Una respuesta de rendición
Débora: ¿Cómo terminarías esta frase? «Vivir según la Palabra de Dios es como…». Según Nancy DeMoss Wolgemuth, tu respuesta no debería incluir palabras como «un picnic» o «un pastel».
Nancy DeMoss Wolgemuth: Su llamado implicará dificultades, sufrimiento y obstáculos. Solo les digo que no es un llamado a una vida fácil. Seguimos los pasos del Salvador, quien estuvo dispuesto a dar su vida para que nosotros pudiéramos vivir.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Rendición: El corazón en paz con Dios», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 11 de febrero de 2026.
Si has escuchado Aviva Nuestros Corazones durante mucho tiempo, sabrás que a Nancy le gusta repetir ciertas frases, palabras que le ayudan a guiar su propia vida y que ella espera que también nos ayuden a guiar la nuestra. Una de las que más …
Débora: ¿Cómo terminarías esta frase? «Vivir según la Palabra de Dios es como…». Según Nancy DeMoss Wolgemuth, tu respuesta no debería incluir palabras como «un picnic» o «un pastel».
Nancy DeMoss Wolgemuth: Su llamado implicará dificultades, sufrimiento y obstáculos. Solo les digo que no es un llamado a una vida fácil. Seguimos los pasos del Salvador, quien estuvo dispuesto a dar su vida para que nosotros pudiéramos vivir.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora de «Rendición: El corazón en paz con Dios», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 11 de febrero de 2026.
Si has escuchado Aviva Nuestros Corazones durante mucho tiempo, sabrás que a Nancy le gusta repetir ciertas frases, palabras que le ayudan a guiar su propia vida y que ella espera que también nos ayuden a guiar la nuestra. Una de las que más ha repetido últimamente es, digámoslo juntas: «¡El cielo gobierna!».
Si has asistido a alguna de nuestras conferencias True Woman, estarás familiarizada con otra, y esa es: «¡Sí, Señor!». Esa frase representa una actitud del corazón de aceptar todo lo que Dios tiene para nosotras.
Hoy escucharemos la historia de una mujer que dijo de todo corazón: «¡Sí, Señor!». Vamos a escuchar una porción de un mensaje que Nancy dio en el 2008, en la primera conferencia True Woman. El tema de ese evento fue «Para un tiempo como este», basado en el libro de Ester.
Si eres oyente habitual de este pódcast, recordarás que hace unos años dedicamos varias semanas a estudiar el libro de Ester. Fue un estudio muy enriquecedor y lo puedes volver a escuchar en AvivaNuestrosCorazones.com. El mensaje de Nancy del día de hoy trata algunos de esos mismos temas, pero te ofrecerá diferentes cosas en las cuales pensar y por las cuales orar.
En caso de que necesites un repaso, aquí tienes algunos antecedentes de la historia. Quizás recuerdes que Ester era una joven judía que fue obligada a entrar en el harén del rey Asuero. Las Escrituras parecen indicar que él era un tirano caprichoso y colérico con un problema de alcoholismo.
Hubo un complot por parte de un hombre llamado Amán para exterminar al pueblo judío. El pariente de Ester, Mardoqueo, la animó a hablar con el rey al respecto. Ella sabía que hacerlo pondría en peligro su propia vida. Fue entonces cuando Mardoqueo le transmitió su tan conocido mensaje a Ester. Podemos leerlo en Ester, capítulo 4, a partir del versículo 14. Dice la Palabra del Señor:
«Porque si permaneces callada en este tiempo, alivio y liberación vendrán de otro lugar para los judíos, pero tú y la casa de tu padre perecerán. ¿Y quién sabe si para una ocasión como esta tú habrás llegado a ser reina?».
Y en los versículos 15 y 16 vemos la valiente respuesta de Ester. Ella dijo:
«…y así iré al rey, lo cual no es conforme a la ley; y si perezco, perezco» (v. 15-16).
Partiendo de este contexto, aquí está Nancy para retarnos a responder al Señor con actitudes como las de Ester. Escuchemos.
Nancy: Así que espera a que Dios actúe. Espera en Su tiempo. Recuerda que no ganas insistiendo, quejándote, gritando, chillando, acosando, manipulando, lloriqueando, o avergonzando. Esas cosas pueden abrirte camino en el sentido inmediato, pero no ganarán ninguna victoria en el reino de Dios.
Tendemos a justificar ese tipo de comportamiento, volviéndonos peleonas o gritando cuando las circunstancias se ponen difíciles. Incluso en nuestra situación política actual, se escucha mucho ese tono áspero y lleno de ira. Pero eso no debería venir del pueblo de Dios: ni en tu matrimonio, ni en el ámbito nacional, ni en el mundo digital. Debe notarse en nosotras una disposición mansa y suave de espíritu que refleje poder bajo control, el poder de Dios bajo control.
Aquí vemos a una mujer en las circunstancias más desesperadas, enfrentándose literalmente a la posibilidad de la muerte, y vemos a Ester controlando notablemente su lengua y sus emociones. No hay prisa, ni dramatismo, ni arrebatos histéricos. Ella es un ejemplo increíble de dominio propio porque sabe que el reino de Dios tiene el control. Recuerda esto cuando vuelvas a casa. Sé que sigo repitiendo lo mismo, pero sé que dentro de veinticuatro horas tendrás la tentación de olvidar lo que he dicho, así que quiero repetirlo lo suficiente para que no lo olvides.
No juzgues el resultado de la batalla por cómo se ven las cosas ahora.
En el aquí y ahora, como vimos con Mardoqueo y Amán, los malvados a menudo prosperan y con frecuencia los piadosos sufren, pero no te desesperes cuando veas que eso sucede. Recuerda que las cosas no son ahora como siempre serán. En las primeras escenas de Ester, vimos a los malvados festejando. Vemos a los justos llorando a medida que se desarrolla la historia. Pero al final de la historia, los malvados han sido juzgados y los justos están festejando. Esa es una imagen de lo que está por venir. ¿Estás lista para ese día?
Los malvados están ahora en la cima, pero algún día rendirán cuentas, habrá un juicio final. Los justos sufren ahora, pero algún día llegará el triunfo del reino de Dios. El Hombre que viene montado en un caballo blanco irrumpirá entre las nubes y vendrá a tomar el control, y habrá alegría, gozo eterno para el pueblo de Dios. Al final, el Salmo 58, versículo 11, nos dice que la humanidad dirá: «Ciertamente hay recompensa para los justos. Ciertamente hay un Dios que juzga en la tierra». Dios es quien escribe el capítulo final.
Y por cierto, déjame decirte que aún no hemos leído el capítulo final. Bueno, tenemos un destello de él, pero aún no lo hemos leído, aunque ya está escrito. No hay misterios en el cielo. Dios ya escribió el capítulo final en la eternidad pasada, y se está desarrollando en el escenario del drama de la humanidad.
Así que ahora es el tiempo. Creemos en Dios para un movimiento de reforma y avivamiento en los corazones y hogares de las mujeres cristianas de todo el mundo. Hoy tenemos muchas personas que se unen a nosotros a través de Internet. Tú también formas parte de esto. Queremos darte la oportunidad de unirte a nosotros para decir: «Esto es lo que creemos, esto es lo que afirmamos, queremos ser parte de esa revolución contracultural para recuperar el terreno que se ha cedido a la forma de pensar del mundo durante tantos años».
Cuando piensas en esa revolución contracultural, puede parecer muy posible hoy, mientras estamos todas aquí animándonos unas a otras, pero cuando vuelvas a tu lugar de trabajo, donde todos piensan que estás loca por tus creencias, porque no hablas como ellos, no te acuestas con cualquiera como ellos, no tienes las mismas actitudes que ellos. Hablas del Manifiesto de la Mujer Verdadera y te encuentras con muchas mujeres cristianas que o no están de acuerdo con lo que vamos a afirmar, o piensan que es totalmente irrelevante y te preguntan: «¿Pero qué importancia tiene?».
Pero tú dices en tu corazón: «Esto sí importa», y en tu corazón sabes que es verdad, pero te sientes muy sola en esto; parece algo imposible. Bueno, cuando te sientas así, recuerda a Ester, levantada por Dios para un tiempo como este, para marcar una gran diferencia en su mundo. Una mujer joven, común y corriente, en el escenario humano, con muchas cosas difíciles en su pasado, pero Dios le dio valor y fe. Como resultado de su rendición y su obediencia, una mujer en el plan de Dios salvó a millones de su pueblo de la destrucción.
Hoy en día, muchas mujeres, incluso las cristianas, están desorientadas. No experimentan la libertad, la plenitud ni abundancia en Cristo. Tenemos muchas amas de casa verdaderamente desesperadas, incluso dentro de la iglesia, pero Dios nos ha dado en Su Palabra un mensaje de gracia y esperanza para esas mujeres. Así que creo, por si aún no me has escuchado decirlo, que Dios te ha traído a este reino, Su reino, para un tiempo como este, y eso significa estar dispuesta a ir contra la corriente.
Chicas adolescentes, eso significa estar dispuestas a seguir a Cristo y Su Palabra cuando parece que todas las demás chicas de su edad están obsesionadas con la belleza, los chicos, ellas mismas, el sexo y divertirse. Eso significa poner tus afectos en Cristo, guardar tu corazón, elegir el camino de la pureza, convertirte en portavoz de la verdad en tu generación cuando toda la presión de tus compañeros va en la dirección opuesta.
Mujeres solteras, eso significa ir contra la corriente para ustedes. Significa elegir el camino del contentamiento, estar dispuestas a casarse, estar dispuestas a permanecer solteras, lo que Dios tenga para ustedes, para Su gloria y por el bien de Su reino.
Significa que, mientras estés soltera, hagas lo que muchas de mis amigas solteras están haciendo: usar este tiempo para servir al Señor sin distracciones. Significa estar dispuesta a ser sexualmente pura, en tus veinte, treinta y cuarenta años como mujer soltera, para ser sierva de la familia de Dios.
Creo que hay algunas de ustedes aquí hoy, mujeres solteras, que Dios quiere usar sus dones y su formación en el ministerio cristiano vocacional, tal vez incluso llevando el evangelio a otras partes del mundo, como muchas mujeres solteras han hecho antes que nosotras.
Mujeres casadas, también para ustedes es un llamado a ir contra la corriente. Un llamado a ser fieles en un mundo de promesas rotas, a amar a sus esposos, a orar por ellos, a construir un matrimonio que glorifique a Dios. Significa ser fieles en los tiempos buenos y en los tiempos difíciles. Significa decir sí a ese alto y santo llamado de ser una ayuda para tu esposo, de respetarlo, como exhorta la Escritura, de someterse a él como una imagen de su sumisión a Cristo mismo.
Significa entregarte de todo corazón a ese esposo y decir no a la intimidad emocional o física con cualquier otro hombre que no sea tu esposo. Creo que hay mujeres aquí a las que Dios ha estado llamando. Han estado siguiendo la corriente, han estado siguiendo sus emociones, han estado siguiendo lo que es natural, y Dios las está llamando hoy a romper esos apegos equivocados y a decir sí a la fidelidad, aunque eso signifique ir contra la corriente.
Madres, ir contra la corriente significa aceptar el llamado y el don de ser dadoras de vida y nutrir a otros que Dios te ha encomendado. No dejen que el mundo les diga cuántos hijos deben tener. Dejen que Dios les dé Su visión del impacto que sus hijos y nietos podrían tener en Su reino para las generaciones venideras. Significa estar dispuestas a luchar por las almas de sus hijos y nietos y decir: «Señor, no vamos a dejar que el enemigo se quede con la próxima generación. Queremos que Te pertenezca a Ti».
Mujeres mayores, ¿qué significa para ustedes ir contra corriente? Significa que escogen no retirarse espiritualmente. No se conformen con una vida consumida por el golf, los juegos de mesa, actividades sin sentido y la preocupación por ustedes mismas. Veo algunas canas en este lugar, y estoy muy agradecida por ellas, y quiero decirles a ustedes, mujeres, que las mujeres jóvenes, las mujeres más jóvenes, las necesitan. Necesitan su consejo, su aliento, sus oraciones. Necesitan que las acojan bajo su cuidado y las ayuden a aprender a vivir vidas que agraden al Señor.
Hoy llevo puesto un collar que me regaló una mujer a la que llamaba «mamá Johnson». Viví con su familia cuando era estudiante en la Universidad del Sur de California hace muchos años, y nos mantuvimos en contacto a lo largo de los años. Ella era una de mis compañeras de oración más fieles. La vi envejecer con dignidad. La vi permanecer en la batalla. La vi seguir sirviendo y persiguiendo a Cristo en su crecimiento espiritual.
En su funeral, si no recuerdo mal, tenía noventa y dos años, y me dio esto cuando ya tenía más de noventa; lo encontró y me lo envió por mi cumpleaños. En su funeral, conocí a una joven madre de unos treinta años que me dijo: «Mamá Johnson fue mi mentora durante años». Hasta finales de los ochenta y principios de los noventa, mamá Johnson acogió a mujeres bajo su protección, las animó y las discipuló. Necesitamos más mamás Johnson que ocupen su lugar.
Y quiero decirles solo unas palabras más para aquellas de ustedes que tienen mi edad o más. Ahora formamos parte de la generación de los setenta y siete millones de personas nacidas después de la Segunda Guerra Mundial. Tenemos mucha energía, capacidad y oportunidades: esta será la generación más grande que jamás tendremos, porque debido al control de la natalidad y a la decisión de no tener hijos en este tiempo, probablemente nunca habrá otra generación del tamaño de los nacidos después de la Segunda Guerra Mundial.
Así que tenemos esta enorme fuerza de hombres y mujeres con la oportunidad de invertir nuestras vidas en el reino de Dios en esta temporada de la vida, y creo que hay un movimiento masivo de mujeres verdaderas entre esos millones de mujeres que son capaces de conquistar todo tipo de frentes de batalla para Cristo.
Algo o alguien va a captar la atención y el afecto de las mujeres de la generación posguerra a medida que se acercan a sus últimos años, y debemos orar para que Dios levante un ejército de verdaderas mujeres de Dios entre ellas.
Muchas de ustedes conocen la historia y los escritos de Amy Carmichael, quien en 1895 se fue a la India como una mujer soltera de veintiocho años. Permaneció allí durante los siguientes cincuenta y cinco años sin tomarse ningún tipo de vacaciones o permiso de salida.
Cuando llegó, descubrió que había niñas, bebés, niñas pequeñas y mujeres jóvenes que habían sido capturadas y vendidas para prostituirse en los templos hindúes. Su corazón se rompió al ver aquello y dijo: «Alguien tiene que hacer algo al respecto».
Bueno, Dios había traído a Amy Carmichael a Su reino para un momento como ese. Así que, una vida tras otra, ella y su pequeño grupo de colaboradores comenzaron a rescatar a esas niñas de los templos en los que estaban retenidas. Era un trabajo peligroso. Era un trabajo difícil. Tenían que hacer frente a los enemigos de una religión y una cultura arraigadas desde hacía siglos. Tenían que ir contracorriente.
Cuando hablamos de esta revolución contracultural, a menudo les digo a las mujeres: «Tenemos que estar dispuestas a ser salmones, nadando contra corriente». ¿Qué hacen los salmones? Habrás escuchado las historias y habrás visto las imágenes de cómo nadan río arriba. Se lastiman y se golpean contra las rocas. ¿Y por qué lo hacen? Para dar a luz. Para dar vida. Ellos dan vida, y luego, ¿qué hacen? Mueren. Y puede que digas: «Bueno, eso no suena como algo a lo que yo quiera sentirme llamada». Pero, piensa, ¡qué imagen tan hermosa del corazón de Cristo, el corazón del Calvario, que nadó río arriba, ensangrentado y golpeado, para dar vida espiritual, entregando su vida para darnos vida eterna!
Escucha, puede que muramos en el proceso, pero si morimos cumpliendo los propósitos del reino y la voluntad de Dios para nuestras vidas, que así sea. Si perezco, perezco. Voy a arriesgarlo todo.
Eso fue lo que hizo Amy Carmichael durante todos esos años: arriesgó su vida para rescatar a una niña, a una joven tras otra, trabajando incansablemente para salvar esas vidas y sacar a la luz las obras de las tinieblas que se habían cobrado la vida de tantas niñas en la India. En cada paso del camino, ella luchó contra los poderes de las tinieblas, pero no con sus propias fuerzas, sino con la fuerza y el poder de Dios, que la había enviado allí. Ella aguantó y perseveró durante todos esos años a través de un puñado de victorias, pero también a través de numerosas pérdidas desgarradoras y aparentes derrotas.
Quizás ahora los problemas sean un poco diferentes en nuestros días, aunque tenemos todo el tema del tráfico sexual, que es un problema grave en nuestro mundo. Los problemas que nos rodean no son menos graves que los de aquellas niñas vendidas para prostituirlas en el templo. Las mujeres y las niñas que nos rodean —vivimos entre ellas— están esclavizadas por la culpa, el miedo, la amargura, la ansiedad, trastornos alimenticios, comportamientos pecaminosos, adicciones y la depresión. Necesitan ser rescatadas del enemigo que las ha hecho prisioneras. Estamos llamadas a luchar contra los poderes de las tinieblas en el nombre, el poder y el Espíritu del Señor Jesús, y a unirnos a Dios en Su gran operación de rescate. Estamos llamadas a hacer brillar la luz en la oscuridad, a ver a los cautivos liberados y a ver a Dios glorificado.
Mientras estaba en el proceso de orar con amigos y colegas sobre el lanzamiento del ministerio de Aviva Nuestros Corazones, les pedí a los miembros de la Junta Directiva y del Consejo de Asesores de nuestro ministerio que oraran sobre esa decisión. Llegamos a una reunión de la junta, y participé en una conversación, una discusión sobre si era el momento para que el ministerio lanzara lo que se convirtió en el Ministerio de Radio Aviva Nuestros Corazones. Había un señor mayor —supongo que tendría unos setenta años, tal vez ochenta— que estaba en ese grupo de hombres. Es un hombre de oración. Algunos de ustedes conocen el nombre de T.W. Hunt, que ha sido un maestro y líder bíblico por muchos años.
Estuvo en silencio durante un largo rato, ya que había mucha discusión en la sala, y entonces, cuando todos los demás habían dicho lo que tenían que decir, el hermano T.W. tomó la palabra. Dijo:
«He estado orando por esto. Quiero decirles que durante muchos años he sentido una profunda preocupación y angustia en mi corazón por la corrupción generalizada y creciente entre las mujeres de nuestra cultura, la corrupción entre las mujeres, la crudeza, la vulgaridad, el secularismo. He estado preocupado y orando por esto durante años, preguntándome qué podría marcar la diferencia, qué podría solucionarlo, qué podría ir en contra de esa tendencia.
Mientras he estado orando sobre la posibilidad de lanzar Revive Our Hearts, creo que Dios ha levantado este ministerio para ser una luz y marcar la diferencia y enfrentarse a los poderes de las tinieblas entre las mujeres, para revertir la corriente de corrupción que hay entre las mujeres».
Cuando escuché esas palabras, por un lado, me sentí inspirada y agradecida por la ayuda para aclarar la misión. Pero, por otro lado, sentí una verdadera sensación de debilidad, de insuficiencia abrumadora y de temor. El Señor me recordó, como lo ha hecho muchas veces a lo largo de los años, y comparto esto no solo para contarles mi historia, sino para decirles que, sea lo que sea a lo que Dios las esté llamando, tal vez tenga sentimientos de debilidad, insuficiencia y temor, porque supongo que no soy la única que lucha con esas cosas.
El Señor me llevó de vuelta a ese pasaje del capítulo 1 de Lucas, donde el ángel se le apareció a María y le dijo: «Vas a tener un hijo. Será el Hijo de Dios. Sé que no estás casada. Sé que nunca has tenido relaciones íntimas con un hombre, pero esto es lo que Dios va a hacer». María hizo la pregunta obvia: «¿Cómo puede ser esto? No es humana ni físicamente posible». Eso fue lo que yo experimenté cuando hablamos de iniciar este ministerio con esta misión. ¿Cómo puede ser esto? No tengo los dones, las habilidades, las capacidades; nadie las tiene. Este es un tema muy, muy importante: lo que debe suceder entre las mujeres hoy en día.
El ángel le dijo a María, y estas palabras han sido la Palabra de Dios para mi corazón muchas, muchas veces a lo largo de los años: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con Su sombra».
¿Quién va a ganar la batalla? Dios. ¿Quién te llenará de poder? Dios, con Su poder. «Nada será imposible para Dios», dijo el ángel. ¿Cuál fue la respuesta de María? Si tengo un versículo para mi vida, probablemente sea este, Lucas 1:38. María dijo simplemente, con fe, humildad y entrega: «Aquí tienes a la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra». María dijo: «Sí, Señor». Ester dijo: «Sí, Señor». Amy Carmichael dijo: «Sí, Señor».
Si hoy les preguntaras a esas mujeres: «¿Valió la pena? ¿Lo volverías a hacer?», ¿tienes alguna duda sobre lo que dirían? Millones de judíos se salvaron, y se preservó la línea a través de la cual vendría el Mesías. Cientos y cientos de niñas en la India fueron rescatadas de las garras de Satanás y recibieron vida física y espiritual. Y el Salvador nació.
Su llamado en nuestras vidas a veces será difícil. Quizás tú te encuentres en esa situación difícil en este momento. Su llamado implicará dificultades, sufrimiento y obstáculos. Amigas, les advierto que este no es un llamado a una vida fácil. No es un llamado a la comodidad, la conveniencia ni a la realización personal. Es un llamado a glorificar a Dios entregando tu vida. Implicará dificultades. Pero seguimos los pasos del Salvador, que estuvo dispuesto a dar su vida para que nosotras pudiéramos vivir.
Cuando ustedes y yo veamos el rostro de Cristo, y no tardará mucho, si hemos sido fieles en cumplir Su llamado en nuestras vidas, diremos: «Cristo, todo valió la pena por Ti». De hecho, creo que la mayoría, si no todas, diremos: «Ojalá le hubiera dado más». ¿Lo volveríamos a hacer? Por supuesto.
Le pido a Dios que levante un gran grupo de mujeres, mujeres con valentía, fe, compasión, humildad y sabiduría. Mujeres llenas de Cristo para un momento como este. ¿Te unirás a mí en esta misión? ¿Serás parte de esta revolución contracultural? ¿Dirás: «Sí, Señor. Soy tu sierva. Tómame, úsame, gástame. Cumple todos Tus santos propósitos eternos en y a través de mi vida, sin importar el costo»?
Oh, Padre, cómo ruego para que encuentres aquí un grupo de mujeres que simplemente digan: «Sí, Señor», por amor a Jesús y por amor a Tu gran reino, amén.
Débora: En el año 2008, Nancy oraba para que se levantara una gran multitud de mujeres. El día de hoy, podemos ver cómo esta oración está llevándose a cabo. Ha estado sucediendo durante todos estos años. Ahora, te invitamos a unirte a nosotras. ¿Te unirás a nosotras para decir: «Sí, Señor»?
Escuchamos a Nancy DeMoss Wolgemuth en una conferencia de True Woman en el año 2008, retándonos a responder al Señor de la misma manera que lo hicieron las mujeres de las que leemos en la Biblia, como Ester y María de Nazaret. O ejemplos más recientes como Amy Carmichael y muchas otras cuyas vidas han proclamado: «¡Sí, Señor!». ¿Cómo nadarás contra la corriente en obediencia a Dios? ¿Te unirás a nosotros?
Esto no es solo un llamado a todos «los demás». No, es para ti y para mí, para nosotras aquí en Aviva Nuestros Corazones, tu familia y tu iglesia. Vayamos primero, antes de esperar que otros nos sigan.
Si quieres escuchar más enseñanzas sobre la rendición, puedes ir a AvivaNuestrosCorazones.com. Haz clic en el episodio de hoy y encontrarás un enlace en la transcripción a todos los programas sobre ese tema.
Creo que también te resultará útil el libro de Nancy sobre la rendición. Se titula «Rendición: El corazón en paz con Dios». Este recurso te ayudará a aplicar lo que has aprendido y te dará pautas prácticas para vivir una vida totalmente rendida a Dios.
En la serie que iniciamos el día de mañana, escucharemos un mensaje de Karen Loritts que también compartió en la primera conferencia de True Woman. Ella ha aprendido sobre el poder de las relaciones que nos fortalecen cuando la vida amenaza con desmoronarse. Karen nos mostrará por qué las relaciones cercanas con nuestras hermanas en Cristo son tan importantes. ¡Te esperamos mañana para una nueva serie de Aviva Nuestros Corazones!
Llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
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