«Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia, y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que sean perfectos y completos, sin que nada les falte». -Santiago 1:2-4
Cuando pensamos en el camino cristiano, en la senda de la vida, nos gusta imaginar un sendero apacible y llano, que avanza entre verdes prados y se dirige con claridad hacia la ciudad celestial.
Sin embargo, el camino que el Señor ha trazado para nosotras también tiene montes y valles. Hay giros inesperados que nos impiden ver qué hay detrás de la siguiente curva. Y muchas veces, mientras caminamos, no alcanzamos a entender lo que Dios está haciendo.
Es precisamente en esos momentos cuando las palabras de Santiago pueden parecernos difíciles de comprender. ¿Tener por sumo gozo las pruebas? ¿Cómo podemos hacerlo cuando estamos sufriendo? …
«Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia, y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que sean perfectos y completos, sin que nada les falte». -Santiago 1:2-4
Cuando pensamos en el camino cristiano, en la senda de la vida, nos gusta imaginar un sendero apacible y llano, que avanza entre verdes prados y se dirige con claridad hacia la ciudad celestial.
Sin embargo, el camino que el Señor ha trazado para nosotras también tiene montes y valles. Hay giros inesperados que nos impiden ver qué hay detrás de la siguiente curva. Y muchas veces, mientras caminamos, no alcanzamos a entender lo que Dios está haciendo.
Es precisamente en esos momentos cuando las palabras de Santiago pueden parecernos difíciles de comprender. ¿Tener por sumo gozo las pruebas? ¿Cómo podemos hacerlo cuando estamos sufriendo? A primera vista, podría parecer que el apóstol Santiago nos está pidiendo que disfrutemos el sufrimiento o que lo deseemos. Pero no es eso lo que nos está diciendo.
El pasaje nos recuerda una realidad sencilla: en el camino habrá dificultades. Habrá momentos en los que nos sintamos desorientadas, perdidas o incluso con temor porque no sabemos qué encontraremos después de la curva. Pero, al mismo tiempo, Santiago nos llama a vivir cada tramo del camino con gozo.
No un gozo que depende de lo que tenemos hoy bajo nuestros pies, sino un gozo más profundo: el que nace de mirar con los ojos de la fe hacia aquello que nos espera al final.
Porque, mientras caminamos, todas las cosas ayudan a bien, como dice Romanos 8:28. Y ese BIEN, en mayúsculas, es llegar a ser «hechas conformes a la imagen de su Hijo», menciona el siguiente versículo.
Mira lo que ocurre en el pasaje: la prueba produce en nosotras paciencia y perseverancia; nos hace crecer, nos lleva hacia la madurez espiritual y nos permite conocer al Señor de una manera más profunda. Todo ello sucede cuando, en medio del camino, mantenemos nuestros ojos puestos en lo eterno. En Él.
No necesitas que el Soberano venga y te explique con detalle cada «por qué» de lo que estás viviendo. No necesitas conocer todos Sus planes ni saber exactamente hacia dónde te está llevando.
Lo que necesitas es lo mismo que necesitó Job: verle a Él. Ver Su hermosura, Su poder, Su dignidad, Su sabiduría… hasta poder decir, como Job: «Ahora mis ojos te ven».
Las circunstancias de Job todavía no habían cambiado. El camino seguía siendo difícil. Pero algo había cambiado en su interior: había visto al Señor. Y cuando nuestros ojos están puestos en Él, podemos experimentar un gozo que las circunstancias no pueden darnos ni quitarnos. Un gozo cimentado en la obra que Jesús ya hizo a nuestro favor, y de todo lo que nos ha prometido para el camino, y para después de él.
Porque el gozo cristiano no nace de tener un camino sin montes ni valles, sino de saber que caminamos bajo las alas del Omnipotente, dependiendo no de nuestra propia capacidad, sino confiadas en Su provisión, hacia el esperado encuentro con nuestro Amado.
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