Jugando en el equipo correcto | Parte 2
Si escuchaste el episodio pasado, hablamos de algo súper importante: que todas estamos jugando para un equipo. Y aunque muchas veces pensamos que la vida cristiana se trata solamente de «portarnos bien» o «hacer las cosas correctas», la realidad es que nuestra vida siempre termina reflejando quién está gobernando realmente nuestro corazón. Al final, lo que vemos constantemente termina moldeando lo que amamos. Pero cuando perteneces a Cristo, llega un punto donde empiezas a darte cuenta de algo incómodo: hay cosas que ya no puedes seguir justificando si realmente quieres vivir para el equipo correcto.
Aquí te compartimos algunas frases y versículos del episodio de hoy:
Cuando sabes que hay cosas que no están bien, pero lo sigues justificando
- Todas tenemos áreas donde no empezamos negando la verdad; empezamos negociándola. La justificación casi nunca empieza diciendo: «Quiero rebelarme contra Dios». Empieza con frases pequeñas: «No …
Si escuchaste el episodio pasado, hablamos de algo súper importante: que todas estamos jugando para un equipo. Y aunque muchas veces pensamos que la vida cristiana se trata solamente de «portarnos bien» o «hacer las cosas correctas», la realidad es que nuestra vida siempre termina reflejando quién está gobernando realmente nuestro corazón. Al final, lo que vemos constantemente termina moldeando lo que amamos. Pero cuando perteneces a Cristo, llega un punto donde empiezas a darte cuenta de algo incómodo: hay cosas que ya no puedes seguir justificando si realmente quieres vivir para el equipo correcto.
Aquí te compartimos algunas frases y versículos del episodio de hoy:
Cuando sabes que hay cosas que no están bien, pero lo sigues justificando
- Todas tenemos áreas donde no empezamos negando la verdad; empezamos negociándola. La justificación casi nunca empieza diciendo: «Quiero rebelarme contra Dios». Empieza con frases pequeñas: «No es para tanto», «Yo lo controlo», «Todo el mundo lo hace» , «Solo es una etapa», «Cuando esté lista, lo dejo».
- Pero el tema no es si podemos construir un argumento para defenderlo. La pregunta es qué está pasando en nuestro corazón que necesita defender algo que el Espíritu ya nos está mostrando y que sabemos que Dios rechaza. Lo que justificamos revela que queremos tener el control de nuestras vidas.
¿Qué fruto del Espíritu cuesta más vivir hoy?
Dominio propio
- No necesariamente solo cosas escandalosas, sino en la administración de nuestra atención, nuestra energía, nuestros pensamientos, nuestros impulsos y respuestas.
- Vivimos en una cultura que entrena la reacción inmediata: «Responde rápido, publica rápido, opina rápido, decide rápido, defiéndete rápido, produce rápido». Pero Dios trabaja en lo opuesto. En la calma y en la tranquilidad.
- Por eso debemos decirnos cada día a nosotras mismas: «Espera. Discierne. Calla. Ora. No respondas por impulsividad. No decidas desde la presión. No publiques desde la ansiedad. No confundas urgencia con obediencia».
- El dominio propio no es solo decirle «no» al pecado evidente. También es decirle «no» a la urgencia que quiere tomar el lugar de Dios.
Si lo visible refleja lo interno… ¿qué está diciendo nuestra vida hoy?
- Nuestras vidas visibles siempre están predicando algo, incluso cuando no estamos intentando predicar. Lo visible no cuenta toda la historia, pero sí da señales:
- Nuestras prioridades se ven.
- Nuestros afectos se ven.
- Nuestros temores se ven.
- Nuestra necesidad de control se ve.
- Nuestro descanso o falta de descanso se ve.
- Nuestra forma de hablar, comprar, consumir, servir, publicar, responder y callar está comunicando algo.
- ¡TODO COMUNICA! Más obediencia y menos control. ¡Así que, más de Cristo y menos de nosotras mismas!
- Al final, todas estamos jugando para un equipo. Y aunque muchas veces intentamos aparentar que todo está bien, nuestra vida siempre termina revelando quién está gobernando realmente nuestro corazón. Pero aquí está la esperanza del evangelio: Cristo no te llama a fingir perfección. Te llama a pertenecerle.
- Cuando perteneces a Él, ya no tienes que esconderte, no tienes que maquillarte espiritualmente, no tienes que seguir justificando lo que el Espíritu ya te está mostrando. Puedes rendirlo.
Para reflexionar:
- «Pero todos nosotros, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu». —2 Corintios 3:18
- ¿Qué está gobernando realmente tus decisiones?
- ¿Qué está formando tus afectos?
- ¿Qué estás justificando?
- ¿Qué está enfriando silenciosamente tu amor por Dios?
- ¿Qué área de tu vida necesitas rendir hoy a Dios?
- Al final, todos estamos jugando para un equipo. Y aunque muchas veces intentamos aparentar que todo está bien, nuestra vida siempre termina revelando quién está gobernando realmente nuestro corazón. Pero aquí está la esperanza del evangelio: Cristo no te llama a fingir perfección. Te llama a pertenecerle.
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Episodio, Un reto a la generación Z
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