Somos muy buenas detectando lo que está mal.
Una injusticia. Una actitud. Un pecado. Una persona que debería cambiar.
Pero Cristo dirige primero nuestra mirada hacia un lugar mucho más incómodo: nuestro propio corazón.
1. Antes de señalar, examina.
Jesús nos recuerda que podemos ver con mucha claridad la mota en el ojo de otra persona mientras ignoramos la viga en el nuestro (Mt. 7:3-5).
Vivimos expuestas constantemente a opiniones sobre lo que está mal en el mundo. Y muchas denuncian problemas reales. El peligro está en volvernos expertas en examinar a todos menos a nosotras mismas.
Pregúntate: ¿Estoy permitiendo que Dios me muestre lo que necesita cambiar en mí?
2. El pecado no está solamente «allá afuera».
La caída afectó todo.
Rompió nuestra relación con Dios, volvió nuestro corazón hacia nosotras mismas, dañó nuestras relaciones y alcanzó incluso a la …
Somos muy buenas detectando lo que está mal.
Una injusticia. Una actitud. Un pecado. Una persona que debería cambiar.
Pero Cristo dirige primero nuestra mirada hacia un lugar mucho más incómodo: nuestro propio corazón.
1. Antes de señalar, examina.
Jesús nos recuerda que podemos ver con mucha claridad la mota en el ojo de otra persona mientras ignoramos la viga en el nuestro (Mt. 7:3-5).
Vivimos expuestas constantemente a opiniones sobre lo que está mal en el mundo. Y muchas denuncian problemas reales. El peligro está en volvernos expertas en examinar a todos menos a nosotras mismas.
Pregúntate: ¿Estoy permitiendo que Dios me muestre lo que necesita cambiar en mí?
2. El pecado no está solamente «allá afuera».
La caída afectó todo.
Rompió nuestra relación con Dios, volvió nuestro corazón hacia nosotras mismas, dañó nuestras relaciones y alcanzó incluso a la creación, que todavía gime bajo los efectos de la corrupción (Ro. 8:21-22).
El problema del pecado no está solamente en el mundo que nos rodea. También está en nuestro corazón.
3. Ver tu pecado no significa quedarte mirando tu pecado.
Cuando Dios nos muestra quiénes somos, no lo hace para dejarnos sin esperanza.
Nos muestra cuánto necesitamos a Cristo.
No tienes que arreglarte primero para acercarte a Él ni esconderte cuando pecas. Puedes arrepentirte, confesar tu pecado y correr al Salvador que necesitas.
Reconocer tu pecado no te deja sin esperanza; te muestra cuánto necesitas a Cristo.
Para reflexionar
- Salmo 139:23-24
- Mateo 7:1-5
- Lucas 9:23
- Romanos 8:21-22
- Mateo 11:28
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