de esos correos electrónicos recientemente que han estado relacionados a grandes peticiones de oración, grandes crisis y emergencias.

Tengo una amiga que su hija, en las últimas dos semanas, ha sido diagnosticada con un tumor cerebral y ha pasado por una cirugía cerebral seria. La esposa de uno de nuestros miembros del personal murió repentinamente de un ataque al corazón a los cuarenta y cinco años de edad. Recibimos ese correo electrónico. Debbie acaba de pasar a estar con el Señor. Dejó atrás dos hijos adolescentes y a su esposo. Tengo un amigo que durante esta serie cayó moralmente - tuvo un fracaso moral grave. Ese correo electrónico fue mandado a aquellos que estabamos cerca de él para orar por esa situación.

Ha habido otros temas que han sido menos críticos, menos graves. Pero en un número de estos casos cuando he estado estudiando este pasaje, he visualizado esta batalla abajo en el valle, y me doy cuenta que en este momento es mi tiempo, mi lugar, para estar arriba en la colina intercediendo, levantando la vara de Dios.

Me he encontrado poniéndome de rodillas o yendo a orar diciendo: "Señor, levanto esta vara hacia Ti. Levanto el estandarte, el nombre de Cristo a Ti. Estoy clamando a Ti en nombre de las que están peleando esta guerra en el valle. ¿Podrías venir y darles gracia? ¿Podrías ministrarles? ¿Podrías satisfacer sus necesidades? "Estoy clamando a Dios de su parte como tantas han hecho por mí una y otra y otra vez.

La intercesión es trabajo. Yo no soy lo que yo llamaría una intercesora. La intercesión es trabajo duro, y creo que es el trabajo más difícil que estoy llamada a hacer. He conocido personas que realmente son intercesoras;  esa es su vocación primaria  y ministerio. He visto sus vidas, y estoy sorprendida de como llevan esa carga.

Es un trabajo duro. Es un trabajo vital. La obra de intercesión determina el resultado de la batalla. Eso es lo que libera el poder de Dios. Cuando las manos de Moisés caían, los israelitas comenzaron a perder. Si no hay alguien en la colina intercediendo por nosotras, perderemos la batalla.

Es verdad en tantos frentes que el poder de Dios sale a través de la intercesión. Pienso en Santiago 5:16 que dice: "Confesaos vuestros pecados unos a otros” ¿para qué? para “orar unos por otros para que seáis sanados."

Al reconocer las necesidades y asuntos  pecaminosos en nuestras vidas - debemos confesarlos y abrir nuestros corazones para que podamos interceder las unas por las otras. Cuando sabes del fracaso espiritual de alguien, el pecado de alguien, ya sea que ellas vengan y lo compartan contigo o lo observes, esto es un llamado a la intercesión.

Es un llamado para ir a la colina y levantar la vara de Dios e interceder en su favor para que puedan ser sanadas, para que la victoria espiritual puede ser ganada en sus vidas. La oración es vital, es trabajo determinante.

Padres, ustedes necesitan estar orando por sus hijos. Ese es el trabajo más estratégico, vital, y necesario que pueden hacer por ellos. Me temo que es el trabajo que, en muchos casos, no se le da mucha importancia porque es el trabajo que no se ve.

Todos se darían cuenta si tú no llevas a tus hijos a la escuela. Todos se darían cuenta si tus hijos no tienen ropa decente. Pero no todos se dan cuenta si nadie está orando por tu hijo. Pero la verdadera batalla por las almas de tus hijos se está peleando, y se gana o se pierde en la colina en la intercesión.

Esposas, ¿Están orando por sus esposos? Ellos están allá afuera en una batalla. Están en una batalla por sus almas. He visto tantos hombres tropezarse con orgullo o sensualidad, inmoralidad, avaricia, lujuria. Me pregunto, ¿Quién estaba en la colina luchando por ellos? ¿Quién estaba intercediendo en su favor? ¿Cómo llegaron a ser golpeados por el diablo? Estaba alguien orando?

¿Estás orando por tu pastor? ¿Estás orando por otras obreras Cristianas? Ahí es donde la batalla se gana o se pierde. La oración es un trabajo duro. Es un trabajo vital. Puede ser un trabajo agotador. A veces nos cansamos en la batalla y en la intercesión, como las manos de Moisés se cansaban mientras él sostenía esa vara. Así necesitamos que vengan otras personas a ayudarnos.

La oración es un trabajo de larga duración. Se nos dice que oremos sin cesar. Otros tipos de trabajo se pueden cumplir. Puedes marcar cosas de tu lista de tareas como cumplidas, pero nunca puedes marcar la oración de tu lista como cumplida. La oración debe estar siempre primero en nuestra lista de tareas pendientes.

Moisés levantó las manos firmes. ¿Por cuánto tiempo? Hasta que se puso el sol - hasta el final del día. Hay un aspecto de largo plazo en la oración.

Jesús dijo que los hombres siempre deben orar y no darse por vencidos, desmayar, no desanimarse, no cansarse.

Pienso en esos versículos en Isaías capítulo 62, versículos 6 y 7 que dice: "Sobre tus murallas, oh Jerusalén, he puesto centinelas [intercesores]. En todo el día y en toda la noche jamas callaran." Y entonces él sigue diciendo: Los que hacéis que el  Señor recuerde. Esa es una descripción de un intercesor. "Los que hacéis que el  Señor recuerde, no os deis descanso, ni le concedáis descanso.”

¿Alguna vez piensas en tu mantener a Dios despierto? Dios no se va a dormir. Pero hay un sentido en el que le estamos recordando al Señor y estamos diciendo: "Señor, yo no voy a soltar hasta que ganes la batalla en la vida de este adolescente, o este hijo adulto, o hija o este esposo que está en una batalla por su alma, inovolucrado en esta relación extramarital. Oh Dios, estoy clamando a Ti para ganar la victoria".

"Los que hacéis que el Señor recuerde, no os deis descanso, ni le concedáis descanso hasta que la restablezca, hasta que haga de Jerusalén una alabanza en la tierra." Hasta que la batalla haya sido ganada.

La oración es trabajo personal. Es un trabajo privado. Pero también es un trabajo corporativo. Hay momentos en los que necesitamos que otras vengan y oren con nosotras. Está el poder de una persona orando, pero también está el poder de dos o tres que se juntan para orar. Así que a veces oramos solas y a veces nos unimos con otras.

Estoy pensando en dos amigas, Gwen y Debbie, que escuchan a Aviva Nuestros Corazones en WMBI y en el Internet en el área de Chicago. Estas dos mujeres no se conocían entre sí hasta que ambas comenzaron a orar por Aviva Nuestros Corazones. Estuvimos juntas en un evento. Ellas comenzaron a llevar la carga para orar juntas por mí y por Aviva Nuestros Corazones.

Estas dos mujeres preciosas se reúnen una vez al mes. Por lo general, me envían una tarjeta de decirme cómo y cuándo tomó lugar, para decir, "Hemos estado orando por ustedes." Se juntan. Oran por mi agenda. Oran por las necesidades en mi vida. Oran por Aviva Nuestros Corazones. Ellas oran por un avivamiento entre las mujeres, para un avivamiento de feminidad bíblica. Están orando por una contra-revolución en los corazones de las mujeres. están orando juntas.

Mi carga es que Dios levante mujeres en todo el mundo que oren solas, oren en grupos de dos, oren en grupos de tres, oren a través de correos electrónicos, oren por teléfono, se reúnan y oren, en pequeñas células de mujeres orando, y no solo por mi y por Aviva Nuestros Corazones, sino por sus matrimonios, por sus iglesias, por sus hijos, por sus países, por un avivamiento, por las mujeres alrededor del mundo. Orar es un trabajo personal pero también es trabajo corporativo.

Y entonces la oración es trabajo fructífero. Es trabajo, pero es un trabajo fructífero. He visto el impacto una y otra vez, al igual que todas nosotras, probablemente, en nuestras propias vidas, el fruto de las personas que han estado orando por nosotras.

Me estremezco al pensar qué sería de mi vida si no hubiera sido por las personas que han orado, intercesores, empezando por mi bisabuela YaYa, mi bisabuela griega que nunca conocí y no conoceré de este lado del cielo, quien oró por sus hijos y nietos. Yo soy producto de esas oraciones.

Doy gracias al Señor hasta el día de hoy por las oraciones de mi papá y mi mamá. Doy gracias al Señor por las personas que oraron por mí cuando yo era una niña, cuando era un adolescente en algunas etapas terribles donde, obviamente, necesitaba mucha oración. Pero no las necesito menos hoy.

Doy gracias al Señor por esas oraciones. Doy gracias al Señor por el impacto de las personas que oran en este ministerio. Cuando tenemos conferencias de Aviva Nuestros Corazones, tenemos gente que viene, algunas de ellas pagando sus gastos , sólo para orar durante esa conferencia. Van a una habitación privada. Ni siquiera escuchan los mensajes y las sesiones. Toman tarjetas de oración de las mujeres que están en esas conferencias y oran a través de esas tarjetas de oración, a veces cientos o miles de ellas. A través del curso de la noche del viernes y todo el sábado, vienen a orar.

A veces he estado en reuniones de oración que son como una sala de parto, y las personas claman al Señor: "Señor, ven a visitarnos. Señor, ven y revelate a nosotras. Señor, interven. Señor, te necesitamos ".

¿Dónde está ese tipo de oración sucediendo hoy en día? Es fructífero. Es productivo. Creo que una de las razones por las que estamos viendo tantas batallas espirituales perdidas en nuestros matrimonios y por las almas y los corazones de nuestros hijos es porque no tenemos la obra de intercesión sucediendo.

Ese nunca va a ser un trabajo al que la mayoría se va a dedicar. Nunca va a ser muy elogiado o un trabajo bien remuredado. Va a ser un trabajo subestimado. Pero es la clave, es el trabajo estratégico, vital al que Dios nos está llamando como mujeres en el dia de hoy.

Así que tenemos a Josué y las tropas que pelean la batalla física en el valle. Tenemos a Moisés luchando la batalla espiritual en la montaña, la batalla de intercesión. Y luego tenemos a Aarón y Hur levantando las manos de Moisés, lo que le permitió ser constante, y  perseverar en la batalla hasta el final.

Una vez más, sé que lo he dicho, pero yo no puedo enfatizar el rol, el impacto de la gente que hace eso por mí. Recibí una llamada anoche del director de nuestro ministerio, quería orar por mí, por las sesiones de grabación de hoy. Por teléfono él oraba para que Dios me ungiera con el poder de Su Espíritu, que Dios diera resistencia, que diera energía, que Dios le hablara a las mujeres hoy, que Dios abriera las aguas del Mar Rojo y ganará la batalla en las vidas de las mujeres.

Estoy tan agradecida por esas llamadas y por aquellas que están orando a pesar de que no llaman, los Aarones y los Hurs. Este es un llamado para venir junto de y levantar las manos de aquellos tienen liderazgo espiritual, los que están en guerra espiritual, para alentarlos, apoyarlos, y tomar sus manos y levantarlas en la batalla.

Espero que estés haciendo eso por tus líderes espirituales. No podemos señalarlos con el dedo cuando caen. No podemos criticarlos cuando fallan si no hemos estado levantando sus manos en intercesión. Cuando caen, creo que compartimos  la responsabilidad si no hemos estado haciendo el trabajo de intercesión.

Cada una de esas personas en este relato de Éxodo 17 es una imagen de Cristo. Quiero recordarnos de esto a medida que cerramos esta sesión. Jesús es nuestro Josué. Él es el capitán de nuestra salvación que pelea nuestras batallas. Él es nuestro Moisés. Está a la diestra del Padre en el cielo siempre intercediendo por nosotras, ayudándonos a prevalecer contra el enemigo.

Así como los Hijos de Israel fueron alentados cuando levantaron la vista y vieron a los brazos de Moisés levantadas con la vara de Dios, también nosotras somos alentadas en la batalla cuando miramos a Jesús, el autor y consumador de nuestra fe. Eso es lo que el escritor de Hebreos dice. "Consideralo." Levanta tus ojos y ve a tu Moisés, el Señor Jesús, para que no te canses o se debilite tu corazón.

Jesús es nuestro Aarón y Hur. Cuando nos cansamos, cuando no tenemos fuerzas para seguir en la batalla espiritual o en el ministerio de intercesión, Cristo nuestro Sumo Sacerdote viene en nuestra ayuda. Levanta nuestras manos caídas y nos ayuda a perseverar.

Entonces, ¿cuál fue el resultado? Todos estos encajan en su lugar. Todos ellos tenían su papel. El versículo 13 de Éxodo 17 nos dice: "Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada." Esa palabra deshizo es una palabra que significa “cortar.”  Cortó al enemigo; esta fue una victoria decisiva.

No es que Israel era militarmente superior a los Amalecitas. Por lo contrario. Esta batalla, la primera batalla que los israelitas pelearon, era como un equipo de baloncesto de la escuela secundaria contra los Chicago Bulls. Quiero decir, esto era una desigualdad grave. Los israelitas eran los principales perdedores en esta batalla.

Los amalecitas demostraron su capacidad de prevalecer. Cada vez que las manos de Moisés bajaban, los amalecitas comenzaban a ganar. Pero Dios intervino en respuesta a la intercesión de Moisés y sobrenaturalmente impidió la victoria.

Así que se nos recuerda que estamos en una batalla. La batalla es espiritual. La batalla tiene que ser llevada a cabo en el ámbito espiritual. Tenemos que usar los recursos y la provisión que Dios ha puesto a disposición, la armadura de Dios que leemos en Efesios capítulo 6.

Una parte esencial de esa armadura, un arma esencial que tenemos en esa batalla es el ministerio de la oración, la oración y la intercesión. Entonces encontramos victoria. Como dice la Escritura en Romanos 8:37, "En todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó." Por la gracia de Dios podemos acribillar al enemigo, no en nuestras propias fuerzas, sino en Su fuerza.

Gracias a Dios que en Cristo siempre nos lleva en procesión triunfal  y a través de nosotros extiende la fragancia del conocimiento de Él en todas partes.

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth te ha estado animando a pelear tus batallas a través del poder de la oración.

Antes de comenzar esta serie, no me imaginaba lo práctico que este estudio de Josué podría ser. Este líder militar del Antiguo Testamento tiene tanto para enseñarnos a las mujeres con relación a las luchas que enfrentamos. Continuaremos viendo la vida de Josué en sus años de juventud a lo largo de las próximas semanas, notando cómo Dios trabajó a través de él, enseñándole a ser victorioso.

Cuando sales de una batalla es que realmente ves lo que es celebrar. Nancy explicará por qué, mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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