Podcast Aviva Nuestros Corazones

María, una mujer humilde

Temporada:  María de Nazaret

Leslie Basham: No hay nada mejor para ayudarnos a desacelerar el paso durante estos tiempos de Navidad: Con ustedes Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Muchas de nosotras vivimos la vida de prisa, como la vivo yo—de una cita a otra, de una ciudad a otra, de una responsabilidad a la otra, de reunión en reunión, día a día—y no nos detenemos a preguntarnos. "¿En qué área de mi vida está la mano de Dios obrando?” 

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Si tienes a tus hijos en casa durante estas vacaciones de Navidad, sabrás lo que se siente cuando tus planes cambian y tu sabiduría es retada o puesta en duda. Muchas de nosotras tratamos a Dios como niños quejosos hacia su papá. Aquí esta Nancy para darnos un ejemplo de confianza. 

Nancy: Uno de los grandes himnos escritos en toda la historia de la iglesia cristiana se encuentra en el pasaje que veremos hoy. Estamos en el Evangelio de Lucas, en el capítulo 1. Estamos viendo las características de la vida de María de Nazaret. Son las mismas cualidades de una mujer que Dios usa para cumplir Sus propósitos en este mundo.

En nuestra última sesión, vimos la historia empezando por el versículo 39 de Lucas capítulo 1; vimos que  María fue a visitar a su prima Elizabet quien también acababa de  descubrir que ella, que había sido considerada estéril,  iba a tener un hijo, quien sería, por supuesto, Juan el Bautista.

Cuando María llegó a la casa de Elizabeth. Elizabeth le dijo: “bienaventurada la que creyó que tendrá cumplimiento lo que le fue dicho de parte del Señor” (versículo 45). Vimos en la pasada sesión que la mujer que cree en Dios es una mujer bendecida. Es una mujer que Dios puede utilizar.

Luego María responde, al inicio del versículo 46 con este gran himno de adoración. Lo conocemos como  “El magnificat ” María dice, “Mi alma engrandece… ”

“Mi alma engrandece al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.  Porque ha mirado la humilde condición de esta su sierva; pues he aquí, desde ahora en adelante todas las generaciones me tendrán por bienaventurada.  Porque grandes cosas me ha hecho el Poderoso; y Santo es Su Nombre. Y DE GENERACION EN GENERACION ES SU MISERICORDIA PARA LOS QUE LE TEMEN. Ha hecho proezas con su brazo; ha esparcido a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.” (Versículos 46-1)

Después vemos en el versículo 53,

“A LOS HAMBRIENTOS HA COLMADO DE BIENES y ha despedido a los ricos con las manos vacías. Ha ayudado a Israel, su siervo, para recuerdo de su misericordia tal como dijo a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre.” (Versículos 53-55)

De manera que María prorrumpe en este gran himno de alabanza, y esto es lo que quiero que noten—Maria era una adoradora; una mujer de alabanza, una mujer que le agradecía a Dios y que reconocía que esto era obra de Dios, determinada a magnificar a Dios.

En cada circunstancia de la vida—las buenas y las malas—nosotras decidimos cómo responder. Muchas de ustedes me han escuchado decir que básicamente nosotras adoramos o nos quejamos. María, ante esta gran circunstancia, respondió como una adoradora. Hay alabanza en la boca de esta mujer.

Ella es una mujer con un espíritu agradecido, y se lo expresa a Dios, frente a su prima Elizabeth; expresa su gran alabanza y adoración al Señor. Ella habla palabras de oración, adoración y hasta música—una canción—al Señor. María alaba a Dios a través de este pasaje por Sus maravillosas obras, por Su misericordia y por haberla escogido a ella.

Ella está abrumada—humillada—que Dios la haya escogido y la pueda utilizar, y ese sentido de asombro fluye en su vida a través de las alabanzas a Dios. Está consciente de que esto es algo que Dios ha hecho. Sabe que ella es recipiente de la gracia de Dios y de Su misericordia. Es como si no pudiera evitarlo. Lo que fluye de su vida es una canción, es un himno de alabanza.

¿Qué es lo que fluye de tu vida cuando experimentas la bondad, la gracia y la misericordia de Dios?

¿Vas por la vida como si nada hubiese ocurrido?

¿Te detienes para decir, “Dios es maravilloso, Dios es bueno, y le agradezco y le bendigo por Su bondad”?

Alabanza no era lo único que Maria sentía por dentro, aunque ciertamente alabó, sino que era algo que ella expresaba verbalmente para que otros pudieran escuchar y ser bendecidos. Sé que hay veces en mi propia vida en que siento gratitud por la bondad de Dios, pero muchas veces ando de prisa y no me detengo a decirlo; no me detengo a decirlo a los demás, ni a decirlo al Señor: "Tú has sido tan bueno, y te adoro, te doy las gracias ".

Así que déjame preguntarte algo:

¿Está tu vida caracterizada por un espíritu de alabanza?

¿Respondes a las circunstancias o a los retos de cada día con expresiones de gratitud por la grandeza y la misericordia de Dios, le dan tus respuestas al mundo una opinión apropiada de Dios?

Al responder a esas circunstancias, ¿puede el mundo escuchar tus palabras y ser atraídos al Dios que es bondadoso, que es grande—al Dios que tú alabas?

Al leer este pasaje, vemos otra cosa acerca de María, y es que ella era una mujer de la Palabra. Ella era una mujer de la Palabra. En la oración de María que acabamos de leer, vemos al menos unas 12 citas del Antiguo Testamento.

Ahora, muchos de nosotros si nos vemos presionadas, tendríamos dificultades para recitar una oración citando una docena de citas de versículos del Antiguo Testamento de memoria. Pero ella usó la Palabra de Dios, con la cual estaba muy familiarizada, como parte de su adoración, de su oración y su alabanza. Todas estas citas están entretejidas.

No es algo que ella tenía que decir, “Espera un minuto, déjame ir por mi Biblia para leer Salmos de alabanza al Señor”. Es lo que muy probablemente haría yo, pero ella se sabía los salmos. Se sabía los pasajes. Estaban grabados en su corazón. Eran parte de su pensamiento.

Lo que hace esto todavía más asombroso es que probablemente María no sabía leer. No había tenido una educación formal al ser una joven mujer en esa cultura; además, aun si hubiera podido leer, no tenía una copia del Antiguo Testamento en su casa. Ella tuvo que haber escuchado la Palabra de Dios leída en la sinagoga adonde ella iba a adorar, pero obviamente ella amaba la Palabra.  Tuvo que haberla escuchado. Y tuvo que haberla retenido.

¿Con qué frecuencia tú y yo nos sentamos en la iglesia a escuchar la Palabra de Dios mientras se lee y estamos allí con los ojos vidriosos, dejando que entre por un oído y salga por el otro? Ya nos sabemos eso, ya lo hemos hecho, conocemos aquello—nada nos asombra. Salimos de allí y quizás hasta olvidamos lo que acabamos de escuchar. De hecho, he tenido esa experiencia en mi propio tiempo de devoción cuando leo a través de los capítulos de la Escritura y no tengo ni la menor idea de qué es lo que acabo de leer.

Veo en María a alguien que escuchaba la Palabra de Dios atentamente, quien la reverenciaba, la hacía parte de su vida, la hacía parte de su corazón,  y entonces, esa oración se desbordaba de la misma Palabra, mientras ella la oraba de nuevo a Dios. Hermanas, si vamos a ser usadas por Dios en nuestra generación, tenemos que ser  mujeres de la Palabra de Dios. Mujeres que conocen la Palabra de Dios.

La semana pasada en dos ocasiones estuve expuesta a dos lecciones sobrecogedoras de lo que pasa cuando las mujeres no conocen la Palabra de Dios. Una señora me escribió recientemente que había sido parte de una conversación durante un retiro de la iglesia. Una iglesia evangélica bien conocida, una iglesia donde se predica la Palabra. Ella estuvo charlando durante el almuerzo con otras mujeres que habían ido a la conferencia.

La amiga que me escribió había perdido a su madre recientemente, y estaba allí hablando con otra mujer que también había perdido a su madre recientemente. Ella dijo, es la segunda vez en seis meses, que alguien me dijo, “necesitas hablar con tu madre y comunicarte con ella—con tu madre fallecida—y trata de que ella se comunique contigo”

Mi amiga sabiamente le contestó a la señora que acababa de conocer, ¨ ¿De dónde sacas eso en la Palabra de Dios?¨ Y esta es la pregunta correcta. El problema hoy es que aún muchas de nosotras, que hemos estado en la iglesia por años, que hemos estado expuestas a la enseñanza bíblica y a la predicación, no conocemos la Palabra de Dios personalmente.

La semana pasada leí un artículo acerca de una secta en una parte de los EEUU que tuvo unas desastrosas consecuencias porque los fundadores proclamaban que estaban enseñando la Palabra de Dios. Afirmaban que eso era lo que la Biblia enseñaba, pero sus seguidores jamás se molestaron en verificar lo que ellos enseñaban. Como resultado, ellos creían lo que alguien más les dijo acerca de la Palabra de Dios. Siguieron a su líder en lugar de seguir la Palabra de Dios.

Ahora, si nosotras las mujeres deseamos ser usadas por Dios en este tiempo, debemos meternos la Palabra dentro de nosotras. Necesitamos meternos en ella, que se meta en nuestras mentes, que entre a nuestros corazones para que cuando seamos retadas, cuando tengamos que responder a las circunstancias de la vida, lo que salga sea la Palabra y la mente de Dios. Es lo único seguro, la única fuente de autoridad para nuestras vidas.

Así que te pregunto:

¿Amas la Palabra de Dios? ¿Realmente la amas?

¿La haces parte de tu vida diaria, o es solo una categoría más de tu vida?

¿Lees las Escrituras?

¿La memorizas como María evidentemente lo hizo?

¿Meditas en ella? ¿Reflexionas en ella constantemente?

¿Aplicas la Palabra a situaciones reales y a las circunstancias de la vida real?

¿La compartes con otros?

¿Se la oras a Dios?

¿La compartes con otros que pueden estar en tu camino?

¿Usas la Palabra de Dios de forma práctica en las situaciones de tu vida real?

Mientras avanzamos al capítulo 2 de Lucas, vamos a ver algunas características de las mujeres que Dios utilizó. Leemos en el capítulo 2 de Lucas, en el versículo 19, que después que los pastores dejaron la escena del pesebre, después del nacimiento de Cristo, la Escritura dice que ¨María atesoraba todas estas cosas, reflexionando sobre ellas en su corazón.¨ (Lc 2:19) Ella atesoraba todas estas cosas, reflexionando sobre ellas en su corazón.

Luego, doce años después, al ir al final del capítulo 2 de Lucas , leemos otro incidente en la vida de María, esto después de que María y José encontraran a Jesús a la edad de doce años hablando con los maestros en el templo. Y una vez más, en el versículo 51 de Lucas capítulo 2, leemos, “[María] atesoraba todas estas cosas en su corazón”.

Estos versículos me dicen que María era una mujer reflexiva. Era una mujer reflexiva. Esto es algo de lo que no conozco mucho, para serte sincera, y es algo que muy pocas personas hoy experimentan de manera consistente. ¿Qué nos está diciendo este texto acerca de María?

La palabra atesoraba—donde dice que “ella atesoraba todas estas cosas en su corazón”—significa, que las retenía allí, las guardaba, las cuidaba, las tenía seguras, las tenía cerca, las conservaba allí muy cuidadosamente. ¿Qué imagen te da esto de María? a mi me dice que María tomaba el tiempo para meditar en lo que Dios había hecho.

Poco después que nació su hijo, y aún años después cuando Él era un adolescente y estaban experimentando todas estas cosas raras que ocurrían en sus vidas, María tomó el tiempo para pensar en lo que Dios estaba haciendo; para reflexionar, meditar, atesorar esas cosas en su corazón. María tenía un espíritu manso. Contemplaba todo lo que estaba pasando.

Ahora, yo no sé tú, pero yo me doy cuenta de que muchas veces cuando algo emocionante pasa en mi vida, algo que Dios está haciendo, lo primero que hago es decirle a todo el mundo acerca de eso, y, claro hay momentos donde tenemos que hacer esto.

De hecho, uno de los versículos que no leímos dice que los pastores dejaron la escena del pesebre y fueron a la ciudad, y le dijeron a todos lo que había sucedido (ver 2:17). Es un gran ejemplo que nosotras también debemos seguir. Muchas veces somos más rápidas en hablar que en meditar, que en reflexionar, que en atesorar estas cosas en nuestro corazón. Necesitamos un tiempo para reflexionar en lo que Dios está haciendo, y si no reflexionamos vamos a perder de vista lo que Dios está haciendo.

Muchas de nosotras vivimos la vida de prisa, como yo misma hago—corriendo de una cita a otra, de una ciudad a otra, de una responsabilidad a otra, de una  reunión a otra, día a día—no nos detenemos a preguntar, “¿En qué área de mi vida está la mano de Dios obrando?”

¿Qué es lo que está diciéndome Dios en mis circunstancias? Si no nos detenemos a pensar acerca de esto, vamos a pasar la vida de largo y no vamos a ver la mano de Dios, no vamos a reconocer que Dios está involucrado en nuestras vidas. Necesitamos tiempo para estar  en quietud en este mundo tan apresurado.

Muchas de ustedes se estarán preguntando, ¿Cuándo podré sacar el tiempo para estar tranquila? Déjame decirte algo, no sucederá porque sí. Necesitas sacar el tiempo. Tienes que estar dispuesta a estar a veces lejos de la gente, lejos de las multitudes, y decir, ¨Estaré a solas con el Señor, permaneceré en silencio; lo quiero escuchar a Él; quiero reflexionar sobre lo que Él está haciendo en mi vida”.

Necesitamos tiempo para estar sentadas quietas. No es una conducta que muchas de nosotras hemos experimentado—particularmente si tienes hijos. Algunas de nosotras no nos podemos estar quietas en todo el día, y si lo vemos desde el punto de vista humano, eso es entendible, pero te diré que tu vida espiritual y la efectividad de la misma será afectada si no tomas tiempo para estar quieta.

Ahora, también tenemos el otro extremo, de esas que quieren sentarse y estar quietas todo el día, queriendo ser María, como en la historia de Marta y María. A esas mujeres Dios les dirá, “Necesitas levantarte de donde estás y empezar a servir; necesitas empezar a estar activa”.

Pero lo que veo es que el problema de la mayoría de las mujeres de hoy en día no es que no estamos quietas, sino que el problema es que somos muy activas, mental y físicamente, siempre con cosas que hacer, siempre queriendo estar con la gente, acostumbradas a tener ruido alrededor de nosotras. Necesitamos tiempo para reflexionar; tiempo para pensar.

La tendencia en muchas de nuestras vidas hoy en día es rellenar todos los espacios vacíos con ruido, así que nos subimos al auto, y ¿qué hacemos? Encendemos la radio. Entramos a nuestra casa y ¿qué hacemos? Prendemos la televisión.

Déjame decirte, hermana, si quieres ser una mujer que Dios use, no siempre tienes que tener ruido alrededor. Entra a tu auto,  y si tienes la oportunidad de estar a solas en tu auto, no prendas el radio—estate ahí quieta, en silencio, escuchando a Dios, reflexionando en lo que te está diciendo y lo que Él está haciendo, aun en las circunstancias más mundanas de tu vida. Pregúntale, “¿Dónde estás trabajando? ¿Cuál es Tu plan?  ¿Qué es lo que quieres lograr en mí y a través de mí? Medita en quién es Dios.

De manera que aquí llegamos a la pregunta que debemos hacernos sobre esta característica:

¿Tomo el tiempo para recordar lo que Dios ha hecho y para meditar en lo que Dios está haciendo en mi vida y en mis circunstancias?

María era una mujer reflexiva, y necesitamos aprender a reflexionar y a meditar en lo que Dios está haciendo en nuestras vidas.

Ahora, también veo que María era una mujer humilde. Encuentro interesante que es poco lo que se dice en la Escritura acerca de María después del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, y eso me dice que estaba contenta de estar en un segundo plano. Estaba satisfecha de no ser una mujer reconocida. Ahora, es bien conocida por nosotras hoy en día, pero ella no sabía que sería reconocida. Estaba contenta con que los demás no supieran quién era ella.

Y creo que esto se debía a que la motivación más profunda de su corazón, lo que la dirigía, era que Jesús fuese conocido. Lo que le importaba a ella era que la gente supiera quién era Él. En su humildad de espíritu, dijo, “Está bien si nadie sabe quién soy. Lo que importa es que lo conozcan a Él.”

Verán, cuando el ángel vino a María a decirle que iba a tener un hijo, el ángel le dijo esto de Él, ¨Él será grande. Será el Hijo del Altísimo Dios¨ y María sólo aceptó la voluntad de Dios.” (1:32 parafraseado) El ángel nunca dijo, ¨tú serás grande¨ sino que dijo, ¨Él será grande.¨

Incluso aquellas de nosotras que no aspiramos a la fama ni al reconocimiento, creo que existe algo muy dentro de nuestros corazones que desea ser reconocida, que desea ser notada en lo que hace. Pero la mujer que Dios usa es la mujer que está contenta de no ser reconocida, de no ser apreciada, de no ser notada.

Algunas de ustedes, día tras día, están siendo fieles en atender los asuntos de su hogar. Estás siendo cuidadosa de tu casa. Extiendes hospitalidad a través de tu hogar. Estás extendiendo misericordia al pobre y al necesitado, como se nos dice que hacen las mujeres virtuosas. Pero en muchos de los casos, nadie sabe lo tú estás haciendo.

¿Estás contenta de no ser reconocida? ¿De no ser apreciada?  ¿No te importa que la gente no te alabe porque te has propuesto aceptar que la meta de tu vida es hacerlo a Él conocido? Tu meta debe ser que Él sea visto, que Él sea magnificado, sin importar lo que los demás piensen acerca de ti.

Cuando María oró su gran oración en el capítulo 1, en el versículo 48, ella dijo  “[Dios]  Porque ha mirado la humilde condición de esta su sierva...” Ella no se vio como merecedora del favor de Dios. Ella sabía que era debido a la bondad de Dios y por Su gracia que Él la estaba usando. Ella tenía realmente el espíritu de Juan el Bautista. ¿Recuerdan como él dijo? “Es necesario que Él crezca, y que yo disminuya”. (Juan 3:30)

¿Estás dispuesta a disminuir—a ser menos conocida, a tomar el lugar de humildad—para que Él crezca? No te equivocarás si tomas el camino de la humildad porque no es acerca de nosotras—es todo acerca de Él. Se trata de lo que está haciendo Dios a través de su Hijo Jesús en nuestro mundo. Y nosotras solo somos instrumentos.Hace ya un tiempo, recuerdo haber conocido a una señora que era una violinista muy reconocida en un país del este de Europa. Habló sobre el tema de la humildad, sostuvo su violín y dijo, “sería una tontería que este violín pensara que es algo”. Dijo, “Lo que lo hace algo es cuando alguien que sabe cómo tocarlo lo empieza a tocar”.

Después dijo: “somos como un pedazo de madera en la manos de Dios, y si alguna bella música sale de nuestras vidas no es porque somos algo. Es porque el Maestro supo qué hacer con nosotros y cómo usarnos como un simple instrumento en Sus manos”.

De manera que reconocemos que no se trata de este pedazo de madera. Se trata del Señor quien quiere hacer bella música a través de nosotras, reflejando Su gloria a los demás.

¿Estás contenta al servir a Dios sin el reconocimiento humano?

Si nadie supiera lo que haces, si nadie viera ni aplaudiera las cosas que haces para servir a tu familia, para amar a tu pareja, para servir el cuerpo de Cristo o para ministrar en tu iglesia o en tu comunidad… si nadie se diera cuenta o supiera o te dijera: “Gracias”… ¿seguirías haciéndolo de todas formas?

¿Es tu meta que Él crezca y que tú disminuyas? Ese es el camino del gozo. Ese es el camino para llegar a ser una mujer que Dios pueda usar—una mujer humilde que camine por el camino de la humildad para que Él pueda ser visto, para que Él pueda ser magnificado y engrandecido a través de nosotras.

Leslie: María mostró una increíble humildad. Nancy Leigh DeMoss ha estado explicando cómo desarrollar esa actitud en nuestro corazón en nuestras vidas. El programa de hoy es parte de la serie titulada María de Nazaret y esta enseñanza nos ha ilustrado la historia de la Navidad de una manera muy especial.

Nancy tiene una forma para abrir las Escrituras y enfocar nuestros corazones en lo que es realmente importante. Esperamos que más mujeres puedan escuchar este mensaje y puedan ser retadas. ¿Por qué no compartes este mensaje con alguien que no conozca el ministerio aún? Ayúdanos a magnificar a Jesucristo y a llevar las Buenas Nuevas a tantas que lo necesitan.

Invítalas también a que visiten nuestra página y se beneficie de todos los recursos que podrán encontrar allí. Visita AvivaNuestrosCorazones.com.

Si un esposo desea mostrar liderazgo espiritual en su hogar, ¿cómo luce eso exactamente? ¿Cómo puede su esposa animarlo a dar esos pasos? Nancy nos enseñará en el próximo programa en la medida que seguimos aprendiendo de la vida de María de Nazaret.

Te esperamos en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

María, Yoli Rodríguez, Navidad Con Vastago ℗ 2011 Vastago Producciones.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.