Vivimos días saturados de voces.
Voces que vienen de todas partes: de las noticias, las redes, nuestras responsabilidades, nuestras preocupaciones. Pero quizá la voz más difícil de silenciar sea la que llevamos dentro: nuestros propios pensamientos, temores y razonamientos.
Al acercarnos a esta conferencia, queremos preparar el camino al Señor. Y una manera de hacerlo es despejar los obstáculos que nos impiden escucharlo.
Porque no venimos simplemente a recibir información. Venimos a escuchar una voz: la voz del Señor.
En Isaías 30 encontramos a un pueblo que había dejado de confiar en Dios y buscaba seguridad en sus propias soluciones. El Señor les había dicho: «En arrepentimiento y en reposo serán salvos; en quietud y en confianza está su poder». Pero el versículo termina con una frase dolorosa: «Pero ustedes no quisieron».
¡Qué fácil es parecernos a ellos! Podemos conocer lo que Dios ha …
Vivimos días saturados de voces.
Voces que vienen de todas partes: de las noticias, las redes, nuestras responsabilidades, nuestras preocupaciones. Pero quizá la voz más difícil de silenciar sea la que llevamos dentro: nuestros propios pensamientos, temores y razonamientos.
Al acercarnos a esta conferencia, queremos preparar el camino al Señor. Y una manera de hacerlo es despejar los obstáculos que nos impiden escucharlo.
Porque no venimos simplemente a recibir información. Venimos a escuchar una voz: la voz del Señor.
En Isaías 30 encontramos a un pueblo que había dejado de confiar en Dios y buscaba seguridad en sus propias soluciones. El Señor les había dicho: «En arrepentimiento y en reposo serán salvos; en quietud y en confianza está su poder». Pero el versículo termina con una frase dolorosa: «Pero ustedes no quisieron».
¡Qué fácil es parecernos a ellos! Podemos conocer lo que Dios ha dicho y, sin embargo, insistir en seguir nuestros propios caminos.
Pero en medio de ese capítulo también encontramos una hermosa promesa de restauración. Isaías 30:21 dice: «Tus oídos oirán detrás de ti estas palabras: “Este es el camino, anden por él, ya sea que vayan a la derecha o a la izquierda”».
Estas palabras fueron dirigidas a Judá en un momento en que habían dejado de confiar en Dios y buscaba seguridad y ayuda en otros lugares.
¿No nos parecemos a ellos muchas veces?
Cuando estamos cansadas, preocupadas o atravesando días difíciles, también podemos buscar descanso en nuestros propios caminos y confiar en nuestras propias soluciones.
Pero Dios les dice: «En arrepentimiento y en reposo serán salvos; en quietud y en confianza está su poder».
Por eso, en estos días, quiero invitarte a hacer silencio para escuchar Su voz.
El pueblo de Dios vive por fe: escucha, confía y obedece.
Y queremos escuchar al que dijo:
«Yo soy el camino».
No venimos a preparar nuestro propio camino. Venimos a escuchar la voz de Aquel que nos muestra por dónde andar.
¿Cómo escuchamos Su voz? Volviéndonos a Él en Su Palabra.
Proverbios 3:5–6 nos dice: «Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas».
No se trata de confiar en nuestros propios caminos, sino en Él.
Así que, durante estos días, dile al Señor: «Sí, Señor».
Ríndete a Él y abre Su Palabra. Escúchala como espada cuando necesita confrontarte y corregirte, y como bálsamo cuando necesitas consuelo y restauración.
Dios enseña. Dios restaura. Y Su pueblo escucha, confía y obedece.
Por eso, cuando vengas a esta conferencia, no vengas solamente preguntando: «¿Qué voy a aprender?».
Ven diciendo: «Señor, ¿qué quieres decirme?».
La Palabra de Dios es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino. Ella ilumina nuestras tinieblas y nos muestra por dónde andar.
Así que prepara el camino.
Haz silencio. Rinde tus propios caminos. Y escucha.
Porque cuando estamos en Su Palabra, estamos escuchando Su voz; y cuando caminamos según Su Palabra, estamos caminando en el Camino.
Y quizás hoy el Señor quiera decirte precisamente lo que necesitas oír:
«Este es el camino. Anda por él».
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