Mientras avanzamos en el camino, el cansancio, las pruebas, la tristeza y la espera pueden debilitar nuestro corazón y hacernos olvidar hacia dónde vamos. La adoración nos ayuda a preparar el camino y a disponer nuestro corazón para la venida del Señor.
La adoración es reconocer el valor de alguien y responder a ese valor. Fuimos creados para adorar, y todos orientamos nuestra vida hacia lo que atesoramos. Solo Dios es digno de nuestra adoración y suficiente para satisfacer nuestro corazón. Al adorarlo, reconocemos que Él es nuestro mayor tesoro, respondemos con amor, confianza y rendición, y somos alentados en el camino.
La adoración nos orienta y aclara nuestra perspectiva.
En el Salmo 73, Asaf estaba confundido y desalentado. Veía la prosperidad de los impíos y se preguntaba si había valido la pena permanecer fiel. Su corazón se llenó de amargura y sus pasos casi resbalaron. Pero …
Mientras avanzamos en el camino, el cansancio, las pruebas, la tristeza y la espera pueden debilitar nuestro corazón y hacernos olvidar hacia dónde vamos. La adoración nos ayuda a preparar el camino y a disponer nuestro corazón para la venida del Señor.
La adoración es reconocer el valor de alguien y responder a ese valor. Fuimos creados para adorar, y todos orientamos nuestra vida hacia lo que atesoramos. Solo Dios es digno de nuestra adoración y suficiente para satisfacer nuestro corazón. Al adorarlo, reconocemos que Él es nuestro mayor tesoro, respondemos con amor, confianza y rendición, y somos alentados en el camino.
La adoración nos orienta y aclara nuestra perspectiva.
En el Salmo 73, Asaf estaba confundido y desalentado. Veía la prosperidad de los impíos y se preguntaba si había valido la pena permanecer fiel. Su corazón se llenó de amargura y sus pasos casi resbalaron. Pero algo cambió cuando entró en el santuario de Dios. En su presencia pudo ver más allá de lo inmediato y reconocer lo que verdaderamente tenía: Dios estaba con él, lo sostenía de la mano y guiaba sus pasos. Así también, la adoración vuelve nuestra mirada hacia Dios cuando el dolor y la desilusión nos desorientan.
La adoración nos refina y nos enfoca.
Asaf pasó de envidiar lo que otros tenían a decirle a Dios: «Fuera de Ti, nada deseo en la tierra». Pudo reconocer que estar cerca de Dios era su mayor bien. En la presencia del Señor, nuestros deseos son examinados, nuestras prioridades encuentran su lugar y nuestros corazones son purificados. Los ídolos —aquellas cosas que ocupaban un lugar desordenado en nuestra vida y de las cuales dependíamos— quedan expuestos ante Su gloria y grandeza. Al rendirlos delante de Él, reconocemos que nuestra necesidad más profunda es Dios mismo. Recordamos esta verdad al cantar:
«Oh, Jesús, el agua viva que me sacia,
el deleite y el reposo de mi alma».
La adoración nos recuerda y nos alienta.
Como expresa el salmista en el Salmo 42: «Como el ciervo anhela las corrientes de agua… nuestra alma tiene sed del Dios viviente». En el Salmo 42 encontramos un alma sedienta de Dios, pero también llena de tristeza. Sus lágrimas son su alimento; dudas entran a su mente mientras escucha: «¿Dónde está tu Dios?». La adoración puede comenzar ahí, entre lágrimas, al derramar nuestro corazón delante del Señor.
En medio de esa angustia, el salmista llama a su propia alma a esperar en Dios: «¿Por qué te desesperas, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues lo he de alabar otra vez… ¡Él es la salvación de mi ser, y mi Dios!».
También Jeremías, en medio de su aflicción y de las pruebas que atravesaba el pueblo de Dios, recuerda las misericordias del Señor y declara en Lamentaciones 3:21-24: «Esto traigo a mi corazón, por esto tengo esperanza: Que las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan Sus bondades; son nuevas cada mañana; ¡Grande es Tu fidelidad! “El Señor es mi porción”, dice mi alma, “Por tanto en Él espero”».
Al adorar, traemos a nuestro corazón el recuerdo de Su fidelidad, encontramos razones para perseverar y poner nuestra esperanza plenamente en Dios una vez más.
La adoración prepara nuestro corazón.
Isaías nos llama a preparar el camino del Señor. La adoración nos lleva a levantar la mirada a Dios, examinar nuestros caminos, rendir aquello que ocupa Su lugar y volver a Él. Esa rendición transforma toda nuestra manera de vivir. La adoración no es un medio para manipular a Dios, sino para transformar nuestros corazones y alinearnos con Su voluntad. Y al hacerlo, nuestro corazón se sintoniza con Él y aprende a desear Su presencia y a esperar Su venida con afán.
Durante los días de esta conferencia nos animaremos cantando estas palabras:
«Ten tu lámpara encendida,
anhelando Su venida,
nuestra Esperanza Viva,
veremos al Señor.
Jesús está a la puerta,
ese día ya se acerca,
ten fe y persevera,
veremos al Señor».
Esperamos que estos días juntos de adoración al Señor nos orienten, nos enfoquen, nos refinen, nos alienten y nos preparen para que nuestro corazón desee y declare con fervor: «Ven, Señor Jesús!».
Jesús, fija mis ojos y guía mi corazón hacia ti. Mientras te adoro, ya sea con gozo o entre lágrimas, aclara mi perspectiva, refina mis deseos y orienta mis pasos. Ayúdame a predicarle a mi alma que solamente Tú eres mi porción. Enséñame a vivir preparada para Tu venida. Amén.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.
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