Podcast Aviva Nuestros Corazones

Un llamado a una iglesia en bancarrota

Recursos del Episodio

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Las cosas que valoramos hoy en nuestras iglesias son muy diferentes, en muchos casos, a las que Dios valora.

Carmen Espaillat: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Valoramos la percepción pública, la reputación de nuestras iglesias, las relaciones publicas, las reseñas en la prensa. Valoramos eso más de lo que valoramos la pureza y la integridad de corazón. Y estamos más impresionadas por nuestros programas que desesperadas por el poder de Dios.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Leemos siete cartas al inicio de Apocalipsis. Nancy le ha estado dedicando una serie a cada una este año, y esta semana nos estaremos enfocando en una iglesia que hacía sentir a Jesús indignado. Si te has perdido algún programa de esta serie o de algunas de las anteriores, puedes escucharlo o leer la transcripción en AvivaNuestrosCorazones.com. Esta serie se titula, La cura para una fe tibia.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Hay una parte en mí que preferiría enseñar algo más fácil de escuchar, algo que no sea tan confrontador, algo que sea un poco más agradable, porque no quiero ser una persona negativa. Y no quiero estar siempre diciendo: “¡Eso es malo, eso está mal!” Quiero poder señalar las cosas que son positivas.

En muchas de las cartas Jesús señala cosas que son positivas en las iglesias. Y cuando las vemos, necesitamos resaltarlas, necesitamos señalarlas. Pero hemos llegado a una carta donde no hay nada positivo que decir de esta iglesia. Y para poder ser fieles a las Escrituras, necesito exponer lo que dice.

A nuestros oídos modernos del siglo XXI no les gusta escuchar este tipo de enseñanza. Queremos algo que nos haga sentir bien, que sea afectuoso, que nos anime, que sea cómodo de escuchar y que atraiga amigos y no que aleje a la gente.

Y seré la primera en decir que me preocupo por las personas que se alejan de Aviva Nuestros Corazones pensando: “Wao, ese programa es solo negativo”. Pero tengo que decirte algo, si yo sé que Jesús tiene que decir una palabra negativa a Su iglesia, escuchar esa palabra, es la cosa más positiva que podríamos hacer. Escucharla y obedecerla.

Y no estoy tratando de ponerles más carga o de ser más dura con mi tono de voz. Pero necesitamos ser fieles a lo que Jesús dice en las Escrituras. Si nosotras escuchamos Su Palabra, Él nos mostrará cómo podremos hallar descanso, y cómo podremos ser liberadas de la carga y del pesar de nuestra condición caída.

Una amiga me llamo hace un par de días, y estaba llamando en una zona horaria más temprana. Y me dijo: “¿Estás todavía despierta?”

Y lo que me dijo fue: “estoy tan afligida”. Ella y su esposo estuvieron en una iglesia que no era su iglesia. Su esposo estuvo predicando en esta otra iglesia y estuvieron ahí un par de días. Y esta mujer y su esposo estuvieron dando consejería bíblica a varias personas con situaciones diferentes en esa iglesia.

Y ella se pasó el día ministrando a diferentes personas en esa iglesia pequeña y al final me dijo:

“Siento una gran carga por la condición de esta iglesia. No puedo creer lo que estoy escuchando. Sé que algunas de estas personas están simplemente perdidas. Y nosotros no somos parte de esta situación en la iglesia, pero somos los que estamos afligidos. Tenemos el corazón abrumado. ¿Qué está mal con esta imagen?”

Bueno y mientras escuchaba a mi amiga pensé: “Esto es una ilustración de lo que Jesús debió sentir mientras miraba a la iglesia en Laodicea, y vio que no había nada que alabarle”. El vio a estas personas solo viviendo sus vidas para ellos mismos, para su carne, para la prosperidad material, como veremos en el pasaje de hoy, pero sin ningún corazón espiritual o pasión o entusiasmo, solo llevando su vida cotidiana normal en la iglesia como si todo estuviera bien, y no todo estaba bien.

Bueno ¿Y qué es lo que Jesús vio en la iglesia en Laodicea?

Apocalipsis capítulo 3, versículo 15, Él dice:

“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente.¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”.

Jesús le está diciendo: “Me repugnas”.

Y quizás tú digas: “Pero Jesús no diría eso”.

¡Sí! Él lo dice, ahí mismo. Él dice: “Me repugna todo esto. Tú sigues como si todo estuviera bien. Y eso me provoca náuseas”.

Versículo 17:

“Porque dices: “Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad´; y no sabes que eres un miserable y digno de lástima, y pobre, ciego y desnudo”.

Así que no solo esta iglesia era tibia, poco entusiasta, complaciente, sino que también estaban cegados a su verdadera condición. Estaban engañados de lo que estaba pasando en realidad en su iglesia. Y eran ignorantes al hecho de que eran tibios. Eran insensibles. Ellos se habían vuelto insensibles a las realidades espirituales.

Y ni siquiera se daban cuenta de la ausencia de vitalidad espiritual, de vida y entusiasmo dentro de su iglesia. Pensaban que estaban bien. Y se habían acostumbrado a la oscuridad. Se habían acostumbrado a tener a Jesús parado afuera de la puerta de su iglesia. Ellos se habían acostumbrado a la oscuridad y se habían anestesiado, se habían adormecido a su verdadera condición.

Y la razón por la que eran tibios, es porque pensaban que estaban bien. Cuando piensas que estás bien espiritualmente, no tienes motivación para seguir avanzando, ni para crecer espiritualmente, ni para participar activamente en la guerra espiritual.

Ahora, en el versículo 17 vemos que hay una gran diferencia entre como los cristianos en Laodicea pensaban acerca de si mismos espiritualmente y como Jesús pensaba acerca de ellos. Hay una gran diferencia entre su evaluación de su condición espiritual y la evaluación de Jesús de su condición espiritual.

Veamos primero su evaluación: “Porque dices: “Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad”.

Aquí tenemos una iglesia, un grupo de creyentes, que se denominan a sí mismos como creyentes, que tenían una opinión elevada de ellos mismos. Ahora, recuerda que Laodicea era un centro comercial acaudalado. La riqueza material a menudo tiende a fomentar un sentir de autosuficiencia en nosotras, no siempre, pero generalmente. 

La afluencia no es amiga de la gracia. Y de la misma manera que la riqueza material tiende a fomentar la autosuficiencia, así la pobreza material, no siempre, pero con frecuencia fomenta un mayor sentido de humildad y de necesidad. Es más fácil ser pobre en espíritu cuando tienes menos de que estar orgulloso.

Así que aquí tenemos una iglesia que quizás pensó que su salud económica era un indicador de su salud espiritual. Y nada podía estar más lejos de la verdad.

Ellos pensaban: “No necesito nada. Soy rico. He prosperado. No necesito nada”.

En unas sesiones atrás, mencione que cerca de 35 años antes que esta carta fuera escrita, en el 60 A.D., hubo un terremoto masivo que destruyó esta región. Y a diferencia de Efeso y de Sardis, Laodicea rápidamente se recuperó del terremoto. Ellos se jactaban de que no necesitaron ninguna ayuda externa.

De hecho, el gobierno Romano les ofreció asistencia, y Laodicea la rechazo. Ellos dijeron: “No necesitamos su ayuda”.

Tácito, que fue un historiador Romano de esa época dijo: “Laodicea se levantó de las ruinas con la fuerza de sus propios recursos, y sin ayuda de nosotros”.

Ahora, ¿No es esta una descripción de la condición de esta iglesia? “Nos levantaremos con nuestras propias manos. Las cosas son difíciles, pero saldremos adelante. Tendremos un nuevo programa. Compraremos algo de ayuda. Compraremos Contrataremos más personal. Saldremos solos de esta situación. No necesitamos la ayuda de nadie. No tenemos necesidad.

Aquí había una iglesia autosuficiente, satisfecha consigo misma. Ellos pensaban que no tenían necesidades graves. Pensaban que tenían una condición espiritual decente.

Y eso me recuerda a Oseas capítulo 12, en el versículo 8, donde Efraín, Israel dice: “Ciertamente me he enriquecido, he adquirido riquezas para mí; en todos mis trabajos no hallarán en mí iniquidad alguna que sea pecado”.

“Soy rico. He prosperado. No necesito nada. Estoy bien”.

Aquí tenemos esta iglesia en Laodicea que pudo haber estado bien económicamente como resultado de llegar a un acuerdo con los comercios de los gremios idolatras, que vimos en las cartas a las iglesias en Pérgamo y en Tiatira. Ellos pudieron haberse adaptado a la cultura y pusieron en juego su fe para poder estar bien económicamente. Quizás habían cedido espiritualmente. Quizás vendieron su fe al acomodarse a la cultura pagana que los rodeaba.

Charles Spurgeon dijo: “El mundo siempre va a estar en paz con una iglesia tibia, y tal iglesia siempre estará en paz consigo misma”.

Así que, aquí tenemos una iglesia que está complacida consigo misma. Y aparentemente ellos esperaban que Dios se sintiera de la misma manera. Ellos esperaban que Cristo aprobara lo que estaban haciendo.

“No necesitamos nada, ni siquiera a Ti, Señor”. Tal vez no lo dijeron así, con esas palabras, pero esa era la esencia de cómo ellos pensaban.

Y después de haber visto su evaluación, ahora vamos a ver la evaluación de Cristo de su condición espiritual. Su propia evaluación era: “No tenemos necesidad de nada. Somos ricos. Estamos bien. No necesitamos nada”.

¿Pero cuál fue la evaluación de Cristo? Recuerda que Cristo nos conoce mejor de lo que nosotros nos conocemos a nosotros mismos. Él es el Amén, el testigo fiel y verdadero. Él que conoce la verdadera condición de nuestros corazones y de nuestras iglesias.

Y Cristo dijo: “Porque dices: “Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad´; y no te das cuenta que - y aquí esta la evaluación de Cristo - “eres un miserable, digno de lástima, pobre, ciego y desnudo” (Apocalipsis 3:17).

¡Wao! Qué contraste! Qué diferencia entre lo que ellos pensaban y lo que Cristo vio. Ellos estaban orgullosos de sí mismos, ignorantes de su verdadera condición.

Pero Jesús les dice: “Tú eres literalmente un miserable”. Un Miserable. Y la palabra miserable (infeliz, desafortunado, patético), eres digno de lastima, quiere decir que das lastima. Estás orgulloso de cómo estás, pero Jesús te dice que eres digno de lastima. Miserable.

Warren Wiersbe dice en su comentario de este pasaje: “Sus riquezas materiales y sus resplandecientes estadísticas, solo fueron sudarios de un cadáver putrefacto”. Palabras fuertes, pero la verdad.

Es como el hombre de Lucas capítulo 18, el Fariseo que fue al templo a orar, lleno de sí mismo y dijo: “Oh Dios te doy gracias porque no soy como los otros hombres. Yo oro todas estas veces. Ayuno todas estas veces y no hago esas cosas” (ver 18:11-14), lo que él hizo fue que el desfilo todas sus credenciales religiosas delante Dios.

“Gracias porque no soy como este despreciable pecador, bueno para nada”. Este es un hombre orgulloso. Su sentir es “Soy rico. He prosperado y no necesito nada”.

Bueno, las Escrituras dicen que él regreso a su casa sin haber sido justificado, sin haberse encontrado con Dios. Él no se dio cuenta de su verdadera condición espiritual: miserable, digno de lástima, pobre, ciego y desnudo.

En contraste de este Fariseo orgulloso, tenemos al apóstol Pablo en Romanos capítulo 7, al darse cuenta de cómo el era prisionero de la ley del pecado que operaba dentro de él. Y él dice: “¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?”

Vemos a Pablo siendo honesto sobre el aspecto podrido y decadente de su vida espiritual privada. Este es el otro uso de esa palabra “miserable” en el Nuevo Testamento. “¡Miserable de mí!”, ser honesto acerca de su condición espiritual.

Y hay una comparación interesante aquí entre la iglesia en Laodicea y en una de las anteriores que acabamos de estudiar, la iglesia de Esmirna, en el capítulo 2. En ese caso Jesús le dijo a la iglesia en Esmirna: “Yo conozco tu pobreza”. Ellos eran materialmente pobres. Pero Jesús les dijo, “Tú eres rico”. Ellos eran materialmente pobres pero espiritualmente ricos.

Y a la iglesia en Laodicea le dice, “Tú eres materialmente rico, pero eres un indigente espiritualmente; estás en bancarrota”. Ellos pensaban que lo tenían todo, pero a ellos les faltaban las necesidades más básicas, espiritualmente hablando.

Y para ayudarles a reconocer esto, Jesús uso las tres cosas que enorgullecían a Laodicea y por las cuales era una ciudad reconocida, para explicarles lo que a la iglesia le faltaba espiritualmente. Recuerda lo que dijimos al principio, que Laodicea era un centro bancario. Tenía riqueza material.

Pero Jesús le dice: “Tú estás en bancarrota espiritual”. El orgullo espiritual y la tibieza son producidos con frecuencia, como hemos dicho, por la prosperidad material.

Y Mathew Henry dijo: “Sus almas se estaban muriendo de hambre en medio de la abundancia material”.

Déjame decirte, si esta descripción, no describe la iglesia actual, no sé entonces lo qué es. Porque decimos: “Estamos pasando por una crisis económica”.

Y mira, la verdad es que nuestra crisis económica es prosperidad comparada con la mayoría del resto del mundo. Estamos nadando en abundancia material aun cuando pensamos que estamos padeciendo.

Pero nuestras almas en muchos casos se están muriendo de hambre.

Así que aquí tenemos una iglesia que estaba contenta con la riqueza material, pero era ignorante e indiferente acerca de su condición espiritual y sus necesidades.

En segundo lugar, Laodicea era conocida por su escuela de medicina y sus oftalmólogos. Eran famosos por su bálsamo, un colirio para los ojos, ese ungüento. Y ellos pensaban que podían ver.

Pero Jesús les dijo: “Están espiritualmente ciegos”.

Y esa palabra “ciego” no significa que literalmente no ves nada. Es una palabra que significa “opaco” o “ahumado”. Tu visión está distorsionada. No puedes ver bien. Tienes una visión borrosa. Les faltaba una visión clara, entendimiento e intuición, hablando espiritualmente.

Y por último, ellos eran también conocidos por su industria textil, por hacer lana y tela. Pero Jesús les dice: “Están espiritualmente desnudos. No se han vestido con la justicia de Cristo. Todo lo que piensas que tienes materialmente y lo tienes materialmente, es una imagen de lo que te falta espiritualmente”.

La iglesia en Laodicea es un caso típico de muchas iglesias hoy en día, que están contentas de tener edificios hermosos y tecnología sofisticada y múltiples servicios y programas y presentaciones impecables. Y piensan que todo eso es sinónimo de salud espiritual, que es igual a la piedad, mientras que son ignorantes de sus necesidades espirituales, espiritualmente pobres, ciegos, y desnudos.

Las cosas que valoramos hoy en nuestras iglesias, son muy diferentes en muchos casos, a las que Dios valora. Valoramos la percepción pública, la reputación de nuestras iglesias, las relaciones publicas, las reseñas en la prensa. Valoramos eso, más de lo que valoramos la pureza y la integridad de corazón.

Y estamos más impresionas por nuestros programas que desesperadas por el Poder de Dios. En muchos casos, en la iglesia de hoy estimamos más las habilidades de comunicación que la fidelidad a las Escrituras o el proclamar cualquier verdad que sea necesario decirle a la gente de nuestros días. Apreciamos el talento natural y los dones de liderazgo más que la unción del Espíritu.

Y me podrás decir: “Pero estás siendo muy dura”. Leo muchas revistas cristianas diferentes que son dirigidas a obreros cristianos, pastores, predicadores y líderes. Y algunas están en lo correcto.

Estamos más preocupadas por mantener el status quo que por glorificar a Dios, aún si esto significa que nuestro status quo sea sacudido radicalmente.

Brian Edwards, es un hermano que ha sido pastor en Inglaterra por muchos años. Y él escribió un libro hace unos años llamado “Avivamiento: Un Pueblo Rebosante de Dios”. Y es un llamado a un cristianismo de corazón ferviente. Déjame leerte algo que él escribió en ese libro acerca de la condición de la iglesia. Y cito: “El problema con nuestra nación”, y él estaba escribiendo en Inglaterra, pero lo mismo se puede decir aquí de los Estados Unidos y de los demás países.

“El problema con nuestra nación no es el gobierno, ni el sistema educativo, ni las condiciones económicas, y no es esa religión institucional muerta y sin vida que cree en todo y en nada.

El verdadero problema está en las iglesias evangélicas que afirman tener la verdad y piensan que son ricas en dones espirituales y en vida, y a la vez son frías, complacientes y poco atractivas al mundo que las observa.   Temo que esto describiría a la mayoría hoy en día.

Cubrir nuestras huellas con gran bonanza y proyectos impresionantes nunca convencerá a un mundo impío de la realidad de nuestro Dios, aunque el mundo pueda ciertamente admirar nuestra especialización en espectáculos.

Podemos juntar un gran número de cristianos para conferencias gigantescas, ondear banderas gigantescas, y hacer misiones relacionadas técnicamente por satélite.

Todas estas cosas pueden tener su lugar y su valor, pero el peligro es que nos engañan, haciéndonos pensar que somos la gran cosa y que estamos haciendo un gran impacto en nuestra sociedad. Cuando en realidad, estamos dispersos en una nación impía y difícilmente estamos haciendo un rasguño en su superficie”. (página 16).

Lo que Brian Edwards dice de las iglesias, de iglesias evangélicas, se puede decir no solo de las iglesias sino también de los miembros de esas iglesias. ¿Con qué frecuencia somos orgullosas, y estamos siendo autoengañadas e ilusas? Es peligroso estar en un lugar donde nos sentimos satisfechas con nosotras mismas porque es más difícil que la flecha de la convicción penetre nuestros corazones. Atraviese nuestros corazones.

Por eso creo que esta crisis económica actual, y para cuando este programa salga al aire, quien sabe lo que estará sucediendo. Ha sido una montaña rusa, y las crisis van y vienen, pero creo que la crisis económica, es en realidad una bendición.

Ahora bien, no pienso que es una bendición en todos los aspectos. Pero espiritualmente, se puede comprobar que ha sido la mejor cosa que le ha pasado a nuestra nación y a nuestras iglesias, y a nuestros ministerios y a nuestras vidas como creyentes. Porque cuando tenemos todas nuestras necesidades físicas y materiales cubiertas, no tenemos que orar por nuestro pan diario, tendemos a pasar por alto las necesidades de nuestras almas. Y más fácilmente nos volvemos tibias, complacientes, poco entusiastas, indiferentes, ignorantes de nuestras necesidades espirituales.

Y creo que un mensaje como el que estamos tratando de proclamar a través de Aviva Nuestros Corazones en realidad va a encontrar más tierra fértil en días como estos, porque la gente se está despojando de lo material. Y en realidad, algunas se están desesperando lo suficiente para levantar sus ojos al cielo y clamar al Señor.

Si esa desesperación por lo material nos hace desesperadas por Dios, entonces eso prueba haber sido una gran bendición.

¿Cómo describirías tu condición espiritual? ¿Cómo describiría Jesús tu condición espiritual?

Al pasar estas últimas semanas que hemos estado estudiando y viviendo en este pasaje, he orado una y otra vez, “¿Oh Señor, estoy ciega?”

  • ¿Estoy ciega a cosas que Tú puedes ver en mi vida que yo no puedo ver?
  • ¿Hay áreas de mi vida en las que soy tibia?
  • ¿Señor me abrirías los ojos? ¿Me mostrarías lo que Tú ves?
  • ¿Me ayudarías a ver y a estar de acuerdo contigo acerca de la verdadera condición de mi vida?

¿Qué caracteriza la actitud de tu corazón? “No necesito nada” o “Estoy desesperadamente necesitada”.

“No necesito nada. Estoy bien espiritualmente. No tengo grandes necesidades espirituales”.

Quizás piensas, “Yo no diría eso”. ¿Bueno, cuándo fue la última vez que confesaste una desesperación espiritual, necesidad y pobreza espiritual al Señor o a otra persona? ¿Cuándo fue la última vez que abriste tu corazón y dijiste: “Estoy fallando en esta o en aquella área”?

“Tengo una atadura pecaminosa en mi vida, en esa área. No tengo entusiasmo. He cedido ante el mundo. Amo más la televisión que lo que amo leer la Palabra de Dios. Estoy adicta a la Internet o a los juegos de Internet o a esta relación en Internet”.

¿Cuándo fue la última vez que dejaste a un lado las apariencias y fuiste sincera? “Estoy desesperadamente necesitada”. Esa es la actitud de corazón que Dios quiere ver. “No puedo hacerlo sola. Separada de Ti, Señor, estoy desamparada. Soy total y completamente dependiente de Ti”.

“Te necesito a cada momento. Señor no es mi hermano, no es mi hermana, no son los diáconos, no es el pastor, no son los jóvenes. Soy yo, oh Señor, en necesidad de oración”.

Ese es el corazón que Dios aviva.

Carmen: Jesús le advirtió a la iglesia de Laodicea que dejara de confiar en su riqueza y su poder. Nancy DeMoss de Wolgemeuth nos ha estado explicando por qué esta advertencia es tan aplicable a nuestras iglesias hoy. Ella regresará en un momento para orar.

Como hemos escuchado, con el éxito viene el peligro. Es fácil para las iglesias y los ministerios crear programas impresionantes sin mantener corazones verdaderamente quebrantados delante de Dios.

Aviva Nuestros Corazones se escucha en diversas estaciones alrededor del mundo y por internet. Parecería un ministerio exitoso, pero estamos desesperadamente necesitados. No podríamos hacer nada sin el poder de Dios trabajando a través de nosotros y a través de su pueblo.

Si Aviva Nuestros Corazones alguna vez se desvía del llamado de Dios, si alguna vez hacemos un ídolo del éxito o de la capacidad, tú no deberías escuchar ni apoyar este ministerio. Pero si tu corazón resuena con la enseñanza de Nancy y puedes ver el efecto santificante que está teniendo en las mujeres alrededor del mundo, oramos que puedas ayudarnos. Ofrendar es fácil al visitar nuestra página AvivaNuestrosCorazones.com, o llamando al 1-800-569-5959 desde los EEUU o Canadá.

Sabes que a la iglesia en Laodicea se le animó a comprar oro al mismo Jesús. ¿Qué significa esto? Nancy lo explicará mañana. Aquí está ella para orar.

Nancy: Oh Dios, como oro para que Tú nos ayudes a ver nuestra necesidad espiritual, y a ponernos de acuerdo contigo. Perdónanos por estar ciegas, por auto-engañarnos, por ser ilusas y por pensar que estamos bien cuando Tú sabes y conoces la verdad.

Y oh Señor, abre nuestros ojos. Abre nuestros corazones. Que podamos humillarnos a nosotras mismas y estar de acuerdo contigo. Y que después podamos recibir la solución, la prescripción, el colirio y la provisión que Tú hayas hecho para librarnos de nuestra tibieza, oro en el nombre de Jesús, amen.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de LifeActionMinistries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

 

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.