Podcast Aviva Nuestros Corazones

Una presentación persuasiva

Annamarie Sauter: ¿Cómo abordas a las personas que ejercen liderazgo sobre ti?

Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Pienso que en ocasiones la forma en la que abordamos a las personas en posiciones de liderazgo, explica el porqué estos no responden de manera positiva, y es porque no les damos la oportunidad de respirar. No les damos la oportunidad de pensar. Lo mismo te pasa a ti cuando tus hijos se acercan, cuando te están atacando. Ellos te dicen, «no estoy de acuerdo con tu decisión. No debiste tomar esa decisión. Yo no tengo que hacer eso». ¿Acaso hará esto que tú reconsideres tu decisión? Difícilmente.

Annamarie: Una definición de la palabra frustración podría ser la siguiente: Cuando esperas que sucedan ciertas cosas y no suceden. Seguramente sabes lo que es esto.

Bueno, hoy daremos un vistazo a la habilidad de Dios para frustrar el plan cruel de Amán. Este es uno de los personajes que hemos llegado a conocer en nuestra serie actual, «Ester: Mujer de Dios en el tiempo de Dios».

Nancy: Volvamos atrás por un momento. En la última sesión vimos que el rey no podía dormir, así que decidió leer las crónicas. Él se dio cuenta de que cinco años antes Mardoqueo le había salvado la vida, y que nunca se había hecho nada para honrarlo.

Así que dijo, ¿quién está en la corte? Él quería saber qué se podía hacer para honrar a este hombre.

Casualmente, al amanecer, Amán estaba parado justo afuera, en el patio interior. Podemos notar que esto es providencial ya que Amán acababa de construir una horca en la que quería eliminar a Mardoqueo. Él viene a solicitar el permiso del rey para hacerlo.

La agenda de Amán y la del rey son muy diferentes en ese momento. Pero Dios es el que está en control del tiempo en el que las cosas van sucediendo.

Así que Amán entra, y el rey le dice: «¿Qué se debe hacer para el hombre a quien el rey quiere honrar? Y Amán se dijo: ¿A quién desearía el rey honrar más que a mí?» (Est. 6:6)

Así que vemos el orgullo de Amán. Vemos las evidencias de este sentimiento. Vemos cómo ha respondido con ira, con inseguridad, mencionando nombres de personas importantes, y haciendo alarde de sus logros y hazañas.

Él es un hombre arrogante, por eso es consistente con que pensara: Él rey quiere honrar a alguien. Yo soy el hombre número dos en esta tierra. ¿A quién más pudiera el rey honrar que a mí?

Él es orgulloso, y termina haciendo el ridículo. Eso es lo que le pasa a la gente orgullosa. El orgullo termina haciendo que hagamos cosas ridículas.

«Y Amán (pensando que el rey quiere honrarlo) le dijo,

Para el hombre a quien el rey quiere honrar (por supuesto, ese soy yo), traigan un manto real con que se haya vestido el rey, y un caballo en el cual el rey haya montado y en cuya cabeza se haya colocado una diadema real; y el manto y el caballo sean entregados en mano de uno de los príncipes más nobles del rey, y vistan al hombre a quien el rey quiere honrar, le lleven a caballo por la plaza de la ciudad y pregonen delante de él: “Así se hace al hombre a quien el rey quiere honrar.”» (Por supuesto, ese soy yo) (vv. 7-9).

Ahora bien, los plebeyos usualmente cabalgaban en burros. Únicamente los hombres nobles y los ricos montaban a caballo. Tenemos que preguntarnos si el deseo de Amán de cabalgar en el caballo del rey era un intento sutil de alcanzar el trono. Yo pienso que es muy probable que Amán deseara ser rey, y estaba mirando esto como otro paso en esa dirección.

Pienso que él deseaba ser percibido por las personas como un posible heredero. Este es el hombre a quien el rey quiere honrar.

El rey, de hecho, fue asesinado diez años después. Así que iba a ser reemplazado; y pienso que Amán simplemente pensó, «cuando el rey esté fuera del escenario, eso me pondrá en la posición de llegar a ser rey».

¿Qué tenemos aquí? Ambición egoísta. Pura y simplemente eso es lo que es. Bueno, no es exactamente pura, pero es ambición egoísta.

Así que, el versículo 10 dice: «Entonces el rey le dijo a Amán…» ¿Sabes algo? Algunas veces nosotros conocemos estas historias, y dejamos de experimentar un sentido de asombro al leerlas. Es por eso que ayuda volver atrás y escudriñar las Escrituras y decir, Dios, dame ojos frescos para ver esto. Colócate tú misma en esta situación, en los zapatos de Amán en este momento.

«El rey le dijo a Amán,

Toma presto el manto y el caballo como has dicho (gran idea), y hazlo así con el judío Mardoqueo, que está sentado a la puerta del rey; no omitas nada de todo lo que has dicho» (v. 10).

¿Te puedes imaginar lo que le pasa a Amán en ese momento? Es decir, ¿por qué estaba él en el palacio en ese momento? Porque él había venido a decirle, «ahorca a Mardoqueo». Y el rey le dice, «Date prisa y honra a Mardoqueo».

Lo que quiero decir es que, si no fuera trágico, sería hasta cómico. No es cómico, pero es increíble. Es la providencia de Dios en acción.

«Así que Amán tomó el manto y el caballo, vistió a Mardoqueo y lo llevó a caballo por la plaza de la ciudad, y pregonó delante de él: Así se hace al hombre a quien el rey quiere honrar» (v. 11).

¿Será verdad que aquellos que se exaltan a sí mismos serán humillados? «Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra» (Mat. 5:5). ¿Será verdad?

Es verdad. Y un recordatorio que vemos aquí es que, todo lo que puedas haber hecho para la gloria de Dios será un día recompensado. Así será. Permite que sea Dios quien elija cuándo y cómo llegará la recompensa.

Mardoqueo obtiene su recompensa cinco años después de que la buena acción había sido hecha. Amigas, yo sé que dijimos esto al principio de esta serie, pero como un recordatorio es probable que no haya una tarea menos agradecida que la de ser esposa y madre; ser guarda del hogar.

Muchas de las cosas que tú haces día a día, fielmente, para servir a tu pareja, para servir a tus hijos, para bendecirlos, quizás algunas de ustedes enseñando a sus hijos en sus propios hogares... Quizás no estás viendo las recompensas ahora. Pero las verás. Las verás. Humíllate. Dios te exaltará a su debido tiempo.

Proverbios 18:12 (RV) nos dice, «Antes del quebrantamiento se eleva el corazón del hombre.» ¿A quién te recuerda este pasaje? Al arrogante de Amán. Pero, «antes de la honra es el abatimiento...» ¿A quién se te parece este? Este es Mardoqueo.

Mardoqueo, quien se ha humillado a sí mismo constantemente, ahora comienza a ser exaltado por Dios. Y Amán, quien ha buscado con ansias reconocimiento, aplausos, comienza a resbalar hacia la humillación y la destrucción. El orgullo de Amán se convierte en su propia ruina.

Él se dice a sí mismo: «¿A quién habría el rey de honrar más que a mí?» Y en este egocentrismo ciego, en realidad es él mismo quien establece las circunstancias que lo llevarán a su propia autodestrucción. Sin escapar a la providencia de Dios, él también establece, sin darse cuenta, la forma en la que serán exaltados aquellos que ha pisoteado y despreciado.

Así que el versículo 12 nos dice: «Después Mardoqueo regresó a la puerta del rey». Una afirmación sencilla. No hay evidencia de que Mardoqueo se enorgulleciera por lo que pasó. Él simplemente regresó a su lugar para hacer su trabajo, ¿cuál era ese? Servir al rey. Él regresó a hacer lo que había estado haciendo todo este tiempo.

«Pero Amán se apresuró a volver a su casa, lamentándose, con la cabeza cubierta» (v. 12). Ahora, él está avergonzado, apenado.

Por supuesto la gente sabía que Amán odiaba a Mardoqueo. Y acababa de ser humillado públicamente. Ha pasado todo lo contrario.

Cuando salió de su casa temprano en esa mañana, pensó que volvería a casa y que Mardoqueo estaría colgado en aquella horca para la medianoche. Ahora Amán regresa a su casa; su cabeza está cubierta; él está avergonzado.

«Y Amán le dijo a su esposa Zeres y a todos sus amigos todo lo que le había acontecido» (v. 13).

Si te das cuenta, esta es una frase muy interesante. Amán no está asumiendo la responsabilidad por sus problemas. En lugar de esto se enfocó en lo «que me pasó a mí», en lo que otros me hicieron. Se vio a sí mismo, pienso yo, como una víctima de sus circunstancias.

Déjame decirte y lo quiero decir con mucho cuidado, porque no es siempre el caso, pero usualmente cuando las personas se sienten deprimidas o avergonzadas, como le pasó a Amán en esta situación, hay una tendencia a sentirse que son una víctima. Así que se lo dicen a todo el mundo, como hizo Amán. Él se lo dijo a su esposa y a todos sus amigos, todo lo que le había acontecido.

Se lo dicen a otros. ¿Sabes lo que me pasó? ¿Sabes lo que me hizo mi esposo? ¿Sabes lo que mi exesposo hizo? ¿Puedes creer lo que le hizo a mis hijos? ¿Puedes creer lo que mi suegra me hizo? ¿Puedes creer lo que mi jefe me hizo?

Ellos siempre están culpando a otros. Ellos son libres para hablar, libres para decir. Esto es lo que me pasó a mí, como si no tuvieran ninguna responsabilidad por «lo que me pasó a mí».

Ahora bien, yo espero no estar viendo más allá de lo que dice el texto, pero creo que es consistente con el carácter de Amán que él estuviera pensando de esa manera. Sabemos que siempre podemos conseguir que otra persona nos escuche contar nuestras tragedias.

No pretendo ser cruel, pero es muy fácil para nosotras estar siempre contando nuestras vicisitudes a cualquiera que quiera escucharlas. Con eso no quiero decir que las circunstancias de tu vida no sean difíciles. Pero algunas veces las dificultades en nuestras vidas son simplemente consecuencia de nuestras propias elecciones.

Nos colocamos en una situación que está fuera de la voluntad de Dios. Hacemos una elección insensata. Actuamos con orgullo.

Te metes en un matrimonio que no es bíblicamente permitido o te casas en contra del consejo y de la bendición de tus padres. Eliges un trabajo que no es la voluntad de Dios para ti.

Entonces tu vida termina en un desastre, y tú pretendes que todo el mundo se compadezca, cuando probablemente lo que necesitas decir es, «estas consecuencias negativas que estoy experimentando ¿pudieran ser el resultado de algo que anda mal en mí? ¿Será mi orgullo? ¿Mi insensatez? ¿Mis malas decisiones? ¿Mis malas elecciones?»

A Amán le hubiera ido mejor si hubiera hecho eso en ese momento. Pero en lugar de ello, simplemente va y cuenta lo que le estaba sucediendo a él. Se siente que él es una víctima de sus circunstancias.

Entonces sus sabios y su mujer Zeres le dijeron, «si Mardoqueo, es de descendencia judía, no podrás con él, sino que ciertamente caerás delante de él» (v. 13).

Aquí Zeres asume una actitud fatalista. Ella no entiende la providencia divina.

Ahora, ¿qué pudo haber hecho Zeres en este punto? Ella pudo haber estimulado a Amán a humillarse a sí mismo, a asumir su responsabilidad, a arrepentirse. Y la historia pudo haber terminado de manera diferente.

Pero ella sí reconoció, como lo hicieron sus otros consejeros, que al final nadie puede destruir el pueblo de Dios. Tú no podrás vencerlo. Y en cuanto a eso ella tenía razón.

«Aún estaban hablando con él, cuando llegaron los eunucos del rey y llevaron aprisa a Amán al banquete que Ester había preparado» (v. 14).

Capítulo 7, versículo 1: «Y el rey y Amán fueron al banquete a beber vino con la reina Ester.» Este es, por cierto, el sexto banquete en el libro de Ester. A ellos les gustaban las fiestas. Y es increíble algunas de las cosas que ocurrían alrededor de aquellas fiestas.

«También el segundo día (este segundo día corresponde a la segunda fiesta), mientras bebían vino en el banquete, el rey le dijo a Ester: ¿Cuál es tu petición, reina Ester? Te será concedida. ¿Cuál es tu deseo? Hasta la mitad del reino, se te dará. Y respondió la reina Ester...» (v. 1-3).

Esta es la tercera vez que el rey le ha dicho a ella, ¿qué quieres? Y no es hasta la tercera vez, a pesar de que ella tenía esta puerta abierta de par en par…No es hasta ese momento que ella le dice lo que desea.

Recuerda, Dios ha estado orquestando las circunstancias. Si ella lo hubiera dicho más temprano, las cosas no hubieran estado en el mismo lugar ni hubieran acontecido de la forma en que sucedieron.

De manera que ella ha sido sabia. A pesar de que ella no sabe lo que Dios ha estado orquestando, ella ha sido sabia siguiendo la guía de Dios. Y finalmente, ahora es el tiempo.

«Entonces la reina Ester respondió, Si he hallado favor a tus ojos, oh rey, y si le place al rey, que me sea concedida la vida según mi petición, y la de mi pueblo según mi deseo. Porque hemos sido vendidos, yo y mi pueblo, para el exterminio, para la matanza y para la destrucción» (vv. 3-4).

Por cierto, esa formulación es casi idéntica a la formulación del edicto de Amán, de que los judíos podían ser destruidos, asesinados o aniquilados en ese día en el mes de Adar, once meses más adelante. Así que ella cita ese edicto para que el rey sepa exactamente a qué es que ella se está refiriendo. Ella dice,

«Y si solo hubiéramos sido vendidos como esclavos o esclavas, hubiera permanecido callada, porque el mal no se podría comparar con el disgusto del rey» (v. 4).

Ahora, vamos a hablar por unos pocos momentos sobre la petición que ella le hace al rey cómo la hace y qué tiene de sabia su actuación.

Primero que todo, al leer este pasaje vemos que a pesar de su grave situación y circunstancias, a pesar del hecho de que esto era una emergencia,

Ester no se desmorona

Ella no actúa como una arpía

Ella no le ladra órdenes al rey

Ella tiene su cabeza bien puesta, es balanceada

Ella no se ha comportado como una loca o histérica

Ella está muy controlada

Ella está bajo el control de Dios, y ha sido sabia en la manera en la que lo ha abordado. Ella le suplica humildemente al rey. Si he encontrado gracia ante tus ojos. Si le place al rey. Ella no aparece exigiendo sus derechos. Ella le habla con mucho respeto al rey.

Ella demuestra un respeto adecuado a su posición: Oh rey. Este es su esposo, pero también es el rey.

Así que ella le habla respetuosamente, sabiendo que ese hombre necesita ser respetado. Y ella sabe que si él se siente respetado, es más probable que honre la solicitud que ella le hace.

Ella pudo haberle dicho: ¡Idiota! ¡No puedo creer que firmaste esto sin verificar bien de lo que se trataba! Quiero decir, solamente imagínate cómo hubiéramos manejado una situación similar. Nuestras palabras, nuestra actitud y comportamiento pudieron haber sido realmente como el de una mujer salvaje.

Entonces ella hace una última solicitud, una solicitud específica: Permite que me sea concedida la vida, y permite que la vida de mi gente sea concedida. Observa que ella no ataca a Amán inicialmente. Sino que ella apela al hecho de que su vida está en peligro, porque el rey ha mostrado su favor; él obviamente se preocupa por ella, y ella sabía que esto era algo que a él le importaba.

Si ella hubiera llegado atacando a su hombre número dos, el rey podría haberse ofendido. ¡No ataques a mi primer ministro! Pero en lugar de eso, ella hace la petición basándose en el hecho de que su vida está en peligro, pensando que eso sería una motivación para el rey. Y tenía razón.

Ella hace su solicitud en términos de la pérdida del rey, en lugar de la suya. Ella se enfoca en sus mejores intereses. Eso es ser una mujer sabia. Y mantén esto en mente, ella era probablemente una adolescente; no mucho mayor que eso, unos veinte años como mucho. Ella es una joven con mucha sabiduría.

Ella no lanza acusaciones contra el rey. En lugar de ello le hace una solicitud específica, humilde y respetuosa.

Te puedes preguntar al leer este pasaje: ¿Cómo apelo yo ante la autoridad en medio de una crisis? ¿Es así como luce mi actitud? ¿Soy humilde? ¿Soy respetuosa?

Cuando estoy en desacuerdo con mi esposo, cuando estoy en desacuerdo con mi jefe, cuando estoy en desacuerdo con el liderazgo espiritual de la iglesia a la cual asisto:

¿Es mi solicitud humilde?

¿Es respetuosa?

¿Hago peticiones específicas?

¿He pensado cómo puedo poner todo este asunto en términos que velen por el interés de ellos? O simplemente voy y digo: esto es lo que ustedes hicieron, lanzando acusaciones, sin darles una oportunidad para respirar o para articular sus pensamientos y pensar sobre el asunto?

Pienso que en ocasiones la forma en la que abordamos a personas en posiciones de liderazgo, explica el por qué estos no responden de manera positiva, y es porque no les damos la oportunidad de respirar. No les damos la oportunidad de pensar.

Lo mismo te pasa a ti cuando tus hijos se acercan, cuando te están atacando. Ellos te dicen: no estoy de acuerdo con tu decisión. No debiste tomar esa decisión. Yo no tengo que hacer eso. ¿Acaso hará esto que tú reconsideres tu decisión? Difícilmente.

Pero si tus hijos se acercan a ti de una manera humilde, respetuosa y específica, después de que te recojan del suelo, del susto, seguramente estarás en la disposición de reconsiderar lo que sea que hayas hecho.

Bueno, versículo 5:

«Entonces el rey Asuero le preguntó a la reina Ester: ¿Quién es, y dónde está el que pretende hacer tal cosa? Y Ester respondió, ¡El adversario y el enemigo es este malvado Amán!» (vv. 5,6).

Ella finalmente pone en evidencia a Amán. Ahora que tiene la atención del rey, ahora que él está viendo las cosas desde la perspectiva de ella, le dice, «esto es lo que Amán ha hecho». Ella expuso a Amán como realmente él era, algo que el rey no había visto hasta este punto.

«...Entonces Amán estaba aterrorizado delante del rey y de la reina» (v. 6). De repente Amán se da cuenta,: estoy en un problema grave. Se da cuenta de que está condenado. Está aterrorizado.

Déjame sencillamente decir que los malvados no se dan cuenta todavía, pero un día su fiesta va a terminar. Ellos tendrán que rendir cuentas al Todopoderoso, al Dios santo, a quien ellos han ignorado, a quien ellos han hecho oposición, y cuyos caminos ellos han rechazado. Cuando ellos escuchen el veredicto de culpable y ellos enfrenten la ira y el juicio final de Dios, ellos estarán aterrorizados. Es verdad.

Amán llegó a esta fiesta sonriendo, dándose un banquete, teniendo un tiempo alegre, pensando que estaba siendo honrado por el rey. Entonces se da cuenta de que la fiesta se acabó, y está aterrorizado. Y al final esa siempre será la manera en que terminarán los malvados.

De repente el rey se da cuenta de lo que ha hecho. Él ha firmado impulsivamente la orden de muerte de su reina, y ahora está furioso con Amán, quien fue el que lo motivó a hacerlo. Así que el versículo 7 dice:

«Y dejando de beber vino, el rey se levantó lleno de furor y salió al jardín del palacio; pero Amán se quedó para rogar por su vida a la reina Ester, porque vio que el mal había sido determinado contra él por el rey.»

Él conocía a este rey. Él sabía como él era.

«Y el rey volvió del jardín del palacio al lugar donde estaban bebiendo vino, mientras Amán se había dejado caer sobre el lecho donde se hallaba Ester» (v. 8).

¿Qué palabra te recuerda esto? Providencia. El tiempo de Dios. La orquestación de Dios.

Yo pienso que Amán estaba simplemente rogándole a Ester que tuviera misericordia de él, que le perdonara la vida. Pero mientras el rey entraba y vio esta escena, el rey dijo, «¿Aun se atreve a hacer violencia a la reina estando yo en la casa?» (v. 8).

Ahora, ya sea que el rey creyera que realmente Amán estaba violentando a Ester o no, pienso que quizás no, de todas maneras la escena le dio a Jerjes la excusa que necesitaba para firmar la sentencia de muerte para Amán, para deshacerse de él.

«Así que mientras la palabra salía de la boca del rey, ellos cubrían el rostro de Amán. Entonces Harbona, uno de los eunucos que estaban delante del rey, dijo: «He aquí precisamente, la horca de cincuenta codos de alto está en la casa de Amán, la cual había preparado Amán para Mardoqueo, quien había hablado bien en favor del rey. Y el rey dijo, ahorcadlo en ella» (v. 8-10).

¡Una cosa más! Este hombre que salvó tu vida… Amán ha construido una horca; no solamente ha firmado la sentencia de muerte de la reina, sino que además ha construido una horca para ahorcar a su leal sirviente. El rey está harto. Y dice,

Colgadlo en eso. «Colgaron pues a Amán en la horca que había preparado para Mardoqueo, y se aplacó el furor del rey» (v. 10).

Tenemos aquí un sencillo retrato del hecho de que todo enemigo de Dios y de Su pueblo al final será destruido y está escrito en toda la Escritura. Es la ley del castigo divino. Ellos recibirán su parte. Ellos pagarán sus cuotas.

Annamarie: «¿A quién habría el rey de honrar más que a mí?» Estas palabras pueden salir de nuestra boca, y hemos visto que tienen consecuencias. Nancy regresará en breve con nosotras.

A lo largo de nuestra serie actual, «Ester: Mujer de Dios en el tiempo de Dios», Nancy nos ha estado mostrando aplicaciones prácticas que encontramos en la historia que estamos estudiando. La historia de la reina Ester, y en especial cómo se dirigió al rey, a su autoridad, es de gran ejemplo para nosotras.

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Ahora, Nancy regresa con nosotras para concluir nuestro tiempo juntas.

Nancy: Escucha este pasaje del Salmo 7, y observa si no describe lo que hemos estado leyendo aquí sobre Ester:

«He aquí, con la maldad sufre dolores, y concibe la iniquidad y da a luz al engaño. Ha cavado una fosa y la ha ahondado, y ha caído en el hoyo que hizo. Su iniquidad volverá sobre su cabeza, y su violencia descenderá sobre su coronilla» (vv. 14-16).

Esa es la manera de Dios. Y es eso exactamente lo que Amán está experimentando aquí.

Segundo de Samuel capítulo 3, versículo 39 lo dice de esta manera: «¡Que el Señor pague al malhechor conforme a su maldad!»

Proverbios 22:8 dice, «El que siembra maldad cosecha desgracias».

Es la ley de siembra y cosecha. Si tú siembras amargura, enojo, crueldad, dureza y egoísmo, eso es lo que cosecharás.

Por otro lado, aquellos que siembran misericordia, bondad y generosidad, a su tiempo, en su momento, cosecharán lo que han sembrado.

Ahora, estamos tentadas a ver las cosas como son en nuestro mundo, donde el malvado aparenta prosperar… Muchas veces parecería que el malvado está prevaleciendo, mientras que los piadosos parecieran estar oprimidos. Parecería que están siendo vencidos por los malvados.

Algunas veces cuando tú ves las cosas como están en el momento, te puedes desesperar sobre el desenlace final. No cometas el error de creer que las cosas siempre serán como son ahora. Lo cierto es que Dios está todavía en Su trono.

En Su tiempo Él corregirá todo lo incorrecto. Él vindicará a todos los que son suyos. Él revelará Su gloria en esta tierra. Él levantará al justo. Él ejercitará Su juicio sobre aquellos que se opusieron a Él y a Sus caminos.

El autor del himno lo expresa de esta manera:

El mundo es de mi Dios, jamás olvidaré que aunque infernal parezca el mal, mi Padre Dios es Rey.

El mundo es de mi Dios; y al Salvador Jesús hará vencer con Su poder por la obra en la cruz.1

Oh Padre, cómo esperamos el día cuando Tu reino venga y Tu voluntad sea hecha aquí en la tierra como en el cielo. Ayúdanos en este día a sembrar semillas de justicia y a confiar en Ti, de que a su debido tiempo seremos recompensadas.

Recuérdanos, cuando parezca que los malvados están imperando, que su día está llegando, y que Tú juzgarás al malvado. Y Señor, mientras tanto Tú eres paciente… No deseando que ninguno perezca sino que todos vengan al arrepentimiento.

Así que gracias a Ti por esta oportunidad que Tú le has dado al malvado para que se arrepienta. Que así sea, oh Dios, para Tu gloria. En el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: ¡Amén! Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth invitándote a vivir una vida contracultura.

Este es el mundo de nuestro Padre. Tantas empresas, gobiernos, y grupos pueden pensar poseer partes de este planeta, pero ciertamente le pertenece a Aquél que lo creó. El libro de Ester nos recuerda esto.

Te esperamos aquí el lunes, para la continuación de esta maravillosa historia. ¡Qué tengas un bendecido fin de semana y día del Señor!

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

1 «Este es el mundo de mi Padre». Maltbie Babcock

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.