Hay caminos en los que podemos ver con claridad hacia dónde vamos. Y hay otros en los que apenas alcanzamos a distinguir el siguiente tramo.
La vida cristiana muchas veces se parece más a ese segundo camino. No siempre sabemos qué viene después. Hay curvas que no nos permiten ver lo que nos espera; temporadas que no entendemos y circunstancias que nunca hubiéramos escogido.
Y, sin embargo, seguimos caminando.
No porque tengamos todas las respuestas ni porque seamos fuertes en nosotras mismas, sino porque conocemos a Aquel que nos ha llamado a seguirlo.
Jesús dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida».
Y eso cambia por completo nuestra manera de caminar. Porque seguir a Cristo no significa que el camino será siempre cómodo, que desaparecerán las dificultades o que podremos comprender cada uno de Sus propósitos.
Significa que podemos confiar en Él, …
Hay caminos en los que podemos ver con claridad hacia dónde vamos. Y hay otros en los que apenas alcanzamos a distinguir el siguiente tramo.
La vida cristiana muchas veces se parece más a ese segundo camino. No siempre sabemos qué viene después. Hay curvas que no nos permiten ver lo que nos espera; temporadas que no entendemos y circunstancias que nunca hubiéramos escogido.
Y, sin embargo, seguimos caminando.
No porque tengamos todas las respuestas ni porque seamos fuertes en nosotras mismas, sino porque conocemos a Aquel que nos ha llamado a seguirlo.
Jesús dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida».
Y eso cambia por completo nuestra manera de caminar. Porque seguir a Cristo no significa que el camino será siempre cómodo, que desaparecerán las dificultades o que podremos comprender cada uno de Sus propósitos.
Significa que podemos confiar en Él, aun cuando no vemos todo lo que viene después.
En Isaías 40:3 encontramos estas palabras: «Preparen en el desierto camino al Señor; allanen en la soledad calzada para nuestro Dios».
Este anuncio de la venida del Señor fue retomado siglos después por Juan el Bautista, quien llamó al pueblo al arrepentimiento para preparar el camino para Jesús. Y mientras nos acercamos a Mujer Verdadera 2026, queremos tomar en serio ese llamado a examinar nuestro corazón delante del Señor.
Porque podemos estar muy ocupadas preparando todo para una conferencia y, al mismo tiempo, descuidar aquello que más necesita nuestra atención.
Podemos servir, asistir a la iglesia, escuchar enseñanzas y continuar con nuestras responsabilidades, mientras nuestro corazón se va llenando de distracciones, temores, autosuficiencia o resistencias a la voluntad de Dios.
Quizás nos hemos acostumbrado a buscar caminos más fáciles, a querer tener el control o a esperar comprenderlo todo antes de obedecer. Por eso, durante los próximos siete días, queremos invitarte a detenerte unos minutos cada día y examinar tu corazón a la luz de la Palabra de Dios.
No porque en una semana vayamos a resolver todas nuestras luchas o a encontrar respuesta a cada pregunta. Tampoco porque una conferencia pueda producir por sí misma la transformación que solamente Dios puede obrar.
Nuestro deseo es que lleguemos con un corazón humilde, sensible a Su Palabra y dispuesto a responderle con fe y obediencia. Que no busquemos simplemente una experiencia especial, sino que anhelemos conocer más a Cristo y ser transformadas a Su imagen.
Así que, mientras nos preparamos para encontrarnos en Mujer Verdadera 2026, comencemos por lo más importante.
Examinemos nuestro corazón.
Volvamos nuestros ojos al Señor.
Y pidámosle que nos enseñe a caminar en obediencia, aun cuando no podamos ver lo que hay después de la siguiente curva.
Porque no necesitamos conocer todo el camino.
Necesitamos conocer, amar y seguir a Aquel que es el Camino.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
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