Durante estos días hemos examinado la condición de nuestro corazón, recordado cuánto necesitamos depender del Señor y considerado aquellas cosas en las que podemos estar poniendo nuestra confianza en lugar de Él.
También hemos vuelto nuestra mirada a Su Palabra, recordando que podemos perseverar en medio de las pruebas y que Dios sigue siendo digno de nuestra adoración, aun entre lágrimas.
Y ahora, al terminar este tiempo de preparación, quiero invitarte a hacerte una última pregunta:
¿Estoy verdaderamente dispuesta a escuchar y obedecer la Palabra de Dios?
Desde el principio, Dios ha sido un Dios que habla. Con Su palabra dio vida a la creación, llamó a Adán cuando se escondía, llamó a Abraham a caminar por fe; y hoy sigue llamando por medio de Su Palabra. Como afirma Pablo en Romanos 10:17: «Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra …
Durante estos días hemos examinado la condición de nuestro corazón, recordado cuánto necesitamos depender del Señor y considerado aquellas cosas en las que podemos estar poniendo nuestra confianza en lugar de Él.
También hemos vuelto nuestra mirada a Su Palabra, recordando que podemos perseverar en medio de las pruebas y que Dios sigue siendo digno de nuestra adoración, aun entre lágrimas.
Y ahora, al terminar este tiempo de preparación, quiero invitarte a hacerte una última pregunta:
¿Estoy verdaderamente dispuesta a escuchar y obedecer la Palabra de Dios?
Desde el principio, Dios ha sido un Dios que habla. Con Su palabra dio vida a la creación, llamó a Adán cuando se escondía, llamó a Abraham a caminar por fe; y hoy sigue llamando por medio de Su Palabra. Como afirma Pablo en Romanos 10:17: «Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo». La pregunta, entonces, no es si Dios habla, sino si nuestro corazón está dispuesto a escuchar y responder.
En 1 Samuel 3 encontramos a un joven que todavía estaba aprendiendo a reconocer la voz del Señor. Samuel escuchó que alguien lo llamaba y pensó que era Elí. Después de varias ocasiones, Elí comprendió que era Dios quien lo estaba llamando y le indicó cómo responder.
Entonces, cuando el Señor volvió a llamarlo, Samuel dijo: «Habla, que Tu siervo escucha». ¡Qué hermosa disposición!
Samuel no sabía todavía cuál sería el mensaje que recibiría, pero respondió con una actitud reverente y dispuesta a escuchar.
Hoy nosotras tenemos el extraordinario privilegio de acercarnos a Dios por medio de Su Palabra. Y no queremos hacerlo solamente para adquirir nuevos conocimientos o escuchar enseñanzas que nos conmuevan.
Queremos escuchar con un corazón dispuesto a obedecer.
Escuchar a Dios siempre implica estar dispuestas a obedecer. Por eso Santiago 1:22 nos exhorta: «Sean hacedores de la palabra y no solamente oidores». Un corazón preparado no busca solo recibir nueva información; anhela responder con fe a la verdad que Dios da a conocer.
Quizás durante la conferencia el Señor utilice Su Palabra para confrontar un pecado que necesitas abandonar, fortalecer tu fe en medio de una prueba o recordarte una verdad que habías comenzado a olvidar.
No sabemos todo lo que escucharemos durante esos días, pero sí podemos pedirle desde ahora que nos conceda un corazón humilde y obediente.
Porque Dios no busca personas curiosas por oír Su voz, quiere mujeres que estén dispuestas a seguirla.
- ¿Hay algo que temes que Dios te pida rendir o cambiar?
- Pìdele hoy un corazòn dispuesto no solo a escuchar, sino a obedecer
Nuestro recorrido de preparación termina aquí, pero nuestro caminar con Cristo continúa.
Dentro de poco nos encontraremos en Mujer Verdadera 2026. Y mi deseo es que lleguemos, no con la expectativa de vivir simplemente una experiencia especial, sino con un corazón dispuesto a recibir la Palabra de Dios y obedecerla.
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