Aviva Nuestros Corazones Podcast

Vive lo que enseñas

Annamarie Sauter: Si estás desanimada porque sientes que no estás a la altura de lo que debes ser, Mary Kassian te dice: «¡Ánimo!»

Mary Kassian: Todos tenemos huellas de hipocresía en nuestras vidas. Y el problema no es cuando vemos estas marcas de hipocresía. Creo que el problema es cuando no las vemos.

Annamarie Sauter: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

Si estás leyendo la Biblia junto a nosotras este año, la lectura de hoy es Josué capítulos 18 al 21.

Dannah Gresh: Nancy, ¿recuerdas esa tensión, esa sensación que te daba justo antes de entrar a una clase en la universidad para tomar un examen?

Nancy DeMoss Wolgemuth: Oh, sí, ¡me encantaban esos días! 

Dannah: ¡A todas nos encantaban! ¿No es así?

Nancy: Casi no podía esperar. Y entonces era viernes y sabías que nos darían un examen sorpresa... «¡¿Es esto una sorpresa?!»

Dannah: Bueno, hoy en Aviva Nuestros Corazones vamos a tener un examen sorpresa.

Nancy: ¡Oh, genial! No puedo esperar.

Dannah: Creo que te irá bien. Vamos a ver algunas preguntas que, de alguna manera, nos ayudarán a cada una de nosotras –como individuos– a determinar si somos auténticas, si realmente estamos viviendo lo que enseñamos sobre la fe cristiana.

Nancy: Guau, es un gran compromiso, Dannah. El mundo nos observa a aquellas que afirmamos ser cristianas. En muchos casos dicen: «No estás viviendo esto. Estás diciendo algo que no veo en tu vida».

Dannah: Hipocresía.

Nancy: Y no crees también, que muchos de los creyentes jóvenes que nos observan a aquellos que llevamos más tiempo en el evangelio, piensan o dicen: «Ustedes no son creíbles».

Dannah: Sí. Realmente creo que tenemos que escuchar esas voces más jóvenes que hacen preguntas. No siempre es mera inquietud. A veces están viendo algo que necesita ser arreglado. Creo que una de las cosas que ven es que los creyentes más maduros en la fe están muy convencidos de verdades específicas en la Biblia, pero en ocasiones no están dando lugar a la parte de la compasión de esa convicción. Y creo que hay muchas razones. 

Vamos a sumergirnos en una evaluación para ver cómo nos va, cómo están nuestros corazones. Porque, ¡hey!, si cada una de nosotras lo descubre para su propia vida, todo el cuerpo de Cristo. . .

Nancy: ¡Qué diferencia va a hacer! Y no puedo pensar en nadie mejor para ayudarnos a tratar este tema, que nuestra amiga Mary Kassian. Ella no es una extraña para Aviva Nuestros Corazones. Es nuestra amiga desde hace mucho tiempo y la autora de esta evaluación.

Las personas me dicen, sobre algunos de mis libros, «¡ese libro me trajo mucha convicción!»

Y digo: «¡Tú debiste escribirlo!» Porque al escribir, tienes que haber tratado personalmente con el tema. Y puedo decir, Mary, con relación a este libro que has escrito, «La verdadera fortaleza», que primero permitiste que Dios hablara a tu propio corazón.

Estamos muy contentas de darte la bienvenida de nuevo en Aviva Nuestros Corazones. Gracias por unirte a nosotras en esta conversación.

Mary: Gracias, es maravilloso estar aquí.

Nancy: Este libro es un recurso que tanto Dannah como yo desearíamos haber escrito. Simplemente atrapó nuestro corazón y la esencia del mensaje de este ministerio en lo que respecta a, «¿qué significa ser una mujer fuerte de Dios en el mejor sentido posible?»

Me encanta que lo hayas desglosado en pequeñas porciones, ideas, conceptos—tú los llamas hábitos. Hemos estado viendo un pasaje en 2 Timoteo, en el capítulo 3, que es el pasaje en el que se fundamenta todo el libro.

Mary: Que habla sobre «mujeres débiles», de hecho, es el pasaje donde Pablo llama a un grupo de mujeres en la iglesia de Éfeso «mujeres débiles». Este pasaje explica algunos hábitos, hábitos negativos y algunas de las razones por las que probablemente ellas eran débiles.

Nancy: Y nos está ayudando a comprender cuáles son los hábitos que debemos cultivar en lugar de los negativos, por eso el subtítulo del libro. 

Mary: Hábitos sorprendentemente sencillos de una mujer espiritualmente fuerte.

Nancy: ¡Eso tiene un gran significado! ¡Si pudiéramos aplicar esto en nuestras vidas! Al leer los capítulos, veo que cada uno se relaciona a uno de esos hábitos «sorprendentemente sencillos». No sé… la palabra «sencillos»... Creo que son sencillos en el sentido de que son básicos y fundamentales.

Dannah: Sencillos en concepto, pero no siempre fáciles de vivir.

Mary: Bueno, creo que son sencillos en concepto; creo que llevarlos a la vida diaria quizás es sencillo, pero, es la gran cantidad de esfuerzo que necesitamos. . . Este es el asunto con relación a los hábitos. No es hacer mucho a la vez, es solo un poco a la vez; pero su efecto es exponencial en la medida que haces un poquito, y otro poquito y otro poquito. ¡Te encontrarás en un lugar muy diferente!

Nancy: Sí, la diferencia es grande.

Mary: Así que ese es el punto: estas son cosas sencillas. No es sencillo convertirse en una mujer fuerte; lo sabemos. Se necesitan hábitos y obediencia al Señor que se viven a lo largo de nuestra vida, un paso a la vez.

Nancy: Y no importa si eres una nueva creyente o si has sido cristiana durante muchos años como nosotras, estas son cosas que siempre debemos detenernos y evaluar, «¿cómo me está yendo en esto?»

Y nos necesitamos unas a otras; tan solo esta conversación ha sido muy útil para mí. He estado sentada aquí pensando en áreas de mi vida que necesitan ser fortalecidas y que necesitan vigilancia y cuidado. . .y otros asuntos que simplemente tal vez he olvidado. Necesitamos recordarnos unas a otras las cosas que importan.

Vayamos nuevamente a 2 Timoteo capítulo 3, para preparar el escenario. Ya hemos visto cuatro de estos hábitos, y voy a pedirte que nos los refresques antes de que veamos el quinto hoy. Pablo habla con Timoteo, el pastor de la iglesia en Éfeso, acerca de estas personas que deberían evitarse.

Ellos tienen una apariencia de piedad, pero niegan el poder de esta. No tienen lo que es real. Y eso va a ser importante cuando hablemos de este tema de «vivir lo que enseñamos», porque incluso estos falsos maestros parecen ser piadosos, pero realmente no lo son; y Pablo le dice a Timoteo que evite a estas personas porque son peligrosas.

Él dice: «Porque entre ellos están los que se meten en las casas y llevan cautivas a mujercillas cargadas de pecados, llevadas por diversas pasiones, siempre aprendiendo, pero que nunca pueden llegar al pleno conocimiento de la verdad» (vv. 6-7). 

Ahora, Mary, solo recuérdanos dónde hemos estado y luego veremos el quinto hábito.

Mary: Cuando divides este versículo en partes, lo divides en oraciones y entonces puedes ver muchos pequeños hábitos, pequeñas cosas, que estas mujeres dejan escapar.

El primero, es que ellas permitieron entrar «trepadores» o intrusos. 

Así que, el primer hábito que debemos cultivar como mujeres fuertes es «atrapar a los intrusos»; estar atentas a las formas en que la impiedad y los hábitos pecaminosos están abriéndose camino en nuestras vidas, para poder atraparlos y limitar su influencia. 

Ellos se introducen sutilmente a nuestras vidas.

El segundo es dominar nuestras mentes. Aquí se habla de que estas mujeres fueron «tomadas cautivas». Fueron «capturadas». No estaban pensando de manera correcta. Fueron tomadas cautivas por falsas enseñanzas, por los falsos maestros y por formas de pensar que no son coherentes con la verdad de Dios.

Dannah: Y hay muchas de esas opciones disponibles para nosotras hoy en día, incluso en nombre del cristianismo. Hay muchas enseñanzas y doctrinas falsas que se desvían de la verdad.

Mary: Sí, y vamos a cubrir esa parte al hablar de un próximo hábito, pero más específicamente, en términos de lidiar con ese diálogo que toma lugar en nuestras mentes todo el tiempo.

Dannah: Un diálogo interno.

Mary: Un diálogo interno, y comenzar a pensar de la manera correcta. El siguiente está relacionado a, «cargada de pecados». Hablamos de la libertad y la alegría de la confesión. Y creo que una mujer fuerte se despoja del bagaje, se deshace del pecado, la culpa y la vergüenza.

Nancy: ¡Me encanta eso!

Mary: No solo cuando llega a conocer a Jesús, no solo confesando y llegando a la fe en Cristo, sino de manera continua. Ella lo convierte en un hábito diario.

Dannah: Cuando hablamos acerca de eso varios de nosotros en el estudio estábamos al borde de las lágrimas. Fue tan dulce. Entonces, oyente, si te perdiste ese programa, realmente te animo a que lo escuches. Serás animada. Puedes escucharlo en AvivaNuestrosCorazones.com

En la sección: «Programa diario» puedes escuchar el programa del día y debajo encontrarás: «Temporada completa» para escuchar los programas anteriores en la serie.

Nancy: Y si no estamos haciendo eso, practicando la confesión, la carga del pecado se acumulará y nos pesará y nos abatirá.

Mary: Lo hace, y es muy angustiante ver a una mujer oprimida por el bagaje del pecado. ¡Pero es tan alentador ver cuando Jesús la libera de esa carga!, es simplemente tan precioso verla libre de ese peso.

Nancy: Amén. Bueno y el número cuatro…

Mary: El número cuatro se relaciona a ser «llevada por diversas pasiones». Hablamos de pasiones, deseos, sentimientos—cómo estas son positivas. Las emociones nos han sido dadas como un buen regalo de Dios. No debemos negarlas, pero tampoco debemos ser manejadas por ellas. Debemos poner nuestras emociones bajo el señorío de Jesucristo y controlarlas.

Nancy: Acabas de decir eso en tan pocas palabras, tan rápido. ¡Desearía que fuera así de fácil!

Mary: ¡Desearía que fuera así de fácil!

Nancy: Pero es algo que constantemente debemos tener en cuenta, y vigilar.

Mary: ¡Absolutamente! Y a lo que queremos llegar en esta sesión es a «vivir lo que enseñamos». Ellas estaban «siempre aprendiendo» y nunca podían llegar. Simplemente no llegaban. Siempre estaban aprendiendo. Estas eran mujeres que estaban en la iglesia; estaban en estudios bíblicos. 

Si fuera en este tiempo, estarían escuchando podcasts cristianos, tendrían sus alabanzas sonando, tendrían todo este material cristiano: aprendiendo, aprendiendo, aprendiendo. Pero estas mujeres nunca pudieron llegar. No estaban haciendo ningún progreso.

Dannah: Eran oyentes de la Palabra y no hacedoras.

Mary: Ellas no vivían lo que enseñaban.

Nancy: Y, ¡guau! ¡Qué fácil es que eso suceda! A menudo les he dicho a las mujeres, que cada vez que escucho la Palabra de Dios –ya sea en mi tiempo de quietud, en un servicio en mi iglesia, en un grupo pequeño o en un estudio bíblico– cada vez, necesito ser llevada a la siguiente pregunta: «¿Cuál es la aplicación de esto? ¿Entonces qué? ¿Qué me está diciendo Dios a través de Su Palabra? ¿Qué necesita cambiar?» 

Porque, de lo contrario, especialmente para aquellas de nosotras que hemos estado alrededor de del cristianismo durante mucho tiempo, llegamos al punto donde conocemos esto de adentro hacia afuera, de arriba hacia abajo; conocemos la Escritura, conocemos las instrucciones del Señor, pero nuestros corazones se están endureciendo por el engaño del pecado. El capítulo 1 de Santiago dice que nos volvemos «oidoras olvidadizas» de la Palabra de Dios. Eso es lo que hace una mujer débil. Entonces, ¿qué hace una mujer fuerte?

Mary: Una mujer fuerte es la que escucha la Palabra de Dios y es hacedora de esa Palabra, la aplica.

Dannah: Entonces, ¿cómo sabemos si somos oidoras olvidadizas o hacedoras de la Palabra? ¿Cómo sabemos si estamos viviendo lo que enseñamos?

Nancy: ¡Esa es la evaluación de la que estabas hablando!

Dannah: ¡Y Mary ha desarrollado una especie de prueba que realmente trae convicción! Así que ahora me gustaría que navegáramos por esta evaluación (la llamo: «Evaluación: Vive lo que enseñas»). Quiero leer estas preguntas muy rápidamente, y luego podemos acampar en algunas de ellas por más tiempo.

Nancy: Y déjenme decirles que no queremos solo leer estas preguntas. Queremos preguntarnos estas cosas a nosotras mismas, preguntarnos unas a otras y a aquellas que nos escuchan, que están con nosotras en esta conversación.Y en nuestras mentes queremos pedirle al Señor, «Señor, ¿nos ayudarías a ver? ¿Soy yo quien está perdiendo el tiempo, espiritualmente hablando? ¿Estoy atascada porque no estoy viviendo lo que enseño?»

Dannah: Sí. Entonces, la primera pregunta es: ¿Es tu cara pública diferente de la privada?

Mary: Esa es la marca de la hipocresía, ¿verdad? La hipocresía significa que tienes una cara falsa; y si eres alguien diferente en público, en términos de actuación religiosa, y luego todo se desmorona cuando vuelves a casa, entonces esa es una gran alerta roja que deberías estar viendo y pensar si realmente estás aplicando la Palabra de Dios a tu vida.

Dannah: Realmente, quiénes somos en privado dice mucho más de quiénes somos en público. Ahí es donde se ve quiénes somos realmente.

Mary: Eso es cierto.

Dannah: Segunda pregunta: ¿Ves a Dios como si Él fuera una «máquina dispensadora»?

Mary: Alguien que ve a Dios como una máquina dispensadora es alguien que le pide cosas a Dios y espera que Él responda de la manera que ella quiere. . . pero no está dispuesta a hacer lo que Dios quiere que ella haga.

Entonces ella dice: «Dios, ¡haz lo que digo!» Pero ella no está dispuesta a realmente hacer lo que Él dice en reciprocidad.

Dannah: Oh, guau.

Nancy: Entonces, usamos a Dios porque queremos Sus dones y lo que Él puede hacer por nosotras...

Mary: Eso es correcto. Sí. Ponemos nuestro servicio religioso o nuestras oraciones como si fueran monedas en una máquina dispensadora y luego presionamos el botón de lo que queremos que dispense; entonces, cuando no lo hace, nos molestamos de que no haya respondido de la manera que queremos que responda y cuando queremos que responda.

Dannah: Somos realmente buenas diciéndole a Dios exactamente cómo resolver nuestros problemas.

Mary: Exactamente.

Nancy: Y enojándonos cuando no lo hace como pensamos que debería.

Dannah: Pregunta número tres: ¿Te preocupa mucho lo que piensen los demás?

Mary: Es estar centrada en los demás en términos de nada más preocuparse por: «¿Qué piensas de mí? ¿Qué piensa ella de mí?» Es tener miedo de confesar abiertamente nuestros pecados, tener miedo de ser auténticas y reales. Hacer una actuación porque tenemos miedo de lo que otros piensen de nosotras.

Nancy: Y si somos honestas:¿No es así mucho de la vida cristiana y de la vida de iglesia? Me sorprende la frecuencia con la que escucho de alguien cercano, a quien creo que conozco bastante bien, pero de repente escucho que su vida está agitada. Están en medio de una gran lucha y caída y pecado. ¡Estábamos cerca el uno del otro y nunca se dijo nada!

¿Y cuántas veces yo misma he hecho eso respondiendo cuando me preguntan cómo estoy, «estoy bien»? Sería mucho mejor si nos quitáramos la máscara y no nos preocupáramos tanto por lo que otros piensan como para complacerlos o darles una «respuesta correcta».

Mary: ¡Entonces, cuídate más de lo que Dios piensa!

Nancy: Sí, y lo que es verdad en mi vida.

Dannah: Y si la verdad nos hace libres, ¿no deberíamos hablarla en todo momento? Si alguien te pregunta: «¿Cómo estás?» Y tu cuenta bancaria es un desastre y tu vida es un desastre, tal vez no es que necesites deshacerte de todo y ser un desastre emocional. Pero tal vez debes ser honesta con relación a la situación y decir, «creo que estoy luchando un poco en este momento». Quizás no darle tanta importancia a lo que esa persona piense; más bien, darle valor a cómo Dios podría usar esa persona en nuestras vidas.

Nancy: Y el hecho es que cuando otras personas se muestran humildes ante nosotras, se ganan nuestro cariño. Dios se acerca a los humildes; así también lo hacen otras personas. Entonces, el miedo que tenemos de ser rechazadas si decimos dónde estamos en realidad, dónde realmente estamos luchando, es un miedo que la mayoría de las veces es infundado.

Mary: Más a menudo de lo que pensamos.

Nancy: Si estoy dispuesta a caminar en la verdad, las personas se sentirán atraídas por eso, y querrán otorgar gracia y ser parte de eso.

Dannah: Siempre me siento más cerca de alguien cuando comparte conmigo aquello con lo que está luchando. Siento que ha confiado en mí. Es un regalo.

Bien, pregunta número cuatro: ¿Eres selectiva con qué partes de la Biblia obedeces?

Mary: Esto se remonta a los fariseos en el Nuevo Testamento. Eran muy buenos obedeciendo ciertas partes de la Biblia. Diezmaron su menta, su eneldo y su comino, pero Jesús les dijo: «¡Están descuidando las porciones de más peso de la ley!», es decir, «se están perdiendo las cosas importantes. Están haciendo lo que quieren hacer, pero son muy selectivos sobre qué partes de la Palabra de Dios aplicar».

Dannah: Sí, percibo que mucho de eso está sucediendo. Podríamos volver a esa pregunta luego. «¿Racionalizas la desobediencia?»

Mary: Inventando todo tipo de excusas: «Oh, bueno, eso fue para esa época; esto es para este tiempo. Mi situación es muy diferente. No puedo obedecer por X, Y, Z ».

Dannah: Qué tal esta: ¿Eres muy crítica de los demás?

Mary: Los fariseos ven la paja en el ojo ajeno como un tronco; perciben que es muy grande. Pero no ven el pecado en sus propios corazones y en sus propias vidas.

Dannah: Y finalmente: ¿Estás avanzando?

Mary: Esa es la más importante, ¿estás progresando en tu vida espiritual? ¿Eres diferente ahora que hace cinco años, hace diez años? ¿Has crecido, o estás atrapada en una rutina?

Nancy: Bueno, tomemos un par de estas preguntas y profundicemos un poco más, porque creo eso que nos ayudará a procesar y pensar detenidamente en, «¿estoy viviendo lo que enseño?» Y este es el quinto «hábito sorprendentemente sencillo de una mujer espiritualmente fuerte». No solamente escuchamos la verdad, sino que en realidad somos hacedoras de esa verdad.

Entonces, tomemos este ejemplo: ¿Eres selectiva sobre qué partes de la Biblia obedecer?

Mary: Permítanme contarles una pequeña historia que realmente me ilustró este tema de la obediencia. Mi esposo y yo íbamos a salir de la ciudad en el fin de semana. Le dimos a cada uno de nuestros hijos, que eran adolescentes en ese momento, un trabajo para hacer. Uno de ellos debía guardar los platos y los otros también tenían sus asignaciones.

Acababa de sacar un montón de ropa de la secadora, la puse sobre una mesa y le dije a mi hijo mayor, Clark, que debía doblar la ropa y que debía hacerlo lo más rápido posible para evitar que se arrugara.

Así que, llegó el fin de semana y nos fuimos. Regresamos y entramos a la casa. Clark nos recibió en la puerta, ¡y estaba radiante! Tenía una lista de cosas que había hecho por mí: había lavado el piso, había –no sé– desempolvado, también había aspirado. Pensé, ¡esto es muy, muy sorprendente, que haya hecho todas estas cosas por mí!

Nancy: ¡Así se hace, Clark!

Mary: Hasta que fui a la sala de estar y vi que el montón de ropa todavía estaba sobre la mesa. . . ¡y las arrugas ya estaban fijas en la ropa! Así que, él había hecho todas estas cosas que no le había pedido que hiciera, pero no había hecho lo único que le pedí que hiciera. Él no podía entender que yo no estaba complacida; no estaba contenta con el hecho de que no hubiera cumplido, en términos de obediencia.

Él no podía entenderlo. Dijo: «Bueno, he hecho todo esto; ¡hice mucho más que mis hermanos! ¡Te serví de una manera que mis hermanos no te sirvieron!»

Le dije: «Bueno, sí, pero si hubieras obedecido en esa sola cosa, lo habría visto como un gran regalo. Pero porque no fuiste obediente en eso, decidiste hacer todo lo demás porque no querías cumplir con lo único que te pedí hacer».

Entonces, recuerdo que eso se convirtió en un mensaje para mi propio corazón, porque el Espíritu Santo me habló: «Sabes, Mary, estás haciendo muchas cosas. Estás escribiendo; estás hablando allí afuera; estás haciendo todas estas cosas, pero hay una cosa que no estás haciendo».

Y tenía que ver con ir y reconciliarme con alguien. Estaba evitando hacerlo, porque era algo difícil, y no quería hacerlo.

Dannah: Eso es difícil.

Mary: Es algo difícil. Descubrí que era mucho más fácil hacer las cosas que quería hacer y evitar hacer lo que el Señor quería que hiciera.

Nancy: Recientemente, después de haber dado una charla, una mujer vino a mí. Estaba llorando porque su matrimonio estaba pasando por una situación difícil y no sabía qué hacer. Pero en realidad sí sabía qué hacer, porque me dijo: «Sé que lo único que debo hacer es perdonar a mi esposo por...» y ella mencionó esta ofensa en particular. Ella dijo: «Realmente no quiero hacerlo, pero sé que es lo que debo hacer».

Realmente, esta mujer estaba estancada. Ahora, no digo que no haya tenido problemas. No digo que hacer eso hubiera hecho su matrimonio perfecto. Pero sí sé que no puede avanzar hasta que haga aquello que ella sabe, por la Palabra de Dios, que Él quiere que haga.

Así que ella puede haber hecho muchas otras cosas, pero Dios ha dicho: «Tienes que perdonar». ¡Y ella lo sabía!, no se lo estaba diciendo yo, ella ya lo sabía por la Palabra de Dios, pero hasta que estuviera dispuesta a hacerlo, no iba a progresar en su matrimonio o en su relación con el Señor.

Mary: Creo que el Espíritu Santo nos enseña, nos aconseja, nos instruye y nos guía en términos de lo que el Señor quiere hacer en nuestros corazones en diferentes momentos, lugares y estaciones de nuestras vidas. Y si apagamos esa voz, si no la escuchamos sino que la apagamos, y decimos: «No, creo que no quiero hacer eso. No, no quiero hacerlo». Es como si el Señor nos estuviera hablando y no estuviéramos escuchando, y eso se convierte en el hábito de no escuchar.

Y entonces nos convertimos en hipócritas, nos volvemos legalistas, conocemos toda la Palabra de Dios, pero no la aplicamos a nuestras propias vidas.

Hay una canción gospel que dice:

«Soy yo, soy yo, soy yo, oh Señor
En necesidad de oración.
No mi hermano, no mi hermana, sino yo, oh Señor.
En necesidad de oración».

Y creo que hasta que respondamos: «Está bien, Señor, haré lo que me digas que haga; soy yo»… Esto nos lleva a no ser…

Dannah: Ser demasiado crítica de los demás.

Mary: Ser excesivamente crítica.

Dannah: Tal vez alguien se identifica con esto, y siente convicción. Tal vez está pensando: «Oh, tengo alguien con quien reconciliarme» o «he estado ignorando esta parte de la Biblia que me trae convicción, pero simplemente me niego a creerlo porque no va de acuerdo con cómo me siento o lo que pienso».

Mary, háblale a esa mujer de cómo puede avanzar. Porque una de las preguntas de la evaluación sobre vivir lo que enseñamos es: «¿Estás avanzando, haciendo algún progreso?» ¿Cómo puede esa pregunta ser un estímulo para nosotras en esta evaluación acerca de cómo estamos viviendo la fe cristiana?

Mary: Puede ser de estímulo, porque creo que progresar y avanzar es lo importante. Nunca lo alcanzaremos hasta que veamos a Jesús, no llegaremos por completo. La Escritura habla de que estamos siendo transformadas, de un nivel de gloria a otro (ver 2 Cor. 3:18). Solo que habrá cosas con las que tendremos que lidiar, y luego van apareciendo más con las que también debemos tratar y es un progreso continuo.

¡Mientras veamos que estamos avanzando, podemos estar realmente animadas! Entonces, tal vez no hayas vencido totalmente tu temperamento, o tu tendencia a ser crítica, ruidosa y a enojarte, pero tal vez has hecho algún progreso en eso y el Señor te ha ayudado a crecer y las cosas ahora están mejor de lo que estaban. ¡Regocíjate en eso!

Continúa trabajando para progresar; quieres ir más lejos. Y creo que Satanás trata de desanimarnos cuando simplemente no estamos creciendo, y nos autocondenamos en términos de la hipocresía que hay en nuestras vidas. Porque, a fin de cuentas, creo que si voy por la lista de preguntas, siento convicción de esto cada vez.

Creo que todos tenemos marcas de hipocresía en nuestras vidas. Y el problema no es ver estas marcas de hipocresía. Creo que el problema es cuando no las vemos, cuando pensamos algo como, «todos los demás tienen problemas de hipocresía, pero yo no».

Nancy: Queremos asegurarnos de que estamos creciendo, que estamos cambiando y que no estamos estancadas espiritualmente en un solo lugar. Esa no es una señal saludable. Tengo una amiga que me ha dicho muchas veces: «El crecimiento espiritual o la madurez, no es dónde estás ahora, sino la dirección en la que te diriges».

¿Estoy creciendo? ¿Estoy cambiando? ¿Estoy aprendiendo de la Palabra de Dios? ¿Estoy haciendo algo con lo que estoy escuchando? Cuán frustrante debe ser para muchos de nuestros pastores derramar sus corazones con la Palabra de Dios semana tras semana, tras semana y simplemente estamos sentadas allí… solo escuchando pero sin ser transformadas por esa Palabra.

Mary: O levantando las tarjetas numéricas, como jueces de patinaje: «¡Oh, ese fue un buen sermón!» «¡Ese no fue un gran sermón!» «¡Buen trabajo!» «¡Mal trabajo!», en lugar de ir buscando al Señor con el corazón y decir, «Señor, ¿qué tienes que decirme? ¿Cómo voy a aplicar eso a mi vida esta semana?»

Nancy: El punto es: conviértete en una persona más llena de gracia hacia los demás a medida que veas tu propia necesidad.

Dannah: Tal vez nos escuchas hoy y piensas: «Está bien, no estoy segura si estoy viviendo lo que enseña la fe cristiana. ¡Necesito ayuda!» A través de su libro «La verdadera fortaleza», Mary te guiará en tu progreso y te ayudará a avanzar en la dirección correcta. 

Tendrás la oportunidad de adquirirlo en la Conferencia Mujer Verdadera «Arraigadas», ¡que se llevará a cabo a finales de esta semana! Más adelante también pueden informarse sobre su disponibilidad en nuestra tienda en línea, en AvivaNuestrosCorazones.com. Allí en nuestro sitio web también puedes enterarte de cómo puedes ser parte de la conferencia.

Nancy: Entonces, Mary, hemos cubierto cinco de los hábitos sencillos de la mujer espiritualmente fuerte, y nos quedan dos. ¿A dónde nos dirigimos ahora?

Mary: A continuación—y a propósito de la Conferencia «Arraigadas», estaremos hablando acerca de mantenernos firmes, de permanecer firmes en la verdad. En nuestro pasaje dice que estas mujeres «siempre estaban aprendiendo, pero nunca podían llegar al conocimiento de la verdad». ¡La verdad es tan importante! En nuestras culturas pensamos: ¿Qué es la verdad? Bueno, hablaremos acerca de esto en la continuación de nuestra conversación.

Annamarie: Creciendo en verdadera fortaleza juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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