Aviva Nuestros Corazones Podcast

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Un organismo

Annamarie Sauter: Alguna vez te has preguntado, «¿por qué existe la iglesia?»

Nancy DeMoss Wolgemuth: El objetivo de la iglesia es proveer el contexto para la vida, para el crecimiento, para el sufrimiento, para el servicio, para el compañerismo y la comunión y para todo lo que necesitamos hacer y ser entre aquí y el cielo.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura bíblica para hoy es Mateo capítulos 25 y 26.

¿Sabes cuál es la diferencia entre una organización y un organismo? Hoy Nancy nos ayudará a pensar acerca de esto y más, como continuación de la serie titulada, «¿Quién necesita la iglesia?»

Nancy: Tengo en mi mano un manojo de palitos. Todos están atados con un cordón. Este paquete de palitos tiene una especie de unidad entre ellos. Todos son del mismo tamaño. Todos están unidos, pero es solo una unidad organizativa. Estos palitos no son realmente uno. Podrías sacarlos; podrías separarlos. No hay una unidad orgánica. No hay una unidad interna entre ellos. La unidad es meramente externa. Es solo un cordón el que los mantiene unidos. Esto es algo que está organizado, es una organización.

Una organización es un grupo de personas que se organizan para un propósito particular. El diccionario lo define como «una estructura a través de la cual las personas cooperan sistemáticamente para hacer negocios»; «un grupo de personas que trabajan juntas». Hay algo que las une. Trabajan para la misma compañía, o van a la misma escuela, o son parte del mismo club. Son una organización.

Ahora comparemos la misma idea con una planta, esta que está aquí a mi lado o una que tengas cerca. Una planta tiene un tipo de unidad totalmente diferente a este manojo de palitos. Esta planta tiene muchas partes diversas. Tiene hojas; tiene flores, pero hay una unidad interna en esta planta. Todas las diversas partes de esta planta son una evidencia de su vida interior. Es una planta y las diferentes partes de la planta surgen de esa vida interna.

Esta planta no es una organización, es un organismo. Es una unidad orgánica, no una unidad organizacional. El diccionario define organismo como: «un cuerpo vivo, ya sea vegetal o animal, que está compuesto de diferentes órganos o diferentes partes con funciones separadas, pero mutuamente dependientes y esenciales para la vida del individuo. Un cuerpo compuesto de órganos u otras partes que trabajan juntas para llevar a cabo las diversas actividades y procesos de la vida». Eso es un organismo.

Ahora, definimos la Iglesia con «I» mayúscula como todos los creyentes de todos los tiempos en todos los lugares que forman parte del cuerpo de Cristo. Esa es la Iglesia. Luego está la iglesia local, con «i» minúscula, y hablaremos de eso más adelante en esta serie.

Ahora, cuando piensas en la Iglesia, con «I» mayúscula, ¿qué es? ¿Es una organización o es un organismo? Algunas personas piensan que la iglesia es una organización, un grupo de personas que se unen al mismo club –por decirlo de alguna manera. Todos dan sus cuotas al mismo club. Están unidos porque tienen el mismo nombre de su iglesia. Algunas personas piensan así de la iglesia, como una organización.

Pero al mirar la Escritura y ver la Iglesia, con «I» mayúscula, podemos decir que no es una organización de individuos y partes independientes que no tienen una conexión orgánica real entre sí. En cambio, podemos decir que es un organismo porque está viva. Se mantiene unida, todas las partes se mantienen unidas porque están conectadas a una fuente vital y central de vida. La Iglesia, con «I» mayúscula, está compuesta por todos los creyentes que están en unión con Cristo y por lo tanto, entre sí.

Es un organismo vivo. Hay una relación dinámica creciente entre los miembros del cuerpo de Cristo. Al pensar en la iglesia, debemos recordar que hay unidad por medio de Cristo. Para los creyentes del Antiguo Testamento era un misterio que no entendían, pero en el Nuevo Testamento es un «misterio revelado», dijo Pablo; el hecho de que un día Dios reuniría a personas muy diversas: judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, y haría que todos ellos formaran parte de un cuerpo orgánico.

No solo atándolos como si fueran palitos unidos en un paquete, sino convirtiéndolos en una nueva persona: el cuerpo de Cristo, el templo de Dios, la novia de Cristo. La iglesia no conoce distinciones raciales, ni de edad, ni socioeconómicas, ni culturales. ¿No es algo increíble que puedas ir a la iglesia y estar con el pueblo de Dios y darte cuenta de que te puedes relacionar, puedes estar conectada con personas que son tan diferentes a ti; que si no fuera por tu relación con Cristo, ¿no tendrías nada en común con esas personas? ¡Pero tienen todo en común porque están en Cristo! Están unidos unos a otros. Cada metáfora bíblica para la iglesia, enfatiza sin excepción su unidad. Una novia con un esposo, un rebaño con un pastor.

El pastor John MacArthur señala esto en su libro, La Dinámica del Cuerpo. Él dice que hay ramas en una vid, un reino con un rey, una familia con un padre, un edificio con un fundamento, un cuerpo con una cabeza. Él dice que cada una de estas ilustraciones involucra un grupo de personas relacionadas con el mismo líder perfecto, Jesucristo. Hay una unidad que tenemos en Cristo

Entonces, es necesario que recordemos lo que pensamos acerca de la iglesia, necesitamos recordar la centralidad de Cristo. Él no solo es la fuente de nuestra unidad, sino que Él es central, Él es fundamental para la iglesia.
Tengo un amigo que es pastor, que recientemente predicó una serie de mensajes a su congregación sobre la iglesia. Me envió sus notas y me llamó la atención un párrafo. Él dijo: 

«Si sacas a Cristo de la escena y divorcias cualquiera de estas metáforas de la iglesia de su contraparte, la metáfora deja de funcionar. Un cuerpo sin cabeza no está vivo. No es un cuerpo; es solo un cadáver. Un edificio sin cimientos no puede sostenerse. Es solo un montón de escombros». Y sigue diciendo, «cualquier organización sin Cristo no es la iglesia».

Entonces nota el derecho de propiedad de Cristo sobre Su iglesia. La iglesia es Su cuerpo; es Su iglesia. No es a mi iglesia a la que voy, ni a tu iglesia. Es a la iglesia de Cristo. Él es el dueño, la compró con Su sangre. La iglesia le pertenece a Cristo.

Entonces, nota el señorío de Cristo sobre Su iglesia. La centralidad de Cristo, la propiedad de Cristo, el señorío de Cristo: Él es la cabeza. Él está a cargo. Él es el jefe. Él es el soberano Señor de Su iglesia. Eso significa que la iglesia debe estar sometida a Cristo, Su cabeza.

Y me conmueve pensar en la presencia de Cristo en la iglesia. Alguien me dijo recientemente: «¿Hay alguna iglesia donde Dios realmente esté, donde está la presencia de Dios?» Ahora, yo sé a qué se refería. Lo que ella quiso decir es que a veces estamos tan ocupados con nuestros programas y nuestros servicios y simplemente haciendo las cosas que debemos hacer, que estamos ajenos a la presencia de Dios y no sentimos la presencia de Dios. Pero el hecho es que, ya sea que la sintamos o no, Cristo está presente en Su iglesia.

Me encanta la imagen que aparece en los capítulos 1 y 2 de Apocalipsis. Es una visión de Cristo que le fue dada al apóstol Juan. ¿Y qué está haciendo Cristo en esa visión? Está de pie en medio de siete candeleros de oro, y está sosteniendo siete estrellas en Su mano derecha. Te preguntarás: «¿Qué significa eso?»

Bueno, ese ángel le explica a Juan el significado de esta visión. Él dice que los candeleros son las siete iglesias locales a las que se escriben estas cartas. Siete iglesias locales. ¿Y qué está haciendo Jesús? Él está de pie en medio de esas siete iglesias locales. Él está ahí. Y las estrellas son los pastores y Cristo las sostiene en su mano derecha.

En Apocalipsis 2: 1, la Escritura dice: «Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto».

El que camina en medio de la iglesia. A veces olvidamos que Él está ahí, a veces ignoramos que Él está allí. A veces rechazamos Su presencia, no obstante, Él está presente.

Algunas de esas iglesias de las que se habla en el libro de Apocalipsis, algunas de esas iglesias locales, fueron un lamentable desastre. Algunas de ellas tenían problemas importantes con los que lidiar. Pero Jesús estaba allí caminando en medio de ellas. Él estaba mirando. Él estaba supervisando, animando, reprendiendo, corrigiendo, instruyendo, suplicando. ¿Cómo comienza cada una de esas cartas a las iglesias locales en este libro de Apocalipsis? «Yo conozco tus obras». ¿Cómo sabe? Él está ahí. Él ve.

Cuando te reúnes con el pueblo de Dios, como el pueblo de Dios, el cuerpo de Cristo, para reunirse como una expresión local de Su Iglesia universal; Cristo está ahí.

Piensa en eso cuando vayas a la iglesia. Cristo está presente. Adoramos, cantamos, tenemos servicios, damos nuestras ofrendas, escuchamos el mensaje. Y fuera de las cuatro paredes del edificio funcionamos como la iglesia en la presencia de Cristo—nuestro Salvador y nuestro Señor.

Entonces quiero que pensemos sobre el amor de Cristo hacia su iglesia. Debemos tener el mismo concepto—no menor— que Cristo tiene de ella. No puedes amar a Cristo y no amar Su cuerpo. Así de defectuoso como es ese cuerpo, ¿cómo amó Cristo a Su iglesia? Sacrificialmente, desinteresadamente sirvió a Su iglesia. Efesios 5:25, dice que «Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella» (a pesar del lamentable desastre que es ella). Se ha comprometido a redimirla, a restaurarla, a hacerla una novia hermosa. Se entregó por ella.

La iglesia no está exenta de problemas. Tu iglesia tiene problemas; mi iglesia tiene problemas. Otras expresiones locales de la iglesia tienen problemas, pero sigue siendo Su iglesia. Es Su cuerpo. Los cuerpos pueden lastimarse. Las familias pueden tener dolor y problemas. Los edificios tienen que ser mantenidos y reparados. Una novia no siempre se ve como cuando caminaba por el pasillo para encontrarse con su novio. Pero Jesús pensó que valía la pena dar su vida por la iglesia, y lo hizo.

Timothy Dwight era nieto de Jonathan Edwards, uno de los líderes del Primer Gran Despertar (avivamiento) en la década de 1700. A finales de 1700 y principios de 1800, Timothy Dwight era el presidente de la Universidad de Yale. Estaba allí cuando Dios envió un avivamiento al cuerpo estudiantil en Yale. Y escribió un himno que es uno de mis favoritos; dice:

Tu reino amo, oh Dios, Tu casa de oración
Y al pueblo que en Jesús halló completa redención.
Tu iglesia, mi Señor, su templo y su adoración
La iglesia que guiando estás con mano paternal.

Por ella mi oración, mis lágrimas, mi amor
Solicitud, cuidado, afán por ella son, Señor.
Un gozo sin igual me causa en ella estar

Y andando aquí su comunión anhelo disfrutar
Yo sé que durará mi Dios, cual Tu verdad
Y victoriosa llegará hasta la eternidad.

¿Amas la Iglesia? Jesús la ama. Él dio su vida por ella. Quiero decirte que es una de las fuerzas motivadoras más importantes en mi vida. Por eso, durante años he dicho que mi objetivo en la vida es ser una coordinadora de bodas, ayudar a la novia a prepararse para la boda.

He visto tantos problemas en las iglesias probablemente igual que tú lo has visto. He visto mucho, he escuchado muchas cosas. Sé que somos un desastre, pero sé que Jesús ama a la iglesia y dio su vida por ella. Quiero decirte que mi meta en la vida es dar mi vida por Cristo y por Su cuerpo, la iglesia.

A pesar del ideal, que es de lo que estamos hablando en esta serie: «¿Quién necesita de la iglesia?» A pesar del esplendor del increíble plan de Dios para la iglesia, no hay una iglesia ideal de este lado del cielo.

De hecho, nuestras iglesias están llenas de fallas, errores y fracasos. Eso se debe a que está conformada por personas como nosotras... personas como yo…personas como tú. 

Hoy en día cuando hablamos sobre la iglesia, para algunas personas eso conlleva una serie de cargas. Algunas personas encuentran difícil tener buenos recuerdos sobre la iglesia. Tú puedes sentir que tu iglesia es seca, que está muerta, que es decepcionante. Puede que pienses que tu iglesia ha crecido tanto que te pierdes entre la gente. O puede que estés tan ocupada sirviendo en tu iglesia, que simplemente pensar en la iglesia hace que se te cierren los ojos, te estresa. Puede que hayas tenido experiencias pasadas que hacen que asocies la iglesia con el dolor o el rechazo.

Pero quiero animarte a que por un momento olvides cualquier experiencia negativa o dolorosa que puedas haber asociado con la iglesia. Quiero que pensemos en lo que Dios pretende que sea la iglesia. La iglesia tiene la intención, está diseñada por Dios, para ser el contexto en el cual cada parte de la vida cristiana debe ser nutrida y moldeada: nuestro caminar, nuestra adoración, nuestro testimonio y nuestro bienestar.

Ahora permíteme separar esas cosas y explicar la visión de lo que Dios pretendía que ocurriera en nuestras iglesias locales, dentro de la comunidad de Cristo, dentro del cuerpo de Cristo, dentro de la Iglesia universal. Esto es lo que Dios quería que ocurriera:

En primer lugar, nuestro caminar: es el contexto de nuestro andar, de nuestro crecimiento a semejanza de Cristo. Un bebé, un niño, necesita una familia para crecer. Si vas a crecer hasta la edad adulta, necesitas un contexto para crecer. Un bebé no puede crecer por sí solo. Necesita un contexto. Eso es lo que la iglesia debe ser para los hijos de Dios. Es un lugar para rendir cuentas, para exhortarnos, para corregirnos, para la disciplina cuando la necesitamos en nuestras vidas.

CS Lewis escribió: «Cristo trabaja en nosotros de muchas maneras, pero sobre todo, trabaja en nosotros a través de otras personas». Nos necesitamos unos a otros en el cuerpo de Cristo para nuestro caminar. Es en el contexto de la iglesia que se supone que nuestras vidas se están preparando para el cielo, preparándonos para la eternidad.

Es en el contexto de la iglesia que aprendemos a levantar los ojos por encima de lo que sucede en todo el resto de nuestro mundo y el resto de nuestra semana, a mirar más allá de este mundo con sus problemas y sus luchas y sus presiones, y levantar nuestros ojos y ver a Cristo y ver el cielo y ver la eternidad. Ahí es donde debe centrarse nuestro enfoque, en la eternidad.

Es en el contexto de la iglesia, y no me refiero a ese único servicio al que asistes el domingo por la mañana. Quiero decir, es en el contexto de ser parte de la iglesia que tu matrimonio debe ser edificado, apoyado y protegido. Es en el contexto de la iglesia que nuestras familias deben ser criadas; donde los niños deben ser entrenados. No se necesita una aldea para criar un niño, pero idealmente se necesita una iglesia, una comunidad de creyentes que están comprometidos con el crecimiento cristiano y con la semejanza a Cristo para llegar a ser todo lo que Dios quiere que seamos en nuestro caminar con Dios.

Entonces, es el contexto de nuestra adoración. La adoración no es solo un asunto individual entre Dios y yo. Es un asunto corporativo; es un asunto de la comunidad. La iglesia es el contexto para la celebración de nuestra fe, de nuestro Cristo, de nuestro Dios. Es donde participamos en la Cena del Señor. Esa es nuestra cena familiar. Ahí es donde celebramos juntos la muerte, la resurrección, la vida de Cristo, la intercesión de Cristo y todo lo que Él es para nosotros.

Ahí es donde cantamos. . . y creo que es lamentable que muchas de nuestras canciones de alabanza de hoy digan «yo» y «mí», en lugar de «nosotros». Ahora, hay un elemento en nuestra fe que es muy personal y muy privado. No hay nada de malo en estas canciones que dicen: «Te adoro», pero necesitamos canciones que digan: «Te adoramos, te exaltamos, te amamos Cristo». Es un «nosotros»; somos una familia, el propósito de nuestra adoración no es solo hacernos sentir bien. Es honrar y bendecir al Señor juntos.

La iglesia es el diseño y el contexto de Dios para testimonio, para alcanzar el mundo, para nuestro testimonio al mundo. No solo yo testificando personalmente a alguien que necesita a Cristo, sino también nosotros testificando colectivamente mientras el mundo nos mira y dice: «¡Miren cómo se aman! Miren cómo se llevan bien. Miren cómo se ayudan mutuamente. Miren cómo se necesitan el uno al otro». La gente quiere pertenecer, y podemos mostrar lo que realmente significa pertenecer a una familia y a un cuerpo.

Es la manera ordenada por Dios para llevar el evangelio al mundo. Dios no tiene un «plan B» para difundir su mensaje. Es la iglesia a quien se le ha dado el mensaje, el evangelio de Cristo. No se lo dio a los ángeles para que lo proclamaran al mundo. No eligió hacerlo principalmente con vallas publicitarias. Lo hace con y a través de Su pueblo y de Su pueblo colectivamente.

La iglesia es el contexto para nuestro bienestar, el nuestro y el de los demás. Cuando la iglesia está sana y funciona como debería, no deberíamos tener que depender del gobierno u otras fuentes para satisfacer nuestras necesidades físicas, para cuidar a los ancianos, los enfermos, los pobres, las viudas, los huérfanos o los desempleados. Es responsabilidad de la iglesia el cuidarse unos a otros y satisfacer las necesidades de los demás.

Mientras pensaba en esto vinieron a mi mente dos pasajes del Nuevo Testamento. Uno cuando una creyente individual, una mujer, estaba cumpliendo esta responsabilidad. ¿Recuerdas a Dorcas en el libro de los Hechos capítulo 9? Las Escrituras dicen que ella siempre era bondadosa hacia los demás y hacía obras de bien y ayudaba a los pobres.

Cuando ella se enfermó y murió, llamaron al apóstol Pedro y este entró donde estaba y donde estaba la gente que había venido a llorar, y la Escritura dice: «La habitación estaba llena de viudas que lloraban y le mostraban (a Pedro) los abrigos y las otras prendas que Dorcas les había hecho» (ver vv. 36–39). Esa era la iglesia cuidando del bienestar de las viudas.

No son solo los creyentes individuales quienes proveen el bienestar de otros creyentes, es la iglesia corporativa y colectivamente. En tiempos de crisis, la iglesia, a menudo, ha brindado alivio. Pienso en ese pasaje del capítulo 11 de Hechos donde los creyentes en Antioquía se enteraron de que iba a haber una hambruna mundial. Esa iglesia en Antioquía recolectó una ofrenda para enviar a sus hermanos y hermanas en Jerusalén. ¡Mira cómo se cuidan el uno al otro! (ver vv. 19-30) 

La iglesia es el contexto no solo en el que se puede cuidar nuestro bienestar físico, sino también nuestras necesidades relacionales. La Escritura dice que Dios pone a los que están solos en familia. El otro día estaba hablando con una amiga que es soltera, y ella estaba expresando su preocupación por envejecer, estar sola y por cómo enfrentaría sus necesidades financieras.

Le dije, como le he dicho a otras personas, que esa es otra razón importante para que cada cristiano se conecte a la vida de una iglesia local, una familia, un cuerpo, una comunidad. No es solo poner tu nombre en la lista de la iglesia, sino que tu vida esté conectada a la vida del pueblo de Dios.

La iglesia es el lugar donde, idealmente, deberíamos poder recibir consuelo cuando estamos de duelo o sufriendo. Pienso en todas las veces en mi propia vida cuando el cuerpo de Cristo ha estado ahí presente. Estoy hablando de la muerte de mi padre debido a un ataque al corazón y la muerte de mi hermano en un accidente automovilístico.

En momentos de pérdida personal, dolor o lucha, el pueblo de Dios ha estado allí y ha caminado conmigo, me ha sostenido y me ha llevado en oración en momentos en que no podía orar por mí misma. Estaban así satisfaciendo necesidades prácticas, relacionales, reconfortando mi corazón mientras estuve en duelo.

Escucha, puede que te guste un predicador particular de radio o televisión. Pero te diré algo: no estará a tu lado cuando muera tu papá. Eso le sucedió a un amigo mío a principios de esta semana. Ese hombre de la televisión o la radio no llorará contigo cuando tu hijo se rebele. No va a estar allí cuando tu esposo pierda su trabajo o su casa se queme en un incendio como lo experimentó nuestra familia.

Ese hombre no se quedará despierto hasta tarde en la noche tratando de ayudar a rescatar a tu matrimonio cuando lo necesites o con tu hijo o hija rebelde. Él no va a ser el que bautice a tus hijos o intente y ayude a restaurarlos cuando caigan en pecado.

Necesitamos la iglesia; necesitamos la comunidad de fe. Necesitamos el cuerpo local de Cristo. Nos necesitamos el uno al otro.

Estaba hablando con una mujer, no hace mucho, que estaba en medio de una gran crisis. Acababa de ser despedida de su trabajo y en cuestión de días supo que su hija adulta se había quitado la vida. Ella estaba en medio de esto. Esta mujer tenía una paz tan increíble en medio de su dolor.

Cuando comenzamos a hablar y ella me contó lo que estaba pasando, supe, por supuesto, que era la gracia de Dios la que la sustentaba, pero ¿sabes quién le estuvo ayudando? Fue su iglesia local. Ella había llegado a esa ciudad hacía poco tiempo, un año más o menos. Pero las personas en su iglesia local estaban allí. Le pidieron a alguien que le facilitara millas de avión para que ella pudiera viajar y estar en el servicio fúnebre de su hija. Los hermanos de la iglesia le ofrecieron un lugar para quedarse cuando ella regresara para que no estuviera sola. Estas personas vinieron a estar con ella.

El cuerpo de Cristo estaba trabajando, funcionando. Eso es lo que necesitamos para nuestro andar, nuestra adoración, nuestro testimonio y nuestro bienestar. El objetivo de la iglesia es proveer el contexto para la vida, para el crecimiento, para el sufrimiento, para el servicio, para el compañerismo, para todo lo que necesitamos hacer y ser entre aquí y el cielo.

Annamarie: ¡Qué importante es este concepto de estar «conectadas» a la vida de los demás! Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado hablando acerca de esto y acerca del objetivo de Dios al formar la Iglesia. Y tú, ¿está tu vida conectada a otros creyentes? 

Quizá en algún momento—o ahora mismo—has pensado que puedes ser parte de la Iglesia [con «I» mayúscula] sin pertenecer a una iglesia local. ¿Qué tiene la Escritura para decirnos acerca de esto? Descúbrelo en nuestro próximo programa. Ahora oremos con Nancy.

Nancy: Oh Señor, amo tu Iglesia, tu reino, el lugar que estás construyendo para ti. ¡Cómo oro para que avives a Tu Iglesia, que la restaures y la conviertas en la bella novia que algún día se te presentará en el cielo! Que podamos amar, nutrir y apreciar Tu cuerpo como Tú lo haces. Gracias por el regalo de la Iglesia. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Unidas en un clamor por la iglesia, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca del orador

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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